01 julio 2026

Los Habices de la Iglesia de Lanjarón

Castillo de Lanjarón.  Foto de Neil Thompson

 

🕌 LOS HABICES DE LA IGLESIA DE LANJARÓN 

Historia, patrimonio y memoria de la puerta de la Alpujarra


Quien llega a Lanjarón dejando atrás el Valle de Lecrín siente que cruza un umbral. La villa se abre en la falda meridional de Sierra Nevada como una puerta entre dos mundos: el suave Valle que desciende hacia Granada y la escarpada Alpujarra que se remonta hacia las nieves eternas. Este lugar privilegiado —mirador sobre el Mediterráneo entre las sierras de Lújar y Almijara— guardó durante siglos un patrimonio islámico que pasó a manos de su iglesia cristiana tras la conquista: los bienes habices. Un legado de casas, hornos, tierras y árboles que los documentos del siglo XVI nos devuelven con asombrosa precisión. 🏔️🌊

La fuente principal de este artículo es el Capítulo XI de la tesis doctoral de Lorenzo Luis Padilla Mellado, Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología (Universidad de Granada, 2010), complementada con el Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín (1547-1554) —folios 238r al 245v— y las Escrituras de Censo conservadas en el Archivo Histórico del Arzobispado de Granada bajo la Signatura 566-F. 📚

🌿 Un nombre árabe con raíces en el agua

El topónimo Lanjarón deriva del árabe al-anŷarýn (الأنجرون), nombre que puede interpretarse como "lugar abundante en charcos" o alusivo a sus célebres fuentes medicinales. Una etimología que encaja perfectamente con la realidad: el barranco del Salado discurre por bajo del castillo llevando las aguas de los manantiales hasta el río Ízbor, y desde ahí al Guadalfeo y al Mediterráneo. En la Bula de Erección de las Parroquias del Valle (1505), aparece escrito como Najaronsepe.

La historia del núcleo urbano se remonta al siglo XIII, cuando colonizadores beréberes procedentes de la antigua Iliberi se asentaron en este territorio y levantaron sus viviendas en tres barrios diferenciados: Cenete, Azocaque y Aceituno, dentro de un perímetro triangular. En el Barrio de Azocaque cercaron un espacio llamado el Presidio, en cuyo centro erigieron un castillo sobre una gran roca aislada.

Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico (1845-1850), describe 700 casas dispuestas a lo largo de una sola calle de 700 metros que vertebra el núcleo urbano, con plaza cuadrangular en el centro que separa el Barrio de la Fuente del Barrio del Hondillo. Este último, con sus calles empedradas, estrechas e imposibles para el tráfico rodado, es el espacio con más antigüedad y el que mejor conserva la huella morisca. 🏘️

🌟 La seda de Lanjarón: entre la gloria y la pérdida

En época musulmana, Lanjarón era célebre en todo el reino granadino por la calidad de su seda y sus uvas. "Las uvas de Lanjarón" eran conocidas en toda Granada. Pero la seda era su gran riqueza: la abundancia de morales plantados en sus tierras la convirtió en uno de los centros serícolas más productivos de la Alpujarra y el Valle de Lecrín.

La seda se clasificaba en tres calidades: la más valiosa, seda joyante, obtenida de capullos llamados "de almendra"; la seda redonda, más fuerte y basta, procedente de capullos ocales; y la de menor calidad, reservada a cordones y tejidos groseros. En Lanjarón predominaba la primera. Las cifras fiscales lo confirman: en 1503, la sericultura de la zona generó 5.350.000 maravedís, que en 1504 bajaron a 4.447.358 —datos que Carande recoge en su estudio sobre la Hacienda de Carlos V. Con la expulsión de los moriscos y el desmantelamiento de los morales, este floreciente comercio desapareció para siempre. 🐛

🏰 El castillo: la roca inexpugnable

El Castillo de Lanjarón se yergue sobre un promontorio rocoso de 660 metros de altitud, en el borde de la villa hacia el barranco del Salado. De época nazarí con remodelaciones cristianas del siglo XVI, fue conquistado por Fernando el Católico el 8 de marzo de 1500, en una jornada sangrienta en la que murieron 300 musulmanes y su propio capitán —un hombre negro, según las crónicas— se lanzó desde una torre al vacío antes que rendirse. La población encerrada en la mezquita murió casi en su totalidad al ser volada la construcción.

