20 julio 2026

Las GRANDES FAMILIAS DE MELEGÍS Y MURCHAS

Melegís 

 

🌳 LAS GRANDES FAMILIAS DE MELEGÍS Y MURCHAS

Apellidos y alianzas matrimoniales entre 1635 y 1706

✍️ Por Miguel Ángel Molina Palma

Hay pueblos que no se levantan únicamente con piedra, madera, cal y barro.

También se construyen con matrimonios.

Una boda acercaba dos casas, reunía dos grupos de parientes y abría un camino por el que circulaban apellidos, tierras, herencias, obligaciones y recuerdos. A veces unía a dos jóvenes del mismo lugar. Otras veces hacía llegar hasta Melegís o Murchas a alguien nacido en Restábal, Mondújar, Lanjarón, Órgiva, Granada o en territorios mucho más lejanos. 🛤️

Los 401 asientos matrimoniales conservados entre 1635 y 1706 permiten contemplar esta arquitectura familiar. De ellos, 271 señalan la iglesia de Melegís y 116 la de Murchas; los restantes carecen de indicación segura o corresponden a ceremonias celebradas fuera de ambas iglesias. La información se encuentra repartida entre un libro de bautismos, otro de defunciones y el volumen específico de desposorios y velaciones iniciado en 1660.

En sus páginas aparecen nombres que vuelven una y otra vez:

González, Rodríguez, Pérez, Ximénez, Molino, Alechaga, Urquiza, Barranco, Faciabén, Tapia, Roldán, Reyes, Moya, Contreras, Ruiz, Muñoz, Sánchez y Serrano.

No todos los que llevaban un mismo apellido pertenecían necesariamente a una única familia. Algunos apellidos eran muy comunes y pudieron entrar en los pueblos por caminos diferentes. Tampoco debemos olvidar que una misma pareja podía aparecer primero en el desposorio y después en la velación.

Pero cuando las partidas añaden los nombres de los padres, las procedencias y los grados de parentesco, empiezan a dibujarse verdaderas redes genealógicas.

El pueblo deja entonces de ser una lista de habitantes.

Se convierte en una trama de familias. 🧬

🌿 Los González: un apellido extendido por todo Melegís

Entre los novios, González es el apellido más repetido de toda la base documental. Aparece solo o acompañado por formas como González Quílez, González Serrano, González Brochero, González Ruiz, González Pérez o González de Alechaga.

Su frecuencia no demuestra que todos descendieran de un único tronco. Más bien revela la existencia de varias ramas que terminaron enlazándose con casi todas las grandes familias del pueblo.

Uno de los matrimonios más antiguos se celebró el 2 de noviembre de 1639. El novio fue Alonso González, hijo de otro Alonso González y de María Núñez. La novia fue Melchora de Alechaga, hija de Juan de Alechaga y Juana de Peralta.

Con aquella boda quedaron unidas las casas González, Núñez, Alechaga y Peralta.

La importancia del enlace se aprecia una generación después. En enero de 1671 encontramos a otro Alonso González, hijo de Alonso González y Melchora de Alechaga, casándose con Francisca Pérez, hija de Juan Pérez Brito y María Jacinta.

El matrimonio de 1639 no quedó, por tanto, como un hecho aislado. Dio lugar a una nueva generación en la que los González y Alechaga se enlazaron también con los Pérez.

Otra rama aparece en Domingo González, natural de Portugal y vecino de Melegís, casado en 1643 con María Valera. Sus hijos o descendientes quedaron asociados después a los González del pueblo, pero su procedencia demuestra que el apellido también pudo entrar desde fuera.

En 1650 se documenta a Juan González, hijo de Gabriel González y María Ortiz, unido a María de Soto, hija de Leonardo Ruiz y Ana de Soto.

En 1671, Salvador González, hijo de Gabriel González y María Ortiz, casó con Ana Rodríguez. En 1672, otro Juan González, hijo de Juan González y María de Soto, se unió a Francisca de Torres.

Los mismos nombres reaparecen, pero las filiaciones permiten distinguir las ramas.

A finales del siglo XVII los González se habían enlazado con:

Alechaga, Pérez, Rodríguez, Soto, Torres, Molino, Urquiza, Contreras, Reyes, Fernández y Ruiz.

Uno de los enlaces más representativos se produjo en 1682, cuando Nicolás González, hijo de Juan González y María de Soto, casó con María de Contreras.

Y en 1705 se celebró el matrimonio de José González, hijo de Manuel González y Mariana Muñoz, con doña María González Pérez, natural de Pitres.

El apellido González aparece así como una gran columna vertebral de Melegís: múltiple, ramificada y entrelazada con buena parte del resto de las familias. 🌳

⚙️ Los Molino: una raíz antigua y persistente

El apellido Molino aparece desde los primeros folios conservados.

En un registro posiblemente fechado en 1635 encontramos a Lucas Molino, hijo de Antón Molino y Sebastiana Muñoz, unido a una mujer de apellido Varas cuyo nombre no ha podido leerse por encontrarse roto el papel.

A pesar de la pérdida, el asiento deja ya relacionados tres apellidos que continuarán apareciendo durante décadas:

Molino, Muñoz y Varas.

En 1660, Francisco Muñoz se desposó con Antonia Molina. La pareja recibió la velación en 1662, un ejemplo de cómo ambos momentos del matrimonio podían celebrarse con bastante separación.

En noviembre de 1662, Juan Molino, natural y vecino de Melegís, contrajo matrimonio con doña María de Vargas. La partida señala que existía parentesco de cuarto grado.

Los Molino también se unieron a los González. En algunos registros, María Molino aparece como esposa de Francisco González Quílez y madre de Manuel González. El apellido materno quedó incorporado así a una rama González que después volvió a enlazarse con otros hogares.

En 1680 tuvo lugar uno de los matrimonios más reveladores: Juan de Alechaga y Abril casó con Sebastiana Molino Varas. El enlace reunió a los Alechaga, Abril, Molino y Varas, cuatro apellidos presentes en la memoria del Melegís antiguo.

En 1687 aparece Esperanza Molino, natural de Melegís, casada con Félix Caballero, llegado desde Cónchar. Esta boda demuestra que una mujer Molino podía llevar su ascendencia hacia una familia procedente de otro pueblo.

Ya en 1705, José Molino, hijo de Lucas Molino y Paula de Reyes, casó con Margarita de Urquiza, hija de Juan de Urquiza y Antonia de Ortega.

Al año siguiente, Antonia Molino, hija de Andrés Molino y María Ruiz, contrajo matrimonio con Antonio de Soto, natural de Talará.

A lo largo del periodo, los Molino aparecen relacionados con:

González, Muñoz, Varas, Reyes, Alechaga, Urquiza, Ortega, Ruiz, Soto, Vargas y Caballero.

Más que un apellido aislado, fueron un punto de encuentro entre muchas casas de Melegís. ⚙️🌿


🍃 Los Alechaga: una de las familias más características de Melegís

Pocos apellidos tienen una sonoridad tan vinculada al Melegís del siglo XVII como Alechaga.

Aparece ya en 1639 con Melchora de Alechaga, esposa de Alonso González e hija de Juan de Alechaga y Juana de Peralta.

En 1653, Rodrigo de Alechaga, hijo de Juan de Alechaga y Juana de Peralta, casó con María Muñoz, hija de Juan Muñoz y Ana Rodríguez.

Esto permite identificar, con bastante seguridad, a Rodrigo y Melchora como miembros de una misma casa Alechaga–Peralta.

La familia quedó unida, por tanto, con:

González, Muñoz y Rodríguez.

En 1680 se desposaron Pedro de Alechaga y María Jacinta. Ese mismo año, Juan de Alechaga y Abril, hijo de Fernando de Alechaga y Catalina de Abril, casó con Sebastiana Molino Varas.

La aparición de la forma Alechaga y Abril muestra cómo algunos descendientes incorporaban el apellido materno o el de otra rama para distinguirse dentro de una familia extensa.

En 1687, Manuela de Alechaga, hija de Juan de Alechaga y María Muñoz, contrajo matrimonio con Jerónimo de Alarcón. La partida es especialmente rica porque recoge también a los abuelos de ambos contrayentes.

A través de ella vuelven a encontrarse los Alechaga, Muñoz, Peralta, Rodríguez, Alarcón, Atencia, Bejar y López de Baena.

También aparecen enlaces de los Alechaga con los Moya, Morales, Pérez, Prieto, Carrillo y Castillo.

El apellido no se mantuvo encerrado en una sola casa. Sus mujeres y hombres llevaron la sangre Alechaga hacia numerosas ramas que, en generaciones posteriores, pudieron dejar de utilizar el apellido como principal.

Por eso, su presencia histórica fue seguramente mayor de lo que indica el número de personas que lo llevaron de forma visible. 🌿


⛰️ Los Urquiza: entre Ortega, Barranco, Muñoz y Molino

Los Urquiza forman otra de las familias antiguas y reconocibles de Melegís.

En 1641, Mariana de Urquiza casó con Diego de Ortega, hijo de Juan López de Ortega y Elvira Flores. La partida asocia a Mariana con la casa de Juan de Ledesma y con las familias Romero y Soto.

En 1643, Gregorio de Urquiza contrajo matrimonio con Lucía Muñoz, natural de Órgiva. Gregorio aparece vinculado a Bartolomé Romero y Catalina de Soto.

En 1647, Fernando de Urquiza, hijo de Juan de Urquiza y Juana de Peralta, casó con Catalina de Abrie.

La familia Urquiza aparece así conectada tempranamente con:

Ortega, Flores, Romero, Soto, Muñoz, Peralta, Abrie y Salcedo.

Uno de los enlaces más expresivos se celebró en 1671 entre Francisco de Urquiza, hijo de Juan de Urquiza y Gerónima de Soto, y María Barranco, hija de Juan Barranco y Magdalena Rodríguez.

Urquiza, Soto, Barranco y Rodríguez quedaron reunidos en una misma casa.

En 1667, Ana de Urquiza había casado con Antonio de Contreras, viudo de Catalina de los Reyes. Este matrimonio unió a los Urquiza con una de las grandes familias de Melegís y, de manera indirecta, con los Reyes y Roldán de Murchas.

En 1705, Margarita de Urquiza se unió a José Molino.

Los Urquiza aparecen, por tanto, como un puente entre familias de Melegís:

Ortega, González, Barranco, Muñoz, Moya, Contreras, Reyes, Molino y Serrano.

Su historia demuestra que los apellidos no avanzan en línea recta. Se expanden en todas direcciones a través de hijos e hijas. ⛰️🧬


🌾 Los Barranco: una casa abierta a los recién llegados

Los Barranco aparecen desde los primeros registros matrimoniales.

