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| La Torrecilla de Nigüelas Foto: Miguel Ángel Molina |
🏰 Las guardianas del Valle: torres y atalayas en la Ruta de Boabdil
👁️ Una red medieval de vigilancia y defensa que vuelve a cobrar sentido dentro del gran itinerario histórico entre Granada y las Alpujarras
Mucho antes de que las carreteras atravesaran el Valle de Lecrín y de que los pueblos pudieran comunicarse en cuestión de minutos, había otros ojos vigilando el territorio.
Desde cerros, lomas, pasos naturales y pequeñas fortalezas, torres y atalayas observaban caminos, barrancos, ríos, poblaciones y campos de cultivo. Algunas protegían directamente las antiguas alquerías; otras, levantadas en posiciones dominantes, tenían como principal misión vigilar y transmitir rápidamente una situación de peligro a otros puntos defensivos.
Aún hoy permanecen algunas de aquellas construcciones. Otras han desaparecido casi por completo y únicamente sobreviven en documentos, restos arqueológicos o nombres transmitidos durante generaciones.
El Plan Director de la Ruta de Boabdil propone recuperar parte de este extraordinario patrimonio militar del Valle de Lecrín e integrarlo en el itinerario que rememora el último viaje de Muhammad XII, Boabdil, desde Granada hacia las Alpujarras y finalmente hasta el Mediterráneo.
Entre los lugares contemplados aparecen la Atalaya de Cónchar, la denominada en el Plan Atalaya de Dúrcal, la Torre Árabe o Torrecilla de Nigüelas, la Atalaya de Saleres, la Torre de la Alquería de Restábal y la Torre del Tío Bayo de Albuñuelas, junto a castillos y castillejos que completaban un sistema defensivo mucho más amplio.
Pero comprender estas antiguas guardianas exige mirar más allá de cada torre individualmente.
Porque no estaban solas.
Formaban una red. 🏰👁️🌄
🌄 El Valle de Lecrín, un corredor estratégico
La extraordinaria concentración de fortificaciones del Valle no fue casual.
La investigadora María Aurora Molina Fajardo ha señalado la importancia histórica de la comarca por su posición entre la Vega de Granada, la Costa Tropical, las Alpujarras y el Temple. El Valle constituía un corredor natural cuya función como vía de comunicación condicionó profundamente su poblamiento y su historia.
Durante la Edad Media, controlar este territorio significaba controlar caminos esenciales para desplazarse entre la capital granadina, las montañas alpujarreñas y el litoral.
De ahí la existencia de un complejo sistema de fortificaciones.
Molina Fajardo identifica un auténtico anillo fortificado que habría contado al menos con diecinueve bastiones distribuidos por el Valle de Lecrín. No todos cumplían la misma función ni tenían las mismas dimensiones: había grandes castillos o husun, torres asociadas a las alquerías y, finalmente, atalayas destinadas principalmente a la observación y comunicación visual.
El historiador Antonio Malpica llegó a comparar este modelo defensivo con los existentes en territorios fronterizos por la importancia del Valle dentro de la red de comunicaciones del reino nazarí.
Así, cuando hoy observamos una torre aislada sobre un cerro, debemos imaginarla formando parte de algo mucho mayor.
🕌 Atalayas, torres de alquería y castillos: no eran exactamente lo mismo
La Ruta de Boabdil ofrece una magnífica oportunidad para explicar una distinción que muchas veces pasa desapercibida.
No toda torre medieval era una atalaya.
👁️ Las atalayas
Se situaban generalmente en lugares elevados con una amplia visibilidad del territorio. Su misión fundamental era la vigilancia y la comunicación entre diferentes puntos defensivos.
Eran los ojos del sistema.
Desde ellas podía observarse un movimiento peligroso y alertar a otras torres, fortalezas y poblaciones.
🏘️ Las torres de alquería
Tenían una relación mucho más directa con los lugares habitados. Podían encontrarse dentro o junto a una alquería y proporcionar un espacio fuerte de protección inmediata para sus habitantes.
Además de defender a la población, ayudaban a controlar caminos, campos y pasos cercanos.
