martes, 11 de octubre de 2011

Pregón de las Fiestas de San Antonio, Año de 1999


 La religiosidad de mi pueblo
   Pronunciado por  Miguelito, cardiólogo.

   Yo tengo un inmenso cariño por mi pueblo, y a todo lo que el representa. Por lo tanto, es un orgullo para mí, el que me hayan pedido que haga el pregón de sus fiestas.

   Antes de empezar, presento mis respetos al señor cura, a las autoridades, a todos mis paisanos, a los que sois de este pueblo y a los que no habiendo nacido en él lo vivís como propio, y a los forasteros que habéis venido a estas fiestas. A todos, mis saludos.

   Para empezar, quisiera deciros, tocando mentor alarma, por lo que os pido disculpas, que mi padre, que fue maestro de este pueblo durante muchos años, no siendo de Melegís, sino de Granada, se sentía más melegileño que el árbol de la puerta de la iglesia. Le gustaba tanto más que a mi madre que si había nacido aquí, y él nos enseñó a todos nosotros sus hijos, a crear pueblo de una manera entrañable, y lo que es aún más importante: A ser amigo de todos vosotros y enemigo de ninguno.

La Puerta de la Iglesia años 60

   Y así, quisiera hablaros de la religiosidad de Melegís, de algunas de sus manifestaciones y de lo que éstas han significado para mi vida a través de su recuerdo. Melegís, después de la guerra de los moriscos, se repobló con cristianos “viejos”, procedentes de varias zonas de España. Y este hecho trajo como consecuencia dos cosas importantes para su religiosidad: El que conservaba costumbres especiales, que cercanos, y si bien por los muy distantes, y la riqueza de estas manifestaciones, y la participación de sus habitantes, posiblemente motivadas en el intento de conservarlas de padres a hijos, viviendo en tierras para y se extraña.  La propia iglesia, de proporciones y riqueza que no cabría esperar en un pueblo de tan pocos habitantes, es reflejo de esta fe arraigada. De ella y yo  recuerdo cada uno de sus rincones, sus imágenes once, sobre Pablo, sus antiguos bancos, en forma de arca. La recuerdo de tal forma que al pensar en alguna advocación de la Virgen, vienen a mi memoria como allí están representadas y no otras: Su Inmaculada, La Del Rosario, La De Los Dolores… Recuerdo incluso el temor que nos producía el hecho de que al niño Jesús se le cayese “La bola” – representación del mundo- que tenía en la mano, porque según “los antiguos” auguraba todo tipo de calamidades. El afecto que mostramos al referirnos a San Juan –carácter de la parroquia- diciendo: “El del dedo tieso y la carta Mora de… “
   Las fiestas se hacían al amparo de esta iglesia, en su puerta, bajo el ala del centenario olmo que la sombra.  Allí se ponían los puestos de dulce y allí se bailaba. Era lugar de encuentro no sólo en las fiestas de los domingos, sino de cualquier manifestación religiosa, porque a ella acudían todos los del pueblo y todos la llenaban, no se llena de ningún otro pueblo cercano.

Iglesia de San Juan Bautista

   Las manifestaciones religiosas son muchas, aunque algunas de ellas tengan de profano. Pero yo recuerdo especialmente algunas de ellas. Recuerdo (muchos de vosotros no la habéis conocido, pero los mayores como yo sí) la Santa Hermandad del Santísimo, a la que pertenecían todos los vecinos que acompañaban al Señor en sus salidas, especialmente al ser llevado a un enfermo. Convocaban al pueblo mediante la campana, con un toque especial, que al ser escuchada en los campos de la Vega obligaba a dejar las labores para hacerse presente la procesión que se organizaba para tal fin. Se sostenía con las limosnas de todos los hermanos, es decir de todo el pueblo, y para ello, un hermano iba pidiendo de casa en casa.

   Recuerdo que, al tocar en cada puerta, a la pregunta de: ¿Quién es? Este hermano respondía: ¡El Santísimo! Depositado el bolo en una taza de bronce en especial para ese fin, este hermano se despedía diciendo: “El Santísimo obtener el premio”, a lo que contestaba la familia: “Y a usted la buena cola”.

   Pero en las fiestas del pueblo, las que destacan son las que se hacen en honor a sus patrones, la Virgen del Rosario y San Antonio. A la Virgen se le canta una salve en la plaza del pueblo, en un tanto alternado de hombres y mujeres, en el que aquellos responden a las invocaciones que van cantando las mujeres, y que nos producía, al menos a mí, la garganta a tal que casi impedía realizar el canto. Pero hoy es San Antonio, y es de estas fiestas de las que vamos a hablar.

   Sí, estamos en San Antonio y, aunque ya hablaron de él en otros pregones, no quiero dejar de decir algunas cosas. Es santo muy querido en todo el mundo, por su bondad, por los muchos milagros que hizo y por su forma de hablar. Hablaba de forma bellísima y llegando al corazón de la gente sencilla.  Como muestra de ello, os voy a leer uno de sus sermones sobre el texto evangélico de San Lucas, “En tu palabra echaré las redes”: En tu palabra, no en la mía, echaré las redes.  Mientras las eché en mi palabra no pesqué nada. Cuántas veces las eché en mi palabra, y no en ti, me entrevisté a mí y no a ti, pedí que mis palabras, no las tuyas. Por eso no es que nada y si algo trate no fueron preces, sino ranas locuaces que me amaba, los cuales nada. El lento para echar en la red. Echaré la red de la palabra de Jesucristo, que nada se atribuye asimismo sino al Padre, quien vive en conformidad con lo que predica. Si así lo hiciese la captura de peces será copiosa.”

disfrutando de la música y el baile

   Tramitada y desprendimiento de San Antonio de Padua, que ni se llamaba Antonio – se llamaba Fernando – niega haber dado. Nació en Lisboa y  toda el nombre de Antonio al ingresar en la orden de los agustinos. Por disconformidad con estos pasa a la orden franciscana conviviendo con el propio San Francisco en Italia. Pronto cruzaba África, para predicar a los infieles y allí contra el paludismo – la malaria cierra - que casi le cuesta la vida, debiendo regresar a Francia para su recuperación. Sólo tres años antes de su muerte llega a Padua en donde ejerce su magisterio y realiza  sus milagros, algunos de los cuales se popularizan en un promedio de romances, como aquel en el que se contaba el milagro realizado al encerrar los pájaros enana habitación para impedir que destrozaran los sembrados. Junto a San Antonio, en la procesión, se hace homenaje al corazón de Jesús mostrando así no sólo vuestra devoción por el Señor, sino la capacidad de apertura y acogida del corazón de los melegileños vendidos.
El baile en la puerta de la Iglesia

   Ya está bien. Habéis trabajado mucho para preparar vuestras fiestas y es hora de gozaros en ellas, comiendo, bebiendo con mesura, pero sin olvidar que el pan y vino son alimentos elegidos por el Señor para quedarse con nosotros, y disfrutando de la música y el baile.  En este sentido quiero recordar una anécdota referida a alguien para mi muy querido, Manuel el lento, que estando muy enfermo decía a su hermana: Se Acha, cuando me muera quiero que me entierren en el cementerio viejo y no en el nuevo, para poder oír la música el día de San Antonio”. Así, os invito a todos a disfrutar de nuestras fiestas. Pero antes permitirme gritar: ¡Viva San Antonio! ¡Viva Melegís!.

   

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