🕌 LOS HABICES DE RESTÁBAL: EL PATRIMONIO QUE SOBREVIVIÓ AL SILENCIO
Por Miguel Ángel Molina Palma
Hay documentos que guardan entre sus líneas el pulso de un pueblo entero. Escrituras de censo, inventarios de bienes, reconocimientos ante escribano público: papeles que en su día no fueron literatura, sino administración, pero que hoy nos devuelven los nombres, los rostros y las tierras de quienes vivieron en Restábal cuando el Valle de Lecrín aún olía a seda morisca y a aceite nuevo. Entre esos documentos destaca uno que custodia el Archivo Histórico del Arzobispado de Granada: el Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín (1547-1554), fuente principal del capítulo XIX de la tesis doctoral de Lorenzo Luis Padilla Mellado, Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología (Universidad de Granada, 2010). 📚
🌿 ¿Qué eran los habices?
Antes de que la Cruz sustituyera a la Media Luna en los altares del Valle, los bienes aḥbās —arabismo que castellanizamos como habices— sostenían el culto en las mezquitas y rábitas de cada alquería. Eran propiedades inalienables: casas, hornos, tierras de regadío, viñas, olivos, higueras, morales, macaberes, solares de rábitas. Bienes que la comunidad había donado a Dios y que no podían venderse ni dividirse.
Tras la conquista castellana del reino nazarí, la Corona transfirió este patrimonio islámico a las nuevas iglesias parroquiales. Los habices dejaron de financiar el salat y comenzaron a sufragar la misa. El nombre cambió; la función económica, no. Y los papeles que los documentan se convirtieron, sin pretenderlo, en el más fiel retrato de una sociedad en transición. 🕊️
🏰 Restábal y su herencia de piedra
Restábal se asienta en la margen derecha del Valle de Lecrín, a 700 metros de altitud, en una tabla de tierra llana que los árabes llamaron Qaryat Ra's al-Ṭabl —"Cima de la Tabla"—, encajada entre el Barranco de la Fuente de los Siete Caños al Oeste y el Barranco del Castillo al Este. Por aquí pasaba el Camino Real de Granada a Motril, que bajando del Espolón de las Albuñuelas discurría por los límites entre Restábal y Melegís, cruzaba junto al Cortijo del Maestro y la Venta de la Espada, y descendía hacia la costa. Durante siglos ese camino no fue solo una vía de comunicación: fue el alma del pueblo.
Sobre la Loma del Castillo se yerguen todavía los restos del Castillo de los Moros, fortaleza nazarí del siglo XIV, de similar fábrica a las de Mondújar, Lanjarón y Moclín, que la tradición atribuye al programa militar de Yusuf I y su hijo Muhammad V. Lo que mejor se conserva de ese conjunto es su extraordinario aljibe de cuatro naves separadas por arcos de medio punto en ladrillo y bóvedas de cañón, con un enlucido rojo que aún pervive en algunas zonas. Desde ese cerro se dominaban las alquerías circundantes, las salidas del río y el camino que unía el Valle con la costa y la Alpujarra. 🏯
🔥 El desgarro de 1568
Pero antes de los habices de la iglesia cristiana, hay que hablar del fuego. En la noche del 26 de diciembre de 1568, en Melegís y Restábal, los moriscos se alzaron. Era el inicio de la Guerra de las Alpujarras. Saleres y Albuñuelas se sumaron el 3 de enero de 1569. Las revueltas pusieron en grave peligro a los cristianos viejos del lugar. Llegó entonces Don Juan de Austria para poner fin a la rebelión, y el 25 de julio de 1569, según relata Luis del Mármol Carvajal en su Historia de la Rebelión y Castigo de los moriscos del Reyno de Granada, el Capitán Céspedes coronó la sierra entre Restábal y las Albuñuelas y divisó a los moros en un cerro redondo, con las mujeres, los bagajes y los ganados en el valle que queda sobre el pueblo.
