26 junio 2026

El Pozo y el aljibe de Melegís


 💧 EL POZO Y EL ALJIBE DE MELEGÍS: DOS INFRAESTRUCTURAS QUE EL APEO NO VIO PERO QUE EXISTIERON

Lo que el Libro de Habices de 1502 guarda y el Libro de Apeo de 1572 no menciona: la memoria del agua almacenada en la alquería morisca

Hay documentos que se complementan como las dos caras de una moneda.

El Libro de Habices de Melegís de 1502 y el Libro de Apeo y Repartimiento de Melegís de 1572 describen el mismo pueblo con setenta años de diferencia. Pero no describen lo mismo. El primero mira hacia adentro: los bienes que la comunidad musulmana había consagrado a sus necesidades colectivas. El segundo mira hacia afuera: lo que la Corona iba a confiscar y repartir.

Por eso el Apeo habla de tierras, árboles y molinos, y el Libro de Habices habla de pozos y aljibes.

Dos infraestructuras del agua que el catastro de 1572 ignoró porque no podían confiscarse ni tasarse —el agua de un pozo no tiene dueño individual, no puede ponerse en una escritura de compraventa— pero que habían sido, durante generaciones, tan esenciales para Melegís como sus morales o sus acequias. 🔍

📜 LO QUE EL LIBRO DE HABICES REVELA — Dos puntos de agua distintos

El Libro de Habices de Melegís, redactado en 1502 por el alguacil Hernando Achraz ante el escribano Francisco Ortiz, contiene algo que no aparece en ningún otro documento anterior sobre esta alquería del Valle de Lecrín: la enumeración de bienes piadosos destinados específicamente a dos puntos de agua diferenciados.

No uno. Dos.

El documento los separa con absoluta claridad:

«Habices del Pozo» — con sus propiedades en el Pago de Fandac y en el Pago del Fondón, más dos aceitunos en el Pago del Nudar y dos morales en el Pago del Orda.

«Habices del Aljibe» — con una tierra de un marjal en el Pago del Diar, con dos aceitunos y un moral plantados en ella, lindando con un osario —un cementerio islámico—.

Pozo y aljibe. Dos palabras. Dos infraestructuras. Dos sistemas de agua con lógicas completamente distintas. Y dos conjuntos de bienes piadosos destinados a mantenerlos por separado.

Este detalle es fundamental: en la sociedad islámica medieval, los bienes habices se destinaban a necesidades reales y específicas. No se donaba una tierra genéricamente «para el agua»: se donaba para el pozo, o para el aljibe. Si hay habices del pozo y habices del aljibe, es porque ambos existían, funcionaban, y tenían necesidades de mantenimiento propias y diferenciadas. 🏺

🏺 EL POZO — El agua viva, profunda y cotidiana

En árabe, el pozo se llama بئر (bi'r). Y el Libro de Habices de Melegís de 1502 lo identifica con ese mismo término arabizado en el nombre de un personaje que aparece como lindero en las tierras del alfaquí: «el Bir». Un vecino cuyo apodo era literalmente el Pozo, o que vivía junto a él, o que lo cuidaba. Un hombre cuya identidad quedó soldada a ese punto de agua hasta el punto de que ya no se sabía si él tenía nombre propio. Era el Bir. El del pozo.

¿Dónde estaba ese pozo?

El Libro de Habices lo sitúa indirectamente a través de los pagos donde tenían tierras sus habices. Las propiedades destinadas a su mantenimiento se encontraban en el Pago de Fandac —término arabizado que significa literalmente foso o zanja, del árabe al-jandaq (الخندق)— y en el Pago del Fondón. También en el Pago del Nudar y en el Pago del Orda.

El Pago del Handac o Fandac, el del foso, aparece también en el Apeo de 1572 con ese mismo nombre. Era uno de los pagos de riego de Melegís, situado probablemente en la zona media del término, entre el casco urbano y el Río Torrente. Un pago con nombre árabe que describía su topografía: un terreno con una depresión, un canal, quizás el borde de una acequia importante. Y en ese pago, o junto a él, estaba el pozo.