La planta del castillo es de trazado irregular que se adapta a la roca, siendo inexpugnable por sus caras norte, este y oeste. Se accede por una puerta de ladrillo y mortero de cal y arena que da paso a una bóveda de medio cañón en doble recodo. Bajo el torreón norte pervive otra bóveda de medio cañón con tres ventanas abocinadas de mampuesto. Junto a la entrada, un aljibe de mampostería y mortero con cubierta abovedada y una oquedad en forma semicircular apuntada que pudo servir como captación de aguas. La presencia del castillo organiza físicamente el término de Lanjarón: la acequia que baja del Cenete al Castillo, el camino que va a la fortaleza, el cuarto trance del Castillo y las peñas del Castillo aparecen decenas de veces como linderos en las escrituras de los bienes habices. 🏯

⛪ La iglesia y su historia de fuego y reconstrucción

Según el Libro de Habices de 1502, el núcleo urbano musulmán de Lanjarón se articulaba en varios barrios con sus mezquitas y rábitas. Se describen la mezquita principal en el Barrio de Haratagima, las rábitas de Alfor, Benazán y Mugihid en el Barrio del Aceituno, las rábitas Alcadah, Taher y Hola en el Barrio del Cenete, y las rábitas Algortily, Alfor y Alhiran en el Barrio de Azocate. Otras rábitas —Aben Alí, Alfiza, Berbel, Alayna, Alcoraybi— se hallaban repartidas por el Pago del Feche y los caminos hacia la Alpujarra.

En 1502 se impuso la conversión forzosa de todos los mudéjares. En 1505, según la Bula de Inocencio VIII, Diego Hurtado de Mendoza, arzobispo de Sevilla, instituyó en la iglesia parroquial de Santa María del lugar de Nanjaró dos beneficios simples servideros y dos sacristanes.

La iglesia fue levantada, con casi toda seguridad, sobre el solar de la antigua mezquita principal. En 1568, un día después de la proclamación de Aben Humeya como caudillo morisco, su Alguacil Mayor, Aben Farax, quemó la iglesia de Lanjarón con unos veinte cristianos dentro. Fue reconstruida entre 1580 y 1605 bajo mandato del arzobispo Don Pedro de Castro y Quiñones, siendo maestro de obras el arquitecto Ambrosio de Vico. El resultado es el edificio que hoy conocemos: tres naves, nave central de 30,60 metros de longitud y 7,90 de anchura, rico artesonado mudéjar, armadura de par y nudillo con tirantes dobles sobre ménsulas, y torre de estilo mudéjar de fábrica de ladrillo. 🔔

Lanjarón cuenta además con varias ermitas repartidas por el casco urbano que el propio Padilla Mellado identifica como posibles remanentes de antiguas rábitas: la ermita de San Sebastián (a la salida del pueblo hacia la Alpujarra), la de San Roque (cuya construcción primitiva data de finales del XVI o principios del XVII), la de San Isidro (1956), la de la Santa Cruz (en el tajo del mismo nombre) y la de la Virgen del Pilar (1909, restaurada en 1978), esta última ya lindando con el término de Órgiva. ⛪

🏚️ Los bienes urbanos: casas, hornos, mesón y el solar de la iglesia quemada

Al no conservarse un Apeo específico de bienes habices de Lanjarón, Padilla Mellado reconstruye el inventario a partir de las Escrituras de Censo del Arzobispado (Signatura 292-F, escrituras nº 183 a 219), completadas con el Libro de Apeo y Repartimiento de Suertes de Lanjarón de 1572 y el artículo de Espinar Moreno sobre el Libro de Habices de 1502. El inventario resultante recoge 10 casas, 2 solares de casa, 1 solar de mesón, 1 sitio de iglesia vieja, 1 horno de pan cocer, 3 sitios de horno y 1 huerta.

