02 julio 2026

El cólera de 1885 en el Valle de Lecrín


 

🦠 EL CÓLERA DE 1885 EN LOS PUEBLOS DEL VALLE DE LECRÍN

Acequias, Albuñuelas, Béznar, Chite, Cónchar, Cozvíjar, Dúrcal, Ízbor, Melegís, Mondújar, Murchas, Nigüelas, Pinos del Valle, Restábal, Saleres, Tablate y Talará

Hay veranos que no se recuerdan por la cosecha, ni por las fiestas, ni por el agua que bajaba por las acequias.
Hay veranos que se quedan escritos en los pueblos como una herida.

El de 1885 fue uno de ellos.

Aquel año, el cólera morbo recorrió España dejando miedo, luto y pobreza. Era una enfermedad rápida, cruel, casi fulminante en los casos graves. Hoy sabemos que el cólera se transmite principalmente por la ingestión de agua o alimentos contaminados con el bacilo Vibrio cholerae, y que su propagación se relaciona con la falta de agua potable, saneamiento e higiene. En los pueblos del siglo XIX, donde fuentes, acequias, pozos, lavaderos, corrales y calles formaban parte de un mismo mundo cotidiano, la enfermedad encontraba caminos fáciles para entrar en las casas.

Padul fue el gran símbolo de aquella tragedia en la comarca, pero no fue el único pueblo golpeado. El cólera atravesó también el resto del Valle de Lecrín, dejando muertos en Dúrcal, Albuñuelas, Melegís, Chite, Talará, Saleres, Restábal, Murchas, Nigüelas y rastros documentales en otros núcleos como Ízbor, Tablate, Pinos del Valle, Mondújar o Cozvíjar.


🌾 El cólera entra en el Valle

Según los datos recogidos por Mateo Carrasco Duarte en El Padul, la epidemia de 1885 se inició en Cuevas de San Marcos, en la provincia de Málaga, el 26 de junio. Desde allí fue abriéndose paso por Andalucía oriental y llegó a la provincia de Granada por varios focos.

Carrasco señala que, en el Valle de Lecrín, uno de los primeros focos se dio en Ízbor, el 4 de julio, desde donde el mal se fue extendiendo por la comarca. Otra recapitulación local publicada en El Comarcal de Lecrín sitúa la llegada de la epidemia al Valle el 17 de julio de 1885, con una primera víctima relacionada con un joven segador que había estado en un pueblo infectado. Esa misma fuente indica que el periodo más grave fue el 3 de agosto, con 12 defunciones, y que la epidemia duró 48 días, dándose por extinguida el 18 de agosto.

Las fechas no siempre encajan con exactitud porque cada fuente puede referirse a un primer foco, a una primera víctima o al momento en que la epidemia fue reconocida oficialmente. Pero todas coinciden en lo esencial: el cólera llegó al Valle durante el verano de 1885 y dejó una marca profunda en sus pueblos.


🏘️ Dúrcal: el segundo gran golpe después de Padul

En Dúrcal, la epidemia dejó una huella especialmente dolorosa. Las cifras conocidas hablan de 50 fallecidos, lo que convierte al pueblo en uno de los más castigados del Valle después de Padul.

En aquellos días, Dúrcal no era solo un pueblo que sufría: era también un pueblo que resistía. La memoria histórica conserva el nombre del médico D. Antonio García Martín, que, según la crónica recogida por El Comarcal de Lecrín, logró “atajar el curso creciente de la epidemia evitando males mayores”. Junto a él aparece también su padre, D. Antonio García Garrido, que con 80 años siguió asistiendo a los enfermos sin descanso.

Imaginemos aquellas casas encaladas, aquellas calles aún sin saneamiento moderno, aquellas familias que miraban con miedo el cántaro de agua, la comida, la ropa del enfermo, la puerta cerrada del vecino. En Dúrcal, como en todo el Valle, la medicina, la caridad y la fe caminaron juntas.


🌿 Albuñuelas: veinticinco vidas perdidas

Albuñuelas aparece en los resúmenes conocidos con 25 fallecidos. Para un pueblo de montaña, de cortijos, barrancos, eras y calles largas, aquella cifra no era solo una estadística: era una conmoción familiar.

La Gaceta de Madrid, diario oficial de la época, también recoge partes sanitarios de agosto donde aparecen las Albuñuelas con nuevas invasiones y defunciones, prueba de que la epidemia no fue solo una memoria local, sino un hecho registrado oficialmente.

El cólera no entendía de distancia ni de altura. Subía por los caminos, entraba por el agua, se detenía en las casas humildes y dejaba a los pueblos en silencio.


💧 Melegís: el pueblo del agua también fue herido

En Melegís, el cólera dejó una de las cifras mejor documentadas del Valle: 79 afectados y 17 fallecidos. Una recopilación histórica local señala que la epidemia se presentó allí el 13 de agosto y terminó el 29 de septiembre.

