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17 septiembre 2026

Pregón Fiestas de Saleres 2019 de Joaquín García

Procesión de las Fiestas de Saleres 

 

Buenas noches salereñ@s.

Comparto con vosotros este pregón que ha hecho mi padre Joaquín García.

Entrañable descripción de lo que eran las fiestas de antaño en Saleres desde la mirada de una generación que guarda tan bellos recuerdos de lo que fue el pueblo años atrás.


PREGÓN DE FIESTAS 2019


Parece un contrasentido que en los tiempos que estamos, invadidos por esta tecnología, que hace llegar las noticias antes incluso de que se confirmen, exista la figura de pregon de fiestas.

Todos sabemos lo que es pregonar y si alguien no lo sabe decimos  que es publicar en voz alta una noticia o un hecho para que sea conocido por todos.

Ese era antiguamente el trabajo del pregonero que normalmente era el aguacil, empleado público, que iba por el pueblo con una trompetilla y despues de sonarla varias veces anunciaba en voz alta lo que se quería hacer o saber a la población. Algunas veces  no se entendía ni lo que decía pero por boca a boca los vecinos se lo comunicaban.

En Saleres también al  alguacil de turno le tocaba esta misión y los avisos más comunes eran anunciar que se podía ir a la sierra a coger esparto, que venía el veterinario a vacunar a los perros, que estaba el recaudador de la contribución cobrando, que había alguna reunión de los regantes, el fallecimiento de alguna persona, aunque esto  también se sabía por el  doblar de las campanas y un etc. de avisos.

 Ahora nos ocupa por este medio el anuncio de las fiestas, que no su programa.

Fuí pregonero de las fiestas de 2005 y en aquella ocasión me acompañó mi querida esposa Concha, entusiasta de las fiestas de su pueblo, y fallecida hace año y medio ahora. También hoy su espíritu participará con la alegría que la caracterizaba. Haremos una semblanza del por qué de las fiestas, sus orígenes y costumbres, sobre todo en este querido pueblo de Saleres.


El origen de las fiestas, como en tantos otros sitios, está en el culto a las imágenes de los Santos como parte religiosa y en la celebración de ferias como la parte lúdica del evento; feria de ganado, artesanía, productos de la tierra y mercados de trueque y cambio de toda clase de objetos, competiciones deportivas y culturales, cucañas y juegos infantiles, comilonas, columpios, casetas de feria, fuegos artificiales, verbenas adonde se buscaban y se consolidaban muchos amoríos.

 Por descontado las cervecitas de barra que no pasándose alegran de lo lindo.

 Las fechas en que se celebran las fiestas no tienen coincidencia con la festividad de los santos en cuyo honor se celebran pues no son ni el día de Santiago ni de la Virgen ni del Corazón de Jesús, pero ellos no  se enfadan y luego aparte cada uno tiene su día.

 El escoger el final del verano y principio de otoño es porque la población eminentemente agrícola, regresaba de sus campañas de trabajo en otras latitudes, es decir, en las cañas de la costa y de la siega de algunos cortijos a los que acudían o a las manzanas y vendimias de otros lugares. También porque había más dinerillo de las cosechas.

 Los encargados de proyectar y de preparar las fiestas eran y son parte de los mayordomos, que fijan una aportación para costearlas y en tiempo atrás había la costumbre de estar pidiendo todo el año para no estar agobiados al final. También se aportaba el importe de la rifa del borrego de la Virgen.


 Como el Ayuntamiento, que colabora en algo, no puede costear las fiestas, supongo por no tener esa partida en el presupuesto, tiene que ser el pueblo el que las costea y es dificil hoy por la poca entidad de población que tenemos. Así que a nadie le pese rasgarse el bolsillo para que no se pierdan nuestras más rancias costumbres.

 Los días previos, cuando se van acercando las fechas de final de octubre renace la incertidumbre de si podrá haber fiestas y lanzados a la lucha de la economía los mayordomos casa por casa van recaudando lo que la voluntad de cada uno tiene y quiere dar.

 En el pasado cuando Saleres tenía unos seiscientos habitantes, carente de medios y servicios y ni siquiera una carretera por donde llegar se  celebraban unas fiestas estupendas, llenas de colorido, de ilusión y de alegría. Así hay que celebrar éstas también.

 Era común ver a las mujeres, pañuelo en la cabeza, encalando sus fachadas y adornando sus casas como mejor se podía. Esperaban la llegada de familiares y amigos que acudían a las fiestas desde distintos puntos de España y del extranjero, haciendo largos viajes para ver a los suyos  y cumplir con las mandas de tirar una traca por Santiago  o  con alguna promesa  por los favores recibidos  bajo el amparo de los santos.

 La tradición nos enseña que normalmente las fiestas van ligadas  a los santos con las celebraciones religiosas y los actos públicos, reseñados, animadas siempre por la actuación de la banda de música con sus pasacalles, conciertos y acompañamiento de las imágenes  en su recorrido procesional,majestuoso, por las intrincadas calles, con mucho respeto, dando muestras del saber estar de las gentes de este pueblo.

Las veladas van a cargo de conjuntos musicales, barra de por medio para apagar la sed y el baile correspondiente que antiguamente era con la música tradicional.

Las madres rodeaban el entorno de la plaza sentadas en sus sillas viendo a sus hijas o vigilando con quien bailaban y también para  arrancarse con los pasodobles con sus maridos de vez en cuando. El repique de campanas, el estruendo de los cohetes y el ir y venir de la chiquillería a las casetas, con sus petardos, los saludos y regocijo de los encuentros de personas que llevan tiempo sin verse hacen bullir un gusanillo en el fondo de los corazones que llenan de alegría y traen a la mente muchos recuerdos  de personas y hechos de otros tiempos, siempre hay algo nuevo que contar. Esta alteración del ritmo de vida estaba presente  en los días previos a la fiesta.

Un tufillo de dulces y guisos caseros se esparce por todo el pueblo y no podian faltar los pestiños y los roscos y el sacrificio de algún choto o gallo de corral para llenar las sartenes.

Esta es la predisposición para pasarlo bien.

 Como se mezclan las costumbres de ahora y de otros tiempos hay que contar que la gente, en especial las mocitas estrenaban sus vestidos y sus mejores galas, incluidos los bordados de la ropa interior para estar aún más guapas, que ya lo eran, y los hombres sus camisas blancas y sus alpargatas nuevas que bailaban mejor que con zapatos. Por las costumbres de la época para tratarse hombres y mujeres se vivía con la esperanza de que en las fiestas y por medio del baile se encontraba la ocasión  de acercamiento  para conversar  y expresar los más nobles sentimientos y de ahí nacían  muchas parejas para toda la vida.


 Siempre había unos personajes tan singulares, hoy desaparecidos,  que con su buen hacer eran la alegía de chicos y mayores. Naturalmente que se han perdido muchas costumbres y se han introducido otras actividades que van con los tiempos. Había mayordomas de la Virgen  y mayordomos de Santiago que alternaban la petición de casa por casa durante todo el año y es curioso que se hablaban de usted para el resto de sus  vidas. La rifa del borrego, personajes que trotaban con las ruedas del castillo detras del público, dichos y refranes ocurrentes, el tiro al gallo,  algo cruel por ahora, corrida de cintas en burro y a caballo, rotura de pipotes y otras cucañas. Imprescindible la figura de los turroneros y puestos de dulces.

 Para las misas se traian predicadores para la homilía, los amaneceres con el rosario de la aurora en el que participaba todo el pueblo rezando con mucho respeto y con cánticos religiosos que se mezclaban con los trinos de los ruiseñores del río y los mirlos de los naranjales.

Se pedía mucho por algo que hoy también hace mucha falta, la lluvia, y un año llovió y se alargaronn las fiestas por varios dias mas.

