31 octubre 2026

El Viejo reloj de El Padul vuelve a contar su historia

Cuando uno contempla ahora la máquina restaurada en el Ayuntamiento resulta inevitable preguntarse cómo podía mover todo aquello.


🕰️⚙️ 𝗘𝗟 𝗩𝗜𝗘𝗝𝗢 𝗥𝗘𝗟𝗢𝗝 𝗗𝗘 𝗣𝗔𝗗𝗨𝗟 𝗩𝗨𝗘𝗟𝗩𝗘 𝗔 𝗖𝗢𝗡𝗧𝗔𝗥 𝗦𝗨 𝗛𝗜𝗦𝗧𝗢𝗥𝗜𝗔

🔧 𝗝𝘂𝗹𝗶𝗼 𝗠𝗮𝗿𝘁í𝗻 𝗩𝗶𝗹𝗹𝗮𝗻𝘂𝗲𝘃𝗮 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗽𝗲𝗿ó 𝘆 𝗿𝗲𝘀𝘁𝗮𝘂𝗿ó 𝗱𝗲 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝗮𝗹𝘁𝗿𝘂𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝗾𝘂𝗶𝗻𝗮𝗿𝗶𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗱𝘂𝗿𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗰𝗮𝘀𝗶 𝘂𝗻 𝘀𝗶𝗴𝗹𝗼 𝗺𝗮𝗿𝗰ó 𝗹𝗮𝘀 𝗵𝗼𝗿𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝘂𝗻 𝗽𝘂𝗲𝗯𝗹𝗼

Hace unos días tuve que acudir al Ayuntamiento de Padul para realizar unas gestiones. Al entrar en el edificio, en el amplio espacio de la planta baja, algo consiguió apartarme durante unos minutos del motivo que me había llevado hasta allí.

Ante mí estaba una impresionante maquinaria de hierro, ruedas dentadas, engranajes, ejes, tambores, péndulo, pesas y cuerdas. Restaurada y perfectamente presentada para que cualquiera pueda rodearla y observarla de cerca.

Era el antiguo reloj de la torre de la iglesia de Santa María la Mayor de Padul.

Lo conocía por referencias y sabía del trabajo realizado para recuperarlo, pero contemplarlo directamente es otra cosa. Desde muy cerca se comprenden sus dimensiones, su complejidad y, sobre todo, lo extraordinario de pensar que aquel conjunto puramente mecánico fue durante décadas el encargado de ordenar el tiempo cotidiano de todo un pueblo.

Y detrás de su recuperación aparece nuevamente un nombre que quienes conocemos Padul encontramos cada vez con mayor frecuencia cuando hablamos de patrimonio, memoria y cultura: Julio Martín Villanueva.

Conozco personalmente a Julio y también a sus hermanas. Quien lo trata sabe además que no es persona dada a buscar protagonismo. Quizá precisamente por eso conviene contar lo que hace.

Porque este reloj volvió a la vida gracias, en buena medida, a muchas horas de trabajo ofrecidas de manera altruista.

🏛️ 𝗨𝗡 𝗥𝗘𝗟𝗢𝗝 𝗤𝗨𝗘 𝗖𝗢𝗠𝗘𝗡𝗭Ó 𝗔 𝗠𝗔𝗥𝗖𝗔𝗥 𝗟𝗔 𝗩𝗜𝗗𝗔 𝗗𝗘 𝗘𝗟 𝗣𝗔𝗗𝗨𝗟 𝗘𝗡 𝟭𝟵𝟬𝟰

La historia nos lleva hasta comienzos del siglo XX.

El 26 de febrero de 1904, el Ayuntamiento de la entonces denominada villa de El Padul, siendo alcalde José Martín Molina, conocido como “Hachero”, adquirió un reloj de torre de categoría superior, con péndulo y dos esferas de hierro.

Su precio fue de 8.000 pesetas, cantidad que debía pagarse en cuatro plazos al fabricante y relojero Lorenzo Redondo Bonilla, de Cuenca. La documentación histórica conservada confirma además que el Ayuntamiento había acordado en febrero de aquel año la adquisición de un reloj destinado a la torre de la iglesia parroquial.

Ocho mil pesetas de 1904 constituían una inversión municipal considerable.

Pero probablemente pocas adquisiciones tuvieron una repercusión tan directa sobre la vida diaria de los vecinos.

🕰️ Porque antes de que cada casa tuviera varios relojes, antes de los despertadores digitales y mucho antes de los teléfonos móviles, el tiempo público estaba en la torre.

