31 mayo 2026

Los que vinieron a Restábal: Historia completa de la repoblación



🏘️ LOS QUE VINIERON A RESTÁBAL: HISTORIA COMPLETA DE LA REPOBLACIÓN

Nombres, procedencias y destinos de los hombres y mujeres que llegaron a un pueblo fantasma después de la expulsión morisca — en todas sus oleadas

El miércoles 28 de octubre de 1579, en la iglesia del lugar de Restábal, sonó una campana.

No era para misa. Era la señal de costumbre para convocar el concejo abierto —«a son de campana tañida como era costumbre»—. Y en esa iglesia, reunidos en cabildo y ayuntamiento, veintisiete hombres y tres mujeres pusieron su nombre —o su signo, porque muchos no sabían escribir— al pie de un documento que los obligaba para siempre.

Prometían pagar al rey 180 ducados de censo perpetuo al año. Prometían residir en el lugar durante 25 años con sus casas pobladas, mujeres e hijos. Prometían labrar la tierra, limpiar las acequias, mantener las haciendas en buen estado.

A cambio recibían lo que había pertenecido a sesenta y cinco familias moriscas expulsadas nueve años antes.

Eran los repobladores de Restábal. Y esta es su historia. 👥

🔥 EL VACÍO — Sesenta y cinco casas sin dueño

Para entender quiénes fueron los repobladores de Restábal hay que entender primero lo que encontraron al llegar.

Restábal tenía en tiempos de los moriscos 65 vecinos —es decir, 65 hogares, entre 260 y 325 personas—. Familias enraizadas desde generaciones en sus bancales de morales, viñas y olivares. Una comunidad compacta, con sus acequias, sus hornos, su molino de aceite, su hammam.

El 1 de octubre de 1570, por orden de Felipe II, esas 65 familias —unas 300 almas— fueron reunidas en la iglesia del lugar y comenzaron la marcha hacia Córdoba, y de allí hacia Extremadura y Galicia. Atrás quedó todo: las casas, los árboles, las escrituras, los animales, las acequias. Un mundo completo, abandonado en un día.

«Las tierras aparecían yermas y abandonadas ya que no existía quien las pudiese labrar, cultivar y beneficiar como debían», dice la Carta Real de mayo de 1572. «Con esto se había perdido el comercio y el trato entre los habitantes con lo que las rentas reales y tributos se vieron muy afectados».

El rey necesitaba que alguien llenara ese vacío. Y lo organizó como lo que era: un proceso burocrático a escala de reino. 📜

📋 EL MARCO LEGAL — Tres cartas reales y 180 ducados

La repoblación de Restábal se sustentó en tres documentos reales:

🗓️ 31 de mayo de 1572 — La primera carta real, firmada por Felipe II en San Lorenzo del Escorial, confiscaba los bienes moriscos e iniciaba el proceso repoblador. Encargaba la gestión a Don Pedro de Deza, Juan Rodríguez de Villafuerte Maldonado y Arévalo de Zuazo. Las haciendas del Valle de Lecrín —valles, vegas y llanos— se darían a censo perpetuo a los nuevos pobladores.

🗓️ 9 de julio de 1579 — Segunda carta real. Villafuerte Maldonado había muerto. El nuevo Presidente de la Chancillería, Don Pedro de Castro y Quiñones, tomaba el relevo junto a Arévalo de Zuazo y Tello González de Aguilar.

🗓️ 5 de noviembre de 1579 — La escritura definitiva. Los representantes reales otorgaban a los vecinos de Restábal todas las casas, viñas, hazas, huertas, olivares, arboledas y demás hacienda del término —excepto los molinos de pan y aceite, que quedaron en manos de la Corona— a cambio de 180 ducados de censo perpetuo al año.

Ciento ochenta ducados. 67.500 maravedíes. Pagaderos en dos plazos: dos tercios en Todos los Santos y el tercio restante en San Juan de junio. En Granada, al receptor de Su Majestad. Y si no pagaban a tiempo, llegaba un ejecutor con 500 maravedíes de salario al día. 💰

👥 LA PRIMERA OLEADA (1579) — Los 27 + 3 del documento fundacional

El 28 de octubre de 1579, en la iglesia de Restábal, se firmó la carta de poder que daba a Gonzalo de Salazar autoridad para negociar en nombre de todos. El documento recoge la lista completa de los primeros repobladores con su nombre y su lugar de origen. Es el documento más extraordinario del Libro de Apeo de Restábal:

Nº, Nombre, Origen y Cargo:

1

Alonso López Carrillo

Jaén

Alcalde

2

Juan Ramos

Alcázar de Consuegra (Toledo)

Alcalde

3

Antón Gómez Marichica

Baena (Córdoba)

Regidor

4

Diego Hernández de Villanizar

Antequera (Málaga)

Regidor

5

Juan Vizcaíno

Martos (Jaén)

Alguacil

6

Gonzalo de Salazar

Castro del Río (Córdoba)

Procurador del Concejo

7

Pedro de Aragón

Vecino originario de Restábal

8

Domingo López

Valdepeñas (Ciudad Real)

9

Bartolomé Nieto

Urraca Miguel (Ávila)

10

Bartolomé de Alcázar

Alcaraz (Albacete)

11

Rodrigo Alonso

Antequera (Málaga)

12

Juan Camacho

Martos (Jaén)

13

Cristóbal de Zamora

Vecino originario de Restábal

14

Gaspar Hernández

Villafermosa (Aragón)

15

Francisco Flores Herrador

Vecino originario de Restábal

16

Francisco Sánchez

Huéscar (Granada)

17

Antón Hernández

Portugal

18

Francisco Navarro

Allea de Navarra

19

Cristóbal Oguo

Valdepeñas (Ciudad Real)

20

Alonso Ruiz

Antequera (Málaga)

21

Diego Pérez

Puebla de Don Fadrique (Granada)

22

María López (viuda de Juan Curado)

Córdoba

23

Lucía Rodríguez (viuda de Juan García Peinado)

Alcalá la Real (Jaén)

24

Mariana de Moya (viuda de Luis Hernández de Pemenez)

Valdepeñas (Ciudad Real)

25

Cristóbal García

Oliva (Valencia)

26

Lázaro Sedeño

Antequera (Málaga) (venía de Vélez de Benaudalla)

27

Bartolomé de Alfaro

Vecino originario de Restábal

Total: 27 repobladores nombrados en el documento, más los que aún faltaban para completar los 30 vecinos obligatorios.

Los tres originarios —Pedro de Aragón, Cristóbal de Zamora y Francisco Flores Herrador— ya estaban antes del alzamiento y fueron reconocidos como «vecinos originarios». También había que contar a Alonso de Perpiñán y Juliana López, los dos grandes propietarios pre-existentes, que actuaron como intermediarios entre los repobladores y la Corona pero ya tenían sus propiedades consolidadas.

Tres vecinos —Cristóbal García, Lázaro Sedeño y Bartolomé de Alfaro— firmaron sus poderes fuera del acto principal: Cristóbal García en la Venta del Río ese mismo día porque no estaba en la iglesia; Lázaro Sedeño en Granada el 30 de octubre —venía de Vélez de Benaudalla donde había sido poblador previamente—; Bartolomé de Alfaro en Granada el 4 de noviembre porque se encontraba allí. 📍

Y de Francisco Sánchez el Libro recoge un detalle extraordinario: «había llegado desde el cortijo de Juan de la Cueva de Bolaños en término de Guadix donde vivía con su mujer e hijos y tenía casa poblada». Es decir, lo arrancaron de una situación establecida en Guadix para traerlo a Restábal. Vino desde más lejos que la mayoría, desde una vida que ya tenía. 🚶

🗺️ DE DÓNDE VENÍAN — El mapa de los repobladores

El mapa de procedencias de los 27 repobladores de Restábal es uno de los documentos más reveladores del proceso repoblador del Valle de Lecrín. No es el patrón que muchos esperarían:

📍 CASTILLA LA NUEVA (Ciudad Real): 3 repobladores

Domingo López — Valdepeñas

Cristóbal Oguo — Valdepeñas

Mariana de Moya — Valdepeñas

Tres de Valdepeñas. ¿Coincidencia? Probablemente no: los pregones de repoblación se hacían en las ciudades, y Valdepeñas era un núcleo importante en el camino entre Toledo y Andalucía. Quizás algún reclutador local convenció a varios vecinos de que se fueran juntos.

📍 REINO DE JAÉN: 4 repobladores

Alonso López Carrillo — Jaén capital

Juan Vizcaíno — Martos

Juan Camacho — Martos

Lucía Rodríguez — Alcalá la Real

Dos de Martos. De nuevo el patrón de emigración en grupo desde la misma localidad.

📍 ANTEQUERA Y SU ÁREA (Málaga/Jaén): 4 repobladores

Diego Hernández de Villanizar — Antequera

Rodrigo Alonso — Antequera

Alonso Ruiz — Antequera

Lázaro Sedeño — Antequera

Cuatro de Antequera. El contingente más numeroso de una sola ciudad. Antequera era en el siglo XVI una ciudad fronteriza con larga tradición de movilidad hacia el reino de Granada.

📍 CÓRDOBA Y SU REINO: 3 repobladores

Antón Gómez Marichica — Baena

Gonzalo de Salazar — Castro del Río

María López — Córdoba

📍 REINO DE GRANADA (otros lugares): 3 repobladores

Francisco Sánchez — Huéscar

Diego Pérez — Puebla de Don Fadrique

(Lázaro Sedeño, venía de Vélez de Benaudalla)

📍 FORÁNEOS MÁS LEJANOS: 4 repobladores

Bartolomé Nieto — Urraca Miguel, Ávila (Castilla la Vieja)

Bartolomé de Alcázar — Alcaraz, Albacete (La Mancha)

Gaspar Hernández — Villafermosa, Aragón

Francisco Navarro — Navarra

Antón Hernández — Portugal

Cristóbal García — Oliva, Valencia

Lo más llamativo: un aragonés, un navarro, un portugués y un valenciano en un pueblo de la Vega de Granada. El proceso repoblador movilizó gente de todos los rincones de la península, algunos desde lugares que nunca habían oído hablar del Valle de Lecrín.

📍 VECINOS ORIGINARIOS: 4 ya residentes

Pedro de Aragón

Cristóbal de Zamora

Francisco Flores Herrador

Bartolomé de Alfaro

El resumen estadístico habla solo: el 40% de los repobladores vino de Andalucía oriental y el área de Granada. El 30% de Castilla la Nueva. El 30% restante de lugares más lejanos o foráneos. No era una repoblación de castellanos puros, como a veces se imagina: era una mezcla de toda la Corona. 🗺️

⚖️ LAS CONDICIONES — Lo que prometieron

La escritura de censo perpetuo impuso a los repobladores de Restábal unas condiciones de una exigencia que raya en lo brutal:

🏠 Residencia de 25 años obligatoria con casa poblada, mujer e hijos. No podían irse ni un año sin licencia real.

💸 No podían vender sus suertes durante 25 años, y cuando lo hicieran, solo a otro poblador útil, casado, de fuera del Reino de Granada, que no hubiera sido poblador en otro lugar.

🚫 No podían traspasar sin permiso del Concejo abierto y campana tañida. El que lo hiciera sin permiso perdía la suerte y todas las mejoras.

🌾 Obligación de labrar y mejorar las haciendas. Si no lo hacían durante un año sin causa justificada, perdían la suerte.