Quedan muchas cosas por contar pero para no cansar diremos que a pesar de la poca entidad de población que tiene Saleres, en estos días hay que llenarlo para  honrar a sus patronos, darles sus vivas y convivir con las familiias y amigos con alegría. Invitados quedais para que participeis en todas las actividades programadas. ( María del Mar García)

07 mayo 2026

Comentando el Pregón de Antonio Morillas Freire de Melegís


 🎙️🌿 “EN LA TORRE DE MELEGÍS”

El pregón que convirtió la memoria de un pueblo en poesía viva 🌿🎙️

La noche del 15 de junio de 2018 quedó grabada para siempre en la memoria cultural de Melegís. Bajo la mirada serena de la torre de la iglesia y en la emblemática Puerta de la Iglesia, Antonio Morillas Freire pronunció un pregón diferente, profundamente literario, humano y valiente. No fue solamente el inicio de unas fiestas patronales. Fue una declaración de amor al pueblo, a sus raíces, a sus gentes y a la libertad de pensar y sentir. 

📖 Aquel pregón, titulado “En la torre de Melegís”, se convirtió en una obra poética llena de referencias históricas, costumbristas y emocionales. Antonio Morillas Freire no se limitó a hablar de las fiestas de San Antonio. Construyó un retrato completo del alma melegileña, mezclando versos populares, reflexión social, recuerdos familiares y defensa del patrimonio cultural y humano del Valle de Lecrín. 

✨ Desde el comienzo, el pregonero mostró humildad y gratitud hacia el pueblo y hacia quienes antes habían ocupado aquel honor. En sus versos aparecía el Melegís trabajador, el de las eras, los bancales y las acequias; el Melegís agrícola que abría besanas con el arado y aventaba la parva bajo el sol. 

🌙 La plaza triangular iluminada por antorchas, la torre recortándose sobre la noche y San Antonio observando desde sus andas crearon una escena casi teatral y mágica. Todo el pregón estaba concebido como una experiencia estética completa: música, iluminación, campanas, fotografías, imágenes y hasta efectos pirotécnicos acompañaban la palabra del pregonero. 

💚 Antonio Morillas habló de un Melegís abierto, diverso y libre. Defendió la igualdad y el respeto entre las personas, reivindicó la libertad de expresión como derecho fundamental y criticó cualquier forma de intolerancia o discriminación. Sus palabras tuvieron momentos de gran profundidad social y humana, algo poco habitual en un pregón festivo. 

🌾 El pregón también fue una geografía sentimental del pueblo. Desfilaron por sus versos caminos, fuentes, barrancos y pagos de Melegís: El Fontín, La Casilla, Madrisalen, Alfondón, Frontilas, El Jauz o La Capellanía. Aquellos nombres no eran simples lugares; eran memoria viva, identidad y pertenencia. 

🏺 Hubo espacio incluso para recordar el origen antiguo del pueblo, remontándose al Neolítico y a la herencia andalusí de Milisis, evocando alfaquíes, alquerías y el pasado morisco del Valle de Lecrín. 

🔔 Uno de los momentos más bellos del pregón fue la exaltación de la torre de Melegís como símbolo del pueblo. Antonio Morillas la describió como un faro entre huertas, una “virguería” levantada por carpinteros, alarifes y canteros, convertida en emblema sentimental y arquitectónico del paisaje melegileño. 

🍋 También hubo sabor a pueblo y cocina tradicional: el choto al ajillo, la alboronía, el remojón, los pestiños, los buñuelos y el aceite de lechín aparecieron como parte esencial de la cultura popular de Melegís. Porque un pueblo también se recuerda por sus aromas y sus sabores. 

💧 Especial emoción transmitieron sus palabras sobre el agua, las acequias y la naturaleza. Antonio Morillas defendió el regreso del agua limpia a los ríos y denunció el daño causado al entubar las acequias, conectando así el pregón con la conciencia ecológica y patrimonial del Valle. 

🎆 El final fue apoteósico: un estruendo pirotécnico iluminó la torre mientras resonaba el grito de:

👉 “¡Viva Melegís!” 👏🔔 

Aquel pregón no fue solamente literatura oral. Fue memoria colectiva, identidad del Valle, reivindicación cultural y amor profundo por un pueblo pequeño en tamaño, pero inmenso en alma.

🌿 Porque hay pregones que inauguran unas fiestas…

y otros que permanecen durante años latiendo en la memoria de quienes los escucharon.


🔔🌿 “LAS VOCES QUE HABITAN LA TORRE”

Comentando y relatando el pregón de Antonio Morillas Freire sobre el alma humana de Melegís 🌿🔔

Hay pueblos donde las casas hablan.

Y luego está Melegís… donde también hablan las campanas, las fuentes, los caminos y hasta las sombras de quienes ya no están.

Cuando Antonio Morillas Freire levantó su voz aquella noche de junio de 2018 bajo la torre de la iglesia, no estaba pronunciando únicamente un pregón festivo. Estaba despertando las voces dormidas de un pueblo entero. Voces humildes, populares, campesinas y familiares que aún siguen flotando entre las calles encaladas del Valle de Lecrín.

✨ Porque Melegís no es solamente un lugar.

Es una suma de personas.

👵👴 Personas que dejaron su huella sin aparecer jamás en los libros importantes de la historia, pero que construyeron la verdadera grandeza del pueblo con sus manos, su esfuerzo y su dignidad cotidiana.

Por eso el pregonero quiso nombrar a tantos vecinos y apodos populares: Morogato, Padial, Illos, Chirimones, Bomba, Cascola, la Herradora… nombres que para un forastero podrían sonar extraños, pero que para Melegís son pequeñas piedras sagradas de la memoria colectiva. 🏡💚

Porque los pueblos viven mientras alguien siga pronunciando los nombres de quienes los habitaron.

🌾 El pregón recordaba a esa gente sencilla que madrugaba para trabajar en el campo, a quienes iban con bestias y aperos por las vereas, a quienes conocían el lenguaje de la lluvia, de los olivos y de las estaciones.

Era un homenaje a la humanidad silenciosa de los pueblos.

A las mujeres que sostuvieron familias enteras.

A los emigrantes que tuvieron que marcharse.

A los abuelos que enseñaban sin necesidad de libros.

A quienes regresaban en fiestas buscando abrazos pendientes. 🤲✨

💔 También aparecía la nostalgia.

La emoción de quienes crecieron escuchando historias al fresco de las puertas, jugando en las plazas o persiguiéndose entre acequias y eras.

Antonio Morillas hablaba de juegos antiguos como las bolas, el pañuelo, la piola o las monedas en Navidad. Juegos humildes que hoy parecen insignificantes, pero que en realidad eran pequeñas escuelas de convivencia y felicidad. ⚽🎲

Porque antes los pueblos tenían menos cosas…

pero quizá tenían más tiempo para vivir.

🍲 Y entonces llegaba la cocina.

No como lujo, sino como identidad.

En Melegís la gastronomía siempre fue reunión, afecto y supervivencia. El pregón olía a choto al ajillo, a alboronía, a remojón, a conejo, a buñuelos y a pestiños recién hechos por San Antonio. También olía al aceite de lechín, a los bizcochos caseros y al tocino de cielo que esperaba a los niños en las fiestas. 🍋🥘🍷

Cada plato era una historia familiar.

Cada receta, una herencia transmitida de generación en generación.

Y quizá por eso la cocina tradicional del Valle sabe a infancia, a madre y a hogar.

🔔 Pero si hubo una gran protagonista en aquel pregón fue la torre de Melegís.

La torre no aparecía solamente como un edificio. Antonio Morillas la convirtió en un símbolo emocional y casi espiritual del pueblo.

Desde lejos, emerge entre huertas y tejados como una vigía antigua. Sus ladrillos, azulejos y campanas resumen siglos enteros de historia popular.

La torre ha visto guerras, bodas, entierros, emigraciones y regresos.

Ha escuchado promesas, llantos y canciones.

Y sigue ahí, inmóvil y serena, viendo pasar generaciones bajo su sombra.

✨ El pregonero hablaba de su azulejería celeste, de los alarifes y carpinteros que la levantaron y hasta de las mujeres vinculadas a aquel patrimonio silencioso. Porque también quiso reivindicar la igualdad y el papel femenino dentro de la memoria de los pueblos.

No era casualidad.

Antonio Morillas defendía un Melegís abierto, humano y libre. Un pueblo donde la diversidad no fuera motivo de rechazo, sino de respeto. Habló de igualdad, de identidad y de libertad de expresión con una valentía poco frecuente en un pregón tradicional. 🌈🤝

Porque amaba profundamente su tierra…

pero sin cerrar los ojos a los problemas del presente.

