14 mayo 2026

Julia González Chávez de Ízbor

Julia González de Ízbor 


​🥖 Entre el Hambre y el Valor: El Legado de Julia González Chávez 

​Julia pertenece a esa generación que vio cómo el cielo de Ízbor se oscurecía por algo más que las tormentas de invierno. Su voz narra con una lucidez estremecedora los años en que la Guerra Civil y la posterior posguerra desgarraron el tejido social del Valle, convirtiendo la supervivencia en un ejercicio diario de heroísmo silencioso.

​Las Calamidades de la Guerra

Julia relata cómo el conflicto no solo trajo miedo, sino una carestía que marcó a fuego su juventud.

​El Miedo en las Calles: Ízbor, por su posición de paso, vivió de cerca el trasiego de tropas y la incertidumbre de no saber qué traería el mañana. ​La Escasez Extrema: Julia describe cómo los alimentos básicos desaparecieron, convirtiendo un trozo de pan en un tesoro por el que se daban las gracias al cielo. 

​La Ingeniería de la Supervivencia

Ante la falta de todo, Julia y las mujeres de su familia demostraron una resiliencia inquebrantable.

​El Pan de la Necesidad: Narró cómo se las ingeniaban para hacer harina de donde no la había, estirando los recursos hasta lo imposible para que nadie en la casa se acostara con el estómago vacío. ​El Trueque y el Ingenio: En un tiempo donde el dinero no valía nada, el intercambio de productos de la tierra y la ayuda entre vecinas fueron los únicos puentes que evitaron la tragedia total en el pueblo. 

​El Coraje de las Mujeres de Ízbor

Para Julia, la supervivencia tuvo rostro de mujer. Mientras muchos hombres estaban en el frente o escondidos, ellas se quedaron a cargo de los ancianos, los niños y los campos.

​Sostener el Mundo: Julia pone en valor la fuerza de aquellas mujeres que, bajo el asedio de la pena y el hambre, no dejaron de trabajar la tierra ni de buscar leña en el monte, manteniendo encendida la llama de la vida en los hogares de Ízbor. ​La Solidaridad del Silencio: Recordó cómo se ayudaban unas a otras, compartiendo lo poco que tenían en un pacto de silencio y sororidad que fue clave para superar los años más negros. 

​Un Testimonio para el Futuro

Haber escuchado a Julia González Chávez es enfrentarse a la realidad de una Andalucía que sufrió, pero que no se doblegó. Su relato es un recordatorio necesario de que la paz y el pan que hoy damos por sentados fueron el sueño inalcanzable de mujeres que, como ella, atravesaron el fuego de la historia con la frente en alto. Julia no solo narró calamidades; narró la victoria de la voluntad humana sobre la miseria.

​#Ízbor #ValleDeLecrín #JuliaGonzález #MemoriaHistórica #GuerraCivil #Supervivencia #MujeresValientes #Andalucía #HistoriaViva 🍞🕯️🏘️

Antonia Palomino de Saleres

Antonia Palomino de Saleres 

​🌿 El Susurro de los Naranjos: Antonia Palomino y la Esencia de Saleres

Saleres, con su fisonomía morisca y sus huertos escalonados, fue el escenario donde Antonia Palomino forjó su espíritu. En una época de manos curtidas y miradas honestas, Antonia aprendió que la vida en el Valle era un pacto sagrado con la naturaleza: un ciclo de cuidados que comenzaba con el primer brote de la primavera y terminaba con el frío intenso del invierno granadino.

La Guardiana de la Huerta y el Fruto

La vida de Antonia estuvo marcada por la diversidad de cultivos que hacían de Saleres un vergel único.

  • El Oro de la Vega: Antonia participó desde joven en la delicada recolección de los cítricos y, muy especialmente, en el cuidado de los frutales que daban fama a su zona.
  • La Recolección del Esfuerzo: Como todas las mujeres de su generación, Antonia conocía el peso de la espuerta y el rigor de las jornadas bajo el sol, trabajando las tierras de secano y regadío con una entrega que no entendía de fatiga.
  • El Ritual del Hogar: En su casa, Antonia era el eje sobre el que giraba la supervivencia; desde la elaboración del pan hasta la gestión de los pocos recursos disponibles, haciendo que la escasez se transformara en abundancia a través del ingenio.

La Solidaridad de las Calles Estrechas

Lo que Antonia más resalta de aquellos años en Saleres no es la dureza del trabajo, sino la unión inquebrantable entre los vecinos.

  • Puertas Abiertas: Recordaba una época en la que las casas no tenían secretos; las mujeres compartían la sal, el aceite y las penas en los zaguanes y en los lavaderos públicos.
  • El Valor de la Palabra: Para Antonia, la confianza era la ley del pueblo. Si alguien necesitaba ayuda para segar o para una matanza, el pueblo entero se volcaba sin esperar nada a cambio más que la misma lealtad.

Un Legado de Paz y Raíces

Observar a Antonia Palomino es comprender que la verdadera riqueza del Valle de Lecrín no reside en sus paisajes, sino en la calidad humana de sus gentes. Su testimonio es una crónica de resistencia silenciosa; ella representa a la mujer que, a pesar de no haber ocupado los libros de historia oficiales, construyó con su sacrificio diario la base de la sociedad actual.

​Antonia recordaba con nostalgia el sonido de las campanas de Saleres llamando al tajo o a la oración, y cómo, a pesar de las manos agrietadas por la labor, siempre había una sonrisa lista para el encuentro en la plaza. Su vida es una oda a la sencillez y al amor por un terruño que ella ayudó a florecer con cada uno de sus pasos.

​#Saleres #ValleDeLecrín #AntoniaPalomino #MujeresDeLecrín #MemoriaViva #AndalucíaAncestral #CulturaDelEsfuerzo #Raíces 🌿🍒👵✨

Josefa Facievel Ortega de Nigüelas

Josefa Facievel de Nigüelas 

Regresamos a las faldas de Sierra Nevada, al balcón del Valle de Lecrín que es Nigüelas, para conocer la historia de una mujer que vistió de gala los sueños de su pueblo. 

​🪡 La Arquitecta de la Seda: Josefa Facievel y el Arte de la Costura

​En Nigüelas, donde el murmullo de las acequias parece acompasarse con el rítmico pedalear de una máquina de coser, vive el testimonio de Josefa Facievel Ortega. Si otras mujeres del Valle dominaron el arte de la tierra, Josefa dominó el lenguaje de las telas, convirtiendo metros de seda, raso y encaje en auténticas obras de arte que marcaron los momentos más felices de sus vecinas.

El Vuelo de la Aguja

En la imagen, Josefa conserva esa mirada atenta y manos sabias que solo otorga una vida dedicada al detalle. Su especialidad, la más difícil y soñada, fueron los trajes de novia.

  • Creando Sueños: En una época donde no existían las grandes superficies comerciales, Josefa era la encargada de transformar los anhelos de las jóvenes de Nigüelas en realidad. Cada vestido era único, adaptado a la silueta y al alma de quien lo portaría.
  • Puntadas de Ilusión: Horas y horas de trabajo bajo la luz de la lámpara, hilvanando esperanzas y cosiendo encajes con una precisión milimétrica para que, en el día más importante, todo fuera perfecto.

Mucho más que una Modista

El taller de Josefa no era solo un lugar de trabajo; era un espacio de confianza. Por sus manos pasaron los ajuares, las mantelerías y la ropa de domingo de medio pueblo.

  • La Maestría del Corte: Josefa poseía ese don natural para ver el vestido antes de cortar la tela, una visión espacial que la convertía en una verdadera arquitecta de la moda rural.
  • Resiliencia y Elegancia: A pesar de las dificultades de la época, su trabajo permitía que las mujeres del Valle de Lecrín lucieran con la misma elegancia que en la capital, demostrando que en los pueblos el talento sobra cuando hay vocación.

Un Legado de Hilo y Pedal

Josefa recuerda con orgullo cómo su máquina de coser fue el sustento y la vía de escape hacia un mundo de belleza. En su testimonio, nos habla de una Nigüelas donde el esfuerzo se vestía de domingo y donde el oficio de modista era una de las profesiones más respetadas y necesarias. Su voz es un homenaje a la artesanía del vestir, a esa paciencia que hoy se pierde en la moda rápida, pero que en sus manos fue el hilo conductor de toda una vida.

