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| Iglesia de Chite |
🕌 LOS HABICES DE LA IGLESIA DE CHITE
Historia, patrimonio y memoria de una alquería del Valle de Lecrín
Entre los lugares que componen el Valle de Lecrín hay algunos que guardan su historia con la discreción de quien sabe que el tiempo lo conserva todo. El Chite es uno de ellos. Pequeño, encajado en el centro geográfico del valle junto al barranco de su mismo nombre, descendido de Sierra Nevada, a 637 metros de altitud, este pueblo de calles estrechas y tinaos moriscos atesora entre sus escrituras notariales uno de los inventarios patrimoniales más detallados de la comarca: el de los bienes habices de su iglesia. Un patrimonio que, antes de pertenecer a la cruz, sirvió al creciente. 🌙✝️
La fuente principal de este artículo es el Capítulo VIII de la tesis doctoral de Lorenzo Luis Padilla Mellado, Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología (Universidad de Granada, 2010), enriquecida con el Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín (1547-1554) —folios 250r al 254v— y las Escrituras de Censo conservadas en el Archivo Histórico del Arzobispado de Granada bajo la Signatura 586-F. 📚
🏘️ La alquería: entre el latín, el árabe y la historia
El nombre del pueblo lo dice todo sobre su complejidad histórica. Chite —escrito a veces Achite, Al-Yit o El Yit— deriva del árabe الجيط (al-Ŷīṭ), topónimo que a su vez procede del latín civitas, ciudad. La palabra romana que nombra a los asentamientos urbanos organizados sobrevivió en la boca de los mozárabes, pasó al árabe y llegó hasta nosotros a través del castellano. Una cadena de culturas que, como las venas de agua que riegan sus hazas, nunca se interrumpió del todo.
Madoz, en su Diccionario Geográfico de 1845-1850, describe Chite como anejo de Talará, en la falda meridional de Sierra Nevada, con 85 viviendas y 80 vecinos —aproximadamente 280 almas—, dedicados a la agricultura y a exportar aceite a Granada y al puerto de Motril. Produce aceite principalmente, maíz, habichuelas, trigo, cebada, naranjas y limones. Tiene molino harinero, dos molinos de aceite y una fábrica de aguardiente. 🫒🍊
Más atrás en el tiempo, en el periodo nazarí, Chite fue llamado Al-Yit y perteneció al Iqlim Al-Uxar, el "Valle de la Alegría". Fue cuna del asceta Ibn Ya'far, nacido en 1270, viajero que peregrinó a La Meca, recorrió Oriente Próximo, se asentó finalmente en Cónchar para cuidar huertos y escribir El libro de las luces, muriendo en 1349. Una figura singular que conecta este pequeño lugar del Valle con las grandes rutas espirituales del Islam medieval.
Durante la conquista castellana, el rey Fernando el Católico mandó quemar los lugares del Valle de Lecrín, entre ellos el Chite. La riqueza agrícola de la zona atrajo a Hernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos, y al Marqués de Mondéjar, que llegó a poseer un molino de aceite en El Chite y Talará. El cardenal Cisneros impuso luego la conversión forzosa. En 1501, según la Bula de Erección de Parroquias, Achite pasó a ser anejo de Béznar y posteriormente de Talará.
El levantamiento morisco de la Navidad de 1568 sacudió también El Chite. La guerra fue cruel y acabó con la expulsión de 70 vecinos moriscos y la repoblación del lugar con 30 vecinos cristianos viejos procedentes de fuera del reino de Granada en el año 1572. De casi 300 personas a poco más de 100. El pueblo sobrevivió, pero apenas. 📉
🏯 El Castillejo: la fortaleza olvidada
En el término de El Chite pervive un topónimo que guarda la memoria de una defensa: el Castillejo. Los libros de apeo del siglo XVI ya lo mencionan. Se trata de los restos de una fortaleza árabe localizada en lo alto de un cerro, sobre la confluencia del río Ízbor con el barranco de Chite, a unos 600 metros al suroeste de Béznar. Su plataforma es rectangular con esquinas redondeadas, orientada en dirección norte-sur.