💧 También denunció el daño causado al entubar acequias y esconder el agua. Para él, un pueblo sin agua visible pierde parte de su alma. Y tenía razón.

Las acequias son la música secreta del Valle de Lecrín.

Sin ellas, el paisaje se queda mudo.

🌍 En muchos momentos, el pregón parecía una conversación íntima entre pasado y futuro.

Había recuerdos familiares, menciones a sus propios orígenes y evocaciones de generaciones anteriores. Su voz sonaba como la de alguien que sabe que pertenece a una cadena antigua y que tiene la obligación moral de no dejar que se rompa.

Por eso hablaba de paz, de convivencia y de humanidad.

“No más guerras”, recordaba la enseñanza heredada de su padre.

Y en un mundo lleno de prisas y enfrentamientos, aquellas palabras pronunciadas en una plaza de pueblo sonaban más importantes que nunca.

🌿 Porque quizá los pueblos pequeños todavía conservan algo que las grandes ciudades están olvidando:

la capacidad de mirarse a los ojos.

✨ Al terminar el pregón, los cohetes iluminaron la torre y las campanas repicaron sobre la noche de junio.

Y durante unos segundos, Melegís entero pareció latir al mismo tiempo.

Como si todas las generaciones del pueblo —las presentes y las ausentes— hubieran acudido juntas a escuchar aquellas palabras.

🔔🌙💚

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06 mayo 2026

Pregón Día del Libro 📖 por Miguel Ángel Molina Palma


 PREGÓN DlA DEL LIBRO 30 de abril de 2026 en Talará (Lecrín), escrito y pronunciado por Miguel Ángel Molina Palma.  En la Casa de la Cultura de Talará.


Queridas alumnas y alumnos, profesoras y profesores, vecinos y vecinas del Valle, representantes de nuestras instituciones, amigos todos:

Buenas tardes.

Hoy no estamos aquí solo para celebrar el Día del Libro.

Hoy estamos aquí para celebrar algo mucho más profundo: la memoria viva de un pueblo que aprende, que recuerda y que sigue caminando unido a través del tiempo.

En este rincón privilegiado del mundo que es el Valle de Lecrín —donde la luz se posa con suavidad sobre los naranjos y el rumor del agua acompaña nuestros días— la cultura no es una palabra abstracta. Es una forma de vivir.

Es la conversación en la plaza.

Es la historia contada al caer la tarde.

Es el respeto por quienes nos precedieron.

Es el deseo de seguir aprendiendo, incluso cuando los años han enseñado ya tantas lecciones.

Las Escuelas de Adultos del Valle son, en realidad, hogares de esperanza.

Son lugares donde cada persona que cruza la puerta trae consigo una historia, una ilusión, una pregunta… y encuentra algo muy valioso: compañía en el camino del conocimiento.

Aquí se demuestra que aprender no tiene edad.

Que la curiosidad no se jubila.

Que la mente sigue floreciendo como nuestros campos en primavera.


Permitidme que exprese un agradecimiento sincero al profesorado, a quienes coordinan y organizan, al Ayuntamiento de Lecrín que hoy nos acoge, y a todas las personas que, con trabajo discreto y generoso, hacen posible que la educación permanente siga siendo una realidad en nuestros pueblos.

Porque educar es sembrar futuro.

Y vosotros sois sembradores silenciosos.

Hoy hemos recorrido lugares que guardan siglos de historia: iglesias, caminos, lavaderos, rincones donde el tiempo parece detenerse. Cada piedra nos habla, cada paisaje nos recuerda que pertenecemos a una tierra que ha sabido resistir, adaptarse y seguir adelante.

El Valle de Lecrín no es solo un territorio.

Es una emoción compartida.

Es el eco de las acequias que bajan desde la sierra.

Es el olor a azahar en las tardes de primavera.

Es la memoria de quienes trabajaron la tierra con esfuerzo y dignidad.

Es la voz de quienes emigraron llevando el Valle en el corazón.

Es la alegría de las fiestas y el silencio de los inviernos.

Y en medio de todo ello está la palabra.

La palabra escrita en los libros.

La palabra dicha en las aulas.

La palabra que une generaciones.


Hoy celebramos los libros porque los libros nos permiten comprender quiénes somos. Pero también porque nos recuerdan algo esencial: cada vida es un relato único, irrepetible y valioso.

Cuántas historias habitan entre vosotros.

Cuántos recuerdos que merecen ser contados.

Cuántas experiencias que son, en sí mismas, páginas de sabiduría.

Nunca penséis que vuestra historia es pequeña.

La historia de una persona es siempre un tesoro para su comunidad.

Las Escuelas de Adultos son lugares donde ese tesoro se comparte, se enriquece y se transmite.

Son espacios donde se aprende a leer… y a mirarse con nuevos ojos.

Donde se aprende a escribir… y a escribir también el propio destino.

Donde se aprende a convivir… y a reconocernos en los demás.

En un mundo que cambia con rapidez, vosotros sois un ejemplo luminoso.

Ejemplo de esfuerzo.

Ejemplo de humildad.

Ejemplo de amor por el saber.

Ejemplo de que nunca dejamos de ser aprendices de la vida.

Hoy, en este encuentro, sentimos que el Valle late con fuerza.

Late en las voces que leen.

Late en la música que suena.

Late en las conversaciones que se cruzan.

Late en la alegría de sabernos parte de algo común.

Permitidme compartir un pensamiento sencillo:

Un pueblo que lee es un pueblo que piensa.

Un pueblo que recuerda es un pueblo que se mantiene en pie.

Un pueblo que aprende es un pueblo que tiene futuro.

Y el Valle de Lecrín —gracias a vosotros— es un valle que lee, que recuerda y que aprende.

Quisiera tener también un recuerdo muy especial para el S.E.P. Lecrín, auténtico corazón de la educación permanente en nuestro Valle, que con su labor constante, cercana y humana abre cada día puertas al aprendizaje, a la convivencia y a la ilusión de seguir creciendo. Gracias a su equipo docente, a su coordinación y a todas las personas que lo hacen posible, por mantener viva esa llama silenciosa que transforma vidas y fortalece nuestros pueblos, recordándonos que aprender es siempre un acto de esperanza.

Ojalá sigamos encontrándonos cada año.

Ojalá sigamos celebrando la palabra como quien celebra la vida.

Ojalá nuestras escuelas sigan siendo faros encendidos en medio del tiempo.

Que nunca falte la curiosidad.

Que nunca falte la convivencia.

Que nunca falte la ilusión de aprender.

Gracias por vuestra presencia.

Gracias por vuestra entrega.

Gracias por mantener viva la llama del conocimiento en nuestros pueblos.

Y que el espíritu del Valle —hecho de memoria, de cultura y de humanidad— nos siga acompañando siempre.

Y cuando esta noche volvamos a nuestras casas, cuando el murmullo de la fiesta se apague y solo quede el silencio bueno de los pueblos, pensad que somos herederos de algo muy grande: de la memoria de quienes labraron estas tierras, de las voces que aún resuenan en las acequias, de los abrazos que nos sostienen.

Que nunca olvidemos quiénes somos ni de dónde venimos. Que sigamos cuidando este valle —nuestro hogar— con la misma ternura con la que se cuida un recuerdo querido.

Porque mientras haya alguien que nombre nuestros pueblos, que cuente sus historias y que quiera a su gente… el Valle de Lecrín seguirá vivo.

¡Vivan nuestros pueblos, viva su gente y

“¡Viva nuestra cultura y nuestra memoria!”

Feliz Día del Libro.

Muchas gracias.

Fdo: Miguel Ángel Molina Palma







Casa de la Cultura de Talará 



12 noviembre 2024

PREGÓN DE FIESTAS SAN ANTONIO 2016, MELEGÍS

 

 


10 de Junio de 2016

Pronunciado por Jesús Vallejo Molino, vecino de Melegís

 

Es una estupenda sorpresa para mí, tener el honor de dar el Pregón de las Fiestas de San Antonio, de este mi querido pueblo, Melegís, en el Valle de Lecrín, un pueblo pequeño en extensión pero grande en emociones, en atardeceres, en mágicas noches de verano y hogareñas veladas de invierno.