​Ver a Josefa hoy es recordar que el Valle de Lecrín también se construyó con la delicadeza de un ojal bien hecho y el brillo de una seda blanca bajando por las cuestas de Nigüelas hacia la iglesia.

​#Nigüelas #ValleDeLecrín #JosefaFacievel #ArteDeLaCostura #TrajesDeNovia #ModistaTradicional #MemoriaViva #HechoAMano #OrgulloRural 🪡👰✨👗




Eugenia Puertas de Ízbor

Eugenia Puertas Rodríguez: Recordó
 el papel fundamental de las parteras. 👶

​🍋 La Centinela de los Azahares: Memoria y Vida de Eugenia Puertas en Ízbor 

​En el laberinto de cuestas blancas que es Ízbor, la vida de Eugenia Puertas se escribió con el lenguaje del esfuerzo y la dignidad. Su historia fue la de tantas mujeres del Valle de Lecrín que, sin alzar la voz, sostuvieron el mundo sobre sus hombros, convirtiendo la precariedad en una lección de coraje cotidiano.

​La Dureza del Paisaje Vertical

Ízbor, colgado sobre el río que le da nombre, exigía a sus habitantes una fortaleza especial. Eugenia conoció desde niña el rigor de cultivar en bancales, donde cada paso era un desafío a la gravedad.

​La Cultura del Cítrico: En un pueblo donde el limón y la naranja son los reyes, Eugenia participó en las campañas de recolección, cargando canastas por senderos donde solo las bestias y las mujeres de su temple se atrevían a transitar. ​El Agua como Tesoro: Eugenia recordaba la importancia vital de las acequias y las fuentes. El trasiego de los cántaros desde el pilar hasta la casa no era solo una tarea; era el pulso que mantenía viva la llama del hogar en una época donde el confort era un sueño lejano. 

​La Matanza y el Sustento de la Estirpe:

Como mujer de su tiempo, Eugenia fue la guardiana de la despensa familiar. La matanza del cerdo en Ízbor era un rito de supervivencia que ella dominaba con maestría. Procesar los embutidos, salar los jamones y aprovechar cada gramo del animal era el seguro de vida para los inviernos. Sus manos, que vemos  enfatizando sus palabras, fueron manos que alimentaron a generaciones, manos que supieron del frío de la sierra y del calor del hogar.

​Una Sabiduría Familiarizada:

Lo que más resaltaba en el testimonio de Eugenia era su amor por la vecindad. En Ízbor, la soledad no existía porque las penas se dividían entre las vecinas y las alegrías se multiplicaban en las plazas.

​La Solidaridad del Valle: Eugenia hablaba de un tiempo donde el "hoy por ti, mañana por mí" era la ley no escrita. Si una mujer caía enferma, el resto de las vecinas de la calle se encargaban de su colada y de que sus hijos tuvieran un plato de comida caliente. ​El Legado Oral: Fue una mujer de coplas y refranes, de esas que sabían que en una canción se encerraba más verdad que en los libros de texto que apenas pudo conocer. 

​👶 Ángeles de Vida: El Recuerdo de las Parteras en el Relato de Eugenia

​En el Ízbor que habitó Eugenia Puertas Rodríguez, el milagro del nacimiento no ocurría en hospitales lejanos, sino en la penumbra de las alcobas, bajo el calor de las chimeneas y el cuidado experto de las parteras. Eugenia destacó con emoción el papel de estas mujeres, verdaderas heroínas anónimas de la época:

  • Sabiduría sin Títulos: Las parteras eran mujeres del pueblo que, sin haber pisado una facultad, poseían un conocimiento ancestral sobre el cuerpo humano y las hierbas medicinales.
  • La Llamada en la Noche: Eugenia recordaba cómo, sin importar la hora o el temporal, se acudía a buscar a la partera cuando una vecina "se ponía de parto". Ella llegaba con su maletín, su calma y esa autoridad silenciosa que tranquilizaba a toda la familia.
  • Más que un Oficio, un Vínculo: Estas mujeres no solo traían niños al mundo; cuidaban de la madre en la cuarentena, enseñaban los primeros cuidados y se convertían en una figura respetada por todos los hogares de Ízbor.
  • Solidaridad en el Alumbramiento: Eugenia ponía en valor que, ante la falta de médicos en las zonas más abruptas del Valle, eran ellas quienes sostenían la vida, trabajando muchas veces por la voluntad o a cambio de un simple agradecimiento.

​Para Eugenia, reconocer a las parteras era reconocer la red de seguridad que las mujeres tejían entre sí: una cadena de manos que recibía la vida con la misma firmeza con la que trabajaba la tierra.

Un Homenaje a su vida 💛. 

Eugenia Puertas representa la esencia de Ízbor: resistente como sus muros de piedra, dulce como la miel de sus flores y eterna como el cauce del río. Aunque el tiempo haya pasado, su voz en el documental sigue siendo una brújula para quienes quieran entender de qué pasta estaban hechas las mujeres que levantaron Andalucía. Su vida no fue de oro, pero tuvo el brillo del trabajo bien hecho y el aroma persistente del azahar en primavera.

​#Ízbor #ParterasTradicionales #EugeniaPuertas #SabiduríaFemenina #NacerEnElValle #MemoriaHistórica #MujeresRurales 👶🌿✨

Mari Carmen Palma Moreno y el arte del esparto

Mari Carmen Palma Moreno de Albuñuelas 

 

​🎋 Manos que Trenzan el Tiempo: El Arte Vivo de Mª Carmen Palma

​En el corazón de Albuñuelas, el crujido del esparto seco marca el ritmo de los días de Mª Carmen Palma. No es solo una artesana; es una de las pocas mujeres que mantiene el pulso a un oficio milenario, transformando una planta silvestre en objetos cargados de historia y utilidad.  Mª Carmen trabaja rodeada de sus creaciones, demostrando que la tradición no es algo del pasado, sino una herramienta viva en sus manos.

Domar la Fibra del Valle

El proceso que sigue Mª Carmen es un ritual de paciencia y fuerza. El esparto no se entrega fácilmente; ella conoce el secreto para doblegar su resistencia:

  • La Recolección y el Picado: Selecciona las fibras en el monte y las somete al golpeo necesario para que pierdan su rigidez original.
  • La Creación de la Pleita: Sus dedos se mueven con una agilidad asombrosa, tejiendo la "pleita", esa faja de esparto que es la unidad básica de toda su obra.
  • Del Capacho al Objeto de Arte: De su taller salen capachos para el aceite, serones para las bestias y alfombras que decoran los hogares del Valle de Lecrín, uniendo la funcionalidad rural con una estética natural incomparable.

Un Puentes entre Generaciones

Mª Carmen representa una ruptura necesaria en los roles tradicionales. Al aprender y perfeccionar un arte que históricamente solía asociarse a los hombres del campo, ella se convierte en un referente de libertad y preservación cultural. Su labor en Albuñuelas es fundamental para que el saber del esparto no se desvanezca en la era del plástico; ella enseña con su ejemplo que lo hecho a mano tiene un alma que ninguna máquina puede replicar.

El Orgullo de Albuñuelas

Sentada entre sus cestos y cuerdas, Mª Carmen transmite una serenidad profunda. Sabe que cada trenzado que realiza es un hilo más que une a su pueblo con sus raíces más profundas. Su presencia en el Valle es un recordatorio constante de que la artesanía es un lenguaje de resistencia, belleza y amor por la tierra.

​👴 El Legado del Maestro: Cómo nació la artesana

​El camino de Mª Carmen Palma Moreno en el mundo del esparto es una historia de amor filial y preservación. En una época donde la industrialización empezaba a borrar los oficios manuales, ella decide rescatar la sabiduría que corría por las venas de su propia familia.

  • Su maestro principal: Mª Carmen aprende los secretos de la fibra de manos de su padre. Él es quien le transmite no solo la técnica, sino el respeto por el ciclo natural del esparto, desde que se recolecta en el monte hasta que se convierte en una pieza útil.
  • Un aprendizaje de observación: Su formación no ocurre en una escuela, sino en el calor del hogar y el tajo. Observando cómo su padre domaba la "atucha" y trenzaba la "pleita", ella va interiorizando el ritmo necesario para que el esparto no se quiebre.
  • La voluntad de aprender: Lo más destacable es que Mª Carmen se interesa por este arte siendo una mujer joven, en un ámbito que tradicionalmente estaba ocupado por hombres (pastores, agricultores y ancianos del pueblo). Su curiosidad y el deseo de no dejar morir el oficio de su padre la convierten en la heredera de una tradición milenaria.