💰 No se aceptaban excusas para no pagar: ni incendios, ni lluvias, ni heladas, ni granizo, ni niebla, ni plagas de langosta, ni pestes, ni robos, ni guerra. El censo se pagaba siempre.

⛪ No podían vender a eclesiásticos —como luego intentó Baleriano Machuca el Mozo—.

Las tres viudas —María López, Lucía Rodríguez y Mariana de Moya— tuvieron además que renunciar expresamente a las leyes protectoras de las mujeres: «las leyes de los emperadores Justiniano y Veliano, leyes de Toro y Partidas». Solo así podían obligarse en mancomunidad como el resto. ⚖️

🔄 LAS OLEADAS POSTERIORES — Los que vinieron después.

La primera lista de 1579 era solo el principio. El Repartimiento de Restábal documenta décadas de entradas, salidas y sustituciones. Estos son los repobladores que llegaron en oleadas posteriores:

📅 CIRCA 1593 — La visita de Diego Hurtado de Mendoza

En 1593, el visitador Diego Hurtado de Mendoza detectó que el libro del repartimiento era un desastre —encuadernado en cuartillas sueltas, sin linderos, sin autorizar—. Ordenó rehacerlo. Y al rehacerlo, quedó constancia de los que estaban en ese momento, entre ellos varios que no figuraban en la lista de 1579:

🧑 Baleriano Machuca — uno de los hombres más influyentes de Restábal desde los años ochenta en adelante. Alcalde repetidas veces. Su familia domina el Repartimiento durante décadas.

🧑 Francisco Sánchez — alcalde en 1593 junto a Baleriano Machuca.

🧑 Alonso Enbuenhora — regidor en 1593, presente en decenas de actos del Concejo.

📅 1596-1597 — La revisión general de las suertes

El 30 de septiembre y 1 de octubre de 1596, todos los vecinos comparecieron uno a uno a revisar sus suertes ante los alcaldes Bartolomé de Alfaro y Francisco Ruiz y el conocedor Juan López Vizcaíno. El listado de quienes aparecen en ese acto añade más nombres:

🧑 Francisco Ruiz de la Muela — alcalde y propietario de la suerte primera.

🧑 Juan López Vizcaíno — conocedor oficial de las suertes.

🧑 Cristóbal de Alfaro — hijo de Bartolomé, suerte tercera.

🧑 Francisco Ruiz de la Rosa — sucesor en la suerte cuarta.

🧑 Jerónimo Márquez — regidor, sucesor en la suerte de Juan Curado.

🧑 Diego de Villegas León — poseedor de la suerte del ausente Pedro Vázquez.

🧑 Alonso Gómez Marichica — hijo de Antón Gómez, heredero de su suerte.

🧑 Diego García — cuñado de Cristóbal de Alfaro, presente en múltiples trueques.

🧑 Diego Cobo — vecino del Concejo de 1602.

🧑 Diego de Aragón — vecino activo desde los noventa en adelante.

🧑 Pedro Márquez — vecino en el Concejo de 1603.

🧑 Pedro Marín — vecino en el Concejo de 1603.

🧑 Mateo Jiménez — vecino en múltiples actos.

📅 1597 — Francisco González, vecino de Granada

El caso más documentado de un repoblador de reemplazo. Pedro Vázquez había sido vecino de Restábal, tenía su suerte, y simplemente desapareció. No vino a cumplir su vecindad. No pagó los diez ducados que debía al Concejo ni los doce reales de las cuentas. Le requirieron varias veces. No apareció.

El 23 de junio de 1597, el Concejo admitió en su lugar a Francisco González, vecino de Granada, que se había casado con María de Perpiñán —de la familia Perpiñán, los grandes propietarios pre-existentes— y recibió la suerte con la obligación de pagar además las deudas de Vázquez. Fue admitido como vecino ante los alcaldes y el escribano. Pedro Vázquez no volvió. 🚪

📅 1602 — Alonso Rodríguez de Junteron, el hidalgo

Alonso Rodríguez de Junteron, natural de La Zubia (Granada), llegó a Restábal para tomar media suerte de Bartolomé de Alfaro. El Concejo lo admitió el 29 de enero de 1602 con una condición especial: alegó ser hijodalgo y no poder pagar ciertos impuestos.

El Concejo mandó a Baleriano Machuca y Pedro Guerra a La Zubia a verificarlo. Volvieron con la confirmación: era efectivamente hijodalgo de sangre, exento de moneda forera, servicios ordinarios y demás pechos. El Concejo lo reconoció como tal. Un noble en un pueblo de labradores. 🏴

📅 1603 — Juan de Arroyo.

Juan de Arroyo fue admitido como nuevo repoblador el 10 de diciembre de 1603 en concejo abierto. Recibió media suerte de Cristóbal de Alfaro y se comprometió a pagar el censo y todos los demás cargos. No sabía escribir. Firmó por él un testigo. 📋

📅 Circa 1603-1616 — La segunda generación.

Para los primeros años del siglo XVII, muchas suertes ya habían pasado a hijos y herederos de los primeros repobladores. El Repartimiento registra:

🧑 Bartolomé de Salazar — hijo de Gonzalo de Salazar, hereda su suerte.

🧑 Bartolomé Ruiz de Alfaro — de la familia Alfaro, segunda generación.

🧑 Juan Ruiz de la Muela y Fernando Ruiz de la Muela — hijos o parientes de Francisco Ruiz.

🧑 Juan Ruiz de Nebros — vecino en el Concejo de 1616.

🧑 Fernán Ruiz — vecino en el Concejo de 1616.

🧑 Pascual López — regidor en 1616.

🧑 Juan Fenedo — alcalde en 1616.

🧑 Bartolomé de Salazar — alcalde en 1616.

🧑 Melchior de Santacruz — vecino en 1616.

🧑 Bernabé de Alfaro — tercera generación de los Alfaro.

📅 1616 — Simón de Contreras.

Simón de Contreras llegó en 1616 comprando la suerte de Hernando de la Chica a su viuda Lucía Ruiz. Compareció ante el Concejo el 22 de marzo de 1616, presentó la escritura de venta, fue admitido como vecino, tomó posesión de la suerte y firmó la carta de censo perpetuo. El último repoblador documentado en el Libro de Apeo de Restábal. 📜

📊 LOS NÚMEROS — De 65 hogares moriscos a 30 repobladores.

La condición de mantener 30 vecinos exactos —ni más ni menos— era una norma legal. En la práctica oscilaron entre 25 y 30. Nunca recuperaron los 65 hogares moriscos. La población de Restábal tardó generaciones en acercarse a lo que había sido antes de 1568. 📉

🌿 LO QUE QUEDÓ

Esos 30 hogares llegados de Jaén, Antequera, Valdepeñas, Baena, Castro del Río, Ávila, Aragón, Navarra, Portugal y Valencia se instalaron en casas que habían sido de los Ynbran, los Foraira, los Chite, los Ynbran. Aprendieron a regar con las acequias que otros habían construido. Aprendieron a coger la aceituna de los olivos que otros habían plantado. Aprendieron —mal y tarde— a criar el gusano de seda que los moriscos criaban con maestría instintiva.

Y con el tiempo echaron raíces. Sus hijos nacieron en Restábal. Sus nietos se llamaron Ruiz de la Muela, Alfaro, Salazar, Machuca, Aragón. Los mismos apellidos que el Repartimiento registra en 1579 aparecen décadas después como alcaldes, regidores, conocedores. La segunda generación ya no era de repobladores. Era de vecinos.

El concejo reunido a son de campana tañida en la iglesia de Restábal el 28 de octubre de 1579 no sabía que estaba fundando algo. Creía que estaba firmando un contrato con el rey. Pero estaba, sin saberlo, escribiendo el primer capítulo de la historia moderna del pueblo. 🕯️

Fuente: M. Espinar Moreno, C. González Martín, A. de la Higuera Rodríguez, I. C. Gómez Noguera. «El Valle. Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal». Granada, 2006.

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Saleres en 1502


 🌿 SALERES EN 1502: EL PUEBLO NAZARÍ ESCONDIDO ENTRE ACEQUIAS, HORNOS Y MORALES 

Hay pueblos que no solo se leen en sus calles actuales, sino también en los documentos antiguos.

Saleres es uno de ellos.

Hoy lo vemos como un pequeño y hermoso pueblo blanco del Valle de Lecrín, recogido entre bancales, acequias, naranjos, silencio y memoria. Pero si retrocedemos más de quinientos años, hasta comienzos del siglo XVI, descubrimos otro Saleres: una alquería nazarí viva, agrícola, organizada, llena de nombres árabes, pagos de riego, hornos, mezquitas, rábitas, huertas, viñas, olivos, morales, higueras, albaricoques y caminos.

Un Saleres que casi había quedado escondido bajo la historia.

Y, sin embargo, en 1502, poco después de la conquista cristiana y de la conversión forzosa de los mudéjares, alguien dejó escrita una relación de sus bienes habices. Gracias a ese documento podemos asomarnos a una imagen preciosa: la de un pueblo nazarí que todavía respiraba por sus acequias, por sus hornos y por sus árboles. 📜🌿


🕌 ¿Qué eran los bienes habices? 

Para entender aquel Saleres de 1502 hay que comprender primero qué eran los habices.

Los habices —del árabe waqf— eran bienes piadosos de la sociedad musulmana. No eran simples propiedades particulares. Eran tierras, casas, hornos, árboles, aguas, tiendas o edificios destinados a sostener fines religiosos y sociales.

Con ellos se mantenían mezquitas, rábitas, alfaquíes, escuelas, lámparas de culto, pobres, viajeros, estudiantes, fuentes, aljibes, caminos, puentes y otras necesidades de la comunidad.

Es decir: la fe no estaba encerrada solamente dentro de una mezquita. La fe también podía estar en una haza de riego, en un moral, en un olivo, en una viña, en una higuera, en una acequia o en el horno donde el pueblo cocía su pan.

Por eso, cuando leemos los habices de Saleres, no estamos leyendo solo una lista de propiedades. Estamos leyendo la vida cotidiana de una comunidad.

Estamos viendo cómo se organizaba el pueblo.

Estamos viendo de qué vivía.

Estamos viendo quién rezaba, quién enseñaba, quién regaba, quién amasaba, quién cultivaba y quién recordaba.


🏡 Saleres dentro de la taha de Alaclín .

En época nazarí, Saleres formaba parte del mundo histórico del Valle de Lecrín, integrado en la antigua taha de Alaclín, en el camino hacia la Alpujarra, en una zona estratégica entre Granada, la costa, Sierra Nevada y las tierras alpujarreñas.

El documento nos recuerda que el Valle de Lecrín aparece mencionado en diversas fuentes medievales, aunque durante mucho tiempo las noticias sobre sus pueblos fueron escasas y fragmentarias. Por eso, la relación de bienes habices de 1502 tiene tanto valor: porque permite reconstruir detalles concretos de lugares pequeños, de esos pueblos que casi nunca aparecen en las grandes crónicas de reyes, guerras y cortes.

Saleres no era una capital.

No era una ciudad importante.

No era un castillo famoso.

Pero era vida.

Era una alquería con casas, caminos, agua, hornos, tierras, árboles y memoria.

Y precisamente por eso su historia nos conmueve más.


🕌 La mezquita de Saleres y sus bienes.

En el centro espiritual de aquel Saleres estaba la mezquita.