Porque los pueblos existen y se conocen por el rumor y el trasiego de sus habitantes, por la luz que se desprende de sus calles y el aire limpio que se respira. También por el silencio de sus noches, apenas interrumpido por un lejano aullido o el canto del búho (siempre es el mismo) que se posa y se refugia año tras año entre las ramas de nuestro olmo centenario, ese árbol firme y majestuoso que preside la puerta de la iglesia y que ha visto pasar por sus raíces las historias y leyendas que se han forjado en nuestro pueblo, siempre atento y generoso, acogiéndonos sin remedio a la sombra de sus ramas.

Yo tuve la suerte de conocer este pueblo cuando todavía no se habían marchado la mayoría de las familias a la ciudad. Entonces había en cada casa 4 ó 5 niños de media, y los portales estaban siempre llenos y las calles transitadas por el bullicio de los niños jugando, apedreándose, jugando al hoyuelo , al quemao, al churro pico terna, a la lima, a la comba , a los pistoleros, al piya piya o al escondite, ....y las mujeres comprando el pan, la leche o el pescado mientras los hombres pasaban con sus bestias cargadas en un ir y venir constante hacia la vega.

Me viene a la memoria por estas mismas fechas la venida cada año de los gitanos con sus caravanas, bestias, trastos y canastos, que se asentaban a la orilla del río, bajo la sombra de las mimbres y chopos.

Era una pincelada de color que contrastaba con la vida tranquila y apacible del pueblo. Por las noches, aposentados alrededor de una lumbre, se oían sus guitarras, tambores y cantes quejumbrosos crepitar hacia nosotros a la par que las chispas de sus hogueras en mitad de la noche estrellada.

Por aquellos tiempos, los primeros años sesenta, si no recuerdo mal, ya había bastantes bares y locales en Melegís, así  teníamos el bar del Estanquero (la pista le llamaban),el bar de Pompo, donde bailábamos con la música en directo de las orquestas y conjuntos de moda, la taberna de Pepillo Tito, el bar de El Blanco, el bar de Marcelo, el de Joaquín , .... Bares hechos a la antigua, donde se tomaba sobre todo vino, gaseosa y cacahuetes o, con un poco de suerte, aceitunas para acompañar. Después vino la cocacola y las fantas y mirindas, por no decir los cubalibres, algo inédito en Melegís , pero que pronto caló en los más jóvenes y se fue imponiendo como la bebida ideal para las noches..

 

En la adolescencia me tocó, como a muchos, ir a la escuela a Restábal, andando cada día, pues el transporte escolar era algo del futuro, impensable para aquella época.

La verdad es que lo pasábamos genial en el trayecto, pues encendíamos lumbres en las mañanas de invierno debajo del puente de Melegís, dando buena cuenta, a la vuelta, de los membrillos, naranjas caquis o melocotones que había por el camino. El premio a tanto andar era que no teníamos clase por la tarde, así que era magnífico irnos al campo todos en tropel con las cabras, mulos, burras y ovejas, según cada uno, para darles de comer. Un trabajo que era costoso pero necesario para nuestras casas.

El resto del tiempo lo recuerdo, escuchando la radio primero, pues era la voz que acompañaba a la mayoría de los hogares, y después la televisión; esta, que parecía que iba a desbancar a la radio, pronto se abrió su propio camino y se situó para siempre en un lugar privilegiado de nuestro salones, presidiéndolos.

Recuerdo también de aquella época, los guateques que se hacían en la cochera con el tocadiscos portátil y bailando a lo yeyé, en las que yo y mis amigos, por la edad, sólo podíamos mirar, pues no nos dejaban, aunque eso no impedía saltar por una tapia para ver desde más cerca la función... Y ahí descubrí que me apasionaba la música y de hecho la música ha marcado para siempre mi vida.

También me viene a la memoria las mañanas frías de diciembre jugando a las charpas, en medio de cualquier sitio sin charcos, pues aun no estaban las calles asfaltadas, y el brusco despertar temprano al oír el chillido ensordecedor de los marranos cuando los mataban para la matanza...

Las naranjas, ¿Y las naranjas, que decimos de eso?. Coger naranjas, un día, otro, un saco, otro, un camión, otro,... Era un trabajo divertido y bueno para el cuerpo, estábamos realmente en forma, ágiles y fuertes, resistentes y duros. Es un trabajo que nunca lo he hecho con pereza, pues el hecho en sí de coger esa maravilla de fruto, como es la naranja , el limón o la mandarina, ya tiene un plus que te anima a seguir respirando el olor a cítrico y a azahar.

Pero el campo ha pasado de ser un medio de vida a un sitio de recreo. Las fincas ahora nos gustan por lo bien que se está en ellas, por sus frutos, por sus paseos, por su valor intrínseco. Todo ha cambiado, pero debe mantenerse ese apego por ellas para que este Pueblo, Melegís, que según su acepción árabe significa entre cerros y / o Jardín de flores, siga siendo un vergel, lleno de naranjos, limoneros, olivos y almendros, de perales y manzanos, caquis y ciruelos,.... por nombrar algunos de los muchos manjares que nos ofrece esta tierra.

Quisiera hacer desde aquí un llamamiento de solidaridad y colaboración para la sostenibilidad económica, cultural y medioambiental de este valle, para que se mantenga la conservación del patrimonio arquitectónico, las costumbres y las

tradiciones del pasado. Por todo esto, animo y admiro a todas esas generaciones de parejas jóvenes que han apostado y decidido quedarse a vivir aquí en el pueblo, contribuyendo con su trabajo y el de sus familias al desarrollo y mantenimiento de la vida cotidiana en Melegís, que si bien cada día está más llena de personas mayores que de jóvenes, si que es cierto que el futuro está asegurado, pues los descendientes de esas personas que ahora son mayores, ( mis padres y los vuestros que en su día fueron jóvenes y dinámicos, y que gracias a ellos el pueblo creció y sus hijos , es decir nosotros, pudieron educarse en mejores condiciones, a pesar de que muchos de ellos salieron para no volver) tenemos la responsabilidad y el compromiso de mantener y cuidar ese legado.

Es por eso que es muy grato encontrarse con amigos y paisanos que deciden instalarse y afincarse aquí como último destino de ese viaje que es la vida, y de la que podemos disfrutar muy gratamente en este nuestro precioso pueblo.

En definitiva, un lujo al alcance de muy pocos, a la vista de cómo está el mundo en general. Somos por tanto unos privilegiados que debemos sentirnos orgullosos de ser los encargados de preservar este legado y este paisaje incomparable por su belleza y riqueza.

Yo he llevado a este pueblo y a este valle siempre en mi corazón allá donde he ido.

De manera que me he comportado siempre como el mejor de los embajadores de Melegís en el mundo, divulgando todas las cosas buenas que tiene, mostrando fotos, hablando con entusiasmo y pasión de sus virtudes....

Es por eso que este pequeño pueblo es más conocido de lo que pueda parecer, pues su nombre y sus paisajes han viajado conmigo inseparablemente..

En cuanto a las fiestas de San Antonio, yo las he conocido cuando no había ni orquesta ni conjunto, era la música del Padul la única encargada de atiborrarnos con pasodobles e himnos incluido el de España, siempre a punto para todo....

Después vino el formato del conjunto de música, es decir, la música del Padul añadida mas juegos varios, con elección de reina de fiestas incluida, y así siguen hasta hoy con apenas pequeños cambios. Pero recuerdo la ilusión con que esperábamos cada año la venida de las fiestas de San Antonio, era el momento de comprarse ropa nueva, de echarle ojo a alguna niña, o de gastar dinero en los columpios .

Y es que soy de Melegís y de pura cepa, pues tanto mis padres como mis abuelos eran y son de aquí, y eso es algo que me llena de orgullo. Es por eso que me gustaría hacer una mención de su existencia, que a la vez es como una mención a toda una generación de personas que ya no están pero que son las responsables de nuestra existencia en este pueblo.....

