✝️🍊 La Semana Santa de Béznar: Ayer y Hoy de una Fe que Permanece 🍋
En el corazón del Valle de Lecrín, entre el perfume del azahar y el susurro de los naranjos, la Semana Santa de Béznar late con un pulso distinto. No es la grandeza de los tronos ni el estruendo de las bandas lo que la define, sino la memoria viva de un pueblo que, aunque cambie, sigue sosteniendo su fe con humildad y verdad.
🌿 El Ayer: Un pueblo lleno de vida y devoción
Según el testimonio de José Antonio del Río Garví, hubo un tiempo en que Béznar vibraba intensamente durante la Cuaresma y la Semana Santa. La presencia de un cura permanente, las escuelas llenas —con más de treinta niños en cada aula— y la implicación de vecinos y familias hacían de estos días un auténtico centro espiritual y comunitario.
Las calles se convertían en escenario de recogimiento y emoción. El Jueves Santo y el Viernes Santo salían en procesión imágenes como el Nazareno, la Dolorosa y el Crucificado. Especialmente recordada es la del Nazareno, que recorría la calle Real envuelto en silencio, incienso y devoción.
De ese sentimiento nace el poema de José Antonio, “Nazareno Beznero”, donde escribe con emoción:
“Quisiera ser costalero
y cargarte sobre mis hombros,
recorrer contigo sus calles…”
Y más adelante, evocando la esencia de aquellos días:
“Hay un perfume de azahares,
de atardecer y de incienso
mientras a Jesús, paso a paso,
lo llevan los Bezneros…”
Versos que no solo describen una procesión, sino un modo de vivir, de sentir y de pertenecer.
🍊✨ El Monumento al Santísimo: Tradición que perdura
Uno de los símbolos más singulares de Béznar es el Monumento al Santísimo, levantado en el interior de la iglesia de San Antón.
Ayer, eran los jóvenes quienes, con ilusión, recogían limones y cera por las casas para construir este altar efímero en la noche del Jueves Santo. Hoy, son principalmente las mujeres del pueblo quienes continúan esta labor, creando auténticas obras de arte con naranjas y limones donados por los vecinos.
La forma cambia cada año —una cruz, un sol, incluso figuras simbólicas— pero el sentido permanece: ofrecer lo mejor de la tierra al Santísimo Sacramento.
Tras la Semana Santa, aquellos cítricos que fueron ofrenda se reparten, manteniendo viva una tradición de solidaridad y comunidad.
🕯️ El Hoy: Silencio, memoria y continuidad
El paso del tiempo ha transformado Béznar. Ya no hay cura residente, ni la población de antaño. Las procesiones han dejado de salir en los últimos años, pero la Semana Santa no ha desaparecido: se ha recogido hacia dentro.
Las celebraciones litúrgicas continúan, adaptadas a los horarios de un sacerdote que atiende varios pueblos. Vecinos y descendientes regresan estos días, reencontrándose con sus raíces, compartiendo mesa, recuerdos y sabores: potaje de bacalao, pestiños, roscos, torrijas… 🥘🍯
La fe sigue viva, aunque más íntima. Más callada. Más esencial.
🌅 Entre la nostalgia y el amor
Para quienes, como José Antonio, vivieron aquella Béznar más poblada y activa, volver al pueblo es una mezcla de emociones: alegría por lo que permanece, y nostalgia por quienes ya no están.
Y sin embargo, el vínculo no se rompe.
Porque Béznar no es solo un lugar. Es memoria, familia, infancia… y fe.
“Cuánto daría yo, Cristo,
por ser hoy tu costalero
y poder mecer tu cuerpo
por esas calles de mi pueblo…”
💫 Una tradición que resiste al tiempo
La Semana Santa de Béznar no busca protagonismo. No necesita ruido. Vive en lo sencillo: en un Monumento de naranjas y limones, en una iglesia en silencio, en el recuerdo de una procesión que ya no sale… pero que sigue caminando en el corazón de su gente.
📚 Fuentes:
Testimonio oral de José Antonio del Río Garví.
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