23 mayo 2026

PLEITOS, ABUSOS Y TIERRAS ROBADAS EN MELEGÍS Y RESTÁBAL


⚖️ PLEITOS, ABUSOS Y TIERRAS ROBADAS EN MELEGÍS Y RESTÁBAL

Lo que el Libro de Apeo no quería encontrar... pero encontró

Cuando el licenciado Jusepe Machuca llegó a Melegís en febrero de 1572, venía a hacer un inventario. Un recuento frío de lo que la Corona había confiscado a los moriscos expulsados. Un trabajo de escribano, no de juez.

Pero el Valle de Lecrín le esperaba con algo que ningún decreto había previsto: un avispero de fraudes, ocupaciones ilegales, engaños y rapacerías que convertían el proceso de repoblación en una selva donde el más listo —o el más descarado— se quedaba con lo ajeno. 🐺

El Libro de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal no es solo un catastro. Es, sin quererlo, un expediente judicial en tiempo real. Cada folio que giras puede esconder una denuncia, una confesión, un agravio o una mentira dicha bajo juramento.

Estos son sus casos más turbios.

🔥 CASO I: LA GRAN USURPACIÓN DE HERNANDO DE CÓRDOBA

«Un cristiano viejo se había entrado en mucha cantidad de tierras del rey»

El primero en dar la voz de alarma fue Hernando Siles Córdoba, arrendador del lugar de Melegís. Presentó petición tras petición ante el Consejo de Hacienda reclamando que se enviara un juez porque «un cristiano viejo se avía entrado en mucha cantidad de tierras de su Magestad, e avra arado el dicho hombre las eras del dicho pueblo».

Las eras del pueblo. Las eras del concejo. El espacio colectivo donde todos los vecinos trillaban su grano. Alguien las había arado y apropiado como si fueran suyas.

El señalado era Hernando de Córdoba, regidor del propio lugar. Es decir: uno de los hombres de autoridad del pueblo se había apropiado de bienes que pertenecían al rey y al concejo. Lo hacía desde dentro. Con impunidad.

El regidor Antonio Baelo añadió más leña al fuego con un escrito que el Apeo recoge literalmente: pedía que Hernando de Córdoba, María de Chaves, Gregorio de Urquiza y Diego de la Paz «muestren por donde poseen la dicha hazienda que poseen en el dicho lugar». O lo que es lo mismo: que justifiquen con documentos lo que tienen, porque nadie sabe cómo lo obtuvieron.

Cuatro personas con propiedades de dudosa procedencia. En un pueblo de 36 vecinos. Proporciones alarmantes. 📋

🕵️ CASO II: JUAN LÓPEZ, EL VIEJO — EL ACUSADO MÁS ESCURRIDIZO

Un olivo, una acequia y una haça que no eran suyos

El alcalde ordinario Alonso Román lo denunció el 30 de abril de 1577 ante el Consejo de Hacienda de Granada:

«Juan Lopez el Biejo, vezino del dicho lugar de Melexix, tiene tomada e usurpada muchos bienes e hazienda de su Magestad en el termino del dicho lugar, que fue de moriscos rebelados deste Reyno, la qual dicha hazienda tiene y goza el dicho Juan Lopez por suya, muchos años».

Tres bienes concretos le imputaron los testigos:

1️⃣ Un olivo en la haça de Pedro González. Cuando se hizo el primer reparto de bienes moriscos, a Pedro González le tocaron cuatro olivos. En el segundo arrendamiento, Juan López el Viejo apareció reclamando que uno de esos cuatro era suyo —que lo tenía a censo de la iglesia de Salobreña—. Sin más, «se entro en el dicho olibo, y lo tiene y posee». Nadie sabía si tenía título. Nadie se lo había preguntado.

2️⃣ Una acequia. El mismo Juan López había desviado una acequia antigua que pertenecía a un morisco ya expulsado —acequia que pasaba junto a su hacienda— y en su cauce seco «puso unos arboles por ser de ningún provecho». Plantó árboles en un canal de riego público. Lo convirtió en propiedad privada.

