01 junio 2026

Portadas de Fiestas de Cozvíjar 2026

Portada Ganadora 

 🎨📸 CUATRO MIRADAS PARA UNA MISMA DEVOCIÓN: LAS PORTADAS DE LAS FIESTAS DE COZVÍJAR 2026

Las fiestas de un pueblo no empiezan solamente cuando suenan los cohetes, cuando se encienden las luces o cuando la música llena la plaza. A veces empiezan mucho antes, en silencio, sobre una mesa de trabajo, delante de una pantalla, con una fotografía, una idea, una imagen de la Virgen, una ermita iluminada o un cielo de agosto lleno de fuegos artificiales.

Así ha ocurrido este año con el II Concurso de Portadas de las Fiestas de Cozvíjar 2026, en honor a la Virgen de la Cabeza, una iniciativa que ha permitido que distintas personas aporten su creatividad, su sensibilidad y su manera particular de mirar las fiestas grandes de este querido pueblo del Valle de Lecrín. 🎆⛪🌹

La portada ganadora ha sido la obra presentada por Olga Leyva Gutiérrez, un diseño pintado a mano y centrado en la imagen de la Virgen de la Cabeza. Desde aquí, mi más sincera enhorabuena a Olga. Su propuesta tiene algo muy importante: la devoción directa, limpia y recogida. La Virgen aparece en primer plano, serena, casi envuelta en una atmósfera íntima, con flores en la parte inferior y una composición suave que transmite respeto, cariño y religiosidad popular. Es una portada sencilla en su planteamiento, pero muy emotiva en su intención. Tiene alma de estampa, de recuerdo familiar, de imagen que podría estar guardada en una casa junto a una vela, una fotografía antigua o un ramo de flores ofrecido con fe. 🕯️👑

Frente a esa propuesta ganadora, yo presenté una portada al concurso y diseñé también otras dos, aunque las bases solo permitían presentar una por persona. Las tres nacieron con el mismo propósito: rendir homenaje a Cozvíjar, a su patrona y a la emoción colectiva de sus fiestas de agosto.

Mi propuesta principal apostaba por una composición más espectacular y narrativa: la Virgen de la Cabeza elevada sobre un ambiente festivo, con el pueblo reunido, puestos de feria, luces, banderines, flores y fuegos artificiales iluminando la noche. Era una portada pensada para mostrar no solo la devoción, sino también la alegría popular: la fiesta como encuentro, como calle, como verano compartido, como regreso de quienes viven fuera y vuelven al pueblo cuando llegan sus días grandes. 🎇🌙

Otra de las portadas buscaba un tono más solemne y procesional. En ella, la Virgen aparece junto a la ermita, bajo un cielo nocturno encendido por los fuegos artificiales, rodeada de vecinos que contemplan la escena con respeto. Esa imagen pretendía unir tres elementos esenciales: la Virgen, la ermita y el pueblo. La luz de las velas, el humo del incienso, las montañas al fondo y el ambiente de recogimiento daban a la composición un aire más ceremonial, casi de noche grande.

La tercera propuesta tenía un carácter más de cartel clásico de fiestas, con la imagen de la Virgen sobre su trono, las flores, la ermita al fondo y una rotulación destacada. Era quizá la más cercana al lenguaje visual de los programas festivos tradicionales: directa, luminosa, devocional y pensada para anunciar con fuerza las fechas: 7, 8, 9 y 10 de agosto de 2026.

¿Cuál me parece mejor? Es difícil decirlo, porque cada una juega en un terreno distinto. La portada ganadora de Olga tiene la virtud de la delicadeza y la emoción religiosa. Mis propuestas, en cambio, buscaban una visión más amplia y escénica de las fiestas: la Virgen dentro del pueblo, la noche de agosto, los cohetes, la ermita, la gente, la celebración compartida. La de Olga emociona desde la cercanía de la imagen devocional; las mías intentan emocionar desde la memoria colectiva de la fiesta completa. Son lenguajes diferentes: uno más pictórico e íntimo; otro más narrativo, festivo y visualmente cinematográfico.