Tras la expulsión, Restábal pasó de 280 vecinos en 1528 a 132 vecinos en 1571 —esto es, de más de mil personas a unos quinientos—. Las tierras quedaron baldías, los molinos parados, los hornos fríos. Y el patrimonio de las antiguas mezquitas y rábitas, ahora en manos de la Iglesia, esperaba nuevos arrendatarios que lo pusieran de nuevo en producción. 📉
⛪ La iglesia y sus bienes
La Iglesia de Restábal —consagrada a Santa María primero, luego a San Cristóbal— había sido instituida en 1501 por Diego Hurtado de Mendoza, arzobispo de Sevilla, como cabeza de parroquia con anejos: Melexix (Melegís), Murchas, Alauxa, Burnielas (Albuñuelas), Naro, Saleres y el Cautil. Durante décadas, Restábal y Albuñuelas se disputaron el anejo de Saleres. En un informe de 1621, el vicario de Restábal alegaba que Saleres le pertenecía por la erección y por autos de visita de los arzobispos Don Pedro Guerrero, Don Juan Méndez y Don Pedro de Castro, amén de más de doce autos de visitadores. El pleito no prosperó por falta de medios. Definitivamente, Saleres quedó como anejo de Restábal.
Ya en 1787, el arzobispo Antonio Jorge erigió en curato propio y colativo el de Restábal con Saleres, uniéndole el beneficio parroquial para completar la congrua. En 1949, Saleres fue finalmente erigida parroquia titular independiente. 🔔
🏚️ Los bienes urbanos: hornos, casas, rábitas y macaberes
El inventario de bienes habices de la Iglesia de Restábal, reconstruido por Padilla Mellado a partir de las escrituras de censo conservadas en el Archivo del Arzobispado —pues no se halló documento de apeo y deslinde para este lugar—, nos presenta una geografía urbana de notable riqueza.
Entre los hornos, el más significativo es el del Barrio Bajo, que arrendaron a censo perpetuo Bernabé de Málaga Fornay y Martín de Loja Altonaqui, pagando 11 ducados al año. Un segundo horno, situado en el lugar de Restábal, lo tenían a censo vecinos de Melegís: Miguel de Baeza, Zacarías de Moclín y Francisco de Aranda, que pagaban 9 ducados anuales. El horno no era solo un bien económico: era el corazón caliente del barrio, el lugar donde se cocía el pan de todos.
Entre las casas, destaca la que poseía Alonso Ruiz en la calle y Camino Real de Motril, linde con casa de Don Pedro de Granada y el Mesón de Diego Cano. Otra casa y huerta —mitad para Francisco Sánchez Machuca y mitad para Jerónimo Alfaro, plantada de limones y morales— se abría enfrente del mismo Mesón. Una tercera vivienda, en el Barrio Alto, pertenecía a los herederos de Gonzalo García de Alconada, lindando con casa del Goraysa, la Calle Real y casa de Pedro de Béjar.
Las rábitas —pequeños oratorios islámicos convertidos ahora en simples propiedades de la iglesia— aparecen con notable detalle. Luis Hernández tenía a censo una rábita en el Barrio del Mesón Alto, linde con tres calles. María Hernández, viuda de Luis Hernández Gazi, pagaba un real y medio de censo perpetuo por otra rábita en el Barrio Bajo, con obligación de invertir veinticinco ducados en labrarla en tres años contados desde el 15 de marzo de 1542. En 1554, no se había labrado nada. El documento lo anota con esa sobriedad burocrática que, a veces, es más elocuente que cualquier reproche.
Los macaberes —cementerios musulmanes— también aparecen como bienes habices. Francisco Nieto tenía a censo un macaber por abrir en el término del lugar; Juan de Alconada poseía dos pedazos de macaber de medio marjal cada uno, cercados de losas, en el Camino de Motril, linde con tierras de Zacarías Monticali y Alonso el Harduz. Cementerios de los que ya nadie reclamaba los muertos. 🪦
🌾 Las tierras: regadío, secano y viñedo
Las tierras de regadío inventariadas suman unas catorce hazas y un pedazo de tierra, con una superficie total aproximada de 1,40 hectáreas, distribuidas por los pagos de Rasadiaz, Los Cercados, La Cañada, Guaralquid, Mediavil, Alfornón, Alacaba, Quirrichal, Ladia y Guaralquid de nuevo, entre otros. Las tierras de secano y viñedo añaden otras 2,43 hectáreas. Un patrimonio modesto en extensión, pero decisivo para la economía eclesiástica del lugar.