De ella se conserva en el borde oeste un muro de tapial de unos 80 metros de longitud, un metro de altura y 70 centímetros de espesor, montado sobre una base de mampostería de lajas. En los lados este y sur quedan restos de muros más degradados. La gran cantidad de cerámica medieval y prehistórica dispersa en superficie sugiere una ocupación prolongada, quizás para controlar el paso de Granada a la costa por las cuencas de los ríos Guadalfeo e Ízbor. Muchos investigadores, por su cercanía al castillo de Mondújar, ignoraron su existencia. Pero estaba ahí, silencioso, mirando el valle. 🏰
⛪ La iglesia y sus molinos
La iglesia parroquial de El Chite se construyó en el siglo XVI, como la mayoría de las del valle. Tras los saqueos e incendios de la guerra morisca, fue reconstruida a principios del XVII: se rehízo la torre, la armadura y la portada. En el informe eclesiástico de 1621 se leía: "El Chite, anejo de Béznar, que dista de él un cuarto de legua, es lugar de 30 vecinos. Tiene iglesia de una nave, bien reparada, y torre con campana."
La planta es rectangular, de una sola nave con cabecera plana. La armadura de madera es de tipo lima bordón, con siete tirantes transversales adornados de estrellas. A los pies, un pequeño coro sobre el cancel; el presbiterio elevado al que se accede por una grada. La torre-campanario surge del muro de la epístola en tres cuerpos con vuelo octogonal. Sus medidas interiores: 25 × 7,50 metros. Un edificio sobrio y hermoso, como el paisaje que lo rodea.
El lugar tenía también una importante industria molinera. El Apeo y Repartimiento de Bienes de El Chite de 1572 recoge que había tres molinos de aceite —dos aprovechables, uno por el suelo—, todos ellos de moriscos y por tanto ahora de la Corona, y dos molinos harineros de dos piedras cada uno en el río Moxacar, perdidos y desbaratados. También dos hornos de cocer pan que poseía Gonzalo de Torres, sin contrato con la iglesia. Y un tejar o almadraba situado en el Camino Real que unía Chite con Melegís por el Barrio Alto, que abastecía de ladrillos y tejas a los pueblos de la comarca. 🧱
🏚️ Los bienes urbanos: casas, hornos, macaberes y rábitas
Al no disponerse de un Apeo completo de bienes habices para El Chite, Padilla Mellado reconstruye el inventario a partir de las escrituras de censo conservadas en el Arzobispado. El resultado es un retrato fiel de la geografía humana del pueblo en la segunda mitad del siglo XVI.
Entre las casas, el inventario describe una vivienda en el Barrio de Abajo, lindando con el huerto de morales de Juan Jijón, con morales y tierra de Miguel Sánchez y con el camino que va a la iglesia; por la puerta frontera, la Calle Real y los solares de Francisco Jijón. También se documenta un sitio y solar que fue horno en el Barrio Alto, linde con casa de Juan de Narváez, casa de Alonso de Santiago y la Calle Real junto a la placetilla de Juan Rodríguez. Más un solar de casa metido en huertos de Cristóbal López, junto al Partidor del agua.
Los hornos eran dos, uno por barrio, como corresponde a la organización social de las alquerías del Valle. El del Barrio Alto, junto al solar ya descrito. El del Barrio Bajo, junto a la iglesia, lindando con el horno de hacer tinajas y la placeta de la iglesia.
Los macaberes —antiguos cementerios musulmanes reconvertidos en tierra de labor o en bienes censales— son abundantes y geográficamente precisos en la documentación. El primero, un pedazo de cuatro marjales (2.100 m²), estaba situado entre los dos barrios del lugar, convertido ya en olivar, entre tres caminos: el que va del Barrio Bajo al Alto, el que lleva a Talará y el que sale de entre los dos barrios también hacia Talará. Fue posesión de Juan de Medina. Un segundo macaber, de dos marjales (1.050 m²), se localizaba en el Pago del Valín, entre huerta y tierra de Juan Jijón por dos partes, olivar de Alonso Herrera y huerto de Alonso Martínez Jijón, siendo dividido entre Juan Jijón (parte alta) y Juan de Medina (bancal bajo). Un tercer pedazo de macaber, también de dos marjales, estaba entre los dos barrios por encima del horno de las tinajas, linde con el camino del Barrio Alto al Bajo, tierras y olivar de Juan Rodríguez, morales de Juan de Medina y morales de Miguel Sánchez de Carmona; por él se pagaban seis reales de censo. Un cuarto macaber, de un cuarto de marjal, estaba en tierras de Martín de Herrera. Y un quinto pedazo de tierra que solía ser macaber, de un marjal, frontero a la iglesia, se encontraba entre tierras y olivar de Juan Ruiz, tierras y olivos de Alonso Ortiz, y el camino que va del lugar al molino de pan. Lo poseía Miguel Sánchez.
