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| la Casa Grande del Conde de Villamena, fechada en el siglo XVII. |
🏡🌾 𝗣𝗔𝗧𝗥𝗜𝗠𝗢𝗡𝗜𝗢 𝗘𝗧𝗡𝗢𝗚𝗥Á𝗙𝗜𝗖𝗢 𝗬 𝗩𝗜𝗗𝗔 𝗧𝗥𝗔𝗗𝗜𝗖𝗜𝗢𝗡𝗔𝗟: 𝗨𝗡 𝗠𝗨𝗦𝗘𝗢 𝗗𝗘 𝗨𝗦𝗢𝗦 𝗬 𝗖𝗢𝗦𝗧𝗨𝗠𝗕𝗥𝗘𝗦 𝗣𝗔𝗥𝗔 𝗖𝗢𝗭𝗩Í𝗝𝗔𝗥
🧺 𝗨𝗻𝗮 𝗰𝗮𝘀𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝘀𝗶𝗴𝗹𝗼 𝗫𝗩𝗜𝗜 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗰𝗼𝘁𝗶𝗱𝗶𝗮𝗻𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗩𝗮𝗹𝗹𝗲 𝗱𝗲 𝗟𝗲𝗰𝗿í𝗻
Cuando hablamos de patrimonio solemos pensar primero en castillos, iglesias, torres, puentes o yacimientos arqueológicos. Sin embargo, existe otro patrimonio menos monumental y quizá mucho más cercano a la vida de nuestros antepasados: la casa donde se cocinaba, el granero donde se guardaba la cosecha, el molino donde el trigo se convertía en harina, la prensa del aceite, el cántaro utilizado para transportar el agua, el ajuar doméstico, los aperos de labranza, las labores agrícolas, las fiestas, las recetas, los oficios y hasta las palabras que empleaban nuestros mayores.
Todo ello forma parte del 𝗽𝗮𝘁𝗿𝗶𝗺𝗼𝗻𝗶𝗼 𝗲𝘁𝗻𝗼𝗴𝗿á𝗳𝗶𝗰𝗼, una memoria colectiva especialmente frágil, porque desaparece con enorme rapidez cuando dejan de utilizarse los objetos y fallecen las últimas personas capaces de explicar para qué servían, cómo se empleaban y en qué momentos de la vida cotidiana eran necesarios.
Por eso resulta especialmente interesante una de las actuaciones previstas dentro del Plan Director de la Ruta de Boabdil: la restauración de una casa señorial del siglo XVII en Cozvíjar, municipio de Villamena, para transformarla en un Museo de Usos y Costumbres Tradicionales. El proyecto pretende recuperar el inmueble, musealizar sus estancias y crear exposiciones permanentes dedicadas a la vida cotidiana, la agricultura y la artesanía local.
No debería tratarse simplemente de llenar habitaciones con objetos antiguos. El verdadero valor estaría en explicar cómo se vivía, cómo se trabajaba, cómo se organizaba una familia rural y de qué manera fue cambiando la sociedad del Valle de Lecrín a lo largo de los siglos. 🌾🏡
🏘️ 𝗖𝗼𝘇𝘃í𝗷𝗮𝗿, 𝘂𝗻 𝗽𝘂𝗲𝗯𝗹𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝘂𝗻𝗮 𝗹𝗮𝗿𝗴𝗮 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮
Cozvíjar forma actualmente, junto con Cónchar, el municipio de Villamena, creado en 1974 mediante la unión administrativa de ambas localidades. Su historia, sin embargo, es muchísimo más antigua.
El entorno conserva testimonios que abarcan desde la Prehistoria hasta nuestros días. El propio Plan Director incluye otra actuación destinada a poner en valor las cuevas atribuidas al Paleolítico Superior existentes en Cozvíjar, de manera que la Ruta de Boabdil podría ofrecer aquí una lectura histórica extraordinariamente amplia, desde los primeros testimonios humanos conocidos hasta la sociedad rural contemporánea.
