🌳 LOS MORALES Y LA SEDA: EL ORO VEGETAL DEL VALLE DE LECRÍN
Cómo Melegís y Restábal alimentaron a Europa con un hilo más fino que el cabello humano
Había un momento al año en que todo se paraba en Melegís y Restábal.
No se paraba por fiesta. No se paraba por lluvia. Se paraba porque los gusanos habían empezado a comer.
Y cuando los gusanos comían, todo lo demás podía esperar. Los pleitos, las acequias, los linderos, las escrituras. El alcalde Alonso Román lo dice en su denuncia de abril de 1577 con una urgencia que se palpa a través de los siglos: «entre los dichos bienes ay morales, y agora es el tienpo de la cria de la seda, se me cubre horden para que no los cojan, hasta tanto que este negoçio se entienda».
Que no los cojan. Que no cojan la hoja. Porque si no se recoge la hoja en su momento exacto, el gusano no come. Y si el gusano no come, no hay capullo. Y si no hay capullo, no hay seda. Y si no hay seda... no hay nada. 🐛
🌍 EL REINO DE GRANADA — La fábrica de seda de Europa
Para entender lo que significaba un moral en Melegís o Restábal en el siglo XVI hay que entender primero lo que significaba la seda en el mundo de entonces.
El Reino Nazarí de Granada se mantuvo en pie ante el empuje de Castilla gracias a la potencia de su industria sedera. No es metáfora: la seda era la base económica que financiaba ejércitos, palacios y diplomacia. Y cuando los Reyes Católicos conquistaron Granada en 1492, lo primero que hicieron fue mantener el sistema intacto. El negocio era demasiado bueno para destruirlo.
La industria de la seda se inicia en Al-Ándalus en el siglo IX, con especial esplendor en la época Nazarí entre los siglos XIII y XV y el siglo Morisco en el XVI. En época árabe, el árbol que más destacaba en cantidad era el moral, un 75% del arbolado, cuyas hojas eran la base del alimento del gusano de seda.
Granada mantuvo las exportaciones de seda en rama o tejida hacia otros reinos peninsulares y a Italia, Norte de África y América —en este caso vía Sevilla—, y tras la rebelión morisca y hasta 1592 obtuvo incluso el monopolio de la venta de seda a las Indias.
El Valle de Lecrín —con Melegís, Restábal, Saleres, El Chite, Mondújar, Acequias— era uno de los graneros de seda del reino. No el más grande, pero sí uno de los más productivos en relación a su superficie. Sus laderas regadas, su clima templado, sus morales centenarios plantados en cada bancal disponible: todo apuntaba a la seda como vocación principal. 🌿
🌳 EL MORAL — El árbol que lo era todo
El protagonista de esta historia no es el gusano. Es el árbol.
Morus nigra. El moral negro. Un árbol de hoja grande, rugosa, verde oscuro, que en primavera brota con una puntualidad casi milagrosa y cuya hoja es el único alimento que el gusano de seda —el Bombyx mori— acepta sin discusión.
En Melegís y Restábal, el moral no era un árbol más entre los demás. Era el árbol. El que daba nombre a los pagos, el que aparece en casi cada escritura del Apeo, el que se compraba, se vendía, se heredaba y se pleiteaba con una intensidad que no tiene ningún otro bien.
Los números del Libro de Apeo hablan solos:
📊 Melegís, 1572: «Quarenta onças de cria de seda, poco mas o menos», producidas por los morales de los bienes moriscos confiscados. Y además una onza y media más en los cuarenta marjales de la Hagüela —los bienes del rey—. En total, más de cuarenta y una onzas anuales de cría de seda solo en lo que pertenecía a la Corona.
📊 Restábal, 1572: «Quarenta honças de cria de seda [...] fuera de yglesias y christianos biejos». Cuarenta onzas más, solo en los bienes confiscados a los moriscos. Sin contar lo que producían las propiedades de la iglesia y los cristianos viejos —Perpiñán, Pedro de Aragón, López de Ariza— que también tenían morales por docenas.