Los vecinos escuchaban las campanas.

Aquellos sonidos indicaban las horas, acompañaban las misas y el Ángelus, anunciaban acontecimientos religiosos o defunciones y servían también como referencia para agricultores, regantes, trabajadores y familias.

De alguna manera, todo el pueblo compartía el mismo reloj.

La prensa granadina ha descrito precisamente aquella instalación como una auténtica revolución para el municipio, porque los toques comenzaron a convertirse en referencia común para buena parte de la actividad cotidiana.

⚙️ 𝗨𝗡𝗔 𝗠𝗔𝗥𝗔𝗩𝗜𝗟𝗟𝗔 𝗠𝗘𝗖Á𝗡𝗜𝗖𝗔 𝗦𝗜𝗡 𝗘𝗟𝗘𝗖𝗧𝗥𝗜𝗖𝗜𝗗𝗔𝗗

Cuando uno contempla ahora la máquina restaurada en el Ayuntamiento resulta inevitable preguntarse cómo podía mover todo aquello.

La respuesta está en una tecnología mecánica tan ingeniosa como hermosa.

El reloj funcionaba mediante energía potencial. Un conjunto de grandes pesas suspendidas transmitía lentamente su fuerza a través de cuerdas enrolladas en cilindros. Esa energía iba poniendo en movimiento los engranajes y regulando tanto la marcha del reloj como los mecanismos destinados a los toques de campana.

Las grandes ruedas dentadas transmitían el movimiento de unas piezas a otras, mientras el péndulo contribuía a regular el paso del tiempo.

Y había algo fundamental: el reloj necesitaba atención humana.

Las pesas descendían progresivamente y debían volver a elevarse mediante una manivela. Según la documentación expuesta junto al mecanismo, esta operación se realizaba diariamente.

Al observar actualmente esas pesas colgadas, los tambores con sus cuerdas y toda aquella sucesión de ruedas y palancas, resulta más fácil imaginar a la persona que durante tantos años tuvo que atender el mecanismo para que Padul supiera qué hora era.

⏳ 𝗗𝗘 𝟭𝟵𝟬𝟰 𝗔 𝟭𝟵𝟵𝟴: 𝗖𝗔𝗦𝗜 𝗨𝗡 𝗦𝗜𝗚𝗟𝗢 𝗠𝗔𝗥𝗖𝗔𝗡𝗗𝗢 𝗟𝗔𝗦 𝗛𝗢𝗥𝗔𝗦

El reloj permaneció en servicio durante décadas hasta que, en 1998, la antigua maquinaria fue sustituida por un sistema eléctrico.

Habían transcurrido aproximadamente 94 años desde su adquisición.

Aquello que durante generaciones había resultado imprescindible quedó tecnológicamente superado.

Y ocurrió lo que tantas veces sucede con nuestro patrimonio cotidiano: la vieja maquinaria fue retirada y terminó guardada en un desván.

Allí permaneció durante años.

Podría haber terminado oxidándose.

Podría haber acabado desmontada.

Podrían haberse perdido piezas.

Incluso podría haberse considerado simplemente un montón de hierro viejo sin utilidad.

Pero alguien supo mirar aquellos engranajes de otra manera.

🔧❤️ 𝗝𝗨𝗟𝗜𝗢 𝗠𝗔𝗥𝗧Í𝗡 𝗩𝗜𝗟𝗟𝗔𝗡𝗨𝗘𝗩𝗔: 𝗥𝗘𝗖𝗨𝗣𝗘𝗥𝗔𝗥 𝗘𝗟 𝗥𝗘𝗟𝗢𝗝 𝗣𝗔𝗥𝗔 𝗥𝗘𝗖𝗨𝗣𝗘𝗥𝗔𝗥 𝗟𝗔 𝗠𝗘𝗠𝗢𝗥𝗜𝗔

En 2025, Julio Martín Villanueva recuperó y restauró la antigua maquinaria con el propósito de devolverle su dignidad y hacer posible que pudiera ser contemplada por vecinos y visitantes.

Y hay un dato que no debería quedar perdido entre las ruedas y los engranajes:

Julio realizó este trabajo altruistamente, sin cobrar por su restauración.

La recuperación fue presentada públicamente el 6 de abril de 2025. La maquinaria pasó así del olvido de un desván a ocupar un lugar destacado en la Casa Consistorial.

Las fotografías del proceso permiten apreciar el estado en que se encontraba el mecanismo y el paciente trabajo posterior.

Limpiar.

Revisar.

