30 junio 2026

Los Habices de la Iglesia de Pinos del Valle

Iglesia del Barrio Bajo de Pinos del Valle 

 

🌲 LOS HABICES DE LA IGLESIA DE PINOS DEL VALLE (O DEL REY)

Historia, patrimonio y memoria de la alquería que mira a la costa


Hay pueblos en el Valle de Lecrín cuyo nombre ya anuncia su paisaje. Pinos del Valle, también llamado en los documentos antiguos Pinos del Rey, se asoma desde la ladera septentrional del monte Chinchirina hacia el Mediterráneo, coronado por bosques que en otro tiempo dieron origen a su topónimo árabe Bīnūš (بينوش), "lugar donde abundan los pinos". Un nombre que sobrevivió a la conquista, a la conversión forzosa y a la expulsión, y que hoy sigue señalando el lugar exacto donde dos barrios —el Alto y el Bajo— custodian la memoria morisca de sus callejuelas, tinaos y tapias. 🌲⛰️

Este artículo se construye sobre el Capítulo XVIII de la tesis doctoral de Lorenzo Luis Padilla Mellado, Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología (Universidad de Granada, 2010), con su fuente fundamental: el Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín (1547-1554), folios 214r al 237v. Es preciso señalar, antes de comenzar, una peculiaridad documental: para Pinos del Valle no se conserva un Libro de Apeo, y el propio Libro Becerro advierte con sequedad burocrática: "En este lugar no se han reconocido bienes ningunos por estar puestas demandas en la Chancillería ante el Secretario Cabrera, aunque se han ejecutado los bienes. Diego Andearroyo. Cristiano viejo." Un litigio que ensombrece el origen documental de este inventario, y que hace aún más valiosa la reconstrucción minuciosa que Padilla Mellado realiza a partir de las escrituras de censo dispersas. 📜

🏘️ La alquería: dos barrios, una sola alma

El actual Ayuntamiento de El Pinar nació de la unión de Pinos del Valle e Ízbor, con sus anejos de los Acebuches y Tablate. Situado a 14 kilómetros de Dúrcal y casi 40 de Granada, el pueblo cuenta hoy con poco más de mil habitantes, asomado al Valle entre cañadas de naranjos y olivos, con numerosos manantiales que riegan sus fértiles pagos. Sus dos almazaras producen un aceite de reconocida calidad.

La estructura urbana, desordenada y de raíz morisca, se reparte en callejuelas estrechas, arquillos cobertizos, adarves sin salida y tinaos que comunican una casa con otra por encima de la calle. El Barrio Bajo, resguardado de los vientos, fue probablemente el primer asentamiento; allí se levanta la iglesia del siglo XVI entre patios y vergeles de naranjos. El Barrio Alto, por su parte, debe su origen al Camino Real que bajaba a Motril, donde los viajeros descansaban antes de continuar hacia la costa, alojándose en dos posadas que existían en este barrio.

Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico (1845-1850), describe 400 casas repartidas en los dos barrios, casa capitular, cárcel y una fuente abundante en cada uno. La tierra de cultivo comprendía entonces unos 2.000 marjales de regadío plantados de olivos y frutales, y unas 500 fanegas de viñas en secano. Cogíanse del primero 20.000 arrobas de aceite y del segundo unas 8.000 de vino —cifras que dan idea de la prosperidad agrícola que llegó a alcanzar este pueblo en el siglo XIX, sostenida por seis molinos de aceite y tres harineros. 🍷🫒

⚔️ La conquista, la guerra y el declive morisco

La historia de Pinos del Valle se inscribe en el drama común a todo el Valle de Lecrín. En abril de 1491, las tropas castellanas llevaron a cabo la incursión más sangrienta y destructiva, quemando cosechas y talando árboles. Fue en el puente de Tablate donde el propio Muhammad XII (Boabdil) intentó, sin éxito, ofrecer resistencia a Fernando el Católico.

Tras la entrega de Granada, la población morisca conservó sus costumbres hasta la llegada del cardenal Cisneros, que impuso la conversión forzosa. En 1569, durante el levantamiento de las Alpujarras, los moriscos de Pinos del Valle colaboraron con los sublevados de la sierra, llegando incluso a salir hasta el barranco de Acequias para obstaculizar el avance de las tropas castellanas hacia la Alpujarra. La represión dejó la población morisca original gravemente reducida. Con su marcha, la agricultura entró en declive: disminuyeron los árboles y la otrora floreciente cría del gusano de seda terminó por desaparecer del todo.

La repoblación trajo familias procedentes de Jaén, Córdoba, Galicia y la Meseta Norte. La agricultura se transformó hacia pequeñas huertas, cereal de secano y regadío, y progresivamente hacia el viñedo, que llegaría a convertir a Pinos en uno de los mayores exportadores de vino de la provincia —hasta que la filoxera del siglo XIX arrasó prácticamente todos los viñedos. Mármol Carvajal, en su Historia de la Rebelión y Castigo de los moriscos del Reyno de Granada, incluye a Pinos del Valle —"Pinos del Rich o del Valle"— en su célebre enumeración de los veinte lugares del Valle de Lecrín. 🍇

🏯 La Torre de la Cuesta de la Cebada y el Camino Real

En el término municipal perdura el recuerdo de construcciones defensivas, como el castillo de la Cuesta de la Cebada, edificio de principios del siglo XX construido aprovechando con seguridad los cimientos de una antigua torre medieval —la presunta Torre de la Cebada—. El edificio actual consta de dos cuerpos: la torre, en la parte más elevada, reaprovechando la antigua, y un módulo más bajo con una nave partida por un arco a nivel de suelo y una terraza almenada. En sus inmediaciones se conservan dos pequeñas eras y los restos de un aljibe.

El Camino Real de Motril atraviesa el relato histórico de Pinos del Valle de principio a fin: aparece en la fundación del Barrio Alto, en los itinerarios de los Caminos Reales del Valle de Lecrín representados en mapas históricos, y en decenas de linderos de las tierras habices que se describen en el Libro Becerro. Era la columna vertebral económica del pueblo. 🛤️

De los edificios fabriles, destaca el molino de Zazas, conjunto de dos molinos consecutivos aprovechando el agua que nace metros arriba, cada uno con dos piedras.

⛪ Las dos iglesias de Pinos: Barrio Bajo y Barrio Alto

En 1501, Diego Hurtado de Mendoza, arzobispo de Sevilla, instituyó la iglesia parroquial de Santa María de El Padul con sus anejos de Cónchar, Cozvíjar, Dúrcal y Nigüelas, con tres beneficios simples y tres sacristías; uno de ellos quedó reservado para colegiales del Colegio Real y Eclesiástico de San Cecilio por provisión de Carlos V de 1534.

La primera parroquia del Barrio Bajo se levantó entre 1561 y 1566, siendo maestros el cantero Martín de Urquide y los carpinteros Melchor y Francisco Fernández. Cuando estalló la rebelión morisca de 1568, "los moros sublevados quemaron toda iglesia, era edificio nuevo y de cantería", según relata López Rodríguez. Se hizo entonces un colgadizo provisional, y a finales de siglo se labró de nuevo su armadura, dejando constancia de ello dos escudos arzobispales fechados en 1594. En el siglo XVIII se añadió crucero y capilla mayor, configurando planta de cruz latina, y la armadura mudéjar fue sustituida por bóveda de cañón con lunetos. El templo conserva, no obstante, la sobriedad exterior de la primitiva iglesia mudéjar.

El templo del Barrio Alto, dedicado a San Sebastián, se construyó entre 1815 y 1830 bajo el patrocinio de Juan José Bonel y Orbe, natural de la localidad y futuro arzobispo de Toledo. De planta basilical de tres naves en cruz latina, con cúpula sobre pechinas y ábside semicircular cubierto por bóveda de horno, representa una de las soluciones más felices del neoclasicismo granadino. El arzobispo deseaba que tuviera dos torres para que el pueblo se convirtiera en Cabeza de Partido, como Órgiva, pero murió antes de completar el proyecto —de ahí que una de las torres permanezca inacabada hasta hoy.

Una tercera referencia religiosa, la ermita del Cristo del Zapato, situada en lo alto de un cerro con vistas a todo el Valle y la costa, guarda en su interior el cuadro que le da nombre, hallado por un pastor que, según la tradición local, lo llevó tres veces a la iglesia del Barrio Alto y otras tantas reapareció milagrosamente en el cerro, hasta que los vecinos comprendieron que el santo deseaba un santuario propio. La ermita actual data de una ampliación de 1920. ⛪✝️

🏚️ Los bienes urbanos: hornos, mesones, tienda y rábitas

Al no conservarse Apeo de Pinos del Valle, el inventario de bienes urbanos se reconstruye exclusivamente a partir del Libro Becerro. Comprende 2 casas, 3 rábitas, 1 tienda con carnicería, 2 hornos de pan cocer, 1 mesón y 2 macaberes con una superficie de 4,5 marjales.

Entre los hornos, el del Barrio Alto se llamaba Mieles, y lo tenía a censo Bernabé de Baeza por 41 reales. El del Barrio Bajo lo poseían Antón el Joule, vecino de Béznar, y Diego Suárez, vecino de Granada, pagando 15 ducados con la tienda incorporada; ambos edificios estaban ya con los tejados caídos en el momento del registro.

La tienda y carnicería, junto a la iglesia, la poseía Juan de Lara por traspaso que le hizo Juan del Castillo, en nombre del Maestro Baeza, con un censo de 240 maravedís que incluía también tres morales y una higuera.

El Mesón Alto de Pinos del Rey, el más antiguo de los dos mesones existentes, lo tenía a censo Juan González Castejón por 800 maravedís anuales —dato que sugiere la existencia de un segundo mesón cuya titularidad no se especifica.