En 1642, Florentina Barranco, hija de Marcos Barranco y Luisa de Palacios, casó con Pedro Ordóñez, procedente de Borja, en el reino de Aragón.

La boda es un magnífico ejemplo de cómo una familia local podía incorporar a un hombre llegado desde muy lejos.

En 1659, Salvador Barranco, hijo también de Marcos Barranco y Luisa de Palacios, contrajo matrimonio con María López, hija de Cristóbal Alonso y Salvadora Rodríguez.

Florentina y Salvador parecen pertenecer a la misma casa Barranco–Palacios, pero sus matrimonios siguieron caminos diferentes:

  • Florentina enlazó con los Ordóñez de Aragón.
  • Salvador se unió a los López, Alonso y Rodríguez de Melegís.

En 1670, Leonor Barranco, hija de Marcos Barranco y Luisa Palacios, casó con Bartolomé Romero. La partida señala parentesco de cuarto grado.

En 1671, María Barranco se unió a Francisco de Urquiza.

Ya a comienzos del siglo XVIII aparece otro Marcos Barranco casado con María Valero.

Los Barranco enlazaron, entre otros, con:

Ordóñez, López, Rodríguez, Romero, Urquiza, Ruiz, Román, Valero, Bejar y Ventura.

Su caso muestra cómo una familia podía conservar su presencia durante décadas y, al mismo tiempo, dispersarse en numerosas líneas femeninas. 🌾


🌺 Los Faciabén: el apellido más característico de Murchas

Si Alechaga y Urquiza evocan especialmente al Melegís antiguo, Faciabén conduce de inmediato a Murchas.

El 1 de diciembre de 1638, Domingo de Faciabén, hijo de Agustín de Faciabén y María Vélez, casó con Leonor Gutiérrez, hija de Blas Gutiérrez y Mariana de Tapia.

Aquel matrimonio enlazó a los Faciabén con los Vélez, Gutiérrez y Tapia.

En 1641 encontramos a Francisca de Faciabén, de Murchas, casada con Juan Amado.

En 1661, Diego de Faciabén, mozo mancebo de Murchas, se unió a Ana de Torres, también de Murchas.

Poco después, el apellido aparece reiteradamente relacionado con los Ximénez:

  • Matías Ximénez casó con Isabel de Faciabén en 1662.
  • Agustín de Faciabén, hijo de Alejandro de Faciabén e Inés Ximénez, contrajo matrimonio con María Ximénez en 1667.
  • Otros miembros de ambas familias volvieron a enlazarse en décadas posteriores.

Esta repetición indica una relación muy estrecha entre los Faciabén, Ximénez y Tapia.

También se documentan uniones con:

Rodríguez, Garzón, Ruiz, Alizancos, López, García, Torres y Reyes.

En 1705, Juan de Faciabén, hijo de Agustín de Faciabén y Agustina Pérez, casó con Ana López.

Durante casi setenta años, el apellido permaneció vivo en los libros de Murchas, entrando y saliendo por distintas ramas familiares.

Faciabén fue más que un nombre repetido.

Fue una de las señas genealógicas de Murchas. 🌺


🔗 Tapia, Roldán y Reyes: tres familias profundamente enlazadas

En Murchas resulta difícil estudiar por separado a los Tapia, Roldán y Reyes.

Sus nombres aparecen unidos una y otra vez.

En 1654, Pedro de Tapia, hijo de Blas de Tapia y María Jiménez, casó con Catalina Pérez, hija de Andrés Pérez y María Díaz. La partida señala parentesco de segundo con tercer grado.

En 1655, Antonio de Contreras, natural de Melegís, contrajo matrimonio con Catalina de los Reyes, de Murchas.

Catalina era hija de:

  • Alonso Roldán.
  • María de los Reyes.

En una sola partida se encontraron las familias Contreras, Esquivel, Roldán y Reyes.

En 1668, Blas de Tapia, hijo de otro Blas de Tapia y Catalina Ximénez, casó con Lucía de los Reyes, hija de Alonso Roldán y María de los Reyes.

La misma casa Roldán–Reyes enlazó, por tanto, con los Contreras de Melegís y con los Tapia de Murchas.

En 1682, Francisco Roldán, hijo de Juan Roldán y María de Nieves, se casó con Luisa de Tapia, hija de Pedro de Tapia y Catalina Díaz. La partida indica parentesco de tercer grado.

Ese mismo año, Salvador de Tapia, hijo de Blas de Tapia y Catalina de Varas, contrajo matrimonio con Isabel Ximénez, hija de Juan Ximénez y Catalina Padilla.

Estos enlaces muestran una tupida red:

Tapia–Roldán–Reyes–Ximénez–Pérez–Contreras.

En 1705, Jerónimo Roldán, hijo de Diego Roldán y María Rodríguez, casó con Jerónima de Flores, hija de Juan de Flores, natural de Armilla.

La familia se abría de nuevo hacia el exterior, incorporando a una mujer vinculada con otro lugar.

Los Roldán, Reyes y Tapia fueron tres ramas diferentes, pero sus matrimonios las hicieron casi inseparables dentro de la genealogía de Murchas. 🔗🌳


✒️ Los Ximénez: una gran red de Murchas

El apellido Ximénez, que con el tiempo acabaría escribiéndose habitualmente como Jiménez, es uno de los más frecuentes entre las mujeres de la base matrimonial.

En 1643, Ana Ximénez, de Murchas, casó con Bartolomé Ortiz.

En 1644, Juan Ximénez, hijo de Miguel Ximénez y María de Casas, contrajo matrimonio con Catalina Pérez, hija de Simón Pérez y María de Padilla.

En 1657, María Ximénez, hija de Pedro Ximénez y Mariana de Tapia, casó con Juan de Guzmán, procedente de Mondújar.

La familia Ximénez quedó así relacionada con:

Ortiz, Pérez, Padilla, Tapia y Guzmán.

Durante las décadas siguientes se multiplicaron las uniones con los Faciabén y Rodríguez.

En 1667, Agustín de Faciabén se unió a María Ximénez. En 1682, Salvador de Tapia casó con Isabel Ximénez. Y en 1706, María Ximénez, hija de Miguel Ximénez y Salvadora Gutiérrez, contrajo matrimonio con Diego López, de Murchas. La partida vuelve a señalar parentesco de cuarto grado.

Entre sus enlaces más repetidos aparecen:

Rodríguez, Tapia, Faciabén, Ortiz, Pérez, Muñoz, Guzmán y López.

Ximénez no fue solamente un apellido numeroso. Fue uno de los principales hilos que cosieron las familias de Murchas. ✒️


🏠 Los Rodríguez y Pérez: apellidos presentes en todas las direcciones

Los apellidos Rodríguez y Pérez eran tan frecuentes que no pueden reducirse a una sola casa.

Aparecen como apellidos de novios, novias, padres, madres y abuelos, tanto en Melegís como en Murchas.

En 1644, Catalina Pérez casó con Juan Ximénez.

En 1649, Francisco Rodríguez, procedente de Beteta, contrajo matrimonio con María Sánchez, hija de Pedro Sánchez y Juana Fernández, de Murchas.

En 1656, Francisco Pérez, hijo de Simón Pérez y María Padilla, casó con María Rodríguez, hija de Alonso Rodríguez y Melchora de Aranda. El asiento recoge parentesco de tercero con cuarto grado.

En 1663, Alonso Sánchez contrajo matrimonio con María Álvarez, hija de Domingo Fernández y María Álvarez. La madre del novio era Sebastiana Rodríguez.

En 1664, Diego Pérez, hijo de Andrés Pérez y Catalina Ruiz, se unió a Ana Rodríguez, hija de Alonso Rodríguez y Melchora de Aranda.

En 1666, Andrés Rodríguez, hijo de Alonso Rodríguez y Melchora de Aranda, casó con María Ximénez.

Aquí se aprecia con claridad una casa Rodríguez–Aranda cuyos hijos enlazaron con Pérez y Ximénez.

En 1667, José Rodríguez, hijo de Juan Rodríguez y María de Alizancos, se casó con Bernabela de los Reyes, hija de Matías Pérez y Polonia Carrasco.

Las ramas Rodríguez y Pérez aparecen conectadas con casi todas las familias principales:

Ximénez, Tapia, Sánchez, Ruiz, González, Faciabén, Reyes, Muñoz, Ortiz, Brochero y Alarcón.

Su abundancia obliga a extremar la prudencia. Dos personas llamadas Juan Pérez o María Rodríguez no tienen por qué ser parientes cercanos.

Solo los padres, la procedencia y la cronología permiten distinguirlas. 🏠📜


🌱 Los Moya: una familia profundamente melegileña

Los Moya aparecen con fuerza en los primeros matrimonios de Melegís.

En 1645, María de Moya, hija de Cristóbal de Moya y Polonia de Palacios, casó con Juan Padial, procedente de Mondújar.

En 1650, otra María de Moya contrajo matrimonio con Juan de Zamora, hijo de Francisco González de Zamora y María de Vera.

En 1652, Sebastiana de Moya, hija también de Cristóbal de Moya y Polonia de Palacios, casó con Juan Alcalde.

Ese mismo año, Lucía de Moya, igualmente hija de Cristóbal de Moya y Polonia de Palacios, se unió a Juan García.

Las tres mujeres permiten reconstruir una casa Moya–Palacios de Melegís cuyos enlaces se dirigieron hacia:

Padial, Zamora, Alcalde y García.

En 1662, Pedro de Moya, natural de Lanjarón, casó con María de Urquiza, de Melegís. Este Pedro no tiene por qué pertenecer a la misma rama anterior: su procedencia indica otra posible entrada del apellido.

Los Moya aparecen también asociados a Ruiz y Alechaga.

La familia demuestra la importancia de estudiar a las hermanas. Si solo siguiéramos a los varones, perderíamos la extensa red creada por María, Sebastiana y Lucía de Moya. 🌱


🛡️ Los Contreras: de Melegís hacia Murchas y regreso

Los Contreras aparecen principalmente vinculados a Melegís, pero sus matrimonios los llevaron también hacia Murchas.

En 1650, María de Contreras casó con Pedro de Teba, hijo de Cristóbal de Teba y Juana Rodríguez, vinculados con Mondújar.

En 1655 se celebró el conocido matrimonio de Antonio de Contreras, hijo de Cristóbal de Contreras y Lucía de Esquivel, con Catalina de los Reyes, hija de Alonso Roldán y María de los Reyes, de Murchas.

Después de enviudar, Antonio volvió a casarse en 1667 con Ana de Urquiza, hija de Juan de Urquiza y Gerónima de Soto.

Un solo hombre conectó así a los Contreras con:

Esquivel, Reyes, Roldán, Urquiza y Soto.