Y eso, en el fondo, es lo bonito de un concurso como este: que demuestra que una misma fiesta puede mirarse de muchas maneras. Para unos, las fiestas son la Virgen en primer plano. Para otros, son la procesión, las calles, los cohetes, los abrazos, la música, la ermita y el pueblo entero bajo el cielo de agosto. Pero en todas las miradas hay algo común: el cariño por Cozvíjar y por su Virgen de la Cabeza. 💙

Aunque mi portada no haya resultado ganadora, me quedo con la satisfacción de haber participado, de haber pensado en Cozvíjar con respeto y de haber aportado mi pequeña mirada desde Melegís, como vecino del Valle de Lecrín y amante de nuestras tradiciones. Porque participar también es una forma de estar presente. También es sembrar cultura. También es decirle a un pueblo vecino: “vuestras fiestas importan, vuestra historia importa, vuestra devoción merece ser contada”.

Enhorabuena de nuevo a Olga Leyva Gutiérrez por su portada ganadora, y gracias a la Comisión de Fiestas de Cozvíjar por abrir este espacio a la creatividad. Que estas fiestas de 2026 vengan llenas de luz, convivencia, alegría y emoción compartida.

Porque Cozvíjar, cuando llega agosto, no solo celebra unas fiestas.

Celebra su identidad, su fe, su memoria y su manera de seguir siendo pueblo. 🌹🎆⛪

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Portada que he presentado a
Concurso a la Comisión de 
Fiestas de Cozvíjar 

Otra Portada que diseñé

Otra Portada que diseñé 


El Empedrado de la Placeta del Tito en Melegís

Placeta El Tito en Melegís 

 🪨✨ EL EMPEDRADO DE LA PLACETA DEL TITO: CUANDO LAS MANOS DEL PUEBLO DEJAN MEMORIA EN LA CALLE

Hay trabajos que no solo arreglan una calle.

Hay trabajos que embellecen un rincón, dignifican un espacio y dejan escrito, piedra a piedra, un pequeño capítulo de la historia de un pueblo.

Eso es lo que ha ocurrido en Melegís con el empedrado de la Placeta del Tito, un rincón situado junto a la actual oficina de CaixaBank, en pleno casco urbano, donde el blanco de las fachadas, la sombra de las casas y el empedrado tradicional vuelven a hablar el lenguaje antiguo de nuestros pueblos del Valle de Lecrín.

La obra ha sido realizada por Antonio López Zarco, personal laboral fijo del Ayuntamiento de El Valle, con plaza de Operario de Oficios, clasificación Peones/Operarios, Grupo 5, junto a su sobrino Pablo. Antonio lleva casi veinte años trabajando para el Ayuntamiento y, aunque no está contratado como albañil ni como oficial de primera o de segunda, ha demostrado con este empedrado un dominio práctico del oficio, una sensibilidad estética y un amor por Melegís que quedan visibles piedra a piedra en la Placeta del Tito.


Sin embargo, ahí queda la obra: hecha en tan solo cuatro días, 

con paciencia, con gusto, con oficio aprendido a base de experiencia y con ese saber práctico que muchas veces no aparece en los papeles, pero sí se nota en el resultado.

Porque el empedrado no es solo poner piedras.

Es saber mirar el suelo antes de tocarlo.

Es imaginar el dibujo antes de colocarlo.

Es escoger cada canto, cada línea, cada contraste.

Es arrodillarse sobre la calle y convertir lo sencillo en hermoso.

En la Placeta del Tito se han colocado motivos decorativos, formas vegetales, grecas y símbolos que devuelven al lugar un aire de patio antiguo, de entrada señorial, de calle cuidada. El suelo se ha convertido en una alfombra de piedra: humilde, resistente y bella. Una de esas obras pequeñas en tamaño, pero grandes en significado.

🧱 Un trabajo más dentro de una larga lista

Este empedrado no es un hecho aislado. Antonio López Zarco recuerda también otros trabajos realizados en Melegís y en el municipio: el Pilar de la Era, la calle La Fuente, con sus bancos incluidos, la calle Alhambra, el mirador frente a Elysium, las escaleras del Elysium, los azulejos de la fachada del Ayuntamiento dedicados a la memoria histórica, la calle Erillas y, más recientemente, el ensanche de la calle Estación en Melegís.

