02 abril 2026

Semana Santa en Mondújar, Talará y Pinos del Valle 2026

Nazareno de Talará 

 El Latido del Valle: Pasión de Fe en Mondújar, Talará y Pinos del Valle.


​Donde los olivos centenarios custodian el silencio y las montañas parecen inclinarse ante el misterio, la Semana Santa se despliega no como un espectáculo, sino como un susurro compartido. En este rincón del Valle de Lecrín, los pueblos de Mondújar, Talará y Pinos del Valle trenzan sus historias en un solo rosario de devoción, donde el tiempo se detiene para dejar paso a la memoria del espíritu.


​El Despertar de la Esperanza:

​Todo comienza con el Domingo de Ramos en Pinos del Valle. Bajo la luz limpia de la mañana, el crujir de las palmas y el verde de los ramos de olivo bendicen el aire. Es el inicio de un viaje interior que recorre cada calle empedrada, donde la Eucaristía en la Parroquia marca el primer compás de una semana que huele a cera y a tierra mojada.


​El Jueves del Amor Entregado:

​Cuando el sol comienza a declinar tras las cumbres, la Cena del Señor convoca a los fieles. En Mondújar, el rito se inicia a las diecisiete horas, seguido por el recogimiento en Pinos del Valle y Talará a las dieciocho. Pero es en Pinos del Valle donde el Jueves Santo alcanza una solemnidad antigua. A las diecinueve horas, el silencio se rompe con la salida de los Sagrados Pasos. Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores caminan sobre los hombros de su gente, en un encuentro comunitario donde el dolor de la madre y el peso de la cruz se funden con el latido de un pueblo que siente la fe como propia sangre.


​El Viernes de la Soledad y el Camino:

​El Viernes Santo es un día de sombras largas y devoción honda. Los Oficios de la Muerte del Señor se celebran a las diecisiete horas en Mondújar y Pinos del Valle, y a las dieciocho en Talará. Sin embargo, el drama del Calvario se hace sendero en el Vía Crucis que une Talará con Mondújar. Es una estampa de siglos: el caminar de los fieles entre templos, recorriendo la distancia que separa el luto de la esperanza, mientras el rumor del agua de las acequias parece unirse al lamento de la liturgia.


​El Sábado de la Luz Renacida:

​Tras la oscuridad del sepulcro, la Vigilia Pascual llega para encender la vida. A las diecinueve horas, Mondújar, Pinos del Valle y Talará se convierten en faros de alegría. Es la noche de la Pascua, el momento en que el luto se transforma en azahar y la muerte se rinde ante la Resurrección.

​En estos pueblos, la Semana Santa no se mide por la multitud, sino por la intensidad de la mirada de un vecino ante su imagen, por el relevo generacional que sostiene las andas y por esa labor discreta de las hermandades que mantienen viva la llama. Aquí, entre el aroma del valle y la quietud del monte, la Pasión es una primavera del alma que nos recuerda que, tras cada calvario, siempre amanece la luz serena de una vida renovada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario