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| El Silo de Padul |
🌾 El Silo de Padul: del trigo y los aperos de labranza a un gran almacén de memoria
🏭 Una visita al Centro de Interpretación Etnográfico que permite recorrer la historia agrícola de Padul y comprender desde dentro cómo funcionaba un silo de trigo construido en 1966
El domingo 9 de agosto, alrededor de la una de la tarde, me acerqué hasta la calle Silo, número 4, para conocer por dentro uno de esos edificios que forman parte del paisaje de un pueblo hasta el punto de que, muchas veces, terminamos acostumbrándonos a ellos sin preguntarnos qué guardan entre sus paredes.
Era el Silo de Padul, construido en 1966 para almacenar trigo y convertido hoy en Centro de Interpretación Etnográfico.
Tuve además la suerte de encontrarme con una circunstancia inesperada. Ana, de la Oficina de Turismo, no podía estar aquel domingo por encontrarse indispuesta y quien estaba enseñando el edificio era Julio Martín Villanueva, una de las personas que ha participado de manera destacada en todo el proceso de recuperación y puesta en valor del antiguo silo.
Julio acompañaba aquel día a un pequeño grupo de personas de Padul que habitualmente viven fuera, algunas en Bruselas y Londres, y que aprovechaban sus vacaciones para redescubrir una parte de la historia de su propio pueblo.
Me uní a ellos.
Y lo que podía haber sido simplemente una visita a una exposición terminó convirtiéndose en un recorrido por la agricultura tradicional, la vida cotidiana de nuestros mayores y, al mismo tiempo, por una extraordinaria pieza de ingeniería agroindustrial del siglo XX.
Porque Julio no se limitó a enseñarnos objetos.
Nos fue explicando para qué servía cada apero, cómo llegaba el trigo al silo, cómo subía casi hasta lo alto del edificio, cómo se distribuía entre las celdas y cómo volvía después a salir de ellas.
Y entonces el edificio empezó a tener sentido.
🌾 Un silo levantado en 1966 para almacenar 2.300 toneladas de trigo
Lo primero que comprendí durante la visita es que el Silo de Padul no era simplemente un enorme almacén.
Fue construido en 1966 por el Servicio Nacional del Trigo y respondía a un sistema perfectamente organizado para recibir, pesar, controlar, elevar, almacenar y posteriormente distribuir el cereal.
Julio nos explicó algunas cifras que permiten entender sus dimensiones.
El edificio ocupa unos 264 metros cuadrados, alcanza aproximadamente 28 metros de altura y cuenta con 15 celdas capaces de almacenar en conjunto unas 2.300 toneladas de trigo.
Diez de ellas se encuentran en el cuerpo principal inferior y otras cinco se sitúan sobre el pasillo central de distribución.
Además existe una nave lateral, de unos 220 metros cuadrados, que estaba destinada a la recepción del cereal y a comprobar su calidad.
Todavía se conserva buena parte de la maquinaria original: la báscula, el elevador de grano, transportadores horizontales, motores, tubos de descarga, tornillo sinfín, ensacadora y diferentes mecanismos necesarios para que todo el conjunto funcionara.
Eso es precisamente una de las cosas que más valor da hoy al edificio: no estamos ante una reconstrucción imaginaria de un silo.
Estamos dentro del propio silo y contemplando buena parte de las máquinas con las que trabajó.
🚜 Primero, la planta baja: los aperos que trabajaron la tierra
Comenzamos nuestro recorrido por la planta baja.
La exposición se distribuye principalmente por el antiguo pasillo inferior y por dos de las celdas que se han abierto y acondicionado expresamente para poder entrar en ellas.
Nada más comenzar, el mundo de la agricultura tradicional aparece ante nosotros.
Arados, azadas, gradas, yugos, colleras, herraduras, hoces, horcas, cribas, bieldos, palas, aperos para las caballerías, herramientas de siega y trilla...
Julio iba deteniéndose junto a unas y otras.
Nos mostraba, por ejemplo, los antiguos arados, desde modelos de estructura tradicional hasta otros de hierro que representaban ya una evolución técnica. Aquellos arados, tirados por mulos, caballos o bueyes, abrían los surcos y preparaban la tierra para recibir la semilla.
También estaban las gradas, utilizadas para desmenuzar los terrones, nivelar el terreno y dejarlo preparado después de arar.
Junto a ellas aparecían yugos, guarniciones, bocados, herraduras, monturas y otros utensilios que recuerdan algo fundamental: durante mucho tiempo la agricultura no puede comprenderse sin los animales de tiro.
La fuerza que hoy proporciona un tractor la daban entonces mulos, burros, caballos o bueyes.
Y alrededor de esos animales existía todo un mundo de oficios, conocimientos y herramientas.
🌾 De la siega a la era
Conforme avanzábamos, cambiaban también las labores del campo representadas.
Llegábamos a las herramientas utilizadas cuando el cereal ya había crecido y comenzaba la cosecha.
Vi hoces, hocinos, horcas, horcones, bieldos, rastrillos, cribas y palas.
Cada objeto correspondía a una acción concreta.
Había que segar el trigo, recogerlo, formar las gavillas, transportarlas hasta la era y comenzar después el largo proceso de separar el grano de la paja.
Uno de los elementos que mejor explica aquella agricultura es el trillo.
Arrastrado por animales sobre la parva extendida en la era, sus piedras o piezas cortantes iban triturando las espigas y facilitando la separación del grano.
Después llegaba el aventado.
Con horcas, bieldos y palas se levantaba al aire la mezcla aprovechando el viento: la paja, más ligera, se desplazaba, mientras el grano volvía a caer.
Finalmente había que cribar, medir, ensacar y transportar.
Toda una cadena de trabajos que hoy puede parecernos lejana pero que durante generaciones marcó los días y las estaciones de las familias agrícolas de Padul.
🎥 Un vídeo de 1986 y unas voces que vuelven al campo
En la planta baja tuvimos también oportunidad de ver un documento especialmente interesante: un vídeo grabado en 1986 sobre el Silo de Padul y las labores tradicionales relacionadas con el trigo.
Aquellas imágenes nos permitieron pasar de los aperos inmóviles de las paredes al campo en movimiento.
La siembra, la siega y la trilla aparecían nuevamente realizadas como se habían hecho durante generaciones.
Y había algo que me llamó especialmente la atención: los cantos de trabajo.
Porque aquellas faenas no tenían solamente herramientas y técnicas. También tenían sonidos.
Se cantaba mientras se trabajaba.
Había cantos vinculados a determinadas labores agrícolas, transmitidos oralmente de unas generaciones a otras y capaces de acompañar el esfuerzo, marcar determinados ritmos y convertir las faenas colectivas en una expresión más de la cultura popular.
Ver aquellas imágenes dentro del propio silo daba todavía más sentido a todo lo que Julio nos estaba contando.
El trigo que veíamos sembrar, segar y trillar era precisamente el producto que después llegaba hasta edificios como este.
🫏 Una agricultura que dependía también de los animales
Las paredes de una de las zonas expositivas permiten reconstruir igualmente todo el universo relacionado con las caballerías.
Vi monturas, guarniciones, bocados, herraduras, espuertas, yugos y herramientas de herrador.
Julio nos explicaba el papel que cada pieza tenía.
El animal no era simplemente un medio de transporte. Formaba parte esencial de la economía familiar: araba, tiraba del carro, transportaba las gavillas y movía determinados aperos.
Por eso existían herramientas especializadas para herrar, arreglar los cascos, colocar las guarniciones o adaptar las monturas.
Mirando aquellos objetos resulta fácil imaginar un Padul todavía sin la mecanización agrícola actual, con carros recorriendo sus calles y caballerías entrando y saliendo de los campos.
🏠 Entrar en una antigua cocina de pueblo
Pero la exposición no habla solamente del trabajo agrícola.
Entramos también en una recreación de una antigua cocina tradicional.
El cambio de ambiente resulta muy sugerente.
De repente dejamos atrás el arado y la era para entrar en el espacio doméstico.
Una cama de hierro, sillas, recipientes, cacharros, una alacena, utensilios cotidianos y otros pequeños objetos reconstruyen una estancia semejante a las que tuvieron muchas viviendas rurales.
No pretende representar una casa acomodada.
Representa precisamente lo cotidiano.
La cocina era mucho más que el lugar donde se preparaban los alimentos. Era también espacio de reunión familiar, lugar donde calentarse durante el invierno, conversar y transmitir historias.