Durante la Edad Media, Cozvíjar formó parte del sistema de alquerías que estructuraban el territorio del Valle de Lecrín. Después de la conquista castellana y, especialmente, tras la rebelión y expulsión de los moriscos en el siglo XVI, cambió profundamente la composición de la población, pero continuaron utilizándose tierras, sistemas de riego, caminos y espacios agrícolas heredados de épocas anteriores.
La vida siguió transformándose generación tras generación. Y precisamente esa continuidad de la vida cotidiana es la que un museo etnográfico podría ayudar a conservar y explicar.
🏡 𝗟𝗮 𝗰𝗮𝘀𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝘀𝗶𝗴𝗹𝗼 𝗫𝗩𝗜𝗜
El Plan Director propone restaurar una vivienda histórica del siglo XVII para convertirla en el futuro museo. La intención es recuperar los elementos arquitectónicos originales, adaptar las diferentes estancias y crear un discurso expositivo dedicado a la agricultura, la artesanía y la vida cotidiana.
La actuación aparece clasificada con prioridad alta, dentro del horizonte 2026-2030, y cuenta con un presupuesto estimado de 474.582,19 euros. El documento señala además que el inmueble figura como propiedad privada urbana, por lo que cualquier intervención requerirá previamente los correspondientes acuerdos, disponibilidad del edificio y trámites administrativos.
Estamos, por tanto, ante un proyecto previsto en el Plan Director y no ante un museo ya abierto al público.
🏛️ 𝗟𝗮 𝗖𝗮𝘀𝗮 𝗚𝗿𝗮𝗻𝗱𝗲 𝗱𝗲𝗹 𝗖𝗼𝗻𝗱𝗲 𝗱𝗲 𝗩𝗶𝗹𝗹𝗮𝗺𝗲𝗻𝗮
Cozvíjar conserva una de sus construcciones civiles históricas más destacadas: la Casa Grande del Conde de Villamena, fechada en el siglo XVII.
El Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos del planeamiento municipal la sitúa en la Plaza de la Constitución nº 2 y recuerda que perteneció a los condes de Villamena, de quienes procede precisamente el nombre del actual municipio. El edificio estuvo originalmente formado por una gran residencia que posteriormente quedó dividida en dos inmuebles. Posee dos plantas, un torreón en la fachada principal y una organización interna propia de una gran casa señorial rural.
Los estudios de la historiadora Margarita M. Birriel Salcedo permiten conocer mejor su funcionamiento. La Casa Grande contaba con patios, cocina, graneros, cocheras, caballerizas, numerosas habitaciones y una sala principal relacionada con las funciones señoriales del conde.
La vivienda podía funcionar al mismo tiempo como residencia familiar, centro de administración agrícola, espacio para el almacenamiento de cosechas, lugar para animales y vehículos y manifestación del poder social de sus propietarios.
Conviene, no obstante, mantener una precisión importante. La ficha del Plan Director denomina al inmueble destinado al futuro museo simplemente “Casa del siglo XVII” y aporta una referencia catastral concreta, pero no lo identifica expresamente en el texto como Casa Grande del Conde de Villamena. Por tanto, no debemos dar por hecho que ambas denominaciones correspondan exactamente al mismo edificio hasta que la documentación municipal del proyecto lo confirme.
🌾 𝗟𝗮 𝗮𝗴𝗿𝗶𝗰𝘂𝗹𝘁𝘂𝗿𝗮, 𝗲𝗹 𝗴𝗿𝗮𝗻 𝗺𝗼𝘁𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗿𝘂𝗿𝗮𝗹
Un museo de usos y costumbres de Cozvíjar debería conceder un espacio fundamental a la agricultura, porque durante siglos buena parte de la vida económica y social del pueblo giró alrededor de la tierra.
Sembrar, regar, podar, cosechar, transportar, moler, almacenar y vender no eran actividades independientes, sino partes de un mismo ciclo que marcaba el ritmo del año. Cada estación llevaba asociados determinados trabajos y cada tarea necesitaba herramientas, conocimientos y formas de cooperación transmitidas de padres a hijos.