Son obras que muchas veces pasan desapercibidas cuando ya están terminadas. Uno se sienta en un banco, sube unas escaleras, cruza una calle o se asoma a un mirador, sin pensar demasiado en las manos que estuvieron allí antes, midiendo, cortando, colocando, limpiando y rematando.

Pero detrás de cada mejora hay personas.

Y detrás de cada piedra bien puesta hay horas de trabajo.

Por eso es justo decirlo: el patrimonio de un pueblo no se conserva solo con grandes proyectos. También se conserva con estos trabajos diarios, con estos arreglos bien hechos, con estos detalles que embellecen las calles y hacen que la gente sienta orgullo al pasar por ellas.

👨‍👦 Antonio y Pablo: dos generaciones trabajando para Melegís.

El trabajo lo han ejecutado Antonio López Zarco y su sobrino Pablo. Hay en ello también algo bonito: una continuidad familiar, una transmisión de oficio, de esfuerzo y de responsabilidad.

Porque en los pueblos, muchas veces, las obras tienen también una dimensión humana. No son solo contratos, materiales y días de trabajo. Son personas conocidas, manos cercanas, vecinos que trabajan para vecinos.

Y cuando una obra queda bien, el pueblo la mira de otra manera.

La siente más suya.

🏡 ¿Quién era “El Tito” de la Placeta?

La Placeta del Tito no lleva ese nombre por casualidad. Detrás de ese nombre popular hay una memoria familiar y vecinal.

A Francisco Palma Moreno se le conocía como “El Tito de la Plaza”. Tuvo tres hijos: Paulino, Carmen y Paco de Restábal. Su hijo Paulino tuvo, a su vez, otros dos hijos: Paulino y Miguel Ángel.

Francisco Palma Moreno pertenecía a una familia numerosa. Fueron ocho hermanos: Manuel, el mayor; Concepción; Antonio; después venía él, Francisco; y luego Encarnación, José, Expiración y Herminia.

Su padre fue Manuel Palma Freire, natural de Restábal, hombre dedicado al campo y también a la venta de miel y aceite en tiempos difíciles, incluso en los años del estraperlo. Más tarde continuó vendiendo miel, hasta que Ana, según la memoria familiar, tenía unos doce años.

Su madre fue Antonia Moreno Titos, natural de Albuñuelas. Junto a Manuel Palma Freire tuvo una tienda de ultramarinos en la calle Larga, haciendo esquina. Antonia murió a los 95 años, en 1968, siendo párroco don Francisco Montero Vives. Era hija de Francisco y de Concepción, viuda de Manuel Palma Freire, y tenía dos hermanas: Encarnación y Frasquita.

Estos datos familiares convierten la Placeta del Tito en algo más que un rincón urbano. La convierten en un lugar con nombre, con rostro, con parentescos, con memoria. Un pequeño espacio donde la historia doméstica de Melegís queda unida al presente del pueblo.

🪨 Piedras que hablan

El nuevo empedrado de la Placeta del Tito nos recuerda algo importante: los pueblos se hacen también desde abajo, desde el suelo que pisamos.

Cada piedra colocada habla de trabajo.

Cada dibujo habla de cuidado.

Cada mejora habla de amor por el lugar.

Melegís no solo se reconoce en sus naranjos, en sus acequias, en su iglesia, en sus calles blancas o en su historia morisca y repobladora. También se reconoce en estos rincones recuperados, en estos detalles que embellecen el día a día, en estas obras que quizá no salgan en grandes titulares, pero que hacen más digno y más bonito el pueblo.

Por eso, este último “trabajillo”, como lo llama con humildad Antonio, merece ser conocido y agradecido.

Porque no es solo un empedrado.

Es una alfombra de memoria.

Es una firma de piedra en una calle de Melegís.

Es el trabajo de Antonio López Zarco y Pablo dejando huella en la Placeta del Tito.

👏 Enhorabuena por el trabajo realizado.

Y gracias por seguir embelleciendo los rincones de nuestro pueblo.

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Antonio López Zarco, Operario de Oficios