Entre las casas, el listado arranca con dos casas junto a la iglesia que tomó a censo Francisco de Villaverde en 33 y 31 reales respectivamente: la primera lindando con casa de Francisco de Moya y Gerónimo Rodríguez; la segunda en el Barrio del Cenete, linde con una haza de Hernando Eladio. Francisco Rondy tomó a censo otra casa lindando con Juan Osuna, Hernando Ruiz y la Calle Real. En el Barrio del Aceituno, José Guerrero arrendó una casa con corral linde con José Gutiérrez, Francisco Castellanos y la hacienda de Cristóbal Mingorance; y otra más en el mismo barrio. Francisco Castellanos tomó a censo una tercera en ese barrio, linde con Mingorance. Fernando de Chaves arrendó otra en el mismo barrio, linde con el Caño de Alejo. Pedro Mingorance tomó la que estaba en la calle que baja al Calvario, lindando con casas de Ana Manzano y Pedro de Puerta, y con la hacienda de Pedro de Samos Salazar, Beneficiado de la iglesia. En el Barrio de las Eras, Juan de la Puerta, heredero de su padre Pedro, pagaba 7,5 reales por una casa lindando con Antonio de Chaves y Juan Alonso. Francisco Ruiz el Gordo tomó dos casas: una pequeña cerca de la casa de Benito García y un solar de casa caída en Nigüelas, ambas por 30 reales perpetuos.

El solar inhabitable delante de la puerta de la iglesia lo tomó Simón Rodríguez, lindando con Diego de Velasco y Juan de Ontiveros. La huerta con morales que alinda con el Camino Real de Granada y tres caminos más la tomó Cristóbal de Pareja.

El solar del Mesón caído —con un moral dentro— lo arrendó Juan Fernández de Hoz en cuatro ducados de censo perpetuo. Y el sitio de la Iglesia Vieja, con torres, tapias, cimientos y una huertezuela con un moral, higueras y otras plantas, lo tomó Juan Quiezqui de Salazar, lindando con la Calle Real, la acequia que baja del Cenete al Castillo, el Mesón de Minales y la Casa de Ánimas. Estos son los restos de la iglesia quemada en 1568, cuyos cimientos nunca llegaron a alzarse de nuevo porque la fábrica se levantó en otro solar. 🔥

Los hornos merecen especial atención. Un documento de 1522 recoge el privilegio concedido por los Reyes Católicos a las iglesias del Arzobispado para que ningún particular pudiera tener hornos propios sin ir a cocer a los hornos de la iglesia o del rey —"hornos de poya", así llamados. En 1593 la Real Chancillería dictó auto para derribar los hornos que los vecinos de distintas alquerías del Valle tenían en sus casas. En Lanjarón existía al menos un horno por barrio: el del Barrio del Aceituno —frente a la placeta y la Calle Real, lindando con casas de Francisco Ruiz el Gordo y de la propia iglesia— lo tomó Juan García de Poza; también los sitios de horno del Barrio del Cenete (linde con huertos de Juan Ruiz y Luis López) y del Barrio de Azocaque (linde con la madre del agua, haza de Francisco Ruiz y el camino al Castillo) fueron arrendados por el mismo Juan García de Poza. Este tomó además un sitio nuevo de horno a edificar junto al Molino de Campuzano en el Barrio de Azocaque, de marjal y cuarto de extensión, linde con el Camino Real que va a la Alpujarra y un tajo de peñas. 🔥

🌾 Las tierras de regadío: bancales sobre bancales en los trancos del Salado

El inventario de tierras de regadío de Lanjarón es el más extenso de todos los capítulos del Valle de Lecrín: 23 hazas, 98 bancales, 11 pedazos de tierra, 2 macaberes y 1 huerto, con una superficie total de 7,2 hectáreas —casi tres veces la de Restábal o Pinos del Valle.