Los aperos de labranza tendrían así mucho más sentido si aparecieran acompañados de fotografías, testimonios y explicaciones que permitieran comprender quién los utilizaba, cómo se utilizaban y qué esfuerzo exigían.
El paisaje agrícola que hoy contemplamos alrededor de Cozvíjar no es simplemente naturaleza. Es el resultado de siglos de trabajo humano.
💧 𝗔𝗴𝘂𝗮, 𝗿𝗶𝗲𝗴𝗼 𝘆 𝗽𝗮𝗶𝘀𝗮𝗷𝗲
Como ocurre en todo el Valle de Lecrín, el agua fue uno de los elementos esenciales de la economía tradicional. Acequias, albercas, turnos de riego y sistemas de reparto permitieron aprovechar un recurso limitado y distribuirlo entre tierras y propietarios.
La cultura del agua no consistía únicamente en construir canales. Implicaba también normas, derechos, obligaciones, acuerdos entre agricultores y jornadas comunitarias de limpieza y mantenimiento. Cada parcela dependía de una organización precisa que determinaba cuándo debía recibir el agua y durante cuánto tiempo.
Un buen museo podría explicar esta realidad mediante planos de acequias, fotografías, instrumentos de medida, testimonios orales y audiovisuales. Así el visitante comprendería que una acequia no era solamente una infraestructura hidráulica, sino también una institución social.
⚙️ 𝗟𝗼𝘀 𝗺𝗼𝗹𝗶𝗻𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗖𝗼𝘇𝘃í𝗷𝗮𝗿
Uno de los capítulos más interesantes de la historia económica local es el de los molinos.
La documentación del Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752 señala que en Cozvíjar existía un molino harinero de tres paradas, propiedad del Conde de Villamena, así como un molino de aceite de viga y otras pequeñas instalaciones relacionadas con la producción oleícola.
Estos datos permiten entender cómo la agricultura necesitaba también espacios dedicados a transformar sus productos. El cereal debía convertirse en harina y las aceitunas en aceite. Para ello eran necesarios molinos, instalaciones, animales de transporte, jornaleros y especialistas capaces de mantener en funcionamiento los mecanismos.
Un museo podría explicar de manera sencilla todo ese proceso, desde el trigo que llegaba del campo hasta el pan que terminaba sobre la mesa, o desde la recogida de la aceituna hasta el almacenamiento del aceite en las viviendas.
De esa manera, el molino dejaría de ser simplemente una vieja construcción para convertirse nuevamente en parte de un sistema económico y social completo.
🐴 𝗔𝗻𝗶𝗺𝗮𝗹𝗲𝘀, 𝗮𝗿𝗿𝗶𝗲𝗿𝗼𝘀 𝘆 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗽𝗼𝗿𝘁𝗲
Durante siglos, antes de la llegada generalizada de tractores, camiones y automóviles, una parte fundamental de la economía rural dependía de mulos, burros y caballos.
Servían para trabajar la tierra, transportar cosechas, mover carros y desplazarse entre pueblos. Las grandes viviendas rurales podían disponer de caballerizas y cocheras, como documenta precisamente el estudio de la Casa Grande de Villamena.
En un museo etnográfico, una albarda, un serón, un yugo, unas herraduras o un carro no deberían mostrarse únicamente como objetos curiosos. Habría que explicar cómo se utilizaban y qué papel desempeñaban dentro de la economía familiar.
Lo que hoy puede parecernos una herramienta extraña fue durante generaciones absolutamente imprescindible.
🍞 𝗟𝗮 𝗰𝗼𝗰𝗶𝗻𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗰𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝘀𝗮
La vida tradicional tampoco puede entenderse sin entrar en la cocina.
El hogar era el lugar donde se preparaban los alimentos, pero también donde la familia se calentaba, conversaba, transmitía historias y realizaba numerosas labores domésticas.
