Mostrando entradas con la etiqueta Biografía sobre Miguel Ángel Molina Palma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Biografía sobre Miguel Ángel Molina Palma. Mostrar todas las entradas

13 mayo 2026

Mi Actuación en el Día del Libro 2026

El escritor Miguel Ángel Molina Palma 


 📚✨ MI ACTUACIÓN EN EL DÍA DEL LIBRO 2026: “EL VALLE DE LAS LETRAS” ✨📚

Por Miguel Ángel Molina Palma

📷 Fotos: Escuela de Adultos SEP Lecrín. 


El 30 de abril de 2026 viví en Talará uno de esos días que no se olvidan fácilmente. Un día de palabra, de memoria, de emoción y de agradecimiento. Un día en el que el Valle de Lecrín volvió a demostrar que la cultura no pertenece solo a los libros, sino también a las personas, a sus recuerdos, a sus caminos y a sus ganas de seguir aprendiendo.

En la Casa de la Cultura de Talará, dentro del encuentro “El Valle de las Letras”, organizado por las Escuelas de Adultos SEP Lecrín con motivo del Día del Libro, tuve el honor de participar como pregonero, poeta y escritor del Valle. Fue una tarde intensa, entrañable y profundamente humana.

📽️ Primero se proyectó un vídeo de presentación sobre mi vida y mi trayectoria literaria, elaborado con mucho cariño por la Escuela de Adultos SEP Lecrín. En él se recogía parte de mi camino como escritor vinculado a Melegís, al Valle de Lecrín y a la memoria de nuestros pueblos. Desde mis primeros poemas hasta mis libros más recientes, mi obra ha querido siempre mirar hacia la tierra que me vio crecer: sus acequias, sus naranjos, sus iglesias, sus lavaderos, sus gentes sencillas y su patrimonio artístico y humano.

Después pronuncié el pregón del Día del Libro. Quise que mis palabras fueran un homenaje a las Escuelas de Adultos, a sus alumnos, a sus profesores y a todas las personas que mantienen viva la llama del conocimiento. Dije que “aprender no tiene edad”, que “la curiosidad no se jubila” y que las Escuelas de Adultos son verdaderos “hogares de esperanza”.

También quise recordar que el Valle de Lecrín no es solo un territorio, sino “una emoción compartida”. Un valle hecho de acequias, azahar, memoria, fiestas, inviernos silenciosos y voces que siguen contando historias. Porque, como dije aquella tarde, “un pueblo que lee es un pueblo que piensa; un pueblo que recuerda es un pueblo que se mantiene en pie; un pueblo que aprende es un pueblo que tiene futuro”.

Uno de los momentos más emotivos fue cuando afirmé que cada vida es un relato único y valioso. Allí, ante los alumnos y alumnas de las Escuelas de Adultos, sentí que esas palabras tenían un sentido especial. Porque muchas veces pensamos que solo los grandes acontecimientos merecen ser escritos, pero la verdad es que cada persona guarda dentro una historia digna de ser contada.

🎶 A continuación presenté la canción “Escuelas de Adultos del Valle de Lecrín”, compuesta por mí como homenaje a todos ellos. Antes de que sonara la música, invité al público a hacer un viaje hacia dentro, hacia esas tardes de esfuerzo, risas, nervios y descubrimientos que se viven en las aulas. La canción nació del cariño hacia quienes enseñan, hacia quienes aprenden y hacia esta tierra que nos inspira cada día.

En sus versos quise decir que, entre montañas y acequias, nuestros pueblos guardan historias que nunca deben olvidarse. Y el estribillo resumía el espíritu de la jornada:

“¡Viva el Valle de Lecrín, su gente y su saber!

¡Viva la cultura, los libros y todo lo que nos hace aprender!”

Después presenté mis cuatro últimos libros, todos ellos unidos por un mismo hilo: el amor al Valle de Lecrín.

📘 “Los Guardianes del Valle de Lecrín” es un homenaje a esos custodios invisibles de nuestra tierra, a las acequias, los caminos, los pueblos y las memorias que aún nos hablan desde lo profundo.

🌙 “Las Reinas Moras” rescata, desde la emoción y la historia, las voces de mujeres como Aixa, Morayma y Soraya, figuras ligadas al final del Reino Nazarí y al doloroso eco de Al-Ándalus.

🕌 “Patrimonio Árabe de El Valle de Lecrín” reúne artículos, imágenes y reflexiones sobre castillos, acequias, leyendas, moriscos y huellas andalusíes que siguen vivas entre nosotros.

🌿 “Relatos de la Historia de Melegís (El Valle que Late)” es mi viaje más íntimo por la historia de mi pueblo, desde tiempos remotos hasta la actualidad, con la tierra, el agua, el olmo centenario y la memoria rural como protagonistas.

El acto culminó con un momento que guardaré siempre en mi corazón. Álvaro Navarro Ortega, Jefe de Estudios de la Escuela de Adultos SEP Lecrín, leyó unas palabras de reconocimiento hacia mi persona. Después, el Ilustrísimo Alcalde de Lecrín, Pedro Titos, me entregó una placa en reconocimiento a mi labor como cronista y protector del patrimonio artístico y humano del Valle de Lecrín, y como agradecimiento a mi participación en la celebración del Día del Libro.

Recibir aquella placa fue mucho más que recibir un objeto. Fue sentir el abrazo de una tierra. Fue recordar a mis mayores, a mis maestros, a mis padres, a mis pueblos, a mis lecturas primeras y a todas las personas que me han enseñado que escribir también es cuidar.

Aquel día comprendí, una vez más, que mientras haya alguien que nombre nuestros pueblos, que cuente sus historias y que quiera a su gente, el Valle de Lecrín seguirá vivo.

Gracias al SEP Lecrín. Gracias a sus profesores. Gracias a sus alumnos. Gracias al Ayuntamiento de Lecrín. Gracias a quienes hicieron posible esta jornada.

Y gracias, sobre todo, al Valle de Lecrín, porque sigue siendo mi raíz, mi inspiración y mi palabra.

📚✨ Feliz Día del Libro. Viva la cultura. Viva la memoria. Viva el Valle de Lecrín.

#DiaDelLibro2026 #ElValleDeLasLetras #ValleDeLecrín #SEPLecín #EscuelasDeAdultos #MiguelÁngelMolinaPalma #Talará #Lecrín


El Ilustrísimo Alcalde de Lecrín,
 Pedro Titos, me entregó una placa en reconocimiento a mi labor como cronista
 y protector del patrimonio artístico
y humano del Valle de Lecrín, y como agradecimiento a mi participación en la celebración del Día del Libro.

















10 mayo 2026

Nací un 10 de Mayo

Miguel Ángel Molina Palma
 con 10 años 

 🌿 Nací un 10 de mayo… cuando el Valle olía a pan y azahar 🌸

Hoy cumplo 62 años.

Y mientras el calendario sigue avanzando silenciosamente, el alma regresa sola a aquellos paisajes donde comenzó todo… 🌅

Nací un 10 de mayo de 1964, cuando el Valle de Lecrín todavía tenía el sabor lento y humano de los pueblos antiguos, cuando las puertas permanecían abiertas, las conversaciones se alargaban en las placetas y las tardes olían a pan recién hecho, a tierra mojada y a flor de azahar. 🍞🌿🍊

Mis primeros años transcurrieron entre dos lugares muy importantes de mi vida: Padul y Melegís. Dos pueblos unidos no solo por la geografía del Valle, sino también por mis recuerdos, mis raíces y mi corazón. ❤️

En Padul, el pueblo de mi padre, vivíamos en la calle Capitán Cortés número 29. Muy cerca estaban las Tres Cruces, la Rambla, el Pilarillo y la Fuente de los Cinco Caños. Lugares que para muchos quizá sean solo rincones del pueblo, pero que para mí son escenarios sagrados de la infancia. 🌿💧

Allí jugué durante años junto a mi hermano José Antonio y los demás niños del barrio. Corríamos por las calles sin miedo, inventábamos aventuras, perseguíamos balones y soñábamos sin saber todavía lo rápido que pasa el tiempo. Aquella infancia sencilla fue un tesoro.