La geografía de estas tierras se organiza en torno a los trancos (trances o franjas de terreno escalonado): primero, segundo, tercero y cuarto trance del Salado, distribuidos desde las inmediaciones del pueblo hasta el río Ízbor, siguiendo el barranco del Salado que da nombre al conjunto. Esta organización por trancos revela la ingeniería hidráulica andalusí que sostuvo el término de Lanjarón: una sucesión de acequias —la Acequia Alta del Salado, la Acequia Baja, la acequia que iba al Cenete, la madre del agua— tejían una red de irrigación que hizo productivas incluso las laderas más abruptas.

Los principales censatarios de tierras de regadío son un grupo cohesionado que compartirá también los censos del Libro Becerro a finales del siglo XVI:

Antón de Villaverde acumula varios conjuntos: dos bancales junto a la Fuente de las Calenturas con todos sus árboles, siete bancales en el Almendral con morales y almendros, un marjal en el Pago del Salado, dos bancales con ocho olivos, y pedazos en el Pago de las Lagunillas.

Hernando de Morales el Negro —el apodo delata el color oscuro de su tez o su ropa— tomó a censo trece bancales repartidos por distintos trancos: tres de tres marjales en el tercero con nueve morales linde con el camino de Granada a la fortaleza, un bancal de un marjal en el segundo trance linde de Luis de Moya y Pedro de Villaverde, otros cinco en el cuarto trance con un olivo, tres en el cuarto trance linde con Bartolomé Sánchez y el río, y dos medios bancales en el segundo trance, más tierra en Mesquerina y el Almendral. Un hombre que sostenía sobre sus hombros una parte sustancial del patrimonio agrícola habice de Lanjarón.

Esteban Velázquez Barbero —y el oficio en el apellido es otro dato de época— poseía bancales en todos los trancos del Salado: cuatro hazas en el segundo trance con diversidad de morales y olivos, siete bancales en el tercero con tres estacas de olivos, tres bancales con cinco morales en el segundo, un bancal en el Azocaque que solía ser Rábita (con un moral de la iglesia y un olivo), y un pedazo de tierra en Mesquerina.

Baltasar de Uceda reunía las parcelas más numerosas en el cuarto trance: trece bancales de 4,5 marjales, bancalillos junto a las peñas del Castillo, un sitio de naranjo, bancales con granados, y parcelas en el segundo y tercer trance sucesivamente. Era el mayor posesor individual de la parte baja del término.

Hernando Castellanos tomó dos bancales de siete marjales en el segundo trance, con morales en jorfeles propios y ajenos, más bancales en el tercero y cuarto trance.

Juan Sánchez Lorca acumulaba varios grupos de bancales: una haza cercada de un marjal en el Barrio del Aceituno con tres olivos, tres troncones de olivos y cuatro morales; cinco bancales de cuatro marjales linde del Camino al Río; un bancal de medio marjal linde con Juan de Pelegrina; nueve o diez bancalejos de una fanega junto a la acequia del Cenete y el Almendral; y la séptima parte del carrizal del Salado.

Hernando Mateo tomó una haza de cuatro marjales con cuatro olivos, seis morales y una higuera en el segundo trance, linde del Camino Real que va a Órgiva; más un bancal con un olivo.

Francisco de Moya agrupaba sus tierras en seis marjales del tercer trance con un olivo y un moral, nueve o diez bancales del primer trance con nueve almendros, siete morales y un olivo lindando con el Almendral de Juan García de Poza, más bancalillos en el cuarto trance.

Entre las hazas con nombre propio destaca la llamada Fadin Adum —topónimo árabe que significa "campos de Adán"—, de cinco marjales en el Pago de Chevique, que tomó Alonso Alajamy; y la haza conocida como Alcobay, de seis marjales con cinco morales, tomada a censo por Juan de Arévalo.