Objetos aparentemente modestos adquieren aquí otro valor porque hablan de cómo vivía la gente.
🍞 Del trigo al pan
A pocos pasos encontramos el destino final de buena parte de todo lo que estábamos viendo: el pan.
Un antiguo horno y diferentes elementos relacionados con la panadería recuerdan que detrás de la siembra, la siega, la trilla, el almacenamiento y la molienda había finalmente un alimento fundamental.
Julio nos hizo ver de ese modo la cadena completa.
Primero la tierra.
Después la semilla.
Más tarde la cosecha.
Luego el grano almacenado en el silo.
Y finalmente la harina y el pan.
Ese horno, aparentemente sencillo, termina explicando quizá mejor que ninguna máquina por qué era tan importante conservar correctamente el trigo.
🧺 El esparto, otra industria ligada al campo
Nuestra visita continuó con otro material que durante muchísimo tiempo estuvo estrechamente unido a la vida rural: el esparto.
Entre las piezas expuestas destaca una impresionante máquina industrial laminadora-majadora de esparto, perteneciente a la familia Álvarez Moreno de Padul.
Según recoge la documentación del Centro de Interpretación, estuvo instalada en una atarazana situada en la calle Maestra Martín Cobos.
La máquina estaba formada por motor eléctrico, chasis, engranajes, rodillos, muelles y una cinta por la que iba pasando repetidamente el esparto hasta quedar preparado.
A partir de este material podían elaborarse cuerdas, ramales, pleita, espuertas, serones y numerosos utensilios agrícolas.
Contemplar una máquina de esas dimensiones permite comprender que el esparto no fue simplemente una pequeña actividad artesanal: detrás de él existió también toda una economía.
🤝 Cientos de objetos recuperados gracias a los vecinos
Mientras recorríamos la exposición, Julio nos habló también de algo sin lo cual todo aquello no habría sido posible: las donaciones.
Buena parte de los aperos y objetos proceden de vecinos y familias que han conservado durante años herramientas que habían pertenecido a padres, abuelos o bisabuelos.
Julio me explicó que la inmensa mayoría de los aperos —en torno al 90 %, según nos comentó durante la visita— proceden del extraordinario trabajo de recuperación realizado por Diego García.
En el folleto del propio Centro figura como Diego García Molina, a quien Julio dedica un agradecimiento especial por haber conseguido reunir cientos de herramientas que hoy pueden contemplarse públicamente.
Pero no fue el único.
Hay una larga relación de vecinos, familias, voluntarios y colaboradores que aportaron objetos o participaron en el proyecto.
La recuperación del silo ha sido, por tanto, también una tarea colectiva.
Julio Martín Villanueva participó activamente en todo este proceso, junto con personas como Enrique Cordovilla y Cipriano Duarte, además de trabajadores municipales, voluntarios, donantes y muchas otras personas implicadas de una u otra manera.
Después de permanecer aproximadamente cuarenta años abandonado o sin la función para la que fue construido, el edificio pudo finalmente recuperar una utilidad.
El 26 de septiembre de 2025 se inauguró como Centro de Interpretación.
⚙️ Pero ¿cómo funcionaba realmente el Silo?
Hasta ese momento habíamos conocido fundamentalmente la agricultura y la vida tradicional.
Ahora comenzaba otra parte fascinante de la visita.
Julio empezó a explicarnos el silo como una máquina gigantesca.
Porque, en realidad, eso era.
Todo el edificio estaba pensado para hacer circular trigo desde abajo hasta arriba y nuevamente desde arriba hacia abajo.
El proceso comenzaba fuera.
Cuando llegaba una partida de cereal, primero se realizaba su pesaje en la báscula exterior.
El trigo pasaba después por la zona de recepción y control para comprobar su calidad.
Una vez admitido, se descargaba en una tolva o foso de recepción.
Y allí comenzaba el viaje vertical del grano.
🔩 El elevador: el trigo empieza a subir
Nosotros comenzamos también a subir.
Por delante quedaban 115 escalones.
Mientras ascendíamos por las largas escaleras podía observar junto a nosotros los grandes tubos metálicos que recorren verticalmente la torre.