En 1660 aparece Salvador de Contreras, procedente de Dúrcal o relacionado con esa localidad, unido a Mariana de Adraque, de Melegís.

En 1682, María de Contreras casó con Nicolás González.

Los Contreras enlazaron además con Vera, Pedrosa y Pinedo.

Su historia muestra cómo la viudedad podía abrir un segundo grupo de relaciones familiares. El árbol no siempre se dividía únicamente por generaciones; también podía ampliarse mediante segundas nupcias. 🛡️


🌾 Ruiz, Muñoz, Sánchez y Serrano: familias que atraviesan ambos pueblos

Otros cuatro apellidos actúan como una base común entre Melegís, Murchas y los lugares vecinos:

Ruiz, Muñoz, Sánchez y Serrano.

En 1635, uno de los primeros matrimonios conservados unió a Alonso Sánchez, hijo de Pedro Sánchez y Catalina de Vera, con Sebastiana Ortiz, hija de Hernando Ortiz e Isabel Rodríguez.

En 1640, Francisca Ruiz, de Murchas, casó con Juan de Céspedes.

En 1647, Juan Muñoz, procedente de Restábal, se unió a Lucía Muñoz, de Melegís. La aparición del mismo apellido en ambos contrayentes no basta para conocer su parentesco, pero demuestra cómo una familia podía tener ramas en distintos pueblos.

En 1649, José Serrano, hijo de Juan Serrano y Lucía de Tapia, casó con Lucía Muñoz.

Ese mismo año, Manuel Muñoz, hijo de Juan Muñoz y María de Córdoba, contrajo matrimonio con Juana Pérez, hija de Sebastián González y María Valera.

En 1660, Salvador Ruiz se unió a Ana Rodríguez.

En 1662, Alonso Román casó con Ana Ruiz. La partida señala parentesco de cuarto grado.

Serrano aparece después enlazado con:

Monte, Muñoz, Rodríguez, Urquiza, Reyes, Ruiz y González.

Sánchez se relaciona con:

Ortiz, Rodríguez, Reyes, Ramírez, Moreno, Chaves y Ortega.

Muñoz enlaza con:

Pérez, Molino, Alechaga, Ximénez, Urquiza y Serrano.

Ruiz aparece unido a:

Moya, Pérez, Rodríguez, Román, Barranco, Faciabén, González y López.

No forman una sola red cerrada. Son apellidos que atraviesan casi todas las demás familias y ayudan a comprender hasta qué punto Melegís y Murchas estaban emparentados. 🌾


👩 Las mujeres: la mitad del árbol que no debe desaparecer

Los libros parroquiales permiten comprobar algo esencial: muchas de las grandes alianzas familiares se produjeron mediante mujeres cuyos apellidos después dejaron de ocupar el primer lugar en sus descendientes.

Melchora de Alechaga llevó su familia a los González.

María Barranco enlazó con los Urquiza.

Catalina de los Reyes unió a los Roldán y Reyes de Murchas con los Contreras de Melegís.

Sebastiana, María y Lucía de Moya extendieron la casa Moya hacia Padial, Alcalde, García y Zamora.

Sebastiana Molino Varas llevó los Molino hacia los Alechaga.

Ana de Urquiza enlazó con Antonio de Contreras.

Luisa de Tapia se unió a los Roldán.

Una genealogía construida exclusivamente siguiendo la transmisión masculina del apellido ocultaría buena parte de esta historia.

Las mujeres cambiaban habitualmente el apellido visible de las generaciones siguientes, pero no desaparecían de su sangre.

Cada una era una puerta hacia otra casa. 🚪🌿


🔍 Parentesco, consanguinidad y repetición de apellidos

En 63 asientos se consignó algún grado de parentesco entre los contrayentes.

Las menciones más comunes fueron:

  • cuarto grado;
  • tercer grado;
  • tercero con cuarto;
  • segundo grado;
  • segundo con tercero.

La abundancia de estas dispensas no debe interpretarse desde los criterios actuales. Melegís y Murchas eran comunidades pequeñas, con un número limitado de familias que llevaban varias generaciones enlazándose.

Después de décadas de matrimonios entre González, Alechaga, Molino, Urquiza, Barranco, Tapia, Roldán, Reyes, Ximénez y Faciabén, encontrar un cónyuge sin ningún antepasado común podía resultar difícil.

La consanguinidad anotada por el cura es, además, una herramienta genealógica. Indica que detrás de aquella boda existía una conexión anterior, aunque no siempre conozcamos todavía el camino exacto.

Cada dispensa es una invitación a seguir investigando. 🔍


🧭 Dos pueblos y una sola geografía familiar

Los matrimonios demuestran que Melegís y Murchas no pueden estudiarse de forma aislada.

Los Contreras de Melegís casaron con los Reyes y Roldán de Murchas.

Los Faciabén de Murchas se unieron con Ximénez, Tapia y Rodríguez.

Los González, Molino, Alechaga, Urquiza y Barranco formaron una red especialmente densa en Melegís.

Pero los caminos cruzaban constantemente de un núcleo al otro.

A ello se sumaron personas procedentes de:

Restábal, Mondújar, Talará, Chite, Béznar, Cónchar, Padul, Lanjarón, Órgiva, Motril, Granada, Portugal, Aragón, Galicia, Navarra y otros lugares.

Cada recién llegado aportaba un apellido nuevo o una rama diferente de uno ya conocido.

Cada mujer que salía del pueblo llevaba consigo una parte de su genealogía.

Cada viudo o viuda que volvía a casarse reunía hogares que hasta entonces habían permanecido separados.

El resultado fue una sociedad en movimiento, mucho más abierta y compleja de lo que su pequeño tamaño podría hacer pensar. 🧭


✨ Epílogo: el gran tejido familiar

Entre 1635 y 1706, los matrimonios fueron escribiendo la historia humana de Melegís y Murchas.

Los González se unieron a los Alechaga, Pérez, Rodríguez, Soto y Contreras.

Los Molino enlazaron con Muñoz, Reyes, Urquiza, Ruiz y Alechaga.

Los Urquiza se encontraron con Ortega, Barranco, Contreras y Molino.

Los Faciabén tejieron su red con Ximénez, Tapia, Rodríguez y Garzón.

Los Roldán, Reyes y Tapia formaron uno de los grandes núcleos familiares de Murchas.

Los Moya extendieron sus ramas mediante sus hijas.

Los Contreras cruzaron una y otra vez el camino entre Melegís y Murchas.

Ruiz, Pérez, Rodríguez, Sánchez, Muñoz y Serrano aparecieron en casi todos los rincones del árbol.

No eran apellidos colocados unos junto a otros.

Eran casas que se visitaban.
Padres que concertaban o aceptaban bodas.
Viudas que comenzaban una nueva vida.
Jóvenes que llegaban desde otros pueblos.
Hermanas que llevaban su memoria a otra familia.
Primos que necesitaban una dispensa para casarse.
Niños que heredaban una mezcla de todos ellos.

El verdadero pueblo estaba escrito ahí.

En cada enlace.

En cada apellido materno que parecía desaparecer, pero continuaba bajo otro nombre.

En cada matrimonio que convertía dos familias en una sola comunidad.

Porque Melegís y Murchas fueron dos lugares distintos, pero sus gentes terminaron formando durante siglos un único y enorme árbol genealógico. 🌳🧬


📚 Bibliografía y fuentes documentales

  • Gordo, Óscar: Matrimonios de Melegís y Murchas (1635–1706)
  • Archivo parroquial de Melegís y Murchas: Baptismos de Melegís y Murchas. Comienza año 1634. Libro 2.º. Y al fin del libro ai algunas velazs.
  • Archivo parroquial de Melegís: Defunziones y entierros Melexis. Libro 1.º. Tiene 163 folios.
  • Archivo parroquial de Melegís: Desposorios y velaçiones de Melegís. Libro 3.º. 1660 a 1706 A.

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Los Rodríguez de Restábal

Restábal 

 

🌿 Familias que cruzan los siglos

Cómo seguir un apellido de Restábal desde 1600 hasta 1971

Los Rodríguez de Restábal: una raíz antigua entre Apeos, bodas, bautismos y ramas que cruzan el Valle

Hay apellidos que aparecen en los pueblos como si hubieran estado siempre allí.

No entran con ruido.
No necesitan explicación.
Se repiten en bautismos, matrimonios, confirmaciones y entierros.
Pasan de padres a hijos.
Se esconden como segundo apellido.
Vuelven por una mujer.
Llegan desde Pinos, Murchas, Chite, Talará, Melegís o incluso desde más lejos.
Y, poco a poco, terminan formando parte de la memoria profunda del pueblo.

Eso ocurre con los Rodríguez de Restábal. 🌿

El apellido Rodríguez aparece muy pronto en la historia documental del pueblo. Ya antes de los libros parroquiales encontramos una pista en el entorno de la repoblación, y en los registros parroquiales históricos de Restábal aparece desde las primeras décadas del siglo XVII.

No estamos ante una sola familia cerrada. Los Rodríguez de Restábal forman una red de ramas:

Rodríguez Solier, Rodríguez Hernández, Rodríguez Ruiz, Rodríguez Peña, Rodríguez Abril, Rodríguez Salazar, Rodríguez Contreras, Rodríguez Pereira, Rodríguez Rodríguez, Rodríguez Díaz, Rodríguez Palomares, Rodríguez Fernández, Rodríguez García, Rodríguez López, Rodríguez Tapia, Rodríguez Ruiz, Rodríguez Barranco, Rodríguez Maroto, Rodríguez Ortega, Rodríguez Márquez, Rodríguez Morillas y muchas más.

Este artículo está elaborado a partir de los registros parroquiales históricos de Restábal, pendiente siempre de contraste documental en las partidas originales.

📜 Los Rodríguez antes de los libros parroquiales: Apeo 

Antes de abrir los libros parroquiales hay que mirar hacia las fuentes más antiguas.

En el Libro de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal, el apellido Rodríguez aparece ya entre los nombres vinculados al Restábal de la repoblación.

La referencia más destacada que manejamos es Lucía Rodríguez, citada como viuda en el contexto del Apeo de Restábal. Este dato es muy importante porque coloca el apellido en el paisaje documental del pueblo antes de que los libros parroquiales empiecen a ofrecernos series completas de bautismos, matrimonios y entierros.

Ahora bien, hay que ser prudentes.

Que aparezca una Lucía Rodríguez en el Apeo no significa automáticamente que todos los Rodríguez posteriores de Restábal desciendan de ella o de su casa. Para afirmar una continuidad genealógica haría falta una cadena documental clara: partidas, escrituras, matrimonios, testamentos o vínculos familiares que unan generaciones.