Entre las casas, una en el Barrio Bajo lindaba con casa de Bernabé Lanjaroni, con casa de Gonzalo Alcaide —vecino de El Chite— y con la Calle Real, con dos parras a su puerta, poseída a censo por Francisco de Molina. Otra, con una rabitilla aneja, en el Barrio de Laujar de Pinos, la pagaba Hernando Mateo por ocho reales.

Las rábitas —tres documentadas— incluyen la ya citada de Laujar, otra en el Barrio Alto poseída por Hernando de Covaleda y su mujer María de Pisa, linde con una acequia y el Camino de Motril, por 11 reales; y una tercera, también en el Barrio Alto, a cargo de Diego del Castillo el Besugo, por dos reales perpetuos.

Los macaberes comprenden uno de cuatro marjales (2.100 m²) junto al cementerio de la Iglesia Baja, que Francisco de Molina Leonís, Beneficiado de Pinos, tenía a censo, y que su heredera Lucía Rodríguez traspasó a Gerónimo Muñoz, vecino de Pinos, por 50 ducados; años después, Alonso Verdugo compró esa misma posesión por 150 ducados. Un segundo macaber de medio marjal lo tenía también Francisco de Molina, junto a una haza de la iglesia. 🪦

🌾 Tierras de regadío: el manantial que sostiene los pagos

El inventario de tierras de regadío reúne 24 hazas y 9 pedazos de tierra, sumando una superficie de 2,52 hectáreas, distribuidas por los pagos de Lugda, Pezcoche, Alcudia, Azazar, Mazabila, la Cuba, Ceyle, Algila, Fontilas y Galca.

Destaca el conjunto de tierras censadas a Juan de Martos, que incluye una haza de dos marjales con ocho olivos en el Pago de Lugda, lindando con haza de Juan de Lara, de Álvaro de Mendoza y con habices reales; otra de medio marjal con dos olivos en el mismo pago; y dos hazas de riego en el Pago del Pezcoche y de Alcudia que sumaban cuatro marjales más. Bernabé de Baeza poseía una haza de la rábita de Laujar de cuatro marjales con tres olivos, lindando con tierras de Zacarías de Mendoza y Andrés de Sayavedra.

Isabel de Cozvíjar, viuda de Álvaro Hernández Hacín, pagaba dos reales por una haza de un marjal en dos pedazos en el Pago de Azazar, con dos higueras, lindando con haza de la iglesia y la acequia. Alonso de Jaén acumulaba varias parcelas: una haza de marjal y medio con un moral en el Pago de Mazabila, otra en el Pago de la Cuba dividida por un jorfel, y una tercera en el Pago de Ceyle, lindando con tierras de Agustín y García Alcaide.

Diego de Mendoza, Lorenzo de Mendoza y Lorenzo de Montoya —probablemente parientes— compartían pagos colindantes en Fontilas, sumando entre los tres más de cinco marjales de tierra de riego con sus respectivos olivos y morales. 💧

🌿 Tierras de secano y viñedos

Las tierras de secano y viñedo suman 5,545 hectáreas, distribuidas entre el Pago de Alfachebel, Hofra, la Cuesta de la Cebada, el Camino de Motril y el Pago del Laoirt.

Cebrián de Mendoza poseía una haza de secano de cuatro celemines en el Pago de Alfachebel y otra de tres cuartillas junto al Camino de Motril, con un censo conjunto de 132,5 maravedís. Hernando de Montalvo tenía una haza de secano de dos fanegas cerca de la Cuesta de la Cebada. Juan de Lara sostenía un censo de 73 maravedís por una haza de secano y monte de dos fanegas con dos olivos grandes, conocida significativamente como "Cancures" —un topónimo que evoca todavía hoy la memoria oral de la zona.

Entre las viñas, Juan de Martos pagaba 224 maravedís por seis marjales en el Pago de Arrohaya, plantada con árboles frutales por Zacarías de Moya, de la que correspondía la parte baja a la iglesia. Juan de Lara poseía además una viña de cinco marjales con albaricoques, manzanos y tres pies de aceitunos en el Pago del Laoirt, lindando con tierras de Lorenzo Palomino y Andrés Raguas, vecino de Guájar. 🍇🌳

🌳 El arbolado: el olivar omnipresente

El recuento arbóreo de Pinos del Valle, según el detalle de las partidas del Libro Becerro, ofrece estas cifras:

134 olivos/aceitunos, 14 morales, 2 algarrobos, 2 encinas, junto con higueras, parras, albaricoques y manzanos en menor número. Una cifra de olivos que confirma a Pinos del Valle, junto con El Chite, como uno de los grandes productores de aceite del Valle de Lecrín, frente a la economía sedera que dominaba en Melegís y Restábal.

Muchas de estas partidas describen secuencias completas de olivos repartidos en hazas ajenas: cuatro olivos de Hernando de Montalvo linde con haza de la iglesia, otros tres olivos viejos de los mismos linderos, un olivo de la Iglesia de Motril en haza de Montalvo junto al Camino del río. Bernabé de Mendoza pagaba 144 maravedís por once olivos repartidos entre haza de Diego Hernández, de Andrés Yáñez, de Agustín Alguacil y de Aben Reduán, con linderos que incluían acequias y el Camino de Ízbor. 🫒

📋 El Libro Becerro (1547-1554): el catálogo de un pueblo

Los folios 214r al 237v del Libro Becerro recogen, con la precisión notarial característica del siglo XVI, decenas de partidas de censo. Más allá de la cuantificación fiscal, este documento es la crónica involuntaria de una sociedad rural en transformación.

Cebrián de Mendoza abre la relación pagando 132,5 maravedís por un olivo chico en haza de Pedro de la Fuente, tres olivos en haza de los Castillos, dos olivos de la Iglesia de Motril en haza propia lindando con viña de Morel de Saavedra, y un moral en haza de Miguel de Baeza.

Andrés de Sayavedra pagaba 157 maravedís por un olivo grande en medio de una haza de Diego Hernández, otro en haza de Morel de Saavedra y dos más junto al camino que desciende de la alquería Alta a la Baja, según la escritura de Alonso Ruiz, 29 de septiembre de 1547.

Bernardino Ramos pagaba 84 maravedís por doce olivos en distintas hazas, incluyendo uno grande junto a peñas debajo de la casa de Andrés el Gomerí, otros dos delante de la puerta de la casa de Diego Hernández, y un olivo de la Iglesia de Gavia en haza de Andrés del Castillo.

Bernabé Yáñez sostenía un complejo censo de 278 maravedís por veinte olivos distribuidos en numerosas hazas: junto a sus propias casas, junto al Camino que va de la alquería alta a la baja, y cinco olivos cerca del horno de la alquería Baja y de la huerta y cementerio de la iglesia.

Hernando del Castillo pagaba 75 maravedís por un moral en tierra de Lorenzo Palomino, junto al Camino Real de Motril, y dos olivos grandes junto a una acequia.

Bernabé de la Fuente acumulaba 194,5 maravedís por ocho olivos: uno linde con olivos de la Iglesia de Salobreña, otro junto con olivos de Lorenzo de Mendoza, tres en canto de haza de Álvaro de Mendoza junto a un macaber, y uno grande de la Iglesia de Motril en jorfel de haza de Gonzalo Alcaide.

Hernando de Montalvo sostenía dos censos importantes: 208 maravedís por diez olivos grandes y viejos, y 1.400 maravedís por seis olivos en haza de Asensio del Castillo, un haza de riego de tres marjales con catorce pies de olivos plantados por Alonso Arias Descobar, cinco morales en una tierra llamada "el Cartabón", y dos aceitunos grandes en haza de Lorenzo de Moya.

Catalina Barrasa pagaba 19 reales según escrituras del Beneficiado Alonso Descobar, otorgadas ante Juan de Sosa en Granada en 1534. Estas posesiones fueron dadas de nuevo a censo perpetuo a Hernando Luis de la Cruz, Beneficiado de Pinos, por 50 reales, en 1597.

📜 Las escrituras de censo: la geografía notarial de Pinos

Las escrituras conservadas dibujan una geografía completa de relaciones censales en torno a la iglesia. El escribano Alonso Ruiz otorga la mayoría de ellas entre 1547 y 1549; Francisco de Córdoba las renueva sistemáticamente en septiembre de 1555, marcando una clara campaña de reconocimiento de censos en esa fecha.

Entre los censatarios documentados en las escrituras de 1555 ante Francisco de Córdoba: Diego Bergí (17,5 reales por una haza con tres olivos grandes), Hernando de la Fuente (4,25 reales), Francisco de Almazán (12 reales por haza con tres olivos y una higuera), Bernabé de Baeza (45 reales por el Horno Alto y una haza), Lorenzo de Mendoza (12 reales), Lorenzo de Montoya (13,5 reales), Alonso de Jaén Alaberri (6 reales) y Alonso García (7,25 reales por dos hazas).

Juan González Castejón, además del Mesón Alto, pagaba 3,5 reales por un pedazo de tierra de ocho marjales hecho olivar en el Pago de Algila, y 306 maravedís más por posesiones traspasadas de Juan de Arroyo. Estas mismas posesiones de Arroyo pasaron también, en parte, a Francisco Jijón, vecino de El Chite —otra prueba de cómo las redes de censatarios cruzaban los límites de las alquerías vecinas del Valle.

Hernando de Covaleda y su esposa María de Pisa reconocieron en 1555 ante Francisco de Córdoba el censo de su rábita del Barrio Alto. Diego del Castillo el Besugo hizo lo propio por su rábita en febrero de 1558.

🌅 Lo que los habices de Pinos del Valle nos dicen

El inventario habice de Pinos del Valle es, pese a la pérdida del Apeo original, un testimonio extraordinariamente vivo. La advertencia inicial del escribano —"no se han reconocido bienes ningunos por estar puestas demandas en la Chancillería"— nos recuerda que ni siquiera el patrimonio eclesiástico estuvo libre de litigios y disputas en aquel siglo convulso.

