ANA PALMA RUIZ
Raíz, vida y amor de una madre del Valle de Lecrín 🌿👩👧👦🥰
Hablar de mi madre, Anita, es hablar de mi origen, de la tierra que me sostiene y del hilo invisible que une generaciones. No escribo estas líneas desde la nostalgia vacía, sino desde la gratitud consciente, desde el amor sereno que se tiene cuando el tiempo ha enseñado a mirar con profundidad.
Mi madre nació en Melegís, corazón del Valle, en una época en la que la vida se medía por las cosechas, los nacimientos, las ausencias y las campanas de la iglesia. Nació en una familia amplia, arraigada al campo, al esfuerzo diario y a una forma de vivir donde nadie sobraba y todos contaban.
Sus padres y su ascendencia: un árbol de raíces hondas 🌳
Mi madre fue hija de Antonio Palma Moreno y Otilia Ruiz Ortega.
Por su sangre corrían apellidos que en Melegís, Restábal, Murchas y Albuñuelas no eran solo nombres, sino historias compartidas.
Por la rama de los Palma Moreno, heredó:
El vínculo con el campo.
El pequeño comercio.
La honradez callada de hombres y mujeres que nunca necesitaron alzar la voz.
Por la rama de los Ruiz Ortega, recibió:
El respeto por la educación.
La religiosidad sencilla, vivida más que proclamada.
El ejemplo de mujeres fuertes, algunas maestras, otras monjas, otras madres de familias numerosas.
Mi madre creció rodeada de tíos, tías, primos, historias de muertes tempranas, de enfermedades, de emigraciones interiores, de sacrificios asumidos sin dramatismo. Todo eso fue escuela de vida.
Infancia en Melegís: aprender a estar 🏡
La infancia de mi madre transcurrió en un Melegís de calles empedradas, acequias con agua fluyendo, patios con macetas, tiendas de ultramarinos, animales domésticos y conversaciones al fresco.
Aprendió pronto:
A ayudar sin quejarse.
A respetar a los mayores.
A valorar lo poco.
A callar cuando tocaba y a sostener cuando hacía falta.
No fue una infancia de excesiva abundancia material, pero sí de estructura emocional. Y eso deja huella.
El matrimonio con mi padre: Ana y Pepe 💍
En 1962, mi madre se casó con Pepe " El Pauleño", el Rubio de El "Paul" , en la iglesia de Melegís.
Mi padre era un hombre de campo, de fuerza física, disciplina y sacrificio.
Mi madre aportó equilibrio, constancia, orden y afecto.
Su matrimonio fue una alianza de vida, no un cuento fácil:
Ausencias por trabajo.
Mudanzas.
A veces no mucha abundancia.
Cinco hijos.
Al principio vivieron entre Melegís y Padul, y finalmente, tras el fallecimiento de mi abuelo Miguel Molina en 1964, mi madre se fue a vivir definitivamente a Padul con mi padre, a la casa de la calle Capitán Cortés nº 29.
Allí crió a sus hijos en una casa con corral, cuadra, pajares, grano, animales y vida intensa.
Madre de cinco hijos: el centro invisible 👶👧👦👧👶
Mi madre fue madre de cinco hijos:
José Antonio
Yo, Miguel Ángel
Ana María
Virtudes
Jesús
Mientras mi padre araba, segaba, cazaba o emigraba a Francia, mi madre sostenía la casa:
Criaba.
Cocinaba.
Lavaba.
Curaba.
Consolaba.
Organizaba.
Sin discursos. Sin reconocimientos.
Con una fortaleza silenciosa que solo se entiende cuando pasan los años.
El regreso a Melegís: cuando yo tenía diez años 🛤️
Cuando yo tenía diez años, la vida dio otro giro importante: volvimos a vivir a Melegís.
Fue una vuelta a las raíces, motivada por el trabajo de mi padre en las tierras heredadas del Cortijo de Las Aras, en Murchas.
Mi madre volvió a su pueblo ya como mujer madura, esposa y madre experimentada.
Volvió con hijos, con historia, con cicatrices invisibles y con una capacidad de adaptación admirable.
El campo y el paso del tiempo 🌾⏳
Mi madre ha vivido toda la transformación del mundo rural:
Del mulo al tractor.
Del candil a la luz eléctrica.
Del fuego bajo a la cocina moderna.
Del cántaro al grifo.
De la familia extensa al núcleo reducido.
Nunca renegó del cambio, pero nunca perdió la esencia:
El respeto por la comida.
El aprovechamiento.
El cuidado del hogar.
El sentido del deber.
Lo que siento por mi madre ❤️
Hoy, cuando miro a mi madre, siento:
Amor profundo, del que no necesita palabras grandilocuentes.
Respeto, por una vida entregada.
Admiración, por su resistencia.
Gratitud, por todo lo que dio sin pedir.
Mi madre es para mí:
Refugio.
Memoria.
Raíz.
Presencia.
Alegría.
Si soy quien soy, es en gran parte por ella.
Por su forma de estar.
Por su paciencia.
Por su manera de amar sin ruido.
Ana Palma hoy: memoria viva del Valle 🌄
Mi madre sigue viva.
Y eso es un privilegio.
En ella vive:
El Melegís antiguo.
El Padul de los años duros.
El campo que fue sustento.
La familia que resistió.
Ella es memoria encarnada, testigo de un mundo que se fue y semilla de lo que permanece.
Este texto no es solo una biografía.
Es un acto de amor consciente hacia mi madre.
Un homenaje en vida a una mujer sencilla, ahorradora, alegre, amable, cariñosa y extraordinaria a la vez.
Gracias, madre.
Por todo. Siempre.
Te quiero mucho. 🌹
Fuentes de memoria 📚
Testimonios orales familiares (Ana Palma Ruiz, José Molina Freire).
Recuerdos personales míos y investigación de la genealogía familiar.
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