En los Habices de Melegís que venimos manejando como referencia para los apellidos del entorno, no aparece Rodríguez como uno de los apellidos castellanos principales del bloque de censatarios destacados. Sí aparecen otros apellidos como Valles, López, Carmona, Chaves, Guerrero, Sánchez, González, Ruiz o Zamora. Por tanto, para los Rodríguez, la pista temprana más fuerte dentro del marco que tenemos es la del Apeo de Restábal y, después, la documentación parroquial.

Y es precisamente en los libros parroquiales donde el apellido empieza a hablar con fuerza. 🕯️

💍 Mateo Rodríguez: una de las primeras huellas matrimoniales

La primera gran entrada parroquial del apellido aparece en los matrimonios.

El registro menciona el 12 de junio de 1623 a:

Mateo Rodríguez, de Restábal,
hijo de Bartolomé Rodríguez,
casado con
María de Espinosa, de Restábal, hija de Pascual López.

Este dato es fundamental.

Nos sitúa a un Rodríguez en Restábal apenas comenzado el siglo XVII. Además, el hecho de que Mateo sea hijo de Bartolomé Rodríguez nos permite ver una generación anterior, aunque todavía falten datos para enlazarla con seguridad con la documentación del Apeo.

Así, en el arranque parroquial tenemos ya dos nombres importantes:

Bartolomé Rodríguez, padre.
Mateo Rodríguez, hijo y novio en 1623.

Con ellos empieza el hilo visible de los Rodríguez en los registros matrimoniales del pueblo.

🌿 Juan Rodríguez Solier: el primer bautismo con Rodríguez como primer apellido

En los bautismos, una de las primeras menciones claras con Rodríguez como primer apellido es:

Juan Rodríguez Solier, bautizado en Restábal el 1 de marzo de 1638.

Era hijo de:

Juan Rodríguez
y
María Solier.

Este niño es una de las primeras luces del apellido en los bautismos de Restábal.

Aquí el apellido aparece ya en primer lugar: Rodríguez Solier.

No sabemos todavía si esta rama enlaza directamente con Mateo Rodríguez o con Bartolomé Rodríguez, pero sí demuestra que el apellido estaba ya asentado en el pueblo en la primera mitad del siglo XVII.

🌸 Los primeros Rodríguez como segundo apellido

Para seguir bien a los Rodríguez no basta con mirar a quienes lo llevan como primer apellido.

Desde muy pronto aparece también como segundo apellido.

Una de las primeras menciones es:

Juan Muñoz Rodríguez, de Restábal, casado el 3 de octubre de 1636 con Sebastiana Ruiz Ruiz.

Era hijo de:

García Muñoz
y
Catalina Rodríguez.

Este dato es muy importante porque nos presenta a una mujer Rodríguez anterior: Catalina Rodríguez. Ella no aparece aquí como bautizada, sino como madre, pero gracias al matrimonio de su hijo sabemos que el apellido ya estaba presente por vía femenina.

También aparece más adelante:

María López Rodríguez, bautizada el 25 de diciembre de 1668, hija de Hernando López y María Rodríguez.

Después aparecerán muchas ramas con Rodríguez como segundo apellido:

García Rodríguez,
Mellado Rodríguez,
Gómez Rodríguez,
Morales Rodríguez,
Fernández Rodríguez,
Pérez Rodríguez,
Vázquez Rodríguez,
Reyes Rodríguez,
Sánchez Rodríguez,
Zarco Rodríguez,
Ortega Rodríguez,
Ruiz Rodríguez,
Palomares Rodríguez,
Espinar Rodríguez,
Maroto Rodríguez,
Garrido Rodríguez,
López Rodríguez.

Esto nos recuerda una verdad esencial de la genealogía antigua:

las mujeres Rodríguez fueron decisivas para extender el apellido por todo el pueblo. 🌸

🌿 Gaspar Rodríguez e Isabel Hernández: los Rodríguez Hernández

Una de las primeras ramas bautismales importantes es la formada por:

Gaspar Rodríguez
y
Isabel Hernández.

De ellos aparecen varios hijos:

Bartolomé Rodríguez Hernández, bautizado el 29 de septiembre de 1650.
Juan Rodríguez Hernández, bautizado el 12 de septiembre de 1653.
Andrea Rodríguez Hernández, bautizada el 1 de enero de 1656.
María Rodríguez Hernández, bautizada el 7 de mayo de 1658.

Esta rama es muy valiosa porque enlaza a los Rodríguez con los Hernández y aparece antes de la gran expansión del apellido a finales del siglo XVII.

También en los matrimonios vemos continuidad, porque María Rodríguez Fernández, hija de Gaspar Rodríguez e Isabel Fernández, se casó en 1678 con Bartolomé García Varela.

En esta familia hay que tener cuidado con las formas de los segundos apellidos —Hernández y Fernández—, porque pueden corresponder a ramas distintas o a variantes que conviene confirmar en las partidas originales.

🌿 Juan Rodríguez Obispo: la rama llegada de Pitres

Otra entrada muy interesante aparece en 1649.

El registro menciona a:

Juan Rodríguez Obispo, natural de Pitres,
casado el 4 de noviembre de 1649 con
Mariana Muñoz, de Restábal.

Más adelante, en 1667, aparece:

Felipe Rodríguez Nieves, de Restábal,
hijo de Juan Rodríguez Obispo y Mariana de las Nieves,
casado con Mariana de Espinosa.

Este dato nos muestra algo muy importante: los Rodríguez de Restábal no proceden de un único tronco. También entran desde otros lugares, como Pitres, y se integran mediante matrimonio en el pueblo.

Restábal no era una isla. Era un cruce de caminos familiares. 🌄

🌿 Felipe Rodríguez y Mariana Ruiz: los Rodríguez Ruiz

A finales del siglo XVII aparece una rama muy clara:

Felipe Rodríguez
y
Mariana Ruiz.

De ellos aparecen hijos como:

María Rodríguez Ruiz, bautizada en 1685.
José Rodríguez Ruiz, bautizado en 1687.
Leonarda Rodríguez Ruiz, bautizada en 1690.

Esta rama une Rodríguez con Ruiz, uno de los apellidos más antiguos y extendidos de Restábal.

Más adelante el apellido Rodríguez Ruiz volverá a aparecer en distintas épocas, especialmente en ramas relacionadas con Murchas y Melegís durante el siglo XIX y XX.

🌿 Bartolomé Rodríguez y María de la Peña: los Rodríguez Peña

Otra rama antigua es la formada por:

Bartolomé Rodríguez
y
María de la Peña.

De ellos aparecen:

Gregorio Rodríguez Peña, bautizado en 1686.
Antonio Rodríguez Peña, bautizado en 1688.
Antonia Rodríguez Peña, bautizada en 1691.
Jerónimo Rodríguez Peña, bautizado en 1694.

Esta rama se prolonga en los matrimonios del siglo XVIII.

También aparece una María Rodríguez Peña, casada en 1762 con Francisco de Urquiza, de Melegís, lo que vuelve a unir Restábal con el entorno cercano.

🌿 Francisco Rodríguez y María Abril: los Rodríguez Abril

Otra rama de finales del siglo XVII es la de:

Francisco Rodríguez
y
María Abril.

De ellos aparecen:

Sebastián Rodríguez Abril, bautizado en 1687.
Isabel Rodríguez Abril, bautizada en 1691.

También aparece una forma más compuesta:

Francisco Rodríguez de Cárdenas, casado con María de Abril, padres de Ana Rodríguez Abril, bautizada en 1694.

Esta rama muestra cómo los apellidos antiguos podían escribirse con elementos añadidos —de Cárdenas, de Abril— que ayudan a distinguir casas o linajes.

🌿 José Rodríguez y Ana Salazar: los Rodríguez Salazar

A finales del siglo XVII aparece:

José Rodríguez
y
Ana de Salazar.

De ellos aparecen:

Juan Rodríguez Salazar, bautizado en 1692.
María Rodríguez Salazar, bautizada en 1694.
José Rodríguez Salazar, bautizado en 1696.

La rama Rodríguez Salazar es importante porque se cruza después con otros apellidos.

Por ejemplo, María Rodríguez Salazar aparece casada en 1714 con Salvador Rodríguez Flores, y en 1723 con Francisco Fernández García, de Saleres.

La presencia de Salazar en esta rama nos recuerda otra vez la mezcla de los grandes apellidos antiguos de Restábal.

🌿 Juan Rodríguez y María Contreras: los Rodríguez Contreras

Una rama muy significativa es la formada por:

Juan Rodríguez, natural o vinculado a Pinos del Valle,
y
María Contreras, de Restábal.

De ellos aparecen hijos como:

Cristóbal Rodríguez Contreras, bautizado en 1698 y de nuevo aparece otro Cristóbal en 1704.
Francisco Rodríguez Contreras, bautizado en 1701.
Isidoro Rodríguez Contreras, bautizado en 1707.
Salvadora Rodríguez Contreras, bautizada en 1710.

Esta rama une Pinos del Valle y Restábal, y enlaza a los Rodríguez con los Contreras.

La hija Salvadora Rodríguez Contreras se casó en 1728 con Juan García Aro, de Granada, lo que abre otra salida del apellido hacia ramas nuevas.

🌿 Diego Rodríguez y María Rodríguez: los Rodríguez Rodríguez

Uno de los troncos más curiosos es el de:

Diego Rodríguez
y
María Rodríguez.

De ellos nacen hijos con apellido duplicado:

Sebastiana Rodríguez Rodríguez, bautizada en 1701.
Ana Rodríguez Rodríguez, bautizada en 1702.
Rosa Rodríguez Rodríguez, bautizada en 1705.
Rosa María Rodríguez Rodríguez, bautizada en 1706.
José Rodríguez Rodríguez, bautizado en 1708.
Otro José Rodríguez Rodríguez, bautizado en 1709.
Josefa María Rodríguez Rodríguez, bautizada en 1712.

Esta rama demuestra que ya a comienzos del siglo XVIII había varias ramas Rodríguez suficientemente cercanas o repetidas como para que el apellido apareciera en ambos lugares.

Los apellidos duplicados son señales importantes en genealogía: indican un matrimonio dentro del mismo apellido o entre ramas que compartían origen.

🌿 Gregorio Rodríguez y Juana Díaz: los Rodríguez Díaz

Otra rama importante del siglo XVIII es la de:

Gregorio Rodríguez
y
Juana Díaz.

De ellos aparecen hijos como:

Francisca Josefa Rodríguez Díaz, bautizada en 1716.
Antonia Josefa Rodríguez Díaz, bautizada en 1718.
Ana Francisca Rodríguez Díaz, bautizada en 1720.
Teresa Rodríguez Díaz, bautizada en 1723.
Francisca Rodríguez Díaz, bautizada en 1725.
Jerónimo Rodríguez Díaz, bautizado en 1728.
Juan Ramón Rodríguez Díaz, bautizado en 1731.