3️⃣ Una haça en el Camino del Chite. El juez Machuca la había dado a Hernando de Córdoba como poblador y repoblador. Cuando Machuca se fue, Juan López «se a entrado en ella, y la tiene y posee, y la tiene puesta de olibos y higueras». Árboles plantados para consolidar la posesión. El truco más viejo del mundo: planta y espera. 🌱

Llamado a confesar, Juan López no negó nada de fondo. Para el olivo alegó tener escritura de censo —que mostró—. Para la acequia dijo que era de «ningún provecho» y que por eso la usó. Para la haça del Chite afirmó haberla comprado a un morisco llamado Mayordomo, de Lanjarón, antes del alzamiento, debiendo todavía quince ducados al tiempo de la rebelión, que pagó después.

El escribano Alonso Sánchez revisó sus documentos. Los encontró suficientes para esa haça. Pero lo dejó «hasta tanto de dar notiçia a los señores del Consejo». La cosa quedó en el aire.

Juan López el Viejo: el hombre que siempre tenía una escritura justo a tiempo. ⚖️

🍇 CASO III: GREGORIO DE URQUIZA — LOS PARRALES AJENOS

«Se entró en ellos y los tiene y posee»

El alcalde Alonso Román también denunció a Gregorio de Urquiza, yerno de Francisco de Valles —el gran propietario cristiano viejo de Melegís—. El asunto: unos parrales de uva xatagoíl que habían pertenecido al morisco Alonso el Madrabi.

En el primer reparto, esos parrales se habían asignado a Rodrigo Alonso, poblador del lugar. Durante tres años los tuvo legalmente. Pero en el segundo arrendamiento, Gregorio de Urquiza «se entro en los dichos parrales, y los toma, e tiene e posee, gozando de los frutos dellos, sin ser suyos».

Tres testigos dijeron lo mismo. Uno añadió el detalle que lo explica todo: los parrales «estan junto a una huerta del dicho Gregorio de Urquiça, que tiene de propiedad en el dicho lugar». La contigüidad le dio la excusa. Mi huerta linda con esos parrales; pues los parrales son míos.

El morisco Bernabé de Baeza, conocedor oficial de las haciendas del lugar, fue aún más claro: según él, esos parrales eran de su suegro Francisco de Valles, no de Urquiza. ¿Herencia encubierta? ¿Traspaso irregular dentro de la familia? El Apeo lo deja sin resolver. 🍂

🫒 CASO IV: JUAN LÓPEZ DE ORTEGA — TRES MORALES Y UN BANCAL

La compra que incluía más de lo comprado

El 13 de abril de 1577 el alcalde Alonso Román denunció a Juan López de Ortega: había comprado a Diego de Arroyo, escribano de Granada, una haça de morales. Hasta ahí, legal. Pero al tomar posesión, «se a entrado en un bancal de tierra questa junto a ella, con tres pies de morales, la qual es de su Magestad».

El bancal con tres morales no estaba incluido en la venta. Era tierra del rey. Había pertenecido al morisco Lorenço Leborisque o Çelerisque —los testigos no se ponen de acuerdo en el apellido—, expulsado del reino. Pero Juan López de Ortega se había apropiado de él alegando que formaba parte de lo que había comprado.

Llamado a confesar, dijo «que con la demas hazienda que alinda con la dicha haça y morales, se la vendio Diego de Arroyo». Es decir: creía haberlo comprado. O decía creerlo.

El escribano Alonso Sánchez tomó posesión del bancal y los tres morales en nombre de la Corona, con todos los que estaban presentes como testigos. Juan López de Ortega había de probar su derecho ante el Consejo de Granada si quería recuperarlos.

Tres morales. Un bancal. Un proceso judicial ante el Consejo de Hacienda de Granada. La máquina burocrática imperial puesta en marcha por tres árboles. 🌳

🌾 CASO V: MARÍA DE HERBAS — LA VIUDA QUE SE LO QUEDÓ TODO

«En el dicho lugar entre todos los vecinos se a murmurado mucho»

María de Herbas era la viuda de Francisco de Valles, el más poderoso de los cristianos viejos de Melegís y socio de negocios del morisco Alonso el Madrabi en los molinos y hornos del lugar.

Cuando el juez Machuca llegó a investigar los bienes del Madrabi, descubrió que María de Herbas, en los cuatro meses anteriores, había tomado posesión de prácticamente todo lo que habían compartido su marido y el morisco:

Las eras del concejo: las tenía sembradas de trigo.

La huerta: también sembrada y recogiendo fruto.

Los naranjos: cogiendo la cosecha.

Los siete olivos: recogió la aceituna, «aunque no save qué tanto abra cojido».

Los hornos: gozando de las poyas —el pago en especie por moler el grano—.

