🐄 La Ganadería en Dúrcal según el Libro de Apeo (1572)
En el Dúrcal del siglo XVI, la ganadería ocupaba un lugar fundamental dentro del paisaje agrario del Valle de Lecrín. El Libro de Repartimiento y Apeo de Dúrcal de 1572 documenta con detalle la propiedad de tierras, pagos y derechos de pasto, revelando cómo la organización del territorio y los recursos naturales determinaban la estructura de la economía local. Las vegas fértiles, las zonas de prados y los baldíos de sierra se entrelazaban para sostener tanto la agricultura como la cría de animales.
Entre los propietarios más destacados, Juan de Herrera mantenía sus tierras y pastos en la Marjena y Almohata alta, donde criaba bueyes y vacas. Estos animales eran esenciales para trabajar la tierra y aportar carne y leche a su familia. A su vez, Fernando Ruiz era propietario de tierras en Celdelaque, dedicadas principalmente a la cría de ovejas y cabras, que pastaban tanto en los prados como en los baldíos cercanos a la sierra, proporcionando lana, carne y leche.
En las zonas de Balma y Alauxa, María de Alarcón criaba cerdos y mantenía algunos équidos, animales indispensables para transporte y apoyo en el trabajo agrícola. El cerdo se alimentaba de restos agrícolas y de los frutos silvestres de los montes, integrando la ganadería con el aprovechamiento del paisaje natural. Por su parte, Pedro López gestionaba Audarro, una zona intermedia entre vega y sierra, donde sus ovejas y cabras pastaban libremente, asegurando productos básicos como lana, leche y carne, además de facilitar el transporte de cereales y frutas hacia el pueblo.
Diego Martínez, propietario de la Almohata baja, combinaba bueyes y cabras: los primeros para las labores de cultivo y los segundos para aprovechar los pastos de las colinas. De manera similar, Ana Fernández utilizaba las parcelas de Celdelaque y Marjena para cabras y algunos cerdos, mientras que los pastos de Marjena le proporcionaban alimento estacional y las vegas cercanas garantizaban heno y agua durante los meses más secos.
Por último, los hermanos Ruiz de Medina explotaban los pastos comunales de Balma con sus rebaños de ovejas, obteniendo lana como recurso económico y leche y carne para el consumo doméstico.
En conjunto, estos ejemplos muestran cómo la ganadería estaba íntimamente vinculada a la propiedad de la tierra y al paisaje físico. Cada propietario adaptaba su explotación según la topografía: las vegas irrigadas proporcionaban forraje y agua, mientras que los baldíos de sierra ofrecían pastos estacionales. La distribución de las zonas de pasto —Marjena, Almohata alta y baja, Celdelaque, Balma, Alauxa y Audarro— reflejaba un aprovechamiento racional de los recursos naturales y la integración de la ganadería con la agricultura. Los bueyes y équidos se destinaban al trabajo de la tierra y transporte, mientras que ovejas, cabras y cerdos proporcionaban productos esenciales para la subsistencia y el mercado local.
La importancia de la ganadería en Dúrcal era, por tanto, doble: económica, por los productos que generaba, y funcional, por su papel en la agricultura y la gestión de los recursos del valle. Este sistema multifuncional evidencia cómo en el siglo XVI la vida rural dependía de la armonía entre suelo, agua y animales, configurando un paisaje donde cada elemento tenía un papel complementario dentro del orden agrario.
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