De esta rama saldrán matrimonios importantes, como:

Jerónimo Rodríguez Díaz, casado en 1760 con María Fernández Sánchez.

Y Antonia Rodríguez Díaz, casada en 1742 con Juan Ortega.

Así los Rodríguez se enlazan con Díaz, Fernández y Ortega.

🌿 Rafael Rodríguez y Rosa Palomares: los Rodríguez Palomares

A mediados del siglo XVIII aparece una rama con origen en Pinos:

Rafael Rodríguez Bonel, natural de Pinos del Valle,
casado el 31 de diciembre de 1744 con
Rosa Palomares Cobo, de Restábal.

De ellos aparecen hijos Rodríguez Palomares:

Antonio Pedro Rodríguez Palomares, bautizado en 1746.
Luisa Antonia María Josefa Rodríguez Palomares, bautizada en 1753.
Ana Antonia Rodríguez Palomares, bautizada en 1756.
Luisa Ana Rodríguez Palomares, bautizada en 1757.
Pedro Antonio Rodríguez Palomares, bautizado en 1760.

Esta rama vuelve a mostrar el movimiento entre Pinos del Valle y Restábal.

Los Rodríguez no se entienden sin los caminos entre pueblos.

🌿 José Rodríguez y Magdalena Palomares

Otra rama con Palomares es la formada por:

José Rodríguez
y
Magdalena Palomares.

De ellos aparecen:

Rosa Rafaela Vicenta Rodríguez Palomares, bautizada en 1756.
José Agustín Rodríguez Palomares, bautizado en 1758.

La hija Rosa Rodríguez Palomares se casó en 1775 con José Zarco Juárez, enlazando a los Rodríguez con los Zarco.

Esta conexión es importante porque los Zarco Rodríguez serán una rama visible en el tránsito hacia el siglo XIX.

🌸 Los Rodríguez como segundo apellido en el siglo XVIII

Durante el siglo XVIII, el apellido Rodríguez se extiende muchísimo como segundo apellido.

Aparecen ramas como:

Mellado Rodríguez, hijos de Andrés Mellado y Andrea Rodríguez.
Gómez Rodríguez, hijos de Tomás Gómez y María Rodríguez.
García Rodríguez, hijos de Bartolomé García y María Rodríguez.
Fernández Rodríguez, hijos de Juan Fernández y María Rodríguez.
Pérez Rodríguez, hijos de Alonso Pérez y Magdalena Rodríguez.
Reyes Rodríguez, hijos de Toribio de los Reyes y Mariana Rodríguez.
Sánchez Rodríguez, hijos de José Sánchez y Josefa Rodríguez.
Blanca Rodríguez, hijos de Salvador Blanca e Isabel Rodríguez.
Zarco Rodríguez, hijos de Pedro Zarco y Ana Rodríguez.
Ortega Rodríguez, hijos de Juan Ortega y Antonia Rodríguez.
Ruiz Rodríguez, hijos de Jerónimo Ruiz y Josefa Rodríguez.
Palomares Rodríguez, hijos de Felipe Palomares y Josefa Rodríguez.
Urquiza Rodríguez, hijos de Francisco Urquiza y María Rodríguez.

Este listado muestra la fuerza silenciosa de las mujeres Rodríguez.

Una Rodríguez que se casaba con un Mellado dejaba hijos Mellado Rodríguez.
Una Rodríguez que se casaba con un Gómez dejaba hijos Gómez Rodríguez.
Una Rodríguez que se casaba con un Zarco dejaba hijos Zarco Rodríguez.
Una Rodríguez que se casaba con un Ortega dejaba hijos Ortega Rodríguez.

Y así el apellido seguía vivo, aunque ya no encabezara la partida.

🌿 Los Zarco Rodríguez: una rama de unión entre apellidos

Una de las ramas más interesantes por segundo apellido es:

Zarco Rodríguez.

Aparece por el matrimonio de:

Pedro Zarco
y
Ana Rodríguez,

con hijos como:

María Josefa Zarco Rodríguez, bautizada en 1728.
Teresa Francisca Zarco Rodríguez, bautizada en 1730.
Teresa Josefa Zarco Rodríguez, bautizada en 1732.
Pedro José Zarco Rodríguez, bautizado en 1734.

Después aparece otra rama:

José Zarco
y
Rosa Rodríguez,

con hijos como:

María Eugenia Zarco Rodríguez, bautizada en 1780.
María Bárbara Zarco Rodríguez, bautizada en 1783.
Pedro Domingo Zarco Rodríguez, bautizado en 1789.
Juan Pedro Zarco Rodríguez, bautizado en 1792.
José María Zarco Rodríguez, bautizado en 1794.
José María Gregorio Zarco Rodríguez, bautizado en 1796.

Aquí se unen dos apellidos muy importantes de Restábal: Zarco y Rodríguez.

🌿 El siglo XIX: nuevas ramas Rodríguez

Durante el siglo XIX, el apellido Rodríguez sigue presente, aunque con entradas muy variadas.

Aparecen Rodríguez procedentes de Murchas, Chite, Talará, Pinos del Valle, Vélez de Benaudalla y otros lugares, que se casan con familias de Restábal.

Entre las ramas visibles aparecen:

Rodríguez Gaona, por Antonio Rodríguez Tapia y Antonia María Gaona Salazar.
Rodríguez Ruiz, vinculada a Murchas y enlazada con Maroto, Palomino y Márquez.
Rodríguez Barranco, procedente de José Rodríguez e Isabel Barranco.
Rodríguez Maroto, por enlaces con familias Maroto.
Rodríguez Márquez, rama que llega al siglo XX.
Rodríguez Ortega, muy presente en matrimonios posteriores.
Rodríguez Morillas, ya en la memoria más reciente.

El apellido se mueve mucho. A veces entra como varón venido de otro pueblo. Otras veces aparece por mujer Rodríguez que transmite el apellido como segundo.

🌿 Baltasar Rodríguez y Micaela Ruiz: la rama de Murchas

Una rama destacada del siglo XIX procede de:

Baltasar Rodríguez, de Murchas,
casado con
Micaela Ruiz.

De ellos aparecen hijos como:

María Antonia Rodríguez Ruiz, bautizada en 1837.
Trinidad Teresa Rodríguez Ruiz, bautizada en 1846.
José María Rodríguez Ruiz, bautizado en 1849.

Esta línea enlaza con Restábal por matrimonios importantes.

María Antonia Rodríguez Ruiz, de Murchas, se casó el 26 de diciembre de 1861 con Antonio Márquez Maroto, de Restábal.

Así el apellido Rodríguez se introduce también en ramas Márquez Rodríguez.

🌿 José Rodríguez e Isabel Barranco: los Rodríguez Barranco

Otra rama importante de finales del siglo XIX es la formada por:

José Rodríguez
e
Isabel Barranco.

De ellos aparecen hijos:

María de Gracia Silveria Rodríguez Barranco, bautizada en 1871.
Manuel Miguel Rodríguez Barranco, bautizado en 1873.
Luis Simón Rodríguez Barranco, bautizado en 1875.
Ascensión Paula Rodríguez Barranco, bautizada en 1878.
José Ramón Rodríguez Barranco, bautizado en 1880.
Francisco de Paula Leonardo Rodríguez Barranco, bautizado en 1882.
Soledad Gabriela Rodríguez Barranco, bautizada en 1885.
Nicolás Victoriano Rodríguez Barranco, bautizado en 1888.

Esta es una de las ramas más completas y visibles del final del siglo XIX.

Une Rodríguez con Barranco, otro apellido antiguo del entorno del Valle.

💍 Los Rodríguez en los matrimonios del siglo XIX

Durante el siglo XIX, los matrimonios muestran la movilidad del apellido.

Aparecen enlaces como:

Antonio Rodríguez Tapia, de Chite, casado en 1804 con Antonia María Gaona Salazar, de Restábal.

José Rodríguez, de Talará, casado en 1844 con María Ramona Guerrero Zarco, de Chite.

María Rodríguez Ruiz, casada en 1846 con José Antonio Maroto Palomino, de Restábal.

José Rodríguez Pozo, de Talará, casado en 1852 con Francisca Tapia Moya.

Dolores Rodríguez Ruiz, de Murchas, casada en 1856 con Cristóbal Espinar Maroto.

Cecilio Rodríguez Ruiz, de Murchas, casado en 1861 con María del Carmen Palomino Ruiz, de Restábal.

María Antonia Rodríguez Ruiz, de Murchas, casada en 1861 con Antonio Márquez Maroto, de Restábal.

Cristóbal Espinar Rodríguez, de Restábal, casado en 1885 con Lucía Molina Palomino.

Francisco Márquez Rodríguez, de Restábal, casado en 1890 con Ángeles Márquez Maroto.

Estos matrimonios muestran que Rodríguez no es solo un apellido de una casa, sino una red de entradas y enlaces con varios pueblos del Valle.

📊 Una presencia notable en los registros

La presencia Rodríguez en los registros parroquiales históricos de Restábal es importante.

De forma orientativa, el registro menciona más de 110 bautismos con Rodríguez como primer apellido y más de 130 con Rodríguez como segundo apellido.

En matrimonios aparece también de forma repetida: más de 30 novios con Rodríguez como primer apellido, cerca de 30 con Rodríguez como segundo; y en las novias, una presencia parecida tanto en primer como en segundo apellido.

En defunciones también hay numerosas menciones, desde Micaela Rodríguez, viuda, enterrada en 1635, hasta ramas de los siglos XIX y XX.

Estos números no deben entenderse como personas únicas, porque una misma persona puede aparecer bautizada, casada, confirmada y enterrada. Pero sí muestran algo claro:

Rodríguez fue un apellido muy presente en la historia familiar de Restábal.

🌿 Los Rodríguez en el siglo XX

En el siglo XX el apellido sigue apareciendo en los matrimonios de Restábal.

Entre los enlaces más cercanos del periodo estudiado aparecen:

Francisco Rodríguez Rodríguez, de Vélez de Benaudalla, casado en 1901 con Dolores Márquez Rodríguez, de Restábal.

Rosa Rodríguez Rodríguez, de Alcázar, casada en 1910 con Mariano González Maroto, de Restábal.

Juan Rodríguez Martín, de Pinos del Valle, casado en 1912 con Ángeles Morillas Palma, de Restábal.

Francisco Ortega Rodríguez, de Restábal, casado en 1918 con Presentación Maroto Palomino.

Antonio Ortega Rodríguez, de Restábal, casado en 1920 con Ana Morillas Palomino.