En Padul estudié desde primero hasta quinto de EGB. 📚

Recuerdo el ambiente de aquellos años, las escuelas, los maestros, los recreos y aquella forma de vivir donde todo parecía más cercano y auténtico.

Y cuando llegaban los veranos… aparecía Melegís. ☀️🌳

Entonces el corazón cambiaba de paisaje y comenzaban los días eternos entre huertas, acequias y montañas. Melegís olía a higuera, a mosto, a pan de pueblo y a jazmín en las noches cálidas del verano. Allí estaban la familia, los bancales, los caminos, las campanas de la iglesia y esa sensación maravillosa de libertad que solo conocieron quienes crecieron en los pueblos de antes.

El Valle no era solamente un lugar.

Era una forma de vivir.

Era escuchar el agua correr por las acequias mientras caía la tarde. Era ver a las mujeres conversar en los lavaderos. Era sentarse a la fresca en las noches de verano. Era la radio sonando desde una ventana abierta. Era el sonido de una campana marcando las horas del día. 🔔

He vivido mucho desde entonces.

He conocido ciudades, trabajos, alegrías, pérdidas, amistades, búsquedas interiores y caminos inesperados. He escrito poemas, relatos y artículos intentando conservar algo que nunca debería perderse: la memoria de nuestra gente. 📖✨

Porque cumplir años no es solamente hacerse mayor.

Es convertirse poco a poco en guardián de recuerdos.

Y cuanto más tiempo pasa, más comprendo que las verdaderas riquezas de la vida estaban en aquellas pequeñas cosas que parecían normales: el pan caliente sobre la mesa, las tardes infinitas, las voces de nuestros mayores, las fiestas de los pueblos, las acequias llenas, las procesiones de Semana Santa, las noches de verano, los abrazos sinceros y el azahar perfumando el aire del Valle de Lecrín. 🍊🌿

Hoy, al cumplir 62 años, siento sobre todo gratitud.

Gratitud por haber nacido entre estos pueblos llenos de alma. Gratitud por Padul y por Melegís. Gratitud por todas las personas que han pasado por mi vida. Gratitud por seguir emocionándome todavía con un amanecer en el Valle, con un olmo viejo o con el murmullo del agua en una fuente antigua. 💧🌳

Quizá cumplir años sea simplemente esto: seguir llevando dentro al niño que un día soñó entre olivos, jugó junto a la Fuente de los Cinco Caños y escribió sus primeros versos mirando el cielo azul del Valle de Lecrín.

Y mientras exista memoria… seguirá latiendo nuestra tierra. ❤️🌿

#ValleDeLecrín #Padul #Melegís #Cumpleaños #MemoriaDelValle #Azahar #PueblosDeGranada #Raíces #HistoriaViva #ElValleYSuGente #Tradiciones #Granada #VivirElValle #PaisajesConAlma #MiguelÁngelMolinaPalma

En la Calle Granada de Melegís 

Con el Padre Plata 



Mis libros 📚 


Lavadero de Melegís 

Vista panorámica de El Valle 

El Olmo Quincentenario 



17 abril 2026

Encuentro con MIGUEL ÁNGEL MOLINA PALMA en el Valle de Lecrín ✍


 📚✨ ENCUENTRO CON MIGUEL ÁNGEL MOLINA PALMA EN EL VALLE DE LECRÍN ✨📚

Hay momentos que no se buscan…

simplemente llegan.

Y este puede ser uno de ellos.

Muchas personas me han trasladado en estos días su deseo de conocerme, de compartir un rato, de poner voz y mirada a tantas palabras que han nacido desde el corazón del Valle.

Por eso quiero deciros algo muy sencillo, pero muy sentido:

📍 Estaré el próximo 30 de abril en la Casa de la Cultura de Talará

🕔 A las 17:00 horas estaré allí para saludar, conversar y compartir con todos vosotros.


✍️ A las 17:30 horas daré el Pregón del Día del Libro 2026

Será un momento especial…

un encuentro entre personas que aman su tierra, su historia, sus raíces y su cultura.

Un espacio donde no hay distancias, donde la palabra nos une y donde el Valle de Lecrín será, una vez más, el verdadero protagonista 💚

Si alguna vez has sentido algo al leer mis textos…

si alguna vez has recordado tu infancia, tus mayores, tus calles o tus tradiciones…

👉 Este es el momento de encontrarnos.

Os espero con el corazón abierto.

Porque al final…

somos lo que compartimos.

📚💫 #ValleDeLecrín #DíaDelLibro2026 #MiguelÁngelMolinaPalma #CulturaViva #Encuentro #ElValleDeLasLetras #Talará #Raíces #MemoriaViva

07 octubre 2025

Miguel Ángel Molina, Guardián del Patrimonio


 MIGUEL ÁNGEL MOLINA PALMA: GUARDIÁN DEL PATRIMONIO, PERSONAJES Y RUTAS DEL VALLE DE LECRÍN 🌿📖

✍ Por Elogio Quemada

En el Valle de Lecrín,  que se extiende como un oasis fértil entre las sierras de Sierra Nevada y la brisa mediterránea, resuena una voz apasionada que rescata el patrimonio, los personajes y las rutas de un territorio que se niega al olvido. Miguel Ángel Molina Palma, nacido en Melegís en 1964, es mucho más que un escritor o poeta: es un custodio de la memoria lecrinense, un narrador que da vida a las acequias moriscas, las figuras históricas y los senderos que serpentean entre huertas de naranjos y limoneros. A sus 61 años, este hijo del Valle de Lecrín ha transformado su pluma en un faro que ilumina la historia, la cultura y los caminos de su tierra, desde la prehistoria hasta el siglo XXI. Su obra, compartida en un blog que actúa como archivo vivo y en proyectos que crecen como los cítricos de la comarca, es un homenaje al Valle de Lecrín, un lugar que él describe como un latido eterno. 🌄


Molina Palma escribe desde el alma de Melegís, un pueblo de apenas unos cientos de habitantes, donde el aroma del azahar y el murmullo de las acequias nazaríes impregnan cada relato. Su conexión con el Valle de Lecrín es visceral,  su trabajo se centra en tres ejes: el patrimonio cultural (material e inmaterial), los personajes que han dado forma a la comarca y las rutas que invitan a recorrerla. Tiene una entrada titulada "Biografía de Miguel Ángel Molina Palma" en su blog "Ecos del  Valle de Lecrín" (escritosmiguelpalma.blogspot.com). Este espacio digital, con más de 1.600 entradas —de las cuales más de 1.400 están dedicadas al Valle de Lecrín—, es un reflejo de su vida y su misión. A través de relatos históricos, poemas y canciones, emerge la figura de un lecrinense comprometido con preservar y compartir la esencia de su tierra. 📝


 LOS INICIOS: DE LA POESÍA ÍNTIMA A LA NARRATIVA COMUNITARIA 🎭


La trayectoria de Molina Palma comenzó con la poesía, un refugio donde exploró los matices del alma andaluza. Hace décadas, en Huelva, publicó dos poemarios que marcaron sus primeros pasos literarios. "Viento de Polvo y Éter", con versos que evocan lo efímero y lo etéreo, captura la danza entre el paisaje árido y la nostalgia por Granada. "Vida que ilumina amor", por su parte, es un canto luminoso al amor como fuerza vital. Estos trabajos, editados en un contexto modesto, muestran a un joven Molina Palma influido por la lírica de Lorca y Machado, pero con un sello propio: la búsqueda de raíces en lo cotidiano. ✨


Su regreso al Valle de Lecrín marcó un giro hacia lo colectivo. En 2003, pronunció el pregón de las Fiestas de Melegís, un discurso que tejió anécdotas locales con reflexiones sobre la identidad del pueblo. En 2004, repitió el honor en Saleres, consolidándose como una voz pública que celebra la memoria lecrinense. Estos pregones, cargados de poesía y orgullo local, lo posicionaron como un narrador querido por la comunidad. Sus colaboraciones con El Comarcal de Lecrín, donde se le reconoce como "poeta y escritor de Melegís", reforzaron su rol como embajador cultural de la comarca. 🗣️