🏰 Los castillos o husun
Eran fortificaciones de mayor entidad, normalmente situadas sobre elevaciones estratégicas y dotadas de recintos defensivos más amplios, torres, albacares y, en muchos casos, infraestructuras hidráulicas como aljibes.
Las tres tipologías interactuaban entre sí.
Atalayas, torres y castillos formaban diferentes escalones de una misma organización territorial.
👁️ La Atalaya de Cónchar: uno de los grandes ojos del Valle
Entre las estructuras conservadas destaca especialmente la Atalaya de Cónchar, en el municipio de Villamena.
El Plan Director la denomina también Atalaya de Villamena y propone recuperar tanto la torre como su sendero de acceso.
La considera una torre vigía de origen nazarí y plantea consolidar su estructura, limpiar el entorno y rehabilitar el camino mediante pavimento natural estabilizado, barandillas y señalización común de la Ruta de Boabdil. También prevé instalar paneles interpretativos que permitan comprender su función dentro de la red defensiva del Valle.
La investigación histórica aporta todavía más interés.
Molina Fajardo sitúa la torre sobre una colina de aproximadamente 800 metros de altitud, dominando visualmente el valle del río Dúrcal y relacionándose con las estructuras defensivas de Dúrcal y Saleres. Describe una construcción circular y troncocónica de mampostería, con sus dos tercios inferiores macizos y el acceso situado en la parte superior.
El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico también documenta este monumento bajo la denominación Torre de Cónchar, dentro del patrimonio inmueble de Villamena.
Cuando hoy contemplamos la atalaya recortada sobre el paisaje resulta más fácil comprender su misión original.
Desde allí arriba se veía antes de ser visto.
🌄 La Atalaya de Saleres: vigilar desde una de las grandes alturas
Si Cónchar es uno de los mejores ejemplos conservados, Saleres posee otro de los puntos fundamentales de aquel sistema.
La llamada Atalaya de Saleres, identificada también en la documentación patrimonial como Torre de Marchal, se encontraba en una posición especialmente privilegiada.
La investigación considera que Cónchar y Saleres son las dos torres atalaya medievales que han llegado hasta nosotros en el Valle de Lecrín, frente a otras que sabemos que existieron pero desaparecieron.
La de Saleres conserva principalmente la parte inferior maciza de la estructura. Su emplazamiento en una de las mayores elevaciones del territorio le proporcionaba una extraordinaria capacidad de observación. Molina Fajardo destaca precisamente su importancia para controlar buena parte del Valle.
El IAPH la tiene registrada bajo la denominación Torre de Marchal, dentro del municipio de El Valle.
El Plan Director quiere devolverle protagonismo.
Propone consolidarla estructuralmente, limpiar su entorno y acondicionar el sendero mediante pavimento seguro, barandillas y señalización. Los futuros paneles interpretativos explicarían precisamente aquello que da sentido a este artículo: su papel dentro del sistema de control territorial nazarí.
La actuación aparece considerada de prioridad alta, con horizonte 2026-2030.
Saleres puede convertirse así en uno de los mejores lugares desde los que explicar al visitante cómo funcionaba la vigilancia medieval del Valle.
🏯 Dúrcal y el Fuerte de Márgena o Mahína: una precisión importante
Aquí encontramos un caso especialmente interesante porque el propio estudio del patrimonio permite matizar la denominación utilizada por el Plan Director.
El documento de la Ruta de Boabdil menciona una «Atalaya de Dúrcal - Fuerte de Mahína» y la incorpora entre los elementos que deberían rehabilitarse, señalizarse y hacerse accesibles.
Sin embargo, los estudios especializados sobre la arquitectura militar del Valle realizan una clasificación algo diferente.
María Aurora Molina Fajardo denomina el enclave Fuerte de Márgena y lo incluye entre las torres de alquería, no entre las torres atalaya propiamente dichas.
Según su investigación, Márgena era durante el siglo XVI uno de los barrios importantes de Dúrcal, con su propio caserío, templo y estructura defensiva. De aquella torre permanecían todavía los paramentos este y sur unidos formando un ángulo, mientras que hasta las últimas décadas del siglo XX podían distinguirse restos de la antigua cerca que la acompañaba.