¿Qué es una onza de cría de seda? Es la unidad de medida de los huevos de gusano: la semilla del negocio. De una onza de huevos eclosionaban miles de gusanos que, bien alimentados durante su ciclo completo de cuarenta días, producían kilos de capullos. Y de los capullos salía la seda. 🥚
El moral era tan valioso que en el Apeo de Restábal muchos propietarios lo tienen no en tierra propia sino en haça ajena: el árbol de uno plantado en la finca del otro, con un acuerdo de uso que el escribano registra escrupulosamente. Pedro de Aragón compró moral a moral durante años, algunos en tierra de moriscos que ni siquiera eran suyos. Juliana López pleiteó por un moral cuya propiedad se probó con el recuerdo de una pelea entre su primer marido y el vecino Lorenço Zulan. Un moral era suficiente motivo de litigio. 🌳
🐛 EL CICLO DEL GUSANO — Cuarenta días que valían un año
La cría del gusano de seda era, en el siglo XVI, una actividad doméstica y comunitaria al mismo tiempo. Se hacía en casa —literalmente, dentro de las casas—, pero requería la coordinación de todo el pueblo para la recogida de la hoja.
El ciclo comenzaba en primavera, cuando el moral brotaba. Y desde ese momento, el reloj corría:
🥚 FASE 1 — Los Huevos (las onzas de cría)
Los huevos del gusano de seda —las famosas onzas de cría— se guardaban en frío durante el invierno para retrasar la eclosión. Cuando llegaba el momento —cuando el moral empezaba a brotar y había hoja suficiente— se sacaban al calor. La polilla de seda hembra pone de 300 a 500 huevos.
Una onza de huevos —el estándar del Apeo— contenía miles de larvas en potencia. Toda la producción anual del Valle arrancaba de ese puñado de huevos guardados desde el otoño anterior.
🌿 FASE 2 — La Hoja (coger la hoja de los morales)
El momento más crítico. Los gusanos recién eclosionados son minúsculos y solo aceptan hoja tierna. A medida que crecen necesitan más cantidad y pueden comer hoja más madura. Pero siempre fresca. Nunca seca.
Por eso «coger la hoja» de los morales aparece en el Apeo como el acto económico fundamental. Juan López llevaba quince años «cogido e gozado la hoja de los dichos morales, syn contradiçion de persona alguna». La hoja era el producto. El árbol, la fábrica. El objetivo productivo es tratar de conseguir la mayor cantidad de seda cruda por kilo de capullo, necesitándose aproximadamente 7 kg de capullos frescos para obtener 1 kg de seda cruda.
En las casas de Melegís y Restábal, los gusanos se criaban sobre zarzos —bastidores planos de esparto o caña— apilados en habitaciones dedicadas exclusivamente a la cría. Las familias moriscas tenían zarzo a zarzo por toda la casa. El murmullo constante de miles de mandíbulas mascando hoja, día y noche, durante semanas. El olor dulzón y vegetal que impregnaba las paredes. La temperatura que había que mantener constante —las temperaturas no podían bajar de los 20°C ni superar los 35°C—, lo que en el Valle de Lecrín en primavera era relativamente fácil. 🌡️
🫘 FASE 3 — El Capullo (el encabanado)
Una vez que el gusano ha madurado, busca un lugar seco y propicio para fabricar su capullo. Quienes los crían les colocan a su alcance un tejido de ramas secas bien desinfectadas, pues la limpieza es vital. Los gusanos trepan por el encabanado para formar una red irregular sujeta a las ramitas, entonces comienzan a tejer su prisión fabricando, alrededor suyo, una envoltura oval, dándole forma de «8» con los movimientos de la cabeza.
El encabanado —el bastidor de ramas donde el gusano teje su capullo— era una tecnología doméstica sencilla pero precisa. Las familias moriscas de Melegís y Restábal lo hacían desde generaciones. Sabían exactamente cuándo el gusano dejaba de comer —señal de que iba a encaponar—, cómo preparar las ramas, cómo vigilar que todos encontraran su sitio.
Al cuarto día, el gusano ha terminado de vaciar sus glándulas sedosas. La crisálida se transforma en palomilla al cabo de veinte días. Pero antes de que la mariposa rompiera el capullo y cortara el hilo, había que actuar. Había que matar la crisálida dentro —al vapor o al sol— para preservar el hilo intacto.
🧵 FASE 4 — El Devanado y el Hilado
Para deshilar el capullo se hacen macerar en agua caliente, a una temperatura de 80 a 100ºC, para que se ablande y limpie de la goma que lo acompaña. Al devanado simultáneo de varios capullos se le nombra seda cruda o en greña. Para lograr la uniformidad, es preciso unir varios hilos crudos y alimentarlos de tal manera que se puedan torcer para darles forma.
Este trabajo —el devanado, el hilado, el torcido— era principalmente femenino. Las mujeres moriscas de Melegís y Restábal pasaban semanas enteras al torno, devanando capullos en agua caliente, uniendo hilos, torciéndolos para darles resistencia. El dibujante Christoph Weiditz estuvo en Granada en 1528 y dejó preciosas imágenes de una morisca hilando seda y mujeres vestidas con sedas de colores y embozadas con finos mantos crudos.