El solar de la rábita se situaba entre los dos barrios, linde por tres partes con caminos de servicio del lugar, y por uno de esos caminos con casa de Baltasar Herrera. Antigua sala de oración islámica convertida en bien inmueble de la iglesia cristiana, sin siquiera paredes en pie.
Y el horno de hacer tinajas —la almadraba—, dentro del casco urbano, por el que se pagaban ocho maravedís de censo, linde con tierras de los herederos de Francisco Jijón y con el horno de pan. La industria cerámica del lugar, documentada en el siglo XVI, guardando relación con ese antiguo tejar que surtía de materiales a toda la comarca. 🏺
🌾 Tierras de regadío: el agua que lo sostiene todo
La riqueza hídrica del Valle de Lecrín, alimentada por el deshielo de Sierra Nevada, se refleja con precisión en el inventario de tierras de regadío de El Chite. Se documentan en el capítulo 27 hazas, 13 pedazos de tierra y 14 bancales, con una superficie total aproximada de 5,80 hectáreas.
Los pagos de regadío se distribuyen principalmente por el Pago del Plan —el más fértil y documentado—, el Pago del Rubite, el Pago de Contra, el Pago del Mojinal, el Pago del Fondín, el Pago de Locabo, el Pago del Frontín y el Barrio Alto junto al aljibe.
En el Pago del Plan, el inventario describe una secuencia de bancales y hazas que los censatarios de la familia Medina-Jijón trabajaban con admirable precisión: un pedazo de tierra de dos marjales linde con Alonso Martínez y Sebastián López; un bancal de un marjal puesto de albarcoques; una huerta de dos marjales con cuatro pies de olivos cercada junto al barranco; y varias hazas intercambiadas (trocadas) con tierras mejores, dando testimonio de una economía agraria viva y adaptativa.
En el Pago del Rubite aparecen dos hazas que suman dos marjales y cuarto, y otras de cuatro marjales en cuatro bancales que divide un jorfel. En el Pago del Fondín, una haza de riego de tres marjales puesta de viñas, orilla del barranco. En el Pago de Locabo, dos pedazos con ocho marjales a los que atravesaba el camino que iba del Chite a Melegís, con tierras y olivar de Juan de Santiago lindando por la parte alta. 🫒
El camino a Melegís aparece repetidamente como lindero en las tierras de Chite, igual que ocurre en sentido inverso en los documentos de Melegís: otra prueba de la profunda interconexión económica y cotidiana entre ambas alquerías vecinas.
🌿 Tierras de secano y viñedo
Las tierras de secano y viñedo suman en total 19 parcelas distribuidas por una superficie de casi 3,81 hectáreas, localizadas en los pagos del Vical (luego llamado de Contra), del Mojinar, de la Barrasa, del Cerro de San Cristóbal, de Frimalamar, del Buñol y de Sumalamar.
Entre ellas destaca un gran pedazo de tierra de 18 marjales (9.450 m²) en el Pago de Frimalamar/Sumalamar, con almendros e higueras, lindando por arriba con tierras del Licenciado Mieres, vecino de Granada, por otra con tierras de Juan de la Hoya, por abajo con tierras de los herederos de Bartolomé Martín y con tierras de Francisco Jijón y de Alonso de Aguilar. Una extensión notable para un pueblo tan pequeño.
En el Cerro de San Cristóbal, junto a una antigua iglesia, se documenta una haza en un retamal de ocho celemines de sembradura (1.342,5 m²) con un macaber alrededor, compartida entre Francisco Jijón y Diego Padial, pagando cada uno cuatro celemines, con la acequia principal del lugar como lindero. Una partida que conjuga lo sagrado cristiano, lo sagrado islámico y la tierra cultivable en un mismo espacio. 🌾
🌳 El arbolado: el olivar como vertebrador del paisaje
El inventario arbóreo de El Chite revela la fisonomía de su término con una exactitud que casi permite dibujar el mapa. Se documentan en total:
52 olivos, 9 morales, 5 higueras, 3 almendros, 2 limoneros, 1 granado y otros árboles frutales sin especificar.
El olivar domina claramente sobre los morales, al contrario de lo que ocurría en Melegís y Restábal, donde la morera y la seda marcaban la economía. El Chite era, ya en el siglo XVI, un pueblo de aceite. Los olivos aparecen dispersos en hazas ajenas según la fórmula típica del Valle: la tierra es de un vecino, el árbol de la iglesia, y el censatario paga por ambos separadamente.