Una musealización bien concebida debería recrear no una cocina meramente decorativa, sino una cocina explicada: de dónde procedían los alimentos, cómo se conservaban, cómo se elaboraba el pan, cómo se almacenaban el aceite y los cereales, qué productos se consumían según las estaciones y cuáles se reservaban para las fiestas.
Las recetas tradicionales podrían incorporarse mediante testimonios de los propios vecinos. Así, un puchero, una sartén o una artesa dejarían de ser piezas aisladas para convertirse en parte de una historia familiar y comunitaria.
🧵 𝗟𝗮𝘀 𝗹𝗮𝗯𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝗮𝗽𝗮𝗿𝗲𝗰𝗶𝗲𝗿𝗼𝗻 𝗲𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗴𝗿𝗮𝗻𝗱𝗲𝘀 𝗹𝗶𝗯𝗿𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮
Hay además una parte fundamental de la vida tradicional que durante mucho tiempo quedó poco reflejada en la documentación oficial.
Coser, lavar, cuidar a los niños y a los mayores, preparar alimentos, mantener la casa, conservar productos, criar animales domésticos o ir por agua fueron tareas esenciales, realizadas fundamentalmente por mujeres y sin las cuales ninguna economía campesina habría podido funcionar.
Un museo moderno debería conceder a estas labores el lugar que merecen.
Porque la historia del Valle de Lecrín no se construyó únicamente en los campos; también se construyó dentro de las casas.
🔨 𝗢𝗳𝗶𝗰𝗶𝗼𝘀 𝘆 𝗮𝗿𝘁𝗲𝘀𝗮𝗻í𝗮
El Plan Director menciona expresamente que el futuro museo debería mostrar la artesanía local.
Este concepto permitiría recuperar la memoria de herreros, carpinteros, albañiles, zapateros, esparteros, panaderos, molineros, arrieros y trabajadores agrícolas.
Cada oficio poseía sus propias herramientas, técnicas y vocabulario. Muchos desaparecieron durante el siglo XX, otros se transformaron profundamente y algunos sobreviven únicamente en la memoria de las personas mayores.
Por eso resultaría fundamental iniciar cuanto antes la recopilación de testimonios orales. Los objetos pueden conservarse durante siglos, pero la memoria de quien sabe explicar cómo se utilizaban puede desaparecer en una sola generación.
📸 𝗙𝗼𝘁𝗼𝗴𝗿𝗮𝗳í𝗮𝘀, 𝗱𝗼𝗰𝘂𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝘆 𝘃𝗼𝗰𝗲𝘀
La mejor colección etnográfica no tendría que estar formada únicamente por herramientas y utensilios antiguos.
Las fotografías familiares pueden ser igualmente valiosas. Una era durante la trilla, una cuadrilla recogiendo aceituna, una matanza, una procesión, una boda, una escuela, un lavadero, una mujer amasando pan o un arriero acompañado de sus animales contienen información sobre vestimenta, arquitectura, trabajo, paisaje y relaciones sociales.
Junto a esas imágenes deberían conservarse entrevistas a los mayores, nombres antiguos de pagos y caminos, palabras locales, canciones, oraciones, recetas y técnicas agrícolas.
Ese patrimonio inmaterial es tan importante como cualquier pieza expuesta en una vitrina.
⛪ 𝗙𝗶𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀, 𝗱𝗲𝘃𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝘆 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝘁𝗮𝗿𝗶𝗮
La identidad tradicional de Cozvíjar tampoco puede explicarse únicamente desde el trabajo.
También hay que hablar de sus celebraciones, de la vida religiosa, de las reuniones familiares y de aquellas fechas que marcaban el calendario colectivo.
La Iglesia de San Juan Bautista, del siglo XVI, y la Ermita de la Virgen de la Cabeza estuvieron vinculadas durante generaciones a la vida religiosa y festiva de la población. Junto a ellas, las fiestas, romerías y celebraciones populares constituían momentos de encuentro que rompían el ritmo de los trabajos agrícolas.
