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| Paco de Saleres y Antonio de Melegís |
💧🌾 Paco de Saleres y la memoria de un pueblo: la fuente, las eras y la piedra del esparto
Hay conversaciones breves capaces de abrir una ventana hacia todo un mundo desaparecido. Apenas diez minutos bastaron para que Paco de Saleres devolviera a la memoria las antiguas eras, el sonido de los trillos, el golpeteo del esparto y las distintas fuentes que ha conocido la plaza de su pueblo.
El encuentro se produjo de manera casual en Restábal. Paco paseaba acompañado por el alcalde de El Valle, Antonio Ruiz Garrido, quien me lo presentó. Junto a su paisano Juan Manuel estuvimos hablando de aquel Saleres agrícola y trabajador que él conoció durante su infancia.
En la fotografía, Paco aparece a la izquierda: sonriente, con sombrero de paja, gafas, camisa de cuadros, pantalón vaquero y apoyado en su bastón. A su lado, el alcalde posa con el brazo sobre sus hombros, en una imagen cercana y afectuosa que refleja la confianza entre vecinos.
🌾 Cuando Saleres estaba rodeado de eras
Paco recuerda que, cuando era pequeño, en Saleres se sembraba mucho cereal. Las principales eras se encontraban en la parte alta y a las afueras de la población, junto al actual cementerio y al camino de Albuñuelas. Allí, en un terreno abierto y bien ventilado, se extendían las mieses y se trillaba el grano con los antiguos trillos arrastrados por caballerías. El conjunto conservado está formado por cuatro eras circulares o ligeramente ovaladas, de entre quince y dieciocho metros de diámetro. Es posible que hubiera además otras eras menores o particulares en terrenos próximos, lo que explicaría el recuerdo de Paco de que eran numerosas.
Las gavillas se llevaban hasta la era y se extendían formando la parva. Sobre ellas pasaba el trillo tradicional, una plataforma de madera cuya parte inferior llevaba incrustadas pequeñas piedras de pedernal o cuchillas metálicas. Arrastrado normalmente por mulos, daba vueltas una y otra vez para separar el grano de la espiga y cortar la paja.
Después llegaba el aventado: se lanzaba la mezcla al aire para que el viento apartara la paja más ligera y dejara caer el grano. Era un trabajo duro, realizado bajo el sol y compartido por familias enteras. Las eras no eran únicamente espacios productivos; también eran lugares de convivencia, aprendizaje y transmisión de conocimientos.
Junto al cereal ya existían algunos bancales plantados de naranjos. El recuerdo de Paco muestra, por tanto, un paisaje en transición: todavía dominado por los cultivos tradicionales de secano, pero en el que comenzaban a ganar terreno los cítricos que acabarían caracterizando buena parte del Valle de Lecrín. 🍊
En 1960, Saleres tenía 487 habitantes de hecho y 124 hogares. Durante aquella década comenzó a notarse la emigración y en 1970 la población había descendido hasta los 454 habitantes. Detrás de aquellas cifras había numerosas historias personales y familiares.
🇩🇪 Ocho años trabajando en Alemania
La vida de Paco también quedó marcada por la emigración. Creo recordar que Paco me dijo que pasó ocho años trabajando en Alemania, como tantos españoles que tuvieron que marcharse en busca de oportunidades laborales.
El 29 de marzo de 1960 España y la República Federal de Alemania firmaron un acuerdo para regular la contratación y colocación de trabajadores españoles. A partir de entonces, miles de hombres y mujeres abandonaron sus pueblos para trabajar en fábricas, minas, obras y empresas alemanas.
Aquella emigración afectó profundamente al mundo rural. Salían personas jóvenes y en edad de trabajar, mientras los pueblos iban perdiendo población y muchas labores agrícolas comenzaban a transformarse. Los emigrantes enviaban dinero a sus familias y, cuando regresaban, traían ahorros, nuevas experiencias y una forma diferente de contemplar el mundo.
Los ocho años de Paco en Alemania forman parte de esa gran historia colectiva, pero también de una experiencia íntima: dejar atrás Saleres, adaptarse a otro país y conservar durante la distancia los recuerdos de las eras, las calles y las gentes del pueblo.
