13 julio 2026

Los Zarco de Restábal

 

Puerta de la iglesia
 de Restábal 

🌿 Familias que cruzan los siglos los Zarco de Restábal 

Cómo seguir un apellido de Restábal desde 1600 hasta 1971

Los Zarco de Restábal: una raíz antigua entre Ruiz, Flores, Machuca, Maroto, Palomino y la memoria del pueblo

Hay apellidos que parecen tener color propio.

Zarco es uno de ellos.

Un apellido breve, sonoro, antiguo, fácil de recordar y difícil de olvidar. Aparece en Restábal primero como parte de otros apellidos compuestos, después como apellido principal, y con el paso de los siglos se convierte en una de esas raíces familiares que atraviesan el pueblo de lado a lado.

Los Zarco no aparecen como una familia pequeña ni pasajera. Desde el siglo XVII dejan señales en los registros parroquiales históricos de Restábal, y desde comienzos del XVIII se consolidan con fuerza como apellido propio: Zarco Ruiz, Zarco Flores, Zarco Rodríguez, Zarco Machuca, Zarco Contreras, Zarco Ramos, Zarco Márquez, Zarco Maroto, Zarco Palomino, Zarco Sánchez, Zarco González, Zarco Tapia, Zarco Ortega, Zarco Palma y otras ramas.

Y, al mismo tiempo, el apellido pasa a muchas familias como segundo apellido:

Ruiz Zarco, Sánchez Zarco, Palomino Zarco, Molino Zarco, Morillas Zarco, Ortega Zarco, Tapia Zarco, Maroto Zarco, Moya Zarco, Guerrero Zarco, Fernández Zarco, Ramos Zarco.

Este artículo está elaborado a partir de referencias genealógicas, datos familiares y los registros parroquiales históricos de Restábal, pendiente siempre de contraste documental en las partidas originales.

No pretende cerrar todas las ramas Zarco, porque son muchas. Busca ordenar las primeras huellas, señalar los troncos principales y mostrar cómo un apellido que aparece discretamente en el siglo XVII termina siendo una de las raíces más reconocibles de Restábal. 🕯️

📜 Las primeras huellas: Zarco como segundo apellido

Para encontrar a los primeros Zarco de Restábal hay que mirar con atención.

El apellido no aparece al principio siempre como “Zarco” en primer lugar. Una de sus primeras señales está en forma compuesta:

Ruiz Zarco.

El registro menciona en 1639 el matrimonio de:

Alonso Ruiz Zarco, natural de Albuñuelas,
con
Francisca González Ruiz, natural de Restábal.

Este dato es muy importante porque muestra una primera presencia del apellido Zarco asociado a la rama Ruiz. Alonso Ruiz Zarco aparece como hombre de fuera que se une a una mujer restableña, y de esa unión nacen hijos Ruiz González en Restábal.

Aquí el apellido Zarco queda dentro de la memoria paterna, aunque no pase como segundo apellido a los hijos de ese matrimonio. Aun así, la pista es valiosa: ya en la primera mitad del siglo XVII el apellido aparece en el entorno de Restábal.

Poco después, en las defunciones antiguas, el registro menciona entierros de párvulos con la forma Ruiz Zarco en 1645.

Y más adelante aparece una referencia muy sugerente:

Francisco Zarco, adulto, enterrado en Restábal el 4 de mayo de 1685.

Esta puede considerarse una de las primeras menciones claras del apellido Zarco como apellido directo en el pueblo, aunque habría que revisar la partida original para conocer su filiación, estado y posible relación con las ramas posteriores.

🌿 Salvador Ruiz Zarco: una raíz de transición

A finales del siglo XVII aparece una figura importante:

Salvador Ruiz Zarco.

El registro lo menciona casado con Andrea Rodríguez y enterrado en Restábal el 4 de agosto de 1706.

También aparecen varios hijos o descendientes vinculados a Salvador Ruiz Zarco y Ana Ruiz, como:

Pedro Zarco Ruiz,
José Ruiz Zarco,
y Juan Ruiz Zarco.

Aquí hay que ser prudentes, porque las partidas originales deben aclarar bien las relaciones, esposas y filiaciones. Pero el nombre de Salvador Ruiz Zarco parece funcionar como puente entre el apellido compuesto Ruiz Zarco y las ramas que luego pasarán a llevar Zarco como primer apellido.

Es decir: antes de que los Zarco aparezcan con fuerza como apellido principal, el apellido ya estaba respirando dentro de la familia Ruiz Zarco.

🕯️ Pedro Zarco Ruiz y Antonia Ruiz: una de las primeras ramas fuertes

La primera gran rama con Zarco como primer apellido aparece con:

Pedro Zarco Ruiz, de Restábal,
casado el 14 de diciembre de 1707 con
Antonia Ruiz Vázquez, también de Restábal.

Este matrimonio es fundamental.

De ellos nacen varios hijos Zarco Ruiz:

Jerónimo Zarco Ruiz, bautizado en 1709.
José Zarco Ruiz, nacido en 1713.
Francisco José Zarco Ruiz, bautizado en 1716.
Salvador José Zarco Ruiz, bautizado en 1718.
Manuel Zarco Ruiz, nacido en 1720.
Matías Zarco Ruiz, bautizado en 1723.

Con esta familia, el apellido Zarco entra de lleno en los bautismos de Restábal.

Ya no aparece solo como segundo elemento de un apellido compuesto. Ahora aparece como primer apellido, encabezando una rama propia.

Y esa rama será muy importante, porque de ella saldrán enlaces con Juárez, Suárez, Contreras, Rodríguez, Ramos y otras familias.

🌸 José Zarco y María Flores: los Zarco Flores

Otra rama antigua y muy importante es la formada por:

José Zarco,
casado con
María Flores.

El registro menciona hijos como:

Juan Antonio Zarco Flores, bautizado en 1710.
María Zarco Flores, bautizada en 1712.
José Juan Zarco Flores, bautizado en 1714.
Luisa Josefa Zarco Flores, bautizada en 1715.
Alfonsa Josefa Zarco Flores, bautizada en 1718.
José Zarco Flores, bautizado en 1723.
Matías Zarco Flores, bautizado en 1726.

Esta rama une a los Zarco con los Flores, otro apellido antiguo y presente en la documentación de Restábal.

De los Zarco Flores saldrán enlaces decisivos. Por ejemplo, Juan Zarco Flores se casará en 1734 con Isabel Machuca Villalobos, formando la rama Zarco Machuca.

También Luisa Zarco Flores aparece en 1738 casada con Francisco Vázquez Vallejo, lo que lleva el apellido Zarco a otra casa por vía femenina.

🌿 Los Zarco Rodríguez

Otra rama temprana procede de:

Pedro Zarco,
casado con
Ana Rodríguez.

De ellos aparecen hijos como:

María Josefa Zarco Rodríguez, bautizada en 1728.
Teresa Francisca Zarco Rodríguez, bautizada en 1730.
Teresa Josefa Zarco Rodríguez, bautizada en 1732.
Pedro José Zarco Rodríguez, bautizado en 1734.

Y también aparece otra rama Zarco Rodríguez vinculada a:

Jerónimo Zarco,
casado con
Beatriz Rodríguez,

con hijos como Francisca María Zarco Rodríguez y otros descendientes posteriores.

El apellido Rodríguez entra así en varias ramas Zarco, y durante el siglo XVIII encontraremos repetidamente la combinación Zarco Rodríguez.

🌿 Juan Zarco Flores e Isabel Machuca: los Zarco Machuca

Una de las ramas más significativas del siglo XVIII es la formada por:

Juan Zarco Flores, de Restábal,
casado el 8 de marzo de 1734 con
Isabel Machuca Villalobos, también de Restábal.

De esta unión nacen los Zarco Machuca, entre ellos:

Pedro José Zarco Machuca, bautizado en 1735.
Rosa María Zarco Machuca, nacida en 1737.
Y otros hijos que prolongan la línea.

Esta rama es importante porque une a los Zarco con los Machuca, apellido que ya aparece en los primeros tiempos de la Restábal repoblada.

De los Zarco Machuca saldrán después enlaces con Ramos, Villoldo, Maroto y otras familias.

🌿 José Zarco Ruiz y Bárbara Juárez: los Zarco Juárez

Otra línea procede de:

José Zarco Ruiz,
casado el 14 de septiembre de 1742 con
Bárbara Juárez Román, natural de Melegís.

De esta unión saldrá la rama Zarco Juárez, que más adelante enlazará con otras familias de Restábal.

Entre los matrimonios posteriores aparece:

José Zarco Juárez, casado en 1775 con Rosa Rodríguez Palomares.

Y también:

Juan Zarco Juárez, casado en 1782 con Francisca Márquez Márquez.

Esta rama muestra una vez más la conexión entre Restábal y Melegís. El apellido Zarco no se entiende solo dentro del pueblo, sino dentro del tejido familiar del Valle.