Por tanto, conviene mantener ambas denominaciones cuando hablemos de la Ruta de Boabdil:
el Plan lo incorpora como «Atalaya de Dúrcal», vinculándolo al Fuerte de Mahína; la investigación histórica especializada lo interpreta como una torre de alquería del antiguo núcleo de Márgena.
Esta diferencia no disminuye su importancia.
Al contrario, permite explicar que la arquitectura defensiva medieval era mucho más compleja que una simple sucesión de atalayas.
🏘️ La Torre de la Alquería de Restábal: otra defensa dentro del pueblo
Restábal ofrece un ejemplo particularmente interesante porque posee dos elementos diferentes que no debemos confundir.
Por un lado está el Castillo de Restábal, situado sobre la Loma del Castillo y al que dedicamos el artículo anterior.
Y por otro, la denominada Torre de la Alquería de Restábal, situada históricamente en relación mucho más directa con la población.
El Plan Director incluye expresamente esta torre entre el conjunto de fortificaciones menores que pretende recuperar.
Molina Fajardo señala que las torres de Restábal y del Tío Vayo de Albuñuelas constituyen dos buenos ejemplos de torres de alquería que han llegado hasta tiempos recientes gracias a su reutilización después de la conquista cristiana.
La de Restábal habría sido reaprovechada como vivienda. Se trataba de una construcción ligeramente rectangular, con gruesos muros y varias alturas, conservando en su parte inferior restos relacionados con un aljibe. La documentación histórica y los indicios materiales sugieren además que estas torres pudieron disponer de algún recinto murado asociado.
Eso significa que Restábal poseía distintas escalas de defensa:
🏰 una fortaleza principal dominando el territorio;
🏘️ y una torre asociada directamente al espacio habitado.
Juntas ayudan a comprender mucho mejor cómo se organizaba la seguridad de las comunidades medievales.
🧱 La Torre del Tío Bayo de Albuñuelas: una fortificación que terminó integrada entre las casas
Otro magnífico ejemplo es la Torre del Tío Bayo, también llamada en distintas fuentes Torre del Tío Vayo.
A diferencia de una atalaya levantada en un cerro aislado, esta construcción terminó integrada dentro del propio núcleo urbano de Albuñuelas.
La Base de Datos del Patrimonio Inmueble de Andalucía la caracteriza como una torre defensiva medieval árabe. Se trata de una construcción rectangular de varios niveles, posteriormente transformada y reutilizada.
Molina Fajardo la clasifica como torre de alquería y explica que su conservación está precisamente relacionada con esa reutilización después de la conquista. Durante distintas etapas llegó a funcionar como espacio doméstico y corral.
La Ruta de Boabdil vuelve a incluirla entre los elementos defensivos que merecen recuperación, señalización e interpretación.
La Torre del Tío Bayo tiene además una virtud extraordinaria para la divulgación turística: permite comprender que la defensa medieval no estaba siempre separada del pueblo.
A veces formaba literalmente parte de él.
🏯 La Torrecilla de Nigüelas: de torre defensiva a centro de interpretación
En Nigüelas, el Plan Director da un paso más.
No plantea simplemente señalizar su antigua torre, sino transformarla en un verdadero Centro de Interpretación.
La denominada Torre Árabe o Torrecilla de Nigüelas sería rehabilitada estructuralmente, adecuando su interior con recursos museográficos y colocando paneles explicativos en el entorno.
El propio Plan pretende dedicar sus contenidos a explicar la historia de la torre, su función defensiva y su relación con otros lugares de la red de vigilancia nazarí.
El IAPH documenta igualmente el inmueble como Torre de Nigüelas, dentro del patrimonio histórico de la localidad.
Si esta propuesta llega a materializarse, la Torrecilla podría desempeñar una función especialmente útil dentro de la Ruta de Boabdil:
enseñar al visitante cómo funcionaban todas las demás.
No solamente contemplar una torre, sino comprender el territorio desde ella.
👻 Las guardianas desaparecidas: Acequias y Padul
Quizá la parte más fascinante de esta historia sea aquella que ya no podemos ver.