EL BLOG: UN TESORO DIGITAL DEL VALLE DE LECRÍN 🌐

El eje de su obra actual es "ECOS DEL VALLE DE LECRÍN", un blog que trasciende lo digital para convertirse en un archivo vivo de la comarca. Con más de 1.600 entradas, de las cuales 1.400 se dedican al Valle de Lecrín, este espacio recopila ensayos históricos, poemas y letras de canciones que celebran el patrimonio, los personajes y las rutas de la región. Es un diálogo abierto con la comunidad, donde los lectores aportan testimonios que enriquecen los relatos. Molina Palma actualiza el blog con regularidad, convirtiéndolo en un lienzo donde la historia del Valle se escribe en tiempo real. 💻


De este archivo digital nacen sus proyectos principales, publicados como "libros" abiertos en el blog, redes sociales y Amazon. "Los Guardianes del Valle de Lecrín" explora personajes simbólicos —líderes locales, ermitaños o elementos naturales como los ríos— que protegen la esencia de la comarca, con un tono mítico y evocador. 🛡️


"El Valle que Late", Relatos de la historia del Valle y de Melegís, por su parte, es una obra de 42 artículos que traza la historia y prehistoria de Melegís, desde el siglo XXI a.C. —con posibles vestigios de la Edad del Bronce o influencias íberas— hasta el siglo XXI d.C. Este viaje cronológico documenta la evolución del pueblo a través de la época árabe, la Reconquista y la modernidad, centrándose en su desarrollo local. Cada artículo es un latido que captura el espíritu de Melegís, desde sus primeros pobladores hasta las fiestas contemporáneas. 🏺


El libro, "Patrimonio Árabe del Valle de Lecrín" publicado en diciembre de 2025 promete ser un hito: 62 artículos que exploran el legado morisco y nazarí, desde las acequias hasta las tradiciones orales, con una segunda parte en curso que ampliará esta investigación. Este proyecto no solo rescata el patrimonio material, sino que propone rutas para redescubrir el Valle, atrayendo a visitantes interesados en la Granada rural. 🕌

También ha escrito la novela Las Reinas Moras,  que trata de Aixa, Moraima y Soraya en el ocaso del Reino Nazarí. 

 POESÍA, CANCIONES Y EL ALMA DEL VALLE DE LECRÍN 🎵

La poesía sigue siendo el latido íntimo de Molina Palma. Sus versos, dispersos en el blog, reflejan el paisaje serrano, la nostalgia y la belleza cotidiana del Valle de Lecrín, con una lírica accesible que conecta con la tradición andaluza. Pero su creatividad trasciende la página al abrazar la música. Sus letras, inspiradas en la cultura local —fiestas, tradiciones y la vida rural—, han sido musicalizadas con Suno, una herramienta de inteligencia artificial que da melodía a sus palabras. La canción Fiestas de San Antonio es un ejemplo conmovedor: Fue interpretada por las mujeres de Melegís durante la misa patronal, transformando un texto poético en un himno comunitario que une lo ancestral con lo moderno. 🎤


UN LEGADO QUE INVITA A RECORRER EL VALLE DE LECRÍN 🌍

Miguel Ángel Molina Palma no escribe para la fama; su misión es preservar el patrimonio, los personajes y las rutas del Valle de Lecrín. Su blog democratiza el conocimiento, permitiendo que vecinos de Melegís, visitantes de Granada y curiosos de todo el mundo descubran una comarca que late con autenticidad. Libros como "Patrimonio Árabe del Valle de Lecrín" podrían traducirse en rutas turísticas que posicionen al Valle como un destino cultural, atrayendo incluso fondos para la preservación de su herencia. 🏞️


A sus 61 años, Molina Palma sigue narrando, componiendo y guiando a través de las sendas del Valle de Lecrín. Su obra invita a recorrer sus pueblos, a conocer a sus gentes y a escuchar el eco de su historia. Para descubrirlo, basta visitar: "escritosmiguelpalma.blogspot.com", donde cada entrada es una puerta al alma lecrinense. ❤️ Y sus libros están en venta en Amazon. 


Este artículo se basa en una recopilación de detalles proporcionados por fuentes locales, el blog del autor y colaboraciones en medios como El Comarcal de Lecrín. Para más información, visite el blog directamente.


#MiguelAngelMolinaPalma #ValleDeLecrín #PatrimonioLecrinense #Melegís #PersonajesDelValle #RutasDelValle #ElValleQueLate #GuardianesDelValle #FiestasSanAntonio #CulturaGranada


BIBLIOGRAFÍA 📚:

- Molina Palma, M. Á. (2025). Ecos del Valle de Lecrín. Blog: escritosmiguelpalma.blogspot.com.


- Molina Palma, M. Á. Patrimonio Árabe del Valle de Lecrín. Libro de 62 artículos, segunda parte en curso. De venta en Amazon. 

-Molina Palma, M. Á. Las Reinas Moras.  De venta en Amazon. 

- Molina Palma, M. Á.  Los Guardianes del Valle de Lecrín. De venta en Amazon.


- Molina Palma, M. Á. " Relatos de la historia de Melegís  (Valle que Late)". 42 artículos sobre historia y prehistoria de Melegís. De venta en Amazon.


- Molina Palma, M. Á.  "Viento de Polvo y Éter" y "Vida que ilumina amor". Ediciones en Huelva.


- El Comarcal de Lecrín. Colaboraciones locales (2025).

21 agosto 2025

La vida de José Molina Freire


 LA VIDA DE JOSÉ MOLINA FREIRE: UN HOMENAJE A UN HOMBRE DE ESFUERZO Y HONRADEZ 🌾👨‍🌾


 NACIMIENTO Y PRIMEROS AÑOS


José Molina Freire nació en 1932 en Almaciles, un pequeño núcleo perteneciente a La Puebla de Don Fabrique, en Granada. Hijo de Miguel Molina Pérez, un guardia civil, y Virtudes Freire Ríos, creció en una familia humilde marcada por los traslados constantes debido a la profesión de su padre. Su infancia transcurrió entre varios pueblos, cada uno dejando una huella en su memoria: Archidona, Colmenar, Estepona, Zújar, Almuñécar, Diezma y, finalmente, Padul. Estos cambios forjaron en él una capacidad de adaptación que lo acompañaría toda la vida. 🏡


De niño, José asistió a la escuela pública hasta los 14 años, como era habitual en la época, pasando por aulas en distintos pueblos. En Almuñécar, estudió con un profesor valenciano en una escuela privada, y en Diezma continuó su educación hasta que, a los 16 años, se asentó en Padul y comenzó a trabajar en el campo. La escuela le dio las bases, pero fue el campo quien le enseñó las lecciones más duras y valiosas de la vida. 📚


LA JUVENTUD Y EL TRABAJO EN EL CAMPO


A los 17 años, José empezó a trabajar en el Cortijo de la Jara, en Murchas, y en las tierras familiares de Padul. Cultivaba garbanzos, lentejas, trigo, cebada, avena y cuidaba olivos en la finca del Motrilejo. Araba con una yunta de mulos, Valeroso y Española, dos animales que se convirtieron en compañeros fieles. Valeroso, marrón y noble, era el favorito de José por su mansedumbre; Española, blanca, tenía menos fuerza, pero juntos formaban un equipo inseparable. En verano, José trillaba el trigo en la era, aventaba el grano y almacenaba la paja en el pajal de la casa familiar en la calle Capitán Cortés nº 29. 🌾🐎


El trabajo en el campo no era solo una labor, era un modo de vida. José aprendió a regar, podar, segar balates, recoger naranjas, limones, aceitunas y almendras. Su fuerza física era descomunal: podía cargar solo sacos de 100 kilos de abono sobre el mulo. Pero más allá de su fortaleza, destacaba su honradez y dedicación. Desde joven, mostró un carácter trabajador que sería el pilar para sostener a su futura familia. 💪