Por esas tierras desfila toda la vecindad de Restábal: Salvador Huertas, Juan de Flores, Luis Rubio, Agustín Redondo, Bartolomé de Alfaro, Pedro de Azur, Lorenzo de la Torre, Lorenzo Alfahar, Alonso Mozaybar, Alonso Catán, Domingo de Baena Mudéjar. Nombres que son, en sí mismos, un mapa social del pueblo en el siglo XVI: el apellido morisco que aún persiste, el repoblador castellano recién llegado, el vecino que hereda una haza de sus padres y sigue pagando el censo a la iglesia como ellos lo pagaron. 🫒
Entre los pagos citados aparece reiteradamente el Camino que va de Restábal a Melegís, señal de que ambas alquerías compartían no solo términos, sino economía y tránsito cotidiano. También se menciona el Torrente, la Calle Real, el Barrio Alto, el Pilar del Barrio Alto, y los caminos hacia Murchas y hacia Saleres, dibujando la red de relaciones de un pueblo cuya vida se organizaba entre dos barrancos y un camino real.
💒 La Capellanía de Alconada: el legado de un vicario
Dentro del patrimonio habitual de los habices, el capítulo de Restábal guarda una joya particular: la Capellanía de Alconada. Fundada en 1540 por Don Juan de Alconada, Vicario del Valle y Beneficiado de Restábal, en una vieja casa que compró a una pareja de moriscos. Una lápida en el patio central del caserón morisco da fe de su existencia.
El Libro Becerro de 1547-1554 nos da los detalles. Francisco Muñoz Linero, vecino de Granada, era Patrón de las dos capellanías que fundaron Juan García de Alconada y Gonzalo García de Alconada, vecinos que fueron de Restábal, llamadas respectivamente Capellanía Mayor y Capellanía Menor. La Menor la servía el Maestro Joan Martínez por nombramiento del patrón, con un censo de 1.340 maravedís anuales pagaderos en agosto. La Mayor tenía por capellán al Licenciado Luis de Andrada, que reconocía 448 maravedís de censo perpetuo.
Los herederos de Gonzalo García de Alconada pagaban 1.326 maravedís anuales por un patrimonio disperso y minuciosamente descrito: hazas de riego en los pagos de Alguazata, Fondón y Muril, dieciséis aceitunos repartidos en hazas de distintos particulares —tres en haza del Yahi, tres en haza de Miguel Alazafelcan, dos en tierra del Ubeque, cuatro junto al macaber, tres debajo de la Iglesia Nueva, dos en haza de Miguel el Fornay, uno en el Camino, otro en haza de la Zoaya—, tierras de secano en el Pago del Cany y una casa en el lugar de Restábal. Y, asombroso detalle de precisión contable: en el margen del documento, el escribano anota que los dos pedazos de macaber del Camino de Motril ya no se incluyen en esta partida porque "se han cargado a otra". Los muertos también tenían su contabilidad. 📖
📜 Los hombres y mujeres del Libro Becerro
Lo que más conmueve del Libro Becerro de 1547-1554 es que, más allá de las cifras, nos devuelve personas. María Hernández, viuda de Luis Hernández Gazi, que murió sin herederos y cuyos bienes fueron ejecutados, tras haber estado casada en segundas nupcias con Gonzalo Montesinos. El molinero del Río Grande que vivía en una torreta para ponerse a salvo en las riadas. Antón de Pliego, que pagaba un real al año por una viña con cuarenta álamos. Lorenzo Azuz, del que solo sabemos que pagaba dieciséis reales y que la carta de censo había que buscarla porque no estaba en regla.