🌿 Manuel Zarco Ruiz y Francisca Contreras: los Zarco Contreras

Una de las ramas más fuertes del siglo XVIII es la formada por:

Manuel Zarco Ruiz, de Restábal,
casado el 15 de diciembre de 1749 con
Francisca Contreras Liquiñano, de Restábal.

De ellos aparecen numerosos hijos Zarco Contreras:

Juan Pedro de Santa María Zarco Contreras, bautizado en 1753.
Jerónima Antonia Zarco Contreras, bautizada en 1755.
Pedro Antonio Zarco Contreras, bautizado en 1757.
María Josefa Zarco Contreras, bautizada en 1759.
José Francisco de Paula Zarco Contreras, bautizado en 1762.
Jerónima María de las Angustias Zarco Contreras, bautizada en 1764.
José Felipe Manuel Zarco Contreras, bautizado en 1769.
Manuel Antonio Zarco Contreras, bautizado en 1771.
Francisco Esteban Bueno Zarco Contreras, bautizado en 1774.

Esta rama será una de las grandes columnas de los Zarco de Restábal.

De ella salen matrimonios muy importantes:

José Zarco Contreras se casó en 1794 con María del Carmen Maroto Enríquez.

Manuel Zarco Contreras se casó en 1798 con Ana María Sánchez Lozano.

Francisco Zarco Contreras se casó en 1809 con María del Carmen González Maroto.

Aquí los Zarco se unen con Maroto, Sánchez y González, tres apellidos fundamentales del pueblo.

🌿 Manuel Zarco Machuca y Salvadora Ramos: los Zarco Ramos

Otra rama muy importante nace de:

Manuel Zarco Machuca,
casado el 16 de enero de 1768 con
Salvadora Ramos Vázquez.

De ellos aparecen hijos Zarco Ramos:

José Francisco de Paula Bruno Zarco Ramos, nacido en 1768.
José Antonio Francisco de Paula Zarco Ramos, nacido en 1770.
José María Francisco de Paula Joaquín de la Santísima Trinidad Zarco Ramos, nacido en 1771.
María Manuela de los Reyes Zarco Ramos, nacida en 1777.
Carmen Antonia Josefa Zarco Ramos, nacida en 1780.
María de los Dolores Francisca de Paula Zarco Ramos, nacida en 1783.

Esta rama enlaza después con Tapia, Contreras y otras familias, y muestra el crecimiento del apellido en la segunda mitad del siglo XVIII.

🌸 Las mujeres Zarco: el apellido por vía femenina

Para seguir bien a los Zarco no basta con mirar a los varones.

Muchas mujeres Zarco transmitieron el apellido como segundo apellido a sus hijos.

Ahí aparecen ramas como:

Sánchez Zarco, por María Zarco, madre de hijos de Agustín Sánchez.
Vázquez Zarco, por Luisa Zarco.
Sevilla Zarco, por Teresa Zarco.
Palomino Zarco, por María Teresa Zarco.
Molino Zarco, por Jerónima Zarco.
Tapia Zarco, por María del Carmen Zarco.
Maroto Zarco, por María Zarco.
Morillas Zarco, por Rosa Zarco.
Moya Zarco, por María Eugenia Zarco.
Guerrero Zarco, por María Zarco.
Ortega Zarco, por María Zarco.
Fernández Zarco, por Rosa Zarco.
Ramos Zarco, por Francisca Zarco.

Esto es fundamental.

Porque el apellido Zarco no solo crece por los hombres que lo llevan en primer lugar. Crece también por las mujeres, que lo introducen en otras casas del pueblo.

Una Zarco casada con un Palomino deja hijos Palomino Zarco.
Una Zarco casada con un Molino deja hijos Molino Zarco.
Una Zarco casada con un Morillas deja hijos Morillas Zarco.
Una Zarco casada con un Ortega deja hijos Ortega Zarco.

Así el apellido se extiende por Restábal aunque deje de ir en primer lugar.

🌿 Los Zarco del siglo XIX: nuevas ramas, nuevas casas

Durante el siglo XIX, el apellido Zarco se multiplica en nuevas ramas.

Aparecen familias como:

Zarco Santalla, procedente de Agustín Zarco y Andrea Santalla.
Zarco Márquez, procedente de Juan Manuel Zarco y Ana Márquez.
Zarco Molino, procedente de Vicente Zarco e Isabel Molino.
Zarco Maroto, procedente de Francisco Zarco y Francisca Maroto.
Zarco Palomino, procedente de Nicolás Zarco y María Palomino.
Zarco Sánchez, procedente de Juan Zarco y Antonia Sánchez.
Zarco Muñoz, procedente de Nicolás Zarco y Francisca Muñoz.
Zarco González, procedente de Ramón Zarco y Rosa González.
Zarco Tapia, procedente de Juan Zarco y María del Carmen Tapia.

Estas ramas demuestran que el apellido Zarco ya estaba plenamente integrado en Restábal. Se casaba con familias del pueblo, dejaba hijos, transmitía el apellido y se mezclaba con los grandes linajes locales.

🌿 Los Zarco Maroto y Zarco Palomino

Dos ramas del siglo XIX tienen especial importancia por su continuidad:

Zarco Maroto y Zarco Palomino.

La rama Zarco Maroto aparece con:

Francisco Zarco,
casado con
Francisca Maroto.

De ellos nacen hijos como:

María Encarnación Josefa Zarco Maroto, bautizada en 1849.
Manuel María Zarco Maroto, bautizado en 1852.
Francisco Antonio Zarco Maroto, bautizado en 1855.
Juan José Alejandro Zarco Maroto, bautizado en 1859.

La rama Zarco Palomino aparece con:

Nicolás Zarco,
casado con
María Palomino.

De ellos nacen numerosos hijos:

Manuel José Zarco Palomino, nacido en 1848.
Simón Antonio Zarco Palomino, nacido en 1850.
Ana María Antonia Zarco Palomino, nacida en 1852.
Manuela Josefa Zarco Palomino, nacida en 1854.
Manuel José Santos Zarco Palomino, nacido en 1857.
María del Carmen Alejandra Zarco Palomino, nacida en 1860.
Francisca Antonia Zarco Palomino, nacida en 1863.
Manuel Ramón Claudio Zarco Palomino, nacido en 1865.
Francisca Ramona Zarco Palomino, nacida en 1868.

Estas dos ramas unen a los Zarco con dos apellidos esenciales de Restábal: Maroto y Palomino.

🌿 Los Zarco Sánchez, Zarco González y Zarco Tapia

También son importantes las ramas que llegan hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Juan Zarco y Antonia Sánchez forman una rama Zarco Sánchez muy numerosa, con hijos nacidos entre 1838 y 1855.

Ramón Zarco y Rosa González forman una rama Zarco González, con hijos entre 1865 y 1880.

Juan Zarco y María del Carmen Tapia forman una rama Zarco Tapia, con hijos ya a comienzos del siglo XX:

José Zarco Tapia, nacido en 1905.
Josefa Zarco Tapia, nacida en 1907.
Manuel Zarco Tapia, nacido en 1909.
Francisco de Paula Zarco Tapia, nacido en 1911.

Estas ramas muestran que el apellido no solo fue antiguo, sino también reciente y vivo en el pueblo.

📊 Una presencia muy abundante en los registros

La presencia Zarco en los registros parroquiales históricos de Restábal es muy amplia.

De forma orientativa, aparecen cerca de 200 bautismos con Zarco como primer apellido y más de 80 con Zarco como segundo apellido.

En los matrimonios, el apellido aparece también con fuerza: más de 40 novios lo llevan como primer apellido, y casi 40 novias lo llevan en primer lugar. Además, aparece muchas veces como segundo apellido en novios y novias.

En defunciones, también se repite de manera importante.

Estos números no deben entenderse como personas únicas, porque una misma persona puede aparecer bautizada, casada, confirmada y enterrada. Pero sí indican algo claro:

Zarco fue uno de los apellidos importantes de Restábal.

No una sola casa.
No una sola línea.
Sino una red familiar amplia, antigua y muy entrelazada.

💍 Los Zarco en el siglo XX

En el siglo XX, el apellido Zarco sigue apareciendo en los matrimonios de Restábal.

Entre los enlaces donde Zarco aparece como primer apellido masculino destacan:

Juan Zarco Molino, casado en 1904 con María del Carmen Tapia Molina, de Mondújar.

Francisco Zarco González, casado en 1906 con Francisca Garnica Morillas.

José Zarco Contreras, de Melegís, casado en 1909 con Adelaida Ruiz Ruiz.

Nicolás Zarco Tapia, casado en 1911 con Josefa Maroto Sánchez.

Francisco Zarco Garnica, casado en 1938 con Rosario Márquez Márquez.

Nicolás Zarco Maroto, de Melegís, casado en 1942 con Josefa Tapia Gutiérrez, de Restábal.