Algunos de estos olivos tienen ubicaciones que se han conservado en la memoria toponímica del lugar: en el Pago del Molino Quemado, en el Pago del Frontín, en las Cruces, en el Barrio Alto junto al aljibe, en la huerta cercada de Alonso Martín Jijón junto a la acequia principal y la plazuela de su casa, en tierras de Alonso de Herrera frontero a las Cruces, en ribazo del Licenciado Mieres. Los olivos tenían nombre de pago y nombre de dueño. Eran individuales, como personas. 🌿
📋 El Libro Becerro (1547-1554): los hombres del Chite
Los folios 250r al 254v del Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín contienen las partidas de censo correspondientes al lugar de El Chite. Más que un registro fiscal, son el retrato de una comunidad en transición.
La figura dominante es la de Los Jijones: Francisco Jijón, Juan Jijón, Juan de Medina, Miguel Sánchez de Carmona y Diego Padial, todos hijos y yernos de Francisco Jijón el Viejo. Esta familia extensa poseía entre sí los bienes habices del lugar de El Chite, repartidos y administrados colectivamente. Pagaban en conjunto 6.219 maravedís anuales, 1.244 maravedís cada uno, pagaderos por fin de octubre. La escritura fue reconocida y otorgada ante el escribano público de Melegís Pedro de Ledesma, el 3 de mayo de 1592. Un clan familiar que sostenía económicamente a la iglesia de un pueblo entero.
Francisco Jijón aparece además con partidas propias: pagaba 305 reales de censo al año por dos pedazos de majuelos de cuatro marjales en el Pago de Uzcal, una haza en retamal junto al Cerro de San Cristóbal, un bancal que solía ser almazara (8 maravedís), y el solar del horno de cocer tinajas (8 maravedís). Pagaba también 15 ducados de censo cada año por todos los habices de la iglesia a excepción de los de la Iglesia Mayor de Granada, los hornos y los censos particulares, según la carta de censo que pasó ante el escribano Bartolomé Dalva en 16 de enero de 1533. Y seis reales más por varios pedazos de macaberes de cuatro marjales convertidos en olivar, con tres pedazos distintos: uno linde de huerta de Francisco el Gazi y un molino de aceite, otro linde de la huerta de Mendoza, y el tercero linde de haza de Bernabé de Santa Fee.
Miguel de Mendoza, como heredero de Juan de Mendoza su padre, pagaba tres reales de censo al año por tres olivos de la iglesia: dos en la huerta del dicho Juan de Mendoza y otro en haza del Panzi. La escritura de censo, ante el escribano del rey Pedro de Toledo, lleva fecha del 16 de junio de 1514.
Diego Alahadar pagaba dos reales de censo al año por una casa en el Barrio Alto de El Chite, linde con casa de Hernando el Colay y las calles reales. Escritura ante Pedro de Córdoba, 13 de julio de 1541.
Hernando Jiménez pagaba 144 maravedís al año por una casa en el Barrio Bajo, linde con casa de Isabel Huncicha y casa de Hernando Caicabi.
Y aquí aparece Lope de Palma, que junto a Zacarías Marín pagaba dos reales de censo al año por un macaber en el Barrio Alto, con condiciones en la Contaduría para abrirlo. El apellido Palma documentado en El Chite en el Libro Becerro de 1547-1554. 🌿
Alonso Alaberri, vecino de Pinos del Rey, pagaba 40 reales de censo perpetuo al año por un conjunto notable de tierras de riego: una haza de un marjal con un moral y su agua, otra de dos marjales, cuatro bancales que divide un jorfel de cuatro marjales, una haza de marjal y medio, y otras cuatro hazas adicionales. La escritura fue ante Francisco de Córdoba, el 22 de diciembre de 1558. En 1564, ante el mismo escribano, Alonso Alaberri traspasó toda esta hacienda a Hernando de Torres, vecino del Chite.
📜 Las Escrituras de Censo (AHAGr, Signatura 586-F)
El Archivo Histórico del Arzobispado de Granada conserva bajo la Signatura 586-F las escrituras de censo de la Iglesia de El Chite, que completan y matizan el inventario del Libro Becerro.
Francisco Jijón —el mismo patriarca de la familia que sostenía el patrimonio habice del pueblo— formalizó ante el escribano Bartolomé de Alba el 16 de enero de 1533 la escritura de toma a censo perpetuo de 15 ducados (9.625 maravedís) sobre los bienes habices de la Iglesia del Chite en su conjunto.