Tras la conquista y la conversión de los mudéjares, muchas mezquitas fueron transformadas en iglesias o quedaron integradas dentro del nuevo sistema religioso cristiano. Pero antes de ese cambio, la mezquita de Saleres había sido el corazón religioso de la alquería.

A ella estaban vinculados bienes destinados a sostener el culto: tierras de riego, olivos, árboles y otros recursos que producían rentas o alimentos.

No hay que imaginar aquella mezquita como un edificio aislado de la vida del pueblo. Todo lo contrario. La mezquita estaba unida al paisaje.

Sus bienes estaban en los pagos.

Sus olivos daban aceite para las lámparas.

Sus hazas producían alimento o renta.

Sus árboles formaban parte de la economía espiritual del lugar.

En aquel mundo, una lámpara encendida en la mezquita podía depender del aceite de un olivo plantado en una haza concreta. Una oración podía estar sostenida por una viña. Una escuela por una renta. Una obra piadosa por una higuera.

Ese es el gran valor de los habices: nos enseñan que la vida religiosa, económica y social formaba una sola red.


👳 El alfaquí: maestro, guía y administrador .

El documento habla también de los bienes del alfaquí de la mezquita de Saleres.

El alfaquí era una figura esencial en la comunidad musulmana. No era solamente un hombre de religión. También podía enseñar a los niños, interpretar la ley religiosa, dirigir el culto, aconsejar a los vecinos y conocer perfectamente las propiedades, las aguas, las lindes y los usos del pueblo.

En el caso de Saleres no sabemos con seguridad el nombre exacto del alfaquí que servía la mezquita, aunque aparecen relacionados con estos bienes nombres como Aluzeraq o Alazeraque.

Los bienes asignados al alfaquí incluían una casa con huerta, tierras de riego, viñas, secanos, olivos, higueras, albaricoques, un limonero, morales y hasta un horno.

Es un dato precioso.

Porque nos muestra que aquel hombre no vivía separado del pueblo. Vivía en medio de él. Su casa tenía huerta. Su huerta tenía árboles. Sus rentas dependían del campo. Su papel espiritual estaba unido a la economía diaria de Saleres.

El alfaquí rezaba, enseñaba y administraba.

Pero también sabía dónde estaba cada haza, cada acequia, cada moral, cada olivo y cada camino.


🔥 El horno donde Saleres amasaba su vida .

Uno de los datos más hermosos del documento es la existencia de un horno vinculado a los habices del alfaquí.

El horno era una de las pequeñas industrias más importantes de las alquerías nazaríes. Allí se cocía el pan diario, pero también podían prepararse otros alimentos y dulces. Era un lugar práctico, económico y social.

El horno no era solo fuego.

Era olor a pan.

Era conversación.

Era vecindad.

Era espera.

Era mujeres llevando la masa.

Era niños mirando las brasas.

Era sustento.

Era pueblo.

En aquel Saleres de 1502, el horno formaba parte de la economía religiosa, porque estaba vinculado a los bienes de la mezquita y del alfaquí. Pero, al mismo tiempo, formaba parte de la vida más cotidiana. Pocas cosas hay tan humanas como un horno de pan.

Por eso podemos imaginar aquel punto caliente del pueblo como uno de los lugares donde la comunidad se encontraba sin necesidad de grandes ceremonias.

Allí Saleres amasaba su vida. 🔥🥖


💧 Acequias, pagos y nombres perdidos .

El documento de 1502 conserva nombres de antiguos pagos de Saleres: Hauc Adar, Daya, Cadah, Biniar, Guazta, Gued, Roay, Haytodoquir, Puhad, Quichar, Cana, Belin, Meuz Alguaxar y otros.

Muchos de esos nombres nos llegan deformados por la escritura castellana de la época, transcritos desde el árabe o desde la memoria oral de los conocedores del lugar. Pero siguen teniendo una fuerza enorme.

Son nombres de agua.

Nombres de bancales.

Nombres de caminos.

Nombres de familias.

Nombres de un paisaje que hablaba en árabe antes de hablar en castellano.

También se mencionan acequias, como la del Pago de Gued y otra que pasaba junto al horno. Esto nos recuerda algo fundamental: Saleres, como tantos pueblos del Valle de Lecrín, no se entiende sin el agua.

El agua era la que ordenaba la tierra.

El agua decidía el valor de una haza.

El agua sostenía los morales, las viñas, las huertas, los olivos y los frutales.

El agua hacía posible la vida.

Cada acequia era una línea de civilización.

Cada turno de riego era una forma de justicia.

Cada bancal regado era una pequeña victoria contra la sequedad.


🌳 Morales, seda y memoria vegetal .

Entre los árboles citados en los bienes del alfaquí aparecen varios morales.

Este detalle es muy importante.

El moral no era un árbol cualquiera. En el mundo nazarí y morisco, los morales estaban unidos a la cría del gusano de seda. Sus hojas alimentaban a los gusanos, y de aquellos capullos salía una de las riquezas más delicadas y valiosas del Reino de Granada: la seda.

Por eso, cuando el documento nos habla de morales en Saleres, nos está dando una pista económica de primer orden.

Nos dice que Saleres formaba parte de aquel paisaje sedero del Valle de Lecrín.

No era solo un pueblo de olivos y viñas.

También era un pueblo de hojas de moral.

Un pueblo donde la primavera traía trabajo minucioso, donde las casas podían llenarse de zarzos, donde las mujeres y las familias participaban en una economía doméstica y delicada, donde cada hoja tenía valor.

El moral era, en cierto modo, un árbol de dinero.

Pero también era un árbol de memoria.

Quizás algunos de los viejos morales que sobrevivieron durante siglos en el Valle fueron descendientes de aquel mundo. Árboles que ya no hablaban, pero que seguían guardando en su sombra la historia de la seda.


🫒 Olivos para el aceite y para la luz .

El documento menciona numerosos aceitunos vinculados a la mezquita y al alfaquí.

El olivo era alimento, renta y luz.

Daba aceite para comer, pero también aceite para iluminar. Y en el caso de los bienes religiosos, muchos olivos estaban destinados precisamente a sostener las lámparas de la mezquita.

Esto tiene una belleza especial.

La oración dependía del campo.

La luz sagrada dependía del aceite.

El aceite dependía del olivo.

El olivo dependía del agua, de la tierra y de las manos que lo cuidaban.

Así, un árbol plantado en un pago de Saleres podía acabar iluminando la noche de la mezquita.

Cada aceituna tenía una dimensión económica, pero también espiritual.


🍇 Viñas, higueras, albaricoques y limoneros .

Saleres también aparece como una alquería de viñas.

El documento habla de diversas viñas en distintos pagos. Aparecen también higueras, albaricoques, limoneros, almeces y parras.

Todo ello nos permite imaginar un paisaje agrícola muy diverso.

No era una tierra monocorde.

Era un mosaico.

Había hazas de riego, tierras de secano, viñas, frutales, olivos y morales. Un pequeño universo agrícola perfectamente adaptado al relieve, al agua y al clima del Valle.

La higuera daba dulzura de verano.

El limonero perfumaba la huerta.

El albaricoque anunciaba la fruta temprana.

La parra ofrecía sombra y racimos.

El olivo daba aceite.

El moral alimentaba la seda.

La viña daba fruto, trabajo y memoria.

Así era el Saleres nazarí: un pueblo pequeño, sí, pero lleno de vida productiva.


🪦 El Honsario del Pago del Guazta .

Entre los datos más emotivos aparece la mención de un lugar de enterramiento o macaber: el Honsario situado en el Pago del Guazta.

Este detalle cambia nuestra mirada.

Porque ya no hablamos solo de fincas, acequias, hornos y árboles. Hablamos también de los muertos.

Hablamos de generaciones de salereños andalusíes que vivieron allí, trabajaron aquellas tierras, rezaron en su mezquita, llevaron pan al horno, regaron sus huertas, recogieron hojas de moral y fueron enterrados en aquel paisaje.

El Honsario del Guazta nos recuerda que bajo los nombres antiguos no hay solo topónimos.

Hay personas.

Hay familias.

Hay memoria.

Hay una comunidad que desapareció como tal, pero que dejó huellas en el papel, en el agua, en la tierra y quizás también en algunos rincones invisibles del paisaje.


📜 Saleres como anejo de Restábal .

Tras la reorganización cristiana del territorio, Saleres aparece vinculado a Restábal como anejo dentro de la nueva estructura eclesiástica.

Esto nos ayuda a entender la relación histórica entre los pueblos del actual municipio de El Valle: Restábal, Melegís y Saleres compartieron durante siglos caminos, aguas, iglesias, familias, tierras y memoria.

Pero en 1502 Saleres todavía conservaba, al menos en el documento, la huella de su antigua organización nazarí.

La nueva época ya había comenzado.

Las mezquitas empezaban a quedar atrás.

Los bienes habices pasaban poco a poco a otro sistema.

Los nombres árabes iban siendo escritos por manos castellanas.

Pero la alquería antigua seguía latiendo.

Y ese latido es el que hoy podemos recuperar.


🌿 El pueblo escondido bajo los árboles .

Saleres en 1502 era mucho más que un pequeño núcleo rural.

Era una alquería nazarí con una estructura compleja, con bienes religiosos, economía agrícola, acequias, pagos, horno, mezquita, alfaquí, morales, viñas, olivos, frutales y lugares de enterramiento.

Era un pueblo donde todo estaba conectado.

El agua con la tierra.

La tierra con los árboles.

Los árboles con la seda, el aceite, el pan y la luz.

La mezquita con los campos.

El horno con las casas.

Los vivos con sus muertos.

Por eso, cuando hoy paseamos por Saleres, no deberíamos ver solamente sus calles blancas y su paisaje sereno. Deberíamos imaginar también aquel otro pueblo escondido bajo la memoria: el Saleres de los habices, de las acequias, de los hornos, de los morales y de los nombres antiguos.

Porque la historia no siempre desaparece.

A veces se queda dormida en un documento.

A veces espera quinientos años.

Y un día vuelve a hablar. 🌿📜


📚 Bibliografía:


ESPINAR MORENO, Manuel. “Bienes habices de la alquería de Saleres en 1502. Noticias sobre la economía del Reino Nazarí”, en De Al-Andalus a Tetuán. Actas del Homenaje al profesor Mhammad M. Benaboud. Coordinador: Mohamed Cherif. Publicaciones de la Asociación Marroquí para los Estudios Andalusíes, Tetuán, 2013.



¿ Cómo hacer seda en casa hoy?.


 

🧵🌿 HACER SEDA EN CASA EN EL VALLE DE LECRÍN

Cuando las moreras vuelven a hablar y el hilo antiguo despierta entre acequias, huertas y memoria

Hubo un tiempo en que la seda no era una rareza exótica ni una palabra lejana.
Hubo un tiempo en que la seda nacía aquí mismo, en nuestros pueblos, junto a las acequias, en las huertas, entre morales, moreras, bancales y casas encaladas.

En el Valle de Lecrín, como en Granada, la Alpujarra y tantas zonas del antiguo Reino nazarí, los morales fueron mucho más que árboles. Fueron alimento, economía, sabiduría familiar y riqueza silenciosa. Sus hojas no se miraban solo como sombra o verdor, sino como el sustento imprescindible de unos pequeños gusanos blancos capaces de convertir la hoja en hilo, y el hilo en seda. 🐛🌿

Hoy, siglos después, vuelve a surgir una pregunta preciosa:

¿Sería posible hacer seda a nivel casero en el Valle de Lecrín?