Francisco Zarco Palma, casado en 1957 con Ascensión Márquez Márquez.

Como novias con Zarco en primer apellido aparecen también:

Encarnación Zarco Tapia, casada en 1946 con Vicente Ruiz Vallejo.

Ángeles Zarco Ortega, casada en 1955 con José Vázquez López, de Mondújar.

María Luisa Zarco Ortega, casada en 1958 con José Vázquez López, de Mondújar.

Encarnación Zarco Ortega, casada en 1959 con José Delgado Calvente.

Francisca Zarco Ortega, casada en 1964 con José Enríquez Callejas, de Saleres.

Angustias Zarco Ortega, casada en 1964 con José González Muñoz, de Benalúa de las Villas.

María Ángeles Zarco Palma, casada en 1964 con Antonio Morillas Palomino, de Restábal.

Así se ve que el apellido Zarco llega vivo al tramo final del periodo estudiado.

🌸 Los Zarco como segundo apellido en la memoria reciente

También en el siglo XX el apellido aparece con fuerza como segundo apellido.

Algunos ejemplos son:

Manuel Ruiz Zarco, casado en 1943 con Otilia Márquez Márquez.

Francisco Ortega Zarco, casado en 1943 con Francisca Molina Ortega.

Manuel Ortega Zarco, casado en 1947 con Herminia Ortega Palomino.

Antonio Carmona Zarco, de Melegís, casado en 1948 con Trinidad Martín Palomino.

Antonia Ortega Zarco, casada en 1941 con Francisco Ortega González.

Ascensión Ruiz Zarco, casada en 1942 con Francisco Ruiz Vallejo.

Estos segundos apellidos son esenciales para entender cómo el linaje siguió vivo incluso cuando dejó de ir en primer lugar.

🧬 Los Zarco y las grandes familias de Restábal

Seguir a los Zarco es seguir una red entera.

Con los Ruiz, por los Zarco Ruiz y los Ruiz Zarco.
Con los Flores, por los Zarco Flores.
Con los Machuca, por los Zarco Machuca.
Con los Contreras, por los Zarco Contreras.
Con los Ramos, por los Zarco Ramos.
Con los Márquez, por los Zarco Márquez.
Con los Maroto, por los Zarco Maroto y Maroto Zarco.
Con los Palomino, por los Zarco Palomino y Palomino Zarco.
Con los Sánchez, por los Zarco Sánchez y Sánchez Zarco.
Con los Morillas, por los Morillas Zarco.
Con los Ortega, por los Ortega Zarco y Zarco Ortega.
Con los Tapia, por los Zarco Tapia y Tapia Zarco.
Con los González, por los Zarco González.
Con los Molina, por enlaces del siglo XX.
Con los Garnica, por la rama de Francisco Zarco González y Francisca Garnica Morillas.
Con los Palma, por la rama Zarco Palma.

Por eso, cuando alguien busca raíces en Restábal, no es raro que tarde o temprano encuentre un Zarco.

Quizá como abuelo.
Quizá como bisabuela.
Quizá como segundo apellido.
Quizá escondido detrás de un Maroto, un Palomino, un Ortega, un Ruiz o un Morillas.

Pero ahí está.

✨ Epílogo: los Zarco, una memoria azulada en los papeles de Restábal

Los Zarco de Restábal cruzan los siglos.

Primero aparecen como una señal temprana en los Ruiz Zarco.
Después como apellido propio en los Zarco Ruiz y Zarco Flores.
Luego se abren en ramas: Zarco Rodríguez, Zarco Machuca, Zarco Contreras, Zarco Ramos, Zarco Márquez, Zarco Maroto, Zarco Palomino, Zarco Sánchez, Zarco González, Zarco Tapia, Zarco Ortega, Zarco Palma.

Y al mismo tiempo, muchas mujeres Zarco llevan el apellido hacia otras casas:

Sánchez Zarco, Palomino Zarco, Molino Zarco, Morillas Zarco, Ortega Zarco, Tapia Zarco, Maroto Zarco, Moya Zarco, Guerrero Zarco, Fernández Zarco.

Así se construye una memoria familiar.

Con nombres.
Con bodas.
Con bautismos.
Con entierros.
Con mujeres que transmiten apellidos.
Con hombres que llegan a otras ramas.
Con hijos que cruzan pueblos.
Con familias que se mezclan hasta formar el tejido profundo de Restábal.

Los Zarco no son solo un apellido.

Son una red de raíces.

Una historia que empieza en los papeles antiguos y llega hasta el siglo XX, todavía viva en matrimonios, descendencias y memoria familiar.

Porque hay apellidos que cruzan los siglos.

Y los Zarco de Restábal los cruzaron dejando huella. 🌿

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Los Fernández de Restábal

Foto de Restábal 

 

🌿 Familias que cruzan los siglos los Fernández  de Restábal 

Cómo seguir un apellido de Restábal desde 1600 hasta 1971

Los Fernández de Restábal: una genealogía de raíces antiguas, caminos abiertos y amas que llegan hasta la memoria reciente

Hay apellidos que parecen venir de muchos caminos a la vez.

Llegan desde Saleres.
Desde Pinos del Valle.
Desde Melegís.
Desde Busquístar.
Desde Albuñol.
Desde Laujar de Andarax.
Desde Huércal-Overa.
Desde Granada.
Y, al llegar a Restábal, terminan mezclándose con las familias del pueblo hasta quedarse para siempre.

Ese es el caso de los Fernández de Restábal. 🌿

No estamos ante una sola familia cerrada ni ante un único tronco fácil de seguir. El apellido Fernández aparece muy temprano en los registros parroquiales históricos de Restábal, tanto como primer apellido como segundo. A veces entra por hombres Fernández que se casan con mujeres del pueblo. Otras veces aparece por mujeres Fernández que transmiten el apellido a hijos de otras casas: Esteban Fernández, Pérez Fernández, Vega Fernández, Rodríguez Fernández, Flores Fernández, Sánchez Fernández, González Fernández, Vallejo Fernández, Palomino Fernández, Maroto Fernández, Márquez Fernández, Maroto Fernández, Molina Fernández, Morillas Fernández y muchas más.

Este artículo está elaborado a partir de referencias genealógicas, datos familiares y los registros parroquiales históricos de Restábal, pendiente siempre de contraste documental en las partidas originales.

🕯️ Primera generación: las primeras huellas Fernández en Restábal

La primera gran pista del apellido aparece muy pronto como segundo apellido.

El registro menciona a:

Juan Esteban Fernández, bautizado el 9 de marzo de 1608, hijo de Alonso Esteban y Jerónima Fernández.

Este dato es muy importante porque una de las primeras presencias Fernández en Restábal llega por una mujer: Jerónima Fernández.

Poco después, en los matrimonios, aparece:

Isabel Fernández, natural de Restábal, casada el 9 de febrero de 1618 con Juan Liñán, también de Restábal.

Aquí ya tenemos dos señales tempranas:

Una Fernández como madre, Jerónima.
Y una Fernández como novia, Isabel.

Esto nos recuerda algo esencial en genealogía: muchas veces los apellidos empiezan a verse primero por las mujeres. Si solo buscamos varones Fernández, se nos escapa el comienzo.

En los primeros entierros también aparecen nombres antiguos. El registro menciona a Fernando Fernández, enterrado el 6 de diciembre de 1632; a Francisca Fernández, casada con Francisco Fernández, enterrada el 14 de noviembre de 1633; y a Magdalena Fernández Chica, enterrada el 21 de diciembre de 1633.

Son nombres tempranos, todavía con pocas filiaciones, pero suficientes para demostrar que el apellido estaba ya presente en Restábal desde el primer tramo del siglo XVII. 📜

🌿 Segunda generación: los primeros Fernández como primer apellido

A partir de 1632, el apellido aparece ya con claridad como primer apellido en los bautismos.

El registro menciona a:

María Fernández Ortega, bautizada el 26 de marzo de 1632, hija de Francisco Fernández e Isabel Ortega.

También aparece:

Tomás Fernández Valencia, bautizado el 21 de abril de 1632, hijo de Andrés Fernández y Francisca Valencia.

Y poco después:

Juan Fernández Martín, bautizado el 6 de febrero de 1633, hijo de Juan Fernández y Damiana Martín.

Estos tres nombres son fundamentales porque nos muestran los primeros Fernández de bautismo con apellido en primer lugar:

Fernández Ortega.
Fernández Valencia.
Fernández Martín.

Son ramas tempranas, anteriores a la gran expansión del apellido en el siglo XVIII.

Junto a ellos aparecen también los primeros Fernández como segundo apellido:

Sebastián Pérez Fernández, bautizado en 1633, hijo de Diego Pérez e Inés Fernández.
Catalina Valencia Fernández, bautizada en 1633, hija de Juan Valencia y Magdalena Fernández.
María Vega Fernández y Pedro Vega Fernández, bautizados en 1634, hijos de Marcos de Vega y Ana Fernández.

