21 junio 2026

Ascendientes de Regina Molina


 

🌿 Regina Molina: la rama de Rosario Molina Palomino y el abuelo que aún hay que encontrar

Una historia familiar entre Restábal, Granada, Pinos del Valle y la memoria guardada en fotografías

Hay veces en que una foto antigua abre una puerta que los papeles todavía no han terminado de abrir.

Eso le ha ocurrido a Regina Molina, que vive en Barcelona y conserva en su memoria familiar dos imágenes muy valiosas: una de su abuela Rosario Molina Palomino, y otra de la boda de sus padres, Antonio Molina Molina y Trinidad Ortega Ortega.

Regina escribe con esa mezcla de cariño y duda que tantas veces aparece en la genealogía familiar:

“Mi abuela era Rosario Molina Palomino. No aparece su boda; creo que se casaron en Granada. Y de mi abuelo Antonio Molina Molina tampoco he visto información; creo que no era de Restábal.”

Y ahí empieza la búsqueda. 🌿

Porque los libros de Restábal sí nos dicen mucho de Rosario Molina Palomino: quién fue, cuándo nació, quiénes fueron sus padres, quiénes fueron sus hermanos y de qué rama procedía.

Pero sobre su esposo, Antonio Molina Molina, el abuelo paterno de Regina, los libros de Restábal solo dejan una pista indirecta: aparece como padre de Antonio Molina Molina, natural de Granada, cuando este se casó en Restábal en 1967 con Trinidad Ortega Ortega.

Es decir: de Rosario tenemos raíz clara en Restábal.
De Antonio, por ahora, tenemos una puerta abierta hacia Granada.

📷 La abuela: Rosario Molina Palomino

La primera foto que Regina envía corresponde a su abuela:

Rosario Molina Palomino.

Y en el Excel de Restábal aparece una partida que encaja perfectamente con ella:

Rosario Molina Palomino, nacida y bautizada en Restábal el 8 de febrero de 1899.

Sus padres fueron:

José Molina
y
Ángeles Palomino.

En otras partidas familiares aparecen con más detalle como:

José Molina Mingorance, natural de Pinos del Valle,
y
Ángeles / Ángela Palomino Márquez, natural de Restábal.

Aquí ya tenemos una primera clave importante: Rosario Molina Palomino no viene de una rama Molina nacida originalmente en Restábal por línea paterna, sino de un Molina que llega desde Pinos del Valle y se une a una mujer restableña de los Palomino Márquez.

Ese dato explica muchas cosas.

El apellido Molina entra en esta rama por José Molina Mingorance, de Pinos del Valle.
El arraigo restableño fuerte entra por su madre, Ángeles Palomino Márquez.

Rosario era, por tanto, una mujer nacida en Restábal, con sangre de Pinos por los Molina Mingorance y sangre de Restábal por los Palomino Márquez. 🌿

💍 El matrimonio que no aparece en Restábal

Regina dice algo muy importante: no ha encontrado la boda de sus abuelos, Rosario Molina Palomino y Antonio Molina Molina, y cree que pudieron casarse en Granada.

Eso es muy razonable.

En el Excel de matrimonios de Restábal no aparece, por ahora, la boda de Rosario con Antonio. Tampoco aparece el bautismo o nacimiento de Antonio Molina Molina en Restábal.

Lo que sí aparece es el matrimonio de su hijo:

Antonio Molina Molina, natural de Granada, hijo de Antonio Molina Molina y Rosario Molina Palomino, se casó en Restábal el 9 de septiembre de 1967 con Trinidad Ortega Ortega, natural de Restábal.

Ese dato confirma varias cosas:

  1. Rosario Molina Palomino fue madre de Antonio Molina Molina.
  2. El hijo aparece como natural de Granada.
  3. El padre, también llamado Antonio Molina Molina, no queda documentado en Restábal con partida propia.
  4. La boda de los abuelos de Regina probablemente habría que buscarla en Granada, como ella sospecha.

Por tanto, lo correcto es decir:

El abuelo paterno de Regina, Antonio Molina Molina, aún no está localizado documentalmente en Restábal. La pista más fuerte apunta a Granada. 🔎

Para seguir esa rama habría que buscar la partida de matrimonio de Antonio Molina Molina y Rosario Molina Palomino en Granada, o la partida de nacimiento de su hijo Antonio, también en Granada. Esas partidas podrían decir de dónde era el abuelo Antonio, quiénes fueron sus padres y de qué rama Molina venía él.