También aparece una haza de nueve marjales junto a macaberes que tomó Bartolomé Bermejo, la cual la Iglesia le había dado en trueque por un horno, cedido anteriormente al Alcaide; y un pedazo de macaber de nueve marjales tomado por el Beneficiado Rodrigo de Panis, linde con las tierras de los habices. 💧🌿

🌿 Tierras de secano: el carrizal colectivo del Salado

Las tierras de secano y viñedo suman 74 bancales, 7 hazas, 7 viñas y 4 pedazos de tierra, con una superficie de 4,70 hectáreas.

Lo más singular del inventario de secano de Lanjarón es el sistema de la séptima parte del carrizal del Salado: los mismos siete censatarios que recibirían las siete suertes en 1593 —Hernando Morales, Esteban Velázquez Barbero, Hernando Mateo, Baltasar de Uceda, Hernando Castellanos, Francisco de Moya y Juan Sánchez Lorca— compartían el carrizal del Salado en partes iguales, con cada uno una séptima parte a cocer, cosechar y mantener. Un sistema de propiedad comunitaria que recuerda la organización agraria morisca que le antecedió.

Entre los pagos de secano destacan el Pago del Almendral (arrendado a José Guerrero, Jacinto Abarca, Beatriz de Samos y Sebastián Cano), el Pago del Calvario, el Pago del Molino Bajo, el Pago de la Quicialta, el Pago de la Bancalada con parras, el Pago de los Conjilones con parras y granados, el Pago de Mesquerina con olivos, el Pago de la Encinilla, el Pago de Margena con 1,5 fanegas de tierra, y un vasto haza de secano entera entre dos barrancos en la mojonera de Órgiva.

En el Pago del Castillo, varios vecinos tomaron bancales: Juan Fernández de Hoz (dos reales perpetuos, linde con Juan de Obesa y Beatriz Gutiérrez), otro bancal del mismo Juan Fernández de Hoz con morales y parras en 8 reales, Lucas González (un real y tres cuartillos) y Cristóbal de León (misma cuantía), todos lindes entre sí. 🌾

🍇 Los viñedos

Las viñas de Lanjarón suman siete partidas. Francisco de Villaverde tomó una en el Pago del Secano de la Campiñuela de José de Lara, linde de hacienda de Luis Ruiz. Alonso Alajamy poseía dos viñas: una de dos marjales linde con viña de Bartolomé Gitomos y otra de dos marjales en cuatro pedazos en el Pago de Alajemy que se remató en 82 maravedís, lindando con viña de Ambrosio Pizpiz. Alonso Abullayon tomó una viña de un marjal en 34 maravedís, linde con haza de Diego Zaizazen y viña de García Poza. Antón de Villaverde arrendó un bancal puesto de viña en los Carrizales. Baltasar de Uceda poseía una viña perdida de un marjal en el segundo trance del Salado, linde con la suerte de Francisco García Pelayo. Y José de Loja arrendó una viña en el Pago del Salado de 1,5 reales anuales. 🍇

🌳 El arbolado: morales, olivos y frutales

El inventario arbóreo de Lanjarón ofrece estas cifras:

145 morales (17 individuales entre los bienes + 128 incluidos en escrituras), 83 olivos/aceitunos (39 + 44), 15 granados, 10 higueras (4 + 6), 5 duraznos, 3 almeces, 3 algarrobos, 3 albaricoques, 2 limones, 2 almendros, 1 álamo y otros frutales sin especificar. 🌿

El dominio absoluto del moral sobre cualquier otra especie confirma que Lanjarón era, antes de la expulsión de los moriscos, una de las grandes productoras de hoja para la cría del gusano de seda del Valle de Lecrín. Los morales aparecen en hazas de prácticamente todos los censatarios, repartidos por los cuatro trancos del Salado, el Almendral, el Azocaque, el Cenete, el Prado, el Barrio del Aceituno y hasta en las calles del casco urbano. Muchos se describen individualizadamente: el moral grande "que tiene dos golpes y es el del medio" en suerte del Beneficiado, los "ocho morales juntos en la moraleda donde tiene Juan Martín otros nueve morales", la "estaca de moral grande linde de casa de Peñalosa y de Jaime de Riera".