​Gracias a este vínculo entre padre e hija, el sonido del mazo picando el esparto y el rítmico trenzado de las manos sigue vivo hoy en Albuñuelas, asegurando que el conocimiento de una generación no se pierda en el olvido.

​#Albuñuelas #ValleDeLecrín #MªCarmenPalma #AprendizajeTradicional #PadreEHija #MaestrosArtesanos #EspartoVivo #CulturaAndaluza 🎋👴✨








Encarnación Pérez Díaz de Padul

Encarnación Pérez Díaz de Padul 

 

Con un profundo respeto y el corazón puesto en la memoria de Padul, honramos hoy la vida de Encarnación Pérez. Su partida física no apaga la luz de su testimonio, que permanece como un legado imperecedero para las nuevas generaciones del Valle de Lecrín

​🕊️ In Memoriam: Encarnación Pérez, la Fortaleza Calma de Padul

​En las calles de Padul, donde el aire todavía guarda el eco de los antiguos pregones, el nombre de Encarnación Pérez Díaz resuena con la dignidad de las mujeres que fueron el pilar de un mundo que se nos escapa entre las manos. Encarnación no solo vivió en el Valle; ella fue el Valle: sus raíces se hundieron en la tierra de la vega y su alma se templó en los inviernos de la posguerra.

La Maestra de la Tierra y el Hogar

La vida de Encarnación fue una sinfonía de trabajo incansable. Como tantas otras "hijas del campo", conoció desde muy niña el lenguaje de los surcos.

  • La Campaña del Olivo: Recuerda aquellas jornadas infinitas donde el cuerpo se doblaba bajo los olivos, desafiando la escarcha de la mañana para recoger el fruto que daría el aceite para todo el año.
  • El Milagro de la Cocina: En su hogar, Encarnación era la alquimista de la escasez. Con apenas un puñado de legumbres, un poco de tocino de la matanza y las verduras que ella misma ayudaba a cultivar, lograba alimentar no solo el cuerpo, sino el espíritu de su familia.
  • La Matanza: Este rito anual era para ella un momento de máxima responsabilidad; procesar el cerdo significaba asegurar la despensa de los meses venideros, un trabajo de días donde sus manos se movían con la sabiduría de siglos de tradición.

El Refugio en la Fe y la Comunidad

Para Encarnación, Padul era más que un mapa de calles; era una red de afectos. Su fe y su compromiso con las tradiciones religiosas del pueblo fueron el motor que la mantuvo en pie en los momentos de flaqueza.

  • Las Vecinas: Hablaba con nostalgia de una época donde la puerta de la casa nunca se cerraba con llave, porque la vecina de al lado era una hermana más.
  • El Lavadero: Sus recuerdos en los lavaderos públicos de Padul son crónicas de sororidad. Allí, entre el vapor del agua y el aroma del jabón de sosa, Encarnación compartía confidencias y canciones, demostrando que incluso en la tarea más dura había espacio para la ternura.

Un Adiós que es Semilla

Aunque Encarnación ya no camina por las plazas de su amado Padul, su voz —serena, sabia y humilde— sigue vibrando en el documental que grabó como un regalo al futuro. Ella representaba la "feminidad olvidada": mujeres que no salían en los periódicos pero que, con su esfuerzo diario, construyeron la democracia del pan y el bienestar de sus hijos.

​Hoy, al recordar a Encarnación Pérez, no lloramos su ausencia, sino que celebramos su existencia. Ella fue la costura que mantuvo unido el tejido social de Padul, una mujer de paz, de trabajo y de una sabiduría rural que hoy, más que nunca, necesitamos recuperar.

​🌟 Descansa en paz, Encarnación. Tu Valle nunca te olvidará.

​#Padul #ValleDeLecrín #EncarnaciónPérez #HomenajePóstumo #MujeresEternas #MemoriaHistórica #Andalucía #OrgulloDePueblo #Raíces 🕊️💛🌿✨

María Castillo Molina de Dúrcal


 

En el rincón donde la Sierra se abraza con la Vega de Dúrcal, la memoria de María Castillo Molina resplandece como un candil en la noche, iluminando los pasajes de una vida entregada a la tierra y a los suyos. 

​❄️ El Viento de la Sierra y el Corazón de Dúrcal: La Vida de María Castillo

​Para María, ser mujer en la posguerra de Dúrcal significaba poseer una fortaleza de granito y una paciencia de seda. Su vida es el eco de una generación que no conoció el descanso, donde el paisaje de olivos y almendros era, a la vez, su hogar y su lugar de batalla diaria.

La Lucha contra los Elementos

María recuerda con nitidez los inviernos crudos de Dúrcal, cuando el viento bajaba de la montaña cortando como un cuchillo. En aquellos días, las mujeres partían hacia la recolección de la aceituna, con las manos agrietadas por el frío y la humedad del suelo impregnada en las faldas. No había ropas técnicas ni calzado impermeable; solo la voluntad de hierro de llenar la espuerta para contribuir al sustento familiar en una economía de pura supervivencia.

El Arte de la Escasez y la Abundancia del Alma

En el hogar de María, la creatividad era la madre de la necesidad. Ella describe cómo las mujeres de Dúrcal lograban milagros:

  • La Transformación del Trigo: Participaban en la siega y la trilla, cargando haces que superaban su propio peso, para luego llevar el grano al molino y asegurar el pan de la semana.
  • El Cuidado del "Hato": Mientras los hombres se encargaban de las tareas de mayor fuerza bruta, las mujeres gestionaban el ganado menor y los huertos, asegurando que nunca faltara un huevo o una hortaliza en la mesa.
  • La Matanza: María evoca el trasiego de esos días de unión, donde el trabajo de procesar la carne se convertía en un ritual de seguridad alimentaria para todo el año.

Dúrcal: Entre el Puente y la Acequia

María pone en valor la importancia del agua y los caminos. Habla de una época donde ir al lavadero o a la fuente no era solo una tarea, sino el momento de conexión con las vecinas. Allí, entre el golpeo de la ropa contra la piedra y el aroma a jabón de sosa, se tejía la red social del pueblo. Era una vida "familiarizada", donde el dolor de una casa era el dolor de todas, y la alegría de una cosecha se celebraba en comunidad.

​🧵 El Arte entre los Dedos: María y el Refugio del Bordado :

​Más allá de los surcos de la tierra y el frío de la sierra, María Castillo poseía un don que transformaba la aspereza de la vida diaria en delicadeza: el bordado de ropa. Cuando las sombras de la tarde caían sobre Dúrcal y las tareas del campo daban una tregua, María se sentaba cerca de la luz para dar vida a lienzos en blanco.

​Puntadas de Identidad: Con una paciencia infinita, sus manos, curtidas por la recolección de la aceituna, se volvían precisas y ligeras para bordar ajuares, sábanas y prendas que eran el orgullo de la casa. ​Un Lenguaje de Hilos: En aquella época, el bordado no era solo un adorno; era una forma de resistencia cultural donde las mujeres del Valle plasmaban flores, iniciales y cenefas que contaban la historia de su linaje. ​El Silencio Creador: Mientras el resto del pueblo descansaba del duro jornal, el rítmico pasar de la aguja de María era un acto de amor y de calma, una manera de demostrar que, a pesar de la pobreza y el trabajo extremo, siempre había lugar para la elegancia y el detalle. 

​Este oficio silencioso permitía a María y a muchas otras mujeres de la época añadir un toque de dignidad y hermosura a la vida cotidiana, demostrando que sus manos eran capaces tanto de arrancar el sustento de la tierra como de acariciar la tela con el arte del hilo.

Un Testimonio de Dignidad

 María Castillo Molina miró el valle con la satisfacción de quien ha sembrado mucho más que semillas. Ha sembrado valores, historias y una identidad que se resiste a morir. Su voz es el puente que une aquel Dúrcal de esfuerzo extremo con el presente, recordándonos que cada piedra de los muros que rodean la vega fue puesta allí con el sacrificio de mujeres que, como ella, hicieron del Valle de Lecrín un lugar eterno.

