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03 septiembre 2026

Paco de Saleres y la memoria de un pueblo

Paco de Saleres y Antonio
de Melegís 

 💧🌾 Paco de Saleres y la memoria de un pueblo: la fuente, las eras y la piedra del esparto

Hay conversaciones breves capaces de abrir una ventana hacia todo un mundo desaparecido. Apenas diez minutos bastaron para que Paco de Saleres devolviera a la memoria las antiguas eras, el sonido de los trillos, el golpeteo del esparto y las distintas fuentes que ha conocido la plaza de su pueblo.


El encuentro se produjo de manera casual en Restábal. Paco paseaba acompañado por el alcalde de El Valle, Antonio Ruiz Garrido, quien me lo presentó. Junto a su paisano Juan Manuel estuvimos hablando de aquel Saleres agrícola y trabajador que él conoció durante su infancia.


En la fotografía, Paco aparece a la izquierda: sonriente, con sombrero de paja, gafas, camisa de cuadros, pantalón vaquero y apoyado en su bastón. A su lado, el alcalde posa con el brazo sobre sus hombros, en una imagen cercana y afectuosa que refleja la confianza entre vecinos.


🌾 Cuando Saleres estaba rodeado de eras


Paco recuerda que, cuando era pequeño, en Saleres se sembraba mucho cereal. Las principales eras se encontraban en la parte alta y a las afueras de la población, junto al actual cementerio y al camino de Albuñuelas. Allí, en un terreno abierto y bien ventilado, se extendían las mieses y se trillaba el grano con los antiguos trillos arrastrados por caballerías. El conjunto conservado está formado por cuatro eras circulares o ligeramente ovaladas, de entre quince y dieciocho metros de diámetro. Es posible que hubiera además otras eras menores o particulares en terrenos próximos, lo que explicaría el recuerdo de Paco de que eran numerosas.


Las gavillas se llevaban hasta la era y se extendían formando la parva. Sobre ellas pasaba el trillo tradicional, una plataforma de madera cuya parte inferior llevaba incrustadas pequeñas piedras de pedernal o cuchillas metálicas. Arrastrado normalmente por mulos, daba vueltas una y otra vez para separar el grano de la espiga y cortar la paja.


Después llegaba el aventado: se lanzaba la mezcla al aire para que el viento apartara la paja más ligera y dejara caer el grano. Era un trabajo duro, realizado bajo el sol y compartido por familias enteras. Las eras no eran únicamente espacios productivos; también eran lugares de convivencia, aprendizaje y transmisión de conocimientos.


Junto al cereal ya existían algunos bancales plantados de naranjos. El recuerdo de Paco muestra, por tanto, un paisaje en transición: todavía dominado por los cultivos tradicionales de secano, pero en el que comenzaban a ganar terreno los cítricos que acabarían caracterizando buena parte del Valle de Lecrín. 🍊


En 1960, Saleres tenía 487 habitantes de hecho y 124 hogares. Durante aquella década comenzó a notarse la emigración y en 1970 la población había descendido hasta los 454 habitantes. Detrás de aquellas cifras había numerosas historias personales y familiares.


🇩🇪 Ocho años trabajando en Alemania


La vida de Paco también quedó marcada por la emigración. Creo recordar que Paco me dijo que pasó ocho años trabajando en Alemania, como tantos españoles que tuvieron que marcharse en busca de oportunidades laborales.


El 29 de marzo de 1960 España y la República Federal de Alemania firmaron un acuerdo para regular la contratación y colocación de trabajadores españoles. A partir de entonces, miles de hombres y mujeres abandonaron sus pueblos para trabajar en fábricas, minas, obras y empresas alemanas.


Aquella emigración afectó profundamente al mundo rural. Salían personas jóvenes y en edad de trabajar, mientras los pueblos iban perdiendo población y muchas labores agrícolas comenzaban a transformarse. Los emigrantes enviaban dinero a sus familias y, cuando regresaban, traían ahorros, nuevas experiencias y una forma diferente de contemplar el mundo.


Los ocho años de Paco en Alemania forman parte de esa gran historia colectiva, pero también de una experiencia íntima: dejar atrás Saleres, adaptarse a otro país y conservar durante la distancia los recuerdos de las eras, las calles y las gentes del pueblo.


🔨 La piedra de majar esparto de la iglesia:


Uno de los recuerdos más singulares que conserva Paco se refiere a una piedra grande con una superficie lisa que había justo al lado de donde empieza la barandilla que conduce a la puerta principal de la iglesia de Santiago Apóstol. Se utilizaba para majar o picar el esparto.


El esparto seco o previamente remojado se colocaba sobre una piedra plana y se golpeaba repetidamente con una maza de madera. Así se rompía su rigidez y se separaban las fibras, dejándolas preparadas para elaborar cuerdas, pleitas, serones, capachos, esteras, alpargatas y numerosos utensilios agrícolas y domésticos.


La espartería tuvo una notable importancia en el Valle de Lecrín. Era una actividad humilde, pero imprescindible en una sociedad donde casi todo se aprovechaba y se fabricaba a mano. Los aparejos de las caballerías, los recipientes utilizados en el campo y muchos objetos de las casas dependían de aquellas fibras trabajadas con paciencia.


Paco recuerda también una escena llena de vida y hasta de cierta comicidad. Los hombres encargados de majar el esparto madrugaban para comenzar su faena. El sonido seco y repetitivo de la maza contra la piedra coincidía algunas veces con la llegada de los jóvenes que regresaban de pasar la noche fuera y se disponían, por fin, a acostarse.


Para unos comenzaba la jornada; para otros terminaba la noche. 🌅


El insistente golpeteo impedía dormir a los jóvenes y, según el relato conservado por Paco, aquella piedra terminó siendo arrancada y arrojada en las proximidades de uno de los molinos de Saleres.


