14 mayo 2026

Eugenia Puertas de Ízbor

Eugenia Puertas Rodríguez: Recordó
 el papel fundamental de las parteras. 👶

​🍋 La Centinela de los Azahares: Memoria y Vida de Eugenia Puertas en Ízbor 

​En el laberinto de cuestas blancas que es Ízbor, la vida de Eugenia Puertas se escribió con el lenguaje del esfuerzo y la dignidad. Su historia fue la de tantas mujeres del Valle de Lecrín que, sin alzar la voz, sostuvieron el mundo sobre sus hombros, convirtiendo la precariedad en una lección de coraje cotidiano.

​La Dureza del Paisaje Vertical

Ízbor, colgado sobre el río que le da nombre, exigía a sus habitantes una fortaleza especial. Eugenia conoció desde niña el rigor de cultivar en bancales, donde cada paso era un desafío a la gravedad.

​La Cultura del Cítrico: En un pueblo donde el limón y la naranja son los reyes, Eugenia participó en las campañas de recolección, cargando canastas por senderos donde solo las bestias y las mujeres de su temple se atrevían a transitar. ​El Agua como Tesoro: Eugenia recordaba la importancia vital de las acequias y las fuentes. El trasiego de los cántaros desde el pilar hasta la casa no era solo una tarea; era el pulso que mantenía viva la llama del hogar en una época donde el confort era un sueño lejano. 

​La Matanza y el Sustento de la Estirpe:

Como mujer de su tiempo, Eugenia fue la guardiana de la despensa familiar. La matanza del cerdo en Ízbor era un rito de supervivencia que ella dominaba con maestría. Procesar los embutidos, salar los jamones y aprovechar cada gramo del animal era el seguro de vida para los inviernos. Sus manos, que vemos  enfatizando sus palabras, fueron manos que alimentaron a generaciones, manos que supieron del frío de la sierra y del calor del hogar.

​Una Sabiduría Familiarizada:

Lo que más resaltaba en el testimonio de Eugenia era su amor por la vecindad. En Ízbor, la soledad no existía porque las penas se dividían entre las vecinas y las alegrías se multiplicaban en las plazas.

​La Solidaridad del Valle: Eugenia hablaba de un tiempo donde el "hoy por ti, mañana por mí" era la ley no escrita. Si una mujer caía enferma, el resto de las vecinas de la calle se encargaban de su colada y de que sus hijos tuvieran un plato de comida caliente. ​El Legado Oral: Fue una mujer de coplas y refranes, de esas que sabían que en una canción se encerraba más verdad que en los libros de texto que apenas pudo conocer. 

​👶 Ángeles de Vida: El Recuerdo de las Parteras en el Relato de Eugenia

​En el Ízbor que habitó Eugenia Puertas Rodríguez, el milagro del nacimiento no ocurría en hospitales lejanos, sino en la penumbra de las alcobas, bajo el calor de las chimeneas y el cuidado experto de las parteras. Eugenia destacó con emoción el papel de estas mujeres, verdaderas heroínas anónimas de la época:

  • Sabiduría sin Títulos: Las parteras eran mujeres del pueblo que, sin haber pisado una facultad, poseían un conocimiento ancestral sobre el cuerpo humano y las hierbas medicinales.
  • La Llamada en la Noche: Eugenia recordaba cómo, sin importar la hora o el temporal, se acudía a buscar a la partera cuando una vecina "se ponía de parto". Ella llegaba con su maletín, su calma y esa autoridad silenciosa que tranquilizaba a toda la familia.
  • Más que un Oficio, un Vínculo: Estas mujeres no solo traían niños al mundo; cuidaban de la madre en la cuarentena, enseñaban los primeros cuidados y se convertían en una figura respetada por todos los hogares de Ízbor.
  • Solidaridad en el Alumbramiento: Eugenia ponía en valor que, ante la falta de médicos en las zonas más abruptas del Valle, eran ellas quienes sostenían la vida, trabajando muchas veces por la voluntad o a cambio de un simple agradecimiento.

​Para Eugenia, reconocer a las parteras era reconocer la red de seguridad que las mujeres tejían entre sí: una cadena de manos que recibía la vida con la misma firmeza con la que trabajaba la tierra.

Un Homenaje a su vida 💛. 

Eugenia Puertas representa la esencia de Ízbor: resistente como sus muros de piedra, dulce como la miel de sus flores y eterna como el cauce del río. Aunque el tiempo haya pasado, su voz en el documental sigue siendo una brújula para quienes quieran entender de qué pasta estaban hechas las mujeres que levantaron Andalucía. Su vida no fue de oro, pero tuvo el brillo del trabajo bien hecho y el aroma persistente del azahar en primavera.

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