Pero a través de los pleitos, los olivos, los macaberes convertidos en huertas, las rábitas caídas y los hornos con los tejados hundidos, emerge el retrato de un pueblo que, como tantos otros del Valle de Lecrín, tejió su supervivencia entre la herencia morisca y la repoblación cristiana. Los Jaén, los Montalvo, los Mendoza, los de la Fuente, Juan de Martos, Bernabé de Baeza: nombres que sostuvieron con sus censos perpetuos la vida material de dos iglesias, la del Barrio Alto y la del Barrio Bajo, que hasta hoy comparten servicios parroquiales como comparten también la memoria de aquellos siglos.

Que no se pierda la memoria de Pinos del Valle. ✨

📚 Bibliografía

PADILLA MELLADO, Lorenzo Luis (2010): Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología. Editorial de la Universidad de Granada. Granada. D.L.: GR 3009-2010. ISBN: 978-84-693-2571-1. [Capítulo XVIII: Pinos del Valle, pp. 1173-1224.]

Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín (1547-1554). AHAGr. Signatura Caja nº 44. Fols. 214r-237v. Apéndice Documental, Doc. nº 21, p. 136.

MADOZ, Pascual (1845-1850): Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Andalucía, Granada. Estudio introductorio de J. Bosque Maurel, pp. 287-288.

MÁRMOL CARVAJAL, Luis del (1797): Historia de la Rebelión y Castigo de los moriscos del Reyno de Granada. Madrid, pp. 212-213.

LÓPEZ RODRÍGUEZ, Miguel A. (2002): Las Parroquias de la Diócesis de Granada (1501-2001). Arzobispado de Granada. Granada, pp. 385-386.

SECO DE LUCENA, Luis (1974): Topónimos árabes. Universidad de Granada. Granada, pp. 63-64.

MARTÍNEZ RUIZ, Juan (2002): El lenguaje del suelo (Toponimia). Universidad de Jaén, pp. 664-666.

MARTÍN GARCÍA, Mariano; BLEDA PORTERO, Jesús; MARTÍN CIVANTOS, José María (1999): Inventario de Arquitectura de la provincia de Granada. Diputación de Granada, pp. 229-230.

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Templo del Barrio Alto
 dedicado a San Sebastián 

Cuadro de la Érmita del Cristo del Zapato 



Los Palomino de Restábal

Casa de Restábal 


🌿 Familias que cruzan los siglos

Los Palomino de Restábal: un apellido antiguo, numeroso y entrelazado con casi todas las ramas del pueblo

Hay apellidos que no pasan por un pueblo: se quedan en él.

Se quedan en sus bautismos.
En sus matrimonios.
En sus entierros.
En sus casas.
En sus olivares.
En sus caminos.
En sus alianzas familiares.
En las mujeres que lo llevan como segundo apellido.
En los hijos que lo reciben como primero.
En los nietos que ya no lo llevan, pero lo conservan en la sangre.

Ese es el caso de los Palomino de Restábal. 🌿

No estamos ante un apellido menor ni pasajero. Los Palomino aparecen en los registros parroquiales históricos de Restábal desde finales del siglo XVII y, a partir de ahí, atraviesan el siglo XVIII, crecen con fuerza durante el XIX y llegan muy vivos al siglo XX, hasta los últimos matrimonios registrados en torno a 1971.

Este artículo está elaborado a partir de referencias genealógicas, datos familiares y los registros parroquiales históricos de Restábal, pendiente siempre de contraste documental en las partidas originales.

No pretende cerrar definitivamente la genealogía de los Palomino, sino ordenar sus primeras huellas, sus ramas principales y sus enlaces con otros apellidos del pueblo.

Porque seguir a los Palomino de Restábal es seguir también a los Flores, Salazar, Ruiz, Montosa, Ramos, Contreras, Zarco, López, Navarro, Antón, Mateu, Morillas, Sánchez, Maroto, Freire, Molina, Ortega, Márquez, Tapia, Aguilera, Roldán, Vallejo, Gutiérrez y muchos más.

Es decir: seguir a los Palomino es seguir una parte muy importante de la historia familiar de Restábal.

📜 ¿Aparecen los Palomino en el Libro de Apeo de Melegís y Restábal?

La primera pregunta es obligada:

¿Aparecen los Palomino en el Libro de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal, en el contexto de la repoblación posterior a la expulsión de los moriscos?

Con los datos que manejamos ahora, no tenemos localizado con claridad a ningún Palomino como repoblador inicial destacado de Restábal o Melegís en las primeras referencias del Apeo y Repartimiento.

Sí hay una mención antigua muy interesante, aunque no pertenece al Apeo, sino a escrituras de censo posteriores: José Zarco y Jorge Palomino aparecen reconociendo un censo en 1729, en cabeza de Juan de Flores. Este dato demuestra que el apellido Palomino ya estaba presente en el ámbito documental de Restábal en el primer tercio del siglo XVIII, pero debe separarse del Libro de Apeo para no mezclar fuentes.

Por tanto, la línea más segura empieza en los registros parroquiales históricos, especialmente desde finales del siglo XVII.

🕯️ La primera gran huella: Juan Palomino y Mariana Flores

La primera familia Palomino que aparece con fuerza en los registros parroquiales de Restábal es la formada por:

Juan Palomino
y
Mariana Flores.

El registro menciona el matrimonio celebrado en Restábal el 20 de febrero de 1685 entre:

Juan Palomino, natural de Órgiva,
y
Mariana Flores González.

Este dato es fundamental.

Porque nos dice que el primer tronco Palomino claramente localizado en Restábal no parece nacer dentro del pueblo, sino que entra por un hombre procedente de Órgiva, casado con una mujer vinculada al entorno restableño.

De esta unión aparecen varios hijos bautizados en Restábal como Palomino Flores:

María Palomino Flores, bautizada el 20 de febrero de 1686.
Teresa Palomino Flores, bautizada el 5 de mayo de 1687.
Francisco Palomino Flores, nacido el 15 de febrero de 1689 y bautizado el 3 de marzo de 1689.
Juan Palomino Flores, nacido el 24 de junio de 1690 y bautizado el 13 de julio de 1690.
Ana Palomino Flores e Inés Palomino Flores, bautizadas el 14 de julio de 1692.
José Palomino Flores, nacido el 21 de mayo de 1695 y bautizado el 4 de junio de 1695.
Tomás Palomino Flores, nacido el 4 de abril de 1698 y bautizado el 16 de abril de 1698.
Y otro Juan Palomino Flores, bautizado el 26 de febrero de 1701.

Este núcleo familiar es el punto de arranque visible del apellido Palomino en Restábal.

Juan Palomino murió en Restábal y fue enterrado el 23 de agosto de 1711, figurando como casado. Mariana Flores, esposa de Juan Palomino, fue enterrada el 29 de octubre de 1729.

Con ellos empieza una historia larga.

Una historia que ya no se detendrá.

👶 Los primeros Palomino como primer apellido

Los primeros bautismos con Palomino como primer apellido aparecen, por tanto, a finales del siglo XVII.

La primera referencia clara es:

María Palomino Flores, bautizada en Restábal el 20 de febrero de 1686, hija de Juan Palomino y Mariana Flores.

Poco después aparecen otros hermanos de la misma rama.

Este dato es muy importante porque permite decir que, en los registros parroquiales históricos de Restábal, la primera familia Palomino visible es la de los Palomino Flores.

Después vendrán los Palomino Salazar, los Palomino Ruiz, los Palomino Montosa, los Palomino Ramos, los Palomino Contreras, los Palomino Zarco, los Palomino López, los Palomino Navarro, los Palomino Mateu, los Palomino Morillas, los Palomino Sánchez, los Palomino Maroto, los Palomino Freire, los Palomino Fernández, los Palomino Márquez, los Palomino Mingorance, los Palomino Ortega, los Palomino Garnica, los Palomino Delgado, y muchas otras ramas.

Pero la primera puerta parece ser esta:

Juan Palomino, de Órgiva, y Mariana Flores.

🌿 Los primeros Palomino como segundo apellido

También conviene mirar los Palomino que aparecen como segundo apellido, porque muchas veces son la clave para seguir la presencia femenina del linaje.

Una de las primeras ramas donde aparece Palomino como segundo apellido es la de los Montosa Palomino.

El registro menciona a varios hijos de:

Juan Montosa
y
María Palomino.

Entre ellos aparecen:

Matías José Montosa Palomino, bautizado el 15 de junio de 1712.
Alonso José Montosa Palomino, bautizado el 15 de julio de 1714.
Diego José Montosa Palomino, bautizado el 6 de febrero de 1716.
María Josefa Montosa Palomino, bautizada el 7 de febrero de 1718.
Mariana Montosa Palomino, bautizada el 6 de agosto de 1719.
Agustín Montosa Palomino, bautizado el 1 de enero de 1721.
Jerónimo Montosa Palomino, bautizado el 29 de abril de 1725.
María Manuela Montosa Palomino, bautizada el 2 de enero de 1727.
Lucía Montosa Palomino, bautizada el 28 de septiembre de 1728.

Esta rama es muy valiosa porque nos muestra algo esencial:

los Palomino no solo se transmiten por varones; también entran profundamente en otras familias a través de las mujeres.

María Palomino, madre de los Montosa Palomino, es una figura clave para entender cómo el apellido se expande por Restábal y Saleres.

💍 José Palomino Flores y los Palomino Salazar

Uno de los hijos del primer tronco, José Palomino Flores, se convierte en origen de una rama muy importante.

El registro menciona su matrimonio en 1715 con María Vázquez Vallejo, de Saleres. María debió fallecer pronto, porque en 1718 José Palomino Flores aparece casado con:

Antonia Salazar Machuca, de Restábal.