Hoy, cuando ya no se maja esparto en la puerta de la iglesia y aquel ruido no puede molestar a nadie, merece la pena preguntarse dónde se encuentra. Recuperarla supondría rescatar una pieza del patrimonio etnográfico de Saleres. La tradición oral dice que se encuentra en un molino que era de aceite en dirección a Restábal. 


No sería simplemente una piedra vieja. Sería la huella material de un oficio desaparecido y de una forma de vida que sobrevivió durante generaciones. Si algún vecino conoce el molino junto al que fue depositada o recuerda algo sobre su destino, su testimonio podría resultar decisivo para localizarla y devolverla al pueblo. 🪨


💦 Las tres fuentes de la plaza: 


El testimonio de Paco y Juan Manuel permite comprender que la fuente de la plaza ha pasado, al menos, por tres configuraciones diferentes.


1. La antigua fuente de tres caños


Según la memoria oral de Paco y Juan Manuel de Saleres, antes del gran pilar adosado al muro existió en la plaza una fuente más amplia que la actual, provista al parecer de tres caños. Sus aguas se distribuían hacia ambos lados por varias piletas, o al menos una pileta hacia la izquierda. 


Aquella disposición indica que no era una simple fuente para beber. Las diferentes pilas permitían aprovechar sucesivamente el agua para llenar recipientes, abrevar animales o realizar pequeñas tareas domésticas. Nada se desperdiciaba: el agua pasaba de una pileta a otra y continuaba su recorrido.


2. El gran pilar público:


Posteriormente se construyó un pilar adosado al muro, con un cuerpo central elevado y una amplia pila en la parte inferior. Esta parece ser la construcción que se distingue a la derecha en la fotografía antigua de los años sesenta, aunque el fuerte resplandor impide apreciar sus caños y detalles.


El pilar formaba parte inseparable de la vida de la plaza. A él acudían los vecinos con cántaros y recipientes, bebían las personas y probablemente también las caballerías. La fuente era al mismo tiempo infraestructura, lugar de encuentro y escenario de conversaciones cotidianas.


En aquellos años Saleres todavía era un municipio independiente. El edificio que actualmente conocemos como antiguo Ayuntamiento seguía cumpliendo su función municipal, de manera que la plaza reunía el agua, la administración y buena parte de la vida social del pueblo.


3. La fuente hace un par  de años:


La fuente que encontramos entonces es considerablemente más pequeña. Permanece situada al fondo de la plaza, incorporada al muro y junto al comienzo de la calle ascendente, pero ha perdido la gran pila y el desarrollo lateral de las construcciones anteriores.


Hace unos cuantos años estaba encalada como las casas que la rodean, decorada con algunos detalles azules y acompañada por macetas. Su presencia parecía más simbólica y ornamental, evocadora de las fuentes anteriores, que vinculada a las necesidades domésticas y ganaderas que justificaron su existencia.


4. 🎨 La imagen actual de la fuente


La fuente de la plaza de Saleres presenta hoy una imagen muy diferente a la que ofrecía hace algunos años. Su aspecto actual es fruto de la intervención artística realizada hace algo más de un año por el melegileño José de la Herraora, quien renovó y decoró todo el conjunto.

⛲ El antiguo pilar aparece integrado en una composición de tonos ocres que imita bloques de piedra. La fuente conserva un cuerpo central de apariencia pétrea, rematado por un pequeño frontón triangular, con el caño situado sobre una pila rectangular. En su parte delantera se representa una escena de animales entre las rocas.

🌿 Detrás se extiende un mural en tonos verdes y azulados, inspirado en el agua y la vegetación, con una barandilla pintada y varias macetas que aportan vida y color. En la parte superior también puede verse un pequeño azulejo religioso, mientras que junto al caño figura un cartel que indica: «Agua controlada sanitariamente».

🪴 La presencia de numerosos maceteros alrededor de la fuente refuerza el carácter cuidado y vecinal de este rincón. Así, el antiguo pilar ha pasado a formar parte de un conjunto ornamental más amplio, convertido en uno de los espacios más singulares y reconocibles de la plaza de Saleres.


🏘️ Una plaza transformada, pero reconocible:


La plaza también ha cambiado profundamente. En la imagen antigua predominaban el empedrado irregular, los desniveles, las escalinatas de piedra y la ausencia total de vehículos y mobiliario urbano. Tres hombres se detenían ante el fotógrafo mientras varias mujeres observaban desde las puertas y una escalinata. Incluso un perro merodeaba junto al pilar.


La plaza actual presenta un pavimento más regular, zonas diferenciadas para el tránsito y un espacio central acondicionado. Las mesas y sillas de la terraza de El Remojito ocupan ahora parte del lugar en el que antiguamente se conversaba junto a la fuente. 


Sin embargo, todavía sobreviven importantes elementos de continuidad. Las casas permanecen encaladas; se conservan los balcones de hierro, las tejas árabes, las ventanas estrechas y buena parte de los volúmenes tradicionales. En la antigua fachada municipal continúa la hornacina de la Virgen de la Fe, ahora resaltada con una moldura azul. Macetas, dibujos florales y colores más vivos dan a la plaza un aspecto cuidado y acogedor.


Antes era un espacio ligado al abastecimiento de agua, las caballerías y la actividad municipal. Hoy es un lugar de encuentro, descanso y hostelería. Han cambiado sus usos y su apariencia, pero continúa siendo uno de los corazones de Saleres. ☕🌿


🧭 Recuperar las pequeñas piezas de la historia:


La memoria de Paco nos recuerda que el patrimonio de un pueblo no está formado únicamente por iglesias, torres o grandes edificios. También lo componen las eras desaparecidas, los trillos, las piletas por las que corría el agua, las piedras sobre las que se majaba el esparto y las historias que todavía guardan quienes las conocieron.