👨‍👩‍👧 Los padres de Rosario: José Molina Mingorance y Ángeles Palomino Márquez

La abuela Rosario era hija de:

José Molina Mingorance, natural de Pinos del Valle,
y
Ángeles / Ángela Palomino Márquez, natural de Restábal.

Se casaron en Restábal el 25 de marzo de 1883.

En esa partida, José Molina Mingorance aparece como hijo de:

José Molina
y
María del Rosario Mingorance.

Y Ángeles Palomino Márquez aparece como hija de:

Manuel Palomino
y
Engracia Márquez.

Este matrimonio es el punto donde se juntan dos mundos familiares:

Por un lado, los Molina Mingorance, venidos de Pinos del Valle.
Por otro, los Palomino Márquez, muy arraigados en Restábal.

De esa unión nació Rosario, la abuela de Regina.

👧 Los hermanos de Rosario Molina Palomino

El Excel permite reconstruir bastante bien la familia de Rosario.

De José Molina Mingorance y Ángeles / Ángela Palomino Márquez aparecen los siguientes hijos:

Francisca Molina Palomino, que murió siendo párvula el 21 de julio de 1887 y fue enterrada en Restábal el 22 de julio de 1887. En el Excel aparece su defunción, aunque no tengo localizada aquí su partida de bautismo.

Ángela Mesitona Molina Palomino, nacida en Restábal el 15 de marzo de 1888 y bautizada el 16 de marzo de 1888. Es muy probablemente la misma Ángeles Molina Palomino que se casó el 2 de marzo de 1907 con José Palma Freire, de Restábal.

María de Jesús Rosario Juana Molina Palomino, nacida en Restábal el 21 de agosto de 1890 y bautizada el 25 de agosto de 1890. Se casó el 4 de diciembre de 1908 con José Molina Bonel, natural de Pinos del Valle, hijo de Juan Molina Díaz y María Josefa Bonel Delgado.

Francisca de Paula Dionisia Molina Palomino, nacida en Restábal el 8 de abril de 1893 y bautizada el 12 de abril de 1893. Aparece después una Francisca Molina Palomino casada el 26 de junio de 1918 con Juan Freire Roldán, natural de Melegís, aunque convendría revisar la partida original porque en ese asiento la filiación aparece con alguna grafía dudosa.

Manuel de la Santísima Trinidad Molina Palomino, nacido en Restábal el 9 de marzo de 1896 y bautizado el 10 de marzo de 1896.

Rosario Molina Palomino, nacida y bautizada en Restábal el 8 de febrero de 1899. Esta es la abuela de Regina.

Agustina Molina Palomino, nacida en Restábal el 2 de enero de 1902 y bautizada el 10 de enero de 1902. Se casó el 15 de octubre de 1951 con Serafín Roldán Sánchez, natural de Restábal.

Juan Molina Palomino, nacido en Restábal el 2 de enero de 1905 y bautizado el 5 de enero de 1905. Se casó el 10 de noviembre de 1930 con Juana de la Cruz de la Santísima Trinidad, natural de Granada, parroquia de San Ildefonso.

También aparece por matrimonio un José Molina Palomino, hijo de José Molina y Ángeles Palomino, casado el 29 de diciembre de 1925 con María Molina Molina, natural de Restábal. En este caso, habría que contrastar la partida original porque no tengo localizado su bautismo en Restábal con la misma claridad que el de los demás hermanos.

La memoria familiar, por tanto, estaba muy bien encaminada: Regina recordaba a Rosario, y en la familia también aparecían nombres como Agustina. El Excel confirma esa rama y la amplía. 🌸

🌿 Una doble unión Molina-Palomino

Hay un detalle muy bonito en esta familia.

La madre de Rosario, Ángeles Palomino Márquez, tuvo una hermana llamada Trinidad Ricarda Palomino Márquez, nacida en Restábal el 7 de febrero de 1869 y bautizada el 8 de febrero de 1869.

Pues bien: Trinidad se casó el 7 de junio de 1890 con Agustín Molina Mingorance, natural de Saleres, hijo también de José Molina y María del Rosario Mingorance.

Es decir, parece que dos hermanos o parientes muy cercanos de la rama Molina Mingorance enlazaron con dos hermanas Palomino Márquez:

José Molina Mingorance se casó con Ángeles Palomino Márquez.
Agustín Molina Mingorance se casó con Trinidad Palomino Márquez.

Esto era frecuente en los pueblos: dos familias se unían más de una vez, reforzando los vínculos entre casas, apellidos y descendencias.

Aquí no hubo solo una boda entre Molina y Palomino. Hubo una alianza familiar repetida. 🕯️

🌳 La rama materna de Rosario: los Palomino Márquez

La madre de Rosario, Ángeles / Ángela Palomino Márquez, aparece bautizada como:

Ángela Ruperta Palomino Márquez, nacida y bautizada en Restábal el 27 de marzo de 1860.