​#Dúrcal #ValleDeLecrín #MaríaCastillo #MujeresDeTierra #MemoriaViva #AndalucíaAncestral #CulturaDelEsfuerzo #OrgulloRural #Raíces 🧺🌾👵✨



Rita Ropero de Cozvíjar

Rita Ropero de Cozvíjar 

 

​🌾 La Semilla del Esfuerzo: Rita Ropero y el Alma de Cozvíjar

​Bajo la luz dorada que baña los campos de Cozvíjar, la memoria de Rita Ropero florece para contarnos una época donde el calendario no lo marcaban los relojes, sino las cosechas. Rita pertenece a esa estirpe de mujeres que, desde niñas, aprendieron que el pan se ganaba con el sudor de la frente y la fuerza de los riñones, pero también con la alegría de la copla compartida.

La Escuela del Campo y la "Vez" del Agua

Para Rita, la infancia terminó pronto para dar paso a la "escuela de la tierra". En Cozvíjar, las mujeres eran fundamentales en el ciclo de la aceituna. Rita recuerda las jornadas interminables agachada bajo los olivos, recogiendo el fruto del suelo tras el vareo de los hombres. Sus manos, a menudo entumecidas por el frío del invierno granadino, se movían con una agilidad mecánica para llenar las espuertas. Pero no todo era aceituna; cuando llegaba el tiempo de la almendra, la tarea se trasladaba a las puertas de las casas, donde al caer la tarde se escuchaba el rítmico martilleo de las mujeres cascando el fruto, convirtiendo el trabajo en una tertulia improvisada bajo la luz de los faroles.

El Lavadero: El Confesionario de Cozvíjar

Uno de los recuerdos más nítidos en el relato de las mujeres de esta zona es el del lavadero público. Rita evoca esas mañanas de invierno donde el agua salía del nacimiento con una calidez casi mágica, permitiendo que el jabón casero hiciera espuma entre las sábanas de hilo. Allí, arrodilladas sobre las piedras gastadas, las mujeres de Cozvíjar no solo lavaban la ropa; lavaban las penas y compartían las alegrías. Se cantaba a coro, se pedía "la vez" con respeto y se tejían redes de solidaridad que hoy parecen olvidadas. Era un espacio sagrado de sororidad donde el esfuerzo físico se aliviaba con la risa y el chisme inocente.

La Economía de la Hormiga

Rita describe una vida de absoluta autosuficiencia. En Cozvíjar, como en el resto del Valle, el hombre se encargaba de las labores de fuerza —arar con las bestias, sembrar el cereal o realizar las podas más duras— mientras la mujer gestionaba la economía del hogar. Rita recuerda cómo se criaban los animales en el corral: las gallinas para los huevos, los conejos y, por supuesto, el cerdo para la matanza. Cada recurso era aprovechado al máximo; nada se tiraba, todo se transformaba. La mujer era la encargada de hacer que las cinco pesetas del jornal cundieran como si fueran cincuenta, demostrando una maestría en la administración que permitió a muchas familias construir sus casas ladrillo a ladrillo.

Un Legado de Humildad

Al mirar hacia atrás, Rita no recuerda su vida con amargura, sino con la satisfacción del deber cumplido. Su relato es un homenaje a la unión vecinal. En aquella Cozvíjar de posguerra, si a alguien le faltaba un pedazo de pan o un poco de aceite, siempre había una vecina dispuesta a compartirlo. Esa hermandad, forjada en la dureza del trabajo diario y en las fiestas del "gasto" al finalizar la cosecha, es lo que Rita más añora de su juventud.

​Hoy, la voz de Rita Ropero nos recuerda que el Valle de Lecrín no solo se construyó con piedra y agua, sino con el coraje de mujeres que, como ella, supieron mantener viva la llama de la esperanza entre surcos de olivos y aromas de azahar.

​#Cozvíjar #ValleDeLecrín #RitaRopero #MujeresRurales #MemoriaVila #AndalucíaAncestral #TradiciónAndaluza #CulturaDelEsfuerzo 🌿🧺✨

El Legado de la Abuela de María Josefa Soto Fernández

María Josefa Soto Fernández de Padul 

 

​🐎 La Estela de la Recovera: El Legado de la Abuela de María Josefa

​Ser recovera en aquellos años no era solo un oficio; era una forma de libertad ganada a golpe de herradura y madrugadas gélidas. La abuela de María Josefa personificaba esa estirpe de mujeres que, cargadas de cestos y esperanzas, conectaban la vida rural con la ciudad de Granada.

El Camino a lomos de la Bestia

Mucho antes de que los motores invadieran el Valle, la abuela partía desde Padul con su bestia cargada hasta los topes. Llevaba consigo los tesoros de la tierra: huevos frescos, pollos, hortalizas de la vega y frutas de temporada. El trayecto hacia la capital no era un paseo; era una travesía de horas por veredas serpenteantes, a menudo bajo la lluvia o el azote del viento de Sierra Nevada, con la única compañía del rítmico caminar del animal y sus propios pensamientos.

El Trueque y el Comercio de Supervivencia

Una vez en Granada, la recovera se transformaba en una hábil comerciante.

  • La Venta Directa: Recorría las casas de sus clientes fijos, ofreciendo la frescura del campo que los señoritos de la ciudad tanto valoraban.
  • El Retorno: Pero su labor no terminaba allí. Con el dinero obtenido, o mediante el trueque, cargaba de nuevo a la bestia con productos que en el pueblo eran lujos o escaseaban: telas, azúcar, café o herramientas. Era el motor de una economía circular y humana, una mujer que llevaba y traía no solo mercancías, sino noticias y suspiros de modernidad a las casas de Padul.

La Fuerza de una Generación Invisible

María Josefa relata con orgullo cómo su abuela gestionaba la casa, los hijos y el negocio con una autonomía asombrosa para su tiempo. Mientras los hombres solían centrarse en la labranza o el ganado mayor, las recoveras como su abuela eran las que aportaban el "dinero líquido" al hogar, ese flujo constante que permitía pagar deudas o comprar los zapatos nuevos para los nietos.

La Herencia del Coraje

Al observar a María Josefa en la imagen se percibe esa misma chispa de determinación en su mirada. Ella honra esa memoria reconociendo que la comodidad de hoy se cimentó sobre las alpargatas desgastadas de aquellas mujeres. La abuela recovera no solo transportaba huevos y pollos; transportaba la dignidad de una familia que se negaba a rendirse ante la dureza de la posguerra.

​Hoy, cuando los camiones cruzan el Valle de Lecrín en minutos, el relato de María Josefa nos obliga a detenernos y escuchar el eco de una bestia trotando hacia Granada, guiada por las manos firmes de una mujer que hizo del camino su destino y de su esfuerzo el pan de sus hijos.

​#Padul #ValleDeLecrín #MaríaJosefaSoto #Recoveras #MujeresCaminantes #MemoriaHistórica #AndalucíaAncestral #LegadoFemenino 🐎🥚🌿✨

Carmen Rodríguez, la mujer de los mil oficios


 🎨 La Mujer de los Mil Oficios: El Coraje de Carmen Rodríguez en Nigüelas

En Nigüelas, donde el viento baja fresco de la cumbre, la historia de Carmen Rodríguez es un testimonio de la versatilidad y la fuerza de la mujer rural. Su vida comenzó entre hilos, pues a los ocho años ya manejaba el bastidor bajo la guía de una mujer que llegó al pueblo para enseñar el arte del bordado. De sus manos salieron mantillas y ajuares que hoy adornan las casas de su familia, puntadas de paciencia que marcaron su infancia antes de que el destino la llevara a Granada por cinco años.

​De la Seda a la Sierra:

A su regreso al Valle y tras contraer matrimonio, el delicado hilo del bordado fue sustituido por la dureza de la vida ganadera. Sus suegros poseían una gran manada de ovejas en la sierra, y Carmen, con la determinación de quien no teme al trabajo, aprendió a ordeñar y a elaborar quesos. Día tras día, transformaba la leche fresca en siete u ocho quesos, un oficio artesanal que requería fuerza y una técnica que solo la práctica otorga.

​La Pintora de los Muros Blancos:

Pero la inquietud de Carmen no se detuvo en el corral. Se convirtió en la "pintora" no oficial de Nigüelas; con cal y pincel en mano, recorrió las casas más antiguas del pueblo. Carmen afirma con orgullo que quedan pocas fachadas o interiores históricos en Nigüelas que no hayan sido saneados por sus manos. Era una labor de limpieza y renovación, una forma de mantener vivo el brillo blanco de su pueblo natal.