El museo podría mostrar cómo el calendario rural alternaba tiempos de siembra y cosecha con tiempos de celebración, devoción y convivencia.
💡 𝗗𝗲𝗹 𝗰𝗮𝗻𝗱𝗶𝗹 𝗮 𝗹𝗮 𝗲𝗹𝗲𝗰𝘁𝗿𝗶𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱
También sería importante contar cómo cambió la vida durante el siglo XX.
La llegada de la electricidad, el agua corriente, los automóviles, los tractores, la radio, la televisión, los frigoríficos y posteriormente las nuevas tecnologías transformó profundamente el mundo rural.
En unas pocas décadas cambiaron la manera de trabajar, cocinar, desplazarse, conservar alimentos y relacionarse.
Puede parecernos historia reciente, pero muchas de aquellas transformaciones forman ya parte del patrimonio etnográfico.
Las generaciones actuales apenas pueden imaginar lo que significaba vivir en una casa iluminada por un candil o depender de animales para transportar una cosecha.
👑 𝗣𝗲𝗿𝗼 ¿𝗾𝘂é 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝘃𝗲𝗿 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗥𝘂𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗕𝗼𝗮𝗯𝗱𝗶𝗹?
La pregunta es necesaria.
El futuro museo no tendría sentido si se intentara relacionar artificialmente cada apero o cada utensilio doméstico con el último sultán nazarí.
El propio Plan Director plantea otra cosa: complementar los castillos, torres, caminos y monumentos de la Ruta mostrando la continuidad histórica y la vida cotidiana de las comunidades que habitaron posteriormente el territorio.
La figura de Boabdil puede servir como hilo conductor para recorrer el Valle, pero la historia no termina en 1492.
Después llegaron la población morisca, la rebelión de 1568, la expulsión, la repoblación cristiana, la sociedad agraria de los siglos XVII y XVIII, las transformaciones del XIX, la mecanización del campo, la emigración y los profundos cambios del siglo XX.
El museo permitiría contar precisamente esa continuidad.
🏺 𝗖𝗼𝘇𝘃í𝗷𝗮𝗿: 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗣𝗿𝗲𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗮 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗿𝘂𝗿𝗮𝗹
El interés de Cozvíjar dentro de la Ruta de Boabdil podría crecer considerablemente si se combinan las distintas actuaciones previstas por el Plan.
Por un lado estaría la puesta en valor de sus cuevas prehistóricas. Por otro, la creación del Museo de Usos y Costumbres. Entre ambos aparecerían caminos históricos, molinos, sistemas hidráulicos, patrimonio religioso y paisajes agrícolas.
El visitante podría recorrer así una historia que comenzaría en la Prehistoria, continuaría por el periodo andalusí, la conquista cristiana, la sociedad rural de la Edad Moderna, los molinos y pequeñas industrias, la vida doméstica y agrícola, y terminaría con la modernización y las grandes transformaciones contemporáneas.
Pocos pueblos ofrecen la posibilidad de explicar tantos siglos de historia sin abandonar un territorio tan reducido.
🧺 𝗤𝘂é 𝗽𝗼𝗱𝗿í𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝗻𝗲𝗿 𝗲𝗹 𝗳𝘂𝘁𝘂𝗿𝗼 𝗺𝘂𝘀𝗲𝗼
El Plan establece como grandes contenidos la vida cotidiana, la agricultura y la artesanía local. A partir de ellos podría desarrollarse una museografía mucho más rica con mobiliario doméstico, utensilios de cocina, herramientas agrícolas, piezas relacionadas con la producción del aceite y el cereal, aperos para animales, objetos de costura, herramientas de antiguos oficios, fotografías familiares, documentos, mapas de pagos y acequias y testimonios orales.
Pero lo verdaderamente importante sería que cada pieza estuviera acompañada de su historia.
No bastaría con colocar una azada y escribir «azada».