EL SERVICIO MILITAR


A los 20 años, José fue llamado al servicio militar en Orduña, Vizcaya, en el Regimiento Garellano nº 45 de Bilbao. Allí sirvió durante 13 meses, 14 días y 5 horas, un tiempo que él mismo contó con precisión, ansioso por volver a su vida. Hizo una guardia como soldado y 19 como cabo 2º, bajo las órdenes de un sargento llamado Monedero. La mili fue una experiencia que reforzó su disciplina y sentido del deber, cualidades que ya traía de casa gracias a la educación estricta de su padre, Miguel. 🎖️


EL AMOR Y LA FAMILIA


En 1957, con 25 años, José conoció a Ana Palma Ruiz, una joven de Melegís. Tras un noviazgo, se casaron el 17 de marzo de 1962 en la iglesia de Melegís. Él tenía 29 años y ella 22. Juntos formaron una familia que crecería hasta tener cinco hijos: José Antonio, Miguel Ángel, Ana María, Virtudes y Jesús. Los primeros años de matrimonio los pasaron entre Melegís y Padul, yendo y viniendo entre ambas casas. Cuando nació su segundo hijo, Miguel Ángel, en 1964, José estaba en Francia trabajando en la remolacha para sostener a la familia. 🥰


En A Chaudardes, José trabajó durante dos meses y dos días, escardando remolacha y vinando 23 hectáreas a destajo junto a dos compañeros. Regresó con 27.105 pesetas, una suma importante para la época que reflejaba su esfuerzo incansable. A su vuelta, la familia siguió creciendo, y con la llegada de Virtudes, compraron una televisión por 15.000 pesetas, un lujo que marcó un hito en el hogar. También fueron los primeros en Padul en tener una hornilla de butano, traída desde Granada capital. 📺🔥


LA VIDA EN EL CAMPO Y LA HERENCIA


Tras la muerte de su padre, Miguel, en 1964, José y su familia se asentaron más tiempo en Padul, especialmente cuando José Antonio comenzó la escuela. Sin embargo, con la partición de la herencia de su madre, Virtudes, le correspondió el Cortijo de Lojuela, en Murchas. Esto llevó a la familia a trasladarse definitivamente a Melegís para estar más cerca de las tierras. 

Allí, José continuó con las labores del campo: arar, regar, podar, recolectar aceitunas, almendras y frutas. Las fincas de su esposa también requerían atención, y él se encargaba de todo con una dedicación absoluta. 🌳


José no solo trabajaba la tierra, también tenía una pasión por la caza. Le gustaba cazar conejos, perdices y codornices, siempre acompañado por los sucesivos perros pachones que fue teniendo, todos llamados Ulises.

 Enseñaba a sus pájaros de perdiz para el puesto, una práctica que requería paciencia y habilidad. Su amor por los animales y la naturaleza era evidente, y esta pasión la compartía con sus hijos, quienes desde pequeños lo acompañaban al campo. 🐕🏞️


UN PADRE EJEMPLAR


José Molina Freire fue un padre estricto pero justo. Con su trabajo incansable, logró que sus cinco hijos tuvieran oportunidades que él no tuvo. Pagó los estudios universitarios de quienes quisieron cursar una carrera y apoyó a los que optaron por oposiciones, como Ana María y Miguel Ángel. Su rectitud, a veces acompañada de castigos duros, moldeó a sus hijos en personas de bien, trabajadoras y responsables. Hoy, con más de 90 años, José puede mirar atrás con la satisfacción de ver a sus hijos bien encaminados, con buena salud y éxito en sus profesiones. 👨‍👩‍👧‍👦


Su vida no estuvo exenta de sacrificios. El estrés de las labores del campo, la responsabilidad de mantener a una familia numerosa y los retos económicos marcaron su día a día. 

Sin embargo, su fuerza, honradez y amor por los suyos lo convirtieron en un pilar inquebrantable. Sus hijos aprendieron de él el valor del esfuerzo, la importancia de la familia y la satisfacción de un trabajo bien hecho. 🙏


UN HOMENAJE EN VIDA


Este relato, escrito por mí, es un reconocimiento a la vida de mi padre José, más conocido como Pepe, un hombre que con su sudor y dedicación levantó a su familia y dejó un legado de valores. Como él mismo aprendió de sus padres, Miguel y Virtudes, la vida es un equilibrio entre sacrificio y amor.

 Este homenaje no busca esperar al final, sino celebrar en vida a un padre ejemplar, un trabajador incansable y un hombre honrado que marcó la vida de quienes lo rodean. 🎉


#JoséMolinaFreire #HomenajeEnVida #VidaRural #Familia #Esfuerzo #Padul #Melegís #AmorFamiliar




07 junio 2025

MAGNÍFICO, MIGUEL ANGEL!


 MAGNIFICO, MIGUEL ANGEL ! 

Hay historias, tradiciones, Fiestas, Momentos , en definitiva, hay Vidas y Vida, hay raíces y recuerdos en todos y en todas, que no se deben perder. Qué debemos recordar y estar siempre presentes para generaciones venideras.

Todo no es presente. Éste es una proyección del pasado, y hace al futuro. 

Sigamos escribiendo, contando y cantando cosas de nuestra hermoso VALLE DE LECRIN.

Pero esperamos y contamos CONTIGO , con cada uno, de vosotros, amigo/a del Valle. Seas de ahí, o enamorado/a de esta tierra. También eres Valle !

Esperamos tu respuesta. Tus comentarios. Tus relatos. Tus poemas. Tus canciones. Tus fotografías. Todo lo que sea y haga recordar o vivir algún tema del Valle de Lecrin.

Animo, y vamos a EJERCERLO. VAMOS A PARTICIPAR TODOS /AS.


Y muchas gracias a Miguel Ángel, gran impulsor de ideas y artículos sobre la historia de nuestro Valle.

GRACIAS, AMIGO ! 


(Palabras de José Antonio del Río Garvi)

Grupo EL VALLE DE LECRÍN, sus pueblos, gente y cosas


 🌄✨ ¡Hola a todos! Soy Miguel Ángel Molina Palma y he creado este grupo con mucho cariño:


"EL VALLE DE LECRÍN, sus pueblos, gente y cosas" 💚🏞️


Este espacio nace con un propósito claro:

dar a conocer y poner en valor las maravillas del Valle de Lecrín, sus pueblos llenos de historia, sus gentes buenas y sabias, sus tradiciones que nos emocionan, y sus paisajes que nos llenan el alma 🌿⛪🍊


Aquí compartiremos 📸 fotos antiguas y actuales, 📝 vivencias, 🧓 historias de nuestros mayores, 🍲 recetas de siempre, 🐑 costumbres, 🧺 fiestas, leyendas, curiosidades y todo lo que nos une como comarca y como familia.


Porque el Valle de Lecrín es mucho más que un lugar:

¡es una forma de vivir, de sentir y de recordar! 💫🌞


Te invito a unirte, a participar y a compartir.

Este grupo es de todos y para todos los que aman estas tierras 🏡❤️


#ValleDeLecrín

#NuestrosPueblos

#GenteConRaíces

#TradicionesVivas

#TierraConAlma

#AndalucíaAuténtica

#MiguelÁngelMolinaPalma

#OrgulloDelValle

07 mayo 2025

Biografía de Miguel Ángel Molina Palma


 Miguel Ángel Molina Palma: una vida entre poesía, cultura y espiritualidad


Miguel Ángel Molina Palma nació en 1964 en el Valle de Lecrín, Granada. Desde temprana edad, su vida estuvo marcada por el ir y venir entre Padul y Melegís, dos pueblos que forjaron su alma sensible y poética. El contacto con la naturaleza, los olores del campo, las acequias cantarinas y los viajes en la Alsina entre un pueblo y otro fueron moldeando su percepción profunda de la vida.


Primeros pasos poéticos y culturales


Con apenas diez años comenzó a escribir sus primeros poemas, movido por una melancolía infantil que le llevó a coger la libreta y volcar en ella sus emociones. A los dieciséis, recitó públicamente por primera vez en la Primera Semana Cultural de Padul. Pronto se interesó también por la historia del municipio de El Valle, y con esfuerzo y curiosidad juvenil, investigó documentos antiguos en archivos y bibliotecas.