Sus padres fueron:

Manuel Palomino Mateu
y
Engracia Márquez Maroto.

Se casaron en Restábal el 30 de mayo de 1859.

En esa partida, Manuel Palomino Mateu aparece como hijo de:

José Palomino
y
Paula Mateu.

Y Engracia Márquez Maroto aparece como hija de:

Sebastián Márquez
y
María del Carmen Maroto.

Por esta parte, Regina no solo desciende de los Molina. También desciende de varias ramas muy restableñas:

Palomino, Márquez y Maroto.

Es decir: aunque Rosario llevaba el apellido Molina Palomino, su raíz materna la hundía profundamente en Restábal.

👨‍👩‍👧 Los hermanos de Ángeles Palomino Márquez

De Manuel Palomino Mateu y Engracia Márquez Maroto aparecen varios hijos:

Ángela Ruperta Palomino Márquez, nacida en Restábal el 27 de marzo de 1860. Fue la madre de Rosario Molina Palomino.

Francisco de Paula Nicolás Palomino Márquez, nacido en Restábal el 8 de septiembre de 1862 y bautizado el 9 de septiembre de 1862. Se casó el 25 de diciembre de 1889 con Guadalupe Freire Morillas, de Restábal.

Manuel José Palomino Márquez, nacido el 31 de diciembre de 1865 y bautizado el 1 de enero de 1866. Murió siendo párvulo el 27 de abril de 1868 y fue enterrado el 28 de abril de 1868.

Trinidad Ricarda Palomino Márquez, nacida en Restábal el 7 de febrero de 1869 y bautizada el 8 de febrero de 1869. Se casó el 7 de junio de 1890 con Agustín Molina Mingorance, natural de Saleres.

Esta rama explica por qué los apellidos de Regina se cruzan con tantas familias del pueblo: Molina, Palomino, Márquez, Maroto, Freire, Roldán, Ortega y Zarco.

👴 El abuelo Antonio Molina Molina: la gran pregunta

Regina pregunta sobre su abuelo paterno:

Antonio Molina Molina.

Y aquí hay que ser muy honestos.

En el Excel de Restábal no aparece, por ahora, una partida de bautismo ni de matrimonio clara de Antonio Molina Molina, esposo de Rosario Molina Palomino.

Lo que aparece es una referencia indirecta, pero muy importante:

El 9 de septiembre de 1967, en Restábal, se casó Antonio Molina Molina, natural de Granada, hijo de Antonio Molina Molina y Rosario Molina Palomino, con Trinidad Ortega Ortega, natural de Restábal.

Ese Antonio Molina Molina natural de Granada es el padre de Regina.

Por tanto, el abuelo paterno de Regina también se llamaba Antonio Molina Molina, pero no parece documentado en Restábal como nacido o casado allí.

Esto encaja con lo que ella dice: probablemente no era de Restábal, o al menos su matrimonio con Rosario no se celebró en Restábal.

La clave para descubrirlo estaría en Granada.

Habría que buscar:

la partida de matrimonio de Antonio Molina Molina y Rosario Molina Palomino, probablemente en Granada;
la partida de nacimiento de su hijo Antonio Molina Molina, natural de Granada;
y, si aparece, la filiación completa del abuelo Antonio: nombre de sus padres, lugar de nacimiento y edad.

Esa partida puede ser la llave que Regina necesita. 🔑

💍 Los padres de Regina: Antonio Molina Molina y Trinidad Ortega Ortega

La segunda fotografía que Regina conserva es la boda de sus padres:

Antonio Molina Molina
y
Trinidad Ortega Ortega.

Según el Excel, se casaron en Restábal el 9 de septiembre de 1967.

Él aparece como natural de Granada, hijo de:

Antonio Molina Molina
y
Rosario Molina Palomino.

Ella aparece como natural de Restábal, hija de:

Manuel Ortega Zarco
y
Herminia Ortega Palomino.

Aquí se juntan dos ramas:

por parte del padre, la línea Molina de Rosario, con raíz en Restábal y Pinos;
por parte de la madre, la línea Ortega de Restábal.

Por respeto a generaciones recientes, no conviene desarrollar públicamente descendientes vivos sin autorización expresa. Pero la boda de 1967 permite colocar a Regina en una línea muy clara: hija de una rama que une Granada, Restábal y los Molina Palomino.

🌿 La rama Ortega de Trinidad Ortega Ortega

Por parte de su madre, Regina desciende también de familias muy restableñas.