Julio nos explicó que allí funcionaba el elevador de trigo, el verdadero corazón del silo.
El principio resulta relativamente sencillo de comprender.
Desde el foso situado abajo, el cereal entraba en un sistema de cangilones, pequeños recipientes unidos a una cinta que funcionaban de manera parecida a una noria.
A medida que aquella cinta avanzaba, los cangilones recogían trigo en la parte inferior y lo transportaban hacia arriba por el interior del conducto metálico.
Uno detrás de otro.
Continuamente.
Así se conseguía algo fundamental: llevar toneladas de cereal desde el nivel de recepción hasta la parte más alta del edificio sin tener que cargarlas manualmente.
Mientras nosotros subíamos escalón tras escalón, el recorrido de aquellos tubos nos permitía imaginar el camino que hacía antiguamente el trigo.
⚡ La maquinaria permanece en su sitio
Durante el ascenso y en las distintas dependencias fui encontrándome con motores, conductos, engranajes y hasta cuadros eléctricos.
Eso es precisamente lo que hace tan interesante esta visita.
El edificio no se ha vaciado para convertirlo después en una sala convencional.
La maquinaria sigue allí.
Uno puede mirar un cuadro eléctrico antiguo, observar los mecanismos y seguir físicamente los conductos para comprender cómo las distintas partes del silo estaban relacionadas entre sí.
Al asomarme también al interior de una de las antiguas celdas pude apreciar sus enormes dimensiones verticales.
Vistas desde abajo parecen auténticos pozos elevados hacia el techo.
Aquellos espacios no estaban concebidos para personas.
Estaban concebidos para grano.
🏭 A 21 metros: la nave superior de maniobras
Finalmente llegamos a la nave superior de maniobras, situada aproximadamente a 21 metros de altura.
Aquí se entiende definitivamente el funcionamiento del edificio.
Después de haber ascendido mediante el elevador, el trigo llegaba hasta este nivel.
Pero todavía quedaba una pregunta:
¿Cómo se decidía en cuál de las quince celdas debía depositarse?
La respuesta estaba sobre nuestras cabezas.
Un transportador horizontal recorre longitudinalmente la nave.
Julio nos explicó cómo aquel mecanismo recibía el cereal que había subido por el elevador y lo iba desplazando horizontalmente hasta situarlo sobre la celda correspondiente.
Desde allí podía descargarse.
El movimiento vertical y horizontal se combinaban así de una manera muy ingeniosa:
primero el trigo subía; después avanzaba horizontalmente; finalmente descendía por gravedad hasta la celda elegida.
Era todo un sistema de distribución escondido dentro de aquel edificio que durante décadas muchos vecinos habían contemplado desde fuera sin conocer quizá la complejidad de su interior.
⛓️ La cadena de arrastre
Julio se detuvo también ante otro mecanismo fundamental: la cadena de arrastre.
Su funcionamiento es más fácil de entender cuando se observa directamente.
Dentro de una caja o canal cerrado circulaba una cadena provista de elementos capaces de ir empujando el cereal.
La cadena avanzaba por el fondo y arrastraba el trigo consigo, de modo que el conjunto funcionaba de una manera semejante a una cinta transportadora.
No era necesario que el cereal se depositara sobre una banda continua.
Era la propia cadena, con su movimiento, la que iba desplazándolo por el interior del conducto hasta el punto necesario.
Mirando aquel mecanismo parado resultaba fácil imaginarlo trabajando años atrás, lleno de grano y funcionando durante las campañas.
🌾 Quince enormes depósitos ocultos tras las paredes
Julio volvió entonces a hablarnos de las quince celdas.
Desde fuera del edificio apenas podemos imaginar lo que existe detrás de sus grandes paredes verticales.
En realidad, buena parte del volumen del silo está ocupado por esos enormes depósitos.
Su capacidad total rondaba las 2.300 toneladas de trigo.
La forma inferior de las celdas permitía que, cuando llegaba el momento de vaciarlas, el propio cereal descendiera por gravedad hacia los conductos inferiores.
El edificio estaba pensado, por tanto, para aprovechar tanto la elevación mecánica como la caída natural.
Se gastaba energía para subir el trigo.
Una vez almacenado arriba, la gravedad ayudaba a moverlo hacia abajo.