Por eso sería importante documentar el trazado de la antigua fuente de tres caños, reunir fotografías del gran pilar público y tratar de localizar la piedra de majar esparto que está tirada en el antiguo molino de aceite. Tal vez permanezca abandonada, cubierta de tierra y vegetación, esperando que alguien reconozca su verdadero significado.


Escuchar a Paco de Saleres ha permitido recuperar, al menos por unos minutos, los sonidos de otro tiempo: las vueltas del trillo sobre la parva, el agua pasando de una pileta a otra y el golpe madrugador de la maza sobre la piedra.


Son sonidos que ya no se escuchan, pero que siguen formando parte de la memoria de Saleres. 💚


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A la derecha del pico estaba
La piedra para majar esparto 


En los años 60 estado de la Fuente 
que había en la plaza a la
derecha. Foto del párroco Don Andrés 


La Fuente que había hace unos años

Estado actual de la Fuente de La Plaza
del antiguo Ayuntamiento de Saleres 




19 julio 2026

Fiestas de Santiago en Saleres

Procesión de Santiago 

 

🐴 SANTIAGO EN SALERES

Devoción, río, música y memoria cada 25 de julio

✍️ Por Miguel Ángel Molina Palma

Hay fechas que no necesitan escribirse en el calendario para ser recordadas. Permanecen guardadas en la memoria de un pueblo, en las conversaciones familiares, en las fotografías antiguas y en esa emoción que vuelve cada año cuando llega el día del patrón.

En Saleres, esa fecha es el 25 de julio.

Ese día, la pequeña localidad del municipio de El Valle celebra a Santiago Apóstol, su patrón, cuya imagen a caballo ha recorrido durante generaciones las calles del pueblo entre flores, música, campanas, vivas y la compañía de los vecinos. 🐴⛪

Las fiestas de Santiago no son únicamente una celebración religiosa. Son también un encuentro con las raíces, una jornada para regresar al pueblo, reencontrarse con familiares y amigos y recordar una forma comunitaria de vivir que durante muchos años convirtió el 25 de julio en uno de los días más esperados por los salereños.

🌿 Un pueblo reunido alrededor de su patrón

Las fotografías conservadas muestran la importancia que tuvo la procesión de Santiago en otros tiempos. Hombres, mujeres y niños se agrupaban junto a la iglesia para acompañar la salida de la imagen. Las calles se llenaban de vecinos y el paso del santo se convertía en una manifestación colectiva de fe, respeto y pertenencia.

Santiago aparecía representado a caballo, con sombrero, capa y espada, sobre unas andas adornadas con flores. Los hombres se turnaban para llevarlo sobre los hombros, mientras las mujeres caminaban cerca del trono o aguardaban su paso desde las puertas y balcones.

La procesión atravesaba el corazón de Saleres y devolvía al pueblo una imagen reconocible de sí mismo: la iglesia abierta, las calles ocupadas, las familias reunidas y el patrón avanzando entre quienes habían crecido bajo su protección. 🔔🌺

Con los años han cambiado las formas de organizar las fiestas, las músicas y hasta el número de habitantes que permanece en el pueblo. Sin embargo, la imagen de Santiago saliendo de la iglesia continúa despertando una emoción especial.

🎸 Toñico Recalde y las primeras fiestas de la posguerra

Entre los recuerdos transmitidos por las familias salereñas destaca el de Antonio, conocido en el pueblo como Toñico Recalde.

Según el testimonio familiar recogido por su nieta María del Mar García, fue él quien costeó y organizó unas de las primeras fiestas dedicadas a Santiago durante los difíciles años cuarenta del siglo XX.

España atravesaba entonces la dura posguerra. Había escasez, incertidumbre y pocas ocasiones para el descanso o la diversión. Precisamente por ello, cualquier celebración compartida adquiría una importancia enorme.

Aquel 25 de julio hubo comida comunitaria, procesión y música hasta bien entrada la madrugada. No fue necesaria una gran orquesta llegada desde fuera. Los propios vecinos dieron vida a la fiesta.

Toñico Recalde tocó la guitarra. Carmona hizo sonar la bandurria. Otros se unieron con armónicas y acordeones. Y alrededor de ellos, en la plaza, el pueblo bailó, conversó y olvidó durante unas horas las dificultades de la época. 🎶🪗

Lo que comenzó como una iniciativa sencilla terminó convirtiéndose en una tradición repetida año tras año. Desde entonces, varias generaciones de salereños han celebrado el día de Santiago y han asociado su festividad a la música, la convivencia y la alegría compartida.

💧 El río, las pozas y los dulceros

Pero las fiestas de Santiago no se vivían solamente alrededor de la iglesia y de la plaza.

Una de las costumbres más queridas llevaba a los vecinos hasta el río de Saleres, donde buscaban alivio frente al calor de finales de julio. Allí preparaban pequeñas pozas utilizando lajas, ramas de mimbre y la vegetación de las orillas, entre juncos y tréboles. 🌊🌿

Niños, jóvenes y mayores se bañaban en aquellas aguas frescas mientras las familias compartían la jornada junto al cauce. Era una fiesta sencilla, ligada al paisaje y a los recursos que ofrecía la naturaleza.

Hasta el río acudían también los dulceros con sus puestos. Vendían helados, turrón y aquellas recordadas barretas que formaban parte inseparable de las celebraciones populares. Para muchos niños, la llegada de los vendedores era casi tan esperada como el propio baño.

La imagen resulta entrañable: las pozas llenas de gente, las ropas extendidas sobre las piedras, los mayores conversando bajo alguna sombra y los pequeños esperando unas monedas para comprar una golosina.

🕯️ La procesión como vínculo entre generaciones

La festividad alcanzaba su momento más solemne con la misa y la procesión.