Los estudios históricos indican que en el Valle existieron al menos otras dos atalayas hoy desaparecidas.
Una se encontraba en Acequias.
Otra habría estado en Padul.
María Aurora Molina Fajardo recoge testimonios históricos de Diego Hurtado de Mendoza y Luis del Mármol Carvajal. En Acequias aparece mencionada una torre denominada Calat el Haxar, mientras que en Padul habría existido otra atalaya, posiblemente relacionada con el cerro que conserva esa denominación.
Estas torres desaparecidas son importantes porque permiten reconstruir mentalmente una red mucho más extensa que la que contemplamos hoy.
Cónchar y Saleres no eran dos vigilantes solitarios.
Formaban parte de una cadena.
A ellas se sumaban otras estructuras defensivas repartidas por el Valle, creando una verdadera arquitectura de la vigilancia.
🏘️ También Ízbor formó parte del sistema
La investigación histórica incluye además la Torre de Ízbor entre las antiguas torres relacionadas con las poblaciones del Valle.
Hasta comienzos del siglo XXI podía identificarse mejor dentro del entramado urbano, aunque posteriormente quedó muy transformada por construcciones modernas, dificultando la lectura de su apariencia original. Molina Fajardo señala que incluso existen dudas sobre si se trataba propiamente de una torre de alquería o de un elemento perteneciente a una antigua cerca.
Es otro ejemplo de la fragilidad de este patrimonio.
No siempre desaparece porque una torre caiga.
A veces continúa físicamente allí, pero queda tan transformada que dejamos de reconocerla.
🔗 Una red que se comunicaba visualmente
Cuando estas estructuras se colocan sobre el mapa, el paisaje cambia por completo.
La Atalaya de Cónchar mantenía relación visual con las defensas de Dúrcal y con Saleres.
La Atalaya de Saleres, situada en una posición todavía más dominante, controlaba amplias extensiones del Valle.
Las torres de alquería protegían directamente las poblaciones.
Los castillos de Dúrcal, Mondújar, Restábal, Lojuela y otros enclaves constituían estructuras de mayor entidad.
En conjunto, este sistema permitía vigilar, comunicar y defender el territorio.
Molina Fajardo resume la organización medieval del Valle como un sistema complejo en el que las torres atalaya alertaban ante posibles peligros; las torres y fortines vinculados a las alquerías ofrecían protección inmediata y controlaban caminos y poblaciones; y los castillos ocupaban posiciones estratégicas dominando ríos, pasos y grandes extensiones territoriales.
Era, en definitiva, una red construida sobre algo que hoy seguimos disfrutando como uno de los grandes atractivos turísticos del Valle:
la visibilidad del paisaje.
👑 ¿Qué relación tienen estas torres con Boabdil?
Aquí también debemos ser rigurosos.
Que estas fortificaciones formen parte de la Ruta de Boabdil no significa necesariamente que Boabdil estuviera personalmente en cada torre ni que exista documentación que permita afirmar que todas participaron en su viaje hacia las Alpujarras.
Su valor dentro de la ruta es fundamentalmente territorial e histórico.
Eran parte del sistema defensivo del reino nazarí.
Controlaban los caminos y poblaciones de un territorio que el último sultán debía atravesar en sus desplazamientos entre Granada y las tierras meridionales.
Constituyen, por tanto, el paisaje político, militar y humano en el que se desarrolló la última etapa de al-Ándalus.
La Ruta de Boabdil puede servirse de ellas para explicar ese mundo, siempre diferenciando lo documentado de las tradiciones y de la narración turística contemporánea.
La historia es suficientemente apasionante como para no necesitar inventarla.
🛠️ ¿Qué quiere hacer el Plan Director con ellas?
El proyecto plantea una actuación conjunta sobre buena parte de estas estructuras.
En términos generales se proponen:
- Consolidaciones estructurales.
- Limpiezas arqueológicas y del entorno.
- Eliminación de vegetación invasora.
- Mejora de los senderos y caminos de acceso.
- Instalación de señalización homogénea.
- Paneles históricos e interpretativos.