Así queda claro que, desde sus primeras huellas, el apellido Fernández avanza por dos vías:

por hombres Fernández que dan el primer apellido,
y por mujeres Fernández que lo transmiten como segundo. 🌸

🌄 Tercera generación: Fernández entre Saleres, Pinos y Restábal

En los matrimonios del siglo XVII aparece una entrada muy interesante:

Francisco Fernández, natural de Pinos del Valle, casado el 28 de marzo de 1632 con María Ortega, natural de Saleres.

Este matrimonio nos abre una clave muy importante:

Los Fernández de Restábal no deben estudiarse solo dentro del pueblo. Hay que mirar también Saleres, Pinos, Melegís y otros lugares cercanos.

En 1669 aparece otro matrimonio:

Antonio Fernández Fernández, de Restábal, hijo de Alonso Fernández y María Fernández, casado con María Romero Gil.

Este dato es llamativo porque el apellido aparece duplicado: Fernández Fernández. Eso suele indicar unión de ramas del mismo apellido o una fuerte concentración familiar.

Poco después aparecen dos matrimonios donde el apellido Fernández entra como memoria materna:

Sebastiana Fernández, hija de Alonso Caballero y Ana Fernández, casada en 1679 con Juan Rodríguez.

Y Luisa Fernández, también hija de Francisco Caballero y Ana Fernández, casada en 1679 con Juan Sánchez Casales, natural de Mellid, en La Coruña.

De esta última unión nacerá Manuel Sánchez Fernández, bautizado en 1680.

Aquí vemos cómo una mujer Fernández lleva el apellido hacia la rama Sánchez.

🌿 Cuarta generación: Juan Fernández Barranco y la rama de Saleres

A comienzos del siglo XVIII aparece una rama fundamental:

Juan Fernández Barranco, natural de Saleres, casado el 30 de noviembre de 1701 con María de la Peña, de Restábal.

En los bautismos, la madre aparece unas veces como María Rodríguez y otras como María de la Peña, lo que conviene tratar con prudencia hasta revisar las partidas originales.

De esta pareja o de esta línea aparecen hijos como:

Antonio Fernández Rodríguez, bautizado en 1702.
Vicenta Fernández Rodríguez, bautizada en 1704.
Francisca Fernández Rodríguez, bautizada en 1706.
Juan Fernández de la Peña, bautizado en 1708.
José Antonio Fernández de la Peña, bautizado en 1711.
Cristóbal Fernández de la Peña, bautizado en 1713.
Nicolás José Fernández de la Peña, bautizado en 1715.
Melchor José Fernández de la Peña, bautizado en 1718.

Esta rama es una de las primeras grandes ramas Fernández del siglo XVIII en Restábal.

Y vuelve a mostrarnos la misma dinámica:

Saleres aporta el tronco masculino.
Restábal recibe la rama.
Los hijos quedan ya inscritos en la memoria parroquial del pueblo. 🌿

🌿 Quinta generación: los Fernández Sánchez

Otra gran rama del siglo XVIII es la formada por:

Antonio Fernández
y
María Sánchez.

De ellos aparecen numerosos hijos Fernández Sánchez:

María Fernández Sánchez, bautizada en 1731.
Josefa Antonia Fernández Sánchez, bautizada en 1733.
Isabel Polonia Fernández Sánchez, bautizada en 1735.
Josefa Teresa Fernández Sánchez, bautizada en 1737.
Baltasar José Fernández Sánchez, bautizado en 1740.
Tomasa Josefa Fernández Sánchez, bautizada en 1742.
Cristóbal Antonio Fernández Sánchez, bautizado en 1743.
Vicente José Fernández Sánchez, bautizado en 1746.
Jerónima Josefa Fernández Sánchez, bautizada en 1750.

Esta rama tuvo continuidad por matrimonio. Por ejemplo:

Cristóbal Fernández Sánchez, de Restábal, se casó el 10 de septiembre de 1768 con Juana Molino Montosa, también de Restábal.

De ahí nacerá la rama Fernández Molino, una de las ramas importantes de la segunda mitad del siglo XVIII.

🌿 Sexta generación: Fernández Fernández, Fernández González y Fernández Molino

En el corazón del siglo XVIII aparecen varias ramas que van ensanchando el apellido.

Una de ellas es la de:

Juan Fernández
y
Agustina Fernández.

De ellos nacen hijos con el apellido duplicado:

Félix José Fernández Fernández, bautizado en 1744.
Félix Juan José Fernández Fernández, bautizado en 1746.
Luis José Fernández Fernández, bautizado en 1749.
Catalina Josefa Fernández Fernández, bautizada en 1751.
María del Carmen Fernández Fernández, bautizada en 1755.
María Francisca Gabriela Librada de las Angustias Fernández Fernández, bautizada en 1757.
María Manuela Fernández Fernández, bautizada en 1759.

Otra rama es la de:

Melchor Fernández
y
Antonia González.

De ellos aparecen:

María Teresa Fernández González, bautizada en 1746.
Gabriel Juan Fernández González, bautizado en 1750.
Gabriela Antonia María Fernández González, bautizada en 1753.
Juan José Fernández González, bautizado en 1757.

Y la rama de Cristóbal Fernández Sánchez y Juana Molino Montosa da lugar a:

Vicente José de San Diego Fernández Molino, bautizado en 1769.
Manuel José María Fernández Molino, bautizado en 1771.
José Antonio Fernández Molino, bautizado en 1773.
María Josefa Fernández Molino, bautizada en 1775.
Juana María Fernández Molino, bautizada en 1778.

Aquí el árbol empieza a hacerse más ancho:

Fernández se une a Sánchez.
Fernández se une a González.
Fernández se une a Molino.
Fernández se une consigo mismo.

Y con cada enlace nace una rama nueva. 🌳

🌿 Séptima generación: Melegís, Morillas y el cambio de siglo

Al final del siglo XVIII aparece una unión muy significativa:

Diego Fernández Molino, natural de Melegís, se casó el 21 de agosto de 1788 con Gabriela Morillas Sánchez, de Restábal.

De esta pareja nacen los Fernández Morillas:

José Antonio Gregorio Ildefonso Raimundo Fernández Morillas, bautizado en 1789.
Josefa Rafaela Ignacia Antonia Fernández Morillas, bautizada en 1791.
Gregorio José Blas Fernández Morillas, bautizado en 1794.
Ignacia Joaquina Fernández Morillas, bautizada en 1797.

Esta rama une Melegís y Restábal, y enlaza a los Fernández con los Morillas, apellido que también había llegado desde fuera y terminó siendo profundamente restableño.

Ya en el inicio del siglo XIX aparece otra pequeña rama:

José Fernández
y
María Martín,

con hijos como:

Juana María Fernández Martín, bautizada en 1805.
José María Fernández Martín, bautizado en 1808.

Y en 1808 aparece otro matrimonio de interés:

Cecilio Fernández Secano, de Granada, parroquia de San Ildefonso, casado con Luisa Vallejo Fernández, de Restábal.

Con él vemos de nuevo cómo el apellido entra y sale del pueblo por distintos caminos.

🌿 Octava generación: Ramón Fernández Martín y los Fernández Maroto

En el siglo XIX aparece una rama muy importante:

Ramón Fernández Martín, de Restábal, hijo de José Fernández y María Martín, se casó el 10 de agosto de 1824 con Francisca Maroto López, de Restábal.

De este matrimonio nacen los Fernández Maroto:

Matías Ramón Fernández Maroto, bautizado en 1825.
Francisca Ramona Fernández Maroto, bautizada en 1827.
Francisco Manuel Fernández Maroto, bautizado en 1829.
María Manuela Juana Sebastiana Fernández Maroto, bautizada en 1832.
Juan Alejo Ramón Fernández Maroto, bautizado en 1835.
María Manuela Ramona Fernández Maroto, bautizada en 1837.
Juan Francisco Ramón Fernández Maroto, bautizado en 1839.
José Ángel Fernández Maroto, bautizado en 1841.

Esta es una de las grandes ramas del siglo XIX.

Y de ella saldrá otra rama muy importante:

Matías Fernández Maroto, casado el 25 de diciembre de 1849 con Antonia Robles, de Nigüelas.

De ese matrimonio nacen los Fernández Robles, una de las ramas más visibles de la segunda mitad del siglo XIX.

🌿 Novena generación: los Fernández Robles

De Matías Fernández Maroto y Antonia Robles aparecen hijos como:

Francisco Antonio Fernández Robles, bautizado en 1850.
Josefa Agustina Fernández Robles, bautizada en 1853.
María Juana Fernández Robles, bautizada en 1856.
Juan de la Purificación Fernández Robles, bautizado en 1860.
Francisca Antonia Patrocinio Fernández Robles, bautizada en 1863.
Lorenzo Sixto Mateo Fernández Robles, bautizado en 1866.
José Ramón María Fernández Robles, bautizado en 1867.