🔨 La piedra de majar esparto de la iglesia:
Uno de los recuerdos más singulares que conserva Paco se refiere a una piedra grande con una superficie lisa que había justo al lado de donde empieza la barandilla que conduce a la puerta principal de la iglesia de Santiago Apóstol. Se utilizaba para majar o picar el esparto.
El esparto seco o previamente remojado se colocaba sobre una piedra plana y se golpeaba repetidamente con una maza de madera. Así se rompía su rigidez y se separaban las fibras, dejándolas preparadas para elaborar cuerdas, pleitas, serones, capachos, esteras, alpargatas y numerosos utensilios agrícolas y domésticos.
La espartería tuvo una notable importancia en el Valle de Lecrín. Era una actividad humilde, pero imprescindible en una sociedad donde casi todo se aprovechaba y se fabricaba a mano. Los aparejos de las caballerías, los recipientes utilizados en el campo y muchos objetos de las casas dependían de aquellas fibras trabajadas con paciencia.
Paco recuerda también una escena llena de vida y hasta de cierta comicidad. Los hombres encargados de majar el esparto madrugaban para comenzar su faena. El sonido seco y repetitivo de la maza contra la piedra coincidía algunas veces con la llegada de los jóvenes que regresaban de pasar la noche fuera y se disponían, por fin, a acostarse.
Para unos comenzaba la jornada; para otros terminaba la noche. 🌅
El insistente golpeteo impedía dormir a los jóvenes y, según el relato conservado por Paco, aquella piedra terminó siendo arrancada y arrojada en las proximidades de uno de los molinos de Saleres.
Hoy, cuando ya no se maja esparto en la puerta de la iglesia y aquel ruido no puede molestar a nadie, merece la pena preguntarse dónde se encuentra. Recuperarla supondría rescatar una pieza del patrimonio etnográfico de Saleres. La tradición oral dice que se encuentra en un molino que era de aceite en dirección a Restábal.
No sería simplemente una piedra vieja. Sería la huella material de un oficio desaparecido y de una forma de vida que sobrevivió durante generaciones. Si algún vecino conoce el molino junto al que fue depositada o recuerda algo sobre su destino, su testimonio podría resultar decisivo para localizarla y devolverla al pueblo. 🪨
💦 Las tres fuentes de la plaza:
El testimonio de Paco y Juan Manuel permite comprender que la fuente de la plaza ha pasado, al menos, por tres configuraciones diferentes.
1. La antigua fuente de tres caños
Según la memoria oral de Paco y Juan Manuel de Saleres, antes del gran pilar adosado al muro existió en la plaza una fuente más amplia que la actual, provista al parecer de tres caños. Sus aguas se distribuían hacia ambos lados por varias piletas, o al menos una pileta hacia la izquierda.
Aquella disposición indica que no era una simple fuente para beber. Las diferentes pilas permitían aprovechar sucesivamente el agua para llenar recipientes, abrevar animales o realizar pequeñas tareas domésticas. Nada se desperdiciaba: el agua pasaba de una pileta a otra y continuaba su recorrido.
2. El gran pilar público:
Posteriormente se construyó un pilar adosado al muro, con un cuerpo central elevado y una amplia pila en la parte inferior. Esta parece ser la construcción que se distingue a la derecha en la fotografía antigua de los años sesenta, aunque el fuerte resplandor impide apreciar sus caños y detalles.
El pilar formaba parte inseparable de la vida de la plaza. A él acudían los vecinos con cántaros y recipientes, bebían las personas y probablemente también las caballerías. La fuente era al mismo tiempo infraestructura, lugar de encuentro y escenario de conversaciones cotidianas.
En aquellos años Saleres todavía era un municipio independiente. El edificio que actualmente conocemos como antiguo Ayuntamiento seguía cumpliendo su función municipal, de manera que la plaza reunía el agua, la administración y buena parte de la vida social del pueblo.
3. La fuente hace un par de años:
La fuente que encontramos entonces es considerablemente más pequeña. Permanece situada al fondo de la plaza, incorporada al muro y junto al comienzo de la calle ascendente, pero ha perdido la gran pila y el desarrollo lateral de las construcciones anteriores.