De esta unión nacen los Palomino Salazar, una de las ramas destacadas del siglo XVIII.

Entre sus hijos aparecen:

María Josefa Palomino Salazar, bautizada el 27 de mayo de 1719.
María Palomino Salazar, bautizada el 2 de enero de 1721.
Leonisia Palomino Salazar, bautizada el 10 de abril de 1723.
José Palomino Salazar, bautizado el 24 de enero de 1725.
Rosa Palomino Salazar, bautizada el 2 de noviembre de 1727.
Tomás José Palomino Salazar, bautizado el 7 de diciembre de 1729.
María Teresa Palomino Salazar, bautizada el 21 de julio de 1732.
Mariana María Palomino Salazar, bautizada el 6 de abril de 1734.
Matías Antonio Palomino Salazar, bautizado el 2 de octubre de 1737.

Esta rama enlazará después con otras muchas familias: Montosa, Moya, Peña, Contreras, Zarco, Ramos, Maroto, Salazar y Ruiz.

Los Palomino Salazar son una de las primeras columnas fuertes del apellido en Restábal.

🌿 Juan Palomino Flores y los Palomino Ruiz

Otro hijo del primer tronco fue Juan Palomino Flores.

El registro menciona su matrimonio el 28 de mayo de 1725 con:

María Ruiz Perea, natural de Pinos.

De esta unión nace la rama Palomino Ruiz, también muy importante en Restábal.

Entre sus hijos aparecen:

José Francisco Palomino Ruiz, bautizado el 7 de mayo de 1726.
Francisco Palomino Ruiz, bautizado el 12 de diciembre de 1727.
Francisca Josefa Palomino Ruiz, bautizada el 21 de octubre de 1729.
Bonifacio José Palomino Ruiz, bautizado el 5 de abril de 1732.
Mariana Josefa Palomino Ruiz, bautizada el 11 de octubre de 1734.
Agustín Tomás Palomino Ruiz, bautizado el 16 de marzo de 1737.
Antonio José Palomino Ruiz, bautizado el 1 de agosto de 1741.

Esta rama enlazará con familias como Ramos, Contreras, Zarco, Maroto, Molina, Sánchez, Gutiérrez y otras.

Aquí vemos ya una característica clara de los Palomino de Restábal: cada generación se abre a varias familias del pueblo, hasta convertirse en una red extensa.

🌿 Salvador Palomino Salazar y los Palomino Montosa

Otra rama muy importante nace de:

Salvador Palomino Salazar
y
Dionisia Montosa Moreno.

Se casaron en Restábal el 17 de noviembre de 1740.

Sus hijos forman la rama Palomino Montosa, entre ellos:

José Palomino Montosa, bautizado el 9 de abril de 1741.
Alonso Antonio Palomino Montosa, bautizado el 16 de abril de 1741.
Jerónimo Antonio Palomino Montosa, bautizado el 3 de febrero de 1743.
Gertrudis Josefa Palomino Montosa, bautizada el 3 de octubre de 1744.
Antonia Gertrudis Palomino Montosa, bautizada el 29 de noviembre de 1746.
José Marcos Palomino Montosa, bautizado el 2 de mayo de 1755.
María Magdalena Palomino Montosa, bautizada el 6 de septiembre de 1757.
Luisa María Palomino Montosa, bautizada el 24 de septiembre de 1759.

Esta rama enlaza después con Vallejo, Ramos, Barranco, Moya, Salazar, Márquez y otras familias.

Los Palomino Montosa muestran cómo el apellido se mezcla con una de las grandes casas antiguas del Valle: los Montosa.

🌿 José Palomino y Gabriela Ramos: los Palomino Ramos

Otra línea muy destacada es la de:

José Palomino
y
Gabriela Ramos.

De ellos aparecen hijos como:

Antonio José Palomino Ramos, bautizado el 6 de febrero de 1750.
Rosalía María Manuela Palomino Ramos, bautizada el 19 de enero de 1752.
Juan José María Palomino Ramos, bautizado el 22 de enero de 1754.
Manuela Gabriela de los Santos Palomino Ramos, bautizada el 10 de noviembre de 1756.
Andrés Félix Palomino Ramos, bautizado el 25 de agosto de 1764.
Manuel Andrés María José Palomino Ramos, bautizado el 15 de abril de 1767.
José Benigno Palomino Ramos, bautizado el 18 de febrero de 1772.

Esta rama es esencial para entender el paso de los Palomino hacia finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

De ella salen matrimonios como:

Antonio Palomino Ramos, casado en 1781 con María Josefa Zarco Contreras.
Juan Palomino Ramos, casado en 1787 con Águeda López Ávila.
Francisca Palomino Ramos, casada en 1783 con Sebastián Espinar Martín, de Saleres.
Manuela Palomino Ramos, casada en 1779 con Manuel Ortega Molino.

Aquí los Palomino se unen a los Zarco, López, Espinar, Ortega y Molino.

🌸 Tomás Palomino y Antonia Contreras

Otra rama importante procede de:

Tomás Palomino
y
Antonia Contreras.

De ellos aparecen hijos como:

Francisca María de Santo Tomás Palomino Contreras, bautizada el 14 de mayo de 1753.
Magdalena Josefa Palomino Contreras, bautizada el 29 de agosto de 1755.
Ildefonso José Palomino Contreras, bautizado el 11 de octubre de 1758.
María Tomasa de los Ángeles Palomino Contreras, bautizada el 19 de agosto de 1763.
Águeda Tomasa María Palomino Contreras, bautizada el 20 de agosto de 1766.
Ildefonso José Victoriano Palomino Contreras, bautizado el 5 de abril de 1770.
Antonia María del Carmen Palomino Contreras, bautizada el 7 de junio de 1773.
Tomasa María del Buen Consejo Palomino Contreras, bautizada el 15 de noviembre de 1777.

Esta rama se enlaza después con Villoldo, Sánchez, Maroto, Vallejo y otras familias.

Una vez más, los Palomino se convierten en puente.

🌿 Palomino López, Palomino Zarco y Palomino Barranco

A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX aparecen ramas muy vivas:

Palomino López, procedente de Juan Palomino y Águeda López. Entre sus hijos figuran Tomasa, Simón, Juan José, José María, Francisco de Paula Pantaleón y Sebastián Palomino López.

Palomino Zarco, procedente de Antonio Palomino y María Teresa Zarco, con hijos como Antonio José, Josefa Antonia, Francisca Ramona, Antonio Segundo y Manuel José Domingo Palomino Zarco.

Palomino Barranco, procedente de José Palomino y María Barranco, con hijos como Juan Ramón, José Francisco, María Teresa Vicenta, Agustín José y Rosa María Agustina Palomino Barranco.

Estas ramas enlazan con Freire, Salazar, Maroto, Navarro, Antón, Marqués, Vallejo y otras casas del pueblo.

El apellido, ya en estos años, no es una línea aislada: es una red.

🌿 El siglo XIX: el gran crecimiento de los Palomino

Durante el siglo XIX el apellido Palomino se multiplica en Restábal.

Aparecen muchas ramas:

Palomino Navarro.
Palomino Antón.
Palomino Salazar.
Palomino Molino.
Palomino Ruiz.
Palomino Mateu.
Palomino Morillas.
Palomino Sánchez.
Palomino Maroto.
Palomino Freire.
Palomino Fernández.
Palomino Márquez.

Algunos matrimonios ayudan a ver esa expansión:

Simón Palomino López se casó en 1814 con Rosa Navarro Vera.
Francisco Palomino Zarco se casó en 1819 con Josefa Salazar Márquez.
José Palomino López se casó en 1828 con Paula Mateu Salas, de Barcelona.
Sebastián Palomino López se casó en 1833 con Francisca Sánchez Márquez.
José Antonio Palomino Navarro se casó en 1841 con Casilda Morillas Zarco.
Manuel Palomino Navarro se casó en 1842 con María de los Dolores Sánchez Márquez.
Francisco Palomino Salazar se casó en 1848 con Josefa Ruiz Palma.
Manuel Palomino Molino se casó en 1849 con María Encarnación Barranco Vera, de Saleres.
Manuel Palomino Mateu se casó en 1859 con Engracia Márquez Maroto.
Gregorio Palomino Salazar se casó en 1859 con Josefa Maroto Lozano.
Manuel Palomino Morillas se casó en 1867 con Francisca Muñoz Ortiz.
Gonzalo Palomino Morillas se casó en 1870 con María de la Ascensión Sánchez González.
Francisco Palomino Ruiz se casó en 1873 con María del Carmen Morillas Márquez.
Agustín Palomino Salazar se casó en 1873 con María de Jesús Espinas Robles.
Juan Palomino Morillas se casó en 1879 con María de la Encarnación Martín Martínez, de Granada, parroquia de San Andrés.
José Molina Mingorance, de Pinos del Valle, se casó en 1883 con Ángela Palomino Márquez, de Restábal.
Francisco Palomino Márquez se casó en 1889 con Guadalupe Freire Morillas.
Agustín Molina Mingorance, de Saleres, se casó en 1890 con Trinidad Palomino Márquez.

Estos enlaces explican por qué los Palomino aparecen después unidos a tantas familias del pueblo.

🌸 Los Palomino como segundo apellido: una red enorme

Si seguimos solo a quienes llevan Palomino como primer apellido, perderíamos media historia.

Porque el apellido aparece también como segundo apellido en muchas familias:

Montosa Palomino.
Vallejo Palomino.
Maroto Palomino.
Ortega Palomino.
Sánchez Palomino.
Ruiz Palomino.
Tapia Palomino.
Molina Palomino.
Morillas Palomino.
Aguilera Palomino.
González Palomino.
Martín Palomino.
Márquez Palomino.
Medina Palomino.

Estos segundos apellidos muestran la fuerza de las mujeres Palomino.