Esta rama se abre después por matrimonios:

Francisco Fernández Robles se casó en 1874 con María de la Encarnación Garnica Maroto.

Juan Fernández Robles se casó en 1885 con Margarita Freire Palma.

Las mujeres Fernández Robles también llevaron el apellido a otras casas:

Josefa Fernández Robles se casó en 1872 con José Márquez Maroto.
María Juana Fernández Robles se casó en 1877 con Francisco Palomino Sánchez.
Francisca Fernández Robles se casó en 1885 con José Maroto Freire.

Así, una rama Fernández termina enlazando con Garnica, Maroto, Freire, Márquez y Palomino.

🌿 Décima generación: Fernández Freire, Fernández Palomino y Fernández Guerrero

En la segunda mitad del siglo XIX, los Fernández se enlazan con tres apellidos fundamentales de Restábal: Freire, Palomino y Guerrero.

Aparece la rama Fernández Freire, con:

José Fernández
y
María Freire.

De esta línea aparece Antonio Fernández Freire, de Restábal, casado el 11 de febrero de 1867 con Francisca Palomino Antón.

De ellos nacen varios Fernández Palomino:

Nicolás Antonio Tesifón Fernández Palomino, bautizado en 1868.
Nicolás Antonio Quintín Fernández Palomino, bautizado en 1870.
Juan Antonio Severiano Fernández Palomino, bautizado en 1873.
José María Julio Fernández Palomino, bautizado en 1876.
María del Carmen Ascensión Antonia Fernández Palomino, bautizada en 1879.
Adelaida Josefa Espectación Fernández Palomino, bautizada en 1881.
Emilia Andrea Fernández Palomino, bautizada en 1884.

También aparece la rama Fernández Guerrero, procedente de:

José Fernández
y
Francisca Guerrero.

De ellos aparecen:

Francisco Antonio Victoria Fernández Guerrero, bautizado en 1866.
Dionisia Domiciana Fernández Guerrero, bautizada en 1869.
Ramón Manuel Plácido Fernández Guerrero, bautizado en 1872.

Más tarde, Francisco Fernández Guerrero se casó en 1890 con María de Gracia Molino Conde, dando lugar a una rama Fernández Molino de mucha presencia en el siglo XX.

🌿 Undécima generación: Fernández Freire Palma y la memoria del siglo XX

Una rama especialmente visible en la memoria reciente es la de:

Juan Fernández Robles, de Restábal,
casado el 9 de agosto de 1885 con
Margarita Freire Palma, también de Restábal.

De ellos aparecen hijos Fernández Freire:

María de los Dolores Bonifacia Fernández Freire, bautizada en 1886.
Josefa María Margarita Fernández Freire, bautizada en 1889.
Josefa Anastasia Fernández Freire, bautizada en 1893.
Ángeles Fernández Freire, bautizada en 1897.
Manuel Fernández Freire, bautizado en 1901.

Esta rama enlaza en el siglo XX con apellidos muy importantes:

Dolores Fernández Freire se casó en 1911 con Serafín Morillas Mingorance.
Josefa Fernández Freire se casó en 1922 con Antonio Márquez Ruiz.
Ángeles Fernández Freire se casó en 1923 con José González Sánchez.

Aquí el apellido Fernández pasa a Morillas, Márquez y González.

Y lo hace a través de mujeres, como tantas veces ocurre en la genealogía de Restábal. 🌸

🌿 Duodécima generación: Fernández Molino y Fernández Conde

Otra rama que llega con fuerza al siglo XX es la de:

Francisco Fernández Guerrero
y
María de Gracia Molino Conde.

De esta unión aparecen hijas Fernández Molino que se casan en la primera mitad del siglo XX:

Teresa Fernández Molino, casada en 1918 con Joaquín Muñoz Ruiz.
Francisca Fernández Molino, casada en 1925 con Antonio Enríquez Vallejo, de Valdemoro.
Marina Fernández Molino, casada en 1929 con Antonio López Carmona, de Talará.
Herminia Fernández Molino, casada en 1931 con Francisco Enríquez Vallejo, de Valdemoro.
Sara Fernández Molino, casada en 1935 con Emilio Maroto Espinar.

También aparece la rama:

Ramón Fernández Guerrero
y
Manuela Conde Ruiz.

De ellos nacen hijos Fernández Conde como:

Aurelia Fernández Conde, casada en 1919 con Francisco Robles Callejón, de Chite.
Gracia Fernández Conde, casada en 1922 con José Ortiz Ortiz.
Francisca Fernández Conde, casada en 1932 con José Antonio López Rica, de Nigüelas.
Francisco Fernández Conde, casado en 1933 con Emilia Domínguez Ortega, de Motril.

Así, las ramas Fernández del siglo XX enlazan Restábal con Chite, Nigüelas, Motril, Talará, Valdemoro y Granada.

El apellido sigue viajando.

🌿 Una rama llegada de Huércal-Overa: Fernández Cano y Palma Freire

En 1905 aparece un enlace muy significativo:

Andrés Fernández Cano, natural de Huércal-Overa, hijo de Patricio Fernández Fernández y Antonia Cano García, se casó con Virtudes Palma Freire, de Restábal.

De este matrimonio aparecen hijos como:

Patricio Cecilio de la Santísima Trinidad Fernández Palma, bautizado en 1906.
Andrés Fernández Palma, bautizado en 1907.
Antonia de la Santísima Trinidad Fernández Palma, bautizada en 1911.

Esta rama es muy interesante porque muestra cómo, incluso en el siglo XX, Restábal seguía recibiendo apellidos y ramas de fuera que se unían a familias del pueblo.

En 1936, Antonia Fernández Palma se casó con Antonio Palma Molina, de Restábal.

Así, una rama llegada desde Almería queda enlazada con los Palma de Restábal.

📊 Presencia del apellido en los registros

La presencia Fernández en los registros históricos de Restábal es notable.

De forma orientativa, el registro menciona más de 120 bautismos con Fernández como primer apellido y otros tantos con Fernández como segundo apellido.

En confirmaciones aparecen también decenas de menciones. En matrimonios, el apellido se repite tanto en novios como en novias, en primer y segundo lugar. Y en defunciones también aparece desde las primeras décadas del siglo XVII.

Estos números no deben entenderse como personas únicas, porque una misma persona puede aparecer bautizada, confirmada, casada y enterrada. Pero sí indican algo claro:

Fernández fue un apellido importante en Restábal, aunque repartido en varias ramas de origen distinto.

No una sola casa.
No una sola línea.
Sino muchas entradas, muchas bodas y muchas ramas. 🌳

💍 Los Fernández en los matrimonios recientes hasta 1971

En el siglo XX, el apellido sigue presente en matrimonios de Restábal.

Como novios Fernández aparecen, entre otros:

Andrés Fernández Cano, casado en 1905 con Virtudes Palma Freire.

Juan Fernández Ramírez, de Saleres, casado en 1905 con Ana Morillas Pozo, de Restábal.

Francisco Fernández Conde, casado en 1933 con Emilia Domínguez Ortega, de Motril.

José Fernández Castillo, casado en 1935 con Francisca Ortega González, de Restábal.

Serafín Fernández Ibáñez, de Dúrcal, casado en 1939 con María de la Gloria Márquez Palomino, de Restábal.

Manuel Fernández Morillas, de Saleres, casado en 1942 con Encarnación Ortega Ortega, de Restábal.

Carlos Fernández Barea, de Granada, casado en 1957 con Natividad Salaverri Ruiz, de Restábal.

Como novias Fernández aparecen, entre otras:

Dolores Fernández Freire, casada en 1911 con Serafín Morillas Mingorance.

Josefa Fernández Freire, casada en 1922 con Antonio Márquez Ruiz.

Ángeles Fernández Freire, casada en 1923 con José González Sánchez.

Francisca Fernández Molino, casada en 1925 con Antonio Enríquez Vallejo.

Marina Fernández Molino, casada en 1929 con Antonio López Carmona, de Talará.

Herminia Fernández Molino, casada en 1931 con Francisco Enríquez Vallejo.

Encarnación Fernández Morillas, casada en 1933 con Manuel Garnica Ortega.

Sara Fernández Molino, casada en 1935 con Emilio Maroto Espinar.

Antonia Fernández Palma, casada en 1936 con Antonio Palma Molina.

Gracia Fernández Maroto, casada en 1964 con Gonzalo Maroto Pérez.

Hasta el final del periodo estudiado, el apellido sigue apareciendo en los matrimonios, unas veces como primer apellido y otras como segundo.

🌸 Los Fernández como segundo apellido

Los Fernández de segundo apellido son esenciales para entender el árbol.