🔻 El pasillo inferior: por donde volvía a salir el trigo
En el pasillo inferior observé otro de los elementos que Julio nos iba señalando: los numerosos tubos y bocas procedentes de las celdas.
Allí se producía el proceso contrario al que habíamos visto arriba.
Si la nave superior servía para llenarlas, la galería inferior permitía vaciarlas.
Cada celda disponía de conexiones por las que el cereal podía descender.
Julio nos iba mostrando los tubos procedentes tanto de las celdas laterales como de las centrales.
Al abrir el sistema correspondiente, el trigo caía hacia los mecanismos inferiores.
Desde allí podía conducirse hacia los transportadores, pasar a los sistemas de envasado y ensacado y continuar su camino para ser distribuido.
De repente todo el edificio encajaba como una sola máquina.
Fuera se pesaba.
Abajo se recibía.
El elevador lo subía.
El transportador superior lo distribuía.
Las celdas lo almacenaban.
Y los tubos inferiores permitían recuperarlo nuevamente.
🌾 ¿Por qué almacenar tanto trigo?
Toda esta tecnología tenía una razón de ser.
El cereal debía mantenerse protegido de la humedad, las plagas y otros factores ambientales.
Los silos formaron parte de una política de almacenamiento destinada a garantizar reservas y facilitar la distribución del trigo.
En épocas de necesidad, disponer de grandes cantidades de cereal correctamente conservado era fundamental para asegurar el abastecimiento de las fábricas de harina y, finalmente, de las panaderías.
Por eso el Silo de Padul no puede contemplarse únicamente como una gran arquitectura de hormigón.
Es también el testimonio de una determinada forma de organizar la producción y distribución de uno de los alimentos esenciales de la sociedad española del siglo XX.
🌄 Y después de 115 escalones, Padul desde las alturas
Todavía nos quedaba el final de la visita.
Continuamos hasta alcanzar la terraza situada aproximadamente a 25 metros de altura.
Después de tantas escaleras, maquinaria, tubos, celdas y pasillos, salir al exterior produce una sensación completamente distinta.
Allí arriba se comprende por qué el Silo ha sido durante tantos años una referencia visual del pueblo.
Ante mí se abrió una extraordinaria panorámica.
Vi Padul extendido prácticamente bajo mis pies, con sus calles, tejados, viviendas y edificios formando un entramado compacto.
Desde aquella altura podía apreciarse cómo el pueblo va encontrándose con las laderas que lo rodean.
Más allá aparecía la zona agrícola y el corredor natural que comunica Padul con el resto del Valle de Lecrín.
Las montañas delimitaban el horizonte mientras las distintas tonalidades de los cultivos, las zonas urbanas y las laderas iban formando un paisaje completamente diferente del que percibimos caminando a ras de suelo.
Mirando en distintas direcciones entendí también esa descripción que Julio hace del silo como un lugar desde el que puede contemplarse una panorámica prácticamente de 360 grados.
No es solamente un mirador.
Después de haber recorrido todo el edificio, aquel paisaje adquiere otro significado.
Desde arriba veía el territorio que durante generaciones produjo una parte del trigo que terminó entrando bajo nuestros pies.
El campo, el pueblo y el silo dejaban de ser tres elementos separados.
Formaban parte de la misma historia.
🎨 Un silo convertido también en un enorme lienzo
Y aún queda otra historia en el exterior.
Las grandes paredes que durante décadas fueron superficies estrictamente funcionales se han convertido hoy en un impresionante lienzo vertical.
El artista granadino Raúl Ruiz, conocido como “El Niño de las Pinturas”, intervino el edificio con una obra que conecta distintas etapas de la memoria de Padul.
En sus fachadas aparecen grandes rostros, escenas vinculadas al mundo rural, animales y referencias al pasado más remoto del territorio.
Entre ellas se encuentra también la evocación del mamut, inseparable ya del extraordinario patrimonio paleontológico de Padul.
En una de las enormes fachadas contemplé además una figura femenina dominando la composición, acompañada por escenas agrícolas que parecen surgir de la propia memoria del edificio.
De esta manera, la transformación se completa.
El silo conserva por dentro las máquinas que movieron trigo.
Y por fuera sus paredes cuentan historias.
