⚖️ MÁS PLEITOS, MÁS TIERRAS ROBADAS: LO QUE RESTÁBAL OCULTÓ EN SUS SUERTES
Nuevos casos del Libro de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal
Si el primer artículo de abusos parecía mucho, es porque aún no habíamos llegado a Restábal.
El Libro de Repartimiento de Restábal —más completo que el de Melegís, con décadas de registros entre 1572 y los años veinte del siglo XVII— es un escaparate de lo que ocurría cuando el Estado confiscaba tierras, las repartía entre repobladores y luego se daba la vuelta. Lo que ocurría, básicamente, era que cada cual aprovechaba la confusión para quedarse con lo que podía.
Fraudes en el reparto. Alcaldes que administraban lo ajeno. Eclesiásticos que reclamaban lo que no era suyo. Vecinos que regresaban a pedir lo que habían perdido. Herederos de herederos disputando bancales de tres morales.
Y encima, en Melegís, un escribano asesinado y todos sus registros quemados. La coartada perfecta para que nadie pudiera demostrar nada.
Abrid el folio. 📜
🔥 CASO I: EL ASESINO DE REGISTROS — EL ESCRIBANO PILADO
«Los moros mataron al escribano y quemaron todos sus papeles»
En Melegís, durante el alzamiento morisco de 1568, los rebeldes de Nígueles entraron en el Valle. Mataron a un escribano llamado Pilado —que residía y ejercía allí— y quemaron todos sus registros y escrituras.
Este hecho, recogido en declaración testifical ante el juez Machuca, es fundamental para entender por qué el Apeo de 1572 está lleno de propietarios sin títulos. Buena parte de las escrituras de compraventa, censos, herencias y contratos que legalizaban las propiedades del Valle ardieron con Pilado.
La consecuencia práctica fue devastadora: cualquiera que quisiera reclamar una propiedad sin documentos podía alegar, con toda verosimilitud, que sus escrituras habían perecido en aquel incendio. El juez Machuca lo sabía. Los vecinos lo sabían. Y algunos se aprovecharon.
Testigo tras testigo en el Apeo repite la misma cantinela: «no sabe si tenía escritura, ni si se le quemó o perdió, ni ante qué escribano pasó». Una frase que lo mismo podía ser verdad que mentira cómoda. El registro destruido era el crimen perfecto contra la propiedad: sin papeles, nadie podía probar nada, ni en un sentido ni en el otro. 🔥
⛪ CASO II: BALERIANO MACHUCA — EL ALCALDE QUE SE QUEDÓ CON LA SUERTE DEL CURA
La herencia del hermano que no le pertenecía
Baleriano Machuca era uno de los hombres más influyentes de Restábal. Alcalde, testigo habitual en escrituras, árbitro en truques y cambios. Su nombre aparece en decenas de folios del libro.
Y también en uno de los casos más flagrantes de apropiación indebida del Repartimiento.
Su hermano, el maestro Juan Martínez, era beneficiado —cura— del lugar de Restábal, y como tal le correspondía una suerte específica asignada al beneficio eclesiástico. Cuando Juan Martínez murió, la suerte debía pasar al siguiente beneficiado: el licenciado Gregorio de Morillo. Pero Baleriano Machuca se interpuso.
«Machuca se apropió de la suerte al morir su hermano Juan Martínez», dice el texto sin ambages. Gestionó la suerte «en nombre del beneficiado», declaró ante los alcaldes que estaba «bien confeccionada», reclamó que le faltaban ocho olivos, un albaricoque y un peral... y no la devolvió.
El licenciado Morillo tuvo que acudir a las autoridades. Las sentencias del Presidente y Oidores de la Real Chancillería de Granada —nada menos— ordenaron que la suerte se devolviera al beneficio eclesiástico para que la poseyera quien ocupara el cargo de la iglesia.
Machuca la devolvió. Ante el escribano. Con su firma. 📋
Pero aún quedó otro episodio con él, como veremos más adelante.