La respuesta es sí.
No como se hacía antiguamente, con grandes crianzas familiares, habitaciones llenas de cañizos y jornadas enteras dedicadas a alimentar gusanos. Hoy se puede hacer de otra manera: más pequeña, más limpia, más controlada, más didáctica y más artesanal.

No se trataría de competir con la industria sedera mundial, sino de recuperar una memoria. De volver a plantar moreras. De enseñar a los niños y mayores cómo una hoja puede convertirse en hilo. De unir historia, naturaleza, cultura, artesanía y futuro.

🌳 Lo primero: volver a mirar las moreras

Para hacer seda, lo primero no son los gusanos.
Lo primero son las moreras.

El gusano de seda se alimenta de hojas de morera. Por eso, cualquier proyecto sedero casero en el Valle de Lecrín tendría que empezar por localizar, cuidar y plantar moreras en huertas, patios, colegios, caminos rurales y márgenes de acequias.

En pueblos como Melegís, Restábal, Saleres, Murchas, Nigüelas, Béznar, Ízbor, Acequias, Pinos del Valle o Albuñuelas, todavía se puede imaginar muy bien aquel paisaje antiguo: acequias corriendo, bancales fértiles, naranjos, olivos, higueras y morales alimentando una economía hoy casi olvidada.

Sería hermoso crear un mapa de moreras antiguas del Valle de Lecrín, recogiendo árboles viejos, testimonios de vecinos y lugares donde aún queda memoria de la seda.

Porque antes de criar gusanos, hay que recuperar el árbol. 🌳

🐛 Criar gusanos de seda en casa

La cría doméstica actual puede hacerse de forma sencilla, siempre que se haga con higiene y responsabilidad.

No hace falta empezar con miles de gusanos. Al contrario: lo recomendable sería comenzar con una pequeña crianza de prueba, quizá con 50, 100 o 200 gusanos.

Para ello harían falta:

📦 Cajas limpias y ventiladas.
🌿 Hojas frescas de morera, sin pesticidas.
🧼 Higiene diaria.
🌡️ Temperatura suave y estable.
🪵 Cartones, ramas limpias o estructuras donde puedan hacer el capullo.
📓 Un cuaderno para apuntar fechas, cambios, alimentación y resultados.

Los gusanos nacen diminutos. Al principio necesitan hojas tiernas, incluso cortadas en trozos pequeños. Conforme crecen, comen más y más. Y comen mucho. Esa es una de las primeras lecciones de la seda: no hay hilo sin hoja, no hay capullo sin árbol, no hay seda sin paciencia.

Durante varias semanas, los gusanos mudan, crecen y van transformándose. Después, cuando dejan de comer y buscan altura, llega el momento más esperado: el encapullado.

🏡 El momento del capullo

Cuando el gusano está preparado, empieza a hilar alrededor de sí mismo. Lo hace lentamente, con una precisión asombrosa. De su cuerpo sale un filamento finísimo que va formando una pequeña casa ovalada: el capullo.

En casa, se le pueden preparar espacios sencillos para encapullar:

🥚 Cartones de huevos.
📦 Celdillas de cartón.
🌾 Ramas secas limpias.
🧺 Pequeñas rejillas o estructuras de papel.

En pocos días, el gusano queda encerrado dentro de su obra. Y ahí aparece una de las grandes preguntas de la seda actual.

¿Qué hacemos con el capullo?

🧵 Dos maneras de obtener seda

Hoy, a nivel casero, hay dos caminos principales.

1. Seda tradicional de devanado

Es la forma histórica de obtener hilo continuo.

El capullo se trabaja antes de que la mariposa salga, porque si la mariposa rompe el capullo, el hilo continuo se corta. Para devanar la seda, los capullos se introducen en agua caliente, se ablandan, se busca el extremo del filamento y se unen varias hebras para formar un hilo más resistente.

Con paciencia, se puede ir enrollando ese hilo en un pequeño carrete o devanador manual.

Este método permite obtener una seda más brillante, más larga y más parecida a la seda tradicional.

2. Seda ética o de capullo abierto

La otra posibilidad es dejar que la mariposa salga.

En ese caso, el capullo se rompe y ya no puede devanarse como hilo continuo. Pero no se pierde. Se puede lavar, abrir, cardar e hilar como fibra corta.

El resultado es una seda más irregular, menos brillante, pero muy valiosa para proyectos artesanales, educativos y éticos.

Esta opción puede ser especialmente interesante para talleres escolares, proyectos culturales, artesanía contemporánea o iniciativas patrimoniales donde se quiera mostrar el ciclo completo de la vida del gusano.

🍲 Cómo extraer seda de forma casera

Para una primera experiencia no hace falta maquinaria industrial.

Bastaría con:

🔥 Un recipiente con agua caliente.
🌡️ Un termómetro de cocina.
🪥 Un cepillito fino o escobilla.
🧤 Guantes.
🧵 Un carrete, bobina o pequeño devanador.
🪡 Un huso o rueca pequeña, si se quiere hilar fibra corta.

Los capullos se ablandan en agua caliente. Después se buscan las hebras exteriores, se agrupan varios filamentos y se van enrollando suavemente. No es fácil al principio. La seda exige paciencia, pulso y aprendizaje.

Pero ahí está precisamente su belleza.

Cada hilo que sale del capullo parece decirnos que la naturaleza también sabe escribir.

🌿 Una seda del Valle de Lecrín

Imaginemos por un momento un pequeño proyecto sedero en el Valle:

Moreras plantadas junto a una acequia.
Niños observando cómo nacen los gusanos.
Mayores contando que antes había morales en tal pago, en tal huerta, junto a tal camino.
Artesanas devanando pequeños capullos.
Investigadores consultando libros de apeo.
Artistas creando piezas textiles con seda local.
Talleres en colegios, asociaciones de mujeres, centros culturales o ferias comarcales.

No estaríamos hablando solo de producir seda.
Estaríamos hablando de recuperar una memoria dormida.

Porque el Valle de Lecrín no fue únicamente tierra de naranjos, limones, aceite, agua y molinos. También fue tierra de morales. Y los morales fueron, durante siglos, parte de una economía delicada y poderosa.

En los antiguos documentos aparecen una y otra vez: morales, hojas, acequias, huertas, pagos, bancales. Aquellos árboles no eran adorno. Eran riqueza.

📜 De los Libros de Apeo al futuro

Los Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal nos recuerdan la importancia de los morales en el siglo XVI. Tras la expulsión de los moriscos, muchas tierras, huertas y árboles fueron inventariados, repartidos o disputados. Y entre esos bienes aparecen los morales, porque la hoja era fundamental para la cría del gusano de seda.

Eso significa que, si hoy alguien en el Valle de Lecrín vuelve a plantar moreras para criar gusanos, no está inventando algo extraño.

Está retomando un hilo antiguo.

Un hilo que viene de la Granada nazarí, de la cultura morisca, de las acequias, de las casas de labor, de las mujeres que alimentaban gusanos, de los hombres que cuidaban huertas, de los niños que mirarían asombrados aquellos capullos blancos como pequeñas lunas.

🧺 Una propuesta sencilla para empezar

Para quien quiera intentarlo, el camino podría ser este:

🌱 Primer paso: plantar moreras o localizar moreras sanas y sin tratamientos químicos.
🐛 Segundo paso: criar pocos gusanos, de forma experimental.
🧼 Tercer paso: cuidar mucho la limpieza y la ventilación.
🏡 Cuarto paso: preparar celdillas o cartones para que hagan capullos.
🧵 Quinto paso: probar el devanado tradicional con algunos capullos.
🦋 Sexto paso: dejar salir algunas mariposas para trabajar seda ética.
📓 Séptimo paso: documentar todo el proceso.
🎨 Octavo paso: convertirlo en talleres, muestras, artesanía o investigación cultural.

No se necesita una fábrica.
Se necesita una morera, unos gusanos, paciencia y amor por la memoria.

🧡 La seda como cultura viva

Quizás el futuro de la seda en el Valle de Lecrín no esté en grandes telares ni en producción industrial.

Quizás esté en otra parte.

En una escuela que planta moreras.
En una asociación que organiza un taller de seda.
En una artesana que hace pequeñas piezas con capullos del Valle.
En una ruta patrimonial que une acequias, morales y antiguos pagos.
En una feria donde se explique cómo una hoja se convierte en hilo.
En una investigación que conecte Granada, la Alpujarra, Órgiva y el Valle de Lecrín.

Porque la seda no es solo un tejido.
La seda es memoria.
Es paciencia.
Es transformación.

Una hoja se convierte en alimento.
El alimento se convierte en capullo.
El capullo se convierte en hilo.
Y el hilo, si sabemos cuidarlo, puede volver a unirnos con nuestra historia.

Tal vez ha llegado el momento de que las moreras regresen al Valle de Lecrín.
Tal vez ha llegado el momento de escuchar otra vez el silencio de los gusanos comiendo hoja fresca.
Tal vez ha llegado el momento de que la seda, pequeña, humilde y casera, vuelva a nacer entre nuestras acequias.

Porque hay memorias que no se recuperan solo leyendo papeles antiguos.
A veces se recuperan plantando un árbol. 🌳🧵

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30 mayo 2026

Un Melegileño en el Orange Peel


 

🍊 UN MELEGILEÑO EN EL “ORANGE PEEL”: RAÚL MOLINO GUTIÉRREZ LLEVA LA NARANJA DE MELEGÍS AL CONGRESO DE EDUCACIÓN ARTÍSTICA EN A CORUÑA

Hay frutos que no terminan cuando se comen.

Hay cáscaras que no son desecho, sino memoria.

Hay naranjas que, después de haber dado zumo, aroma y dulzura, todavía pueden seguir hablando del lugar donde nacieron.

Eso es, en parte, lo que ha hecho Raúl Molino Gutiérrez, melegileño y vinculado a la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada, con su proyecto “Orange Peel”, presentado recientemente en el IV Congreso de Educación Artística. Redeiras e trasmallos in the SEA, celebrado en A Coruña. 🍊🌊

Una propuesta artística, experimental y profundamente ligada a la tierra: crear a partir de un biomaterial desarrollado con naranjas cultivadas en Melegís, en pleno corazón del Valle de Lecrín.

Y eso, para quienes sabemos lo que significa la naranja en este valle, no es un simple detalle. Es casi una declaración de amor.

🍊 La naranja convertida en arte, diseño y memoria

“Orange Peel” no es solo una obra visual. Es una forma de mirar de nuevo aquello que muchas veces damos por cotidiano.

La piel de la naranja, esa cáscara que durante generaciones ha perfumado las casas, los patios, los inviernos y las manos de quienes han trabajado en los campos, aparece aquí transformada en materia artística. En textura. En superficie. En posibilidad.

Raúl Molino ha llevado esa piel humilde y luminosa a un terreno donde dialogan la sostenibilidad, la artesanía, la tecnología, la innovación, el arte contemporáneo y el diseño de moda. ✨

Lo que antes quedaba sobre una mesa, en un cesto o junto al exprimidor, se convierte ahora en un material capaz de cubrir, sugerir, vestir, proteger y emocionar.

Una especie de segunda vida para la naranja.

Una segunda piel.

🌿 Crear desde el territorio

Lo hermoso de este proyecto es que no nace de una idea abstracta ni de una moda pasajera. Nace de un lugar concreto: Melegís.

Nace de los naranjos del Valle.

De las acequias que riegan sus bancales.