Desde el primer momento aparecen ramas como:

Esteban Fernández, por Jerónima Fernández.
Pérez Fernández, por Inés Fernández.
Valencia Fernández, por Magdalena Fernández.
Vega Fernández, por Ana Fernández.
Rodríguez Fernández, por Sebastiana Fernández.
Sánchez Fernández, por Luisa Fernández.
Flores Fernández, por Luisa Fernández.
Carmona Fernández, por Ana Fernández.
González Fernández, por Vicenta Fernández.
Salazar Fernández, por Isidora Fernández.
Vázquez Fernández, por Rafaela Fernández.
Vallejo Fernández, por María Fernández.
Torres Fernández, por Sebastiana Fernández.

Y en siglos posteriores:

Palomino Fernández.
Márquez Fernández.
Maroto Fernández.
Sánchez Fernández.
Ortega Fernández.
Cabello Fernández.
Prieto Fernández.
Roldán Fernández.

Esto demuestra el papel decisivo de las mujeres Fernández.

Una Fernández que se casaba con un Sánchez dejaba hijos Sánchez Fernández.
Una Fernández que se casaba con un González dejaba hijos González Fernández.
Una Fernández que se casaba con un Vallejo dejaba hijos Vallejo Fernández.
Una Fernández que se casaba con un Palomino dejaba hijos Palomino Fernández.
Una Fernández que se casaba con un Márquez dejaba hijos Márquez Fernández.

Por eso, para seguir bien este apellido, hay que mirar siempre las dos posiciones: primer apellido y segundo apellido.

🧬 Árbol resumido por generaciones

Si tuviéramos que resumir el árbol Fernández de Restábal en grandes generaciones, quedaría así:

En la primera generación documental, a comienzos del siglo XVII, aparecen mujeres como Jerónima Fernández, madre de Juan Esteban Fernández, e Isabel Fernández, casada con Juan Liñán. También aparecen los primeros enterramientos de Fernando, Francisca y Magdalena Fernández.

En la segunda generación, hacia 1632-1634, aparecen los primeros bautismos con Fernández como primer apellido: María Fernández Ortega, Tomás Fernández Valencia y Juan Fernández Martín. Al mismo tiempo, el apellido se extiende como segundo apellido en Pérez Fernández, Valencia Fernández y Vega Fernández.

En la tercera generación, entre 1670 y 1700, aparecen ramas como Fernández Medina, Fernández Teruel, Rodríguez Fernández, Sánchez Fernández y Flores Fernández, muchas de ellas por vía materna.

En la cuarta generación, a comienzos del XVIII, destaca la rama de Juan Fernández Barranco y María de la Peña / Rodríguez, con los Fernández Rodríguez y Fernández de la Peña.

En la quinta generación, entre 1730 y 1750, se consolidan los Fernández Sánchez, hijos de Antonio Fernández y María Sánchez.

En la sexta generación, a mediados del XVIII, aparecen los Fernández Fernández, Fernández González y Fernández Molino.

En la séptima generación, a finales del XVIII, destaca la unión de Diego Fernández Molino, de Melegís, con Gabriela Morillas Sánchez, que da origen a los Fernández Morillas.

En la octava generación, ya en el XIX, toma fuerza la rama de Ramón Fernández Martín y Francisca Maroto López, origen de los Fernández Maroto.

En la novena generación, los Fernández Robles enlazan con Garnica, Maroto, Freire, Márquez y Palomino.

En la décima generación, los Fernández Freire, Fernández Palomino y Fernández Guerrero preparan el paso al siglo XX.

En la undécima generación, las ramas Fernández Freire, Fernández Molino, Fernández Conde y Fernández Palma entran de lleno en la memoria reciente de Restábal.

Y en la duodécima generación, los matrimonios del siglo XX llevan el apellido hacia Morillas, Márquez, González, Enríquez, Maroto, Palma, Garnica, Ortega, Salaverri y otros apellidos del entorno.

✨ Epílogo: un apellido de muchos caminos

Los Fernández de Restábal no forman una sola raíz.

Forman un mapa.

Un mapa que empieza con Jerónima Fernández en 1608.
Continúa con Isabel Fernández en 1618.
Se afirma con María Fernández Ortega, Tomás Fernández Valencia y Juan Fernández Martín en 1632 y 1633.
Se ensancha con los Fernández Rodríguez, Fernández de la Peña, Fernández Sánchez, Fernández Fernández, Fernández González, Fernández Molino.
Cruza Melegís con los Fernández Morillas.
Se une a Maroto con los Fernández Maroto.
Se abre a Robles, Freire, Palomino, Guerrero, Molino, Conde y Palma.
Y llega al siglo XX enlazado con Morillas, Márquez, González, Enríquez, Maroto, Garnica, Ortega, Palma y Salaverri.

Así se cruzan los siglos.

No como una línea recta.
Sino como una red de bodas, bautismos, entierros, segundas familias, mujeres que transmiten el apellido y hombres que llegan de otros pueblos.

Los Fernández de Restábal son eso:

un apellido de caminos.
Un apellido de cruces.
Un apellido que no siempre se ve en primer lugar, pero que aparece una y otra vez sosteniendo ramas familiares del pueblo.

Y por eso merecen estar en esta serie de familias que cruzan los siglos. 🌿

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12 julio 2026

Los Apellidos de los repobladores de Restábal en la memoria parroquial



Geranios en Restábal 

 🌾 Restábal después de los moriscos: los apellidos de los repobladores en la memoria parroquial.


Del padrón de 1579 a la primera vez que cada linaje entra en el libro sacramental.

El 28 de octubre de 1579, reunidos en concejo abierto dentro de la iglesia de Restábal, treinta vecinos aceptaron ante escribano las condiciones del censo perpetuo por el que la Corona les entregaba las haciendas que habían pertenecido a los moriscos expulsados tras la sublevación de 1568. Aquel documento, recogido en el Libro de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal, es la partida de nacimiento administrativa del Restábal repoblado. Entre esos treinta nombres figuran apellidos como Ruiz, Márquez, Sánchez, Salazar, Rodríguez, López, Moya, Ramos, Machuca, Flores, Alfaro, Aragón, Alcázar y Carrillo. 📜


Casi treinta años más tarde, en 1607, el párroco abre el primer libro de bautismos de Restábal. Vale la pena preguntarse cuándo, exactamente, entra cada uno de esos catorce apellidos en la memoria escrita de la parroquia, y hacerlo con la prudencia que exige cualquier trabajo genealógico serio: la coincidencia de un apellido, por sí sola, no demuestra parentesco directo con quien lo llevó en 1579. Dicho esto, el recorrido resulta revelador. 🔍


👶 1607-1610: los primeros años del libro.

El propio primer folio del libro de bautismos ya trae consigo el apellido Ruiz: el 24 de junio de 1607 se bautiza Ana María Ortiz, hija de Simón Ortiz e Isabela Ruiz, en el asiento número uno de todo el libro. Apenas tres semanas después, el 4 de octubre de ese mismo año, aparece Machuca, con el bautismo de Marcos Machuca, hijo de Valeriano Machuca y Marina Cortés —un nombre, el de Valeriano Machuca, que coincide con el del alcalde que gobernaba el concejo de Restábal en 1593 y 1603 según el Libro de Apeo, aunque solo la coincidencia documental, y no una prueba genealógica cerrada, permite sospechar que se trata de la misma persona—. 👨‍👦


El año siguiente trae consigo tres apellidos más. El 4 de octubre de 1608 se bautiza Francisco López, hijo de Pascual López y Catalina Pirusa; el 22 de octubre, Juan Flores, hijo de Juan Flores y Mariana Ruiz —el inicio de una familia que llenará la pila bautismal restabaleña durante todo el siglo—; y el 11 de noviembre, Francisca Alfaro, hija de Bartolomé Alfaro y Ana Hernández, con lo que el apellido Alfaro entra en el libro apenas unos años después de que un Bartolomé de Alfaro apareciera en el Libro de Apeo como vecino "originario de Restábal" y regidor del concejo. En 1609 se suma Aragón, con el bautismo de Cristóbal Aragón, hijo de Diego Aragón y María Ruiz, y en 1610, Ramos, con Salvador Ramos, hijo de Alonso Ramos y Juana Hernández. 🌳


🕰️ De 1612 a 1626: el resto de la primera generación.

El apellido Salazar entra en el libro el 21 de marzo de 1612, con el bautismo de María Ruiz, hija de Hernán Ruiz e Inés Salazar; y Carrillo lo hace más tarde, el 15 de noviembre de 1616, con Catalina Carrillo, hija de Alonso Carrillo y María Morales. A partir de aquí, el rastro se desplaza en parte hacia los libros de matrimonios: el 12 de junio de 1623 se casa Mateo Rodríguez, hijo de Bartolomé Rodríguez, con María Espinosa, marcando la primera aparición documentada del apellido Rodríguez; y el 23 de febrero de 1626 contrae matrimonio Antón Sánchez, natural de Granada y ya vecino de Restábal, con María Álvarez, primera vez que el libro registra el apellido Sánchez. 💍


🌊 Los últimos en llegar al registro: Moya, Márquez y Alcázar.