Habría que explicar quién la utilizaba, para qué trabajo servía, en qué época del año se empleaba y cuánto esfuerzo exigía.
Ahí está la diferencia entre guardar objetos antiguos y conservar realmente la memoria.
👴👵 𝗟𝗼𝘀 𝘃𝗲𝗰𝗶𝗻𝗼𝘀, 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗹𝗲𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝗺á𝘀 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲
Un proyecto de estas características tendría además una oportunidad excepcional: implicar directamente a los habitantes de Cozvíjar.
Muchas familias todavía conservan objetos, documentos y fotografías que quizá tengan escaso valor económico pero un enorme valor histórico.
Una vieja herramienta puede parecer insignificante hasta que alguien explica que perteneció a su abuelo y cuenta cómo la utilizaba. Una fotografía sin nombres puede convertirse en documento histórico cuando una persona reconoce a quienes aparecen en ella. Un topónimo olvidado puede regresar al mapa cuando un agricultor recuerda cómo se llamaba antiguamente un pago.
Por eso el museo debería construirse también desde la memoria vecinal.
No únicamente para el pueblo.
También con el pueblo.
⚠️ 𝗖𝗼𝗻𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮𝗿 𝘀𝗶𝗻 𝗶𝗱𝗲𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗿
Hay otro principio que debería acompañar a cualquier museo etnográfico.
No convertir el pasado rural en una postal romántica.
La vida tradicional tuvo belleza, cooperación comunitaria y una relación muy estrecha con la naturaleza y con los ciclos agrícolas. Pero también estuvo marcada por jornadas de trabajo muy duras, pobreza, desigualdad, escasez, emigración, trabajo infantil, dificultades sanitarias y una enorme carga de trabajo doméstico.
Recordar únicamente «lo bonito de antes» ofrecería una imagen incompleta.
Un buen museo debe explicar cómo se vivía realmente.
Con sus valores.
Y con sus dificultades.
🏡 𝗘𝗹 𝗲𝗱𝗶𝗳𝗶𝗰𝗶𝗼 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗱𝗲𝗯𝗲𝗿í𝗮 𝘀𝗲𝗿 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝘂𝘀𝗲𝗼
La elección de una vivienda del siglo XVII ofrece una ventaja extraordinaria.
El propio edificio puede explicar tanto como los objetos que se coloquen en su interior.
Sus muros, patios, escaleras, graneros, dependencias agrícolas, cocinas y sistemas constructivos permitirían comprender mejor cómo se organizaba una gran vivienda rural.
Por eso la restauración propuesta por el Plan contempla recuperar elementos arquitectónicos originales, evitando convertir el inmueble simplemente en unas salas modernas encerradas dentro de una fachada antigua.
La casa debería ser también una pieza del museo.
🌿 𝗨𝗻 𝗺𝘂𝘀𝗲𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗲𝗹 𝗩𝗮𝗹𝗹𝗲 𝗱𝗲 𝗟𝗲𝗰𝗿í𝗻
Aunque se ubicase en Cozvíjar, un museo de estas características podría tener una dimensión comarcal.
Muchos trabajos y formas de vida fueron compartidos por los pueblos del Valle de Lecrín: las labores agrícolas, los sistemas de riego, la elaboración del pan, la matanza, la recogida de aceituna, los molinos, los animales de carga, las eras, los lavaderos, las pequeñas tiendas, la escuela rural y los antiguos oficios.
Cada localidad posee sus particularidades, pero también existe una cultura tradicional común del Valle de Lecrín.
Cozvíjar podría convertirse así en uno de los lugares donde esa memoria encontrara una casa.
⚠️ 𝗨𝗻 𝗽𝗿𝗼𝘆𝗲𝗰𝘁𝗼 𝗽𝗿𝗲𝘃𝗶𝘀𝘁𝗼, 𝗻𝗼 𝘂𝗻 𝗺𝘂𝘀𝗲𝗼 𝘆𝗮 𝗰𝗿𝗲𝗮𝗱𝗼
Conviene mantener la misma precisión que estamos siguiendo en toda esta serie.