Una Palomino que se casaba con un Ruiz dejaba hijos Ruiz Palomino.
Una Palomino que se casaba con un Maroto dejaba Maroto Palomino.
Una Palomino que se casaba con un Molina dejaba Molina Palomino.
Una Palomino que se casaba con un Ortega dejaba Ortega Palomino.

Y así, el apellido se extendía aunque dejara de ir en primer lugar.

Por eso, para estudiar bien los Palomino de Restábal, hay que mirar siempre las dos posiciones: primero y segundo apellido.

🧬 Palomino y Molina: una unión importante

Una de las uniones más interesantes es la de los Molina con los Palomino.

En 1883, el registro menciona el matrimonio de:

José Molina Mingorance, natural de Pinos del Valle,
con
Ángela Palomino Márquez, natural de Restábal.

De esta unión nacerán los Molina Palomino, rama muy importante para varias familias actuales y recientes.

Entre sus descendientes aparecen nombres como Rosario Molina Palomino, Ángela Molina Palomino, Agustina Molina Palomino, Juan Molina Palomino y otros.

Además, en 1890, Agustín Molina Mingorance, natural de Saleres, se casó con Trinidad Palomino Márquez, también de Restábal.

Es decir: dos ramas Molina Mingorance se unieron con mujeres Palomino Márquez.

Esto no fue una casualidad pequeña. Fue una alianza familiar clara entre dos casas.

🌿 Los Palomino en el siglo XX

En el siglo XX, el apellido Palomino sigue muy presente.

Aparece como primer apellido en matrimonios como:

Francisco Palomino Fernández, casado en 1905 con Rosario Maroto Sánchez.
Matías Palomino Fernández, casado en 1914 con Encarnación Tapia Morillas.
Manuel Palomino Márquez, casado en 1914 con Ángeles Márquez Morillas.
Juan Palomino Freire, casado en 1918 con María Rivas Correa, de Órgiva.
José Palomino Márquez, casado en 1919 con Dolores Delgado Palma.
Juan Palomino Martín, casado en 1925 con Aurelia Sánchez Ruiz.
José Palomino Mingorance, casado en 1936 con Encarnación Palomino Tapia.
Nicolás Palomino Salazar, casado en 1937 con Antonia Maroto Sánchez.
Francisco Palomino Freire, casado en 1939 con Dolores Molina Ortega.
Francisco Palomino Maroto, casado en 1946 con Carmen Morillas Tapia.

Y aparece como segundo apellido en muchísimas ramas:

Morillas Palomino, Molina Palomino, Ortega Palomino, Ruiz Palomino, Aguilera Palomino, González Palomino, Maroto Palomino, Márquez Palomino, Medina Palomino.

📌 Algunos enlaces recientes hasta 1971

Entre los matrimonios del último tramo del periodo estudiado aparecen ramas que muestran la continuidad del apellido:

Manuel Palomino García, casado en 1950 con Angustias Ortega Palomino.
Matías Palomino Ortega, casado en 1952 con Rosario Márquez Palma.
Manuel Palomino Garnica, casado en 1954 con Ana Márquez Márquez.
José Palomino Ortega, casado en 1954 con Francisca Rodríguez Ortega.
Manuel Palomino Delgado, casado en 1956 con Concepción Gutiérrez Maroto.
Francisco Palomino Ortega, casado en 1956 con Concepción Gutiérrez Pérez.
Juan Martín Palomino, casado en 1956 con Rosario Sola Mingorance.
Manuel Palomino Ruiz, casado en 1958 con Carmen Palomino Garnica.
Antonio Palomino Sánchez, casado en 1958 con Carmen Molina Gutiérrez.
José Palomino Ruiz, casado en 1959 con Josefa Quiles Tapia.
Nicolás Palomino Maroto, casado en 1961 con Josefa Morillas Ortega.
Antonio Palomino Ortega, casado en 1961 con Angustias Morillas Aguilera.
Francisco Palomino Molina, casado en 1963 con Adoración Ruiz Molina.
José Palomino Ruiz, casado en 1964 con Dolores Gutiérrez Vallejo.
Juan de Dios Palomino Sánchez, casado en 1967 con Magdalena Tapia Mingorance.

Y como segundo apellido sigue apareciendo hasta el final del periodo, por ejemplo en Morillas Palomino, Ruiz Palomino, Ortega Palomino, Molina Palomino, Aguilera Palomino, Martin Palomino, González Palomino, Maroto Palomino y otras ramas.

En 1971, todavía encontramos referencias donde Palomino aparece en la ascendencia inmediata, como en el matrimonio de Gregorio Maroto Fajardo, hijo de Francisco Maroto Palomino, con Amparo Aguilera Vallejo, hija de Francisco Aguilera Palomino y Carmen Vallejo Carmona.

Esto confirma que el apellido, aunque a veces no vaya ya en primer lugar, seguía vivo en la memoria familiar de Restábal.


✨ Epílogo: los Palomino, una raíz extendida por todo Restábal

Los Palomino de Restábal son una de esas familias que cruzan los siglos.

No aparecen con claridad en la repoblación inicial del Apeo. Pero desde finales del siglo XVII entran con fuerza en los libros parroquiales.

Primero con Juan Palomino, natural de Órgiva, y Mariana Flores.

Después con los Palomino Flores.

Luego con los Palomino Salazar, Palomino Ruiz, Palomino Montosa, Palomino Ramos, Palomino Contreras, Palomino Zarco, Palomino López, Palomino Navarro, Palomino Mateu, Palomino Morillas, Palomino Sánchez, Palomino Maroto, Palomino Freire, Palomino Fernández, Palomino Márquez, Palomino Mingorance, Palomino Ortega, Palomino Garnica, Palomino Delgado y muchas ramas más.

Y al mismo tiempo, por vía femenina, el apellido entra en los Montosa Palomino, Vallejo Palomino, Maroto Palomino, Ortega Palomino, Sánchez Palomino, Ruiz Palomino, Tapia Palomino, Molina Palomino, Morillas Palomino, Aguilera Palomino, González Palomino, Martín Palomino, Márquez Palomino y otros.

Por eso, cuando alguien de Restábal busca sus raíces, es muy fácil que tarde o temprano encuentre un Palomino en el árbol.

Un abuelo.
Una bisabuela.
Una madre.
Un segundo apellido.
Una madrina.
Un matrimonio.
Una rama que parecía perdida.

Los Palomino no son solo un apellido.

Son una red de memoria.

Una red que une Restábal con Órgiva, Saleres, Pinos, Melegís, Granada, Conchar, Murchas, Talará y otros lugares del entorno.

Una red que demuestra que los pueblos no se entienden solo por sus calles, sino por las familias que los sostuvieron.

Y en Restábal, durante casi tres siglos documentados, los Palomino fueron una de esas familias. 🌿

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29 junio 2026

GriffinHouse en Béznar


 

⚡ GriffinHouse en Béznar: la casa mágica donde el Valle de Lecrín también sueña

Hay alojamientos que ofrecen una cama.

Hay casas que ofrecen silencio.

Y hay lugares que, nada más cruzar la puerta, parecen abrir un pasadizo secreto hacia la infancia, la fantasía y la emoción de quienes alguna vez soñaron con recibir una carta llegada por lechuza. 🦉✨

Eso es GriffinHouse, el alojamiento temático situado en Béznar, en la calle Parra, 10, un rincón del Valle de Lecrín que ha convertido una casa en una experiencia mágica para los amantes del universo de Harry Potter.

No es solo una casa decorada.

Es una pequeña aventura.

Un lugar pensado para mirar despacio, para tocar con curiosidad, para sorprenderse en cada habitación y para sentir que, por unas horas, Béznar también puede tener su propio andén secreto, sus varitas, sus hechizos y sus rincones encantados. ⚡🏰

🏡 Una casa en Béznar convertida en experiencia

Béznar es uno de esos pueblos tranquilos del Valle de Lecrín donde el tiempo parece caminar más despacio.

Cerca del embalse, entre montañas, agua, calles estrechas y vida rural, aparece ahora una propuesta turística diferente: una casa temática, interactiva y completamente ambientada en el mundo mágico.

Las imágenes hablan por sí solas.

Hay cuadros, varitas, cartas, maletas, jaulas, libros, símbolos mágicos, habitaciones cuidadas al detalle, efectos de luz, rincones secretos y una estética que busca que el visitante no solo duerma allí, sino que viva una historia. 🪄📜

Desde el recibimiento hasta los pequeños regalos de bienvenida, todo parece pensado para que el huésped entre en un juego amable, familiar y sorprendente.

✨ El trabajo de Pablo, Irene y la pequeña Claudia

Detrás de GriffinHouse están Pablo, Irene y la pequeña Claudia, anfitriones que, según las reseñas de quienes ya han pasado por la casa, no se limitan a entregar unas llaves.

Acompañan.

Cuidan.

Atienden.

Hacen que la estancia sea más cercana y agradable.

Amador lo resume con entusiasmo: una experiencia única que cualquier fan de Harry Potter debería vivir, destacando la atención de los anfitriones y el ambiente especial de la casa. ⚡

Cristina habla de un fin de semana fantástico, de una temática muy cuidada, de una casa cómoda, equipada y llena de detalles. También subraya algo muy importante: la ubicación en Béznar, perfecta para desconectar y disfrutar del entorno del Valle de Lecrín y del embalse.

Y Aroa va más allá: describe GriffinHouse como una de las casas rurales más mágicas que ha visitado, una casa grande de dos plantas, con capacidad para cinco personas, llena de piezas hechas a mano, réplicas, detalles y rincones donde uno puede pasarse horas mirando. 🥹✨

Cuando varias personas coinciden en lo mismo, algo hay.

Y lo que parece haber aquí es cariño, imaginación y muchas horas de trabajo artesanal.