Así José el Bomba , abuelo materno, que os puedo decir de un hombre que ya no se encuentra, trabajador, honrado, optimista, bebedor de un solo trago y hombre de palabra, un hombre como Dios manda y de los que para nuestra desgracia cada vez se encuentran menos. Mi abuela, María la Barbera, su mujer, era todo bondad y dulzura, alguien que supo bailar con el sufrimiento y la falta de recursos para influir con fuerza e ilusión en sus hijos y nietos , un ejemplo a seguir y una mujer de referencia.

En cuanto a mi abuela, por parte de padre, Trinidad la Chota, la Chacha Trinidad como era conocida, una mujer luchadora y valiente. Una mujer de fe que mantenía su devoción a Dios como una promesa por hacer, que nada era suyo, todo lo compartía. Tenía una tienda, si Señor, muchos años. Una tienda donde se vendía de todo, desde una jícara de chocolate de Elgorriaga hasta un sello para Suiza. Donde se podía recargar un encendedor de gasolina si le echabas dos reales a la máquina que tenía en el patio previo al mostrador. Una mujer que me arrancó mis primeros versos, que me hizo reír y soñar y creer en la verdad, el único camino, me decía, que te llevará a algún sitio. Estoy seguro que me escucha y que se regocija en su felicidad.

Mis padres, Jesús y Mercedes, Jesús el de Trinidad la Chota y Mercedes la del Bomba, de ellos me queda su vitalidad infinita, su bondad y su buena disposición. Siempre me inculcaron la curiosidad por aprender y superarme a mí mismo, todo lo que he sido y soy es gracias a ellos...

Desde aquí quiero mandarles el mejor de los abrazos y mi eterna gratitud por su paciencia y tolerancia, valores que cada vez mas aprecio y que se hacen mas sólidos según vamos avanzando con la edad.

Y como no, quiero hacer una mención especial por lo que suponen en mi vida, a mis hijos Hugo y Aurora, dos luces que brillan en mi vida y me iluminan cada día el camino que me llena de esperanza.

Y en un lugar destacado quiero mandar un fuerte abrazo a mi mujer Elena por su infinita comprensión, su amor integro y su fe ciega en mí. ..

Finalmente y para terminar quiero aprovechar la oportunidad que los vecinos y vecinas de este pueblo me han brindado al proponerme como candidato para dar el pregón de las fiestas de San Antonio 2016, para agradecerles su ofrecimiento. También quiero agradecer a los mayordomos de estas fiestas su vitalidad y eficacia para que todo esté a punto y podamos disfrutar una vez más de unas estupendas fiestas patronales.

Por todo esto, quiero partir una lanza a favor de este corazón del valle (Melegís) para que tomemos conciencia de su valor, de su belleza sin límites, de su riqueza natural, de su clima, sus frutos, sus campos y bosques.... Que cada uno contribuya con los medios de que disponga para fomentar y conservar sus tierras, campos, casas, ríos, caminos y acequias. Que nuestra presencia sea cada vez más notoria para que perdure eternamente, pues todo lo que nos da este pueblo y este valle es como una bendición, todo es puro y bello, natural y acogedor, salvaje y doméstico a la vez.

Yo he elegido este valle para pasar mis días mas maduros, para que sea el lugar donde reposar de mil batallas de la vida. Para que me refresque con su brisa y me azote con su viento indomable, para deleitarme con sus frutos y bañarme en sus aguas. Para escuchar el rumor del río Margen y el del río Torrente, ese rumor bronco que se repite como un mantra y que me adentra en el mejor de los descansos posibles.

Y ahora vecinos y vecinas, amigos y familiares os invito a participar de estas magnificas fiestas, a disfrutar, a reír y a bailar...

 

¡¡ Viva San Antonio Bendito!!

¡¡ Viva!!

 

11 octubre 2011

Pregón de las Fiestas de San Antonio, Año de 1999


 La religiosidad de mi pueblo
   Pronunciado por  Miguelito, cardiólogo.

   Yo tengo un inmenso cariño por mi pueblo, y a todo lo que el representa. Por lo tanto, es un orgullo para mí, el que me hayan pedido que haga el pregón de sus fiestas.

   Antes de empezar, presento mis respetos al señor cura, a las autoridades, a todos mis paisanos, a los que sois de este pueblo y a los que no habiendo nacido en él lo vivís como propio, y a los forasteros que habéis venido a estas fiestas. A todos, mis saludos.

   Para empezar, quisiera deciros, tocando mentor alarma, por lo que os pido disculpas, que mi padre, que fue maestro de este pueblo durante muchos años, no siendo de Melegís, sino de Granada, se sentía más melegileño que el árbol de la puerta de la iglesia. Le gustaba tanto más que a mi madre que si había nacido aquí, y él nos enseñó a todos nosotros sus hijos, a crear pueblo de una manera entrañable, y lo que es aún más importante: A ser amigo de todos vosotros y enemigo de ninguno.

La Puerta de la Iglesia años 60

   Y así, quisiera hablaros de la religiosidad de Melegís, de algunas de sus manifestaciones y de lo que éstas han significado para mi vida a través de su recuerdo. Melegís, después de la guerra de los moriscos, se repobló con cristianos “viejos”, procedentes de varias zonas de España. Y este hecho trajo como consecuencia dos cosas importantes para su religiosidad: El que conservaba costumbres especiales, que cercanos, y si bien por los muy distantes, y la riqueza de estas manifestaciones, y la participación de sus habitantes, posiblemente motivadas en el intento de conservarlas de padres a hijos, viviendo en tierras para y se extraña.  La propia iglesia, de proporciones y riqueza que no cabría esperar en un pueblo de tan pocos habitantes, es reflejo de esta fe arraigada. De ella y yo  recuerdo cada uno de sus rincones, sus imágenes once, sobre Pablo, sus antiguos bancos, en forma de arca. La recuerdo de tal forma que al pensar en alguna advocación de la Virgen, vienen a mi memoria como allí están representadas y no otras: Su Inmaculada, La Del Rosario, La De Los Dolores… Recuerdo incluso el temor que nos producía el hecho de que al niño Jesús se le cayese “La bola” – representación del mundo- que tenía en la mano, porque según “los antiguos” auguraba todo tipo de calamidades. El afecto que mostramos al referirnos a San Juan –carácter de la parroquia- diciendo: “El del dedo tieso y la carta Mora de… “
   Las fiestas se hacían al amparo de esta iglesia, en su puerta, bajo el ala del centenario olmo que la sombra.  Allí se ponían los puestos de dulce y allí se bailaba. Era lugar de encuentro no sólo en las fiestas de los domingos, sino de cualquier manifestación religiosa, porque a ella acudían todos los del pueblo y todos la llenaban, no se llena de ningún otro pueblo cercano.

Iglesia de San Juan Bautista

   Las manifestaciones religiosas son muchas, aunque algunas de ellas tengan de profano. Pero yo recuerdo especialmente algunas de ellas. Recuerdo (muchos de vosotros no la habéis conocido, pero los mayores como yo sí) la Santa Hermandad del Santísimo, a la que pertenecían todos los vecinos que acompañaban al Señor en sus salidas, especialmente al ser llevado a un enfermo. Convocaban al pueblo mediante la campana, con un toque especial, que al ser escuchada en los campos de la Vega obligaba a dejar las labores para hacerse presente la procesión que se organizaba para tal fin. Se sostenía con las limosnas de todos los hermanos, es decir de todo el pueblo, y para ello, un hermano iba pidiendo de casa en casa.

   Recuerdo que, al tocar en cada puerta, a la pregunta de: ¿Quién es? Este hermano respondía: ¡El Santísimo! Depositado el bolo en una taza de bronce en especial para ese fin, este hermano se despedía diciendo: “El Santísimo obtener el premio”, a lo que contestaba la familia: “Y a usted la buena cola”.

   Pero en las fiestas del pueblo, las que destacan son las que se hacen en honor a sus patrones, la Virgen del Rosario y San Antonio. A la Virgen se le canta una salve en la plaza del pueblo, en un tanto alternado de hombres y mujeres, en el que aquellos responden a las invocaciones que van cantando las mujeres, y que nos producía, al menos a mí, la garganta a tal que casi impedía realizar el canto. Pero hoy es San Antonio, y es de estas fiestas de las que vamos a hablar.