Madrid: cultura, poesía y trabajo


En 1982 se trasladó a Madrid, donde trabajó durante siete años en la Caja Postal de Ahorros. Allí, además de su actividad laboral, colaboró en varias revistas internas de la empresa como Mundo Botonil, Caja Postal y Relieve. Al mismo tiempo, comenzó su vida cultural madrileña publicando artículos y poemas en revistas locales como Eco Norte y Área Norte, donde fue colaborador y redactor.


Su trabajo en Área Norte lo puso en contacto con intelectuales, escritores, médicos, humoristas y periodistas de la época. Su sensibilidad y su pensamiento profundo se reflejaban en artículos como “¿Por qué no construimos puentes?” o “El hombre, un creador inconsciente”.


También estudió en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid y participó en actividades teatrales, incluyendo un corto sobre Charlie Chaplin. Esta etapa madrileña fue bohemia, intensa y llena de creatividad, y sentó las bases de su compromiso con la cultura y la expresión artística.


Etapa onubense: la poesía y la tertulia


En 1992, Miguel Ángel se trasladó a Huelva tras aprobar las oposiciones de Auxiliar de Justicia. Allí vivió una etapa de gran efervescencia cultural y afectiva. Se incorporó a las tertulias literarias del bar 1900, conocidas como “Las Noches del 1900”, organizadas por Uberto Stabile, y compartió amistad y escenario con poetas como Juan Venegas Columé, artistas como Pilar Domínguez Toscano, y creadores como Bacedoni o Antonio de Padua Díaz.


Durante esta etapa publicó su primer libro de poemas, Viento de polvo y éter, en 1993, y su segundo, Vida que ilumina amor, en 1995. Participó también en artículos para Huelva Información, La Voz de Huelva, y colaboró con el historiador Antonio Martínez Navarro. Junto a Bacedoni, impulsó la sección "Diseño y poesía de Huelva" en prensa. Fue una época de intensa producción literaria, tertulias, amistad y creatividad.


Málaga y el camino hacia la naturopatía


En 1999 se trasladó a Málaga, donde además de su trabajo en la Administración de Justicia, profundizó en el estudio de la medicina natural. Se formó como quiromasajista y naturópata, completando un Máster por Acena y diplomaturas en centros especializados. Esta nueva etapa vital se vio acompañada por un creciente interés por la salud, el cuerpo, el bienestar integral y la espiritualidad. También organizó talleres de risoterapia, pintura, y siguió escribiendo, viajando y participando en actividades culturales.


Vínculo con El Valle y vocación cronista


En 2002 fue nombrado cronista  del municipio de El Valle, y desde entonces ha participado activamente en la vida cultural de la comarca. Ha escrito en el periódico El Valle de Lecrín, cubriendo eventos, fiestas populares, exposiciones y tradiciones. En 2003 dio el pregón de las fiestas patronales de Melegís, en honor a San Antonio de Padua, y en 2004 el pregón de las fiestas de Saleres, dedicadas a Santiago Apóstol. También estuvo presente en iniciativas como la Fiesta de la Naranja, la Fiesta de la Teja y colaboró con asociaciones culturales del Valle.


Encuentros significativos: Ian Gibson y otros amigos


Durante los años 90 y 2000 tuvo diversos encuentros con el hispanista Ian Gibson, quien vivió en Restábal y compartió con Miguel Ángel su amor por el Valle de Lecrín. Estas conversaciones giraban en torno a Lorca, el paisaje, la historia local, y las luces del pueblo. También compartió momentos con personajes relevantes del ámbito literario andaluz y nacional.


Conversión espiritual: el encuentro con Dios


A los 47 años, Miguel Ángel vivió una profunda transformación espiritual. Tras una vida como católico, se convirtió al cristianismo evangélico, comenzando a asistir a la Iglesia Nueva Generación. Vivió experiencias de sanación, visiones espirituales y manifestaciones del Espíritu Santo. Fue ujier, participó en cultos, ministraciones, y recibió el bautismo del Espíritu con el don de lenguas. Su vida interior se volcó hacia una relación viva con Dios, y sus escritos reflejan esta nueva dimensión espiritual, en la que el sufrimiento, la enfermedad y la soledad fueron canalizados hacia la fe, la gratitud y la redención.


Ha escrito himnos dedicados a cada uno de los 18 pueblos de la comarca, además del Himno del Orgullo en el Valle, que celebra la diversidad y el respeto.

Además ha escrito más de 400 artículos la mayoría de ellos relacionados con el Valle de Lecrín. 

 Su compromiso con la cultura y la identidad local lo ha convertido en una figura querida por quienes sienten el Valle como su casa.


“Porque quien ama su tierra la escribe, la canta… y la hace eterna.”


Fuente de Vida: el legado


Su blog:"Ecos del Valle de Lecrín", recoge muchos de sus textos, reflexiones, poemas y artículos de toda una vida. Es un espacio vivo de expresión, donde se entrecruzan la poesía, la espiritualidad, el compromiso con la cultura local y la celebración de la vida sencilla, los pueblos y sus gentes.


Conclusión


Miguel Ángel Molina Palma es un hombre profundamente vinculado a su tierra, a las palabras y a la búsqueda del sentido. Su vida ha sido una peregrinación por los caminos de la poesía, la amistad, la cultura, la salud y la fe. Ha tendido puentes entre generaciones, ha documentado la historia de su pueblo, ha compartido su alma en cada verso, y ha buscado la luz incluso en los tiempos más oscuros. Su biografía no es solo la de un escritor o un cronista, sino la de un testigo del alma humana.

06 abril 2025

Entre Amigos


 ENTRE AMIGOS (Relato en primera persona)

Por Miguel Ángel Molina Palma

Al igual que el arco iris tiende sus brazos desde el cielo hacia la tierra, así he querido siempre tender los míos hacia cada rincón de la vida. He buscado en la palabra, en la poesía, en la historia y en la amistad una respuesta al enigma de la existencia.

Mi infancia se repartió entre Melegís y Padul. Primero Melegís, donde pasaba largas temporadas hasta los cinco años; luego Padul durante el curso escolar, regresando a Melegís en vacaciones. Aquellos viajes en la Alsina, junto a mi madre, entre la niebla de Dúrcal y los amaneceres del Valle, me despertaban una extraña conciencia, como si algo muy profundo se moviera en mí. El olor de las aulagas quemadas en San Sebastián, el rumor de las acequias, las fuentes y lavaderos, la laguna del Padul… Todo forjó lentamente mi alma de poeta.

Fue en Padul donde, con apenas diez años, escribí mis primeros versos. El cambio de casa en la calle Capitán Cortés, un abril nublado y melancólico, me impulsaron a coger una libreta y escribir. A los dieciséis recité por primera vez en público en la Semana Cultural de Padul. Y desde entonces, la poesía no me ha abandonado.

En 1982 me trasladé a Madrid y trabajé en la Caja Postal durante siete años, pasando por diversos departamentos y publicando mis poemas en revistas como Mundo Botonil, Caja Postal y más tarde en Relieve. Aquel tiempo fue de bohemia, creatividad, amistad y humor. Disfruté de grandes momentos con compañeros como Torralba, Faustino, Juan Carlos, Córdoba o Walter Seeman. La risa fue medicina diaria.

Viví en el Barrio del Pilar, donde colaboré en las revistas Eco Norte y Área Norte. En esta última, además de escribir, ayudaba con el diseño y la publicidad. Compartí letras y mesa con Carlos Junyent, Enrique Velasco, Baixeras, Kalikatres, Codesal, entre otros. Recuerdo los artículos que escribí por entonces, como “¿Por qué no construimos puentes?”, en los que ya se asomaba mi preocupación por el rumbo de la humanidad.

Estudié Artes Aplicadas, destacando en escultura y volumen, y alternaba mis tardes entre cafeterías, amigos y creación. Esa etapa fue clave para descubrir facetas nuevas de mí mismo.