Fernando de Abengoza tomó a censo perpetuo, ante Alonso Ruiz el 9 de agosto de 1520, un solar de casa por dos ducados de plata, linde con Francisco Sola, Diego Acapayno y la calle.
Hernando Ramírez escrituró ante Alonso Ruiz el 24 de abril de 1547 una casa en el pueblo por cuatro maravedís y cuartillo de censo perpetuo, linde con Isabel Musejida.
Andrés Díaz reconoció ante Ambrosio Espínola el 20 de septiembre de 1670 un censo perpetuo de 30 reales a favor de la Iglesia del Chite.
Alonso Alabejir tomó de la Iglesia del Chite ante Francisco de Córdoba el 20 de diciembre de 1557 seis hazas y cuatro bancales de tierra en censo perpetuo de 40 reales.
Gonzalo de Torres —el mismo que poseía los dos hornos de pan del lugar sin contrato con la iglesia, según el Apeo de 1572— tomó ante Francisco de Córdoba el 10 de septiembre de 1554 un macaber de aproximadamente ocho marjales, junto a un majuelo, linde con haza del Calay y con el camino de la Alpujarra y el barranco, por dos reales de censo perpetuo. Un cementerio islámico de más de cuatro mil metros cuadrados, convertido ya en hacienda y sujeto al pago de dos reales anuales a la iglesia. 🪦
🌅 Lo que los habices de El Chite nos dicen
El inventario de los habices de la Iglesia de El Chite es, en el fondo, el inventario de un pueblo que sobrevivió. Setenta vecinos moriscos expulsados en 1572, treinta repobladores llegados de fuera con sus costumbres y sus apodos. Y entre unos y otros, los papeles que garantizaban que la tierra seguiría siendo explotada, que el horno seguiría cociendo pan, que los olivos seguirían dando aceite y que la iglesia seguiría cobrando sus censos.
Los Jijones —Francisco, Juan, el viejo y los jóvenes—, los Medina, los Padial, los Sánchez de Carmona: apellidos que en su día recibieron las tierras habices como un préstamo a largo plazo, y que con su trabajo las devolvieron a la vida. Y entre ellos, un Lope de Palma que pagaba por un macaber en el Barrio Alto, y cuyo nombre resuena con la misma fuerza que el barranco que sigue bajando de Sierra Nevada, indiferente al paso de los siglos. 🏔️
Que no se pierda la memoria de El Chite. ✨
📚 Bibliografía
PADILLA MELLADO, Lorenzo Luis (2010): Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología. Editorial de la Universidad de Granada. Granada. D.L.: GR 3009-2010. ISBN: 978-84-693-2571-1. [Capítulo VIII: Chite, pp. 439-492.]
Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín (1547-1554). AHAGr. Signatura Caja nº 44. Fols. 250r-254v. Apéndice Documental, Doc. nº 21, p. 136.
Escrituras de Censo de la Iglesia de El Chite. AHAGr. Signatura 586-F. Escrituras nº 139, 140, 145, 147, 148. Apéndice Documental, Doc. nº 53, p. 727.
Libro de Apeo y Repartimiento según comisión para las poblaciones de Chite y Talará del Valle. AHPGr. Signatura 6474/CD-79, p. 436.
MADOZ, Pascual (1845-1850): Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Andalucía, Granada. Estudio introductorio de J. Bosque Maurel. Granada, 1987, p. 76.
LÓPEZ RODRÍGUEZ, Miguel A. (2002): Las Parroquias de la Diócesis de Granada (1501-2001). Arzobispado de Granada. Granada, p. 238.
MARTÍNEZ RUIZ, Juan (2002): El lenguaje del suelo (Toponimia). Universidad de Jaén, p. 665.
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LIROLA DELGADO, Jorge y PUERTA VÍLCHEZ, José Miguel (2009): Biblioteca de al-Andalus: Un asceta en la corte nazarí. Ibn Ya'Far al-Qūnyī. Fundación Ibn Tufayl de Estudios Árabes. Almería, pp. 37-38.
PADILLA MELLADO, L.; ESPINAR MORENO, M. (2007): Arquitectura Defensiva del Valle de Lecrín. Granada, pp. 66-68.
REYES CASTAÑEDA, J.L.; RUBIO PRATS, M.M.; CARBONERO GAMUNDI, M.A. (1986): "Prospecciones arqueológicas medievales en Lecrín, términos de Chite, Melegís, Restábal, Saleres y Albuñuelas (Granada)". Anuario Arqueológico de Andalucía. Granada, pp. 385-403.
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