Desmontar cuando era necesario.

Eliminar suciedad y corrosión.

Recuperar piezas.

Tratar metales.

Volver a ensamblar mecanismos.

Y finalmente devolver a todo el conjunto una presencia que permite entender cómo era y cómo funcionaba.

No hablamos solamente de reparar una máquina.

Hablamos de rescatar 121 años de historia.

🏛️ 𝗟𝗢 𝗤𝗨𝗘 𝗩𝗜 𝗘𝗡 𝗘𝗟 𝗔𝗬𝗨𝗡𝗧𝗔𝗠𝗜𝗘𝗡𝗧𝗢

La colocación actual me pareció especialmente acertada.

El reloj se encuentra en el hall de la planta baja del Ayuntamiento de Padul, situado sobre una estructura metálica que permite contemplarlo desde diferentes ángulos.

Desde el frente aparecen sus engranajes principales y su pequeña esfera central.

Desde los laterales pueden apreciarse las enormes ruedas y los mecanismos de transmisión.

Por detrás se ven perfectamente los tambores donde se enrollaban las cuerdas.

Y suspendidas permanecen todavía las pesas que explican visualmente cómo funcionaba aquella maquinaria antes de que la electricidad sustituyera al viejo sistema.

Un gran panel situado junto a la pieza reconstruye además su historia mediante documentos, fotografías antiguas y modernas, imágenes de la restauración y una sencilla cronología:

1904: adquisición del reloj.

1998: sustitución por sistema eléctrico.

2025: recuperación y restauración.

A pocos metros hay también una gran esfera con números romanos.

El resultado convierte esa zona del Ayuntamiento en un pequeño espacio interpretativo.

Y considero que ahí está uno de los grandes aciertos: el reloj ya no está escondido.

Ahora pertenece nuevamente a los vecinos.

♻️ 𝗨𝗡 𝗛𝗢𝗠𝗕𝗥𝗘 𝗤𝗨𝗘 𝗩𝗘 𝗣𝗔𝗧𝗥𝗜𝗠𝗢𝗡𝗜𝗢 𝗗𝗢𝗡𝗗𝗘 𝗢𝗧𝗥𝗢𝗦 𝗩𝗘𝗡 𝗛𝗜𝗘𝗥𝗥𝗢 𝗩𝗜𝗘𝗝𝗢

Quien conozca la trayectoria de Julio Martín Villanueva comprenderá que este trabajo no resulta extraño.

Desde hace años viene demostrando una especial sensibilidad hacia aquello que otros podrían considerar viejo, inútil o destinado al abandono.

Julio es artista autodidacta y trabaja especialmente con hierro y materiales reutilizados, transformándolos en esculturas y composiciones artísticas.

Pero esa misma capacidad de mirar una pieza y descubrir lo que todavía puede contar aparece también cuando trabaja con el patrimonio colectivo.

🌾 Lo encontramos implicado en la recuperación y puesta en valor del Silo de Padul, convertido hoy en Centro de Interpretación Etnográfico. El propio Ayuntamiento destaca el enorme trabajo colectivo desarrollado allí, y Julio figura entre las personas directamente vinculadas al proyecto junto a otros colaboradores y vecinos que recuperaron y donaron numerosos objetos y herramientas agrícolas.

🌳 También participó en el Bosque de la Poesía de Padul, encargándose del diseño y tratamiento del metal de las siluetas arbóreas donde quedaron instalados poemas por diferentes rincones del municipio. La iniciativa comenzó en 2025 y posteriormente se amplió a nuevos espacios urbanos.

🧳 Y suyo es igualmente el Homenaje al Emigrante situado en la antigua Estación del Tranvía, inaugurado el 18 de diciembre de 2024 con motivo del Día Internacional del Migrante. Una figura con su maleta y una silueta vaciada hablan de la marcha, la ausencia, la incertidumbre y la esperanza.

Incluso el Ayuntamiento recoge trabajos suyos dedicados al estudio y divulgación de los refugios tradicionales de pastores y agricultores y de antiguas huellas de carros localizadas en distintos caminos de Padul.

🤝 𝗟𝗔 𝗚𝗘𝗡𝗘𝗥𝗢𝗦𝗜𝗗𝗔𝗗 𝗤𝗨𝗘 𝗧𝗔𝗠𝗕𝗜É𝗡 𝗖𝗢𝗡𝗦𝗧𝗥𝗨𝗬𝗘 𝗣𝗔𝗧𝗥𝗜𝗠𝗢𝗡𝗜𝗢

Hay muchas maneras de contribuir a un pueblo.