Francisco Rodríguez Montes, de Restábal, casado en 1920 con Francisca Palomino Sánchez.

Marina Rodríguez Márquez, de Restábal, casada en 1928 con Félix Padial Martín, de Chite.

Francisco Rodríguez Márquez, de Restábal, casado en 1929 con Isabel Ortega González.

Manuel Rodríguez Ruiz, de Melegís, casado en 1934 con Brígida Maroto Palomino, de Restábal.

Francisca Rodríguez Morillas, de Restábal, casada en 1945 con José Ruiz Gutiérrez, de Restábal.

Francisca Rodríguez Ortega, de Restábal, casada en 1954 con José Palomino Ortega, de Restábal.

Encarnación Rodríguez Ortega, de Restábal, casada en 1958 con Juan Gutiérrez Pérez, de Restábal.

Francisco Ruiz Rodríguez, de Chite, casado en 1960 con Antonia Ruiz Sánchez, de Restábal.

Ángeles Rodríguez Ortega, casada en 1965 con Manuel Delgado López.

Elvira Ruiz Rodríguez, de Restábal, casada en 1969 con Alberto Soto Nadal, de Mondújar.

Hasta el tramo final del periodo estudiado, el apellido sigue vivo, tanto en primer como en segundo lugar.

🌸 Los Rodríguez como segundo apellido en la memoria reciente.

En el siglo XX, los Rodríguez aparecen muchas veces como segundo apellido.

Esto ocurre en ramas como:

Márquez Rodríguez,
Espinar Rodríguez,
Roldán Rodríguez,
Ortega Rodríguez,
Garrido Rodríguez,
Olid Rodríguez,
Ruiz Rodríguez,
López Rodríguez.

Este segundo apellido no es secundario en la historia.

Al contrario.

Muchas veces es la pista que permite encontrar a la abuela, a la bisabuela, a la madre que llevó el apellido a otra casa. En genealogía, el segundo apellido no es una sombra: es media sangre.

Por eso, al estudiar los Rodríguez de Restábal, hay que mirar siempre las dos posiciones.

🧬 Los Rodríguez y las grandes familias de Restábal.

Seguir a los Rodríguez es seguir una parte importante de la historia familiar del pueblo.

Con los Ruiz, por los Rodríguez Ruiz y Ruiz Rodríguez.
Con los Hernández, por los Rodríguez Hernández.
Con los Peña, por los Rodríguez Peña.
Con los Contreras, por los Rodríguez Contreras.
Con los Salazar, por los Rodríguez Salazar.
Con los Fernández, por los Rodríguez Fernández y Fernández Rodríguez.
Con los Zarco, por los Zarco Rodríguez.
Con los Ortega, por los Ortega Rodríguez y Rodríguez Ortega.
Con los Palomino, por los Rodríguez Palomino y enlaces matrimoniales.
Con los Márquez, por los Márquez Rodríguez y Rodríguez Márquez.
Con los Morillas, por los Rodríguez Morillas.
Con los Maroto, por los enlaces con Maroto y Rodríguez.
Con los Molina, por matrimonios del siglo XIX y XX.
Con los Espinar, por los Espinar Rodríguez.
Con los Barranco, por los Rodríguez Barranco.

Así se entiende mejor el apellido: no como una línea recta, sino como una red.

✨ Epílogo: los Rodríguez, una raíz antigua en movimiento

Los Rodríguez de Restábal cruzan los siglos.

Aparecen en el marco antiguo del Apeo con Lucía Rodríguez, viuda.
Entran en los matrimonios parroquiales con Mateo Rodríguez, hijo de Bartolomé Rodríguez, en 1623.
Se afirman en los bautismos con Juan Rodríguez Solier en 1638.
Se multiplican con los Rodríguez Hernández, Rodríguez Ruiz, Rodríguez Peña, Rodríguez Abril, Rodríguez Salazar, Rodríguez Contreras, Rodríguez Rodríguez, Rodríguez Díaz y Rodríguez Palomares.

Después el apellido viaja por mujeres y aparece en ramas como:

Mellado Rodríguez, Gómez Rodríguez, Fernández Rodríguez, Zarco Rodríguez, Ortega Rodríguez, Ruiz Rodríguez, Palomares Rodríguez, Espinar Rodríguez, Márquez Rodríguez, Garrido Rodríguez, López Rodríguez.

Y en los siglos XIX y XX sigue vivo, enlazado con familias de Restábal, Murchas, Melegís, Chite, Talará, Pinos del Valle, Vélez de Benaudalla, Mondújar y Granada.

Los Rodríguez no fueron una sola casa.

Fueron muchas puertas.

Una puerta abierta desde el Apeo.
Otra desde los primeros matrimonios.
Otra desde Pinos.
Otra desde Murchas.
Otra desde Chite.
Otra desde las mujeres que llevaron el apellido como segunda raíz.

Así se hacen los pueblos.

Con apellidos que llegan, se mezclan, permanecen y vuelven una y otra vez en la memoria.

Y los Rodríguez de Restábal son una de esas raíces antiguas que no dejaron de moverse, pero tampoco dejaron de pertenecer al pueblo. 🌿

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19 julio 2026

Fiestas de Santiago en Saleres

Procesión de Santiago 

 

🐴 SANTIAGO EN SALERES

Devoción, río, música y memoria cada 25 de julio

✍️ Por Miguel Ángel Molina Palma

Hay fechas que no necesitan escribirse en el calendario para ser recordadas. Permanecen guardadas en la memoria de un pueblo, en las conversaciones familiares, en las fotografías antiguas y en esa emoción que vuelve cada año cuando llega el día del patrón.

En Saleres, esa fecha es el 25 de julio.

Ese día, la pequeña localidad del municipio de El Valle celebra a Santiago Apóstol, su patrón, cuya imagen a caballo ha recorrido durante generaciones las calles del pueblo entre flores, música, campanas, vivas y la compañía de los vecinos. 🐴⛪

Las fiestas de Santiago no son únicamente una celebración religiosa. Son también un encuentro con las raíces, una jornada para regresar al pueblo, reencontrarse con familiares y amigos y recordar una forma comunitaria de vivir que durante muchos años convirtió el 25 de julio en uno de los días más esperados por los salereños.

🌿 Un pueblo reunido alrededor de su patrón

Las fotografías conservadas muestran la importancia que tuvo la procesión de Santiago en otros tiempos. Hombres, mujeres y niños se agrupaban junto a la iglesia para acompañar la salida de la imagen. Las calles se llenaban de vecinos y el paso del santo se convertía en una manifestación colectiva de fe, respeto y pertenencia.

Santiago aparecía representado a caballo, con sombrero, capa y espada, sobre unas andas adornadas con flores. Los hombres se turnaban para llevarlo sobre los hombros, mientras las mujeres caminaban cerca del trono o aguardaban su paso desde las puertas y balcones.

La procesión atravesaba el corazón de Saleres y devolvía al pueblo una imagen reconocible de sí mismo: la iglesia abierta, las calles ocupadas, las familias reunidas y el patrón avanzando entre quienes habían crecido bajo su protección. 🔔🌺

Con los años han cambiado las formas de organizar las fiestas, las músicas y hasta el número de habitantes que permanece en el pueblo. Sin embargo, la imagen de Santiago saliendo de la iglesia continúa despertando una emoción especial.

🎸 Toñico Recalde y las primeras fiestas de la posguerra

Entre los recuerdos transmitidos por las familias salereñas destaca el de Antonio, conocido en el pueblo como Toñico Recalde.

Según el testimonio familiar recogido por su nieta María del Mar García, fue él quien costeó y organizó unas de las primeras fiestas dedicadas a Santiago durante los difíciles años cuarenta del siglo XX.

España atravesaba entonces la dura posguerra. Había escasez, incertidumbre y pocas ocasiones para el descanso o la diversión. Precisamente por ello, cualquier celebración compartida adquiría una importancia enorme.

Aquel 25 de julio hubo comida comunitaria, procesión y música hasta bien entrada la madrugada. No fue necesaria una gran orquesta llegada desde fuera. Los propios vecinos dieron vida a la fiesta.

Toñico Recalde tocó la guitarra. Carmona hizo sonar la bandurria. Otros se unieron con armónicas y acordeones. Y alrededor de ellos, en la plaza, el pueblo bailó, conversó y olvidó durante unas horas las dificultades de la época. 🎶🪗

Lo que comenzó como una iniciativa sencilla terminó convirtiéndose en una tradición repetida año tras año. Desde entonces, varias generaciones de salereños han celebrado el día de Santiago y han asociado su festividad a la música, la convivencia y la alegría compartida.

💧 El río, las pozas y los dulceros

Pero las fiestas de Santiago no se vivían solamente alrededor de la iglesia y de la plaza.

Una de las costumbres más queridas llevaba a los vecinos hasta el río de Saleres, donde buscaban alivio frente al calor de finales de julio. Allí preparaban pequeñas pozas utilizando lajas, ramas de mimbre y la vegetación de las orillas, entre juncos y tréboles. 🌊🌿

Niños, jóvenes y mayores se bañaban en aquellas aguas frescas mientras las familias compartían la jornada junto al cauce. Era una fiesta sencilla, ligada al paisaje y a los recursos que ofrecía la naturaleza.

Hasta el río acudían también los dulceros con sus puestos. Vendían helados, turrón y aquellas recordadas barretas que formaban parte inseparable de las celebraciones populares. Para muchos niños, la llegada de los vendedores era casi tan esperada como el propio baño.

La imagen resulta entrañable: las pozas llenas de gente, las ropas extendidas sobre las piedras, los mayores conversando bajo alguna sombra y los pequeños esperando unas monedas para comprar una golosina.

🕯️ La procesión como vínculo entre generaciones

La festividad alcanzaba su momento más solemne con la misa y la procesión.

Después de engalanar las andas con flores, Santiago salía de la iglesia llevado por sus portadores. La comitiva recorría las calles acompañada por los estandartes, las luces y el respeto de los asistentes.

Las antiguas fotografías revelan cómo cada generación fue ocupando su lugar alrededor del santo. En ellas aparecen ancianos que ya habían conocido muchas procesiones, jóvenes que comenzaban a participar en la vida del pueblo, madres con sus hijos y familias enteras siguiendo el recorrido.

En años más recientes, incluso durante tiempos difíciles marcados por restricciones y mascarillas, los salereños continuaron acompañando la imagen. Aquellas celebraciones demostraron que una tradición puede adaptarse sin perder su sentido más profundo. 🙏

Porque una procesión no es solamente un itinerario por las calles. Es un hilo que une a quienes están presentes con quienes participaron antes. Cada portador recoge simbólicamente el testigo de otros hombres y mujeres que también vitorearon a Santiago.