Después de engalanar las andas con flores, Santiago salía de la iglesia llevado por sus portadores. La comitiva recorría las calles acompañada por los estandartes, las luces y el respeto de los asistentes.

Las antiguas fotografías revelan cómo cada generación fue ocupando su lugar alrededor del santo. En ellas aparecen ancianos que ya habían conocido muchas procesiones, jóvenes que comenzaban a participar en la vida del pueblo, madres con sus hijos y familias enteras siguiendo el recorrido.

En años más recientes, incluso durante tiempos difíciles marcados por restricciones y mascarillas, los salereños continuaron acompañando la imagen. Aquellas celebraciones demostraron que una tradición puede adaptarse sin perder su sentido más profundo. 🙏

Porque una procesión no es solamente un itinerario por las calles. Es un hilo que une a quienes están presentes con quienes participaron antes. Cada portador recoge simbólicamente el testigo de otros hombres y mujeres que también vitorearon a Santiago.

🎉 Tradición y nuevas formas de celebrar

La programación festiva actual combina las costumbres religiosas con actividades pensadas para todas las edades.

La jornada comienza a las 14:00 horas con una paella popular, ofrecida con la colaboración del Ayuntamiento de El Valle. A las 16:00 horas, la plaza de la Constitución acoge una animada fiesta del agua y de la espuma, especialmente esperada por los más pequeños. 🥘💦

A las 17:30 horas llega el turno de los pipotes y la carrera de cintas en bicicleta, recuperando esos juegos populares que durante generaciones han llenado de competición y risas las fiestas de los pueblos. 🚲

El acto central se celebra a las 20:00 horas, con la misa y procesión en honor de Santiago Apóstol. Al finalizar la parte religiosa, la fiesta continúa en la plaza y, a partir de las 22:30 horas, la música de DJ Mary anima la noche salereña. 🎧✨

Son propuestas nuevas que se incorporan a una celebración antigua. Cambian los ritmos y las actividades, pero permanece el deseo de reunirse y disfrutar juntos.

❤️ Saleres se lleva en el corazón

La despoblación y el paso de los años han transformado la vida cotidiana de Saleres. Muchas personas nacidas o criadas en el pueblo residen hoy lejos. Sin embargo, la distancia no ha borrado el vínculo con sus calles ni con sus fiestas.

Cada 25 de julio regresan los recuerdos.

Se recuerda a quienes tocaban la guitarra y la bandurria en la plaza. A quienes construían las pozas del río. A los dulceros que llegaban con sus helados y turrones. A los portadores de Santiago. A las mujeres que vitoreaban al patrón. A los niños que corrían entre la iglesia y la plaza.

También se recuerda a quienes ya no pueden acudir, pero continúan formando parte de la historia de la celebración.

Las fiestas de Santiago son, por eso, mucho más que un programa de actividades. Representan una memoria compartida y una forma de reconocerse como comunidad.

Mientras alguien conserve una fotografía, relate cómo eran aquellas jornadas en el río, enseñe a sus hijos el nombre de quienes aparecen en una antigua procesión o vuelva a gritar ante la salida del santo, la tradición seguirá viva. 🌿📸

El 25 de julio, Saleres vuelve a encontrarse consigo mismo.

Con su iglesia.

Con su plaza.

Con su río.

Con quienes permanecen y con quienes regresan.

Y cuando Santiago cruza nuevamente la puerta del templo, el pueblo entero parece repetir una voz heredada de generación en generación:

¡Viva Santiago Apóstol!

¡Viva el patrón de Saleres!

¡Y vivan sus fiestas! 🐴🔔🎉

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📷 Fotos de: María Jesús Vallejo, María del Mar García y Mariví Navarro Salazar.









06 junio 2026

Corpus Christi en Saleres

El cura Don Francisco ya fallecido 

 🌿✨ EL CORPUS CHRISTI EN SALERES

Cuando un pueblo pequeño se convierte en altar

Hay pueblos que, por su tamaño, parecen guardar las tradiciones más cerca del corazón.

Saleres es uno de ellos.

El Corpus Christi en Saleres no es solamente una procesión. Es una jornada de fe, de memoria y de vecindad. Es el día en que las calles se limpian con esmero, las casas se abren hacia fuera, los altares aparecen como pequeños templos domésticos y el pueblo entero se viste de respeto para recibir el paso del Santísimo.

En las imágenes antiguas del Corpus de 1983, recuperadas de aquellos negativos familiares encontrados después de muchos años, se ve un Saleres lleno de vida. Niños y niñas vestidos de Primera Comunión, mujeres con sus mejores vestidos, hombres portando el palio, vecinos reunidos en torno a la iglesia y a las calles blancas del pueblo. La custodia sostenida por el cura D. Francisco avanza bajo un palio de tonos rojizos y dorados, mientras la gente acompaña con recogimiento. Son fotografías entrañables porque no muestran solo una fiesta: muestran una época, unos rostros, una forma de estar juntos.

Aquellas imágenes tienen el valor de lo verdadero. No son estampas preparadas para lucirse, sino pedazos de vida. Se ve la plaza, las fachadas encaladas, los balcones, la gente mirando desde las esquinas, los niños con cestillos, las niñas vestidas de blanco, los pétalos en el suelo, el sacerdote elevando la custodia ante los altares. Todo habla de un tiempo en que el Corpus era una de las grandes jornadas del calendario religioso y sentimental del pueblo.

🌸 En Saleres, el Corpus siempre ha tenido alma de calle.

La fe sale del templo, pero no camina sola. La acompañan las familias, los niños, las flores, las colchas, los mantones, las plantas, los pétalos y esos altares preparados con ilusión por los vecinos.