🧑🌾 De almacén de trigo a almacén de memoria
Al terminar la visita pensé que quizá esa sea la mayor virtud de este proyecto.
No se ha querido ocultar lo que fue el edificio.
Al contrario.
Se ha utilizado precisamente su función original para contar la historia de Padul.
Los aperos explican cómo se trabajaba la tierra.
Las caballerías recuerdan cómo se transportaban las cosechas.
La cocina nos introduce en las viviendas.
El horno nos lleva hasta el pan.
La máquina de esparto muestra otra actividad económica.
El vídeo devuelve movimiento y voces a las labores agrícolas.
Y finalmente la propia maquinaria del silo permite seguir el viaje del trigo desde que entraba por la planta baja hasta que terminaba almacenado en alguna de sus quince celdas.
Después de cerca de cuarenta años de abandono, recuperar este edificio supone algo más que salvar una construcción.
Supone conservar una parte de la memoria colectiva.
Julio Martín Villanueva lo expresa de una manera especialmente acertada en el pequeño libro dedicado al Centro: el edificio ha pasado de almacenar trigo a almacenar memoria.
Y después de recorrerlo por dentro resulta difícil encontrar una definición mejor.
❤️ Un proyecto construido entre muchas manos
La puesta en valor del Silo tampoco puede entenderse sin todas las personas que han colaborado.
Julio Martín Villanueva ha tenido una participación destacada, al igual que otros colaboradores como Enrique Cordovilla, Cipriano Duarte, voluntarios, trabajadores y numerosos vecinos.
Y sobre todo hay que reconocer a todas aquellas familias que decidieron entregar herramientas y objetos que de otro modo podrían haber terminado desapareciendo.
Un arado viejo puede parecer simplemente un trozo de madera y hierro.
Una hoz puede permanecer olvidada en un almacén.
Un yugo puede terminar convertido en decoración.
Pero cuando esos objetos se reúnen, se identifican y se explica para qué servían, comienzan a contar una historia.
Y esa historia pertenece a todos.
📍 Una visita que merece la pena
El Centro de Interpretación Etnográfico El Silo se encuentra en:
📍 Calle Silo, 4. Padul (Granada).
En el momento de mi visita, el horario establecido era:
🗓️ Domingos
🕛 De 12:00 a 14:00 horas
La subida hasta la terraza requiere ascender 115 escalones, pero el esfuerzo merece la pena.
Por motivos de seguridad, el acceso a la terraza se realiza con grupos limitados, con un máximo indicado de 15 personas simultáneamente.
Para quien quiera conocer no solamente un edificio, sino una parte importante de la historia agrícola y social de Padul, la visita resulta especialmente recomendable.
Yo entré pensando en conocer un antiguo silo.
Salí habiendo recorrido el viaje completo del trigo: desde el campo hasta la era, desde la era hasta el almacén y desde las entrañas del edificio hasta una de las mejores panorámicas de Padul y del Valle de Lecrín.
🌾 Donde antes hubo toneladas de cereal, hoy hay herramientas, historias, recuerdos y voces.
🏭 Donde antes trabajaban motores y cadenas, hoy podemos aprender cómo vivieron y trabajaron quienes nos precedieron.
🌄 Y donde durante décadas hubo un edificio cerrado y silencioso, hoy vuelve a haber gente subiendo sus escaleras, preguntando, recordando y mirando Padul desde lo alto.
El Silo vuelve a estar vivo.
📚 Bibliografía:
- Martín Villanueva, Julio (2025): El Silo de Padul: Centro de Interpretación Etnográfico. Padul, septiembre de 2025
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| Aperos de labranza |
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| Aperos |
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| Antigua cocina tradicional |
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| Antigua cocina tradicional |
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| Celda con escaleras para limpieza |
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| Máquina de majar esparto |
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| Panadería |
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| Báscula para pesar el trigo |
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| Celda dónde se almacenaba el trigo |
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| El elevador de trigo |
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| La cadena de arrastre se desliza por el fondo de la caja y desplaza el trigo formando una especie de cinta transportadora |
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| Vistas desde la terraza del Silo |
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| Libro sobre el Silo de Julio Martín Villanueva |
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| Julio Martín, Diego García Molina y su hija |



