El dato impresiona porque Melegís era, y sigue siendo, un pueblo ligado al agua: fuentes, lavadero, acequias, naranjos, huertas, el recuerdo del río Torrente. Precisamente por eso, en una enfermedad transmitida por agua contaminada, el paisaje cotidiano podía convertirse también en amenaza.

Aquel verano, los mismos caminos por donde bajaban los frutos y subían los vecinos pudieron llevar también el miedo. Las casas se recogieron. Las conversaciones bajaron la voz. Y el pueblo aprendió que el agua, que tantas veces era vida, podía ser también vehículo de muerte cuando la higiene y el saneamiento no bastaban.


🕯️ Restábal y Saleres: pequeñas cifras, gran dolor

En Restábal, las fuentes manejan una cifra de 6 fallecidos. En Saleres, la cifra aparece como 8 fallecidos en el resumen comarcal, aunque otras referencias históricas la sitúan en torno a 7.

Son números menores que los de Padul, Dúrcal o Albuñuelas, pero en pueblos pequeños cada muerte pesaba mucho. Una sola familia rota podía sentirse en toda la calle. Una campana de entierro era escuchada por todos. Una casa con luto era conocida por todo el pueblo.

Restábal y Saleres vivieron aquella epidemia como la viven los pueblos pequeños: no como una noticia lejana, sino como una desgracia con nombre, apellido, puerta y familia.


⛪ Chite y Talará: trece muertos en una memoria compartida

Las fuentes agrupan Chite y Talará con 13 fallecidos. Esa unión documental obliga a ser prudentes: no sabemos, con los datos resumidos disponibles, cuántos correspondieron exactamente a Chite y cuántos a Talará.

Pero sí sabemos algo: ambos núcleos quedaron tocados por el cólera. En el corazón de Lecrín, entre la vida agrícola, la iglesia, los caminos hacia Mondújar, Béznar, Murchas y Dúrcal, la epidemia dejó su sombra.

Chite, con su memoria de callejuelas y tinaos.
Talará, como centro de vida y paso.
Dos nombres unidos en la estadística, pero seguramente separados en el dolor de cada casa.


🌙 Murchas y Nigüelas: la epidemia también llegó en voz baja

Murchas aparece con 4 fallecidos y Nigüelas con 3.

Son cifras pequeñas si se miran desde lejos, pero enormes si se miran desde dentro. En un pueblo, tres o cuatro muertes pueden cambiar una familia entera. Pueden dejar niños sin padre, madres sin hijos, casas sin jornaleros, ancianos sin quien los cuide.

Nigüelas, al pie de la sierra, con sus aguas y sus huertas.
Murchas, entre caminos, iglesia y vida campesina.
También ellas guardaron aquel verano en la memoria callada de sus mayores.


🏞️ Ízbor y Tablate: el primer foco y la sombra del camino

Uno de los datos más importantes aportados por Mateo Carrasco Duarte es que el primer foco señalado en el Valle apareció en Ízbor, el 4 de julio. La Gaceta de Madrid recoge además un parte donde aparece la fórmula “Ízbor y Tablor”, probablemente relacionada con Ízbor y Tablate, con invasiones y defunciones en agosto de 1885.

Este dato es especialmente valioso porque Ízbor y Tablate eran lugares de paso, de barranco, de río, de comunicación entre la costa, Granada y el interior. En las epidemias antiguas, los caminos eran tan importantes como el agua: por ellos se movían segadores, arrieros, viajeros, comerciantes, enfermos y noticias.

Tablate, que con el tiempo quedaría casi despoblado, aparece aquí como una sombra documental. No siempre tiene cifra propia, pero sí rastro. Y en historia, a veces un rastro basta para saber que también allí llegó el miedo.


🌲 Pinos del Valle: el posible rastro de “El Pinar”

En el caso de Pinos del Valle, hay que escribir con cautela. La Gaceta de Madrid menciona en agosto un lugar denominado “Pinar”, con invasiones y defunciones, que podría corresponder al ámbito de El Pinar, donde históricamente se integran Pinos del Valle, Ízbor y Tablate.

No conviene afirmar sin más una cifra cerrada para Pinos del Valle, porque las fuentes oficiales no siempre separan los anejos como hoy nos gustaría. Pero sí puede decirse que el entorno de El Pinar aparece dentro del mapa sanitario de la epidemia.

Pinos del Valle, mirando hacia la costa desde su altura, no quedó al margen de aquel verano de incertidumbre. Aunque falten cifras exactas, la memoria documental permite situarlo dentro del territorio afectado.


🏚️ Mondújar y Cozvíjar: cuando todos los afectados murieron

Mateo Carrasco Duarte recoge un dato estremecedor: en Cozvíjar y Mondújar murieron todos los afectados. No aporta en esas páginas una cifra final cerrada para cada pueblo, pero la frase es durísima.

