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| Nuestro padre Jesús Nazareno de Albuñuelas, lo más bonico del mundo ❤️ Foto: Dunia Castillo |
Albuñuelas, Nazareno y Dolorosa en el valle: la Semana Santa sentida.
Albuñuelas se prepara para vivir la Semana Santa de 2026 como un tiempo de fe callada y devoción compartida. Aquí la Pasión se vive con la autenticidad propia de los pueblos pequeños, donde la tradición se mantiene con hondura y cercanía.
El camino hacia el Misterio comienza bajo el sol de la mañana del Domingo de Ramos. A las diez y media, el Barrio Bajo se convierte en un jardín de fe con la bendición de las palmas, un preludio de alegría que camina hacia la iglesia para celebrar, a las once, la primera Eucaristía de estos días santos.
Como en años anteriores, la celebración cobra una fuerza especial en sus momentos centrales. El Jueves Santo, tras la Eucaristía de la Cena del Señor a las siete de la tarde y el recogimiento de la Hora Santa a las once de la noche, el silencio se rompe al filo de la madrugada. A las doce en punto, la Procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno sale al encuentro de su pueblo, recorriendo las calles con una solemnidad austera y el respeto emocionado de los vecinos, uniendo a la comunidad en el recuerdo vivo de la redención.
Al llegar el mediodía del Viernes Santo, el Vía Crucis traza el mapa del dolor por las pendientes del pueblo, antes de que a las siete de la tarde se celebren los Oficios de la Muerte del Señor. Cuando la noche cae cerrada a las once, Albuñuelas se sumerge en la penumbra con la Procesión del Silencio, donde la imagen del Santo Sepulcro y el Cristo Yacente portan el peso del duelo por las vías estrechas.
Tras el reposo del Sábado Santo, que aguarda hasta las once de la noche para encender el fuego de la Vigilia Pascual, la luz definitiva asoma el Domingo de Resurrección. A las doce y media del mediodía, la Eucaristía de Resurrección anuncia que la vida ha vuelto a brotar.
En Albuñuelas la Semana Santa representa el puente entre el dolor de la cruz y la esperanza de la Resurrección. Es un momento de reflexión interior, de encuentro entre generaciones y de mantenimiento de costumbres heredadas con cariño y discreción.
Los vecinos, con su entrega silenciosa, logran que cada primavera el pueblo vuelva a teñirse de ese espíritu de fe cercana y auténtica.
Porque en este rincón granadino la devoción fluye con la misma naturalidad que el agua de las acequias. Aquí la Pasión se siente con hondura y quietud. Y cada año Albuñuelas recuerda que tras los días de luto siempre asoma la luz serena de la vida renovada.

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