En 1993, ya en Huelva, publiqué Viento de polvo y éter, mi primer libro de poemas, con prólogo de Juan Venegas Columé. Me integré en las tertulias culturales del bar 1900 junto a Uberto Stabile, Pilar Toscano, Bacedoni, Antonio de Padua Díaz, entre muchos otros. Allí compartíamos poesía, debates y presentaciones de libros. En 1995 publiqué Vida que ilumina amor, y colaboré con medios como Huelva Información y La Voz de Huelva. Con Bacedoni, además, lanzamos la sección “Diseño y poesía de Huelva”.

En 1999 me trasladé a Málaga y comencé una nueva etapa de crecimiento interior. Me formé como naturópata y quiromasajista, obteniendo el máster por Acena y la diplomatura por Aula. Conocí a Alberto Lorigados, antiguo compañero de la Caja Postal, reencontrándonos tras 19 años en un aula malagueña. Los caminos de la vida tienen esas sorpresas.

Mi amor por el Valle me llevó a ejercer de cronista desde 2002 para el Periódico El Valle de Lecrín. Narré actos, fiestas, recuerdos… desde la Fiesta de la Teja en Melegís, donde recité junto a mi padre y mi hermana, hasta la Fiesta de la Naranja, la Feria del Cítrico, o el programa “Mira la Vida” de Canal Sur. Como cronista, conté historias, entrevisté a vecinos y recogí la esencia de nuestra tierra.

Mi encuentro con Ian Gibson también fue significativo. Coincidimos en Melegís, en Huelva y en actos conmemorativos. Recuerdo sus peticiones sobre las luces y el nombre de su calle en Restábal, y su amor (y desencanto) por nuestro Valle. Tal vez nos volvamos a encontrar. Las amistades tienen ciclos.

Y así, entre versos, caminos, oficios, amigos, artículos, conferencias, risas y silencios… he ido dejando un rastro en este mundo, sembrado de palabras y de vida.

Porque he creído siempre en el poder del amor, de la amistad verdadera y en la belleza que habita aún en este mundo a veces quebrado.

¡¡¡Brindemos por la amistad y por la vida!!!
Porque la vida no es corta ni larga.
La vida… es vida.
Y nada más.


05 abril 2025

15. Resumen de mi vida desde que nací hasta los 47 años


15. Resumen de mi vida desde que nací hasta los 47 años

 

Me llamo Miguel Ángel Molina Palma. Nací el 10 de mayo de 1964 a las 10:10 de la mañana, en la Residencia Sanitaria Ruiz de Alda, en Granada. Mi padre, José, estaba en Francia trabajando en la remolacha cuando vine al mundo. Soy el segundo hijo de mis padres, después de mi hermano mayor, José Antonio. Viví mi infancia entre Melegís, El Padul y Restábal, en el corazón del Valle de Lecrín. Crecí en una casa con corral, cuadra y pajares, donde criábamos gallinas, patos y mulos, y donde los días transcurrían entre juegos, tareas rurales y la compañía de mi familia.

 

Desde muy pequeño fui un niño observador, sensible, feliz y profundamente curioso. Con apenas diez años escribí mi primer poema, "Trotacaminos", y supe que la poesía sería una vocación inseparable de mi vida. Era zurdo, soñador y amante del silencio interior. A los diez años, una fractura en el brazo izquierdo marcó mi infancia con una larga recuperación en la Clínica San Rafael.

 

Cursé mis primeros estudios en el Colegio Nacional San Sebastián de El Padul, luego en el colegio de Restábal, y más adelante los cursos de BUP en el Virgen de Gracia de Granada. Durante un tiempo, estuve en el Seminario Menor de San Cecilio, donde mi fe católica se fue perfilando junto a mi vocación literaria. Mis profesores, amigos como José Luís Prat Lupiáñez, y los libros, fueron faros en esos años.

 

Entre los 16 y 19 años viví una etapa de búsquedas intensas. En 1980 asistí a la Mariápolis en Salamanca. Intenté entrar en el Seminario Mayor, pero fui disuadido por el rector del Seminario Menor. Comencé a trabajar como botones y luego como ordenanza en la Caja Postal de Madrid, donde firmé contrato indefinido en 1983. Viví en pensiones, completé COU en el Instituto San Isidro, y comencé a publicar poemas en revistas como Mundo Botonil. Fueron años de vida bohemia, amistad, poesía y noches largas.

 

A los veinte, ya instalado en Madrid, viví una intensa vida cultural. Publiqué poemas como La suave brisa de los mares, Negación, o Verde corazón del Valle, y registré mi poemario "Viento de polvo y éter". Estudié arte dramático en Musi-Vox y después Artes Aplicadas. Participé en tertulias, viví una vida comprometida con lo social, la poesía, la música y la espiritualidad. Colaboré en Eco Norte y Área Norte.

 

A los 25 pedí excedencia en la Caja Postal. Durante esos años trabajé como monitor de natación, camarero, vendedor de libros con Plaza y Janés, recorriendo media España. Me trasladé a Granada y aprobé las oposiciones a Justicia. En 1992 empecé a trabajar como auxiliar en Huelva, donde viví una etapa profesional y literaria intensa, con tertulias como la del bar 1900.

En 1993 publiqué "Viento de polvo y éter", 500 ejemplares. En 1995 publiqué "Vida que ilumina Amor", 100 ejemplares y estuve implicado en la vida cultural onubense. Viajé al Balneario de Tolox, estudié, trabajé en la Junta Electoral y viví con intensidad afectiva y espiritual. En 1996, comencé la carrera de Derecho en la Universidad de Huelva. Practicaba deporte, asistía a congresos jurídicos y frecuentaba bares como Cochabamba y Escarlata.

 

En 1997 sufrí ansiedad laboral y estuve de baja. Alternaba Huelva y Melegís, colaboraba con la Asociación Alonso Sánchez y mantenía una relación con Ana de Valverde. En 1998-1999 obtuve plaza en Málaga, donde seguí escribiendo, publicando y participando en la vida cultural. Falleció mi abuelo Antonio Palma, y mi vida alternaba entre el arte, la introspección y la familia.

 

Entre 2000 y 2001 profundicé en la espiritualidad. Viajé a Italia, comencé a estudiar naturopatía y practiqué principios gnósticos. Me sumergí en la pintura, los sueños lúcidos y la simbología. En Venezuela conocí a Cecilia Chacón, con quien viví una relación a distancia. En 2002 organizaba talleres de risoterapia, una actividad que me marcó profundamente, combinando sanación emocional y gozo compartido.

 

Entre 2003 y 2007 viví una etapa marcada por emociones intensas, búsquedas amorosas y crecimiento interior. Tuve relaciones con Celsa, celebré fiestas, asistí a bodas, sufrí pérdidas emocionales, y cuidé de mi salud física y mental. Participé en exposiciones como “Entre agua, azahares y naranjos” y doné más de 70 libros a la Biblioteca de Melegís. Practiqué sevillanas, retomé la pintura al óleo, viví el fallecimiento del Papa Juan Pablo II, y sentí intensamente los altibajos del alma.

 

A los 47 años viví mi conversión espiritual. Dejé la fe católica un poco al lado, para hacerme cristiano evangélico. Comencé a asistir a la Iglesia Nueva Generación, donde ejercí como ujier. Viví experiencias espirituales profundas: visiones, sanaciones, revelaciones y el bautismo del Espíritu Santo. Sentí la unción de Dios sobre mí, vi como las enfermedades se rompían durante la adoración, y comencé a hablar en lenguas. Aunque atravesé enfermedades físicas, ansiedad y soledad, me sentí fortalecido en la fe. Empecé a entender el sentido del dolor y el poder del perdón, de una forma diferente a como lo había visto en el catolicismo.

Reconocí las traiciones sufridas, los ataques espirituales y las tentaciones, pero también la presencia viva del Espíritu Santo en mi vida. Declaré mi fidelidad al Señor y afirmé que el único pacto que reconozco es el de la sangre de Jesucristo.

Mi vida, desde aquel niño que escribía poemas en Melegís hasta el hombre espiritual que soy hoy, ha sido un viaje de búsqueda, luz, palabra, lucha y fe.