Los tres apellidos restantes tardan bastante más en dejar constancia escrita. Moya aparece por primera vez el 14 de junio de 1646, con el matrimonio de Isabel Moya y Baltasar Castellanos. Alcázar entra el 15 de mayo de 1651, cuando Juan Alcázar, natural de Saleres, se casa en la iglesia de Restábal con Juana Machuca, hija de un tal Valeriano —de nuevo el eco de aquel apellido fundador—. Y Márquez, pese a ser hoy uno de los apellidos más numerosos de todo el archivo parroquial, no aparece vinculado a Restábal hasta el 13 de julio de 1664, con el bautismo de Matías Peña, hijo de Jacinto Peña y María Márquez; antes de esa fecha, el apellido solo consta en los registros de la vecina Saleres. 🌊


🤍 Una memoria por confirmar, no por dar cerrada.

Todos estos apellidos —Ruiz, Machuca, López, Flores, Alfaro, Aragón, Ramos, Salazar, Carrillo, Rodríguez, Sánchez, Moya, Alcázar y Márquez— coinciden con los de los repobladores que en 1579 recibieron las suertes de tierra de Restábal. Que compartan apellido no basta para afirmar que cada persona bautizada o casada en estos años descienda directamente de aquel repoblador concreto: pudieron llegar por otras vías, formar ramas distintas o simplemente repetir un apellido común en la comarca. Lo que sí puede afirmarse, con la documentación en la mano, es que ninguno de estos catorce apellidos es ajeno al pueblo que se fundó en 1579: todos entran en el libro parroquial dentro de las primeras cuatro o cinco décadas de vida sacramental de Restábal, formando el tejido de nombres sobre el que se construirá, siglo tras siglo, la memoria familiar del lugar. 🕯️


📚 Bibliografía:

Espinar Moreno, M.; González Ramírez, C.; de la Higuera Rodríguez, A.; Concepción Gómez, I. (ed.), El Valle. Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal, Granada, 2006 (ed. digital Digibug, Universidad de Granada, 2022).


Libros parroquiales de bautismos, matrimonios y defunciones de la parroquia de Restábal (1607-1971)


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Los manuscritos de Cútar


 

📜 EL ALFAQUÍ QUE ESCONDIÓ LA MEMORIA

Los manuscritos de Cútar y las bibliotecas perdidas de las alquerías andalusíes

✍️ Por Miguel Ángel Molina Palma

Hay muros que sostienen una casa y muros que sostienen la memoria.

Durante aproximadamente cinco siglos, una antigua vivienda de Cútar, en la Axarquía malagueña, guardó entre sus paredes algo más valioso que un tesoro de monedas. En el interior de un hueco tapiado permanecieron ocultos tres volúmenes escritos en árabe: un antiguo Corán y dos libros vinculados a un alfaquí que había vivido los últimos años del mundo andalusí.

Nadie volvió a abrir aquella pequeña biblioteca.

Pasaron generaciones. Cambiaron los propietarios, la religión, la lengua de los vecinos y el nombre de muchas tierras. La antigua alquería musulmana entró en la Edad Moderna, conoció la conversión forzosa, la persecución de la cultura islámica y la expulsión de sus habitantes moriscos. Pero los libros continuaron allí, encerrados en la oscuridad, esperando unas manos que ya no serían las de su dueño. 🧱📚

El 30 de junio de 2003, durante unas obras realizadas en la vivienda, el muro se abrió y devolvió la memoria que le había sido confiada. Aparecieron tres volúmenes y varios documentos sueltos, todos escritos en lengua árabe. Tras su restauración, quedaron identificados con las signaturas L-14028, L-14029 y L-14030 y pasaron a conservarse en el Archivo Histórico Provincial de Málaga.

No eran solamente manuscritos.

Eran las huellas intelectuales de un hombre que había contemplado cómo desaparecía el mundo al que pertenecía.


🕌 Muhammad al-Ŷayyār, el alfaquí de Cútar

El principal nombre relacionado con los manuscritos es el de Muhammad ibn Alí al-Ŷayyār al-Ansari, alfaquí e imán de la antigua alquería de Cútar.

Un alfaquí no era únicamente un hombre dedicado a la oración. Era un conocedor de la jurisprudencia islámica, alguien capaz de orientar a su comunidad en cuestiones de matrimonio, divorcio, herencias, propiedades, deudas, contratos y conflictos vecinales. En una pequeña alquería podía ejercer como consejero religioso, jurista, maestro, copista y mediador. ⚖️📖

Al-Ŷayyār aparece como un hombre culto, interesado por el derecho, las matemáticas, la astronomía popular, la poesía, los sermones y las creencias de su tiempo. Había sufrido cautiverio en Sevilla y trabajado como copista antes de llegar a Cútar, donde ejerció como alfaquí e imán. Los estudios de María Isabel Calero Secall han permitido reconstruir parcialmente su trayectoria a partir de las anotaciones conservadas en los propios manuscritos.

Su biblioteca no tenía la grandeza de los fondos palatinos de Granada ni la extensión de las grandes colecciones jurídicas de Córdoba, Sevilla o Fez. Era, probablemente, una biblioteca de uso cotidiano: libros abiertos muchas veces, consultados para resolver problemas, copiados con paciencia y completados con notas personales.

Y precisamente por eso resulta tan extraordinaria.

No pertenecía a un rey.

Pertenecía a un hombre que trabajaba entre campesinos, familias, pequeños propietarios y vecinos de una alquería rural. 🌿


📕 Un Corán que ya era antiguo

El primero de los volúmenes, conservado con la signatura L-14028, es un Corán incompleto copiado sobre pergamino, posiblemente entre las últimas décadas del siglo XII y los primeros años del XIII, durante la época almohade.

Cuando fue ocultado, aquel libro sagrado ya podía tener unos trescientos años de antigüedad.

Sus páginas fueron escritas con tintas de diferentes colores y decoradas con elementos destinados a señalar las azoras y las aleyas. El Archivo Histórico Provincial de Málaga lo describe como un manuscrito sobre pergamino, miniado y conservado en buenas condiciones, pese al tiempo transcurrido tras el muro. La Junta de Andalucía publicó una edición facsímil en 2009.

No sabemos con certeza cómo llegó a manos de al-Ŷayyār.

Pudo ser una herencia transmitida durante generaciones, un libro familiar salvado una y otra vez. También pudo pertenecer a la mezquita de Cútar y quedar bajo la responsabilidad de su imán cuando el culto islámico empezó a ser perseguido. Ambas posibilidades han sido planteadas por los investigadores, pero ninguna puede darse por demostrada definitivamente.

Quizá aquel Corán había acompañado las oraciones de padres, abuelos y bisabuelos.

Quizá había descansado sobre un atril de madera mientras una comunidad entera escuchaba sus versículos.

Quizá al-Ŷayyār supo que no estaba escondiendo únicamente un libro, sino una cadena de voces antiguas que podía desaparecer para siempre. 🌙


⚖️ El libro de trabajo del alfaquí

El manuscrito L-14029 era una herramienta profesional.

Sus páginas reúnen copias completas o parciales de obras de consulta utilizadas por un alfaquí para aclarar los casos que llegaban hasta él. Contiene materiales relacionados con el derecho islámico, las herencias, los matrimonios, los cálculos y otras cuestiones prácticas. La Universidad de Málaga lo define como una especie de obra de cabecera a la que el jurista podía acudir para resolver dudas propias de su trabajo.

Entre sus folios aparecen asuntos que nos acercan a la vida real de la alquería:

Un reparto de tierras.

Una herencia disputada.

Un matrimonio.

Una separación.

Un desacuerdo entre vecinos.

El cálculo de una cantidad.

La determinación de una fecha religiosa.

Incluso se conserva una tabla de multiplicar, reflejo de la necesidad de dominar las operaciones matemáticas para repartir bienes, calcular derechos sucesorios y resolver obligaciones económicas. También aparecen casos relacionados con mujeres que recurrieron al alfaquí para ordenar o romper sus vínculos matrimoniales.

Aquellas páginas nos permiten contemplar una sociedad andalusí que no estaba formada únicamente por emires, guerreros, poetas cortesanos y grandes sabios.

Estaba formada también por viudas que reclamaban una herencia, matrimonios que se separaban, campesinos que discutían por una tierra, padres preocupados por el futuro de sus hijos y vecinos que necesitaban que alguien interpretara la ley.

El manuscrito convierte al alfaquí en una figura cercana: el hombre al que se acudía cuando la convivencia se quebraba o cuando una familia necesitaba poner orden en sus bienes.


🌙 El libro más íntimo

El volumen L-14030 parece penetrar todavía más profundamente en la personalidad y en las inquietudes de su propietario.