📜 CASO III: BALERIANO MACHUCA (OTRA VEZ) — LA VENTA ILEGAL AL CURA
Vender lo que no se puede vender... a quien no se puede vender
Años después de devolver la suerte del beneficio, Baleriano Machuca el Mozo —hijo o pariente del anterior— cometió exactamente la misma clase de error que el Concejo de Restábal no estaba dispuesto a tolerar.
Vendió un tercio de su suerte al licenciado Cristóbal de Morales, vicario del Valle y beneficiado de Restábal. Es decir: vendió tierra de repoblación a un eclesiástico.
El problema no era moral. Era jurídico y administrativo. Las condiciones de la repoblación impuestas por Felipe II eran explícitas: las suertes no podían venderse «a persona eclesiástica sino a persona lega, llana y abonada». El motivo era práctico: si un cura compraba tierra de repoblación, quedaba fuera del fuero civil. Las justicias del rey no podían obligarle a pagar el censo, las alcabalas, los peones de acequia ni a participar en las obras concejiles —puentes, fuentes, caminos— que debían hacer todos los vecinos.
El Concejo al completo, reunido en 1609, declaró la venta «falta de valor» y «ninguna». El escribano notificó al beneficiado que desistiera. Morales obedeció y renunció al tercio. Machuca lo recuperó, prometió pagar el censo íntegro de su suerte y dio por libre al cura de los 66 ducados que le debía.
Una transacción entera —compraventa, pago parcial, posesión— anulada de raíz porque nadie leyó las condiciones antes de firmar. O porque alguien esperaba que nadie las leyera. 💸
🌿 CASO IV: PEDRO DE LA MONTICALIA — EL MORISCO QUE SE QUEDÓ CON UN MORAL AJENO
Seis o siete años cogiendo la hoja de un árbol que no era suyo
En Restábal, durante el proceso del Apeo, el clérigo Pedro de Aragón declaró que poseía un moral junto a las Eras de la iglesia. El problema: lo tenía ocupado Pedro de la Monticalia y sus hijos, moriscos, «abra seys o syete años».
Seis o siete años cuidando y aprovechando un árbol ajeno. Cogiendo su hoja de morera —fundamental para la cría del gusano de seda, el gran negocio del Valle de Lecrín en el siglo XVI—. Sin escritura, sin título, sin permiso.
El juez ordenó que Pedro de Aragón presentara más información en nueve días. El árbol tenía dueño. La hoja también.
No sabemos cómo acabó. Pero el hecho de que esté registrado significa que alguien lo denunció, alguien lo investigó, y alguien tuvo que comparecer a explicarse. Para un moral. Para la hoja de un moral. 🌿
🍂 CASO V: LA PELEA DE LORENÇO ZULAN — LOS VECINOS QUE SE PELEABAN POR LAS HOJAS
Una riña que sirvió de prueba de propiedad diez años después
En el mismo Apeo de Restábal, Alonso de Perpiñán declaró que su mujer Juliana López poseía un moral en el Pago del Carrichal, en tierra de un vecino llamado Lorenço Zulan.
Para probarlo, el testigo Francisco López de Arica contó al juez Machuca algo que había presenciado hacía diez años: que Antón de Pliego —primer marido de Juliana López— «le vio reñir un dia con el dicho Lorenço Zulan sobre que le abia coxido la hoja del dicho moral».
Una discusión entre vecinos hacía diez años. Gritos. Quizá insultos. Quizá empujones. Nadie pensó en ese momento que aquella trifulca por unas hojas de morera se convertiría en la única prueba de propiedad disponible ante un juez real.
Pero así era el Valle de Lecrín en 1572: un lugar donde la memoria de una riña valía más que una escritura. Porque las escrituras las había quemado el escribano Pilado. 🗣️
🏚️ CASO VI: LAS TIERRAS DE AGUSTÍN REDONDO — VENDIDAS EN SUBASTA PARA PAGAR MULTAS
El morisco que debía al rey y pagó con sus haciendas
El caso del morisco Agustín Redondo ilustra un mecanismo de despojo legal que el Apeo apenas menciona pero que debió ser frecuente: la subasta pública de bienes para pagar deudas con la Corona.