De los inviernos dorados.

De las manos que recogen el fruto.

De esa cultura agrícola que ha dado identidad, economía y paisaje a nuestros pueblos.

Porque cuando Raúl habla de su obra, habla también de homenaje. De paisaje. De cultura. De recursos naturales que han formado parte de su vida desde siempre.

Y ahí está una de las claves más bellas de “Orange Peel”: no utiliza la naranja solo como material, sino como símbolo.

La naranja como raíz.

La naranja como memoria.

La naranja como futuro.

🎨 Educación artística, investigación y sostenibilidad

Presentar este trabajo en un congreso de educación artística no es casual. La educación artística no solo enseña a pintar, dibujar o crear objetos bellos. También enseña a pensar el mundo de otra manera.

Y “Orange Peel” plantea precisamente eso: ¿qué hacemos con lo que tiramos?, ¿qué puede nacer de los restos?, ¿cómo puede un producto agrícola tradicional dialogar con la creación contemporánea?, ¿cómo puede un pueblo pequeño aportar ideas a los grandes debates sobre sostenibilidad e innovación?

Desde Melegís a A Coruña, la naranja del Valle de Lecrín ha viajado convertida en investigación artística. Y lo ha hecho con una fuerza muy especial: la de unir pasado y futuro.

El pasado de una tierra agrícola.

El futuro de los biomateriales.

El pasado de la artesanía.

El futuro del diseño sostenible.

El pasado de nuestras naranjas.

El futuro de una creatividad más respetuosa con el planeta. 🌍

👏 Orgullo de pueblo y de Valle

Por eso, esta noticia merece ser celebrada.

Porque cuando alguien de un pueblo como Melegís lleva al exterior un proyecto nacido de su tierra, también está llevando un poco de todos nosotros. Lleva nuestros campos, nuestros frutos, nuestras acequias, nuestra manera de entender la vida y esa relación antigua entre naturaleza, trabajo y belleza.

Raúl Molino Gutiérrez ha puesto en valor el producto estrella de nuestro Valle desde una mirada nueva, contemporánea y valiente. Ha demostrado que la naranja no pertenece solo al mercado, ni solo a la gastronomía, ni solo a la tradición agrícola. También puede pertenecer al arte, a la investigación, a la moda sostenible y al pensamiento creativo.

Y eso abre caminos.

Porque quizá el futuro de nuestros pueblos no esté solo en conservar lo que fuimos, sino también en imaginar nuevas formas de contar lo que somos.

🍊 Enhorabuena, Raúl.

Desde Melegís y desde el Valle de Lecrín, solo cabe decir:

Enhorabuena, Raúl Molino Gutiérrez.

Por mirar una naranja y ver en ella algo más que un fruto.

Por convertir la piel en creación.

Por unir arte, sostenibilidad e identidad.

Por llevar el nombre de Melegís a un espacio de conocimiento, diálogo y futuro.

Porque a veces, una cáscara de naranja también puede ser una forma de decir:

venimos de una tierra fértil, luminosa y creativa. 🍊✨

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🍊 UN MELEGILEÑO EN EL “ORANGE PEEL”: RAÚL MOLINO GUTIÉRREZ LLEVA LA NARANJA DE MELEGÍS AL CONGRESO DE EDUCACIÓN ARTÍSTICA EN A CORUÑA






Los Morales y la Seda: EL ORO VEGETAL DEL VALLE DE LECRÍN


 🌳 LOS MORALES Y LA SEDA: EL ORO VEGETAL DEL VALLE DE LECRÍN

Cómo Melegís y Restábal alimentaron a Europa con un hilo más fino que el cabello humano

Había un momento al año en que todo se paraba en Melegís y Restábal.

No se paraba por fiesta. No se paraba por lluvia. Se paraba porque los gusanos habían empezado a comer.

Y cuando los gusanos comían, todo lo demás podía esperar. Los pleitos, las acequias, los linderos, las escrituras. El alcalde Alonso Román lo dice en su denuncia de abril de 1577 con una urgencia que se palpa a través de los siglos: «entre los dichos bienes ay morales, y agora es el tienpo de la cria de la seda, se me cubre horden para que no los cojan, hasta tanto que este negoçio se entienda».

Que no los cojan. Que no cojan la hoja. Porque si no se recoge la hoja en su momento exacto, el gusano no come. Y si el gusano no come, no hay capullo. Y si no hay capullo, no hay seda. Y si no hay seda... no hay nada. 🐛

🌍 EL REINO DE GRANADA — La fábrica de seda de Europa

Para entender lo que significaba un moral en Melegís o Restábal en el siglo XVI hay que entender primero lo que significaba la seda en el mundo de entonces.

El Reino Nazarí de Granada se mantuvo en pie ante el empuje de Castilla gracias a la potencia de su industria sedera. No es metáfora: la seda era la base económica que financiaba ejércitos, palacios y diplomacia. Y cuando los Reyes Católicos conquistaron Granada en 1492, lo primero que hicieron fue mantener el sistema intacto. El negocio era demasiado bueno para destruirlo.

La industria de la seda se inicia en Al-Ándalus en el siglo IX, con especial esplendor en la época Nazarí entre los siglos XIII y XV y el siglo Morisco en el XVI. En época árabe, el árbol que más destacaba en cantidad era el moral, un 75% del arbolado, cuyas hojas eran la base del alimento del gusano de seda.

Granada mantuvo las exportaciones de seda en rama o tejida hacia otros reinos peninsulares y a Italia, Norte de África y América —en este caso vía Sevilla—, y tras la rebelión morisca y hasta 1592 obtuvo incluso el monopolio de la venta de seda a las Indias.

El Valle de Lecrín —con Melegís, Restábal, Saleres, El Chite, Mondújar, Acequias— era uno de los graneros de seda del reino. No el más grande, pero sí uno de los más productivos en relación a su superficie. Sus laderas regadas, su clima templado, sus morales centenarios plantados en cada bancal disponible: todo apuntaba a la seda como vocación principal. 🌿

🌳 EL MORAL — El árbol que lo era todo

El protagonista de esta historia no es el gusano. Es el árbol.

Morus nigra. El moral negro. Un árbol de hoja grande, rugosa, verde oscuro, que en primavera brota con una puntualidad casi milagrosa y cuya hoja es el único alimento que el gusano de seda —el Bombyx mori— acepta sin discusión.

En Melegís y Restábal, el moral no era un árbol más entre los demás. Era el árbol. El que daba nombre a los pagos, el que aparece en casi cada escritura del Apeo, el que se compraba, se vendía, se heredaba y se pleiteaba con una intensidad que no tiene ningún otro bien.

Los números del Libro de Apeo hablan solos:

📊 Melegís, 1572: «Quarenta onças de cria de seda, poco mas o menos», producidas por los morales de los bienes moriscos confiscados. Y además una onza y media más en los cuarenta marjales de la Hagüela —los bienes del rey—. En total, más de cuarenta y una onzas anuales de cría de seda solo en lo que pertenecía a la Corona.

📊 Restábal, 1572: «Quarenta honças de cria de seda [...] fuera de yglesias y christianos biejos». Cuarenta onzas más, solo en los bienes confiscados a los moriscos. Sin contar lo que producían las propiedades de la iglesia y los cristianos viejos —Perpiñán, Pedro de Aragón, López de Ariza— que también tenían morales por docenas.

¿Qué es una onza de cría de seda? Es la unidad de medida de los huevos de gusano: la semilla del negocio. De una onza de huevos eclosionaban miles de gusanos que, bien alimentados durante su ciclo completo de cuarenta días, producían kilos de capullos. Y de los capullos salía la seda. 🥚

El moral era tan valioso que en el Apeo de Restábal muchos propietarios lo tienen no en tierra propia sino en haça ajena: el árbol de uno plantado en la finca del otro, con un acuerdo de uso que el escribano registra escrupulosamente. Pedro de Aragón compró moral a moral durante años, algunos en tierra de moriscos que ni siquiera eran suyos. Juliana López pleiteó por un moral cuya propiedad se probó con el recuerdo de una pelea entre su primer marido y el vecino Lorenço Zulan. Un moral era suficiente motivo de litigio. 🌳

🐛 EL CICLO DEL GUSANO — Cuarenta días que valían un año

La cría del gusano de seda era, en el siglo XVI, una actividad doméstica y comunitaria al mismo tiempo. Se hacía en casa —literalmente, dentro de las casas—, pero requería la coordinación de todo el pueblo para la recogida de la hoja.

El ciclo comenzaba en primavera, cuando el moral brotaba. Y desde ese momento, el reloj corría:

🥚 FASE 1 — Los Huevos (las onzas de cría)

Los huevos del gusano de seda —las famosas onzas de cría— se guardaban en frío durante el invierno para retrasar la eclosión. Cuando llegaba el momento —cuando el moral empezaba a brotar y había hoja suficiente— se sacaban al calor. La polilla de seda hembra pone de 300 a 500 huevos.

Una onza de huevos —el estándar del Apeo— contenía miles de larvas en potencia. Toda la producción anual del Valle arrancaba de ese puñado de huevos guardados desde el otoño anterior.

🌿 FASE 2 — La Hoja (coger la hoja de los morales)

El momento más crítico. Los gusanos recién eclosionados son minúsculos y solo aceptan hoja tierna. A medida que crecen necesitan más cantidad y pueden comer hoja más madura. Pero siempre fresca. Nunca seca.

Por eso «coger la hoja» de los morales aparece en el Apeo como el acto económico fundamental. Juan López llevaba quince años «cogido e gozado la hoja de los dichos morales, syn contradiçion de persona alguna». La hoja era el producto. El árbol, la fábrica. El objetivo productivo es tratar de conseguir la mayor cantidad de seda cruda por kilo de capullo, necesitándose aproximadamente 7 kg de capullos frescos para obtener 1 kg de seda cruda.

En las casas de Melegís y Restábal, los gusanos se criaban sobre zarzos —bastidores planos de esparto o caña— apilados en habitaciones dedicadas exclusivamente a la cría. Las familias moriscas tenían zarzo a zarzo por toda la casa. El murmullo constante de miles de mandíbulas mascando hoja, día y noche, durante semanas. El olor dulzón y vegetal que impregnaba las paredes. La temperatura que había que mantener constante —las temperaturas no podían bajar de los 20°C ni superar los 35°C—, lo que en el Valle de Lecrín en primavera era relativamente fácil. 🌡️

🫘 FASE 3 — El Capullo (el encabanado)

Una vez que el gusano ha madurado, busca un lugar seco y propicio para fabricar su capullo. Quienes los crían les colocan a su alcance un tejido de ramas secas bien desinfectadas, pues la limpieza es vital. Los gusanos trepan por el encabanado para formar una red irregular sujeta a las ramitas, entonces comienzan a tejer su prisión fabricando, alrededor suyo, una envoltura oval, dándole forma de «8» con los movimientos de la cabeza.

El encabanado —el bastidor de ramas donde el gusano teje su capullo— era una tecnología doméstica sencilla pero precisa. Las familias moriscas de Melegís y Restábal lo hacían desde generaciones. Sabían exactamente cuándo el gusano dejaba de comer —señal de que iba a encaponar—, cómo preparar las ramas, cómo vigilar que todos encontraran su sitio.

Al cuarto día, el gusano ha terminado de vaciar sus glándulas sedosas. La crisálida se transforma en palomilla al cabo de veinte días. Pero antes de que la mariposa rompiera el capullo y cortara el hilo, había que actuar. Había que matar la crisálida dentro —al vapor o al sol— para preservar el hilo intacto.

