Dúrcal, entre el Nazareno y la luz: la Semana Santa que renace en 2026.
En el abrazo verde del Valle de Lecrín Dúrcal se prepara para recibir la Semana Santa de 2026 como quien acoge un viejo amigo cargado de luz y de sombra. No es mera ceremonia: es el alma del pueblo que se desnuda, un canto callado de fe que recorre sus calles empedradas y sus plazas abiertas al cielo.
Desde el Domingo de Ramos, cuando las palmas bendecidas danzan como banderas de esperanza humilde, hasta el estallido de gloria del Domingo de Resurrección, Dúrcal vive la Pasión con esa intensidad serena que solo conocen los pueblos que guardan memoria. Niños que portan ramas, mayores que reviven costumbres y vecinos que se encuentran en la misma devoción.
El cartel de este año, obra de Ramón Martín Orta, ya ha puesto el tono: Nuestro Padre Jesús Nazareno como eje central, escoltado por ángeles y enmarcado por la sierra durqueña, anuncia días de profunda emoción. El III Pregón, pronunciado con voz sentida, y el concierto de la Coral Polifónica marcaron el inicio de la Cuaresma, preparando los ánimos para los días grandes.
En el Jueves Santo y especialmente en el Viernes Santo, las calles se convierten en un viacrucis vivo. Los pasos de misterio y las imágenes de Cristo y María desfilan con solemnidad antigua: Jesús Nazareno cargando su cruz, la Virgen de los Dolores envuelta en silencio y dolor.
Los cirios tiemblan, el incienso perfuma el aire y alguna saeta rasga el cielo como una oración de plata. Acompañado de la Banda Musical El Carmen de Dúrcal.
Viernes Santo, por la mañana Vía Crucis con la imagen del Cristo de la Expiración.
Por la noche Procesión del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de los Dolores.
Dúrcal conserva, además, tradiciones que la hacen singular en el Valle. Los hornazos endulzan las jornadas, símbolo de compartir y de fiesta familiar tras el recogimiento. Y en la noche del Sábado de Gloria, la Noche de Serenatas llena las calles de música y versos, donde los jóvenes expresan con guitarra y voz los sentimientos que el luto ha callado durante días. Es el puente entre el duelo y la alegría, entre la muerte y la vida que renace.
Las hermandades y cofradías, con su entrega silenciosa, tejen cada año este tapiz de fe. En 2026, con el cartel ya presentado y el pregón resonando aún en la memoria, Dúrcal invita a propios y extraños a detenerse bajo sus balcones floridos y a sentir cómo la Semana Santa no es solo recuerdo, sino pulso vivo: un tiempo en que el dolor se transforma en belleza, el silencio en canto y la cruz en esperanza.
Porque aquí, en este rincón granadino bañado por el sol del sur, la Pasión no se contempla desde lejos. Se camina, se llora y se celebra. Y cada primavera, como en este 2026, Dúrcal se convierte en un poema de fe que se escribe con pasos, con cirios y con el latido colectivo de un pueblo que sabe que, después de la noche más oscura, siempre amanece la Resurrección.

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