🪄 Una casa para mirar, jugar y descubrir

Lo más interesante de GriffinHouse no es únicamente su decoración.

Es su carácter interactivo.

Las imágenes muestran espacios donde la fantasía no está puesta como simple adorno, sino como parte de la experiencia: luces que se activan, rincones ocultos, referencias reconocibles, una habitación bajo las escaleras, guiños a la Cámara de los Secretos, la tienda de dulces, el mundo de las varitas, la entrada mágica, cartas, maletas y objetos que hacen que cada estancia tenga su propia escena. 🧙‍♂️🧁

Para un fan de Harry Potter, la casa funciona casi como un pequeño museo emocional.

Pero no un museo frío.

Más bien una casa viva.

Una casa para hacerse fotos, para recorrer con niños, para disfrutar en pareja, para ir con amigos o para regalar una estancia diferente a alguien que conserve todavía ese brillo de niño cuando escucha la palabra “Hogwarts”.

🌿 Béznar, el Valle y la magia del entorno

GriffinHouse también tiene un valor añadido: no está en una gran ciudad ni en un parque temático, sino en Béznar, en pleno Valle de Lecrín.

Y eso cambia la experiencia.

Porque después de la fantasía interior, espera la belleza real del paisaje: el embalse de Béznar, los caminos, los pueblos cercanos, los naranjos, las montañas, la calma del valle y esa luz granadina que lo envuelve todo. 🌄🍊

Aroa lo decía en su reseña: el pueblo es pequeño, bonito y tranquilo, perfecto para desconectar. Y alrededor hay pueblos preciosos donde se come bien y donde el visitante puede completar la escapada con rutas, miradores, patrimonio, gastronomía y descanso.

Ahí está una de las claves.

GriffinHouse no solo atrae visitantes a una casa.

También puede atraer miradas hacia Béznar y hacia todo el Valle de Lecrín.

🧳 Turismo con imaginación

En tiempos en los que muchos alojamientos rurales compiten ofreciendo lo mismo, GriffinHouse ha apostado por algo distinto: convertir la estancia en relato.

Eso tiene mucho valor.

Porque el turismo actual ya no busca solo dormir fuera de casa. Busca vivir algo, recordar algo, contar algo, compartir una experiencia.

Y GriffinHouse lo ha entendido muy bien.

Quien entra allí no dice simplemente: “he pasado una noche en Béznar”.

Dice: “he estado en una casa mágica”.

Y esa diferencia es enorme. ✨

🏰 Un nuevo reclamo para el Valle de Lecrín

El Valle de Lecrín tiene historia morisca, castillos, acequias, molinos, iglesias, lavaderos, miradores, fiestas, rutas y pueblos llenos de alma.

Pero también necesita propuestas nuevas que ayuden a que más gente lo descubra.

GriffinHouse puede convertirse en una de esas puertas de entrada.

Una puerta curiosa, familiar, divertida y diferente.

Una forma de decirle al visitante:

“Ven al Valle. Aquí también hay magia.”

Y quizá esa sea la mayor virtud de este alojamiento: haber unido la fantasía de una saga mundialmente conocida con la autenticidad de un pequeño pueblo granadino.

⚡ GriffinHouse: cuando Béznar recibe su carta de admisión

Al final, GriffinHouse no es solo una casa temática.

Es una ilusión convertida en alojamiento.

Una obra hecha por fans para fans.

Un lugar donde los detalles importan, donde los anfitriones dejan huella y donde el visitante puede sentirse protagonista de una pequeña aventura mágica.

En la calle Parra, 10 de Béznar, el Valle de Lecrín ha ganado un rincón distinto.

Un rincón que no sustituye la historia del valle, pero la acompaña con una sonrisa nueva.

Porque también el patrimonio emocional cuenta.

Y porque, a veces, la magia no está tan lejos.

A veces está en una casa antigua de Béznar, reformada con imaginación, cariño y muchas ganas de hacer soñar. 🦉⚡✨

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Lorenzo Padilla Mellado y el Alma del Valle de Lecrín

Lorenzo Padilla Mellado 

 🌿 El Guardián de las Piedras y los Pergaminos: Lorenzo Luis Padilla Mellado y el Alma del Valle de Lecrín ✨

En las tierras donde el agua susurra historias mudas entre olivos centenarios y ruinas que aún guardan el eco de la Granada nazarí, brilla la figura de un hombre que ha dedicado su vida a rescatar el pasado del olvido. Lorenzo Luis Padilla Mellado, nacido en 1952 en Granada, es mucho más que un historiador: es un arqueólogo del alma, un transcriptor incansable de documentos que dormían en archivos polvorientos y un puente vivo entre el pasado andalusí y el presente.


Doctor en Historia por la Universidad de Granada (donde se formó en la Facultad de Filosofía y Letras), Padilla Mellado defendió en 2010 una tesis doctoral que se convirtió en referencia obligada: Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología. Esta obra monumental, publicada por la Editorial de la Universidad de Granada, no solo disecciona con rigor académico los bienes eclesiásticos de origen musulmán en la comarca, sino que reconstruye con sensibilidad el tejido social, económico y religioso de una tierra marcada por la conquista y la repoblación. 📜

Desde entonces, su labor ha sido incesante. Miembro de grupos de investigación como HUM-149 y HUM-165, ha editado libros de apeos, repartimientos y becerros que devuelven la voz a los moriscos y a los nuevos pobladores castellanos. Sus trabajos sobre Yegen, Mecina Bombarón, Pinos del Rey, Ízbor,  Dúrcal,  Restábal,  Acequias Chite, Talará y otras alquerías del Valle de Lecrín y la Alpujarra han permitido recuperar la memoria de cómo se redistribuyeron tierras, casas y aguas tras 1492. No se trata solo de datos: es literatura de archivo, es arqueología viva que ayuda a entender el paisaje cultural que hoy disfrutamos. 🏞️

Con más de 38 publicaciones (De venta en Amazon) y una presencia activa en la vida académica y cultural granadina, Lorenzo Luis Padilla Mellado encarna la figura del intelectual comprometido con su tierra. Vinculado a la Facultad de Filosofía y Letras (con lazos tanto en Granada como en Córdoba), su huella se extiende por centros de estudios históricos y asociaciones de historiadores militares, siempre con la misma pasión: iluminar los rincones ocultos de nuestra historia común. 📖

El Valle de Lecrín le debe mucho. Gracias a su tesón, lugares como Restábal, Dúrcal, Acequias,  Ízbor,  Pinos del Valle, Talará y Chite o las antiguas rábitas ya no son solo nombres en un mapa: son espacios cargados de significado, de agua que aún riega memorias, de habices que siguen hablando de una convivencia compleja y fascinante.

Que su legado continúe inspirando a nuevas generaciones de investigadores y amantes del patrimonio.

Porque, como bien sabe Padilla Mellado, la verdadera riqueza de una tierra no está solo en sus olivos o sus acequias, sino en las historias que logramos rescatar del silencio.


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Libro de Apeo de Acequias 




Libro de Apeo de Chite y Talará 


Libro de Apeo de Dúrcal 


Libro de Apeo de Restábal 



Libro de Apeo de Ízbor 

Libro de Apeo de Pinos del Valle 



28 junio 2026

Los Habices de la Iglesia de Chite

Iglesia de Chite 

 
🕌 LOS HABICES DE LA IGLESIA DE CHITE 
Historia, patrimonio y memoria de una alquería del Valle de Lecrín


Entre los lugares que componen el Valle de Lecrín hay algunos que guardan su historia con la discreción de quien sabe que el tiempo lo conserva todo. El Chite es uno de ellos. Pequeño, encajado en el centro geográfico del valle junto al barranco de su mismo nombre, descendido de Sierra Nevada, a 637 metros de altitud, este pueblo de calles estrechas y tinaos moriscos atesora entre sus escrituras notariales uno de los inventarios patrimoniales más detallados de la comarca: el de los bienes habices de su iglesia. Un patrimonio que, antes de pertenecer a la cruz, sirvió al creciente. 🌙✝️
La fuente principal de este artículo es el Capítulo VIII de la tesis doctoral de Lorenzo Luis Padilla Mellado, Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología (Universidad de Granada, 2010), enriquecida con el Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín (1547-1554) —folios 250r al 254v— y las Escrituras de Censo conservadas en el Archivo Histórico del Arzobispado de Granada bajo la Signatura 586-F. 📚
🏘️ La alquería: entre el latín, el árabe y la historia
El nombre del pueblo lo dice todo sobre su complejidad histórica. Chite —escrito a veces Achite, Al-Yit o El Yit— deriva del árabe الجيط (al-Ŷīṭ), topónimo que a su vez procede del latín civitas, ciudad. La palabra romana que nombra a los asentamientos urbanos organizados sobrevivió en la boca de los mozárabes, pasó al árabe y llegó hasta nosotros a través del castellano. Una cadena de culturas que, como las venas de agua que riegan sus hazas, nunca se interrumpió del todo.
Madoz, en su Diccionario Geográfico de 1845-1850, describe Chite como anejo de Talará, en la falda meridional de Sierra Nevada, con 85 viviendas y 80 vecinos —aproximadamente 280 almas—, dedicados a la agricultura y a exportar aceite a Granada y al puerto de Motril. Produce aceite principalmente, maíz, habichuelas, trigo, cebada, naranjas y limones. Tiene molino harinero, dos molinos de aceite y una fábrica de aguardiente. 🫒🍊
Más atrás en el tiempo, en el periodo nazarí, Chite fue llamado Al-Yit y perteneció al Iqlim Al-Uxar, el "Valle de la Alegría". Fue cuna del asceta Ibn Ya'far, nacido en 1270, viajero que peregrinó a La Meca, recorrió Oriente Próximo, se asentó finalmente en Cónchar para cuidar huertos y escribir El libro de las luces, muriendo en 1349. Una figura singular que conecta este pequeño lugar del Valle con las grandes rutas espirituales del Islam medieval.
Durante la conquista castellana, el rey Fernando el Católico mandó quemar los lugares del Valle de Lecrín, entre ellos el Chite. La riqueza agrícola de la zona atrajo a Hernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos, y al Marqués de Mondéjar, que llegó a poseer un molino de aceite en El Chite y Talará. El cardenal Cisneros impuso luego la conversión forzosa. En 1501, según la Bula de Erección de Parroquias, Achite pasó a ser anejo de Béznar y posteriormente de Talará.
El levantamiento morisco de la Navidad de 1568 sacudió también El Chite. La guerra fue cruel y acabó con la expulsión de 70 vecinos moriscos y la repoblación del lugar con 30 vecinos cristianos viejos procedentes de fuera del reino de Granada en el año 1572. De casi 300 personas a poco más de 100. El pueblo sobrevivió, pero apenas. 📉