🧵 FASE 4 — El Devanado y el Hilado

Para deshilar el capullo se hacen macerar en agua caliente, a una temperatura de 80 a 100ºC, para que se ablande y limpie de la goma que lo acompaña. Al devanado simultáneo de varios capullos se le nombra seda cruda o en greña. Para lograr la uniformidad, es preciso unir varios hilos crudos y alimentarlos de tal manera que se puedan torcer para darles forma.

Este trabajo —el devanado, el hilado, el torcido— era principalmente femenino. Las mujeres moriscas de Melegís y Restábal pasaban semanas enteras al torno, devanando capullos en agua caliente, uniendo hilos, torciéndolos para darles resistencia. El dibujante Christoph Weiditz estuvo en Granada en 1528 y dejó preciosas imágenes de una morisca hilando seda y mujeres vestidas con sedas de colores y embozadas con finos mantos crudos.

El resultado final —la seda en rama o seda cruda— era lo que salía del Valle de Lecrín hacia Granada. Un hilo más fino que el cabello humano, brillante, suave, con ese tacto inconfundible que hacía que los mercaderes genoveses llevaran siglos viniendo desde Italia para comprarlo. 🧶

🏛️ LA RENTA DE LA SEDA — El impuesto que financió un reino

El negocio de la seda no era libre. Estaba gravado, controlado y fiscalizado desde la primera hoja cogida hasta el último hilo vendido.

La renta de la seda de Granada fue un impuesto de la Corona de Castilla sobre la seda producida y elaborada en Granada, establecido originalmente por el reino nazarí y adoptado por los Reyes Católicos tras la conquista. Este impuesto suponía el diez por ciento de toda la producción obtenida a partir de la cría del gusano de seda, y su base era el precio que alcanzaba en el mercado. Para evitar el fraude, se vigilaba el comercio desde el telar hasta la alcaicería, e incluso los cargamentos que se transportaban.

El diez por ciento. De cada onza de cría, de cada libra de capullo, de cada madeja de seda hilada: el diez por ciento era del rey. Y el rey lo cobraba.

Por eso cuando el juez Machuca llega a Melegís en febrero de 1572 y toma posesión de las «quarenta onças de cria de seda» pertenecientes a Su Majestad, no está tomando posesión de unos árboles: está tomando posesión de una renta anual. El rey no solo se quedaba con los morales; se quedaba con el derecho a cobrar sobre cada onza de cría que se produjera en esos morales para siempre.

Y en Melegís, específicamente, los bienes de la Hagüela —cuarenta marjales de tierra real con sus morales— producían además su onza y media de cría de seda cuya «razón estará en Granada, con las demás rentas del Rey». El contador del rey en Granada tenía anotado hasta la última onza de gusano del Valle de Lecrín. 📊

🏪 LA ALCAICERÍA DE GRANADA — El destino de toda la seda del Valle

Toda la seda del Valle de Lecrín tenía un destino final: Granada.

La Alcaicería, desde el siglo XV, era una zona comercial cerrada llena de pequeñas tiendas donde se compraban y vendían mercancías de precio elevado. El elemento decisivo en la creación de este zoco fue la seda, uno de los negocios más preciados de aquella época y el de mayor proyección internacional.

En el Reino de Granada, la Alcaicería era una aduana o casa pública donde los cosecheros presentaban la seda para pagar los derechos establecidos por los reyes moros.

El camino de la seda del Valle de Lecrín era este:

🌳 Moral en Melegís o Restábal → 🐛 Cría en casa → 🫘 Capullo → 🧵 Seda en rama hilada → 🛤️ Camino de Granada por el Puerto del Suspiro del Moro → 🏛️ Alcaicería de Granada → 💰 Mercaderes genoveses, castellanos, italianos → 🚢 Almería, Sevilla, Génova, América.

El camino era conocido. Los mercaderes también. A partir de 1390, la apertura del comercio granadino facilitó la introducción de comerciantes y banqueros genoveses y catalanes en las redes de exportación de seda. Los mismos genoveses que financiaron los viajes de Colón compraban la seda del Valle de Lecrín.

Y la calidad de esa seda era legendaria. Granada consiguió ser un referente mundial en la producción de seda entre los siglos XIV y XVIII. La clave se encontraba en su calidad, en la denominación de origen, un secreto que hasta los chinos espiaron. Granada tuvo durante siglos la mejor y mayor alcaicería del Mediterráneo.

La seda de los morales del Valle de Lecrín —esos morales que aparecen en cada folio del Apeo, en cada lindero, en cada pleito— acababa bordando los trajes de los nobles castellanos, tejiendo los damascos de las iglesias italianas y vistiendo a los virreyes del Nuevo Mundo. 🌍

💸 EL PRECIO — Lo que valía un moral

El valor de los morales en el Apeo de Restábal queda consignado en las tasaciones del Repartimiento. Cuando el juez repartía las suertes entre los nuevos pobladores, cada moral suelto tenía un precio asignado:

🌳 Un moral tasado en el Repartimiento: entre dos y seis ducados según tamaño y producción.

🌳 Un moral junto a su tierra: hasta diez ducados.

🌳 Una haça de morales con varios pies: entre treinta y cincuenta ducados.

Para dar perspectiva: un herrador ganaba en esa época unos treinta maravedíes al día —algo menos de un real—. Un ducado eran trescientos setenta y cinco maravedíes. Un moral de seis ducados equivalía a más de dos meses de salario de un artesano.

Y Alonso el Madrabi, el más rico de los moriscos de Melegís, tenía siete morales solo en el Pago del Fondón. Más otros dispersos por toda su hacienda. Sin contar los de su socio Francisco de Valles. La fortuna del Madrabi era, en buena parte, una fortuna de hoja verde. 💰

📉 EL DESASTRE DE 1569 — Cuando los gusanos se quedaron sin dueño

El alzamiento morisco de enero de 1569 fue, entre otras muchas cosas, una catástrofe para la industria de la seda del Valle de Lecrín.

Los moriscos —los únicos que sabían criar el gusano con la precisión necesaria— fueron expulsados. Los morales quedaron sin manos que cogieran su hoja. Las onzas de cría guardadas para la primavera de 1569 no encontraron a nadie que las pusiera a eclosionar. Los zarzos quedaron vacíos. Los tornos de hilar, parados.

El Apeo de 1572 lo documenta con su habitual frialdad notarial: el juez Machuca toma posesión de las cuarenta onzas de cría de seda «pertenecientes a su Magestad». Pero los morales llevan tres años sin ser cogidos bien, o cogidos por quien podía —los pocos cristianos viejos que quedaron— sin el conocimiento técnico necesario.

Los repobladores que empezaron a llegar en los años siguientes eran en su mayoría campesinos del norte de España —Jaén, Córdoba, Almería— que nunca habían visto un gusano de seda. Tenían que aprender desde cero lo que los moriscos habían perfeccionado durante siglos.

Hacia la mitad del siglo XVI estalla una crisis de escasez de materia prima, por lo que las autoridades castellanas introdujeron la morera, cuyo crecimiento era más rápido que el moral usado en tierras granadinas. No es casualidad: la crisis de materia prima y la sustitución del moral por la morera coinciden exactamente con la expulsión de los moriscos. Los que sabían cuidar los morales viejos ya no estaban. Los que llegaron nuevos preferían árboles más fáciles. 🍂

🌅 EL LEGADO — Los morales que quedaron

En el Repartimiento de Restábal de 1596 y años sucesivos, cuando los nuevos pobladores revisan sus suertes, los morales siguen ahí. Intactos o casi. Cada suerte tiene los suyos: uno aquí, tres allá, un moral en haça de Perpiñán, otro en haça de Lorenço Zulan, otros en el Pago del Manil, otros en el Pago de Alos.

El repoblador Bastián Ruiz de la Muela tiene morales en su suerte. Francisco Ruiz también. Baleriano Machuca tiene morales. Diego Enbuenhora tiene morales. Los mismos árboles que cogía la morisca cuyo nombre ya nadie recuerda ahora los coge el repoblador que llegó de Jaén.

La hoja sigue siendo hoja. El gusano sigue siendo gusano. El hilo sigue siendo hilo.

Pero algo se perdió que no volvió del todo. La seda del Valle de Lecrín nunca recuperó la calidad y la cantidad que tenía en tiempos moriscos. Las grandes familias sederas de Granada buscaron otras fuentes. En los centros más importantes de producción como Granada, Sevilla y Málaga, el número de telares en funcionamiento, las plantaciones de moreras y la cría de gusanos se fueron reduciendo progresivamente de forma alarmante.

El oro vegetal del Valle siguió brillando un tiempo. Luego fue perdiendo lustre. Y en el siglo XIX, la seda desapareció casi por completo de estas laderas.

Pero los morales viejos siguieron. Algunos todavía están. Retorcidos, inmensos, con siglos encima, en medio de los bancales de naranjos que los sustituyeron. Árboles que alimentaron a millones de gusanos que produjeron el hilo que vistió a media Europa.

Nadie los mira ya como mira un árbol de dinero.

Pero lo fueron. 🌳✨


Fuente histórica principal: 

M. Espinar Moreno, C. González Martín, A. de la Higuera Rodríguez, I. C. Gómez Noguera. «El Valle. Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal». Granada, 2006 / Digibug 2022. 

Fuentes complementarias: 

El Independiente de Granada «Qué tendría la seda de Granada que hasta en China la imitaban»;

 Archivo Municipal de Granada «Oficios y Arte de la Seda en Granada»;

 Universidad de Almería «La seda en la Andalucía Moderna».

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28 mayo 2026

Antonio Tejerizo Mateos: El Alcalde de Béznar


 🕯️🔪 ANTONIO TEJERIZO MATEOS: EL ALCALDE DE BÉZNAR QUE MURIÓ DE UN NAVAJAZO.

Una partida antigua, una muerte violenta y una historia que aún guarda la memoria del pueblo

Hay documentos que no necesitan muchas palabras para estremecer.

Una hoja antigua, escrita con tinta inclinada y letra apretada, puede abrir de pronto una ventana al Béznar del siglo XIX. No al Béznar turístico, ni al Béznar del pantano, ni al de las fotografías recientes, sino al pueblo de calles estrechas, vecinos conocidos, autoridad municipal cercana y noches en las que cualquier altercado podía acabar en tragedia.

En esa partida aparece un nombre:

D. Antonio Tejerizo Mateos.

Y junto a él, una expresión dura, antigua y terrible:

“A mano airada.”

Es decir: muerto violentamente, por mano de otra persona.

📜 Según la partida, el hecho quedó registrado en Béznar el 24 de diciembre de 1877, a las nueve de la mañana, ante el juez municipal y el secretario. El compareciente declara que Antonio Tejerizo Mateos, natural de Béznar, mayor de edad, casado y Alcalde Constitucional del pueblo, había fallecido la noche anterior, hacia las once y media.

No fue una muerte natural.

No fue una enfermedad.

No fue un accidente cualquiera.

La partida deja constancia de que murió “a mano airada, o sea de muerte violenta”.

Y ahí, en esa frase breve, se abre toda una historia. 🕯️

Antonio Tejerizo Mateos estaba casado con D.ª Francisca Morales Jiménez, también natural de Béznar. El matrimonio había tenido cuatro hijas: Francisca, Josefa, Isabel y Felisa. La partida indica que las dos primeras habían fallecido ya, y que las dos últimas vivían todavía en compañía de su padre.