El Museo de Usos y Costumbres de Cozvíjar es actualmente una propuesta recogida en el Plan Director de la Ruta de Boabdil.
El documento plantea la restauración de una casa señorial del siglo XVII, la creación de un museo etnográfico, la recuperación de elementos arquitectónicos originales y la instalación de exposiciones sobre agricultura, artesanía y vida cotidiana. La actuación tiene prioridad alta, horizonte 2026-2030 y un presupuesto estimado de 474.582,19 euros.
Su realización definitiva dependerá de la disponibilidad del inmueble, los acuerdos necesarios, la financiación y el desarrollo de los correspondientes proyectos técnicos.
❤️ 𝗚𝘂𝗮𝗿𝗱𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗶𝗲𝗿𝘁𝗮 𝗲𝗻 𝗼𝗹𝘃𝗶𝗱𝗼
Quizá el mayor valor de esta propuesta sea precisamente su sencillez.
No pretende recuperar un palacio real, levantar una gran fortaleza ni reconstruir una batalla.
Quiere conservar algo mucho más cercano.
La manera en que vivieron nuestros mayores: cómo trabajaban, cómo cocinaban, cómo cultivaban, cómo transportaban las cosechas, cómo almacenaban el grano, cómo molían, cómo celebraban sus fiestas, qué recetas preparaban, qué oficios desempeñaban, cómo compartían el agua, qué palabras utilizaban y cómo afrontaban los años difíciles.
Los objetos que formaron parte de aquella vida están desapareciendo.
Unos se tiran.
Otros se venden.
Otros quedan abandonados en cámaras, almacenes y corrales.
Y muchas veces, cuando finalmente alguien los encuentra, ya no queda ninguna persona capaz de explicar para qué servían.
Ahí está la verdadera urgencia.
🏡 Un Museo de Usos y Costumbres para Cozvíjar no debería ser un almacén de cosas viejas.
Debería convertirse en un lugar donde cada objeto recuperase su historia, donde una herramienta volviera a tener nombre, donde una fotografía recuperase la identidad de quienes aparecen en ella, donde una cocina explicara cómo se preparaban los alimentos y donde una acequia pudiera entenderse como una forma de organización comunitaria y no solamente como un canal de agua.
También debería permitir a las generaciones jóvenes descubrir que el paisaje en el que viven no apareció por casualidad.
Fue construido por generaciones.
El Plan Director de la Ruta de Boabdil ofrece a Cozvíjar una oportunidad excepcional: conservar una casa del siglo XVII para guardar dentro de ella la memoria de muchos siglos de vida.
Porque los castillos cuentan la historia de quienes gobernaban.
Pero las casas, los campos, las cocinas, los molinos y las herramientas nos permiten conocer cómo vivía la gente.
Y esa historia también merece tener su museo. 🏡🌾🧺❤️
✍ 𝗖𝗼𝗹𝗮𝗯𝗼𝗿𝗮𝗱𝗼𝗿:
Miguel Ángel Molina Palma
© 2026.
📸 Fotos: Isaías Padial
📚 𝗕𝗜𝗕𝗟𝗜𝗢𝗚𝗥𝗔𝗙Í𝗔
López Molina, Joaquín; Vega Alonso, Antonio; Ramos Peinado, Jonathan; Gámez Palomares, Aurora; López Molina, Miguel. Plan Director Ruta Boabdil. Granada, septiembre de 2025. Actuación «Restauración de la casa del s. XVII para su transformación en Museo de Usos y Costumbres», Cozvíjar.
Birriel Salcedo, Margarita M. «De larga duración: el mobiliario rural en el reino de Granada (siglo XVIII)», Res Mobilis, Universidad de Oviedo, vol. 11, nº 14.
Molina Fajardo, María Aurora. Estudios sobre poblamiento, paisaje histórico, agricultura, sistemas hidráulicos y molinos del área septentrional del Valle de Lecrín.
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