🏯 El Castillejo: la fortaleza olvidada
En el término de El Chite pervive un topónimo que guarda la memoria de una defensa: el Castillejo. Los libros de apeo del siglo XVI ya lo mencionan. Se trata de los restos de una fortaleza árabe localizada en lo alto de un cerro, sobre la confluencia del río Ízbor con el barranco de Chite, a unos 600 metros al suroeste de Béznar. Su plataforma es rectangular con esquinas redondeadas, orientada en dirección norte-sur.
De ella se conserva en el borde oeste un muro de tapial de unos 80 metros de longitud, un metro de altura y 70 centímetros de espesor, montado sobre una base de mampostería de lajas. En los lados este y sur quedan restos de muros más degradados. La gran cantidad de cerámica medieval y prehistórica dispersa en superficie sugiere una ocupación prolongada, quizás para controlar el paso de Granada a la costa por las cuencas de los ríos Guadalfeo e Ízbor. Muchos investigadores, por su cercanía al castillo de Mondújar, ignoraron su existencia. Pero estaba ahí, silencioso, mirando el valle. 🏰

⛪ La iglesia y sus molinos
La iglesia parroquial de El Chite se construyó en el siglo XVI, como la mayoría de las del valle. Tras los saqueos e incendios de la guerra morisca, fue reconstruida a principios del XVII: se rehízo la torre, la armadura y la portada. En el informe eclesiástico de 1621 se leía: "El Chite, anejo de Béznar, que dista de él un cuarto de legua, es lugar de 30 vecinos. Tiene iglesia de una nave, bien reparada, y torre con campana."
La planta es rectangular, de una sola nave con cabecera plana. La armadura de madera es de tipo lima bordón, con siete tirantes transversales adornados de estrellas. A los pies, un pequeño coro sobre el cancel; el presbiterio elevado al que se accede por una grada. La torre-campanario surge del muro de la epístola en tres cuerpos con vuelo octogonal. Sus medidas interiores: 25 × 7,50 metros. Un edificio sobrio y hermoso, como el paisaje que lo rodea.
El lugar tenía también una importante industria molinera. El Apeo y Repartimiento de Bienes de El Chite de 1572 recoge que había tres molinos de aceite —dos aprovechables, uno por el suelo—, todos ellos de moriscos y por tanto ahora de la Corona, y dos molinos harineros de dos piedras cada uno en el río Moxacar, perdidos y desbaratados. También dos hornos de cocer pan que poseía Gonzalo de Torres, sin contrato con la iglesia. Y un tejar o almadraba situado en el Camino Real que unía Chite con Melegís por el Barrio Alto, que abastecía de ladrillos y tejas a los pueblos de la comarca. 🧱

🏚️ Los bienes urbanos: casas, hornos, macaberes y rábitas
Al no disponerse de un Apeo completo de bienes habices para El Chite, Padilla Mellado reconstruye el inventario a partir de las escrituras de censo conservadas en el Arzobispado. El resultado es un retrato fiel de la geografía humana del pueblo en la segunda mitad del siglo XVI.
Entre las casas, el inventario describe una vivienda en el Barrio de Abajo, lindando con el huerto de morales de Juan Jijón, con morales y tierra de Miguel Sánchez y con el camino que va a la iglesia; por la puerta frontera, la Calle Real y los solares de Francisco Jijón. También se documenta un sitio y solar que fue horno en el Barrio Alto, linde con casa de Juan de Narváez, casa de Alonso de Santiago y la Calle Real junto a la placetilla de Juan Rodríguez. Más un solar de casa metido en huertos de Cristóbal López, junto al Partidor del agua.
Los hornos eran dos, uno por barrio, como corresponde a la organización social de las alquerías del Valle. El del Barrio Alto, junto al solar ya descrito. El del Barrio Bajo, junto a la iglesia, lindando con el horno de hacer tinajas y la placeta de la iglesia.
Los macaberes —antiguos cementerios musulmanes reconvertidos en tierra de labor o en bienes censales— son abundantes y geográficamente precisos en la documentación. El primero, un pedazo de cuatro marjales (2.100 m²), estaba situado entre los dos barrios del lugar, convertido ya en olivar, entre tres caminos: el que va del Barrio Bajo al Alto, el que lleva a Talará y el que sale de entre los dos barrios también hacia Talará. Fue posesión de Juan de Medina. Un segundo macaber, de dos marjales (1.050 m²), se localizaba en el Pago del Valín, entre huerta y tierra de Juan Jijón por dos partes, olivar de Alonso Herrera y huerto de Alonso Martínez Jijón, siendo dividido entre Juan Jijón (parte alta) y Juan de Medina (bancal bajo). Un tercer pedazo de macaber, también de dos marjales, estaba entre los dos barrios por encima del horno de las tinajas, linde con el camino del Barrio Alto al Bajo, tierras y olivar de Juan Rodríguez, morales de Juan de Medina y morales de Miguel Sánchez de Carmona; por él se pagaban seis reales de censo. Un cuarto macaber, de un cuarto de marjal, estaba en tierras de Martín de Herrera. Y un quinto pedazo de tierra que solía ser macaber, de un marjal, frontero a la iglesia, se encontraba entre tierras y olivar de Juan Ruiz, tierras y olivos de Alonso Ortiz, y el camino que va del lugar al molino de pan. Lo poseía Miguel Sánchez.
El solar de la rábita se situaba entre los dos barrios, linde por tres partes con caminos de servicio del lugar, y por uno de esos caminos con casa de Baltasar Herrera. Antigua sala de oración islámica convertida en bien inmueble de la iglesia cristiana, sin siquiera paredes en pie.
Y el horno de hacer tinajas —la almadraba—, dentro del casco urbano, por el que se pagaban ocho maravedís de censo, linde con tierras de los herederos de Francisco Jijón y con el horno de pan. La industria cerámica del lugar, documentada en el siglo XVI, guardando relación con ese antiguo tejar que surtía de materiales a toda la comarca. 🏺

🌾 Tierras de regadío: el agua que lo sostiene todo
La riqueza hídrica del Valle de Lecrín, alimentada por el deshielo de Sierra Nevada, se refleja con precisión en el inventario de tierras de regadío de El Chite. Se documentan en el capítulo 27 hazas, 13 pedazos de tierra y 14 bancales, con una superficie total aproximada de 5,80 hectáreas.
Los pagos de regadío se distribuyen principalmente por el Pago del Plan —el más fértil y documentado—, el Pago del Rubite, el Pago de Contra, el Pago del Mojinal, el Pago del Fondín, el Pago de Locabo, el Pago del Frontín y el Barrio Alto junto al aljibe.
En el Pago del Plan, el inventario describe una secuencia de bancales y hazas que los censatarios de la familia Medina-Jijón trabajaban con admirable precisión: un pedazo de tierra de dos marjales linde con Alonso Martínez y Sebastián López; un bancal de un marjal puesto de albarcoques; una huerta de dos marjales con cuatro pies de olivos cercada junto al barranco; y varias hazas intercambiadas (trocadas) con tierras mejores, dando testimonio de una economía agraria viva y adaptativa.
En el Pago del Rubite aparecen dos hazas que suman dos marjales y cuarto, y otras de cuatro marjales en cuatro bancales que divide un jorfel. En el Pago del Fondín, una haza de riego de tres marjales puesta de viñas, orilla del barranco. En el Pago de Locabo, dos pedazos con ocho marjales a los que atravesaba el camino que iba del Chite a Melegís, con tierras y olivar de Juan de Santiago lindando por la parte alta. 🫒
El camino a Melegís aparece repetidamente como lindero en las tierras de Chite, igual que ocurre en sentido inverso en los documentos de Melegís: otra prueba de la profunda interconexión económica y cotidiana entre ambas alquerías vecinas.