   Sí, estamos en San Antonio y, aunque ya hablaron de él en otros pregones, no quiero dejar de decir algunas cosas. Es santo muy querido en todo el mundo, por su bondad, por los muchos milagros que hizo y por su forma de hablar. Hablaba de forma bellísima y llegando al corazón de la gente sencilla.  Como muestra de ello, os voy a leer uno de sus sermones sobre el texto evangélico de San Lucas, “En tu palabra echaré las redes”: En tu palabra, no en la mía, echaré las redes.  Mientras las eché en mi palabra no pesqué nada. Cuántas veces las eché en mi palabra, y no en ti, me entrevisté a mí y no a ti, pedí que mis palabras, no las tuyas. Por eso no es que nada y si algo trate no fueron preces, sino ranas locuaces que me amaba, los cuales nada. El lento para echar en la red. Echaré la red de la palabra de Jesucristo, que nada se atribuye asimismo sino al Padre, quien vive en conformidad con lo que predica. Si así lo hiciese la captura de peces será copiosa.”

disfrutando de la música y el baile

   Tramitada y desprendimiento de San Antonio de Padua, que ni se llamaba Antonio – se llamaba Fernando – niega haber dado. Nació en Lisboa y  toda el nombre de Antonio al ingresar en la orden de los agustinos. Por disconformidad con estos pasa a la orden franciscana conviviendo con el propio San Francisco en Italia. Pronto cruzaba África, para predicar a los infieles y allí contra el paludismo – la malaria cierra - que casi le cuesta la vida, debiendo regresar a Francia para su recuperación. Sólo tres años antes de su muerte llega a Padua en donde ejerce su magisterio y realiza  sus milagros, algunos de los cuales se popularizan en un promedio de romances, como aquel en el que se contaba el milagro realizado al encerrar los pájaros enana habitación para impedir que destrozaran los sembrados. Junto a San Antonio, en la procesión, se hace homenaje al corazón de Jesús mostrando así no sólo vuestra devoción por el Señor, sino la capacidad de apertura y acogida del corazón de los melegileños vendidos.
El baile en la puerta de la Iglesia

   Ya está bien. Habéis trabajado mucho para preparar vuestras fiestas y es hora de gozaros en ellas, comiendo, bebiendo con mesura, pero sin olvidar que el pan y vino son alimentos elegidos por el Señor para quedarse con nosotros, y disfrutando de la música y el baile.  En este sentido quiero recordar una anécdota referida a alguien para mi muy querido, Manuel el lento, que estando muy enfermo decía a su hermana: Se Acha, cuando me muera quiero que me entierren en el cementerio viejo y no en el nuevo, para poder oír la música el día de San Antonio”. Así, os invito a todos a disfrutar de nuestras fiestas. Pero antes permitirme gritar: ¡Viva San Antonio! ¡Viva Melegís!.

   

03 mayo 2011

Pregón de las Fiestas Patronales de Melegís, año 1997


 Pregón de las Fiestas  Patronales  en Honor de San Antonio de Padua, pronunciado por Enrique Radial.


Enrique Padial
                                                            

   Encontrarse entre vosotros y con vosotros, participando, como uno más, del júbilo de estos días de fiesta, es para mí motivo de hondo regocijo; pero si, además, mi estancia en Melegís es para pregonar las Fiestas Mayores en honor de San Antonio de Padua, ése regocijo mío se convierte en un vivo e imperecedero recuerdo grato de todo lo vivido en aras de vuestra ejemplar y generosísima hospitalidad.

   Año tras año, cada vez que llega el trece de junio, la exuberante belleza de vuestros campos y labrantíos parece descansar del parto de sus frutos bermellones, mientras que, con esa paciente complacencia que dios pone sobre el verde tapiz de naranjales, comienzan a cuajar los azahares. ¡Ahí los tenemos, perfumados y oferentes, cuajando sus promesas de zumo densos, mientras llega el tiempo de una calma y sosiego fugaces como recompensa a tanto trabajo y desvelo; por eso, estas fiestas obligan y exigen tener multiplicada la alegría.

   Y a recordaros, algo tan innecesario, como que esa alegría ha de ser imperativamente desbordante, he venido yo, puesto que no existe para un hombre mayor motivo de contento que ver felices sus semejantes. Yo sé y doy fe de ello, que vosotros, para el trabajo y las fiestas os pintáis solos y que, incluso, las fiestas de Restábal, las hacen las gentes de Melegís.

   Desde hace unos días, las casas huelen a fiesta importante, que es el olor templado, acanelado y dulce de los exquisitos roscos y pestiños… Y si no, que lo diga María la de Andrés, que salió al encuentro de los mayordomos y mío, rebosante de alegría y envuelta en un aroma a sartén de lujo, mientras contemplábamos, en pleno barrio de San Antonio la delicada belleza del entorno que rodea la hornacina de nuestro Santo Patrón que ella se ocupa de cuidar.

   Si altar mayor de vuestras relimpias y apacibles calles, era la calle sin salida o placeta en la que conocí la simpatía de María González, altar mayor del agua y los geranios se me hizo ese Cristo del Paño que llamáis “El Señor de la Fuente”,… ¡Cuanta devoción por enaltecer el pasado donde tantas madres, abuelas y tatarabuelas lavaron…! Amor y cultura se llama lo que he visto, mientras que, bajo mis pies, corría la música del agua hecha rumor oculto.
  
   Este lugar, verdadera Puerta Real de España camino de cualquier parte, es un lugar idílico bendecido por Dios…; por eso, vosotros, a Él le rezáis cantando, toreando al alimón el rezo, hombres y mujeres, cuando en octubre llega la Virgen del Rosario.

            “En Zaragoza fue aparecida
La mejor rosa de Alejandría…”
“Fue concebida
Pura y sin mancha
Ave María
Pura y en gracia…”

   …Y yo, en la calma de una tarde cualquiera de esta primavera que agoniza, paseé vuestras calles en busca de la razón de ser de toda la singular dignidad que lleváis en el alma como título de honor, de gloria y de distinción… Calle del Alamillo…; calle Fresca…; calle de San Antonio… Tantas y tantas calles más de evocadores nombres sonoros e intimistas… y la Plaza del Ayuntamiento, como la hornacina a la Santísima Trinidad, ante la que, arracimados, entonáis cantando la Salve de Melegís…
                                                              
Calle Barrio Hondillo
                                                               
   Calles, casas, placetas y tapias, por las que se derraman los naranjos y limoneros para que la alegría, la paz de Dios tan bien sudada y ganada y el silencio, se afinquen en los más recónditos dobleces de nuestras almas…

Bien sabéis, que en Río de Janeiro, se levanta el monumento al Sagrado Corazón sobre la enorme roca que denominan “El Pan de Azúcar…; Pan de Azúcar…, cuando aquí tenemos “El santo de la Era”,un Sagrado Corazón de Jesús con un panal dentro rebosante de miel… ¿No es acaso, la perfección y laboriosidad de la colmena, el testimonio de vuestro trabajo?...; oír eso,… porque lo tenéis ganado a pulso, de generación en generación, es por lo que “El Señor de la Era” está sin brazos… al tenerlos gastados de tanto bendeciros.

   Antes de continuar, quiero felicitar a las Antonias y los Antonios, en particular al Tío Antonio “El Sano”, quién con su casi siglo a cuestas, me hablaba de las jumeras del tío Charoles, del Tío Nicolas, del Chatito y del Tío Jeromo…; corrían los tiempos cuando las cosas eran más llanas y había en Melegís hasta una docena de tabernas: La de Maroto, el Tit, Barbero, Serafinillo, El Mixto, Pepillo, El Rata, El Merino… y la del Faraón… Tabernas para que corriera el vino y la alegría; para que Jeromo, subido en una silla, fuera echando sermones al estilo y manera de los predicadores de entonces, mientras se bailaban pasodobles delante de la Iglesia…, y algunos se escapaban con su buena moza a las entonces tranquilas oscuridades de la carretera.