​Veinte Años entre Harina y Cuidados:

Su capacidad de trabajo la llevó a pasar cerca de dos décadas en el horno de Carmen, donde la jornada empezaba cuando el resto del mundo aún dormía. A las cinco de la mañana ya estaba en pie, combinando el calor de los hornos con una labor de profunda humanidad: el cuidado de los niños. Carmen relata cómo se hizo cargo de un pequeño desde que tenía apenas dos meses, cuidándolo durante quince años como si fuera propio, llevándolo a la guardería y al colegio mientras cumplía con sus tareas en el obrador.

​Una Vida sin Descanso:

Carmen es el vivo ejemplo de que en el Valle de Lecrín, las mujeres no conocían de especializaciones, sino de necesidades. Además de lo mencionado, su biografía incluye:

​Trabajo en la tierra: Arrancando patatas bajo el sol.

​Recolección: Participando en las campañas de la aceituna y la almendra.

​Humildad: Resume su vida diciendo que ha hecho "de todo lo que tú veas", excepto bordado a máquina, siempre con la responsabilidad que los jefes de la época exigían.

​La historia de Carmen Rodríguez es la crónica de una mujer que se reinventó en cada etapa, demostrando que el sustento familiar se ganaba con sudor, ya fuera ante un bastidor, en lo alto de la sierra o frente a las llamas de un horno de pan.

​#Nigüelas #ValleDeLecrín #CarmenRodríguez #MujerMultitarea #TradiciónQuesera #PintorasDeCal #HistoriasDeVida #MemoriaFemenina 🧀🏠🍞🖌️✨


Matilde Garrido y el Oro Dulce de Melegís

Matilde Garrido de Melegís 

 

​🍊 El Oro Dulce y la División de la Tierra en Melegís

​En la época que evoca Matilde, la vida giraba en torno a la naranja, un cultivo que no solo alimentaba estómagos, sino que sostenía la economía de pueblos enteros como Melegís y Chite. Sin embargo, el trabajo en la vega seguía una jerarquía marcada por el género:

  • El papel de los hombres: Mientras las mujeres se encargaban de la manufactura, los hombres eran los encargados de la fuerza y la altura. Se subían a los árboles para la recolección de la naranja y, durante la temporada de aceituna, su labor principal era varear los olivos, encaramándose a las ramas para hacer caer el fruto.
  • El papel de las mujeres: Ellas eran las artesanas del detalle. En lugares como la Plaza de la Escuela o las eras, las mujeres se dedicaban a arreglar y encajonar las naranjas con una destreza que permitía su transporte en camiones hacia Madrid, Barcelona o Sevilla. Además, participaban activamente en la creación de cooperativas como La Cavar, donde Matilde trabajó desde los 17 años.

​🍲 El Ritual del "Gasto": Celebración y Hermandad

​La dureza del campo se aliviaba con momentos de comunión profunda. Matilde recuerda con nostalgia el "gasto", una celebración que marcaba el fin de una campaña de trabajo. En estas ocasiones, la jerarquía se difuminaba ante la mesa:

  • El banquete del señorito: Los propietarios solían preparar grandes banquetes para los trabajadores; Matilde relata cómo les preparaban choto (cabrito) o bacalao, acompañados siempre del vino de la tierra.
  • El remojón de naranja: Este plato era el símbolo de la identidad del Valle. Las mujeres preparaban esta ensalada cítrica pelando la fruta con sumo cuidado para no dejar rastro de la parte blanca (el albedo), que amarga el sabor. Lo mezclaban con tomate seco, huevo cocido, bacalao desmigado y aceitunas negras, creando un manjar que unía a peones y empaquetadoras en una misma alegría.

​🚂 El Éxodo y la Promesa de Regreso

​A partir de los años 60, el Valle experimentó una transformación drástica con la emigración masiva hacia países como Francia, Suiza o Alemania. Este periodo definió la madurez de muchas mujeres:

  • Contratos y sacrificios: Los hombres solían partir primero con contratos temporales de 6 o 9 meses para ahorrar dinero con el fin de construir una casa propia en el pueblo.
  • La determinación femenina: Matilde personifica la fuerza de la mujer que no aceptaba quedarse atrás. Se marchó al extranjero con su marido porque, como ella misma decía, se había casado para estar con él "aunque fuera a comer pan y cebolla". Allí, mujeres que nunca habían salido de su entorno rural aprendieron oficios industriales, como el diseño y fabricación de calzado, adaptándose a idiomas que no comprendían y entornos desconocidos.

​Matilde mira hacia atrás y, aunque reconoce la falta de recursos de antaño, añora esa vida familiar y familiarizada. Para ella, el sonido de las mujeres cantando mientras lavaban o limpiaban sus casas en las calles pequeñas del Valle era una música mucho más valiosa que cualquier programa de televisión moderno.

​#Melegís #ValleDeLecrín #MatildeGarrido #NaranjasDeLecrín #OficiosTradicionales #MemoriaHistórica #Andalucía #RemojónAndaluz #Emigración 🌳🍊🤝✨

13 mayo 2026

La Vida de Natividad Vílchez

Natividad Vílchez 

 🏠 El Latido de la Solana: La Vida de Natividad Vílchez.

En el Cortijo de la Solana, perteneciente al término de Dúrcal, la vida no se medía en horas, sino en ciclos de siembra, siega y crianza. Nati, encarna la esencia de la mujer que hizo del cortijo un mundo entero, donde cada mano —fuese de niño, hombre o mujer— era necesaria para la supervivencia.

​El Ciclo de la Tierra y el Sudor:

La infancia y juventud de Nati estuvieron ligadas al ritmo del campo. En las tierras de secano del cortijo, la labor era dura y manual: arrancar lentejas, garbanzos y yeros, o segar el trigo bajo el sol inclemente. En la vega, el trabajo cambiaba de color pero no de intensidad: sembrar y recoger patatas, habas, maíz y habichuelas que luego debían limpiar y preparar meticulosamente para la venta o el sustento de la casa. Nati recuerda incluso ir a la era a ayudar a su hermano con la trilla, una estampa de la España rural que hoy parece sacada de un cuadro antiguo.

​El Ritual de la Matanza: Una Fiesta de Familia:

Uno de los momentos más vivos en su memoria es la matanza del marrano. No era solo una tarea de provisión, era un evento social que unía a toda la familia durante días de trabajo compartido.

​Primer día: Se cocía la cebolla y se preparaban los avíos.

​Segundo día: Tras la matanza, se lavaban los interiores y, al caer la tarde, se hacían las morcillas. Nati aún recuerda el sabor de esas morcillas recién hechas y fritas, compartidas en una gran mesa con ensalada.

​Tercer día: Era el turno de despiezar y distinguir las carnes para salchichones, longanizas y chicharrones. El aroma de los chicharrones haciéndose por la tarde marcaba el fin de la jornada, seguido de un gran arroz para toda la familia.

​Final: Todo terminaba con el riguroso fregado de calderas y máquinas, dejándolas engrasadas y listas para el año siguiente.

​El Aroma del Pan Semanal:

En el cortijo, el pan no se compraba a diario. Nati relata cómo bajaban al pueblo una vez por semana para comprar una arroba de harina. Con ella, amasaban doce grandes panes que debían durar siete días. Para conservarlos frescos, su madre los guardaba en una gran orza, envueltos en paños y bien tapados, manteniendo así el alimento básico de la familia.

​Fiestas y Nostalgia:

El mundo de Nati se limitaba casi exclusivamente al cortijo, excepto por las festividades de San Ramón o San Blas, cuando su padre la traía a Dúrcal para ver la procesión y el castillo de fuegos artificiales antes de regresar al aislamiento de la sierra. Hoy, aquel cortijo familiar se ha transformado en un alojamiento rural regentado por una inglesa, pero para Nati, cada vez que mira hacia la montaña, sigue viendo el lugar donde su hermano subía a las higueras y donde ella aprendió que la vida se construye con esfuerzo y unión.

​#Dúrcal #ValleDeLecrín #CortijoLaSolana #MatanzaTradicional #MujeresRurales #VidaDeCortijo #MemoriaDeNuestraTierra 🐷🌾🥖✨


Las Crónicas del Lavadero de María Villena


 🧼 Manos de Agua y Jabón: Las Crónicas del Lavadero de María Villena

​María nació en 1944, una época en la que el agua no corría por los grifos de las casas, sino que latía en el corazón de las fuentes y lavaderos públicos de Padul. Desde niña, acompañando a su madre y a su abuela, aprendió que la colada era mucho más que una tarea doméstica: era el gran parlamento de las mujeres.