El resultado final —la seda en rama o seda cruda— era lo que salía del Valle de Lecrín hacia Granada. Un hilo más fino que el cabello humano, brillante, suave, con ese tacto inconfundible que hacía que los mercaderes genoveses llevaran siglos viniendo desde Italia para comprarlo. 🧶
🏛️ LA RENTA DE LA SEDA — El impuesto que financió un reino
El negocio de la seda no era libre. Estaba gravado, controlado y fiscalizado desde la primera hoja cogida hasta el último hilo vendido.
La renta de la seda de Granada fue un impuesto de la Corona de Castilla sobre la seda producida y elaborada en Granada, establecido originalmente por el reino nazarí y adoptado por los Reyes Católicos tras la conquista. Este impuesto suponía el diez por ciento de toda la producción obtenida a partir de la cría del gusano de seda, y su base era el precio que alcanzaba en el mercado. Para evitar el fraude, se vigilaba el comercio desde el telar hasta la alcaicería, e incluso los cargamentos que se transportaban.
El diez por ciento. De cada onza de cría, de cada libra de capullo, de cada madeja de seda hilada: el diez por ciento era del rey. Y el rey lo cobraba.
Por eso cuando el juez Machuca llega a Melegís en febrero de 1572 y toma posesión de las «quarenta onças de cria de seda» pertenecientes a Su Majestad, no está tomando posesión de unos árboles: está tomando posesión de una renta anual. El rey no solo se quedaba con los morales; se quedaba con el derecho a cobrar sobre cada onza de cría que se produjera en esos morales para siempre.
Y en Melegís, específicamente, los bienes de la Hagüela —cuarenta marjales de tierra real con sus morales— producían además su onza y media de cría de seda cuya «razón estará en Granada, con las demás rentas del Rey». El contador del rey en Granada tenía anotado hasta la última onza de gusano del Valle de Lecrín. 📊
🏪 LA ALCAICERÍA DE GRANADA — El destino de toda la seda del Valle
Toda la seda del Valle de Lecrín tenía un destino final: Granada.
La Alcaicería, desde el siglo XV, era una zona comercial cerrada llena de pequeñas tiendas donde se compraban y vendían mercancías de precio elevado. El elemento decisivo en la creación de este zoco fue la seda, uno de los negocios más preciados de aquella época y el de mayor proyección internacional.
En el Reino de Granada, la Alcaicería era una aduana o casa pública donde los cosecheros presentaban la seda para pagar los derechos establecidos por los reyes moros.
El camino de la seda del Valle de Lecrín era este:
🌳 Moral en Melegís o Restábal → 🐛 Cría en casa → 🫘 Capullo → 🧵 Seda en rama hilada → 🛤️ Camino de Granada por el Puerto del Suspiro del Moro → 🏛️ Alcaicería de Granada → 💰 Mercaderes genoveses, castellanos, italianos → 🚢 Almería, Sevilla, Génova, América.
El camino era conocido. Los mercaderes también. A partir de 1390, la apertura del comercio granadino facilitó la introducción de comerciantes y banqueros genoveses y catalanes en las redes de exportación de seda. Los mismos genoveses que financiaron los viajes de Colón compraban la seda del Valle de Lecrín.
Y la calidad de esa seda era legendaria. Granada consiguió ser un referente mundial en la producción de seda entre los siglos XIV y XVIII. La clave se encontraba en su calidad, en la denominación de origen, un secreto que hasta los chinos espiaron. Granada tuvo durante siglos la mejor y mayor alcaicería del Mediterráneo.
La seda de los morales del Valle de Lecrín —esos morales que aparecen en cada folio del Apeo, en cada lindero, en cada pleito— acababa bordando los trajes de los nobles castellanos, tejiendo los damascos de las iglesias italianas y vistiendo a los virreyes del Nuevo Mundo. 🌍
💸 EL PRECIO — Lo que valía un moral
El valor de los morales en el Apeo de Restábal queda consignado en las tasaciones del Repartimiento. Cuando el juez repartía las suertes entre los nuevos pobladores, cada moral suelto tenía un precio asignado:
🌳 Un moral tasado en el Repartimiento: entre dos y seis ducados según tamaño y producción.
🌳 Un moral junto a su tierra: hasta diez ducados.