Antes del alzamiento, Agustín Redondo tenía tres pedazos de haça y olivar, con morales, en término de Restábal. Pero debía al rey ciertas «penas de cámara» —multas impuestas por las autoridades—. Un ejecutor de Su Majestad llamado Pero Mejía de Tapia subastó públicamente sus bienes para cobrar esas deudas. Pregones. Remates. Posesión.
Los tres pedazos de haça fueron adjudicados en pública almoneda a Francisco López de Arica, el mejor postor, en diciembre de 1568, apenas semanas antes del gran alzamiento de enero de 1569.
¿Debía realmente Agustín Redondo esas penas? ¿O eran una excusa legal para forzarle a vender? El documento no lo dice. Pero la coincidencia de fechas —subasta en diciembre de 1568, levantamiento en enero de 1569— resulta inquietante. 📅
🧱 CASO VII: ALONSO ENBUENHORA — AGRAVIADO EN EL OLIVAR DEL MOJÓN
Un trueque que salió mal y nadie quería reconocer
Alonso Enbuenhora, repoblador de Restábal, compareció ante los alcaldes el 1 de Octubre de 1596 para revisar su suerte. La encontró bien hecha en general, pero tenía una reclamación concreta: le faltaba un higueral en el Helechar que alindaba con Juan López Vizcaino y con Alonso Ruiz.
Y además, estaba «agraviado en un trueque que realizó con Perpiñán en un olivar situado junto al Mojón de Saleres».
El agravio en un trueque: esa frase tan pequeña y tan cargada. Dos vecinos habían intercambiado propiedades y uno de ellos sentía que había salido perjudicado. Que le habían dado menos de lo que entregó. Que el cambio no fue equitativo. Que alguien le había engañado, o que el conocedor había tasado mal, o que simplemente el tiempo había demostrado que las tierras no valían lo mismo.
El libro no resuelve el agravio del olivar. Lo deja consignado. Como tantas otras cosas. 🫒
🕵️ CASO VIII: JUAN LÓPEZ VIZCAINO — EL CONOCEDOR ACUSADO
El árbitro del reparto que favorecía a los suyos
Juan López Vizcaino era el conocedor de las suertes de Restábal: el cargo designado por el Concejo para identificar, delimitar y asignar las propiedades en el proceso de repartimiento. Una figura clave. Un árbitro indispensable.
Y también un acusado.
Cuando Diego de Villegas León compareció el 1 de Octubre de 1596 como poseedor de la suerte del ausente Pedro Vázquez, tras escuchar la lectura de sus partidas, dijo que estaba conforme con ella «especificando que parecía que Bartolomé de Alfaro y Juan López Vizcaino le habían quitado alguna labor y por eso la suerte no estaba completa como había estado anteriormente».
El conocedor y un alcalde habían mermado la suerte de un ausente. Quitado trabajo. Recortado propiedades. ¿Error de medición? ¿Beneficio propio? ¿Favoritismo hacia alguien que sí estaba presente y podía reclamar?
Diego de Villegas León dijo que estaba conforme «a pesar de ello». La frase de quien sabe que protestar en voz alta no sirve de nada cuando el árbitro es también parte. 🎭
🏛️ CASO IX: EL HIDALGO DE LA ZUBIA — ALONSO RODRÍGUEZ DE JUNTERON
El repoblador que reclamó privilegios de nobleza para no pagar
En 1602, el Concejo de Restábal admitió como nuevo vecino a Alonso Rodríguez de Junteron, que sucedía en media suerte de Bartolomé de Alfaro. Aceptó la vecindad. Firmó la carta de censo. Se comprometió a pagar lo que le corresponde como el resto de los vecinos.
Y entonces llegó la sorpresa: «se obliga a todo menos a pagar los repartimientos que no le tocan porque era hijodalgo y no podía ser obligado a pagar ciertas cosas al tener tal título».
Hijodalgo. Nobleza. Exención fiscal.
El Concejo ni se fiaba ni le dejaba pasar: «no les consta que sea hijodalgo». Admitieron la vecindad provisionalmente y enviaron a dos vecinos —Baleriano Machuca y Pedro Guerra— a investigar en La Zubia, localidad de origen de Junteron, si era verdad lo que alegaba.