​El Ritual de la "Vez" y la Noche:

El lavadero era un hervidero de vida las veinticuatro horas del día. María relata cómo las mujeres con niños pequeños llegaban al caer la noche, una vez acostada la familia, para lavar los pañales y la ropa bajo la luz de la luna o de algún candil. El orden se mantenía con la palabra: "pedir la vez". Se respetaba el turno rigurosamente, y mientras una terminaba, la siguiente esperaba con su tabla y su canasta de mimbre lista para ocupar el hueco frente a la piedra.

​El Invierno y el Misterio del Agua:

Lo más sorprendente que recuerda María era el comportamiento del agua según la estación. En verano, el agua de nacimiento brotaba fresquísima, un alivio contra el calor del Valle. Pero en invierno, cuando el frío cortaba la cara, el agua salía calentica, permitiendo a las mujeres lavar sin que se les helaran las manos. Cuando llovía, el lavadero se llenaba aún más, pues era el único refugio techado donde poder trabajar a salvo del temporal.

​La Pobreza y el Jabón Casero:

No había detergentes industriales; se usaba el jabón que cada familia fabricaba en su hogar. María narra una realidad social estremecedora: había mujeres que aceptaban lavar la ropa de otras familias no por dinero, sino a cambio del jabón necesario para poder lavar la colada de su propia casa. Era una economía de subsistencia donde el trueque y el esfuerzo físico eran la única moneda de cambio.

​La Anécdota del "Ajo Blanco":

Con una sonrisa, María recuerda un despiste de su juventud que ilustra la falta de luz y la precariedad de la época. Siendo una "mozuela" de unos 17 años, se levantó de madrugada para lavar en la Fuente de la Higuera. Su madre había comprado dos papelillos: uno con detergente (tutú) y otro con harina de habas para hacer "ajo blanco". En la oscuridad del lavadero, María vertió el papelillo de la harina en el cubo pensando que era la lejía.

​"Al amanecer, vi con horror que mis sábanas blancas estaban negras y llenas de grumos", relata María.

​Sus compañeras tuvieron que ayudarla, dándole jabón y agua para salvar aquellas sábanas que la harina de habas había estado a punto de arruinar.

​Un Espacio Femenino Perdido:

Para María, el lavadero era el lugar donde se cantaba, se hablaba de los hijos y se compartían las penas. Era un trabajo durísimo que dolía en la cintura y los riñones, pero que ofrecía una unión que la lavadora moderna ha disuelto. Como ella misma dice, antes los hombres no lavaban; la cultura del agua y la limpieza era un territorio exclusivo de las manos femeninas.

​#Padul #ValleDeLecrín #LavaderosPúblicos #MemoriaFemenina #JabónCasero #HistoriasDeAgua #MujeresConHistoria 🧺💧✨

Paquita Chinchilla de Chite

1.- Paquita Chinchilla (Chite): Nos
recordó la dureza de recoger
aceituna agachada
 por 5 pesetas al día. 🌳

​🌿 El Eco de los Olivos: La Memoria de Paquita Chinchilla 

​En el corazón de Chite, donde el sol se filtra entre las hojas plateadas de los olivos, vive el recuerdo de una juventud marcada por la tierra y el sacrificio. Paquita, con la serenidad de sus 72 años, es la voz de una generación de mujeres que fueron el motor invisible de este Valle.

​La Jornada de Sol a Sol

Eran tiempos de "señoritos" y cuadrillas de mujeres jóvenes, veintidós almas que, con el alba, partían hacia el campo con sus espuertas al brazo. En aquel entonces, el Valle de Lecrín no conocía el estruendo de las máquinas. El silencio solo lo rompía el crujir de las ramas y el murmullo de las mujeres que, en una coreografía de esfuerzo, permanecían dobladas hacia la tierra. Recoger aceituna no era solo un trabajo; era una prueba de resistencia física, una lucha contra el cansancio para llenar la espuerta antes que la compañera, siempre bajo la mirada vigilante del capataz que medía la productividad con el rigor de quien no sabe lo que duele la espalda.

​Cinco Pesetas y un Sueño de Algodón

Por aquel esfuerzo que dejaba surcos en la piel y en el alma, el pago era de cinco pesetas diarias. Un jornal de hambre que, sin embargo, era el tesoro con el que Paquita y sus amigas soñaban con su futuro. Cada moneda ahorrada era un hilo más para el ajuar: esas sábanas, mantelerías y servilletas que bordaban con esmero en el breve descanso del mediodía, bajo la sombra de un árbol, mientras compartían un remojón de naranja con bacalao y se contaban confidencias sobre pretendientes y bodas venideras.

​Un Valle que no Descansaba

Pero la aceituna era solo una estación en el calendario del sacrificio. Cuando terminaba el aceite, venía la naranja, y Paquita se encaramaba a lo más alto de los árboles para alcanzar el fruto dorado que luego viajaría a mercados lejanos. Y después la almendra, que tras ser recogida del suelo, exigía horas extra de trabajo nocturno para cascarla a mano, una tarea que el "señorito" ni siquiera pagaba, considerándola una propina de su tiempo y su salud.

​La Hermandad de la Copla

A pesar de la precariedad, el Valle de Lecrín de Paquita no era un lugar de silencio amargo. Era un valle de cantos y risas. Las mujeres cantaban mientras lavaban en las fuentes, cantaban mientras recogían el fruto y cantaban en las puertas de sus casas al caer la tarde. Era esa alegría compartida, esa unión casi familiar entre vecinas, lo que hacía que el peso de la vida fuera más liviano.

​Paquita dejó el campo a los 22 años para casarse, pero en sus ojos aún brilla el reflejo de aquellos días donde la dureza de la tierra se combatía con la dulzura de una copla y la esperanza de una vida mejor para los suyos.

​#OrgulloRural #ValleDeLecrín #Chite #MujeresDeTierra #MemoriaHistórica #AndalucíaAncestral #Aceituneras 🌳🧺🧵✨



Mi Actuación en el Día del Libro 2026

El escritor Miguel Ángel Molina Palma 


 📚✨ MI ACTUACIÓN EN EL DÍA DEL LIBRO 2026: “EL VALLE DE LAS LETRAS” ✨📚

Por Miguel Ángel Molina Palma

📷 Fotos: Escuela de Adultos SEP Lecrín. 


El 30 de abril de 2026 viví en Talará uno de esos días que no se olvidan fácilmente. Un día de palabra, de memoria, de emoción y de agradecimiento. Un día en el que el Valle de Lecrín volvió a demostrar que la cultura no pertenece solo a los libros, sino también a las personas, a sus recuerdos, a sus caminos y a sus ganas de seguir aprendiendo.

En la Casa de la Cultura de Talará, dentro del encuentro “El Valle de las Letras”, organizado por las Escuelas de Adultos SEP Lecrín con motivo del Día del Libro, tuve el honor de participar como pregonero, poeta y escritor del Valle. Fue una tarde intensa, entrañable y profundamente humana.

📽️ Primero se proyectó un vídeo de presentación sobre mi vida y mi trayectoria literaria, elaborado con mucho cariño por la Escuela de Adultos SEP Lecrín. En él se recogía parte de mi camino como escritor vinculado a Melegís, al Valle de Lecrín y a la memoria de nuestros pueblos. Desde mis primeros poemas hasta mis libros más recientes, mi obra ha querido siempre mirar hacia la tierra que me vio crecer: sus acequias, sus naranjos, sus iglesias, sus lavaderos, sus gentes sencillas y su patrimonio artístico y humano.

Después pronuncié el pregón del Día del Libro. Quise que mis palabras fueran un homenaje a las Escuelas de Adultos, a sus alumnos, a sus profesores y a todas las personas que mantienen viva la llama del conocimiento. Dije que “aprender no tiene edad”, que “la curiosidad no se jubila” y que las Escuelas de Adultos son verdaderos “hogares de esperanza”.

También quise recordar que el Valle de Lecrín no es solo un territorio, sino “una emoción compartida”. Un valle hecho de acequias, azahar, memoria, fiestas, inviernos silenciosos y voces que siguen contando historias. Porque, como dije aquella tarde, “un pueblo que lee es un pueblo que piensa; un pueblo que recuerda es un pueblo que se mantiene en pie; un pueblo que aprende es un pueblo que tiene futuro”.