En las fotografías de 2013, la tradición aparece renovada y viva. Aquel año se prepararon altares en La Plaza, en la Carretera, en la Placeta y también en Las Pontanillas. Ese detalle es precioso, porque demuestra que el Corpus no se queda encerrado en un solo rincón: recorre el pueblo, lo abraza, lo une. Cada barrio, cada calle, cada familia que prepara un altar participa en una misma emoción colectiva.

Los altares de Saleres tienen una belleza muy especial. No son altares fríos ni impersonales. Son altares hechos con cosas de casa: mantones bordados, paños antiguos, alfombras, macetas, flores amarillas y rojas, velas, imágenes religiosas, naranjas colocadas como adorno, ramas verdes, centros florales y objetos que parecen salir de los armarios familiares para volver a tener luz ese día.

Uno de los altares aparece junto a los naranjos, con el mantel blanco extendido, las velas encendidas, las flores abiertas y el sacerdote arrodillado ante la custodia. Esa imagen resume muy bien el Corpus de Saleres: la solemnidad de la fe y la sencillez del pueblo unidas en una misma escena.

También se ve el palio granate, sostenido por los vecinos, cubriendo la custodia mientras avanza por las calles. Bajo él, el sacerdote camina despacio. Alrededor, las mujeres, los hombres, los niños y las niñas acompañan con respeto. Algunos pequeños llevan cestillos, quizá con pétalos para esparcirlos por el suelo. Otros miran con esa mezcla de curiosidad e inocencia con la que los niños viven las tradiciones antes de comprender del todo su profundidad.

🌿 El Corpus en Saleres es también una fiesta de transmisión.

Los mayores enseñan sin dar discursos. Enseñan preparando el altar, colocando una maceta, extendiendo una colcha, encendiendo una vela, diciendo a los niños dónde deben ponerse, cómo caminar, cuándo guardar silencio. Así pasan las tradiciones: de mano en mano, de mirada en mirada, de año en año.

Y hay algo muy hermoso en todo esto: Saleres no necesita grandes alardes para emocionar. Le basta una calle blanca, un altar humilde, un palio llevado por vecinos, unas flores recogidas con cariño y una comunidad reunida alrededor de su fe.

El Corpus Christi convierte Saleres en un pueblo distinto durante unas horas. La Plaza deja de ser solo plaza. La Carretera deja de ser solo paso. La Placeta deja de ser solo rincón cotidiano. Las Pontanillas dejan de ser solo lugar de tránsito. Todo se transforma en recorrido sagrado, en memoria compartida, en celebración de pueblo.

✨ En las fotos antiguas y en las más recientes se percibe una misma continuidad. Cambian los vestidos, cambian las cámaras, cambian los rostros, cambian las generaciones. Pero permanece lo esencial: el pueblo unido para preparar el camino, adornar sus calles y recibir el Corpus con respeto y alegría.

Porque en Saleres, el Corpus no se mira desde fuera.

Se vive.

Se prepara.























Se acompaña.

Se recuerda.

Y cuando la custodia pasa bajo el palio, entre flores, pétalos, mantones y miradas emocionadas, parece que Saleres entero se convierte en una pequeña capilla abierta al cielo.

🌿⛪✨ El Corpus Christi en Saleres es memoria viva: fe sencilla, belleza popular y corazón de pueblo.

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📷 Fotos de María Del Mar García


31 mayo 2026

Saleres en 1502


 🌿 SALERES EN 1502: EL PUEBLO NAZARÍ ESCONDIDO ENTRE ACEQUIAS, HORNOS Y MORALES 

Hay pueblos que no solo se leen en sus calles actuales, sino también en los documentos antiguos.

Saleres es uno de ellos.

Hoy lo vemos como un pequeño y hermoso pueblo blanco del Valle de Lecrín, recogido entre bancales, acequias, naranjos, silencio y memoria. Pero si retrocedemos más de quinientos años, hasta comienzos del siglo XVI, descubrimos otro Saleres: una alquería nazarí viva, agrícola, organizada, llena de nombres árabes, pagos de riego, hornos, mezquitas, rábitas, huertas, viñas, olivos, morales, higueras, albaricoques y caminos.

Un Saleres que casi había quedado escondido bajo la historia.

Y, sin embargo, en 1502, poco después de la conquista cristiana y de la conversión forzosa de los mudéjares, alguien dejó escrita una relación de sus bienes habices. Gracias a ese documento podemos asomarnos a una imagen preciosa: la de un pueblo nazarí que todavía respiraba por sus acequias, por sus hornos y por sus árboles. 📜🌿


🕌 ¿Qué eran los bienes habices? 

Para entender aquel Saleres de 1502 hay que comprender primero qué eran los habices.

Los habices —del árabe waqf— eran bienes piadosos de la sociedad musulmana. No eran simples propiedades particulares. Eran tierras, casas, hornos, árboles, aguas, tiendas o edificios destinados a sostener fines religiosos y sociales.

Con ellos se mantenían mezquitas, rábitas, alfaquíes, escuelas, lámparas de culto, pobres, viajeros, estudiantes, fuentes, aljibes, caminos, puentes y otras necesidades de la comunidad.

Es decir: la fe no estaba encerrada solamente dentro de una mezquita. La fe también podía estar en una haza de riego, en un moral, en un olivo, en una viña, en una higuera, en una acequia o en el horno donde el pueblo cocía su pan.

Por eso, cuando leemos los habices de Saleres, no estamos leyendo solo una lista de propiedades. Estamos leyendo la vida cotidiana de una comunidad.

Estamos viendo cómo se organizaba el pueblo.

Estamos viendo de qué vivía.

Estamos viendo quién rezaba, quién enseñaba, quién regaba, quién amasaba, quién cultivaba y quién recordaba.


🏡 Saleres dentro de la taha de Alaclín .