Hace unos cuantos años estaba encalada como las casas que la rodean, decorada con algunos detalles azules y acompañada por macetas. Su presencia parecía más simbólica y ornamental, evocadora de las fuentes anteriores, que vinculada a las necesidades domésticas y ganaderas que justificaron su existencia.
4. 🎨 La imagen actual de la fuente
La fuente de la plaza de Saleres presenta hoy una imagen muy diferente a la que ofrecía hace algunos años. Su aspecto actual es fruto de la intervención artística realizada hace algo más de un año por el melegileño José de la Herraora, quien renovó y decoró todo el conjunto.
⛲ El antiguo pilar aparece integrado en una composición de tonos ocres que imita bloques de piedra. La fuente conserva un cuerpo central de apariencia pétrea, rematado por un pequeño frontón triangular, con el caño situado sobre una pila rectangular. En su parte delantera se representa una escena de animales entre las rocas.
🌿 Detrás se extiende un mural en tonos verdes y azulados, inspirado en el agua y la vegetación, con una barandilla pintada y varias macetas que aportan vida y color. En la parte superior también puede verse un pequeño azulejo religioso, mientras que junto al caño figura un cartel que indica: «Agua controlada sanitariamente».
🪴 La presencia de numerosos maceteros alrededor de la fuente refuerza el carácter cuidado y vecinal de este rincón. Así, el antiguo pilar ha pasado a formar parte de un conjunto ornamental más amplio, convertido en uno de los espacios más singulares y reconocibles de la plaza de Saleres.
🏘️ Una plaza transformada, pero reconocible:
La plaza también ha cambiado profundamente. En la imagen antigua predominaban el empedrado irregular, los desniveles, las escalinatas de piedra y la ausencia total de vehículos y mobiliario urbano. Tres hombres se detenían ante el fotógrafo mientras varias mujeres observaban desde las puertas y una escalinata. Incluso un perro merodeaba junto al pilar.
La plaza actual presenta un pavimento más regular, zonas diferenciadas para el tránsito y un espacio central acondicionado. Las mesas y sillas de la terraza de El Remojito ocupan ahora parte del lugar en el que antiguamente se conversaba junto a la fuente.
Sin embargo, todavía sobreviven importantes elementos de continuidad. Las casas permanecen encaladas; se conservan los balcones de hierro, las tejas árabes, las ventanas estrechas y buena parte de los volúmenes tradicionales. En la antigua fachada municipal continúa la hornacina de la Virgen de la Fe, ahora resaltada con una moldura azul. Macetas, dibujos florales y colores más vivos dan a la plaza un aspecto cuidado y acogedor.
Antes era un espacio ligado al abastecimiento de agua, las caballerías y la actividad municipal. Hoy es un lugar de encuentro, descanso y hostelería. Han cambiado sus usos y su apariencia, pero continúa siendo uno de los corazones de Saleres. ☕🌿
🧭 Recuperar las pequeñas piezas de la historia:
La memoria de Paco nos recuerda que el patrimonio de un pueblo no está formado únicamente por iglesias, torres o grandes edificios. También lo componen las eras desaparecidas, los trillos, las piletas por las que corría el agua, las piedras sobre las que se majaba el esparto y las historias que todavía guardan quienes las conocieron.
Por eso sería importante documentar el trazado de la antigua fuente de tres caños, reunir fotografías del gran pilar público y tratar de localizar la piedra de majar esparto que está tirada en el antiguo molino de aceite. Tal vez permanezca abandonada, cubierta de tierra y vegetación, esperando que alguien reconozca su verdadero significado.
Escuchar a Paco de Saleres ha permitido recuperar, al menos por unos minutos, los sonidos de otro tiempo: las vueltas del trillo sobre la parva, el agua pasando de una pileta a otra y el golpe madrugador de la maza sobre la piedra.
Son sonidos que ya no se escuchan, pero que siguen formando parte de la memoria de Saleres. 💚
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| A la derecha del pico estaba La piedra para majar esparto |
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| En los años 60 estado de la Fuente que había en la plaza a la derecha. Foto del párroco Don Andrés |