El olivo gordal junto a las peñas del Castillo que tomó Juan de Pelegrina, los tres troncones de olivos en el Prado de Hernando Castellanos, los olivos en el camino que desciende de la alquería alta a la baja: todos ellos individuales, con ubicación precisa, como personas con dirección conocida.

📋 El Libro Becerro (1547-1554): el gran arrendamiento de Diego Hernández de Palma

Los folios 238r al 245v del Libro Becerro guardan para Lanjarón una peculiaridad extraordinaria: son muy pocas las partidas, porque casi todos los bienes habices del lugar los poseía en bloque un solo hombre: Diego Hernández de Palma.

Este personaje —cuyo apellido resuena con especial fuerza en la genealogía de estas alquerías— pagaba la impresionante suma de 30.000 maravedís cada año por los habices de Lanjarón, pagados en dos mitades: la primera por San Juan de junio, la segunda por Navidad. El escribano anota con cautela: "se han de ver las Cartas de Censo que tiene, porque no dicen los bienes que se dan a censo, más de los que andaban a renta", y encarga buscar dos escrituras de censo anteriores —una ante Pedro de Frías, de 10 de febrero de 1537, por la mitad de los 30.000 maravedís; y otra ante Diego de Ribera, de 30 de octubre de 1544— para verificar si son suficientes títulos.

Treinta mil maravedís anuales: una cantidad que equivalía a los censos combinados de varios pueblos del Valle juntos. Diego Hernández de Palma no era un vecino cualquiera; era el hombre que sostenía, él solo, el patrimonio habice de toda la villa de Lanjarón.

El resto de los bienes se distribuyeron en siete suertes adjudicadas el 1 de agosto de 1593 ante el escribano Pedro de Navas, a los mismos censatarios que ya conocemos: Hernando Mateos y su mujer, Baltasar de Uceda y su mujer, Juan de Pelegrina y su mujer, Esteban Velázquez Barbero y su mujer, Francisco de Moya y su mujer, Juan de Orea y su mujer, y Hernando Castellanos y su mujer —todos vecinos del lugar, pagando cada uno 2.000 ducados y 78 maravedís por Santiago de cada año perpetuamente. Siete familias. Siete suertes. El reparto de un pueblo entero en un solo día de agosto.

La escritura del solar del Mesón caído —con su moral dentro— fue otorgada a Francisco Ruiz el Gordo en 1.500 reales de censo perpetuo ante Pedro de Nava, el 17 de mayo de 1593. Los macaberes que poseía Alonso de Morales, vecino de la Alhambra y artillero de ella —un dato que conecta este pueblo con la guarnición de la fortaleza nazarí—, fueron traspasados a Juan García de Poza en 14 reales, con escritura ante Alonso de Castro, escribano público del Valle, el 19 de junio de 1592. El sitio de la Iglesia Vieja lo poseía Juan Querque de Salazar, vecino de Buñuelas, por 22 reales anuales según escritura ante Francisco de Córdoba del 14 de agosto de 1574. 📜

📜 Las escrituras de censo (AHAGr, Signatura 566-F)

El Archivo del Arzobispado conserva las escrituras de censo de la Iglesia de Lanjarón en la Signatura 566-F (escrituras nº 183 a 219):

Antón de Villaverde reconoció el 20 de enero de 1647, ante escribano, un censo perpetuo de 2.278 maravedís sobre sus bienes.

Francisco de Villaverde reconoció el 3 de noviembre de 1724 un censo perpetuo de 39 reales.

Alonso de Alajamy tomó a censo perpetuo de 676 maravedís bienes de la iglesia ante Alonso Ruiz el 10 de octubre de 1547.