En época nazarí, Saleres formaba parte del mundo histórico del Valle de Lecrín, integrado en la antigua taha de Alaclín, en el camino hacia la Alpujarra, en una zona estratégica entre Granada, la costa, Sierra Nevada y las tierras alpujarreñas.

El documento nos recuerda que el Valle de Lecrín aparece mencionado en diversas fuentes medievales, aunque durante mucho tiempo las noticias sobre sus pueblos fueron escasas y fragmentarias. Por eso, la relación de bienes habices de 1502 tiene tanto valor: porque permite reconstruir detalles concretos de lugares pequeños, de esos pueblos que casi nunca aparecen en las grandes crónicas de reyes, guerras y cortes.

Saleres no era una capital.

No era una ciudad importante.

No era un castillo famoso.

Pero era vida.

Era una alquería con casas, caminos, agua, hornos, tierras, árboles y memoria.

Y precisamente por eso su historia nos conmueve más.


🕌 La mezquita de Saleres y sus bienes.

En el centro espiritual de aquel Saleres estaba la mezquita.

Tras la conquista y la conversión de los mudéjares, muchas mezquitas fueron transformadas en iglesias o quedaron integradas dentro del nuevo sistema religioso cristiano. Pero antes de ese cambio, la mezquita de Saleres había sido el corazón religioso de la alquería.

A ella estaban vinculados bienes destinados a sostener el culto: tierras de riego, olivos, árboles y otros recursos que producían rentas o alimentos.

No hay que imaginar aquella mezquita como un edificio aislado de la vida del pueblo. Todo lo contrario. La mezquita estaba unida al paisaje.

Sus bienes estaban en los pagos.

Sus olivos daban aceite para las lámparas.

Sus hazas producían alimento o renta.

Sus árboles formaban parte de la economía espiritual del lugar.

En aquel mundo, una lámpara encendida en la mezquita podía depender del aceite de un olivo plantado en una haza concreta. Una oración podía estar sostenida por una viña. Una escuela por una renta. Una obra piadosa por una higuera.

Ese es el gran valor de los habices: nos enseñan que la vida religiosa, económica y social formaba una sola red.


👳 El alfaquí: maestro, guía y administrador .

El documento habla también de los bienes del alfaquí de la mezquita de Saleres.

El alfaquí era una figura esencial en la comunidad musulmana. No era solamente un hombre de religión. También podía enseñar a los niños, interpretar la ley religiosa, dirigir el culto, aconsejar a los vecinos y conocer perfectamente las propiedades, las aguas, las lindes y los usos del pueblo.

En el caso de Saleres no sabemos con seguridad el nombre exacto del alfaquí que servía la mezquita, aunque aparecen relacionados con estos bienes nombres como Aluzeraq o Alazeraque.

Los bienes asignados al alfaquí incluían una casa con huerta, tierras de riego, viñas, secanos, olivos, higueras, albaricoques, un limonero, morales y hasta un horno.

Es un dato precioso.

Porque nos muestra que aquel hombre no vivía separado del pueblo. Vivía en medio de él. Su casa tenía huerta. Su huerta tenía árboles. Sus rentas dependían del campo. Su papel espiritual estaba unido a la economía diaria de Saleres.

El alfaquí rezaba, enseñaba y administraba.

Pero también sabía dónde estaba cada haza, cada acequia, cada moral, cada olivo y cada camino.


🔥 El horno donde Saleres amasaba su vida .

Uno de los datos más hermosos del documento es la existencia de un horno vinculado a los habices del alfaquí.

El horno era una de las pequeñas industrias más importantes de las alquerías nazaríes. Allí se cocía el pan diario, pero también podían prepararse otros alimentos y dulces. Era un lugar práctico, económico y social.

El horno no era solo fuego.

Era olor a pan.

Era conversación.

Era vecindad.

Era espera.

Era mujeres llevando la masa.

Era niños mirando las brasas.

Era sustento.

Era pueblo.

En aquel Saleres de 1502, el horno formaba parte de la economía religiosa, porque estaba vinculado a los bienes de la mezquita y del alfaquí. Pero, al mismo tiempo, formaba parte de la vida más cotidiana. Pocas cosas hay tan humanas como un horno de pan.

Por eso podemos imaginar aquel punto caliente del pueblo como uno de los lugares donde la comunidad se encontraba sin necesidad de grandes ceremonias.

Allí Saleres amasaba su vida. 🔥🥖


💧 Acequias, pagos y nombres perdidos .

El documento de 1502 conserva nombres de antiguos pagos de Saleres: Hauc Adar, Daya, Cadah, Biniar, Guazta, Gued, Roay, Haytodoquir, Puhad, Quichar, Cana, Belin, Meuz Alguaxar y otros.

Muchos de esos nombres nos llegan deformados por la escritura castellana de la época, transcritos desde el árabe o desde la memoria oral de los conocedores del lugar. Pero siguen teniendo una fuerza enorme.

Son nombres de agua.

Nombres de bancales.

Nombres de caminos.

Nombres de familias.

Nombres de un paisaje que hablaba en árabe antes de hablar en castellano.

También se mencionan acequias, como la del Pago de Gued y otra que pasaba junto al horno. Esto nos recuerda algo fundamental: Saleres, como tantos pueblos del Valle de Lecrín, no se entiende sin el agua.

El agua era la que ordenaba la tierra.

El agua decidía el valor de una haza.

El agua sostenía los morales, las viñas, las huertas, los olivos y los frutales.

El agua hacía posible la vida.

Cada acequia era una línea de civilización.

Cada turno de riego era una forma de justicia.

Cada bancal regado era una pequeña victoria contra la sequedad.


🌳 Morales, seda y memoria vegetal .

Entre los árboles citados en los bienes del alfaquí aparecen varios morales.

Este detalle es muy importante.