La respuesta llegó pocas semanas después: sí. Era hijodalgo de sangre. El concejo de La Zubia lo confirmó. Y el Concejo de Restábal, ante la evidencia, le reconoció sus privilegios: libre del repartimiento de moneda forera, exento de pechos, con sus prerrogativas de nobleza guardadas.
Un repoblador que llegó a un pueblo devastado alegando nobleza para no pagar impuestos. Y tenía razón. La Historia no siempre premia a los pícaros. 🏴
📋 CASO X: FRANCISCO NAVARRO — LOS DOS OLIVOS QUE RETENÍA
Un vecino con lo que no le tocaba
La suerte número ocho del Repartimiento de Restábal correspondió a Baleriano Machuca. Cuando la revisó el 30 de Septiembre de 1596, estaba conforme con ella «excepto que le faltaban dos olivos que los tenía Francisco Navarro».
Dos olivos. Que estaban en la suerte de Machuca. Y que los tenía su vecino Francisco Navarro. Sin más explicación. Sin que conste escritura, trueque ni compra. Simplemente: los tenía.
Los alcaldes y vecinos presentes dijeron que se los devolverían. «Se cumpliría el desagravio encontrado en esta suerte».
¿Cómo acabó? El libro no lo cuenta. Pero ese verbo —desagravio— es revelador. El agravio ya estaba hecho. Dos olivos que alguien había tomado y el sistema reconocía que no eran suyos. 🫒
⚰️ CASO XI: LA SUERTE DE LUISA GARCÍA — LA CASA CAMBIADA Y EL AGRAVIO
Los huérfanos que protestaron y lograron que se deshiciera el trueque
La suerte número veintisiete de Restábal correspondía a Luisa García y sus herederos. Cuando los hijos de Luisa —representados por Alonso Ruiz, tutor de sus hermanos menores— comparecieron el 9 de Octubre de 1596 para revisar lo recibido, comprobaron cada partida.
Y encontraron el problema: «estaba agraviado en lo de la casa».
Alguien había realizado un cambio de vivienda que perjudicaba a los herederos de Luisa García. El alcalde, visto el agravio, actuó de inmediato: «trata de quitar el agravio estando presente Juan López Vizcaino por lo que se deshizo el cambio y se volvió a como estaban las viviendas en el primer registro».
La casa volvió a su lugar. El trueque quedó deshecho. Los huérfanos recuperaron lo que era de su madre.
Una de las pocas veces en todo el Apeo en que la justicia llegó rápido, en el mismo acto, sin esperar al Consejo de Granada. 🏠
🧾 CASO XII: BALERIANO MACHUCA VS. EL LICENCIADO MORILLO — EL CAMBIO DESHECHO
Dos señores que acordaron un trueque y luego lo rompieron
En Mayo de 1616, ante el escribano de Restábal, compareció el licenciado Cristóbal de Morales —sí, otra vez un eclesiástico— junto a Baleriano Machuca para comunicar algo llamativo: el cambio de propiedades que tenían acordado entre ellos «quedaba deshecho y sin valor alguno».
Querían que no valiera. Que no se respetara. Que cada uno volviera a lo suyo.
El libro no explica por qué habían decidido dar marcha atrás. ¿Desacuerdo sobre lo que valía cada parcela? ¿Cambio de planes? ¿Presión del Concejo? No se sabe.
Lo que sí se sabe es que acordaron anularlo ante testigos —Francisco Urquiza, Melchior de Santacruz y Francisco Ruiz de la Muela— y ante el escribano, y lo pusieron por escrito en el libro para que «ninguna de las partes adquiera derecho sobre los bienes cambiados».
Dos hombres que habían decidido intercambiar tierras y luego habían cambiado de opinión. Y el libro lo registra todo, porque en Restábal, si no estaba en el libro, no existía. 📖
🌊 CASO XIII: PEDRO VÁZQUEZ — EL REPOBLADOR FUGADO QUE DEBÍA DINERO
Diez ducados, doce reales y una vecindad incumplida
Pedro Vázquez era repoblador de Restábal. Tenía una suerte. Tenía obligaciones: pagar el censo, residir en el lugar, participar en el concejo. Y en algún momento simplemente... se fue.