Continuará... algún día.



 

14. MI CONVERSIÓN Y EL DESPERTAR DEL ESPÍRITU



14. MI CONVERSIÓN Y EL DESPERTAR DEL ESPÍRITU

(A los 47 años)

 

A mis 47 años, mi vida cambió de raíz. Hasta entonces, había sido católico, creyente desde siempre, pero algo dentro de mí ansiaba un encuentro más íntimo, más real con el Creador. Y fue entonces cuando conocí al Señor de una forma nueva, poderosa, luminosa. Me convertí al cristianismo evangélico, y encontré en la Iglesia Nueva Generación un lugar de renacimiento.

 

Mi conversión no fue un acto súbito, sino un proceso: un despertar. Recuerdo con claridad aquel culto en el que me presenté como ujier por primera vez, el 3 de diciembre de 2010. Ya me sentía parte del Cuerpo de Cristo, pero fue ese gesto humilde, de servicio, el que empezó a sellar mi nuevo caminar. Me sentía en paz, aunque todavía arrastraba enfermedades, angustias, heridas viejas que no se curan con medicamentos, sino con la unción de lo Alto.

 

Había tenido una experiencia meses antes —subí al Tercer Cielo— y allí comprendí cosas que mis sentidos humanos no podían explicar. Al regresar de aquel estado, bajé con una sonrisa forzada, como diciendo: “¿Qué viene ahora, Señor?” Y lo que vino fueron procesos, pruebas, tribulaciones, sí… pero también milagros. Entendí que la tribulación no es castigo, sino edificación. Que lo que el mundo llama sufrimiento, Dios lo transforma en testimonio.

 

Mi salud se quebró durante ese invierno. Bronquitis, ansiedad, faringitis, parestesias en la pierna derecha, debilidad muscular… sentía que mi cuerpo se apagaba por dentro. No podía casi moverme ni cocinar, necesitaba ayuda para lo más básico. Pero no estaba solo. Dios estaba conmigo. Y me enseñaba que muchas enfermedades no vienen solo del cuerpo, sino del alma, del espíritu.

 

El 4 de marzo de 2011 sentí por primera vez la sanación espiritual como algo físico. Fue durante la ministración en la Iglesia. Me tocó una mano invisible, y mi pierna derecha se durmió completamente —desde la cabeza hasta el pie—. Era como si una corriente eléctrica me liberara de un mal enquistado. A los tres días, ya no tenía dolor. ¿Casualidad? No. Era Dios, tocándome.

 

Mis visiones se hicieron más frecuentes. Durante la adoración del 3 de abril, vi cómo las enfermedades se desquebrajaban, literalmente. Vi cómo la bronquitis, la faringitis, la angustia… todo se rompía, se desprendía de mí como una piel vieja. Crecí en espíritu y las dolencias quedaron pequeñas. Supe entonces que mi cuerpo estaba siendo transformado por la unción.

 

El 29 de mayo recibí el bautismo de lenguas. Mi alma vibraba. No sabía explicarlo con palabras humanas. Era como si el Espíritu Santo hablara a través de mí, como si el cielo se abriera dentro de mi boca. Sentí una presencia intensa, blanca, envolvente. Me vi vestido con una túnica blanca, como tantas veces en mis visiones. Supe que, a pesar de mis errores, la paciencia con la que había soportado enfermedad y soledad era el receptáculo donde Dios derramaba su poder.

 

No todo era fácil. Fui traicionado por personas en las que confiaba. No todas por maldad, algunas por miedo, por ignorancia. Pero entendí que la traición no nace del hombre, sino de espíritus que se rebelan contra el plan de Dios. Por eso, perdoné. A todos. Porque el perdón es el arma más poderosa contra el enemigo.

 

Declaré que no aceptaba más pactos que la sangre de Cristo. Ninguna institución ni autoridad humana tenía poder sobre mi alma. Solo Dios. Y bajo su autoridad, toda rodilla se dobla. Empecé a escribir mis revelaciones, mis visiones, mis batallas. Descubrí que cuando escribía, me sanaba. Que poner por escrito lo que el Espíritu me mostraba era ordenar la luz. Era darle forma al río que hablaba dentro de mí.

 

Aquel año fue un tiempo de purificación, de lucha y renacimiento. Tuve que vaciarme de lo viejo para ser lleno del Espíritu. Comprendí que la unción no depende de cuán perfectos seamos, sino de cuánto resistimos por amor, de cuánto perseveramos en medio del valle. Y aunque a veces me sentía sin fuerzas, repetía una frase que me daba alivio: “Yo tengo paz y reposo en mi conciencia, y ante Dios.”

 

Y así sigo. Porque no fui yo quien eligió el camino. Fue Dios quien me escogió, y si Él me quiere usar, no puedo resistirme. Soy vaso de barro, sí… pero lleno de Su gloria. Y sé que lo mejor aún está por venir.

 

 

13. Una flor que se abre al sol (39 a 43 años)


13. Una flor que se abre al sol (39 a 43 años)

 

A mis 39 años, sentí que algo dentro de mí pedía silencio y orden. Había acumulado mucho conocimiento, libros, vivencias... y supe que había llegado el momento de cribar, de quedarme con lo esencial, como quien guarda sólo los pétalos más perfumados de una flor marchita. Ya no era tiempo de siembra, sino de cosecha. Una cosecha íntima, emocional, y también espiritual.

 

Aquel verano escribí a Belén. Era una carta que me brotó del alma como una oración. Desde el instante en que la vi, sentí una mezcla de luz, temblor y poesía. Su presencia me elevaba, me calmaba, me hacía mejor. Con Belén descubrí que podía aún enamorarme como un muchacho, con el corazón latiendo en las manos. Pero también supe que el amor no siempre se posa donde uno quiere, sino donde le place. Y supe esperar.

 

Mientras tanto, en Málaga continuaba mi camino con la risoterapia. Las sesiones eran un soplo de aire fresco, una medicina del alma que no sólo compartía con otros, sino que me devolvía a mí mismo. Reír sin motivo, sin vergüenza, como un niño, era para mí una forma de comunión con la vida. En cada carcajada se iba la tristeza, el peso del pasado, los miedos. Riendo sentí que Dios también sonreía.

 

Ese año también doné muchos de mis libros a la Biblioteca de Melegís. Fue un acto cargado de sentido. Los libros han sido mis mejores compañeros de viaje, pero entendí que debían seguir su camino, volar a otras manos, abrir otras mentes. Yo me quedaba con sus huellas, no con su peso.

 

Viví, como todos, la conmoción del 11M, con un dolor hondo, como si la fragilidad de todo nos despertara de golpe. En mi diario escribí que no quería pasar más hambre ni más sed… y no me refería al pan ni al agua. Era el hambre de abrazos, la sed de compartir la vida con una mujer. La soledad era una casa demasiado grande para un solo corazón.

 

A los 40 años retomé algunas prácticas naturales —la urinoterapia, los enemas de café— buscando equilibrio entre cuerpo y espíritu. Vi la vida como un entrenamiento: correr para complacer a Dios, transmutar el dolor en risa, el miedo en belleza. Me reconocía en los personajes de Carros de Fuego: corredores con distintas motivaciones, pero con alas en los pies. También yo tenía mi fe y mi impulso. Corría hacia una versión más luminosa de mí mismo.

 

En diciembre de 2004, nevó en Melegís. Como si el cielo me regalara un paisaje de infancia. Fue hermoso ver los tejados, las acequias y los olivos cubiertos por la nieve, como una bendición.

 

Ya en 2005, murió Juan Pablo II y también la Rondana de Melegís, aquella mujer entrañable que tantos recordaban con cariño. Ese año se casaron varios amigos y yo sentía cómo el mundo giraba y las vidas se emparejaban, mientras yo seguía preguntándome dónde estaría esa compañera para mí.

A los 43, mi cuerpo me habló más claro. Tuve faringitis, subidas de tensión, ansiedad por la dieta, cambios hormonales y emocionales. Me refugié en mis clases de sevillanas, en pintar al óleo y en algunas escapadas con amigos

.