También se recoge que era hijo legítimo de D. Antonio Tejerizo Torres, ya difunto, y de D.ª Isabel Mateos Torres, vecina de Béznar. El documento añade que había otorgado testamento ante el notario D. Antonio Moreno y que su cadáver debía recibir sepultura en el cementerio de la población.

Pero la partida no cuenta todo.

Los documentos oficiales suelen ser fríos. Anotan la fecha, los nombres, el estado civil, la hora de la muerte, los testigos y la fórmula legal. Callan el temblor de la calle, el grito de la familia, el miedo de los vecinos, el corrillo al día siguiente, el silencio de la Navidad rota.

Por eso, junto al documento, aparece otra fuente igual de importante para entender los pueblos:

la tradición oral.

Según lo que se ha transmitido en Béznar, Antonio Tejerizo Mateos habría sido asesinado tras llamar la atención a una persona que se encontraba bebida, pidiéndole que se controlase. Aquella advertencia, que quizá fue solo una llamada al orden de un alcalde preocupado por mantener la convivencia, habría recibido como respuesta un navajazo.

Así lo conserva la memoria popular.

No aparece explicado así en la partida, pero sí ha quedado en la voz de quienes escucharon contar la historia de padres a hijos, de abuelos a nietos, de vecinos antiguos a quienes todavía preguntan por lo que ocurrió.

Y eso también forma parte de la historia. 🗣️

Porque los pueblos no solo guardan su pasado en archivos. También lo guardan en las conversaciones, en las cocinas, en las plazas, en los apodos, en los silencios y en esas frases que alguien recuerda haber oído muchas veces:

“Lo mataron por decirle a uno que se controlara…”

La muerte de Antonio Tejerizo Mateos nos habla de un Béznar de 1877 donde el alcalde no era una figura lejana, sino un vecino más, una autoridad cercana, alguien que probablemente conocía a todos y era conocido por todos. Un alcalde que, según la tradición, intervino en una situación de alteración y terminó perdiendo la vida.

La fecha impresiona aún más: 23 de diciembre de 1877, víspera de Nochebuena.

Mientras el pueblo se acercaba a los días de Navidad, una familia quedaba marcada para siempre. Una esposa perdía a su marido. Dos hijas quedaban sin padre. Y Béznar amanecía con una noticia terrible: su alcalde había muerto violentamente.

Hoy, casi siglo y medio después, aquella partida vuelve a hablarnos.

Nos recuerda que la historia local no está hecha solo de castillos, iglesias, fuentes, terremotos o pantanos. También está hecha de personas concretas, de vidas truncadas, de dramas familiares y de sucesos que dejaron huella en la memoria de un pueblo.

Antonio Tejerizo Mateos no fue solo un nombre escrito en un registro.

Fue un vecino de Béznar.

Fue esposo, padre, hijo.

Fue alcalde constitucional.

Y fue, según la partida, un hombre que murió “a mano airada”.

La tradición oral añade el detalle humano y doloroso: que todo pudo comenzar por una simple llamada al respeto, por pedir calma a quien no la tenía.

A veces, la historia grande de los pueblos se esconde en una línea de tinta.

Y a veces, una sola expresión —“muerte violenta”— basta para que el pasado vuelva a ponerse en pie ante nosotros. 🕯️

Que este recuerdo sirva también como pequeño homenaje a Antonio Tejerizo Mateos y a todas aquellas personas de Béznar cuyas vidas quedaron escritas en papeles antiguos, pero también en la memoria viva de su gente.

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Béznar 


Casa Señorial del Duque de Sessa en Acequias


 🏛️ CASA SEÑORIAL DEL DUQUE DE SESSA EN ACEQUIAS

Una huella del siglo XVI en el corazón del Valle de Lecrín.

Acequias, uno de los pueblos más altos y recogidos del Valle de Lecrín, conserva entre sus calles una construcción que nos lleva directamente a uno de los momentos más difíciles de la historia del Reino de Granada: la Rebelión de los Moriscos.

Se trata de la conocida como Casa Señorial del Duque de Sessa, una vivienda histórica vinculada a la presencia militar y nobiliaria que tuvo Acequias durante el conflicto morisco del siglo XVI.

A simple vista, la casa no se presenta como un gran palacio urbano, sino como una construcción señorial adaptada al tamaño y al carácter del pueblo. En las fotografías se aprecia una fachada sobria, de muros encalados y zonas de ladrillo visto, balcones de hierro, ventanas pequeñas, alero de teja árabe y una terraza superior con una celosía de ladrillo muy característica. Es una casa que habla más por su presencia antigua que por el lujo exterior.

Y precisamente ahí está su interés: en esa mezcla de arquitectura popular, aire señorial y memoria histórica.

👤 ¿Quién era el Duque de Sessa?

El Duque de Sessa vinculado a estos hechos fue don Gonzalo Fernández de Córdoba y Fernández de Córdoba, nacido hacia 1520-1521 y fallecido en Madrid en 1578. No debe confundirse con el Gran Capitán, aunque estaba directamente relacionado con él: era nieto del Gran Capitán, don Gonzalo Fernández de Córdoba y Enríquez de Aguilar, uno de los militares más famosos de la historia de España. La Real Academia de la Historia lo identifica como III Duque de Sessa, noble, militar, político, mecenas y gobernador de Milán. 

Además de Duque de Sessa, fue también I Duque de Baena, V Conde de Cabra y señor de importantes territorios, entre ellos la zona de Órgiva y Busquístar, lo que explica su interés directo en esta parte de Granada. Su linaje estaba ligado a la nobleza castellana y a los grandes servicios militares prestados a la Corona desde tiempos de los Reyes Católicos.

Durante la Rebelión de los Moriscos, don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II, fue enviado al Reino de Granada como general en jefe. El Duque de Sessa aparece en ese contexto como uno de sus principales hombres de confianza. La Universidad de Almería recoge que en abril de 1569 Felipe II decidió enviar a don Juan de Austria al Reino de Granada, asesorado por el Duque de Sessa y por don Luis de Quijada. 

⚔️ Acequias en la Rebelión de los Moriscos.

La Rebelión de los Moriscos fue un conflicto ocurrido entre 1568 y 1571 durante el reinado de Felipe II. Enfrentó a la población morisca del antiguo Reino de Granada con la Monarquía Hispánica, después de años de tensiones religiosas, culturales, sociales y políticas.

El Valle de Lecrín tuvo una posición estratégica en aquella guerra. Era paso natural entre Granada, la Alpujarra, la costa y las zonas montañosas. Por eso, lugares como Acequias, Mondújar, Tablate, Lanjarón u Órgiva no fueron simples escenarios secundarios, sino puntos importantes para controlar caminos, movimientos de tropas y comunicaciones.

Las referencias locales señalan que, en 1569, el Duque de Sessa convirtió Acequias en un campamento y presidio militar, con la finalidad de proteger Órgiva del acoso que sufría durante la rebelión morisca. 

La propia historia general de la guerra confirma la importancia de esta zona: el Duque de Sessa logró controlar el avance morisco en Órgiva y el Valle de Lecrín, muy cerca de la capital granadina. 

🏡 La casa: una memoria de piedra.

La llamada Casa Señorial del Duque de Sessa debe entenderse dentro de ese contexto. No es solo una casa antigua: es una huella de la presencia de una autoridad militar y nobiliaria en Acequias durante un momento decisivo.

Su fachada, tal como aparece en las fotografías, conserva elementos muy interesantes: el ladrillo visto en esquinas y recercados, el balcón central, las rejas, la cubierta de teja y esa parte superior abierta con ladrillo decorativo. No estamos ante un edificio monumental, sino ante una casa histórica integrada en la trama del pueblo, en una esquina de calle estrecha, como tantas arquitecturas nobles rurales que fueron adaptándose con el paso de los siglos.

Ese detalle es importante: muchas casas señoriales de los pueblos no se parecen a los grandes palacios de ciudad. Su valor está en haber sido residencia, punto de mando, casa de administración o símbolo de poder dentro de una comunidad pequeña.

🌿 Acequias: agua, altura y vigilancia.

Acequias siempre ha estado marcada por el agua. Su propio nombre procede del mundo de las acequias y de los sistemas de riego heredados de época andalusí. Pero en el siglo XVI, además de pueblo de agua y huertas, fue también lugar de vigilancia.

Desde Acequias se domina una parte importante del paisaje. Su altura permitía controlar pasos, caminos y barrancos. Por eso no resulta extraño que, en plena guerra, el Duque de Sessa utilizara este lugar como punto militar.

La casa nos recuerda esa doble identidad de Acequias: por un lado, el pueblo agrícola, blanco, serrano, de huertas, frutales y agua; por otro, el pueblo situado en un lugar estratégico durante una de las guerras más duras de la Granada moderna.

📜 Por qué es importante conservar esta memoria.

La Casa Señorial del Duque de Sessa no debe verse solo como una construcción vieja. Es parte del patrimonio histórico de Acequias y del Valle de Lecrín. Nos habla de la nobleza, de la guerra, de los moriscos, de la repoblación posterior y de cómo los grandes acontecimientos de la historia pasaron también por pueblos pequeños.

En sus muros se cruzan varias memorias:

La memoria morisca del Valle.

La memoria militar del siglo XVI.

La memoria nobiliaria de los Fernández de Córdoba.

La memoria agrícola y popular de Acequias.

Y la memoria de un pueblo que ha sabido conservar, aunque sea en silencio, algunos signos de su pasado.

Por eso, cuando pasamos ante esta casa, no deberíamos verla únicamente como una fachada antigua. Deberíamos verla como una página abierta de la historia del Valle de Lecrín.

Una casa sobria, sí.

Una casa discreta, también.

Pero una casa que nos recuerda que Acequias fue mucho más que un pueblo pequeño: fue un punto estratégico en la guerra, un lugar de paso, un espacio de control y una pieza más dentro del complejo tablero histórico del Reino de Granada.

🏛️ La Casa Señorial del Duque de Sessa sigue ahí, entre calles tranquilas, recordándonos que la historia no siempre se conserva en grandes monumentos. A veces permanece en una esquina, en un balcón, en una reja, en una fachada de ladrillo y cal que todavía mira al Valle.

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Aquel Béznar, su río y su Barrio Bajo


 Aquel Béznar, su río y su Barrio Bajo.

Recuerdos de Béznar de José A. Del Río Garví.


✍🎶 Composición conjunta de: José Antonio Del Río Garví y Miguel Ángel Molina Palma.

[Introducción]

Sol, sol y bochorno de verano,

julio y agosto apretando,

Béznar salía a sus calles

cuando el sol se iba ocultando.


[Verso 1]

Las calles recién regadas

olían a tierra mojada,

con borbotones de sol

en la tarde derramada.

Había gente en las puertas,

sillas bajas, voz pausada,

noticias recién llegadas

y otras que no decían nada.

Un pipote de agua fresca,

del Chorreón o la Fuentecilla,

hacía guardia en la ventana

o en el tranco de la vida.


[Estribillo]

Sol, sol y bochorno de verano,

Béznar viviendo despacio,

con sus puertas siempre abiertas,

con sus niños en los patios.

Y abajo, un poco más abajo,

iba el río caminando,

dando los buenos días

al viejo Barrio Bajo.


[Verso 2]

La gente salía de paseo

por la calle Real andando,

hasta la Venta, hasta Cartagena,

con el fresco ya llegando.