Se puede escribir su historia.

Se pueden conservar fotografías.

Se pueden recuperar documentos.

Se pueden donar objetos.

Se pueden restaurar edificios.

Y también se puede ofrecer gratuitamente algo quizá todavía más valioso: el propio tiempo, los conocimientos y las manos.

Eso es lo que merece destacarse en el caso de Julio Martín Villanueva.

Porque recuperar una maquinaria como esta requiere muchas horas que nadie devuelve.

Horas de limpieza.

Horas intentando comprender mecanismos construidos hace más de un siglo.

Horas resolviendo problemas.

Horas dedicadas a una pieza que no pertenece a Julio, sino al patrimonio común de Padul.

Ese componente altruista engrandece todavía más el trabajo.

Julio no se llevó aquel reloj a su casa.

Lo devolvió al pueblo.

🕰️❤️ 𝗘𝗟 𝗥𝗘𝗟𝗢𝗝 𝗬𝗔 𝗡𝗢 𝗠𝗔𝗥𝗖𝗔 𝗟𝗔𝗦 𝗛𝗢𝗥𝗔𝗦, 𝗣𝗘𝗥𝗢 𝗦Í 𝗠𝗔𝗥𝗖𝗔 𝗟𝗔 𝗠𝗘𝗠𝗢𝗥𝗜𝗔

Mientras observaba la maquinaria pensé en una paradoja.

Aquel reloj fue construido para medir el tiempo.

Hoy ya no tiene que decirnos si son las doce, las tres o las siete.

Para eso tenemos relojes, teléfonos móviles, ordenadores y todo tipo de dispositivos.

Y, sin embargo, quizá ahora nos diga algo todavía más importante.

Nos habla del tiempo que ha pasado.

Del Padul de 1904.

De aquellos vecinos que levantaban la mirada hacia la torre.

Del campesino que sabía la hora escuchando una campana.

De quienes daban cuerda diariamente al mecanismo.

De las generaciones que nacieron, trabajaron, se casaron, envejecieron y murieron mientras aquellas ruedas continuaban girando sobre sus cabezas.

Nos habla también de 1998, cuando la modernidad hizo innecesario el viejo mecanismo.

Y de 2025, cuando unas manos decidieron que ser antiguo no significaba ser inútil.

Por eso, cuando alguien entre en el Ayuntamiento de Padul y vea aquella gran máquina, quizá convenga detenerse unos minutos.

Mirar los engranajes.

Mirar las pesas.

Mirar el péndulo.

Imaginar las campanas.

Y recordar quién hizo posible que todavía podamos contemplarla.

👏 Gracias, Julio Martín Villanueva, por recuperar gratuitamente una parte de la historia de Padul y, sobre todo, por demostrar que cuidar el patrimonio no consiste solamente en conservar objetos: consiste en conservar la memoria que llevan dentro.

Porque mientras alguien sea capaz de rescatarla del polvo y devolverla a su pueblo, la memoria nunca termina de detenerse. 🕰️


📚 𝗕𝗜𝗕𝗟𝗜𝗢𝗚𝗥𝗔𝗙Í𝗔 𝗬 𝗙𝗨𝗘𝗡𝗧𝗘𝗦

• Vílchez, Rafael: «El valioso reloj de las 8.000 pesetas que guarda un pueblo de Granada en su Ayuntamiento», Ideal, reproducido en Campaners.

• Campaners, inventario y documentación gráfica del reloj de Padul. Registro de la inauguración de la restauración, 6 de abril de 2025.

• El Comarcal de Lecrín: «Padul conmemora el Día Internacional del Migrante con la inauguración de una escultura y una exposición», 18 de diciembre de 2024.


📸 Fotografías: Miguel Ángel Molina Palma

✍️ Miguel Ángel Molina Palma

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Las grandes ruedas dentadas transmitían el movimiento de unas piezas a otras, mientras el péndulo contribuía a regular el paso del tiempo.

Ante mí estaba una impresionante maquinaria de hierro, ruedas dentadas, engranajes, ejes, tambores, péndulo, pesas y cuerdas. Restaurada y perfectamente presentada para que cualquiera pueda rodearla y observarla de cerca.

Un conjunto de grandes pesas suspendidas transmitía lentamente su fuerza a través de cuerdas enrolladas en cilindros.

Y también se puede ofrecer gratuitamente algo quizá todavía más valioso: el propio tiempo, los conocimientos y las manos.