¿Qué tipo de pozo? En las alquerías nazaríes del Valle de Lecrín, los pozos no eran simples excavaciones en la tierra. Eran obras de mampostería cuidadosamente construidas, con brocal de piedra o de ladrillo, impermeabilizadas con cal hidráulica en sus paredes interiores para evitar la filtración de aguas superficiales y garantizar la pureza del agua. Tenían profundidad suficiente para alcanzar el nivel freático —el agua subterránea— y debían mantenerse limpios y en buen estado para que no se contaminaran.

Y en Melegís, ese mantenimiento tenía precio. Por eso había bienes habices destinados a pagarlo. 🪨

🏛️ EL ALJIBE — El agua guardada, reservada, estratégica

Si el pozo extraía el agua de abajo, el aljibe la guardaba desde arriba.

El aljibe —del árabe al-jubb (الجُبّ) o al-jibs (الجِبس)— era una cisterna de captación y almacenamiento de agua de lluvia o de manantial. En las alquerías islámicas del reino de Granada, el aljibe tenía una función estratégica precisa: garantizar el suministro de agua en las épocas de escasez, cuando los manantiales bajaban a un hilo o cuando la sequía amenazaba con dejar el pueblo sin agua de bebida.

No era un lujo. Era una necesidad de supervivencia.

El Libro de Habices de Melegís sitúa el aljibe en el Pago del Diar —del árabe diyār (ديار), que significa casas, moradas, barrio—. Un pago cuyo nombre indica que era el sector más habitado del casco urbano, o el barrio más antiguo, o el que estaba junto a las casas principales. Y lindando con él: un osario islámico. Un cementerio.

La imagen que compone el Libro de Habices es tan precisa como sugerente: el aljibe del agua, las dos aceitunos y el moral plantados junto a él, y al lado el cementerio de la comunidad. El agua que da vida y la tierra que guarda a los muertos, separados apenas por una pared o un camino. Una topografía de lo sagrado y lo cotidiano perfectamente entrelazada.

¿Cómo era ese aljibe? Probablemente una bóveda de cañón de mampostería sobre una cisterna impermeabilizada con cal hidráulica, similar al aljibe del Castillo de Restábal que el propio Libro de Apeo ilustra con fotografías y que ha llegado hasta nuestros días. La tecnología constructiva era la misma: bóveda de ladrillo, paredes de cal, sistema de captación de aguas pluviales a través de los tejados cercanos o de una conducción específica.

El Libro de Habices le asigna bienes propios —una tierra de un marjal con dos aceitunos y un moral— para sufragar su mantenimiento. Un marjal es poco más de quinientos metros cuadrados. La renta de esa pequeña parcela bastaba para pagar al que limpiaba el aljibe una vez al año, reparaba las grietas de la cal hidráulica, mantenía cubierta la boca para evitar la evaporación y la contaminación. 🌿

🔍 LO QUE EL APEO DE 1572 NO DICE — Y POR QUÉ

El Libro de Apeo de Melegís, redactado en febrero de 1572, no menciona el pozo. No menciona el aljibe. Ni una sola vez.

¿Habían desaparecido en los setenta años entre 1502 y 1572? No necesariamente. La razón de su ausencia en el Apeo es más simple y más reveladora: el licenciado Machuca venía a confiscar y repartir propiedades privadas. Un pozo comunal, un aljibe colectivo, no tenía dueño individual. No podía confiscarse. No podía repartirse en una suerte. No cabía en una escritura de propiedad.

El Apeo registra lo que tiene precio de mercado. El agua de un pozo comunitario no lo tiene: pertenece a todos y a ninguno, como las acequias o las eras del concejo. Por eso desaparece del documento.

Pero hay una pista extraordinaria que el Apeo sí conserva, casi sin querer. Entre los bienes de la iglesia de Melegís, en el listado de habices reconvertidos en patrimonio eclesiástico, aparece una viña con un censo perpetuo de la iglesia que el Apeo localiza en el «Camino de Ayn Alçohon».