   Tiempos aquellos de jornales, cuando Antonio El Sano era un niño, de tres reales y hasta de cuatro reales, que no daban más que para comprar, cuando llegaban las fiestas unas agobías de esparto con las que poder presumir…

   Y estos hombres, honrados, trabajadores y hospitalarios, abrían de par en par, las puertas de sus casas, para alojar a los músicos que venían del Padul para San Antonio, dispuestos a dar buena cuenta de la garrafa de vino que se ponía donde tocaban.

   … Y en aquellos tiempos de jornales de miseria, de sudor bien sudado y sacrificios sin cuento, siempre estaba el bueno de Jeromo son su jumera encima, cantando el Rosario, mientras Paquillo el Rubio tocaba el tambor. Y así, entre trabajos de sol a sol, en espera de que tocara la campana para ir a comer, llegó un día más reciente La Virgen de Fátima, blanca de manto, revoloteos de palomas, purezas y azahares… fue cuando alguien, echándose una sabana por la cabeza trató de asustar a Pepillo el de la Molinera, que se encontraba pelando la pava con la que habría de ser su mujer… ¡¡Que sobresalto ante la presencia del fantasma… y entonces fue cuando apareció la pura inocencia de la novia que gritó:
   ¡¡Pepe!!... ¡Sal; ven a ver a la Virgen…! ¡ Ven! ¡Pepe…!! Que la Virgen se ha escapao y va por la Vega…!!.
   Amigos míos…: qué se puede decir de un pueblo que tiene un panal lleno de miel junto al corazón amantísimo y misericordioso del Señor de la Era?
   ¿Qué se puede sentir, cuando se contempla el lavadero de la Calle de la Fuente, hecho altar de aguas cristalinas, poza para los chaveas,  y patio de la mejor Andalucía para orgullo de los geranios?
   ¿Qué se puede sonar en un Valle, elegido por un Sultán de Granada, -Mulhey Hacén- para vivir con el amor de sus amores reales –Zoraida- sobre este océano de verdes y espumas de azahares?
   ¿Qué se puede contar, que sea creíble, de este centro del centro del corazón del Valle de Lecrín, que es Melegís?...

   Aquí todo se hace hospitalario, íntimo, descomunal y armónico para que en todas las primaveras, las nieves de la Sierra sientan  celos de estas  otras nieves perfumadas que son los azahares de este Valle, tan turgentes y gallardos que no parecen más, al caminante, que están puestos para coronar a todas las novias del planeta.
 
   Verde-Lecrín, es un verde denso, amotinado y brillante, un verde que se convierte en feria, cada vez que se engalana con la redonda luminosidad de sus jugosos frutos, esos que parecen farolillos de verbena para que todas las diosas paganas del mar Mediterráneo dancen al compás de la flauta de algún sátiro burlón.
  
   Verdes blancos, impolutos, bermellones y cadmios… que yo traduzco por esperanza, pureza, pasión y alegría. Estos son los colores de esta tierra singular e íntima. ¿Puede alguien imaginar bandera más hermosa?... Y si algún osado caminante decide – atraído por semejante esplendor – hollar la tierra de estos campos, se sorprenderá al encontrar en el más insignificante claro, un sembrado de turgente perejil; unos surcos en las besanas con hortalizas cuidadas con alma de morisco y manos de palierto, que son las manos firmes, decididas y trabajadoras de los labradores, que en todos los otoños, sujetan los varales del palio de la Virgen de las Angustias, en esa época en que los membrillos se enorgullecen del sol que han podido hurtar a los naranjos.

   Me imagino, siento y presiento que, vivir en este Valle, es vivir en el Salón Real del Edén. Aquí las gentes parecen caminar sin prisa, con el sosiego propio de los que saben que tienen jerarquía, por eso aquí los ojos tienen la vista larga, esa vista propia de los vigías y centinelas, que viven esmerándose en conocer de lejos las intenciones del forastero que se acerca cómo modo de salvaguardar todas las puertas de este paraíso abierto a mares y montañas.

   Yo le puse el nombre de “Lecrín” a muchas cosas mías: a cuadros, a un caballo blanco, a más cuadros, a la mirada de una mujer y a todo lo que huele  a azahar y hierbabuena; - a jazmín y naranja; a celindas y limoneros. Por eso, cuando en Madrid, la melancolía de los otoños hace que mi alma y voluntad vuelen a Granada, siempre me llega en la distancia el doméstico tufillo de alguna chimenea encendida, la paz de estos atardeceres incalificables, y el dulce aroma del pan de higo y de la carne de membrillo que puedan estar preparándose en las entrañables y cálidas cocinas de estas casas, mientras algún gatillo glotón se relame el bigote con la pulcritud habitual de los felinos.

   ¡¡Ay, Señor!!;  lo único malo en este paraíso, es que, año tras año, los sudores de la naranja se pagan malamente. ¿Tanto trabajo y gasto para esto?... Y en esta frase se encierra toda la razón de la esperanza vuestra. Porque, mantener este vergel, es mantener un Lugo que luego nadie paga; por eso sea mi gratitud para vosotros, el mejor florón de mi admiración y mi cariño.

   No quiero dejar de deciros que de niño, en mi granadina casa del barrio de la Virgen de las Angustias había muchos santícos. Algunos, protegidos por sus respectivos fanales de cristal y, otros, por unas artesanales y graciosas hornacinas de madera. En uno y otro caso, todos se encontraban rodeados por domésticos jardincillos de pequeñas flores de tela – preciosas como todo lo diminuto- , y hechas con el primoroso gusto que las manos de las mujeres saben imprimir a sus devociones. En aquellas flores había manos de abuelas y bisabuelas.

   Entre aquellas imágenes policromadas de madera, mi sensibilidad e inocencia infantil volcaba su predilección por unos Sanantonios, - Sanantoñicos, los llamaba yo-, tiernos, cándidos, bonicos y habituales; que habitual, es lo que viene de hábito y hábito de muy diversas estameñas  vestían aquellos que, desde las alturas de las cómodas y consolas, lo presidían todo. A uno de ellos, le faltaba el Niño, razón por la que mostraba En su mano izquierda un agujero; de otro, que tenía en la misma mano su Niñito Jesús, mi abuela decía: “Que ese niño no era el suyo”, y, el último Sanantoñico, parecía presumir del infante que sostenía vestido con traje blanco de seda repleto de bordados y pequeñas perlitas falsas.

   Estos San Antoñicos de mi infancia – excepción hecha del último de los mencionados- , según me contaba mi madre, habían paseado los parrales del Valle de Lecrín colgados de la peana  boca abajo. Y delante del que se pasó la vida en mi casa esperando ver aparecer a su Niñito, mi madre me dormía meciéndome y cantando, con la cadencia que cualquiera puede recordar, cuando quedaba acurrucado en el regazo y cantando, con la cadencia que cualquiera puede recordar, cuando quedaba acurrucado en el regazo de su madre. Y yo me dormía escuchándola y sin dejar de mirar al santíco aquél rodeado de flores de tela imitando al azahar:
  
   “Mira niño que la Virgen lo ve todo
Y no sabe lo malito que tu eres…”

            Luego continúa con la nana:
   “Mira niño, que me ha dicho San Antonio,
Que te haga una cunita de azahares,
Que los niños que son buenos y se duermen
Con la flor del naranjal les hará mares…”

   La flor del naranjal; el naranjal… ¡Que hermosísima palabra!  Mi santa y buena madre, tenía sus venas llenas con sangre de esta tierra privilegiada; tal vez por eso, sus besos tuvieran aquél sabor especial y aquél donaire su figura y alma de gran señora. De ella, entre tantas otras cosas, aprendí a amar a esta tierra, a sus gentes, sus ríos- a ella le gustaba el río Torrente- y a los molinos que en su día existieron.  Por ella supe – y así lo confieso y divulgo-, que cuantos nacen mirando a este verdimar de naranjos y limoneros, o a este blanco e impoluto mar de azahares, son gentes bien nacidas por el empaque y enjundia que imprimen a la vieja sabiduría de todo lo quehacer con esa sencillez que condecora los entrecejos de todos los hijos de este Valle fecundo, único, laborioso y primordial en la razón de ser, cultura e historia de Granada.