🎉 Tradición y nuevas formas de celebrar

La programación festiva actual combina las costumbres religiosas con actividades pensadas para todas las edades.

La jornada comienza a las 14:00 horas con una paella popular, ofrecida con la colaboración del Ayuntamiento de El Valle. A las 16:00 horas, la plaza de la Constitución acoge una animada fiesta del agua y de la espuma, especialmente esperada por los más pequeños. 🥘💦

A las 17:30 horas llega el turno de los pipotes y la carrera de cintas en bicicleta, recuperando esos juegos populares que durante generaciones han llenado de competición y risas las fiestas de los pueblos. 🚲

El acto central se celebra a las 20:00 horas, con la misa y procesión en honor de Santiago Apóstol. Al finalizar la parte religiosa, la fiesta continúa en la plaza y, a partir de las 22:30 horas, la música de DJ Mary anima la noche salereña. 🎧✨

Son propuestas nuevas que se incorporan a una celebración antigua. Cambian los ritmos y las actividades, pero permanece el deseo de reunirse y disfrutar juntos.

❤️ Saleres se lleva en el corazón

La despoblación y el paso de los años han transformado la vida cotidiana de Saleres. Muchas personas nacidas o criadas en el pueblo residen hoy lejos. Sin embargo, la distancia no ha borrado el vínculo con sus calles ni con sus fiestas.

Cada 25 de julio regresan los recuerdos.

Se recuerda a quienes tocaban la guitarra y la bandurria en la plaza. A quienes construían las pozas del río. A los dulceros que llegaban con sus helados y turrones. A los portadores de Santiago. A las mujeres que vitoreaban al patrón. A los niños que corrían entre la iglesia y la plaza.

También se recuerda a quienes ya no pueden acudir, pero continúan formando parte de la historia de la celebración.

Las fiestas de Santiago son, por eso, mucho más que un programa de actividades. Representan una memoria compartida y una forma de reconocerse como comunidad.

Mientras alguien conserve una fotografía, relate cómo eran aquellas jornadas en el río, enseñe a sus hijos el nombre de quienes aparecen en una antigua procesión o vuelva a gritar ante la salida del santo, la tradición seguirá viva. 🌿📸

El 25 de julio, Saleres vuelve a encontrarse consigo mismo.

Con su iglesia.

Con su plaza.

Con su río.

Con quienes permanecen y con quienes regresan.

Y cuando Santiago cruza nuevamente la puerta del templo, el pueblo entero parece repetir una voz heredada de generación en generación:

¡Viva Santiago Apóstol!

¡Viva el patrón de Saleres!

¡Y vivan sus fiestas! 🐴🔔🎉

#SantiagoApóstol #FiestasDeSaleres #Saleres #ElValle #ValleDeLecrín #Granada #TradicionesDelValle #MemoriaDeNuestrosPueblos #PatrimonioInmaterial #FiestasPopulares #DevociónPopular #VivaSantiago #NuestraHistoria #GenteDelValleDeLecrín

📷 Fotos de: María Jesús Vallejo, María del Mar García y Mariví Navarro Salazar.









18 julio 2026

De la cárcel al altar en el Melegís de 1674


 

🔐 DE LA CÁRCEL AL ALTAR

Alonso de Ojeda, Andrea de Morales y una deuda de honra en el Melegís de 1674

✍️ Por Miguel Ángel Molina Palma

Hay partidas parroquiales que parecen limitarse a unas cuantas líneas: un hombre, una mujer, una fecha y la certificación de que ambos contrajeron matrimonio.

Pero, de vez en cuando, el sacerdote dejó escrito algo más.

Una disputa.
Una denuncia.
Una orden llegada desde Granada.
Un impedimento inesperado.
Una cárcel.
Y una mujer que exigió que se reparase lo que ella consideraba una deuda contra su honra.

Eso ocurrió en Melegís el 27 de mayo de 1674.

Los protagonistas fueron Alonso de Ojeda, natural de Gádor, en el obispado de Almería, y Andrea de Morales, natural de Melegís. Su matrimonio no comenzó con una sencilla comparecencia ante el altar. Antes de celebrarse, Alonso fue encarcelado a petición de Andrea, interrogado por el cura, sometido a la autoridad del Provisor del arzobispado y dispensado personalmente de un voto religioso por el arzobispo de Granada. 🔐⛪

El relato quedó escondido durante siglos en el libro de Desposorios y velaçiones de Melegís. Hoy, aquella anotación permite asomarnos a un mundo en el que la honra femenina, la palabra de matrimonio y la jurisdicción de la Iglesia podían decidir el destino de una pareja.

📜 Los nombres que aparecen en la partida

El asiento matrimonial se encuentra en la página 17 del libro tercero de desposorios y velaciones de Melegís.

El novio figura como:

Alonso de Ojeda, natural de Gádor, perteneciente entonces al obispado de Almería.

Era hijo de:

  • Pedro Lorenzo.
  • María Molina, ya fallecida cuando se celebró el matrimonio.

La novia era:

Andrea de Morales, natural de Melegís.

Era hija de:

  • Juan López Baena.
  • María de Morales, también fallecida.

El hecho de que Alonso usara el apellido Ojeda mientras su padre aparece como Pedro Lorenzo no debe sorprendernos excesivamente. En el siglo XVII los apellidos todavía no se transmitían con la rigidez actual. Una persona podía utilizar el apellido paterno, el materno, el de un abuelo, el de una casa familiar o aquel por el que era conocida socialmente.

Andrea, por su parte, pertenecía a una familia asentada en Melegís. Su padre llevaba el apellido compuesto López Baena, presente también en otros registros antiguos del pueblo, mientras que ella tomó el apellido Morales de su madre.

Hasta aquí, la partida podría parecer una boda más.

Pero el sacerdote decidió explicar todo lo que había ocurrido antes de que los contrayentes llegaran al altar.

🕯️ «Decía que le debía su honra»

Andrea de Morales acudió al cura de Melegís y presentó una petición contra Alonso de Ojeda.

El sacerdote escribió que el contrayente fue detenido:

«a petición de la dicha contrayente, por decir le debía su honra».

La expresión es breve, pero estaba cargada de significado.

En la sociedad del Antiguo Régimen, la honra de una mujer soltera no se consideraba únicamente un asunto individual. Afectaba también a su casa, a sus padres, a sus hermanos y a las posibilidades futuras de concertar un matrimonio.

Una promesa de casamiento incumplida, unas relaciones mantenidas bajo palabra matrimonial, una seducción o cualquier comportamiento conocido públicamente podían perjudicar gravemente la reputación de una joven.

La historiografía ha documentado numerosos pleitos iniciados por mujeres que reclamaban el cumplimiento de una promesa matrimonial o alguna forma de reparación. La justicia eclesiástica tenía competencias sobre los esponsales, los impedimentos y buena parte de los conflictos matrimoniales; además, la palabra de casamiento poseía una gran fuerza moral y social.

Sin embargo, debemos ser muy prudentes en el caso de Andrea.

La partida no afirma que estuviera embarazada.
No dice que hubiera existido violencia.
No describe relaciones íntimas.
Tampoco reproduce una promesa concreta de matrimonio.

Solo sabemos lo que el cura escribió: Andrea sostenía que Alonso le debía su honra.

Todo lo demás pertenece al terreno de las posibilidades históricas y deberá permanecer como hipótesis mientras no aparezca el expediente eclesiástico completo.

🔒 La cárcel del lugar de Melegís

Tras escuchar la reclamación, el cura hizo detener a Alonso y lo puso:

«preso en la cárcel de dicho lugar de Melexis».

La frase tiene un enorme valor para la historia local.

Demuestra que en el Melegís de 1674 existía una cárcel o, al menos, una dependencia reconocida oficialmente como tal. No sabemos si se trataba de un edificio independiente, de un pequeño calabozo perteneciente al concejo o de una habitación habilitada temporalmente para custodiar detenidos.

Los libros parroquiales no proporcionan más información sobre su ubicación.

Pero aquella cárcel existía en la vida administrativa del pueblo, y Alonso de Ojeda permaneció encerrado en ella mientras se resolvía su situación.

Es fácil imaginar la conmoción.

Melegís era una comunidad pequeña. La noticia debió de correr rápidamente de casa en casa. Un forastero procedente de Gádor había sido encarcelado porque una joven del pueblo afirmaba que le debía su honra.

La prisión no era únicamente una medida física. También convertía el conflicto en un asunto público.

Lo que quizá había comenzado entre dos personas pasaba ahora por el cura, por el pueblo y por la autoridad eclesiástica de Granada. 🔔

⚖️ El cura informa al Provisor

El sacerdote no podía resolver por sí solo un asunto de aquella gravedad.

Por eso comunicó lo ocurrido al señor Provisor y le remitió un informe.

El Provisor era una autoridad judicial eclesiástica que actuaba en nombre del arzobispo. Entre sus competencias figuraban los asuntos matrimoniales, los impedimentos canónicos, las promesas de casamiento y otros litigios sometidos a la jurisdicción diocesana.

La orden que llegó a Melegís permitía celebrar el matrimonio con dos amonestaciones, siempre que no apareciera ningún impedimento.

Las amonestaciones eran proclamaciones públicas del futuro matrimonio. Se anunciaban ante la comunidad para que cualquier persona que conociera una causa legítima contra la unión pudiera comunicarla:

un matrimonio anterior,
un parentesco prohibido,
una promesa matrimonial con otra persona,
la recepción de determinadas órdenes religiosas
o cualquier otro impedimento reconocido por la Iglesia.

El camino parecía despejado.

Alonso podría salir de la cárcel y casarse con Andrea.

Pero, cuando el cura lo interrogó, apareció un nuevo obstáculo. 📜

🕊️ El voto de religión de Alonso

Alonso de Ojeda declaró bajo juramento que había realizado un:

«voto de religión».

La partida no explica cuándo lo había pronunciado, ante quién, ni cuál era exactamente su contenido.

No podemos afirmar que Alonso fuera fraile, novicio o miembro de una orden religiosa. Tampoco sabemos si había prometido ingresar en un convento o si se trataba de otro compromiso personal relacionado con el estado religioso.

Lo cierto es que el cura consideró aquel voto como un impedimento que debía ser resuelto antes del matrimonio.

El caso adquiría así una complejidad extraordinaria.

Alonso estaba encarcelado porque Andrea decía que le debía su honra.

La autoridad eclesiástica había permitido que se casaran tras dos amonestaciones.

Pero el propio Alonso reconocía ahora estar ligado por un voto religioso.

El sacerdote tuvo que elevar el asunto a la máxima autoridad de la diócesis.

⛪ Fray Francisco de Rois y Mendoza

El cura recurrió a fray Francisco de Rois y Mendoza, arzobispo de Granada.

