⚔️ Acequias en la Guerra de los Moriscos
El duque de Sesa, Aben Aboo y la posible atalaya de Calat el Haxar
Hay lugares pequeños que, en determinados momentos de la historia, se convierten en puntos decisivos.
Acequias fue uno de ellos. ⚔️
Durante la Guerra de los Moriscos, a finales del siglo XVI, esta alquería del Valle de Lecrín no fue solo un lugar de agua, bancales, morales, viñas y molinos. También fue un espacio militar, un punto de paso, vigilancia y tensión entre Granada, el Padul, Lanjarón, Tablate y Órgiva.
En aquellos días, el Valle de Lecrín era una verdadera puerta hacia la Alpujarra. Quien controlaba sus caminos, sus barrancos y sus alturas, controlaba también el movimiento de las tropas.
🛡️ El duque de Sesa en el Padul y Acequias
Según las crónicas de la guerra, el duque de Sesa salió de Granada el 21 de febrero de 1570 y llegó aquel mismo día al Padul, donde debía reunirse el ejército cristiano antes de avanzar hacia la Alpujarra.
El Padul se convirtió entonces en lugar de concentración de tropas, víveres, armas y municiones. Pero no bastaba con esperar allí. Había que asegurar los pasos, proteger los caminos y evitar que los moriscos atacaran las líneas de abastecimiento.
Por eso las fuentes mencionan que el duque mandó hacer reductos en Acequia, Albuñuelas y las Guájaras, y que ordenó presidios en el Padul y Acequia para cuando el ejército continuara su marcha.
Acequias aparece así como un lugar estratégico: no era solo una alquería agrícola, sino una posición de control en el camino hacia la Alpujarra. Desde allí se vigilaban pasos, barrancos y movimientos enemigos.
🔥 Aben Aboo y el intento de frenar el socorro a Órgiva
En el otro lado estaba Aben Aboo, uno de los grandes caudillos de la rebelión morisca. Su objetivo era impedir que el ejército del duque de Sesa pasara a socorrer Órgiva, donde los cristianos resistían con falta de bastimentos.
Aben Aboo utilizó varias estrategias: rumores, cartas, movimientos de tropas y maniobras de distracción. Quería que el duque dudara, que retrasara la marcha o que se viera atrapado en los pasos difíciles del Valle.
Las crónicas cuentan que Aben Aboo escribió a distintos alcaides moriscos para que reunieran gente y acudieran a enfrentarse al ejército cristiano. Una de las órdenes más interesantes era tomar el barranco entre Acequia y Lanjarón, con el fin de cortar el camino a las escoltas que llevaban bastimentos.
Esto demuestra la importancia militar de la zona. El entorno de Acequias, Lanjarón y Tablate no era un simple camino: era un espacio estrecho, abrupto, lleno de barrancos, alturas y lugares perfectos para emboscadas. 🏔️
🪨 Calat el Haxar: la atalaya de las piedras
Uno de los nombres más sugerentes que aparece en las crónicas es Calat el Haxar, también escrito como Calat el Hhajar.
Luis del Mármol Carvajal dice que los moriscos enviaron gente a ponerse junto al camino de Acequia, en un lugar llamado Calat el Haxar, “que quiere decir atalaya de las piedras”.
Diego Hurtado de Mendoza también recoge una forma parecida del topónimo y lo relaciona con el camino de Acequia y con las maniobras de emboscada realizadas por los moriscos.
La palabra árabe qal‘a suele relacionarse con castillo, fortaleza o lugar fortificado. Por eso, este nombre resulta tan atractivo desde el punto de vista histórico y patrimonial. ¿Estamos ante una simple atalaya natural? ¿Un punto de vigilancia? ¿Un lugar fortificado? ¿Una altura conocida por su valor estratégico?
Aquí conviene ser prudentes. Sin una investigación arqueológica específica, no se puede afirmar de manera definitiva que Calat el Haxar fuera una fortaleza construida. Pero sí puede decirse que las fuentes lo presentan como un punto de enorme importancia militar, vinculado al camino de Acequia y a las alturas desde las que se vigilaban los pasos hacia Lanjarón, Tablate y Órgiva.
⛰️ El Cerro Alto y la memoria del paisaje
La posible relación de Calat el Haxar con el entorno del Cerro Alto de Acequias abre una vía muy interesante para comprender el paisaje histórico del Valle de Lecrín.
El Cerro Alto, por su posición, permite imaginar ese mundo de vigilancia, señales, pasos estrechos y control del territorio. Desde estos cerros se entendía la guerra de otra manera: no como grandes batallas en campo abierto, sino como movimientos por barrancos, laderas, caminos reales y puntos de emboscada.
La guerra en el Valle fue también una guerra de conocimiento del terreno. Los moriscos conocían cada paso, cada vereda y cada altura. Y los ejércitos cristianos, aunque más numerosos, sufrían la dificultad de avanzar por una tierra quebrada, estrecha y peligrosa.
⚔️ La emboscada entre Acequias y Lanjarón
Las crónicas narran que, cuando el duque de Sesa decidió avanzar, envió primero a Pedro de Vilches, conocido como Pie de Palo, con infantería para reconocer el barranco y asegurar el paso.
Pero los moriscos, mandados por capitanes como el Rendati y el Macox, prepararon una maniobra de gran habilidad. Una parte de la gente quedó escaramuzando de frente, mientras otra se emboscaba a espaldas de los cristianos y otra se colocaba cerca del camino de Acequia, en el entorno llamado Calat el Haxar.
La tarde cayó, la tierra era áspera, los caminos estrechos y la oscuridad aumentó la confusión. Hubo muertos, heridos y pérdida de armas. Las fuentes no coinciden plenamente en las cifras, como suele ocurrir en las crónicas de guerra, pero todas muestran la dureza del episodio.
Acequias quedó así ligada a uno de los momentos más tensos de la campaña: el intento de abrir paso hacia Órgiva en medio de barrancos, emboscadas y maniobras militares.
🌿 Acequias: agua, guerra y memoria
Cuando hoy miramos Acequias, sus bancales, sus acequias, sus caminos y sus cerros, cuesta imaginar aquel escenario de miedo, estrategia y combate.
Pero la documentación nos recuerda que este pequeño lugar del Valle de Lecrín fue mucho más que una alquería agrícola. Fue también un punto militar en la Guerra de los Moriscos, un lugar de paso hacia la Alpujarra y un espacio donde se cruzaron los planes del duque de Sesa y las estrategias de Aben Aboo.
Y en medio de esa memoria queda un nombre lleno de misterio:
Calat el Haxar.
La atalaya de las piedras. 🪨
Quizá el Cerro Alto conserve todavía, en su paisaje, parte de aquella historia.
No siempre la memoria se guarda en muros visibles.
A veces queda en los nombres, en los caminos y en las piedras.
📚 Bibliografía y fuentes consultadas
— Mármol Carvajal, Luis del: Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada.
— Hurtado de Mendoza, Diego: Guerra de Granada.
— Libro de Apeo y Repartimiento de Açequias, 1572-1576.
— Orden de población de Acequias, Granada, 1574.
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