El sacristán Hernando de Porres, testigo, lo resumió sin rodeos: «en el dicho lugar entre todos los veçinos se a murmurado mucho de que la dicha María de Herbas se aya entrado en los dichos bienes».

María de Herbas sabía que el Madrabi había muerto o huido. Sabía que sus bienes serían confiscados. Y actuó antes de que llegara el juez: se adelantó, tomó posesión de facto y esperó a ver si alguien la frenaba.

Alguien la frenó. Pero el Apeo no nos dice qué pasó después con exactitud. 💸

🩸 CASO VI: EL FRAUDE DEL OLIVAR — JUAN LÓPEZ Y LAS ACEITUNAS MENTIDAS

«Nos engañó. Porfiaba que era suyo. Lo cosechó. Luego confesó que no»

El regidor Antonio Fiallo presentó ante el juez Machuca una denuncia que tiene algo de sainete dramático y mucho de cabreo vecinal.

Estaban repartiendo la aceituna del lugar: los vecinos paseaban por los olivos para echar suertes y asignarse la cosecha. Iban con los repartidores. Y Juan López, vecino del lugar, al llegar a cada árbol gordo y cargado, decía que era suyo o de la iglesia.

«Llegamos a dos matas de olivar, y nos dixo que era suyo, y nos engaño, y perfio suyo, y lo defendio todo lo posible, y cojo y esquilmo».

Lo defendió. Lo cosechó. Se llevó la aceituna.

Luego, cuando lo llevaron al pueblo, confesó que no era suyo. Que era de Sus Majestades.

El regidor Fiallo pedía al juez «mande que se nos buelva el esquilmo que a cojido de los dichos arboles que el usurpo». Devuelve las aceitunas que te llevaste con mentiras.

Y añadía otro abuso: «ay vezinos propios, que tienen hazienda y casas suyas, y las tienen arrendadas, y biven en las de su Magestad». Es decir: gente que tenía casa propia, la alquilaba para sacar dinero, y vivía gratis en una casa de la Corona. 🏠

🏛️ CASO VII: ALONSO DE PALOMARES — EL MOJÓN QUE NUNCA ESTUVO QUIETO

Cuarenta años quitando linderos. Una provisión real. Y seguía

Este caso es el más largo, el más obstinado y quizá el más revelador de cómo funcionaba la justicia local cuando el infractor era vecino con influencias.

Alonso de Palomares, vecino de Restábal, tenía usurpado un pedazo de tierra de la suerte del beneficio eclesiástico —la renta asignada al cura del pueblo— en el Pago de los Cauchiles, en la llamada Peraleda.

El beneficiado lo denunció. Se tramitó el caso hasta la Real Chancillería de Granada. Los señores Presidente y Oidores fallaron a favor de la iglesia: provisión real, notificación a Palomares y a los alcaldes del lugar. La tierra fue devuelta formalmente ante el escribano Pedro de Ledesma.

Palomares la devolvió. Y siguió quitando los mojones.

Año tras año, día tras día, movía los linderos que separaban la finca del beneficio de las suyas. El nuevo beneficiado, el licenciado Jacinto Bravo, volvió a denunciar décadas después. El alcalde Juan de Alfaro convocó a dos peritos —uno por cada parte— para que amojonaran de nuevo. Cuando fueron al campo, descubrieron que Palomares había roto el balate —el murillo de piedras que marcaba el límite— y encima «tenía cavada y quitada» una viña que pertenecía a los menores del difunto Bastián Ruiz, que también había sido despojada.

No solo le robaba a la iglesia. También a los huérfanos de su vecino.

Los dos peritos juraron ante Dios y con el libro del Apeo en las manos que harían su trabajo bien. Amojonaron. Documentaron. Y el libro lo recoge. Pero el lector desconfía: ¿cuánto tardaría Palomares en volver a mover la piedra? 🗿

📜 CASO VIII: LOS ALCALDES Y ALGUACILES QUE ABUSABAN DE SU CARGO

El capítulo 15 de la Nueva Población, incumplido

No todos los abusos venían de los particulares. Un mandamiento recogido en el Libro de Repartimiento de Restábal deja constancia de que los propios alcaldes ordinarios, alguaciles de campo y guardas de los lugares de la Vega, Valle y Sierra habían «contravenido el capítulo 15 de la nueva población»:

«Ponían muchas penas y sacaban prendas inquietando a la población, en claro perjuicio contra los repobladores y sus familias».