Francisco de Rois ocupó la sede granadina desde el 27 de julio de 1673 hasta el 16 de marzo de 1677. Por tanto, llevaba menos de un año al frente del arzobispado cuando tuvo que decidir sobre la situación de Alonso y Andrea.

El arzobispo concedió la dispensa, pero lo hizo bajo una condición muy precisa.

Alonso quedaba dispensado:

«por esta vez solamente».

La autorización afectaba únicamente a su matrimonio con Andrea. El voto no desaparecía de forma definitiva.

El cura explicó que, si Alonso enviudaba, volvería a quedar ligado por él.

Es decir, si Andrea moría antes que su esposo, Alonso no quedaría simplemente libre para contraer nuevas nupcias. Volvería a estar obligado por aquel compromiso religioso cuya naturaleza exacta desconocemos.

Aquella dispensa constituye uno de los detalles más extraordinarios de toda la partida.

El arzobispo permitía el matrimonio, pero dejaba suspendido —no extinguido— el voto de Alonso.

🔓 De la cárcel al matrimonio

Una vez recibida la dispensa, el cura sacó a Alonso de la cárcel y lo puso en libertad.

Después celebró su matrimonio con Andrea de Morales.

Sin embargo, el sacerdote quiso dejar constancia de una cuestión esencial: Alonso contrajo aquella unión:

«de su libre y espontánea voluntad».

La frase parece contradictoria.

¿Cómo podía hablarse de voluntad libre después de que el novio hubiera permanecido preso a petición de la mujer con la que iba a casarse?

Precisamente por eso el cura necesitó escribirlo.

El consentimiento era fundamental para la validez del matrimonio. Si Alonso hubiera contraído la unión únicamente por miedo, fuerza o coacción, podría plantearse una duda sobre su legitimidad.

El párroco dejó registrado que, una vez liberado y obtenida la dispensa, Alonso aceptó casarse voluntariamente.

No podemos saber qué ocurrió durante los interrogatorios.

Tal vez Alonso reconoció una promesa previa.
Tal vez aceptó reparar el daño denunciado por Andrea.
Tal vez deseaba casarse, pero el voto religioso se lo impedía.
O quizá la prisión y la intervención eclesiástica cambiaron una decisión anterior.

El documento no permite elegir entre estas posibilidades.

Solo certifica el resultado:

Alonso salió de la cárcel y llegó al altar. 🕯️💍

✍️ La firma de Alonso

El asiento termina con otro detalle relevante: Alonso de Ojeda firmó personalmente el registro.

En una época en la que muchas personas no sabían escribir, la presencia de la firma indica que poseía algún grado de alfabetización.

No sabemos cuál era su profesión ni qué circunstancias lo habían llevado desde Gádor hasta Melegís. Pero podía escribir su nombre y quiso —o tuvo que— dejarlo al pie de una partida que contenía toda la historia de su encarcelamiento, su declaración, su voto, la dispensa arzobispal y su matrimonio.

Su firma no nos cuenta qué pensaba.

Pero es la única huella material que dejó directamente el protagonista masculino de esta historia.

Todo lo demás fue narrado por el cura.

Andrea, en cambio, no firma. Su voz llega hasta nosotros únicamente a través de una frase transmitida por el sacerdote:

Alonso le debía su honra.

❓ Una posible velación nueve años después

La base de datos conserva otro asiento especialmente intrigante.

El 2 de marzo de 1683, casi nueve años después del matrimonio, aparece registrada en Melegís la velación de:

Antonio Ojeda y Andrea de Morales.

¿Se trata de la misma pareja?

Es posible.

El nombre Antonio podría ser un error, una variante de la anotación o un segundo nombre utilizado por Alonso. La coincidencia de Ojeda y Andrea de Morales resulta muy significativa.

Además, la partida de 1674 registra el desposorio, pero no proporciona una fecha de velación. El asiento de 1683 podría corresponder a la bendición nupcial de la misma pareja, celebrada muchos años después.

Sin embargo, no debe afirmarse todavía como certeza.

Será necesario consultar las imágenes originales de ambos folios para comprobar si el sacerdote añadió alguna referencia marginal o si existieron realmente dos hombres llamados Alonso y Antonio Ojeda relacionados con una Andrea de Morales.

Si fueran la misma pareja, su historia habría tenido todavía otro capítulo: el de unos esposos que recibieron la velación casi nueve años después de aquel conflictivo matrimonio.

🔐 Otro novio preso en 1679

El caso de Alonso y Andrea no parece haber sido un episodio completamente aislado.

Cinco años después, los libros parroquiales de Melegís vuelven a mencionar a un novio encarcelado a petición de su futura esposa.

El 5 de marzo de 1679 se desposaron:

Julián Vázquez, natural de Granada y vecino de Melegís,
y
María Ximénez, natural y vecina de Melegís.

Julián era hijo de:

  • Carlos Vázquez.
  • Antonia Ximénez, ya fallecida.

María era hija de:

  • Juan Ximénez.
  • Catalina de Aranda.

La pareja recibió la velación el 17 de abril de 1679.

El párroco añadió:

«Y el novio contenido en esta partida se puso en su libertad como lo manda el señor Provisor, por estar preso a pedimiento de la novia».

En esta ocasión no se explica el motivo de la petición.

No aparece ninguna referencia a una deuda de honra, una promesa matrimonial o un impedimento religioso. Únicamente sabemos que Julián estaba preso por iniciativa de María y que el Provisor ordenó liberarlo.

La coincidencia con el caso de 1674 resulta, sin embargo, reveladora.

Dos mujeres de Melegís acudieron a las autoridades.
Dos futuros maridos fueron encarcelados.
En ambos casos intervino el Provisor.
Y ambos conflictos terminaron en matrimonio.

Esto demuestra que la petición de Andrea no fue necesariamente una acción excepcional o imposible dentro de la sociedad de su tiempo.

Aunque las mujeres se encontraban sometidas a profundas limitaciones sociales y jurídicas, podían recurrir a la justicia para reclamar el cumplimiento de una palabra matrimonial o defender aquello que consideraban su honra y sus derechos. Los estudios sobre los tribunales eclesiásticos muestran que las causas promovidas por mujeres, especialmente alrededor de promesas, esponsales y conflictos matrimoniales, generaron una documentación abundante durante los siglos XVII y XVIII.

👩 Andrea no fue una figura pasiva

Sería fácil contar esta historia presentando a Andrea únicamente como una joven cuya honra había sido dañada.

Pero la partida muestra algo más.

Andrea actuó.

Presentó una petición.
Expuso su reclamación.
Consiguió que Alonso fuera encarcelado.
Provocó la intervención del cura y del Provisor.
Y su causa llegó finalmente hasta el arzobispo de Granada.

No sabemos si Andrea acudió sola, acompañada por su padre Juan López Baena o respaldada por otros parientes. Tampoco conocemos las palabras exactas con las que formuló su denuncia.

Pero su acción puso en movimiento toda la maquinaria eclesiástica.

La historia de Alonso de Ojeda y Andrea de Morales no debe contarse únicamente como la de un hombre llevado de la cárcel al altar.

También es la historia de una mujer de Melegís que se negó a permanecer en silencio.

🏘️ Melegís en 1674

El episodio permite contemplar fugazmente el funcionamiento del pueblo.

Había una iglesia y un cura con autoridad para interrogar, recibir peticiones e intervenir en la detención.

Había una cárcel local.

Existía comunicación con la administración arzobispal de Granada.

Las órdenes del Provisor llegaban hasta Melegís y eran ejecutadas por el párroco.

Las amonestaciones se proclamaban ante la comunidad.

Y los vecinos conocían, probablemente, cada detalle de un conflicto que afectaba a una de sus familias.

Melegís no era una comunidad aislada ni ajena a las estructuras judiciales de su tiempo. Formaba parte de una red administrativa y religiosa que ascendía desde la parroquia hasta el arzobispo.

La vida cotidiana, la reputación, el matrimonio y la justicia se encontraban estrechamente unidos.

✨ Epílogo: una frase escondida durante siglos

El 27 de mayo de 1674, Alonso de Ojeda y Andrea de Morales contrajeron matrimonio en Melegís.

No fue una boda cualquiera.

Antes hubo una reclamación por una deuda de honra.

Hubo una cárcel.

Hubo una consulta al Provisor.

Hubo dos amonestaciones.

Hubo un voto de religión.

Hubo una dispensa concedida por fray Francisco de Rois y Mendoza.

Hubo una puesta en libertad.

Y hubo una declaración escrita de que Alonso se casaba por su libre y espontánea voluntad.

Cinco años más tarde, Julián Vázquez fue también liberado después de haber permanecido preso a petición de María Ximénez.

Dos partidas.

Dos mujeres.

Dos hombres encarcelados.

Dos matrimonios celebrados bajo la mirada de la justicia eclesiástica.

Y una pregunta que sigue abierta más de tres siglos después:

¿Qué ocurrió realmente antes de que aquellas parejas llegaran al altar?

Quizá los expedientes completos continúen esperando en algún legajo del Archivo Diocesano de Granada.

Mientras aparecen, la partida matrimonial conserva al menos una verdad:

En el Melegís de 1674, Andrea de Morales alzó la voz, reclamó aquello que consideraba suyo y consiguió que su causa llegara desde la pequeña cárcel del pueblo hasta el despacho del arzobispo de Granada. 🔐🕯️


📚 Bibliografía y fuentes documentales

  • Gordo, Óscar: Matrimonios de Melegís y Murchas (1635–1706).  Registro número 82: Alonso de Ojeda y Andrea de Morales; registro número 98: Julián Vázquez y María Ximénez.
  • Archivo parroquial de Melegís: Desposorios y velaçiones de Melegís. Libro 3.º. 1660 a 1706 A, folios 17, 23 y 30 vuelto.
  • Archidiócesis de Granada: “Historia de la Diócesis de Granada”. Relación histórica de arzobispos; pontificado de Francisco de Rois y Mendoza, 1673–1677.
  • Sánchez González, Ramón: “Mujeres y matrimonio ante la justicia eclesiástica”, Hipogrifo, vol. 9, n.º 1, 2021, pp. 823–840.
  • Tovar Pulido, Raquel: “La justicia y la legislación castellana ante la ruptura de promesa de matrimonio y el reconocimiento de paternidad: análisis de casos en la España meridional del Antiguo Régimen”, Cuadernos de Historia del Derecho, n.º 28, 2021, pp. 123–149.
  • Ruiz Sastre, Marta: El abandono de la palabra: promesas incumplidas y ruptura de noviazgo en el arzobispado sevillano durante el siglo XVII. Madrid, Fundación Española de Historia Moderna, 2018.

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