Ayn Al-Çohon. Del árabe عين الصحون —o variante similar—. Ayn significa en árabe ojo de agua, manantial, fuente. Es el mismo término que da nombre a la ciudad andaluza de Fuengirola —Funtayna Sahl, fuente de la llanura— o al topónimo Ainsa en Aragón. Cuando el Apeo dice Camino de Ayn Alçohon, está diciendo literalmente Camino del Ojo de Agua del Çohon.

La misma fuente que en otro lugar del Apeo se llama «Fuente el Çohón» —la que movía el molino de los Campaneros—. El mismo punto de agua, nombrado en árabe cuando el escribano toma nota de la viña junto al camino, y en castellano cuando describe el molino que la fuente alimentaba.

Ayn Al-Çohon era la Fuente el Çohón. Y su nombre árabe, preservado en el Camino que llevaba hacia ella, confirma que era la referencia hídrica más importante del término: el manantial del que bebía todo el pueblo, el que movía el molino, el que articulaba la toponimia del lugar. 🌊

🗺️ ¿DÓNDE ESTABAN? — Una reconstrucción posible

Con los datos de los dos documentos cruzados, podemos intentar una reconstrucción aproximada de los puntos de agua de la alquería de Melegís:

💧 La Fuente el Çohón / Ayn Al-Çohon: el manantial principal. El que «nacía dentro del Río del Torrente» según el Apeo. El que bebía todo el pueblo. El que movía el molino de los Campaneros. Su nombre árabe —Ayn al-Çohon— era el más antiguo y el que el pueblo seguía usando en 1572, setenta años después de la conquista castellana. Probablemente en las márgenes del Río Torrente, en el extremo occidental del casco urbano.

🏺 El Pozo (Habices del Bir): situado probablemente en el Pago del Handac —el pago del foso— o en sus inmediaciones. Un pozo de extracción de agua subterránea, complementario a la fuente: para cuando la fuente bajaba poco en verano, para las abluciones religiosas, para el uso doméstico del barrio más cercano. Cuidado por habices específicos destinados a su mantenimiento desde época nazarí.

🏛️ El Aljibe (Habices del Pago del Diar): situado en el Pago del Diar, el barrio de las casas. Probablemente integrado en el conjunto de la mezquita mayor o en sus proximidades, junto al cementerio islámico que el Libro de Habices menciona como su lindero. Una cisterna de almacenamiento de agua de lluvia o de manantial, para garantizar el suministro en épocas de escasez. La reserva estratégica de la alquería.

💧 Los Albercones del Torrente: no mencionados en el Libro de Habices de 1502 —quizás por ser infraestructuras de riego más que de abastecimiento doméstico— pero bien documentados en el Apeo de 1572. Los depósitos de acumulación nocturna que permitían regar seis marjales de tierra al día. La solución técnica al problema del caudal escaso en verano.

Cuatro puntos de agua distintos. Cuatro funciones distintas. Un sistema de gestión hídrica perfectamente articulado que la alquería morisca de Melegís había desarrollado y perfeccionado durante siglos, y que el Apeo de 1572 solo captó en parte porque buscaba propiedades, no infraestructuras. 💧

⏳ LO QUE QUEDÓ — El topónimo como memoria

El pozo y el aljibe de Melegís desaparecieron de los documentos en 1572. No porque dejaran de existir necesariamente, sino porque el Apeo no tenía por qué registrarlos.

Pero el nombre sobrevivió.

El Camino de Ayn Alçohon aparece en el Apeo de 1572 como referencia topográfica en el deslinde de una viña. Setenta años después de que los Reyes Católicos conquistaran Granada, setenta años después de la conversión forzosa de los moriscos, el escribano castellano seguía anotando ese nombre árabe porque era el que todo el mundo conocía. El que los vecinos pronunciaban al hablar del camino que llevaba a la fuente.

Y hoy, en Melegís, la Fuente de la Alcuilla y el Lavadero de los Tres Caños ocupan probablemente el espacio hídrico que el Libro de Habices llamó Ayn al-Çohon. El nombre cambió —Alcuilla, también arabismo, del árabe al-quwayya, pequeño canal— pero el agua siguió naciendo en el mismo lugar.