Con Celsa viví un romance que parecía tener promesas. Ella era Paraguaya. Viajamos, compartimos, pero algo se quebró y, en diciembre de 2007, la relación terminó. Sentí el corazón cansado, pero también más sabio. No guardé rencor. Sólo gratitud por lo vivido.

 

Así fueron mis años entre los 39 y 43. Un tiempo de mirar dentro, de reír para curar, de amar con esperanza, de cerrar ciclos y abrir ventanas. Y, sobre todo, de confiar —una y otra vez— en que lo mejor estaba por venir.

 


 

12. Mi vida a los 38 años


12. Mi vida a los 38 años

 

Tenía 38 años y sentía que estaba justo en medio del puente: no en el inicio de la vida, pero tampoco aún al otro lado. Vivía en Málaga, en una etapa de búsqueda profunda, en la que el cuerpo, la mente, el alma y el corazón reclamaban armonía y sentido. Me movía entre el trabajo en la Administración de Justicia, la espiritualidad, la amistad, la risoterapia y el deseo de una vida plena, sin renunciar a mis anhelos más íntimos.

 

Aquel año estudiaba quiromasaje. Me entusiasmaba todo lo que tuviera que ver con el cuerpo y la sanación, quizá porque intuía que parte de mis heridas más hondas también necesitaban ser masajeadas desde dentro. A finales de junio me examiné. Me preparé con disciplina y entrega, como todo lo que hago cuando siento que forma parte de mi camino. Paralelamente, comencé a dirigir talleres de risoterapia. Aquello fue como plantar un jardín de alegría en medio del ruido del mundo. En la Cafetería de Los Delfines, cada jueves, formábamos un pequeño círculo de almas deseosas de reír y sanar. Las sesiones se multiplicaron y el grupo fue creciendo. La risa nos conectaba con lo esencial, con el niño interior, con la vida más allá de las máscaras.

 

No fue solo un año de trabajo. También hubo muchos momentos compartidos: paseos por la feria de Málaga, conciertos, tapas con amigos en El Pimpi, risas infinitas en el Parque Ocón, charlas nocturnas, planes improvisados, helados, rebujitos y sevillanas. Me sentí muy acompañado, aunque dentro de mí seguía latiendo una pregunta: ¿Dónde está la mujer con la que compartir no sólo lo festivo, sino también lo cotidiano, lo íntimo y lo verdadero?

 

Y ahí estaba Cecilia. Desde Venezuela, su voz llegaba como un río cálido por el correo electrónico. Una mujer luminosa, inteligente, apasionada, con sentido del humor y valentía. Me hablaba de sus días, de sus estudios de química, de sus cursos de inglés, de su vida entre sueños y carencias. Me enviaba besototes y palabras llenas de ternura. Yo también le escribía, y entre líneas viajaban la esperanza, el deseo, las dudas, las ganas de unir dos vidas separadas por un océano. A veces pensaba que sí, que podíamos estar juntos. Otras, la distancia, la diferencia de contextos, la economía o mis propios miedos me hacían dudar. Pero nunca dejé de sentir que había algo genuino entre nosotros. Su voz se me quedó dentro.

 

Fue un año de descubrimientos internos. En octubre escribí, con total honestidad, sobre el mayor escollo de mi vida: la relación con las mujeres y el autoengaño de refugiarme en lo fácil. Ese día, al volver del Muelle de Heredia, me di cuenta de que había cambiado. De que ya no necesitaba seguir por el camino que me dañaba. Empecé a escribir mis propias reglas para amar, para seducir con alma, para construir vínculos reales y sanos. Comprendí que la sabiduría no consiste en saber muchas cosas, sino en actuar de acuerdo a lo que uno cree. Decidí dejar de herirme. Y eso, aunque suene pequeño, fue inmenso.

 

También viví el dolor de ver enfermar a mi amigo César. Acompañarlo en su ingreso hospitalario, escribirle palabras de aliento, recordar nuestros paseos, nuestras carcajadas, su risa matinal y nuestras conversaciones interminables, me reafirmó en algo: los verdaderos amigos dejan huella en el alma. A César le debo parte de lo mejor que viví ese año. Y a todos los que me acompañaron: en los talleres, en las verbenas, en el campo, en el café o en las noches de confidencias.

 

En septiembre tomé posesión en el Juzgado de lo Social nº 6, dejando atrás el Penal nº 7, donde viví momentos de mucha presión, asuntos mediáticos y responsabilidad. Aquella mudanza supuso un pequeño respiro. También aprobé el carné de conducir después de algún tropiezo, me impliqué en cursos de nutrición y espiritualidad, participé en televisión, y seguí escribiendo, reflexionando y soñando con una vida más libre, más sabia y más feliz.

 

Soñaba con abundancia, no sólo material, sino vital. Con prosperidad entendida como plenitud, como equilibrio, como expansión del ser. A veces repetía fórmulas, afirmaciones, meditaciones... Creía —y sigo creyendo— que la mente tiene un poder creador inmenso. Que somos hijos del Universo y que el amor, la belleza y la risa están ahí para ser compartidos.

A los 38 años, me sentía más consciente de mí mismo que nunca. Había empezado a soltar las cargas innecesarias. Me estaba limpiando por dentro. Me preparaba para vivir con menos miedo, con más autenticidad, con más amor.

 

Y aunque no todo estaba resuelto —ni en el corazón, ni en la economía, ni en el alma—, sabía que estaba caminando hacia algo grande. Porque lo intuía. Porque lo sentía. Porque estaba dispuesto.

 

 

La risoterapia

 

Nunca imaginé que la risa me cambiaría tanto la vida. Y sin embargo, a los 38 años, me encontraba rodeado de gente tumbada en el suelo, riendo a carcajadas, haciendo el sonido de un elefante o representando el espejo de la risa… y sintiendo que aquello tenía más sentido que muchos discursos serios que había escuchado en mi vida. Fue una de las cosas más hermosas que inicié ese año: el Taller de Risoterapia en la Cafetería Los Delfines, cada jueves a las diez de la noche.

 

Todo empezó tímidamente, con apenas cinco personas en la primera sesión. Pero la semilla germinó. Muy pronto éramos veinte, luego más. Venían enfermeras, profesores, amigos del grupo de Carlos, vecinos de La Malagueta, buscadores de vida. Yo dirigía el taller con alegría y entrega. Había leído mucho, me había formado y creía firmemente en que el cuerpo, cuando ríe, suelta los nudos del alma. Y no era sólo teoría: lo veíamos allí, cada noche, cuando la gente salía con los ojos brillantes, como si les hubiéramos dado un baño de luz por dentro.

 

Nos reíamos como indios, hacíamos olas de risa, jugábamos a interpretar animales, instrumentos, cantábamos himnos absurdos —como el de los patos y el trigo— y nos tirábamos al suelo a reír y luego a relajarnos, mientras yo guiaba la meditación del sol que recorre el cuerpo o la del globo que se infla y flota. Me sentía útil. Me sentía canal. Me sentía vivo.

 

Recuerdo especialmente la sesión en la que leímos el texto que escribí para mi amigo César, cuando cayó enfermo. Fue un momento de profunda emoción. Risa y llanto no estaban tan lejos; ambas eran hermanas del alma, formas de liberar, de sanar, de abrazar lo vivido. César había sido una inspiración para este camino, un compañero de carcajadas sinceras, de madrugadas de churros y de apoyo mutuo. Su presencia flotaba en el aire, incluso cuando no estaba.

 

En aquellos encuentros no sólo sanaban otros, sanaba yo también. Reía con ellos, sudaba, me olvidaba del juicio, de la vergüenza, del peso del mundo. En esos talleres fui más yo que nunca. Dejé salir al niño, al soñador, al actor, al poeta, al que cree en la belleza de lo simple. Me convertí en Miguel Ángel sin coraza. Y desde ahí, muchas cosas empezaron a recolocarse dentro de mí.

 

La risoterapia fue mi medicina, mi contribución, mi forma de decirle al mundo: “Todavía hay esperanza. Todavía podemos reír, a pesar de todo.”