No es solamente un manual jurídico. Contiene poemas, sermones, tradiciones religiosas, textos de magia, capítulos sobre astronomía popular, creencias protectoras y noticias relacionadas con los acontecimientos históricos que sacudieron el reino de Granada.

En sus páginas convivían la religión y la poesía, la norma jurídica y el temor, la observación de los astros y la incertidumbre ante el porvenir.

Uno de sus textos más destacados es una moaxaja de contenido apocalíptico, copiada por Muhammad ibn Alí al-Ansari y atribuida a un poeta ciego perteneciente a la tribu bereber de los Zuwawa. El poema fue estudiado por Carmen Barceló y Ana Labarta.

También aparecen composiciones relacionadas con la pérdida de al-Ándalus y noticias que afectaron directamente al alfaquí: la conquista cristiana de Granada, la caída de Vélez-Málaga y el terremoto de 1494, que provocó graves daños en la ciudad de Málaga.

Al-Ŷayyār no escribió una gran crónica oficial.

No narró ceremonias palaciegas ni campañas militares con el lenguaje solemne de los historiadores de corte.

Anotó aquello que llegaba hasta su pequeña alquería y alteraba la vida de sus habitantes. Registró el temblor de la tierra, la caída de las ciudades, las preocupaciones religiosas y los presagios de un tiempo que parecía aproximarse a su final.

Su libro personal era una ventana abierta sobre un mundo que se estaba cerrando. 🌒


🧱 ¿Por qué escondió los manuscritos?

La respuesta más honesta es que no podemos saberlo con absoluta certeza.

Los libros no contienen una declaración en la que al-Ŷayyār explique por qué los emparedó. Sin embargo, las circunstancias históricas permiten construir una interpretación muy verosímil.

Tras la conquista cristiana del reino de Granada, las condiciones que habían permitido inicialmente la permanencia de la religión islámica fueron desapareciendo. A finales del siglo XV y comienzos del XVI aumentaron las presiones para que los musulmanes se convirtieran al cristianismo. La posesión de libros religiosos islámicos comenzó a representar un peligro.

Las últimas anotaciones de los manuscritos se sitúan en torno al año 1500. Por ello se considera probable que los libros fueran ocultados durante aquella etapa de conversiones forzosas, prohibiciones y temor. El alfaquí pudo esconderlos antes de abandonar Cútar, confiando en regresar algún día para recuperarlos.

La pared no habría sido concebida como una tumba.

Habría sido concebida como un refugio.

Quien cerró el hueco quizá pensó que volvería al cabo de algunos meses. Tal vez esperaba que la persecución terminara, que la situación política cambiara o que algún familiar pudiera recuperar los libros.

Pero nadie regresó.

El escondite temporal se convirtió en una espera de cinco siglos.


🔥 Las bibliotecas que no sobrevivieron

Los manuscritos de Cútar son extraordinarios porque sobrevivieron.

Pero su conservación nos obliga a preguntarnos cuántas bibliotecas semejantes desaparecieron.

¿Cuántos alfaquíes guardaban libros de jurisprudencia en las alquerías del reino de Granada?

¿Cuántas mezquitas poseían ejemplares del Corán, colecciones de sermones, tratados religiosos o cuadernos utilizados para enseñar a leer?

¿Cuántas familias conservaron poesías, oraciones, contratos, genealogías o recetas medicinales?

¿Cuántos manuscritos fueron quemados?

¿Cuántos acompañaron a sus propietarios en el exilio?

¿Cuántos fueron ocultados en paredes, techumbres, cuevas o tinajas y todavía no han sido encontrados? 🔥📜

Las grandes bibliotecas de al-Ándalus han ocupado un lugar destacado en la memoria histórica. Sin embargo, junto a ellas existieron pequeñas colecciones rurales, modestas y funcionales, pertenecientes a juristas, maestros, imanes, escribanos, comerciantes y familias.

La biblioteca de Cútar demuestra que el conocimiento no residía únicamente en las ciudades.

También circulaba por las alquerías.

Viajaba en manos de copistas.

Se guardaba en cofres.

Se copiaba sobre papel.

Se comentaba en las mezquitas.

Servía para resolver una herencia, calcular un reparto, preparar un sermón, fijar una fecha o consolar a una comunidad que veía desaparecer su mundo.


🌿 De Cútar al Valle de Lecrín

Cútar pertenecía a la antigua taha de Comares, en la Axarquía malagueña. Las alquerías del Valle de Lecrín se organizaban en otras demarcaciones, pero compartían numerosos elementos sociales, agrícolas y religiosos: mezquitas, rábitas, bienes habices, hornos, acequias, alfaquíes, escribanos y tierras cultivadas por comunidades musulmanas.

Los Libros de Habices del Valle nos hablan de propiedades vinculadas a mezquitas y rábitas: hazas, olivares, morales, hornos, casas, tiendas y cementerios. Los Libros de Apeo y Repartimiento muestran posteriormente las casas y tierras que quedaron vacías, fueron medidas y terminaron entregándose a nuevos pobladores.

Pero entre ambos mundos existe una ausencia.

Los libros personales.

Los cuadernos de los alfaquíes.

Los coranes de las mezquitas.

Los formularios jurídicos.

Los poemas.

Las anotaciones familiares.

Los textos que pudieron circular por Melegís, Restábal, Béznar, Pinos del Valle, Dúrcal, Nigüelas, Chite, Talará o Ízbor antes de que sus mezquitas fueran transformadas en iglesias. 🕌➡️⛪

No podemos afirmar que en estos pueblos existieran bibliotecas idénticas a la de Cútar, porque los documentos no se han conservado. Pero el hallazgo malagueño demuestra que una pequeña alquería rural podía contar con un alfaquí culto y con libros dedicados al derecho, la religión, la poesía, las matemáticas y la astronomía popular.

Cútar nos proporciona así una imagen posible de aquello que el Valle de Lecrín perdió.

Los habices nos dejaron la tierra.

Los apeos nos dejaron los nombres de quienes llegaron después.

Los manuscritos de Cútar nos permiten imaginar la voz interior de quienes se marcharon.


🕯️ Una memoria que se negó a desaparecer

El alfaquí cerró el muro, pero no pudo cerrar la historia.

Sus libros quedaron en silencio mientras fuera cambiaba el mundo. La casa envejeció. La lengua árabe dejó de escucharse en las calles. La mezquita desapareció o se transformó. Los descendientes de la antigua comunidad fueron dispersados.

Sin embargo, la tinta sobrevivió.

Sobrevivieron los problemas jurídicos de los vecinos.

Sobrevivieron los cálculos.

Sobrevivieron los sermones.

Sobrevivieron los poemas que lloraban la pérdida de al-Ándalus.

Sobrevivió el viejo Corán que alguien había copiado siglos antes con paciencia y colores.

Y sobrevivió, sobre todo, el gesto humano de quien se negó a destruir sus libros. 🤲📚

Tal vez Muhammad al-Ŷayyār supiera que no volvería.

Tal vez comprendiera que su tiempo había terminado.

Pero ocultar aquellos manuscritos fue una forma de esperanza. Fue confiar la palabra a la piedra. Pedirle a un muro que custodiara la memoria cuando los hombres ya no podían hacerlo.

Cinco siglos después, el muro cumplió su promesa.

Y al abrirse, no devolvió solamente tres libros.

Devolvió la voz de una alquería andalusí.


📚 Bibliografía

Calero Secall, María Isabel (2006): «Los manuscritos árabes de Málaga: los libros de un alfaquí de Cútar del siglo XV», en María Jesús Viguera Molins y Concepción Castillo Castillo (eds.), Los manuscritos árabes en España y Marruecos. Homenaje de Granada y Fez a Ibn Jaldún. Granada, pp. 151-174.

Calero Secall, María Isabel (2008): «Muhammad al-Yayyar, un alfaquí a través de los manuscritos de Cútar», en Ana Echevarría Arsuaga (coord.), Biografías mudéjares o la experiencia de ser minoría: biografías islámicas en la España cristiana. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, pp. 385-416.

Calero Secall, María Isabel; Cruces Blanco, Esther; Díaz Sánchez, Ana María; y González García, Sonsoles (2016): Los manuscritos nazaríes de Cútar (Málaga). Documentos y estudios. Málaga, Universidad de Málaga, 512 pp.














Viguera Molins, María Jesús; Calero Secall, María Isabel; Espejo Arias, Teresa; y Arias Torres, Juan Pablo (2009): El Corán de Cútar. Sevilla, Junta de Andalucía y Fundación Tres Culturas del Mediterráneo, 2 vols.

Barceló, Carmen, y Labarta, Ana: «Tawq al-Hamama: un muwassah apocalíptico», en Traducir el mundo árabe. Homenaje a Leonor Martínez Martín, pp. 93-131.

Archivo Histórico Provincial de Málaga (2016): «Algunos documentos en árabe del Archivo Histórico Provincial», Documento del Mes, Junta de Andalucía.

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