El moral no era un árbol cualquiera. En el mundo nazarí y morisco, los morales estaban unidos a la cría del gusano de seda. Sus hojas alimentaban a los gusanos, y de aquellos capullos salía una de las riquezas más delicadas y valiosas del Reino de Granada: la seda.

Por eso, cuando el documento nos habla de morales en Saleres, nos está dando una pista económica de primer orden.

Nos dice que Saleres formaba parte de aquel paisaje sedero del Valle de Lecrín.

No era solo un pueblo de olivos y viñas.

También era un pueblo de hojas de moral.

Un pueblo donde la primavera traía trabajo minucioso, donde las casas podían llenarse de zarzos, donde las mujeres y las familias participaban en una economía doméstica y delicada, donde cada hoja tenía valor.

El moral era, en cierto modo, un árbol de dinero.

Pero también era un árbol de memoria.

Quizás algunos de los viejos morales que sobrevivieron durante siglos en el Valle fueron descendientes de aquel mundo. Árboles que ya no hablaban, pero que seguían guardando en su sombra la historia de la seda.


🫒 Olivos para el aceite y para la luz .

El documento menciona numerosos aceitunos vinculados a la mezquita y al alfaquí.

El olivo era alimento, renta y luz.

Daba aceite para comer, pero también aceite para iluminar. Y en el caso de los bienes religiosos, muchos olivos estaban destinados precisamente a sostener las lámparas de la mezquita.

Esto tiene una belleza especial.

La oración dependía del campo.

La luz sagrada dependía del aceite.

El aceite dependía del olivo.

El olivo dependía del agua, de la tierra y de las manos que lo cuidaban.

Así, un árbol plantado en un pago de Saleres podía acabar iluminando la noche de la mezquita.

Cada aceituna tenía una dimensión económica, pero también espiritual.


🍇 Viñas, higueras, albaricoques y limoneros .

Saleres también aparece como una alquería de viñas.

El documento habla de diversas viñas en distintos pagos. Aparecen también higueras, albaricoques, limoneros, almeces y parras.

Todo ello nos permite imaginar un paisaje agrícola muy diverso.

No era una tierra monocorde.

Era un mosaico.

Había hazas de riego, tierras de secano, viñas, frutales, olivos y morales. Un pequeño universo agrícola perfectamente adaptado al relieve, al agua y al clima del Valle.

La higuera daba dulzura de verano.

El limonero perfumaba la huerta.

El albaricoque anunciaba la fruta temprana.

La parra ofrecía sombra y racimos.

El olivo daba aceite.

El moral alimentaba la seda.

La viña daba fruto, trabajo y memoria.

Así era el Saleres nazarí: un pueblo pequeño, sí, pero lleno de vida productiva.


🪦 El Honsario del Pago del Guazta .

Entre los datos más emotivos aparece la mención de un lugar de enterramiento o macaber: el Honsario situado en el Pago del Guazta.

Este detalle cambia nuestra mirada.

Porque ya no hablamos solo de fincas, acequias, hornos y árboles. Hablamos también de los muertos.

Hablamos de generaciones de salereños andalusíes que vivieron allí, trabajaron aquellas tierras, rezaron en su mezquita, llevaron pan al horno, regaron sus huertas, recogieron hojas de moral y fueron enterrados en aquel paisaje.

El Honsario del Guazta nos recuerda que bajo los nombres antiguos no hay solo topónimos.

Hay personas.

Hay familias.

Hay memoria.

Hay una comunidad que desapareció como tal, pero que dejó huellas en el papel, en el agua, en la tierra y quizás también en algunos rincones invisibles del paisaje.


📜 Saleres como anejo de Restábal .

Tras la reorganización cristiana del territorio, Saleres aparece vinculado a Restábal como anejo dentro de la nueva estructura eclesiástica.

Esto nos ayuda a entender la relación histórica entre los pueblos del actual municipio de El Valle: Restábal, Melegís y Saleres compartieron durante siglos caminos, aguas, iglesias, familias, tierras y memoria.

Pero en 1502 Saleres todavía conservaba, al menos en el documento, la huella de su antigua organización nazarí.

La nueva época ya había comenzado.

Las mezquitas empezaban a quedar atrás.

Los bienes habices pasaban poco a poco a otro sistema.

Los nombres árabes iban siendo escritos por manos castellanas.

Pero la alquería antigua seguía latiendo.

Y ese latido es el que hoy podemos recuperar.


🌿 El pueblo escondido bajo los árboles .

Saleres en 1502 era mucho más que un pequeño núcleo rural.

Era una alquería nazarí con una estructura compleja, con bienes religiosos, economía agrícola, acequias, pagos, horno, mezquita, alfaquí, morales, viñas, olivos, frutales y lugares de enterramiento.

Era un pueblo donde todo estaba conectado.

El agua con la tierra.

La tierra con los árboles.

Los árboles con la seda, el aceite, el pan y la luz.

La mezquita con los campos.

El horno con las casas.

Los vivos con sus muertos.

Por eso, cuando hoy paseamos por Saleres, no deberíamos ver solamente sus calles blancas y su paisaje sereno. Deberíamos imaginar también aquel otro pueblo escondido bajo la memoria: el Saleres de los habices, de las acequias, de los hornos, de los morales y de los nombres antiguos.

Porque la historia no siempre desaparece.

A veces se queda dormida en un documento.

A veces espera quinientos años.

Y un día vuelve a hablar. 🌿📜


📚 Bibliografía:


ESPINAR MORENO, Manuel. “Bienes habices de la alquería de Saleres en 1502. Noticias sobre la economía del Reino Nazarí”, en De Al-Andalus a Tetuán. Actas del Homenaje al profesor Mhammad M. Benaboud. Coordinador: Mohamed Cherif. Publicaciones de la Asociación Marroquí para los Estudios Andalusíes, Tetuán, 2013.