Se oían niños en sus juegos,

cada tarde lo que tocaba,

y unos perros, desde lejos,

monótonos se contestaban.

Mientras tanto, por si acaso,

mi gato hacía mutis callado,

que en los pueblos hasta el miedo

sabe irse de puntillas, despacio.


[Estribillo]

Sol, sol y bochorno de verano,

Béznar viviendo despacio,

con sus puertas siempre abiertas,

con sus niños en los patios.

Y abajo, un poco más abajo,

iba el río caminando,

dando los buenos días

al viejo Barrio Bajo.


[Verso 3]

Subían desde el Barrio Bajo

en su paseo diario,

al Bar Limonero, o a otro,

de tres o cuatro del barrio.

Y los novios paseaban

su amor recién estrenado,

al puente de los Cortijillos,

a la Venta Grau de paso.

A las sillas, a la puerta

de la casa de los suegros,

bien vigilados, por si acaso,

como mandaban los tiempos.


[Puente]

En los bares, algunas mesas

eran reino de la tarde,

una brisca, un tute viejo,

unos botellines al lado.

El reloj de la torre

daba los cuartos sonando,

y alguno miraba el suyo

por si el descanso iba acabando.

Había que madrugar,

como ayer, como tantos,

que el trabajo esperaba siempre

al otro lado del canto.


[Estribillo]

Sol, sol y bochorno de verano,

Béznar viviendo despacio,

con sus puertas siempre abiertas,

con sus niños en los patios.

Y abajo, un poco más abajo,

iba el río caminando,

dando los buenos días

al viejo Barrio Bajo.


[Verso 4]

Así pasaban los días,

un día cualquiera de aquellos años,

pero había vida entera,

había pueblo, había abrazo.

Había alegría sencilla,

pertenencia, pan y trato,

casas abiertas todo el año,

no solo fines de semana.

Sin puertas cerradas al mundo,

sin silencios deshabitados,

con niñas y niños jugando

y vecinos conversando.


[Final / Coda]

Sol, sol y bochorno de verano,

memoria de calles y patios,

Béznar continúa andando,

con su historia entre las manos.

Sin su Río, pero con su Pantano,

sin aquel rumor cercano,

pero con la voz de los que recuerdan

aquel Béznar y su Barrio Bajo.


Sol, sol y bochorno de verano…

Béznar sigue caminando.


#Béznar #ValleDeLecrín


26 mayo 2026

El Béznar de abajo, antes del pantano


 🌊🍊 UN MUNDO PERDIDO: EL BÉZNAR DE ABAJO, ANTES DEL PANTANO

El Barrio Bajo, el Barrichuelo, las fuentes, el río, la infancia y la memoria

Entre naranjos y limones está el Valle de Lecrín.

Y en uno de sus rincones más hondos, mirando al agua y a la memoria, está Béznar. Un pueblo hermoso, antiguo, marcado por la luz, por el río Ízbor y por una herida que todavía late bajo el espejo azul del pantano.

Porque hubo un tiempo en que Béznar no miraba al embalse, sino al río.

Un tiempo en que el agua no era una lámina quieta, sino corriente viva, rumor entre piedras, frescor de verano, poza de infancia, acequia, lavadero, fuente, camino y vida. 🌿💧

Aquel era el Béznar de abajo.

El Béznar del Barrio Bajo, de las casas tradicionales rodeadas de naranjos y limoneros, era una calle nada más con casas de planta baja, y casas a ambos lados de la calle y de los vecinos sentados a la puerta, de los niños que bajaban al río a bañarse, de las mujeres que iban al lavadero, de los hombres que cruzaban caminos de huerta y de las familias que vivían cerca del agua como quien vive cerca de su propia alma.

Allí estaban sus fuentes.

La Fuente Sánchez, la Fuente del Quete, los manantiales humildes que servían de referencia para todos. Porque en los pueblos una fuente nunca es solo una fuente: es un lugar de paso, de descanso, de conversación, de noticias, de encuentros y de memoria compartida. Allí se llenaban cántaros, pero también se llenaba la vida de palabras sencillas. 🏺


En el puente de los Cortijillos había un pilar y un lavadero que muchos recuerdan como una verdadera preciosidad. Allí se lavaba la ropa, sí, pero también se lavaban las penas del día. Allí se hablaba de los hijos, de las cosechas, de las enfermedades, de las bodas, de los ausentes, de los que habían emigrado, de los que ya no estaban. El agua corría, las manos trabajaban y el pueblo se contaba a sí mismo. Qué pena tan grande pensar que aquello fue derribado. Ojalá algún día lo que queda pueda restaurarse como merece. 🧺💙


También estaba el Tajo Calavera, aquella vereda estrecha, difícil y algo peligrosa por donde muchos niños pasaban camino de la escuela. En días de lluvia, los “greones”, esos torrentes repentinos de agua, obligaban a buscar otro paso. Y aún parece verse a los niños caminando en fila india, con cuidado, con sus carteras, entre el miedo y la costumbre, como si cada día ir a la escuela fuera también una pequeña aventura. 🌧️👣


Y estaba el río.

El río Ízbor, alma verdadera de aquel paisaje.

Antes del pantano, el río era el lugar donde se bajaba a bañarse, donde había pozas naturales, sombras frescas, piedras calientes al sol y rincones verdes en pleno verano. Era el río de los niños, de los jóvenes, de las meriendas, de los juegos, de los primeros recuerdos felices. Un río que no era decorado, sino vida. Un río que corría por fuera y por dentro de los bezneros. 🌊🌳


Uno de los rincones más poéticos de aquel mundo era el Meaero de la Novia o Meadero de la Novia. Según los recuerdos de José Antonio Del Río Garví 

, era una cascada de más de treinta metros, formada por las aguas sobrantes de riegos y acequias, que caía desde la ladera hasta el río. Solo el nombre ya parece una leyenda: el Meaero de la Novia. Agua cayendo como velo blanco, rumor de acequias, frescor de barranco, belleza escondida entre laderas. 💦👰


Y estaban también las Angosturas, esos pasos donde el río se estrechaba, donde la naturaleza parecía apretarse entre rocas y tajos, formando un paisaje de sombra, agua y misterio. Lugares que los mayores nombraban con naturalidad y que hoy suenan casi como capítulos de un libro perdido.


Pero Béznar no perdió solo paisajes.

Perdió también una forma de vivir.

La construcción del pantano, iniciada en 1977 y terminada en 1985, transformó para siempre aquel mundo. La presa se levantó en el lugar conocido como El Salto del Lobo, donde el río se estrechaba entre dos laderas y unas rocas que, según la tradición, podía saltar un lobo. Allí donde antes pasaba el agua viva, se levantó el embalse. Y cuando subieron las aguas, el antiguo Barrio Bajo ya no estaba fué derribado, convertido en recuerdo. 🐺🌊


Los Peloteos: de vertedero municipal a nuevo barrio.


A principios de los años 80 se levantó el nuevo núcleo destinado a acoger a las familias afectadas por la expropiación del antiguo Barrio Bajo de Béznar, a causa de la construcción del pantano. Aquel nuevo barrio sería conocido popularmente como Los Peloteos, nombre heredado del lugar donde se construyó: un antiguo vertedero municipal de escombros.


Después recibiría el nombre más formal de Barrio de la Santísima Trinidad, pero en la memoria popular quedó para siempre aquel primer nombre de Los Peloteos, cargado de historia, de mudanza y de adaptación.


Según los recuerdos de Antonio Albar, las viviendas fueron promovidas a través de VISOGSA, dependiente de la Diputación, y construidas por la cooperativa durqueña La Colmena. En total se proyectaron 55 viviendas. En principio estaban destinadas a los vecinos expropiados del Barrio Bajo, aunque finalmente, como algunos afectados ya habían adquirido casa en otros núcleos, se completaron con otras personas que aceptaron las condiciones de compra.


Así nació un barrio nuevo, pero no vacío de historia. Porque cada familia que llegó allí llevaba consigo una parte del antiguo Béznar: sus recuerdos, sus vecinos, sus fiestas, sus duelos, sus conversaciones junto a las fuentes y sus veranos en el río.


Por eso Los Peloteos no fue solo un barrio nuevo. Fue también un barrio de desarraigo, de adaptación, de volver a empezar. Cada familia llevó allí lo que pudo: muebles, fotografías, santos, manteles, herramientas, recuerdos de la infancia y una tristeza callada por todo lo que quedaba atrás.


También la fe acompañó ese cambio.

La Virgen del Carmen, tan querida en Béznar, quedó unida para siempre al agua. Su antigua devoción venía del Barrio Bajo y de aquel entorno junto al río. Hoy, cada año, cuando la imagen baja desde la iglesia hacia la ermita y hacia el pantano y es embarcada, no solo se celebra una romería: se recuerda un paisaje desaparecido. La Virgen parece mirar el paisaje como quien mira una memoria casi olvidada. 🚤🌹


La Santísima Trinidad también forma parte de esa historia espiritual y vecinal. Su antigua ermita, vinculada al entorno antiguo y recuerda que los pueblos no solo se reconstruyen con casas, sino también con símbolos, con devociones, con fiestas y con lugares donde la comunidad vuelve a reunirse.


Y luego está el Barrichuelo, otro nombre fundamental en la memoria de Béznar. Un barrio nacido de otra tragedia anterior: el terremoto de la noche del 25 de diciembre de 1884. Fue inaugurado el 10 de julio de 1885, gracias a la solidaridad impulsada por el periódico La Correspondencia y por quienes ayudaron a levantar casas para familias que lo habían perdido todo.

Qué impresionante resulta pensarlo: Béznar ha conocido dos veces el dolor de perder casas y tener que levantar barrios nuevos.

Primero fue la tierra, con el terremoto.

Después fue el agua, con el pantano.

El Barrichuelo y Los Peloteos son, cada uno a su manera, barrios nacidos de la herida. Pero también de la dignidad. De la capacidad de seguir adelante. De esa fuerza humilde que tienen los pueblos para levantarse después de la desgracia. 🏡🕯️


Por eso, cuando hablamos del antiguo Béznar de abajo, no hablamos solo de lugares.

Hablamos de personas.

Hablamos de los amigos que ya se fueron.

De los abuelos que contaban historias.

De las madres que lavaban en el lavadero.

De los niños que bajaban al río.

De las familias que vivían cerca del agua.

De las voces que aún parecen escucharse cuando uno mira el pantano en silencio.

Todo eso formaba aquel mundo perdido:

el Barrio Bajo, el Barrichuelo, la Fuente Sánchez, la Fuente del Quete, el río Ízbor, el Meaero de la Novia, las Angosturas, la ermita de la Santísima Trinidad, los amigos, la familia y la infancia.

Todo eso era el antiguo Béznar de abajo.

El Béznar del agua viva.

El Béznar de las fuentes y los lavaderos.

El Béznar de los naranjos, los limoneros y los veranos en el río.

El Béznar que el pantano convirtió en recuerdo, pero que nadie ha podido borrar del corazón. 🍊💙


Porque hay lugares que desaparecen del mapa, pero no de la memoria.

Y bajo las aguas del pantano, bajo ese silencio azul que hoy refleja el cielo, sigue latiendo un pueblo entero.

Béznar no olvida.

Béznar recuerda.

Y en cada recuerdo vuelve a correr el río. 🌊✨

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Érmita de la Santísima Trinidad 

El embalse de Béznar