Trinidad Ortega Ortega era hija de:

Manuel Ortega Zarco
y
Herminia Ortega Palomino.

Ellos se casaron en Restábal el 29 de junio de 1947.

Manuel Ortega Zarco aparece como hijo de:

Juan Ortega
y
Francisca Zarco.

Herminia Ortega Palomino aparece como hija de:

Joaquín Ortega Ortega
y
Encarnación Palomino Martín.

Por tanto, por su madre, Regina lleva también una fuerte raíz de:

Ortega, Zarco, Palomino y Martín.

Es una rama muy del pueblo, muy de Restábal, y refuerza todavía más la unión familiar con los apellidos antiguos del lugar.

🧬 Resumen familiar de Regina Molina

Con los datos actuales, el árbol básico quedaría así:

José Molina
casado con María del Rosario Mingorance
⬇️
José Molina Mingorance, natural de Pinos del Valle
casado el 25 de marzo de 1883 con
Ángeles / Ángela Palomino Márquez, natural de Restábal
⬇️
Rosario Molina Palomino, nacida en Restábal el 8 de febrero de 1899
casada probablemente en Granada con
Antonio Molina Molina, pendiente de localizar documentalmente
⬇️
Antonio Molina Molina, natural de Granada
casado el 9 de septiembre de 1967 en Restábal con
Trinidad Ortega Ortega, natural de Restábal
⬇️
línea familiar de Regina Molina.

Y por la rama materna de Regina:

Manuel Ortega Zarco
casado con
Herminia Ortega Palomino
⬇️
Trinidad Ortega Ortega, natural de Restábal
casada con
Antonio Molina Molina.

🕯️ Epílogo: una foto, una abuela y una búsqueda abierta

La historia de Regina Molina tiene algo muy hermoso.

Una abuela llamada Rosario Molina Palomino, nacida en Restábal en 1899.
Un abuelo llamado Antonio Molina Molina, todavía envuelto en una pregunta.
Un padre nacido en Granada, que vuelve a casarse en Restábal.
Una madre restableña, Trinidad Ortega Ortega.
Una descendiente que vive en Barcelona, pero sigue preguntando por sus raíces del Valle.

Eso es la genealogía: una conversación entre los que se fueron y los que todavía buscan.

Rosario aparece clara en los libros de Restábal.
Su padre nos lleva a Pinos del Valle.
Su madre nos devuelve a los Palomino Márquez de Restábal.
Sus hermanos abren ramas hacia Palma, Molina Bonel, Freire Roldán, Roldán Sánchez y Granada.
Y su esposo, Antonio Molina Molina, nos deja una puerta pendiente hacia Granada.

No todo está cerrado.
Pero lo más importante ya está dicho:

Regina no viene de una familia sin raíz. Viene de una rama antigua, cruzada por Restábal, Pinos del Valle y Granada, donde los Molina, Palomino, Márquez, Maroto, Ortega y Zarco se fueron uniendo hasta formar su historia familiar. 🌿

Y ahora, gracias a las fotos que conserva, esa historia no solo tiene nombres.

También tiene rostro.

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Base de Datos: Francisco Javier Ras. Aportada por Nina Sánchez

Los Palma y los Molina de José Ángel


 

🌿 Los Palma y los Molina de José Ángel Palma Molina

Una raíz familiar entre Restábal, Dúrcal, Pinos del Valle y la memoria que aún pregunta

Hay familias que conservan el apellido, pero pierden el camino exacto.

Saben que vienen de un pueblo.
Saben que hubo un abuelo.
Saben que una bisabuela se llamaba de una manera.
Saben que alguien se fue hacia 1920.
Saben que en Restábal quedó un hermano, una rama, una casa, una memoria.

Pero llega un momento en que la familia pregunta:

¿De qué rama venimos exactamente? 🌿

Eso le ocurre a José Ángel Palma Molina, que conserva por su apellido dos raíces muy importantes de Restábal:

la de los Palma, por línea paterna,
y la de los Molina, por su bisabuela Ángela Molina Palomino.

Los Palma los tiene más localizados. Sabe que hay Palma en Restábal, en Dúrcal y en la memoria familiar. Pero los Molina le despiertan una curiosidad especial, porque por esa rama se pierde antes el arraigo y la familia no sabe tanto.

Y ahí es donde los libros antiguos empiezan a hablar.

👴 El abuelo: Victoriano Palma Molina

El dato central que aporta José Ángel es este:

Su abuelo se llamaba Victoriano Palma Molina, hijo de:

José Palma Freire
y
Ángela Molina Palomino.

