15 septiembre 2026

Encarna Vallejo Freire

Encarna Vallejo Freire en 2015

 🎶🌿 ENCARNA VALLEJO FREIRE , «la Niña Trinidad»: la voz que conserva la memoria de Melegís

A sus 92 años, una de las mujeres de mayor edad del pueblo guarda en su memoria canciones, costumbres, oficios y escenas cotidianas pertenecientes a un Melegís que casi ha desaparecido.


Hay personas que llevan dentro la historia de un pueblo. No la historia solemne de las grandes fechas, sino aquella otra que se construye con el sonido de una canción, el paso de un mulo por una calle empedrada, la conversación de las mujeres en el lavadero, el repique de las campanas o el largo camino recorrido a pie para llegar hasta Dúrcal.


Una de esas personas es Encarna Vallejo Freire, conocida en Melegís como «la Niña Trinidad» por ser hija de Trinidad Freire, recordada popularmente como Trinidad «la Chota».


Encarna nació en Melegís el 25 de abril de 1934. A sus 92 años es una de las mujeres de mayor edad del pueblo y, sobre todo, una de las últimas herederas de una cultura transmitida principalmente de viva voz: canciones de rueda, romances, villancicos, coplas de trabajo, costumbres religiosas, juegos infantiles y recuerdos de la vida cotidiana.


Las fotografías reflejan bien su personalidad. Con el cabello corto y cuidadosamente peinado, sus inseparables gafas y una mirada atenta, Encarna transmite serenidad y firmeza. En una de las imágenes de 2015 aparece escuchando con unos auriculares durante las clases de informática; en  el vídeo ofrece una sonrisa abierta, espontánea y cercana. Son dos expresiones de una misma mujer: la alumna dispuesta a continuar aprendiendo y la vecina alegre que siempre ha disfrutado compartiendo sus recuerdos.


👨‍👩‍👧‍👦 Una familia profundamente unida a Melegís. 

Encarna fue hija de Agustín Vallejo y Trinidad Freire. Su padre murió relativamente joven, al parecer como consecuencia de una perforación de estómago. Tenía tierras y caballos, y antes de que se abriera la tienda familiar llevaba tomates y otras vituallas hasta su casa para venderlas.


Después de su fallecimiento, Trinidad «la Chota» abrió una tienda de ultramarinos en la que hoy es calle Granada, muy cerca del Revellín. Era uno de aquellos establecimientos rurales donde podía encontrarse casi de todo. En la atención del negocio la ayudaba su hijo Antoñico, que permaneció soltero y trabajó durante años junto a su madre.


Encarna tuvo cinco hermanos no necesariamente por este orden: Trinidad, conocida como «la Trinita»; Jesús; Manuel, llamado «Manolete», que ejercía como matarife; Miranda y Antoñico. Jesús vivía en las inmediaciones del pilar de la Era. Manolete, «el mataor de marranos», recorría las casas cuando llegaba el tiempo de las matanzas. Miranda fue el último alcalde de Melegís antes de la unión administrativa con Restábal y Saleres, desempeñando el cargo aproximadamente desde 1961 durante 10 años.


Encarna contrajo matrimonio a los treinta años con Antonio Sáez Fajardo. Tuvieron cuatro hijos: Agustín, Alicia, Encarni y Antonio Jesús. Con el paso del tiempo llegaron también sus nietos y nietas, prolongando una familia muy vinculada al pueblo.


Es tía de Mercedes y Jesús Vallejo; de Antonio, Mari Carmen, Francisco Javier y Gerardo Sáez; de Paquito y Abelardo, hijos de su hermana Trinidad, y de Nacho y su hermana, hijos de Manolete, entre otros sobrinos y familiares.


💍 Una boda y trece días de viaje.

Encarna y Antonio celebraron el convite de su boda en casa, como se acostumbraba entonces. Para agasajar a los invitados se preparó una enorme sartená de choto al ajillo, acompañada de pestiños, roscos, galletas, vino y aguardiente de Pinos del Valle.


El matrimonio pudo disfrutar de un viaje de novios de trece días. Primero fueron a Madrid, donde se alojaron en casa de un cuñado, y después visitaron Córdoba y Sevilla. Para una pareja procedente de un pequeño pueblo agrícola, aquel recorrido constituyó una experiencia extraordinaria.


Antonio Sáez tuvo que emigrar temporalmente a Francia buscando mejores oportunidades. Allí sufrió un grave accidente con una máquina alpacadora que lo mantuvo hospitalizado durante cuarenta días.


En Melegís, Antonio disponía de un mulo blanco que utilizaba para las diferentes tareas del campo. Aquel animal formaba parte de la vida laboral y familiar, como sucedía en tantas casas del pueblo, cuando las caballerías resultaban imprescindibles para arar, transportar las cosechas, llevar cargas y desplazarse por los caminos.


