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| Encarnación Pérez Díaz de Padul |
Con un profundo respeto y el corazón puesto en la memoria de Padul, honramos hoy la vida de Encarnación Pérez. Su partida física no apaga la luz de su testimonio, que permanece como un legado imperecedero para las nuevas generaciones del Valle de Lecrín.
🕊️ In Memoriam: Encarnación Pérez, la Fortaleza Calma de Padul
En las calles de Padul, donde el aire todavía guarda el eco de los antiguos pregones, el nombre de Encarnación Pérez Díaz resuena con la dignidad de las mujeres que fueron el pilar de un mundo que se nos escapa entre las manos. Encarnación no solo vivió en el Valle; ella fue el Valle: sus raíces se hundieron en la tierra de la vega y su alma se templó en los inviernos de la posguerra.
La Maestra de la Tierra y el Hogar
La vida de Encarnación fue una sinfonía de trabajo incansable. Como tantas otras "hijas del campo", conoció desde muy niña el lenguaje de los surcos.
- La Campaña del Olivo: Recuerda aquellas jornadas infinitas donde el cuerpo se doblaba bajo los olivos, desafiando la escarcha de la mañana para recoger el fruto que daría el aceite para todo el año.
- El Milagro de la Cocina: En su hogar, Encarnación era la alquimista de la escasez. Con apenas un puñado de legumbres, un poco de tocino de la matanza y las verduras que ella misma ayudaba a cultivar, lograba alimentar no solo el cuerpo, sino el espíritu de su familia.
- La Matanza: Este rito anual era para ella un momento de máxima responsabilidad; procesar el cerdo significaba asegurar la despensa de los meses venideros, un trabajo de días donde sus manos se movían con la sabiduría de siglos de tradición.
El Refugio en la Fe y la Comunidad
Para Encarnación, Padul era más que un mapa de calles; era una red de afectos. Su fe y su compromiso con las tradiciones religiosas del pueblo fueron el motor que la mantuvo en pie en los momentos de flaqueza.
- Las Vecinas: Hablaba con nostalgia de una época donde la puerta de la casa nunca se cerraba con llave, porque la vecina de al lado era una hermana más.
- El Lavadero: Sus recuerdos en los lavaderos públicos de Padul son crónicas de sororidad. Allí, entre el vapor del agua y el aroma del jabón de sosa, Encarnación compartía confidencias y canciones, demostrando que incluso en la tarea más dura había espacio para la ternura.
Un Adiós que es Semilla
Aunque Encarnación ya no camina por las plazas de su amado Padul, su voz —serena, sabia y humilde— sigue vibrando en el documental que grabó como un regalo al futuro. Ella representaba la "feminidad olvidada": mujeres que no salían en los periódicos pero que, con su esfuerzo diario, construyeron la democracia del pan y el bienestar de sus hijos.
Hoy, al recordar a Encarnación Pérez, no lloramos su ausencia, sino que celebramos su existencia. Ella fue la costura que mantuvo unido el tejido social de Padul, una mujer de paz, de trabajo y de una sabiduría rural que hoy, más que nunca, necesitamos recuperar.
🌟 Descansa en paz, Encarnación. Tu Valle nunca te olvidará.
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