   Como les decía al principio, mi madre tenía toda la sangre de este Valle de la Alegría, y mi bisabuelo paterno, don Rafael Padial Montes, también. Con estos títulos me presento ante ustedes para proclamar apasionadamente, la alegría que tiene ineludiblemente que inundar los corazones y las almas de todos, de los que aquí  viven y de cuantos vengan, cuando mañana amanezca el día con ese temblor reverberante de la luz en honor a San Antonio y a su Niño Dios, que bien debiera llevar en una mano para jugar con ella, o para apagar la diminuta sede divina, una naranja, análoga a aquellas que el ciego del villancico de mi infancia y de mis Nochebuenas, le dio a la Virgen para que el Niño no llorara.

   Si mis credenciales más preciadas y honrosas para poder estar dirigiéndoos la palabra son los títulos de mi sangre, mi deseo y obligación es convocaros a la alegría más contagiosa y a la concordia más directa. También convocaros al gozo que debéis derramar disfrutando de vuestra fiesta mayor, que es una fiesta de amor inenarrable, por ser San Antonio el Santo Patrón. Y tan vuestro y mío es, que yo me atrevería a proponer que la vara de azucenas que debiera sujetar, se le cambie por un ramo de azahar.

   Este santo boníco, casi tímido y casamentero es, por demás, un santo que propicia el milagro de encontrar todo lo que perdemos; por eso, sea tal vez, el santo protector de novia y enamorados. Lo de encontrar los objetos perdidos viene de lo acaecido durante una estancia de San Antonio en Montpellier,… Allí ocurre que, un novicio, se escapa del convento llevándose un salterio que servía a San Antonio para sus oraciones… Había sido hurtado; en la huida, el novicio se encuentra con que el mismísimo diablo le cierra el paso para que devuelva el objeto a su propietario… Y con esta diabólica intervención, San Antonio recibió el salterio…

   Nada tiene pues de particular que, cuando extraviamos alguna pertenencia, le hagamos dos buenos nudos, bien apretados, al pañuelo de mano, mientras musitamos a modo de oración o sortilegio esta retahíla:
Diablíco,
Los huevos te los ato
Y mientras no lo encuentre
No te los desato.

   Me contaba mi madre que era costumbre en estas tierras, cuando algo se extraviaba, robarle el San Antonio a algún vecino y colgarlo de un parral boca abajo hasta que lo perdido apareciera o, por el contrario, se viera cumplida la petición hecha al santo… ¡Por eso se perdían los Niños Jesús!. Pero como nuestro Santo Patrón es el más ocupado del santoral cristiano, por la mucha devoción que genera y por la simpatía que dimana, ¿Qué importancia puede tener que más de una vez se distraiga y en vez de dedicarse a buscar lo que perdimos se ocupe, en la más grata labor, de buscar novia a alguna mocita con palmito y de buen ver? Hay que reconocer que el santo tiene predilección por las guapas muchachas casaderas, aunque ahora, con los tiempos que corren, pienso que andará más sobrado de tiempo. Yo soy todavía uno de tantos que, cuando pierde algo, se pone a rezar:

   San Antonio de Padua,
Que en Padua naciste,
Que en Portugal te criaste,
Se te perdió el monasterio
Y la Virgen te lo encontró
Y tres veces te dijo:
¡Antón!, ¡Antón!, ¡Antón!

   Y después de todo resulta, que ni le pusieron en la pila de nombre Antonio, sino Fernando; que no había nacido en Padua, sino en Lisboa – ciudad fundada, según la leyenda, por los griegos en tiempos de Ulises-, ni se le perdió jamás ningún monasterio. En la ciudad italiana de Padua, estuvo solamente en dos ocasiones: Entre 1229 a 1230 y desde el otoño de este último año a 1231, muriendo en la tarde del viernes, día trece de junio, en el amparo del convento de Santa María de Montepaolo. Aquella mañana, cuando bajó por última vez del nogal de las seis ramas donde tenía su cenobio, para cumplir con la comida de la comunidad, exhausto, cayó desfallecido sobre un montón de sarmientos. Aquí tenemos la razón de ser de la superstición popular de los parrales… Y los niños gimiendo gritaron: ¡Ha muerto el hermano Antonio!... De este modo, nuestro Patrón se hizo el santo de todo el mundo. El santo al que todo el mundo quiere.

   El folklore y la tradición en Portugal, Austria y España, mantienen que San Antonio ha recibido el título – y el sueldo- de Capitán de Infantería. En Portugal, el 13 de junio se celebra la fiesta del “Santo Casamenterio”, cantándosele esta copla que traduzco:

   Yo pedí a San Antonio
Un guapo mozo soltero,
Que no fuera un demonio
Y que tuviera dinero.

   He aquí al hombre!!... el milagrero, el casamentero, el amigo de los pobres y desvalidos, el protector de los deudores, el que no necesita como San Pancracio, ni rama de perejil, ni dinero bajo la peana para prodigar sus favores. Así es que ya, y en su honor, podemos ir preparando, para estrenarlos mañana, en cuanto el día amanezca, nuestros mejores atavíos y ánimos, que nos espera un día grande, sin par y hermoso para que Melegís  corazón del corazón del Valle de Lecrín, vibre con el sentimiento de la esperanza, esa que cubre verdes brillantes, esta inmensa alfombra natural de naranjales.

   Desde mi pasión por estas tierras, permitidme que os pida vuestra mayor predisposición para ejercer la concordia, la comprensión y el respeto para esta fiesta grande, dichosa y merecida, después de tanto ajetreo como la vida impone cada día. Por eso nadie debe consentir que la alegría pase de largo por su puerta para poder compartir a manos llenas, con la generosidad que sabéis, la risa, la ternura, el alborozo, las rondas de vino, el cante y el baile y, si algún amigo o familiar sufre por algo, vayáis a verle para asediarle con vuestra amistad y cariño, única manera de que las penillas que la vida impone le sean más llevaderas…

   Nunca olvidéis que alegría es vuestro nombre, y el, de vuestro Valle: También el de nuestro santo Patrón por haber sido hombre nacido para renuncia, por la entrega.
   ¡Seamos pues venturosos en esta gran ventura!
   ¡Sembremos  estos cielos de junio con el esplendoroso colorido de los fuegos de artificio; que por unas noches, los gorriones y los ruiseñores de la sierra, sabrán perdonarnos en beneficio de nuestra alegría en libertad!!

   Pero antes de terminar quiero proclamar desde el corazón de este Valle, zaguán del Paraíso, por toda la rosa verdimar de los buenos vientos y mejores brisas, que difunde esta esplendorosa tierra buena, que aquí están, dispuestas a subir en el primer vagón del progreso, unas gentes estoicas, trabajadoras, alegres, pacientes, generosas y hospitalarias que se disponen a abrir los brazos de par en par, para recibir a los que vengan a compartir tanta alegría, y de este modo, poderles entregar a manos llenas, el aroma de sus huertos, la limpia dignidad que brota de sus entrecejos y la promesa de azahares que cada año se renueva en esta tierra.
   No quiero dejar pasar la ocasión sin detenerme en  un recuerdo respetuoso y ferviente para cuantos nos antecedieron.

   ¡¡Melegileños!!: ¡Sed felices, prósperos y alegres!
   ¡¡Melegileños!!: Sabed que San Antonio está vistiendo al Niño Dios de fiesta para que la alegría de todos sea más ancha!!
   ¡¡Yo, al tener el honor de pregonar vuestras fiestas, os llamo y concito a todo el regocijo imaginable!! Esta es la misión imperativa que hoy nos convoca para que por caminos, veredas, vericuetos, trochas, carreteras y autopistas, cualquiera que nos vea y conviva, pueda ir refiriendo como es el color que tiene la alegría.

   ¡¡Y ya sabéis…  A divertirse como locos!!  Así estoy seguros que lo quieren San Antonio y El Niño Dios, al que yo le pido que os bendiga y protega.
   ¡¡¡ Viva San Antonio bendito…!!!
   ¡¡¡ Hale a divertirse!!!...  que así lo quiere San Antonio y este amigo vuestro que os habló...