Porque el agua no tiene historia. Tiene memoria. 🌿

🔚 EPÍLOGO: LO QUE DOS DOCUMENTOS NO PUEDEN DECIR SOLOS

Juntos, el Libro de Habices de 1502 y el Libro de Apeo de 1572 nos dan una imagen más completa de Melegís de lo que ninguno de los dos puede dar por separado.

El Libro de Habices dice: aquí había un pozo, aquí había un aljibe, y la comunidad los cuidaba con bienes propios porque eran necesarios para vivir y para rezar.

El Libro de Apeo dice: el pueblo bebe de unas fuentes que nacen dentro del Río del Torrente, y en verano traen muy poca agua, y por eso la recogen en albercones.

Los dos documentos hablan del mismo problema —el agua escasa del verano en el Valle de Lecrín— y de las mismas soluciones: almacenar, reservar, distribuir. Pero cada uno lo ve desde su propio ángulo.

Y entre los dos, separados por setenta años de historia y por la catástrofe de la expulsión morisca, queda el espacio de todo lo que se perdió y no se escribió: el nombre del hombre que limpiaba el aljibe, la familia que cuidaba el pozo, el turno que tenía cada vecino para usar el agua almacenada, el sonido del cubo bajando por la soga hasta el nivel freático en las mañanas de agosto.

El Bir. El aljibe del Diar. La Fuente el Çohón.

Tres nombres. Tres puntos de agua. Una alquería que los necesitaba todos para seguir siendo un lugar donde vivir. 💧

Fuentes: Manuel Espinar Moreno. «Habices de la alquería de Melegís del valle de Lecrín (Granada) en 1502». Homenaje al Dr. Jaafar Ben El Haj Soulami. Tetuán, 2015, pp. 206-224. M. Espinar Moreno, C. González Martín, A. de la Higuera Rodríguez, I. C. Gómez Noguera. «El Valle. Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal». Granada, 2006 / Digibug 2022.

#HistoriaDeGranada #ValleDeLecrín #Melegís #LibroDeHabices #LibroDeApeo #PozoDeAgua #AljibeHistórico #PatrimonioHidráulico #AlAndalus #Moriscos #GranadaNazarí #AguaYMemoria #FuenteElCohon #AynAlCohon #MemoriaDelAgua #PatrimonioAndaluz #HistoriaLocal #ArqueologíaDelAgua #ToponimiaÁrabe #InfraestructuraIslámica #ElValleDeLecrin #SigloXVI #1502 #1572 #DocumentosQueHablan


El Lavadero de la Calle La Fuente, con sus Tres Caños, no debe entenderse como una obra medieval conservada íntegra, sino como el resultado de una larga continuidad hidráulica. El punto de agua hunde sus raíces en la organización morisca de Melegís, documentada ya en los habices de 1502 —donde aparecen bienes destinados al pozo y al aljibe— y en el Apeo de 1572, que afirma que el pueblo bebía de fuentes nacidas en el Río Torrente. Sin embargo, la fábrica visible actual del lavadero —pilones, piedras de lavar, dosel, cubierta y ornamentos— corresponde a reformas posteriores. Según memoria local, hasta la elevación de las piedras se lavaba de rodillas, y esa reforma se habría realizado en tiempos de la II República. Por eso, más que decir que el lavadero actual es medieval, conviene afirmar que es heredero de una cultura medieval del agua, transformada y reformada a lo largo de los siglos.

Esa es, para mí, la forma más sólida: origen hidráulico antiguo, raíz morisca, documentación desde 1502-1572, pero fábrica actual reformada en época moderna y contemporánea


LA ALCUILLA:

El nombre Alcuilla parece una forma local o popular relacionada con “alcubilla”, término de raíz andalusí que designa un arca, depósito o pequeña infraestructura de agua. El nombre, por sí solo, conserva una memoria hidráulica muy antigua.

No hay comentarios:

Publicar un comentario