Acequias: la Semana Santa que habita en el silencio.
En Acequias, la Semana Santa no se anuncia con grandes cortejos. Llega despacio, casi sin hacerse notar, como una respiración antigua que se guarda en el interior del pueblo y de quienes lo habitan.
Aquí no hay bullicio ni expectación. Hay silencio. Un silencio que no es ausencia, sino presencia contenida. Las puertas de la iglesia se abren y, dentro, la luz se vuelve más tenue, más íntima, como si invitara a mirar hacia dentro en lugar de hacia fuera. Es en ese recogimiento donde la Semana Santa encuentra su verdadero sentido.
Los días grandes la fe, en Acequias permanece. Se sostiene en los gestos pequeños, en los rezos compartidos, en el altar preparado con esmero, como aquel que aún queda en la memoria reciente de los vecinos.
Sucede en la quietud del templo, en el eco leve de las oraciones, en la penumbra que envuelve las imágenes. Es una celebración que no pretende impresionar, sino acompañar. Que no busca ser vista, sino sentida.
En Acequias la Semana Santa se recoge. Se hace íntima, casi secreta. Como una llama que no necesita viento para seguir encendida.
El pueblo volverá a vivir estos días desde esa calma que lo define. Sin estridencias, sin artificios. Solo con lo esencial: el silencio, la memoria y una fe que, lejos de desaparecer, ha aprendido a permanecer en lo invisible.

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