11 mayo 2026

La Casa de María Garrido y Pepe Ramírez de Saleres


 🏡 LA CASA DE MARÍA Y PEPE EN SALERES: UN TESORO VIVO DEL VALLE DE LECRÍN

Hay lugares a los que no se llega por casualidad. Hay pueblos que no están “de paso”, porque para alcanzarlos hay que querer ir. Y así sucede con Saleres, uno de los pueblos más pequeños del Valle de Lecrín, donde la carretera parece acabarse… pero donde el alma del Valle continúa latiendo con más fuerza que nunca. 🌿✨

Saleres es pequeño como un frasco de perfume antiguo, pero guarda en su interior la esencia más pura de esta comarca granadina. Sus calles silenciosas, sus casas blancas y sus rincones detenidos en el tiempo parecen susurrarnos que todavía existen lugares donde la memoria sigue viva.

Y en una de esas calles,  se encuentra la casa de María Garrido y Pepe Ramírez, conocidos cariñosamente como “Pepe Gordo”. Una vivienda señorial del siglo XVII que no solo conserva muros antiguos, sino también el alma de varias generaciones. 🕰️🤍

Entrar en esta casa es atravesar una puerta hacia otro tiempo.

El zaguán empedrado y las vigas de madera oscura nos reciben como si todavía esperaran la llegada de arrieros, campesinos o viajeros de hace siglos. Las paredes encaladas aparecen cubiertas de platos de cerámica, antiguos aperos de labranza, llaves, espejos, lebrillos, calderas de cobre y objetos cotidianos que hoy son auténticas reliquias de una forma de vida desaparecida. 🏺🪞🔑

El gran patio interior abierto al cielo es el corazón de la vivienda. Allí las plantas brotan entre tinajas de barro, macetas y antiguas piezas de cobre que brillan suavemente bajo la luz natural. El suelo ajedrezado y los mosaicos hidráulicos aportan una belleza serena y elegante. Todo está cuidado con un mimo extraordinario. Nada parece colocado al azar.

Las enormes calderas de cobre evocan las antiguas matanzas, las cocinas familiares y los días de trabajo compartido. Las planchas alimentadas con carbón, las orzas, los cántaros y las herramientas agrícolas recuerdan un mundo donde el esfuerzo y la dignidad caminaban de la mano. 🚜🔥

En las paredes cuelgan retratos familiares que observan en silencio el paso del tiempo. Fotografías de bodas, padres, hijos y nietos convierten la casa en algo más que un edificio histórico: la transforman en un hogar lleno de memoria y afecto. ❤️👨‍👩‍👧‍👦

María Garrido Jiménez nació en Melegís, en la calle de la Fuente. Sus padres fueron Emilio y Rosario. Fueron siete hermanos: María, Rosarito, Carmela, Encarna, Paco, Emilio y Antonio, de los que actualmente viven cinco. María aprendió desde niña las labores domésticas y también pudo acudir a la escuela de su pueblo, donde aprendió a leer, escribir y hacer cuentas, algo que no todas las mujeres de aquella época tuvieron la oportunidad de hacer.

Su padre trabajó como encargado de don Francisco Castro Aparicio, conocido como “El Señorito de Oro”, propietario de numerosas tierras en Melegís y Santa Fe. Aquellos años estuvieron marcados por el trabajo del campo, la cultura del esfuerzo y la vida sencilla de los pueblos del Valle. 🌾🍊

María se casó con José Ramírez Callejas, “Pepe Gordo”, natural de Saleres, heredero de esta impresionante casa señorial del siglo XVII. El matrimonio tuvo dos hijos, un niño y una niña, que posteriormente les dieron dos nietos.

A María y Pepe siempre les ha gustado viajar, pero también conservar y embellecer su hogar. Y eso se percibe en cada rincón de la vivienda. Cada plato, cada cuadro, cada maceta y cada objeto antiguo parece colocado con amor y respeto hacia la historia familiar. 🌍🏡

La casa conserva la elegancia sobria de las antiguas familias acomodadas del Valle de Lecrín. Sus muebles de madera noble, los antiguos candelabros, las vajillas, las tinajas de aceite y los patios interiores recuerdan la arquitectura tradicional castellana adaptada al clima y a la vida rural granadina.

Y mientras uno contempla aquellos objetos antiguos, inevitablemente surge una reflexión: ¿Vivimos hoy mejor que antes… o simplemente vivimos más deprisa? 🤔⏳

Porque esta casa transmite una ternura antigua difícil de explicar. Una sensación de calma que parece enfrentarse al ruido y a la “bulla” constante del mundo moderno.

Cuando María llegó a vivir a Saleres todavía existían tres tiendas y tres tabernas. Había mulos y asnos recorriendo las calles, y el pueblo conservaba una intensa vida agrícola y social. Saleres llegó a tener 463 habitantes, dos molinos de aceite y uno de grano. Se producía principalmente aceite y vino, además de trigo, maíz y legumbres. 🍷🫒

María y Pepe poseen varias fincas de naranjos, limoneros y olivos. Hace años sus tierras llegaron a producir hasta 70.000 kilos de naranjas. Hoy, como tantos agricultores del Valle, conocen bien las dificultades del campo y la crisis de precios que sufren quienes trabajan la tierra mientras el consumidor paga caro el producto final. 🍊💔

Esta casa no es solamente una vivienda hermosa.

Es un refugio de la memoria.

Un pequeño museo de la vida cotidiana del Valle de Lecrín.

Un lugar donde todavía dialogan el barro, el cobre, la madera y los recuerdos. 🌿🏺✨

Y quizás ahí resida su verdadero valor: en recordarnos quiénes fuimos… para no olvidar nunca quiénes somos.

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