Y entre todos ellos, los escribanos que dieron fe: Juan de Jerez, Bartolomé de Alba, Alonso Ruiz, Alfonso de la Peña, Pedro de Córdoba, Francisco de Córdoba, Luis Páez de Acuña, Pedro de Frías, Diego Diez, Pedro de Narváez, Francisco Manuel, Diego de Ledesma. Hombres de pluma cuya letra nos ha traído hasta aquí.
Y entre todos los nombres, uno que detiene la mirada: Alonso de Palma, escribano público, que dio fe en noviembre de 1513 de la escritura de Juan de Alconada sobre una haza con moral en el Pago de las Eras. El apellido Palma, documentado en Restábal ya en el siglo XVI, resuena en este valle con la fuerza de lo que no se olvida. 🌿
🌅 Lo que los habices nos dicen hoy
Los bienes habices de la Iglesia de Restábal no son solo un inventario de propiedades. Son el retrato de una comunidad que sobrevivió a la expulsión, al despoblamiento, a los pleitos por los anejos y a siglos de olvido. Nos hablan de un pueblo que amasaba su pan en hornos alquilados a la iglesia, que cultivaba la vega con el agua de sus acequias, que enterraba a sus muertos en macaberes convertidos en bienes censales, y que rezaba en rábitas que ya nadie recordaba para qué servían.
Restábal, "Cima de la Tabla", se asomaba al mundo desde sus 700 metros de altitud con la mirada de quien ha visto pasar el Camino Real, la guerra, la expulsión y la repoblación. Y dejó todo eso escrito, haza por haza, real por real, en los papeles que hoy custodian los archivos de Granada.
Que no se pierda la memoria. 🏔️✨
📚 Bibliografía
PADILLA MELLADO, Lorenzo Luis (2010): Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología. Editorial de la Universidad de Granada. Granada. D.L.: GR 3009-2010. ISBN: 978-84-693-2571-1. [Capítulo XIX: Restábal, pp. 1227-1284.]
ESPINAR MORENO, M.; GONZÁLEZ MARTÍN, C.; DE LA HIGUERA, A.; GÓMEZ CONCEPCIÓN, I. (2006): El Valle. Libro de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal. Granada.
MÁRMOL CARVAJAL, Luis del (1797): Historia de la Rebelión y Castigo de los moriscos del Reyno de Granada. Madrid, p. 282.
MADOZ, Pascual (1845-1850): Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Andalucía, Granada. Estudio introductorio de J. Bosque Maurel, p. 293.
LÓPEZ DE COCA CASTAÑER, José Enrique (2003): "La emigración mudéjar del reino de Granada en tiempo de los Reyes Católicos". España Medieval, nº 26, pp. 203-226.
LÓPEZ RODRÍGUEZ, Miguel A. (2002): Las Parroquias de la Diócesis de Granada (1501-2001). Arzobispado de Granada. Granada, pp. 403-404.
MALPICA CUELLO, Antonio (1996): Poblamiento y Castillos en Granada. El Legado Andalusí. Madrid, pp. 155-156.
MARTÍN GARCÍA, Mariano; BLEDA PORTERO, Jesús; MARTÍN CIVANTOS, José María (1999): Inventario de Arquitectura de la provincia de Granada. Diputación de Granada, pp. 41224-14.
PADILLA MELLADO, L.; ESPINAR MORENO, M. (2007): Arquitectura Defensiva del Valle de Lecrín. Granada, pp. 114-118.
Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín 1547-1554. AHAGr. Signatura Caja nº 44. Fols. 96r-107v.
#ValleDeLecrin #Restabal #HabicesAndalucia #HistoriaGranada #EcosDelValleDeLecrin #PatrimonioAndaluz #MemoriaHistorica #MoriscosDeSeda #ArquitecturaNazari #CapellaniaDeAlconada #LibroBecerro #AndaluciaHistorica #GranadaMedieval #CulturaMorisca #CaminoReal
No hay comentarios:
Publicar un comentario