Juan de Arévalo formalizó ante el mismo Alonso Ruiz, misma fecha, censo perpetuo de 850 maravedís por la haza Alcobay de seis marjales con cinco morales.

Manuel Orozco Calvache reconoció el 13 de abril de 1726 un censo de 31 maravedís sobre bienes de distintas suertes.

Juan García de Poza reconoció el 19 de junio de 1592 ante Alonso de Castro censo perpetuo de 14 reales por dos hazas macaberes linde con el horno de Lorenzo Molina, la iglesia y el Camino Real. 🖊️

🌅 Lo que los habices de Lanjarón nos dicen

Los bienes habices de la Iglesia de Lanjarón son el retrato de una villa de escala mayor que las demás alquerías del Valle de Lecrín: más casas, más extensión de regadío, más pagos, más censatarios, más morales, más escribanos y más maravedís. Pero también mayor vulnerabilidad histórica: la quema de 1568 que consumió la iglesia con sus fieles dentro, el dominio casi total de un solo censatario —Diego Hernández de Palma— sobre el patrimonio habice hasta 1593, la venta de suertes en bloque ese mismo año.

El reparto de siete suertes a siete familias en un solo acto notarial es uno de los documentos más elocuentes que el Valle de Lecrín conserva de la repoblación posterior a la expulsión. Hernando Mateos, Baltasar de Uceda, Juan de Pelegrina, Esteban Velázquez Barbero, Francisco de Moya, Juan de Orea y Hernando Castellanos: siete nombres que en agosto de 1593 recibieron el legado de todo un pueblo morisco para mantenerlo en producción y pagar a la iglesia lo que la iglesia exigía.

Y en el centro de todo, los 30.000 maravedís anuales de Diego Hernández de Palma: un apellido que el Valle de Lecrín ya conocía, en Restábal desde Alonso de Palma (1513), en Chite desde Lope de Palma (1547), y ahora aquí, en Lanjarón, en el censo más alto de toda la comarca. El apellido Palma, como los morales que sostuvieron la seda de esta tierra, echó raíces profundas en el Valle. 🌿✨

📚 Bibliografía

PADILLA MELLADO, Lorenzo Luis (2010): Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología. Editorial de la Universidad de Granada. Granada. D.L.: GR 3009-2010. ISBN: 978-84-693-2571-1. [Capítulo XI: Lanjarón, pp. 617-689.]

Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín (1547-1554). AHAGr. Signatura Caja nº 44. Fols. 238r-245v. Apéndice Documental, Doc. nº 21, p. 136.

Escrituras de Censo de la Iglesia de Lanjarón. AHAGr. Signatura 566-F. Escrituras nº 183-219. Apéndice Documental, Doc. nº 57, Pág. 744.

ESPINAR MORENO, Manuel (2008): "Estructura urbana de Lanjarón a través del Libro de Habices de 1502". Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, nº 20. Granada, pp. 175-193.

FERRER MUÑOZ, Manuel S.I. (2001): Libro de Apeo y Repartimiento de Suertes de Lanjarón 1572. Ayuntamiento de Lanjarón. Granada.

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MADOZ, Pascual (1845-1850): Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Andalucía, Granada. Estudio introductorio de J. Bosque Maurel, pp. 225-227.

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PADILLA MELLADO, L.; ESPINAR MORENO, M. (2007): Arquitectura Defensiva del Valle de Lecrín. Granada, pp. 87-91.

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CARANDE Y THOVAR, Ramón (1949): Carlos V y sus banqueros (La Real Hacienda de Castilla). Ed. Crítica. Madrid, pp. 327-328.

GARRARD, Kenneth (1956): "La industria sedera granadina en el s. XVI y su conexión con el levantamiento de las Alpujarras (1568-1571)". Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, vol. 5. Universidad de Granada, pp. 73-104.

SIMONET Y BACA, Francisco Javier (1967): Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes. Oriental Press. Ámsterdam, pp. 293-294.

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Foto de Arianna Rosso.
Iglesia de Lanjarón.








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