🌿 Tierras de secano y viñedo
Las tierras de secano y viñedo suman en total 19 parcelas distribuidas por una superficie de casi 3,81 hectáreas, localizadas en los pagos del Vical (luego llamado de Contra), del Mojinar, de la Barrasa, del Cerro de San Cristóbal, de Frimalamar, del Buñol y de Sumalamar.
Entre ellas destaca un gran pedazo de tierra de 18 marjales (9.450 m²) en el Pago de Frimalamar/Sumalamar, con almendros e higueras, lindando por arriba con tierras del Licenciado Mieres, vecino de Granada, por otra con tierras de Juan de la Hoya, por abajo con tierras de los herederos de Bartolomé Martín y con tierras de Francisco Jijón y de Alonso de Aguilar. Una extensión notable para un pueblo tan pequeño.
En el Cerro de San Cristóbal, junto a una antigua iglesia, se documenta una haza en un retamal de ocho celemines de sembradura (1.342,5 m²) con un macaber alrededor, compartida entre Francisco Jijón y Diego Padial, pagando cada uno cuatro celemines, con la acequia principal del lugar como lindero. Una partida que conjuga lo sagrado cristiano, lo sagrado islámico y la tierra cultivable en un mismo espacio. 🌾

🌳 El arbolado: el olivar como vertebrador del paisaje
El inventario arbóreo de El Chite revela la fisonomía de su término con una exactitud que casi permite dibujar el mapa. Se documentan en total:
52 olivos, 9 morales, 5 higueras, 3 almendros, 2 limoneros, 1 granado y otros árboles frutales sin especificar.
El olivar domina claramente sobre los morales, al contrario de lo que ocurría en Melegís y Restábal, donde la morera y la seda marcaban la economía. El Chite era, ya en el siglo XVI, un pueblo de aceite. Los olivos aparecen dispersos en hazas ajenas según la fórmula típica del Valle: la tierra es de un vecino, el árbol de la iglesia, y el censatario paga por ambos separadamente.
Algunos de estos olivos tienen ubicaciones que se han conservado en la memoria toponímica del lugar: en el Pago del Molino Quemado, en el Pago del Frontín, en las Cruces, en el Barrio Alto junto al aljibe, en la huerta cercada de Alonso Martín Jijón junto a la acequia principal y la plazuela de su casa, en tierras de Alonso de Herrera frontero a las Cruces, en ribazo del Licenciado Mieres. Los olivos tenían nombre de pago y nombre de dueño. Eran individuales, como personas. 🌿

📋 El Libro Becerro (1547-1554): los hombres del Chite
Los folios 250r al 254v del Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín contienen las partidas de censo correspondientes al lugar de El Chite. Más que un registro fiscal, son el retrato de una comunidad en transición.
La figura dominante es la de Los Jijones: Francisco Jijón, Juan Jijón, Juan de Medina, Miguel Sánchez de Carmona y Diego Padial, todos hijos y yernos de Francisco Jijón el Viejo. Esta familia extensa poseía entre sí los bienes habices del lugar de El Chite, repartidos y administrados colectivamente. Pagaban en conjunto 6.219 maravedís anuales, 1.244 maravedís cada uno, pagaderos por fin de octubre. La escritura fue reconocida y otorgada ante el escribano público de Melegís Pedro de Ledesma, el 3 de mayo de 1592. Un clan familiar que sostenía económicamente a la iglesia de un pueblo entero.
Francisco Jijón aparece además con partidas propias: pagaba 305 reales de censo al año por dos pedazos de majuelos de cuatro marjales en el Pago de Uzcal, una haza en retamal junto al Cerro de San Cristóbal, un bancal que solía ser almazara (8 maravedís), y el solar del horno de cocer tinajas (8 maravedís). Pagaba también 15 ducados de censo cada año por todos los habices de la iglesia a excepción de los de la Iglesia Mayor de Granada, los hornos y los censos particulares, según la carta de censo que pasó ante el escribano Bartolomé Dalva en 16 de enero de 1533. Y seis reales más por varios pedazos de macaberes de cuatro marjales convertidos en olivar, con tres pedazos distintos: uno linde de huerta de Francisco el Gazi y un molino de aceite, otro linde de la huerta de Mendoza, y el tercero linde de haza de Bernabé de Santa Fee.
Miguel de Mendoza, como heredero de Juan de Mendoza su padre, pagaba tres reales de censo al año por tres olivos de la iglesia: dos en la huerta del dicho Juan de Mendoza y otro en haza del Panzi. La escritura de censo, ante el escribano del rey Pedro de Toledo, lleva fecha del 16 de junio de 1514.
Diego Alahadar pagaba dos reales de censo al año por una casa en el Barrio Alto de El Chite, linde con casa de Hernando el Colay y las calles reales. Escritura ante Pedro de Córdoba, 13 de julio de 1541.
Hernando Jiménez pagaba 144 maravedís al año por una casa en el Barrio Bajo, linde con casa de Isabel Huncicha y casa de Hernando Caicabi.
Y aquí aparece  Lope de Palma, que junto a Zacarías Marín pagaba dos reales de censo al año por un macaber en el Barrio Alto, con condiciones en la Contaduría para abrirlo. El apellido Palma documentado en El Chite en el Libro Becerro de 1547-1554. 🌿

Alonso Alaberri, vecino de Pinos del Rey, pagaba 40 reales de censo perpetuo al año por un conjunto notable de tierras de riego: una haza de un marjal con un moral y su agua, otra de dos marjales, cuatro bancales que divide un jorfel de cuatro marjales, una haza de marjal y medio, y otras cuatro hazas adicionales. La escritura fue ante Francisco de Córdoba, el 22 de diciembre de 1558. En 1564, ante el mismo escribano, Alonso Alaberri traspasó toda esta hacienda a Hernando de Torres, vecino del Chite.

📜 Las Escrituras de Censo (AHAGr, Signatura 586-F)
El Archivo Histórico del Arzobispado de Granada conserva bajo la Signatura 586-F las escrituras de censo de la Iglesia de El Chite, que completan y matizan el inventario del Libro Becerro.
Francisco Jijón —el mismo patriarca de la familia que sostenía el patrimonio habice del pueblo— formalizó ante el escribano Bartolomé de Alba el 16 de enero de 1533 la escritura de toma a censo perpetuo de 15 ducados (9.625 maravedís) sobre los bienes habices de la Iglesia del Chite en su conjunto.
Fernando de Abengoza tomó a censo perpetuo, ante Alonso Ruiz el 9 de agosto de 1520, un solar de casa por dos ducados de plata, linde con Francisco Sola, Diego Acapayno y la calle.
Hernando Ramírez escrituró ante Alonso Ruiz el 24 de abril de 1547 una casa en el pueblo por cuatro maravedís y cuartillo de censo perpetuo, linde con Isabel Musejida.
Andrés Díaz reconoció ante Ambrosio Espínola el 20 de septiembre de 1670 un censo perpetuo de 30 reales a favor de la Iglesia del Chite.
Alonso Alabejir tomó de la Iglesia del Chite ante Francisco de Córdoba el 20 de diciembre de 1557 seis hazas y cuatro bancales de tierra en censo perpetuo de 40 reales.
Gonzalo de Torres —el mismo que poseía los dos hornos de pan del lugar sin contrato con la iglesia, según el Apeo de 1572— tomó ante Francisco de Córdoba el 10 de septiembre de 1554 un macaber de aproximadamente ocho marjales, junto a un majuelo, linde con haza del Calay y con el camino de la Alpujarra y el barranco, por dos reales de censo perpetuo. Un cementerio islámico de más de cuatro mil metros cuadrados, convertido ya en hacienda y sujeto al pago de dos reales anuales a la iglesia. 🪦

🌅 Lo que los habices de El Chite nos dicen
El inventario de los habices de la Iglesia de El Chite es, en el fondo, el inventario de un pueblo que sobrevivió. Setenta vecinos moriscos expulsados en 1572, treinta repobladores llegados de fuera con sus costumbres y sus apodos. Y entre unos y otros, los papeles que garantizaban que la tierra seguiría siendo explotada, que el horno seguiría cociendo pan, que los olivos seguirían dando aceite y que la iglesia seguiría cobrando sus censos.
Los Jijones —Francisco, Juan, el viejo y los jóvenes—, los Medina, los Padial, los Sánchez de Carmona: apellidos que en su día recibieron las tierras habices como un préstamo a largo plazo, y que con su trabajo las devolvieron a la vida. Y entre ellos, un Lope de Palma que pagaba por un macaber en el Barrio Alto, y cuyo nombre resuena con la misma fuerza que el barranco que sigue bajando de Sierra Nevada, indiferente al paso de los siglos. 🏔️
Que no se pierda la memoria de El Chite. ✨

📚 Bibliografía
PADILLA MELLADO, Lorenzo Luis (2010): Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología. Editorial de la Universidad de Granada. Granada. D.L.: GR 3009-2010. ISBN: 978-84-693-2571-1. [Capítulo VIII: Chite, pp. 439-492.]
Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín (1547-1554). AHAGr. Signatura Caja nº 44. Fols. 250r-254v. Apéndice Documental, Doc. nº 21, p. 136.

Escrituras de Censo de la Iglesia de El Chite. AHAGr. Signatura 586-F. Escrituras nº 139, 140, 145, 147, 148. Apéndice Documental, Doc. nº 53, p. 727.


Libro de Apeo y Repartimiento según comisión para las poblaciones de Chite y Talará del Valle. AHPGr. Signatura 6474/CD-79, p. 436.

MADOZ, Pascual (1845-1850): Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Andalucía, Granada. Estudio introductorio de J. Bosque Maurel. Granada, 1987, p. 76.

LÓPEZ RODRÍGUEZ, Miguel A. (2002): Las Parroquias de la Diócesis de Granada (1501-2001). Arzobispado de Granada. Granada, p. 238.

MARTÍNEZ RUIZ, Juan (2002): El lenguaje del suelo (Toponimia). Universidad de Jaén, p. 665.

SIMONET Y BACA, Francisco J. (1967): Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes. Oriental Press. Ámsterdam, p. 166.

LIROLA DELGADO, Jorge y PUERTA VÍLCHEZ, José Miguel (2009): Biblioteca de al-Andalus: Un asceta en la corte nazarí. Ibn Ya'Far al-Qūnyī. Fundación Ibn Tufayl de Estudios Árabes. Almería, pp. 37-38.

PADILLA MELLADO, L.; ESPINAR MORENO, M. (2007): Arquitectura Defensiva del Valle de Lecrín. Granada, pp. 66-68.

REYES CASTAÑEDA, J.L.; RUBIO PRATS, M.M.; CARBONERO GAMUNDI, M.A. (1986): "Prospecciones arqueológicas medievales en Lecrín, términos de Chite, Melegís, Restábal, Saleres y Albuñuelas (Granada)". Anuario Arqueológico de Andalucía. Granada, pp. 385-403.

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