🌳 Una haça de morales con varios pies: entre treinta y cincuenta ducados.
Para dar perspectiva: un herrador ganaba en esa época unos treinta maravedíes al día —algo menos de un real—. Un ducado eran trescientos setenta y cinco maravedíes. Un moral de seis ducados equivalía a más de dos meses de salario de un artesano.
Y Alonso el Madrabi, el más rico de los moriscos de Melegís, tenía siete morales solo en el Pago del Fondón. Más otros dispersos por toda su hacienda. Sin contar los de su socio Francisco de Valles. La fortuna del Madrabi era, en buena parte, una fortuna de hoja verde. 💰
📉 EL DESASTRE DE 1569 — Cuando los gusanos se quedaron sin dueño
El alzamiento morisco de enero de 1569 fue, entre otras muchas cosas, una catástrofe para la industria de la seda del Valle de Lecrín.
Los moriscos —los únicos que sabían criar el gusano con la precisión necesaria— fueron expulsados. Los morales quedaron sin manos que cogieran su hoja. Las onzas de cría guardadas para la primavera de 1569 no encontraron a nadie que las pusiera a eclosionar. Los zarzos quedaron vacíos. Los tornos de hilar, parados.
El Apeo de 1572 lo documenta con su habitual frialdad notarial: el juez Machuca toma posesión de las cuarenta onzas de cría de seda «pertenecientes a su Magestad». Pero los morales llevan tres años sin ser cogidos bien, o cogidos por quien podía —los pocos cristianos viejos que quedaron— sin el conocimiento técnico necesario.
Los repobladores que empezaron a llegar en los años siguientes eran en su mayoría campesinos del norte de España —Jaén, Córdoba, Almería— que nunca habían visto un gusano de seda. Tenían que aprender desde cero lo que los moriscos habían perfeccionado durante siglos.
Hacia la mitad del siglo XVI estalla una crisis de escasez de materia prima, por lo que las autoridades castellanas introdujeron la morera, cuyo crecimiento era más rápido que el moral usado en tierras granadinas. No es casualidad: la crisis de materia prima y la sustitución del moral por la morera coinciden exactamente con la expulsión de los moriscos. Los que sabían cuidar los morales viejos ya no estaban. Los que llegaron nuevos preferían árboles más fáciles. 🍂
🌅 EL LEGADO — Los morales que quedaron
En el Repartimiento de Restábal de 1596 y años sucesivos, cuando los nuevos pobladores revisan sus suertes, los morales siguen ahí. Intactos o casi. Cada suerte tiene los suyos: uno aquí, tres allá, un moral en haça de Perpiñán, otro en haça de Lorenço Zulan, otros en el Pago del Manil, otros en el Pago de Alos.
El repoblador Bastián Ruiz de la Muela tiene morales en su suerte. Francisco Ruiz también. Baleriano Machuca tiene morales. Diego Enbuenhora tiene morales. Los mismos árboles que cogía la morisca cuyo nombre ya nadie recuerda ahora los coge el repoblador que llegó de Jaén.
La hoja sigue siendo hoja. El gusano sigue siendo gusano. El hilo sigue siendo hilo.
Pero algo se perdió que no volvió del todo. La seda del Valle de Lecrín nunca recuperó la calidad y la cantidad que tenía en tiempos moriscos. Las grandes familias sederas de Granada buscaron otras fuentes. En los centros más importantes de producción como Granada, Sevilla y Málaga, el número de telares en funcionamiento, las plantaciones de moreras y la cría de gusanos se fueron reduciendo progresivamente de forma alarmante.
El oro vegetal del Valle siguió brillando un tiempo. Luego fue perdiendo lustre. Y en el siglo XIX, la seda desapareció casi por completo de estas laderas.
Pero los morales viejos siguieron. Algunos todavía están. Retorcidos, inmensos, con siglos encima, en medio de los bancales de naranjos que los sustituyeron. Árboles que alimentaron a millones de gusanos que produjeron el hilo que vistió a media Europa.
Nadie los mira ya como mira un árbol de dinero.
Pero lo fueron. 🌳✨
Fuente histórica principal:
M. Espinar Moreno, C. González Martín, A. de la Higuera Rodríguez, I. C. Gómez Noguera. «El Valle. Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal». Granada, 2006 / Digibug 2022.
Fuentes complementarias:
El Independiente de Granada «Qué tendría la seda de Granada que hasta en China la imitaban»;
Archivo Municipal de Granada «Oficios y Arte de la Seda en Granada»;
Universidad de Almería «La seda en la Andalucía Moderna».
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