Multas arbitrarias. Embargo de bienes. Presión sobre los vecinos que habían llegado de fuera a repoblar unas tierras devastadas. Quienes debían proteger el orden eran quienes más lo alteraban.

Las justicias reales de Granada tuvieron que intervenir. Un mandamiento desde arriba para frenar los abusos de los que mandaban abajo. El ciclo habitual del poder mal ejercido. 🏴

🌊 CASO IX: LAS ESCRITURAS QUEMADAS — LA EXCUSA PERFECTA

«Se me perdieron en el alzamiento»

Este no es un caso de fraude probado. Es algo más sutil: el abuso de la catástrofe como coartada.

Una y otra vez, a lo largo de los folios del Apeo, los vecinos que reclamaban propiedades sin poder mostrar documentos alegaban lo mismo: «las escripturas se me perdieron», «se me quemaron en el alçamiento», «no hallo entre mis papeles».

El licenciado Machuca lo tomaba en cuenta. Era una posibilidad real: el alzamiento morisco de 1568 había sido una guerra, y en las guerras arden papeles. Pero el Apeo también registra casos donde el juez exigía información adicional —testigos, declaraciones, memorias— porque la coartada del incendio era demasiado conveniente para demasiada gente.

Varios vecinos pedían al juez que «abida informaçion de lo suso dicho, esta presto de dar». Palabras de quien confía en que los testigos lo salvarán. Palabras, a veces, de quien ya ha hablado con los testigos antes del juicio. 🔥

⚠️ LO QUE EL APEO REVELA ENTRE LÍNEAS

Cuando se lee el Libro de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal prestando atención a sus pliegues y no solo a su superficie, emergen cuatro verdades incómodas sobre la repoblación del Valle de Lecrín:

1️⃣ La confiscación fue el pretexto, no el motivo. Muchos vecinos no esperaron a que el juez llegara para repartir. Ocuparon primero, alegaron después. Las tierras de los moriscos expulsados fueron para quienes se atrevieron a tomarlas antes de que nadie lo impidiera.

2️⃣ Los poderosos se servían del proceso. Los regidores, los arrendadores, los que tenían contactos en Granada: estos fueron quienes acumularon más tierra en menos tiempo. El proceso de repoblación, diseñado para asentar nuevos vecinos pobres venidos de fuera, fue capturado en buena medida por los que ya estaban y ya tenían.

3️⃣ Los mojones se movían de noche. Literalmente. El caso de Alonso de Palomares es el mejor documentado, pero el Apeo sugiere que la manipulación de linderos era práctica habitual. Plantar árboles en tierra ajena, arar eras del concejo, desviar acequias: todos estos actos requerían tiempo y nocturnidad.

4️⃣ La justicia llegaba tarde, y a veces no llegaba. Hernando Siles Córdoba presentó «tres o cuatro peticiones» pidiendo que se enviara un juez para amojonar los términos antes de que Machuca viniera. Nadie fue. «Los veçinos a causa de no yr el dicho Juez reçiben notorio agravio». La máquina burocrática de la monarquía hispánica era poderosa sobre el papel. Sobre el terreno, funcionaba cuando llegaba. Y tardaba en llegar. ⏳

🔚 EPÍLOGO: EL ESCRIBANO QUE LO SABÍA TODO

Hay algo perturbador en releer estos folios. El escribano —Antonio Pérez en Melegís, Pedro de Xerez y otros en Restábal— lo anotaba todo. Las denuncias, las confesiones, las contradicciones, los testimonios de quienes decían no saber firmar y sin embargo habían visto perfectamente lo que declaraban.

Anotaba y callaba. No era su trabajo juzgar. Era su trabajo escribir.

Y así, entre la tinta y el pergamino del siglo XVI, quedó fijado para siempre lo que en Melegís y Restábal todo el mundo sabía y nadie quería decir en voz alta: que cuando los moriscos se fueron, no solo se fue su hacienda. Se fue también cualquier rastro de orden. Y en ese vacío, cada cual tomó lo que pudo, alegó lo que convino, y esperó a que el juez de comisión se fuera pronto para seguir.

«En el dicho lugar entre todos los veçinos se a murmurado mucho.»

La murmuración. El único tribunal que nunca se aplazó. 🕯️

Fuente: M. Espinar Moreno, C. González Martín, A. de la Higuera Rodríguez, I. C. Gómez Noguera. «El Valle. Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal». Granada, 2006 / Digibug 2022.

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