Uno de los momentos más emotivos fue cuando afirmé que cada vida es un relato único y valioso. Allí, ante los alumnos y alumnas de las Escuelas de Adultos, sentí que esas palabras tenían un sentido especial. Porque muchas veces pensamos que solo los grandes acontecimientos merecen ser escritos, pero la verdad es que cada persona guarda dentro una historia digna de ser contada.

🎶 A continuación presenté la canción “Escuelas de Adultos del Valle de Lecrín”, compuesta por mí como homenaje a todos ellos. Antes de que sonara la música, invité al público a hacer un viaje hacia dentro, hacia esas tardes de esfuerzo, risas, nervios y descubrimientos que se viven en las aulas. La canción nació del cariño hacia quienes enseñan, hacia quienes aprenden y hacia esta tierra que nos inspira cada día.

En sus versos quise decir que, entre montañas y acequias, nuestros pueblos guardan historias que nunca deben olvidarse. Y el estribillo resumía el espíritu de la jornada:

“¡Viva el Valle de Lecrín, su gente y su saber!

¡Viva la cultura, los libros y todo lo que nos hace aprender!”

Después presenté mis cuatro últimos libros, todos ellos unidos por un mismo hilo: el amor al Valle de Lecrín.

📘 “Los Guardianes del Valle de Lecrín” es un homenaje a esos custodios invisibles de nuestra tierra, a las acequias, los caminos, los pueblos y las memorias que aún nos hablan desde lo profundo.

🌙 “Las Reinas Moras” rescata, desde la emoción y la historia, las voces de mujeres como Aixa, Morayma y Soraya, figuras ligadas al final del Reino Nazarí y al doloroso eco de Al-Ándalus.

🕌 “Patrimonio Árabe de El Valle de Lecrín” reúne artículos, imágenes y reflexiones sobre castillos, acequias, leyendas, moriscos y huellas andalusíes que siguen vivas entre nosotros.

🌿 “Relatos de la Historia de Melegís (El Valle que Late)” es mi viaje más íntimo por la historia de mi pueblo, desde tiempos remotos hasta la actualidad, con la tierra, el agua, el olmo centenario y la memoria rural como protagonistas.

El acto culminó con un momento que guardaré siempre en mi corazón. Álvaro Navarro Ortega, Jefe de Estudios de la Escuela de Adultos SEP Lecrín, leyó unas palabras de reconocimiento hacia mi persona. Después, el Ilustrísimo Alcalde de Lecrín, Pedro Titos, me entregó una placa en reconocimiento a mi labor como cronista y protector del patrimonio artístico y humano del Valle de Lecrín, y como agradecimiento a mi participación en la celebración del Día del Libro.

Recibir aquella placa fue mucho más que recibir un objeto. Fue sentir el abrazo de una tierra. Fue recordar a mis mayores, a mis maestros, a mis padres, a mis pueblos, a mis lecturas primeras y a todas las personas que me han enseñado que escribir también es cuidar.

Aquel día comprendí, una vez más, que mientras haya alguien que nombre nuestros pueblos, que cuente sus historias y que quiera a su gente, el Valle de Lecrín seguirá vivo.

Gracias al SEP Lecrín. Gracias a sus profesores. Gracias a sus alumnos. Gracias al Ayuntamiento de Lecrín. Gracias a quienes hicieron posible esta jornada.

Y gracias, sobre todo, al Valle de Lecrín, porque sigue siendo mi raíz, mi inspiración y mi palabra.

📚✨ Feliz Día del Libro. Viva la cultura. Viva la memoria. Viva el Valle de Lecrín.

#DiaDelLibro2026 #ElValleDeLasLetras #ValleDeLecrín #SEPLecín #EscuelasDeAdultos #MiguelÁngelMolinaPalma #Talará #Lecrín


El Ilustrísimo Alcalde de Lecrín,
 Pedro Titos, me entregó una placa en reconocimiento a mi labor como cronista
 y protector del patrimonio artístico
y humano del Valle de Lecrín, y como agradecimiento a mi participación en la celebración del Día del Libro.

















Libro: Sueños de la Alhambra de Eduardo Ortega Martín


 ✨ “Sueños de la Alhambra”: la poesía del alma nazarí escrita desde Nigüelas ✨

Hay libros que se leen… y hay libros que se sienten. 📖🌙

Sueños de la Alhambra, del escritor granadino Eduardo M. Ortega Martín, nacido en el hermoso pueblo de Nigüelas, pertenece a esa segunda categoría: obras que no solo describen un lugar, sino que lo convierten en emoción, música interior y memoria viva.

Desde sus primeras páginas, este libro no pretende ser una guía turística ni un ensayo histórico convencional. Lo que Eduardo Ortega ofrece al lector es un viaje espiritual y poético por la Alhambra, por sus jardines, sus murallas, sus fuentes y sus silencios. Un recorrido donde cada rincón del monumento nazarí cobra vida y habla al corazón. 🕌💧🌿

🌙 Un libro construido como un jardín nazarí

La obra aparece estructurada en varias partes temáticas, como si el lector atravesara distintas estancias de un palacio andalusí.

En la primera sección, “La Alhambra: Naturaleza viva”, el autor convierte la acequia, el arrayán, los pájaros o los bosques en auténticos personajes poéticos. Todo respira y todo canta. El agua deja de ser agua para convertirse en símbolo de vida, de meditación y de eternidad. 💦✨

Especialmente bellos son textos como:

“La Acequia”, donde el agua es presentada como un “pregón universal” y un canto espiritual que acompaña al caminante.

“La Muralla”, donde las piedras de la Alhambra parecen custodiar siglos de memoria y silencio.

“El Arrayán”, lleno de aromas, misterio y sensibilidad oriental.

“El Mirlo del Bosque” y “El Canto de los Pájaros”, textos profundamente líricos donde la naturaleza se transforma en lenguaje del alma. 🐦🍃

Cada página transmite la impresión de que el escritor ha paseado lentamente por la Alhambra, escuchando aquello que otros visitantes, apresurados, no alcanzan a percibir.

🕌 La Alhambra como símbolo interior

Uno de los mayores aciertos del libro es entender la Alhambra no solo como monumento, sino como estado espiritual.

Eduardo Ortega Martín escribe desde la contemplación. Su mirada recuerda a los antiguos viajeros románticos que veían Granada como un territorio mágico suspendido entre Oriente y Occidente. 🌅✨

En sus textos aparecen constantemente:

el agua como purificación,

el jardín como paraíso,

la luz como revelación,

el silencio como camino interior,

y la memoria histórica como eco permanente del pasado andalusí.

El libro está impregnado además de referencias simbólicas y espirituales vinculadas al mundo islámico, al sufismo y a la convivencia de culturas. No desde el fanatismo ni la erudición fría, sino desde la sensibilidad poética y humana.

✍️ Eduardo M. Ortega Martín: un escritor que escucha el paisaje

Hablar de Sueños de la Alhambra es también hablar de su autor.

Eduardo M. Ortega Martín, nacido en Nigüelas, pertenece a esa estirpe de escritores profundamente unidos a Granada y a su paisaje cultural. Su escritura revela amor por la belleza, sensibilidad artística y una conexión muy intensa con la memoria de Al-Ándalus. 🌿📚

En sus páginas se percibe a un hombre contemplativo, enamorado de la naturaleza, de los símbolos y de la espiritualidad del agua y de los jardines nazaríes.

Nigüelas, pueblo de acequias, molinos y caminos antiguos a los pies de Sierra Nevada, quizá explique parte de esa sensibilidad. Porque quien nace en el Valle de Lecrín aprende desde pequeño el sonido del agua, el rumor de los árboles y el diálogo silencioso de la montaña con la historia. ⛰️💧🍊

Y eso se nota en su manera de escribir.

Eduardo Ortega no utiliza una prosa rápida ni superficial. Su escritura busca detener el tiempo. Cada párrafo invita a leer despacio, como quien pasea por el Generalife en una tarde de otoño o escucha el agua caer en un patio nazarí. 🍂🕊️

🌟 Una obra diferente dentro de la literatura granadina

Granada ha inspirado a miles de escritores, desde Washington Irving hasta Federico García Lorca. Pero Sueños de la Alhambra aporta una voz distinta: íntima, soñadora y profundamente emocional.

No es un libro de datos históricos.

Es un libro de sensaciones.

No pretende explicar la Alhambra.

Pretende hacerla sentir.

Y ahí reside precisamente su valor.