🏫 Las antiguas escuelas de Melegís.

Los recuerdos de Encarna permiten reconstruir parte de la cambiante geografía escolar del pueblo.


En el inmueble conocido posteriormente por albergar la tienda de la Expiración había estado anteriormente la escuela. Más tarde, los niños asistieron a las clases del Cabildo o antiguo Ayuntamiento, mientras que las niñas acudían a una vivienda situada en la zona donde residía la maestra, en la parte alta de la casa vinculada actualmente a la familia de Virginia Garrido.


Los párvulos recibían enseñanza en el salón parroquial. Allí ejerció doña Elena, casada con Antonio María, hermano de Maruja. Posteriormente, las escuelas instaladas en el Cabildo fueron trasladadas al lugar donde actualmente se encuentra el polideportivo.


Encarna aprendió en la escuela de niñas a leer, escribir y realizar las cuentas necesarias para desenvolverse en la vida diaria. Como muchas mujeres de su generación, su verdadera formación continuó fuera del aula: en el campo, en la cocina, junto al lavadero y en la convivencia con las mujeres mayores.


🌾 Trabajo, campo y vida doméstica.

Desde muy joven, Encarna trabajó en la recogida de la aceituna y en la recolección de naranjas y limones. También aprendió pronto a cocinar, coser, planchar y lavar la ropa a mano.


Cuando todavía no había agua corriente en las viviendas, acudía por la noche al lavadero de La Fuente acompañada por su cuñada. Elegían esas horas porque había menos mujeres y el agua llegaba más clara. Cuando era necesario también lavaban en la Fuente Grande e incluso en el río de Restábal.


En su casa se criaban cerdos, gallinas, gallos, pavos, conejos y algunas cabras que proporcionaban leche. La alimentación familiar se sustentaba en los recursos disponibles y en platos sencillos y nutritivos: pucheros, cazuelas, migas, sopas y productos procedentes del campo.


Encarna conoció un Melegís casi sin vehículos, con gallinas picoteando por las calles y caballerías que iban y venían cargadas con herramientas y cosechas. Las calles eran de tierra o estaban empedradas, y buena parte de la vida se desarrollaba delante de las casas.


De niña jugaba en la calle a la comba, a la rueda y a las prendas. No hacían falta juguetes costosos: bastaba un grupo de niñas, una canción y un espacio libre para convertir cualquier rincón en un lugar de diversión.


🏘️ La geografía de un pueblo desaparecido. 

La memoria de Encarna conserva una especie de mapa humano del antiguo Melegís.


Donde después estuvo Luis el taxista existía una huerta. Hacia la izquierda se extendían varias eras empedradas en las que se trillaba y se realizaban otras faenas relacionadas con el cereal.


El padre de Virginia Garrido fue uno de los carpinteros del pueblo. Tenía su taller en la calle Larga, en la vivienda conocida como la casa de Conchita. En el patio de la Expiración vivía, en uno de sus lados, Frasquito el Zapatero; en el otro residía Manuel, casado con Herminia, conocida como «la de la Telefónica».


Frasquito era capaz de ir caminando hasta Granada y regresar con los materiales necesarios para fabricar y reparar el calzado. Su esfuerzo resume la dureza de unos oficios en los que cada herramienta, cada pieza de cuero y cada clavo debían conseguirse recorriendo grandes distancias.


Encarna también conoció la fábrica de conservas de tomate cuyo nombre ha llegado hasta nosotros con dos variantes: VEJA o La Abeja, según transmisión oral. Su gerente era don Francisco Castro. 


🚶‍♀️ Cuando todos los caminos se hacían andando.


Las mujeres caminaban hasta Dúrcal siguiendo la trocha de Murchas y continuando por las inmediaciones del río hasta alcanzar una antigua venta situada a su izquierda. El trayecto podía durar alrededor de dos horas y media.


Para viajar a Granada también se utilizó durante algún tiempo el carro de Maroto de Restábal, tirado por caballos. En él podían acomodarse cuatro o cinco personas. El vehículo hacía una parada en Padul, donde algunas familias compraban camas, muebles y otros enseres que después transportaban hasta Melegís.


En otras ocasiones se iba andando hasta Dúrcal para tomar el tranvía. La madre de Encarna llevaba pequeños trozos de caña con la medida de los pies de aquellos para quienes debía comprar zapatos. De esta manera no era necesario que toda la familia realizara el viaje.


Antes de salir preparaban un bocadillo para el camino. Después de pasar el día en Granada, regresaban en tranvía hasta Dúrcal y emprendían nuevamente a pie el camino hacia Melegís. Algunas noches llegaban a su casa alrededor de las tres de la madrugada.