- Creación de recursos visitables vinculados a la Ruta de Boabdil.
El Plan considera que este patrimonio se encuentra en algunos casos en riesgo de desaparición y que recuperarlo permitiría mostrar al visitante «un mosaico completo de fortificaciones» capaz de explicar la complejidad defensiva de época nazarí.
Para la Atalaya de Cónchar y la de Saleres existen además actuaciones individualizadas; y para la Torrecilla de Nigüelas se proyecta un centro de interpretación.
Todas estas propuestas se encuadran en el horizonte general 2026-2030, aunque, como en el resto del Plan Director, su inclusión en el documento no significa que todas las obras estén ya ejecutadas ni garantiza que lleguen a realizarse exactamente en los términos descritos.
🌿 Conservar las torres es conservar también el paisaje
Una torre medieval pierde buena parte de su significado si se contempla únicamente como una construcción de piedra.
Hay que mirar desde ella.
Preguntarse qué podía verse.
Qué camino discurría bajo el cerro.
Qué pueblo estaba protegido.
Con qué otra fortificación se comunicaba.
Qué río, vega o paso quedaba bajo vigilancia.
Es precisamente esta relación entre arquitectura y territorio la que hace tan especial al sistema defensivo del Valle de Lecrín.
Las torres se construyeron para mirar el paisaje.
Y hoy el paisaje puede ayudarnos a comprender las torres.
❤️ Las guardianas que todavía esperan
Siglos después, aquellas torres ya no anuncian enemigos.
Desde Cónchar no es necesario alertar a Saleres.
Desde una torre de alquería nadie espera refugiar a los habitantes de un pueblo ante una incursión.
Los castillos dejaron hace mucho de controlar los caminos.
Pero las viejas guardianas continúan cumpliendo otra función.
Nos recuerdan que el Valle de Lecrín fue un territorio organizado, poblado y defendido; un corredor imprescindible dentro del reino de Granada; un paisaje donde caminos, agua, pueblos y fortificaciones formaban parte de un mismo sistema.
La Ruta de Boabdil ofrece ahora una oportunidad para volver a unir esas piezas.
No reconstruyendo artificialmente un pasado perdido, sino conservando, estudiando y explicando lo que todavía queda.
La Atalaya de Cónchar.
La Atalaya de Saleres.
El Fuerte de Márgena o Mahína.
La Torrecilla de Nigüelas.
La Torre de la Alquería de Restábal.
La Torre del Tío Bayo de Albuñuelas.
Y, en la memoria, las atalayas desaparecidas de Acequias y Padul y otras construcciones que formaron parte de aquella compleja red medieval.
Todas ellas ayudan a contar una misma historia.
La de un Valle que durante siglos necesitó guardianas en sus alturas. 👁️🏰🌄
Y que hoy puede convertir esas antiguas guardianas en lugares desde los que mirar, comprender y conservar su historia.
Miguel Ángel Molina Palma ✍️
Fotos: Isaías Padial 📷
📚 Bibliografía y fuentes consultadas
- López Molina, Joaquín; Vega Alonso, Antonio; Ramos Peinado, Jonathan; Gámez Palomares, Aurora; López Molina, Miguel. Plan Director Ruta Boabdil. Granada, septiembre de 2025. Especialmente las actuaciones dedicadas a la Atalaya de Villamena-Cónchar, Atalaya de Saleres, Torre Árabe de Nigüelas y programa general de rehabilitación de atalayas, torres y castillos.
- Molina Fajardo, María Aurora. «Castillos, fuertes y atalayas: fragmentos de una memoria islámico-cristiana en el Valle de Lecrín (Granada)», en Mirando a Clío. El arte español espejo de su historia. Actas del XVIII Congreso del CEHA, Santiago de Compostela, 2012.
- Malpica Cuello, Antonio. Poblamiento y castillos en Granada. Barcelona-Madrid, Lunwerg / El Legado Andalusí, 1996.
- Martín García, Mariano; Bleda Portero, Jesús; Martín Civantos, José María. Inventario de arquitectura militar de la provincia de Granada. Siglos VIII al XVIII. Diputación de Granada.
- Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH).
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