No se fue huyendo de los moros, como María de Chaves. Se fue porque sí. Abandonó la vecindad.
El Concejo le reclamó varias veces que volviera. No volvió. Le exigieron que pagara: diez ducados al Concejo y doce reales más según las cuentas tomadas ante el escribano Juan de Cuenca. No pagó.
Al final, el Concejo admitió como nuevo vecino a Francisco González, vecino de Granada, que se casó con María de Perpiñán y recibió tierras en Restábal por dote. González aceptó hacerse cargo de la suerte y de las deudas de Pedro Vázquez con la hacienda real. El alcalde Diego de Aragón fijó como plazo límite la Navidad para que Vázquez apareciera. No apareció.
Pedro Vázquez: el repoblador que tomó sus tierras, no pagó sus deudas y desapareció. Un caso de fraude por abandono que el sistema resolvió entregando la suerte a otro.
Y la deuda que dejó Vázquez la pagó González. Así funciona la repoblación del siglo XVI. ⏳
🏴 CASO XIV: LOS ALCALDES Y ALGUACILES DE CAMPO — LA EXTORSIÓN INSTITUCIONAL
El mandamiento que nadie había cumplido
En 1617, el Consejo de Hacienda y Población de Granada emitió un mandamiento urgente contra los alcaldes ordinarios, alguaciles de campo y guardas de los lugares de la Vega, Valle y Sierra.
El motivo: habían «contravenido el capítulo quince de la nueva población». Y lo que hacían era esto: «ponían muchas penas y sacaban prendas inquietando a la población, en claro perjuicio contra los repobladores y sus familias».
Los propios representantes del orden —alcaldes, alguaciles, guardas— imponían multas arbitrarias, embargaban bienes y presionaban a los vecinos. No como medida de justicia. Como mecanismo de extorsión.
El Consejo de Granada tuvo que intervenir desde arriba para frenarlos desde abajo. El mandamiento fue pregonado en la puerta de la iglesia de Restábal, un domingo, estando la mayor parte de los vecinos juntos. Lo notificaron los alcaldes Bastián Ruiz de la Muela y Miguel Sánchez. No supieron firmar. Dejaron su signo.
El pregón para que los que mandaban dejaran de abusar. En la puerta de la iglesia. Ante todo el pueblo. 🏴
🔍 LO QUE UNE TODOS ESTOS CASOS
Leyendo el Libro de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal folio a folio, de principio a fin, emerge una imagen que ningún decreto real quiso reconocer abiertamente:
La repoblación del Valle de Lecrín fue un proceso profundamente caótico, plagado de fraudes a todos los niveles.
Los moriscos habían perdido sus tierras por la fuerza. Los repobladores llegados de fuera encontraron un vacío y lo llenaron como pudieron, muchas veces tomando más de lo que les correspondía. Los vecinos con autoridad —alcaldes, regidores, conocedores— usaron su posición para quedarse con lo mejor. Los eclesiásticos intentaron acumular propiedades que luego tuvieron que devolver. Los ausentes perdían sus suertes. Los hijodalgo alegaban privilegios. Los que tenían escrituras se las habían comprado a moriscos que vendían presionados o con urgencia. Y los que no tenían escrituras alegaban que se las quemaron.
Y en el centro de todo, el escribano. Tomando nota. Poniendo su rúbrica. Dejando constancia de todo aquello para que, cuatro siglos y medio después, alguien pudiera leerlo y preguntarse: ¿cómo fue posible?
«Se obligaron que agora ni en tienpo alguno irán ni biendrán contra ello. Y por quitarse de pleitos y debates que podrían suceder, obligaron sus personas con todos sus bienes.»
Y luego volvieron. Siempre volvieron. 🕯️
Fuente: M. Espinar Moreno, C. González Martín, A. de la Higuera Rodríguez, I. C. Gómez Noguera. «El Valle. Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal». Granada, 2006 / Digibug 2022.
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