🛒 Las tiendas donde se encontraba de todo.


Las tiendas de ultramarinos eran mucho más que establecimientos comerciales. Actuaban como puntos de encuentro, lugares de conversación y pequeños centros de abastecimiento para una población que no podía desplazarse continuamente fuera del pueblo.


Además de la tienda de Trinidad «la Chota», Encarna recuerda la de Paquita Manzana, situada enfrente del Santo de la Era; la tienda de Mariquita; la tienda de la Expiración y otros pequeños comercios que fueron apareciendo o desapareciendo con los años.


En estos establecimientos se vendían alimentos, productos domésticos y numerosos artículos de primera necesidad. La tienda de Trinidad y Antoñico, situada cerca del Revellín, respondía plenamente a aquel modelo en el que, dentro de un espacio reducido, podía encontrarse casi todo lo necesario para la vida cotidiana.


🙏 Una vida estrechamente ligada a la iglesia.


La fe ha ocupado siempre un lugar esencial en la vida de Encarna. Ha sido y continúa siendo una mujer católica muy practicante, colaboradora habitual de la parroquia y conocedora de las celebraciones religiosas de Melegís.


Durante muchos años desempeñó una función fundamental en los cantos de la iglesia y en la ayuda a los distintos 


curas del pueblo.    Encarna comenzaba la canción y las demás mujeres la seguían. No era solamente cantar: había que conocer la letra, recordar la melodía, escoger el momento oportuno y dar seguridad al resto del grupo. Su voz actuaba como guía de una comunidad que participaba unida en los oficios religiosos.


Encarna conoció, siendo todavía muy pequeña, a don Eduardo Rebollo Aranda. También recuerda al padre José Linares Palma, cuya etapa dejó opiniones diversas y contrapuestas entre los vecinos. Más tarde conoció a don Pedro Gallegos Díaz, que llegó a la parroquia en 1970; a don Francisco, conocido como el cura de Chite; y a don Blas Gordo Jiménez, posteriormente párroco de la Basílica de Nuestra Señora de las Angustias de Granada.


Guarda un recuerdo especialmente afectuoso de don Manuel España Hidalgo, sacerdote sencillo, humilde y cercano que durante nueve años se hizo cargo de las iglesias de Melegís, Saleres, Murchas y Las Albuñuelas. Era uno de esos párrocos que, por su manera de tratar a la gente, consiguió ganarse el cariño de los pueblos a los que sirvió.


Y otros muchos curas más. 


Encarna participaba en el Rosario de la Aurora; en el canto de la Salve en la plaza durante las fiestas de la Virgen del Rosario; en la Candelaria y en las celebraciones navideñas. En Nochebuena, durante la misa del gallo, los cantos se elevaban desde el coro de la iglesia y llenaban el templo de villancicos y composiciones aprendidas de generación en generación.


🎵 Una depositaria de la música tradicional.


La gran aportación cultural de Encarna Vallejo Freire se encuentra en su extraordinaria memoria musical.


En su juventud cantaba con sus amigas durante las reuniones familiares, las fiestas, las serenatas y los juegos populares. También se cantaba para hacer más llevaderas las tareas de bordar, lavar, coser o recoger aceitunas. La música no estaba separada de la vida: acompañaba el trabajo, la diversión, la oración y la convivencia.


Su repertorio abarca canciones infantiles y escolares, coplas de mecedor, canciones festivas, composiciones vinculadas a los oficios y trabajos, cantos religiosos, romances, canciones navideñas y villancicos. Muchas de ellas jamás aparecieron escritas en un papel. Sobrevivieron porque mujeres como Encarna las aprendieron de sus madres y abuelas y continuaron cantándolas.


Entre las canciones de corro y rueda que recuerda se encuentran:


🎶 Que pase la cadena


🎶 Dime, niña, ¿por qué lloras?


🎶 La viudita


🎶 Al juego del chirimbolo


🎶 Mambrú se fue a la guerra


🎶 Ratón, que te pilla el gato


🎶 A la flor del romero


🎶 Una rata, un ratón y un escarabajo blanco


🎶 En medio de la plaza cayó la luna


🎶 ¿Dónde están las llaves?


A estas se suman otras muchas canciones, coplas y fragmentos que forman parte de un patrimonio oral extraordinariamente frágil. Cuando una de estas voces desaparece sin haber sido grabada, puede perderse con ella una melodía conservada durante generaciones.


💿 Dos trabajos fundamentales para conservar su voz.