El lector termina comprendiendo que la Alhambra no es solamente piedra, yesería o arquitectura. Es también nostalgia, música del agua, memoria colectiva y búsqueda interior. 🕌✨

🌺 El eco eterno de Granada

Al cerrar este libro queda una sensación parecida a la que uno experimenta al abandonar la Alhambra al atardecer: la impresión de haber vivido algo difícil de explicar con palabras.

Porque la verdadera Alhambra no termina en sus murallas.

Continúa dentro de quien la contempla.

📚 Eduardo Manuel Ortega Martín no solo es poeta. Es Doctor en Historia y Artes por la Universidad de Granada, con formación en Derecho, Teología y Ciencias Bíblicas. Durante años ha desarrollado su labor profesional como secretario-interventor en distintos ayuntamientos granadinos, entre ellos el de Peligros.

Sin embargo, más allá de su faceta académica y administrativa, Eduardo Ortega es, ante todo, un hombre profundamente unido a la literatura, a la reflexión espiritual y a la búsqueda interior. 🌟

Su obra abarca poesía, ensayo histórico y estudios espirituales. Entre sus poemarios destacan:

✒️ Poema al alba✒️ Brocal del Pozo✒️ Remembranza✒️ Sinestesia de Luz✒️ Salterio místico.

📖 También ha desarrollado una importante labor ensayística con obras como:

🧠 Heterodoxias medievales y su repercusión en la actualidad (Partes I y II)

donde analiza movimientos místicos medievales y figuras como Margarita Porete o Meister Eckhart, explorando las fronteras entre espiritualidad, pensamiento y experiencia interior.

🌄 Como cronista y enamorado del Valle de Lecrín, Eduardo Ortega ha sabido retratar además la esencia de nuestra tierra en libros como:

🔸 Paisajes y costumbres del Valle de Lecrín🔸 Estampas granadinas🔸 Historias de la vida privada del Valle de Lecrín.

✨ En toda su obra hay un elemento común: la búsqueda de la luz interior.

Sus textos hablan de Dios, del espíritu, del silencio, del agua, de la belleza y de la necesidad de mirar el mundo con profundidad y sensibilidad. Por eso “Sueños de la Alhambra” no es solo un libro sobre Granada.

🌙 Es una invitación a detener el tiempo.💧 A escuchar el agua.🌿 A sentir el alma de la Alhambra.📖 Y a descubrir que la verdadera belleza sigue viva en quienes saben contemplarla.

Porque Eduardo Ortega Martín, desde Nigüelas y desde el corazón del Valle de Lecrín, ha conseguido algo muy difícil: convertir la emoción en literatura y la literatura en un espacio de luz. 🌟📚✨

#SueñosDeLaAlhambra #EduardoOrtegaMartín #Nigüelas #ValleDeLecrín #LiteraturaGranadina #Alhambra #Poesía #SinestesiaDeLuz


12 mayo 2026

La Filosofía de Nico Molina un corredor de Alma Libre.

Nico Molina 

 🌄 El Susurro de las Cumbres: La Filosofía de Nico Molina, un Corredor de Alma Libre. 


En las faldas de Sierra Nevada, donde el viento canta antiguas melodías granadinas y la tierra huele a romero y a esfuerzo callado, nació un 10 de mayo del año 2000 un alma inquieta: Nicolás Molina Agustín, Nico para los suyos, Nico Molina para las montañas. Desde Dúrcal, ese pueblo de alma blanca y corazón serrano, emergió un joven que no corre solo contra el reloj ni contra rivales, sino que dialoga con cada piedra, cada raíz y cada aliento de la tierra.

Su filosofía no es un manifiesto escrito en papel, sino un latido vivo, forjado en senderos empinados y amaneceres que tiñen de rosa las cumbres. “Intento no perder nunca la esencia con la que empecé: disfrutar cada paso”, repite como un mantra sagrado. Porque para Nico, el trail running no es conquista, es encuentro. No es dominación de la montaña, sino humilde rendición ante su grandeza. 🏔️

Imagina al niño que fue: hijo de Nicolás Molina Fernández y Trini Agustín Iglesias, hermano de Juan. Creció entre olivos y acequias, probando el fútbol, el BMX, hasta que la montaña lo llamó con su voz profunda e irresistible. En el IES Alonso Cano sembró las primeras semillas de su curiosidad, y hoy, estudiante de Ciencias del Deporte con 25 primaveras recién cumplidas, entiende que el verdadero conocimiento no se guarda en libros, sino que se suda, se respira y se siente en las fibras del músculo y del alma.

La montaña como escuela de vida —esa es su gran lección poética—. En ella no hay atajos. Cada ascenso exige entrega total: piernas que arden, pulmones que piden clemencia y una mente que debe aprender a callar y a fluir. Allí se forja la humildad verdadera. Porque la sierra no distingue entre campeón y principiante; a todos nos iguala en su inmensidad. “La montaña te da mucho más de lo que te pide”, dice Nico con esa sonrisa serena que parece tallada en roca antigua.

Y en ese dar y recibir constante radica su pensamiento humano más profundo: el respeto. Respeto al entorno, que no es un escenario sino un ser vivo. Respeto al rival, que es compañero de baile en esta danza vertical. Respeto al propio límite, que no se vence con rabia, sino con constancia amorosa. No se trata de romperse, sino de crecer. No de llegar primero, sino de llegar entero, con el corazón limpio y la mirada agradecida. 🙏

Su esfuerzo no es grito, es susurro perseverante. Día tras día, kilómetro tras kilómetro, entrena con la disciplina del que sabe que el alto rendimiento tiene fecha de caducidad, pero que el amor por la montaña puede ser eterno. Compite en skyrunning y trail con la élite, pero guarda espacio sagrado para los retos personales: encadenar tres miles de Sierra Nevada, soñar con Toubkal o con los Alpes lejanos. Porque para Nico la carrera no es el fin, es el medio. El verdadero premio es la transformación interna, esa alquimia que convierte sudor en sabiduría.

Desde su club Cerro del Caballo hasta sus proyectos personales, todo habla de una visión generosa. Con NM Experience abre las puertas de la sierra a quien quiera entrar: training camps, rutas guiadas, experiencias para corredores, familias y principiantes. No guarda el conocimiento como tesoro egoísta; lo reparte como quien reparte agua fresca en un avituallamiento. Quiere que otros sientan lo que él sintió: esa libertad absoluta cuando solo se oye el latido propio y el rumor del viento entre los pinsapos.

Hay una belleza conmovedora en su equilibrio. Estudia, entrena, emprende y comparte. Reconoce el apoyo incondicional de su familia, de su gente de Dúrcal, de quienes creyeron en él desde el principio. No corre solo. Lleva en cada zancada el eco de su padre, la fortaleza silenciosa de su madre, la complicidad de su hermano. Corre con el pueblo a sus espaldas y con el futuro por delante.

🌿 Su filosofía es, en esencia, una invitación poética a vivir con autenticidad:

Disfrutar sin perder la pureza del comienzo.

Esforzarse sin olvidar la gratitud.

Crecer sin dejar de ser humilde.

Competir sin perder la conexión humana.

En un mundo que premia la velocidad y el ruido, Nico Molina representa la belleza de la cadencia propia, del paso consciente, del atleta que entiende que la verdadera victoria es volver a casa con el alma más grande y las manos abiertas para dar.

Cuando corre por las crestas al atardecer, con el sol tiñendo de oro las cumbres nevadas, no es solo un deportista. Es un poeta del movimiento. Un filósofo del sendero. Un joven sabio que ha comprendido la lección más antigua de la Tierra: que la grandeza no está en dominar la montaña, sino en dejar que la montaña nos moldee.

Y así, paso a paso, aliento a aliento, Nico sigue escribiendo su relato en la piel de Sierra Nevada. Un relato que no termina en una meta, sino que continúa en cada persona que, inspirada por él, sale a descubrir sus propios límites y su propia esencia.

Porque al final, como bien sabe este corredor de Dúrcal, la vida misma es un sendero infinito… y lo importante no es correr más rápido que nadie, sino sentir plenamente cada metro del camino. 🏃‍♂️❤️

#NicoMolina #TrailRunning #SierraNevada #FilosofiaDelEsfuerzo #DisfrutarCadaPaso #NMExperience #CorredorDeAlma #Dúrcal #Skyrunning #MontañaComoEscuela #HumildadYPerseverancia #VidaEnCumbres