Significa que allí donde el cólera entró, no dejó margen.
Significa que cada caso conocido terminó en entierro.
Significa que la enfermedad fue vivida como algo absoluto, implacable, sin remedio.

Cozvíjar, al pie de sus tierras y caminos.
Mondújar, con su historia antigua y su cercanía al corazón de Lecrín.
Dos pueblos donde la estadística se queda corta y la frase lo dice todo: los afectados no sobrevivieron.


🌾 Acequias, Béznar y Cónchar: los silencios de la fuente escrita

Para Acequias, Béznar y Cónchar no aparecen, en los resúmenes principales manejados hasta ahora, cifras individuales tan claras como las de Dúrcal, Albuñuelas, Melegís, Restábal, Saleres, Murchas, Nigüelas o Chite y Talará.

Pero hay que tener mucho cuidado: no tener cifra separada no significa no haber sufrido la epidemia.

En el siglo XIX, muchos datos podían publicarse agrupados por municipio, parroquia, distrito sanitario o núcleo mayor. Acequias pudo quedar diluida en Lecrín; Béznar pudo aparecer unido a otros lugares cercanos; Cónchar pudo quedar bajo la referencia de Villamena o de su entorno administrativo. La ausencia de una cifra visible no borra la posibilidad del daño.

Por eso, estos pueblos deben aparecer en la memoria del cólera como lugares pendientes de investigación, no como lugares ajenos a la tragedia.


📊 Las cifras conocidas del Valle

Según el resumen comarcal publicado sobre la epidemia, los fallecidos conocidos en varios pueblos del Valle fueron:

Dúrcal: 50
Albuñuelas: 25
Nigüelas: 3
Restábal: 6
Saleres: 8
Murchas: 4
Chite y Talará: 13
Melegís: 17

A estas cifras habría que añadir los rastros documentales de Ízbor, Tablate, Pinos del Valle, Mondújar y Cozvíjar, y seguir investigando los casos de Acequias, Béznar y Cónchar en registros parroquiales, civiles y partes sanitarios.


🕯️ Un valle entero bajo la misma sombra

El cólera de 1885 no fue solo una enfermedad. Fue una prueba colectiva.

Puso a los pueblos frente a sus límites: la pobreza, la falta de higiene pública, la ausencia de saneamiento moderno, la fragilidad de la medicina, el miedo al contacto, la necesidad de aislar a los enfermos y la obligación moral de no abandonarlos.

En aquellos días, las campanas no distinguían entre pueblos grandes y pequeños.
Doblaron en Dúrcal.
Doblaron en Albuñuelas.
Doblaron en Melegís.
Doblaron en Chite y Talará.
Doblaron en Restábal, Saleres, Murchas y Nigüelas.
Y probablemente resonaron también, de una forma u otra, en Ízbor, Tablate, Pinos del Valle, Mondújar, Cozvíjar, Acequias, Béznar y Cónchar.

El Valle de Lecrín, acostumbrado a vivir unido por el agua, por los caminos, por los cultivos y por la sangre familiar, quedó también unido por una misma epidemia.


🌿 Recordar para devolver nombres

Hoy, cuando hablamos de la epidemia de cólera de 1885, no hablamos solo de cifras.
Hablamos de hombres y mujeres que murieron sin entender del todo qué les pasaba.
De niños que no llegaron a crecer.
De madres que cuidaron hasta contagiarse.
De médicos y sacerdotes que entraron en casas donde otros no se atrevían.
De vecinos que quemaron ropas, limpiaron calles, encendieron hogueras y rezaron para que el mal pasara de largo.

El gran trabajo pendiente está todavía en los archivos: revisar los libros de defunciones, los registros civiles de 1885, la Gaceta de Madrid, la prensa de El Defensor de Granada y las memorias locales pueblo por pueblo.

Porque algún día, junto a estas cifras, deberían aparecer los nombres.

Y entonces el Valle no recordará solo que hubo muertos.
Recordará quiénes fueron.
Recordará en qué casas vivieron.
Recordará qué familias quedaron heridas.
Recordará que aquel verano de 1885 también forma parte de su historia.


📚 Bibliografía y fuentes

  • Carrasco Duarte, Mateo. El Padul.
  • El Defensor de Granada, números de julio, agosto y septiembre de 1885.
  • Gaceta de Madrid, partes sanitarios de la epidemia de cólera de 1885.
  • Vida Roviralta, M. A. y Smolka Clares, J. La epidemia de cólera de 1885 en Granada. IV Congreso Español de Historia de la Medicina.
  • Ocaña Ocaña, M. y Ferre, Emilio. La difusión del cólera de 1885 en Andalucía. Actas del IV Congreso Español de Historia de la Medicina.
  • Recopilaciones históricas locales de Adurcal.com sobre prensa antigua y pueblos del Valle de Lecrín.
  • El Comarcal de Lecrín, artículo sobre la epidemia del cólera de 1885 en el Valle de Lecrín.

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