Encarna colaboró con Sixto Moreno en la recuperación del repertorio incluido en su obra "El Valle, su música tradicional. Saleres, Restábal y Melegís. Recuperación de la música tradicional". Sixto mantuvo numerosos encuentros con Encarna y con su marido, Antonio Sáez Fajardo, durante los cuales compartieron canciones, letras y recuerdos.


Aquellas conversaciones permitieron que una parte de la música tradicional del municipio no quedara condenada al olvido.


Alrededor del año 2005, acudí a casa de Encarna y grabé en una cinta de casete muchas de las canciones que ella iba interpretando. Entre ellas se encontraban numerosas canciones de corro y rueda. En aquella sesión, la casa se convirtió por unas horas en un pequeño archivo sonoro: Encarna cantaba y la cinta recogía una parte de la memoria musical de Melegís.


Estas grabaciones poseen hoy un valor cultural considerable. No recogen solamente letras y melodías, sino también la voz, la pronunciación, el ritmo y la manera de interpretar de una mujer formada dentro de la propia tradición.


💻 Nunca es tarde para seguir aprendiendo.


Encarna no se quedó encerrada en el pasado. También participó en la Escuela de Adultos instalada en el antiguo Ayuntamiento de Melegís, donde recibió clases de la profesora Rosa Asenjo.


En 2015 expresaba su satisfacción con una frase sencilla y reveladora:


«Estoy muy contenta de estar en clase de informática».


Ese mismo año comenzó a utilizar Facebook. La imagen de Encarna con los auriculares puestos, concentrada ante los nuevos medios tecnológicos, encierra un hermoso significado: una mujer nacida en un pueblo sin agua corriente en las casas, que había conocido los caminos recorridos a pie y las faenas realizadas con caballerías, aprendía ahora a comunicarse mediante un ordenador.


La modernidad no borraba su pasado. Le ofrecía una herramienta nueva desde la que continuar participando en la vida de su comunidad.


🌹 Una mujer que representa a toda una generación.


Hablar de Encarna Vallejo Freire es hablar de muchas mujeres de Melegís y del Valle de Lecrín. Mujeres que trabajaron dentro y fuera de sus casas; que cuidaron a sus familias; que fueron al campo, a las fuentes y al lavadero de La Fuente; que caminaron durante horas y que, pese al cansancio, encontraron fuerzas para cantar.


Su memoria nos permite recuperar la escuela de niñas en la casa de la Virginia, el antiguo Cabildo, las eras empedradas, las tiendas de ultramarinos, las carpinterías, los zapateros, las caballerías, las herrerías, las fábricas, los carros y aquellos desplazamientos interminables hasta Dúrcal o Granada.


Pero su legado más valioso quizá sea su voz.


Una voz que comenzó canciones en la iglesia para que las siguieran las demás mujeres. Una voz que acompañó los trabajos de la casa y la recogida de la aceituna y de la almendra. Una voz que animó juegos, reuniones, fiestas y noches familiares. Una voz que Sixto Moreno escuchó para documentar la música tradicional y que yo dejé conservada en una cinta de casete.


Encarna, «la Niña Trinidad», no es solamente una de las mujeres de mayor edad de Melegís. Es una memoria viva del pueblo, una depositaria de su patrimonio oral y un puente humano entre el antiguo Melegís y las generaciones actuales.


Mientras sus canciones continúen escuchándose y sus recuerdos sean transmitidos, una parte de aquel mundo seguirá viva entre nosotros.


Ha pensado durante 34s


Sí, merece la pena añadir su papel de madre y abuela, porque completa su retrato humano. No fue una carencia grave —el artículo ya hablaba de sus hijos y nietos—, pero el testimonio directo de Encarni aporta una dimensión familiar muy valiosa.


❤️ El corazón de su familia

Junto a su carácter emprendedor y a su importante papel como transmisora de la memoria de Melegís, Encarna ha sido, ante todo, el corazón de su familia. Sus hijos y nietos la reconocen como una mujer entregada, cariñosa y adelantada a su tiempo; una madre y una abuela profundamente querida. Su hija Encarni lo expresa con emoción al describirla como «la mejor madre y abuela del mundo». Ese amor familiar constituye también una parte esencial de su historia y de su legado.

#EncarnaVallejoFreire

✍ Miguel Ángel Molina Palma 

Todos los derechos ®️ reservados. 


 #LaNiñaTrinidad #Melegís #ElValle #ValleDeLecrín #MemoriaDeMelegís #MujeresDelValle #PatrimonioOral #MúsicaTradicional #CancionesPopulares #Tradiciones #HistoriaLocal #CulturaPopular #MemoriaViva


🎶🌿 ENCARNA VALLEJO FREIRE , «la Niña Trinidad»: la voz que conserva la memoria de Melegís: Voz grabada en un casete en 2005.