En el Excel de Restábal aparece un bautismo que encaja muy bien con ese abuelo:

Eduardo Germán Victoriano Enrique Palma Molina, nacido en Restábal el 1 de febrero de 1913 y bautizado el 9 de febrero de 1913.

Sus padres constan como:

José Palma Freire
y
Ángela Molina Palomino.

Es decir, el nombre familiar “Victoriano Palma Molina” parece corresponder al niño bautizado con nombre compuesto como Eduardo Germán Victoriano Enrique Palma Molina. En la vida cotidiana, muchas personas acababan usando solo uno de sus nombres de pila, y en este caso el nombre que quedó en la familia fue Victoriano.

Ahí tenemos una primera certeza importante:

Victoriano Palma Molina nació en Restábal en 1913 y pertenece a la unión de los Palma Freire con los Molina Palomino. 🕯️

💍 Los bisabuelos: José Palma Freire y Ángela Molina Palomino

Los bisabuelos de José Ángel se casaron en Restábal el 2 de marzo de 1907.

Él aparece como:

José Palma Freyre / Freire, natural de Restábal, hijo de Antonio Palma Ruiz y Ana Freyre Maroto.

Ella aparece como:

Ángeles Molina Palomino, natural de Restábal, hija de José Molina Mingorance y Ángeles Palomino Márquez.

Aquí conviene aclarar algo: en los libros puede aparecer como Ángela o como Ángeles. Son variantes muy habituales en los registros antiguos y familiares. En el bautismo de su hijo Victoriano aparece como Ángela Molina Palomino; en su matrimonio aparece como Ángeles Molina Palomino.

No es raro. Es la misma línea familiar.

La pareja formada por José Palma Freire y Ángela/Ángeles Molina Palomino es el punto donde se juntan las dos ramas que interesan a José Ángel:

Palma Freire
y
Molina Palomino.

🌿 La rama Palma: de José Palma Freire hacia atrás

Según el Excel, José Gregorio Palma Freire nació en Restábal el 25 de mayo de 1880 y fue bautizado el 27 de mayo de 1880.

Era hijo de:

Antonio Palma Ruiz, natural de Restábal,
y
Ana Freire Maroto, natural de Restábal.

El matrimonio de sus padres se celebró en Restábal el 29 de septiembre de 1870.

Antonio Palma Ruiz era hijo de:

Matías de Palma Ortega
y
María Ruiz Maroto.

Esta es una rama muy importante, porque enlaza con uno de los troncos Palma más conocidos de Restábal.

Por tanto, la línea paterna de José Ángel sería:

Matías de Palma Ortega
casado con María Ruiz Maroto
⬇️
Antonio Palma Ruiz
casado con Ana Freire Maroto
⬇️
José Gregorio Palma Freire
casado con Ángela / Ángeles Molina Palomino
⬇️
Victoriano Palma Molina
⬇️
línea familiar de José Ángel.

Esta rama Palma no aparece aislada. Está unida a los Ruiz, Maroto y Freire, tres apellidos muy presentes en la historia de Restábal.

👨‍👩‍👧‍👦 Los hermanos de José Palma Freire

José Ángel comenta que su padre recordaba que José Palma Freire tenía varios hermanos, pero no sabía bien sus nombres.

El Excel ayuda bastante.

De Antonio Palma Ruiz y Ana Freire Maroto aparecen estos hijos:

Manuel Clemente Palma Freire, nacido en Restábal el 23 de noviembre de 1871 y bautizado el 24 de noviembre de 1871.

Antonia María de Jesús Eladia Palma Freire, nacida el 18 de febrero de 1874 y bautizada el 19 de febrero de 1874. Murió siendo párvula el 8 de julio de 1875 y fue enterrada el 9 de julio de 1875.

Antonia Josefa Buenaventura Palma Freire, nacida el 14 de julio de 1877 y bautizada el 15 de julio de 1877. Se casó el 17 de octubre de 1895 con Antonio Delgado Lara, natural de Pinos del Valle, hijo de Vicente Delgado y María Lara.

José Gregorio Palma Freire, nacido el 25 de mayo de 1880 y bautizado el 27 de mayo de 1880. Es el bisabuelo de José Ángel, casado con Ángela / Ángeles Molina Palomino.

Virtudes Cecilia Juliana Palma Freire, nacida el 17 de agosto de 1882 y bautizada el 18 de agosto de 1882. Se casó el 10 de mayo de 1905 con Andrés Fernández Cano, natural de Huércal-Overa, Almería, hijo de Patricio Fernández Fernández y Antonia Cano García.

María Josefa Cecilia Juana Palma Freire, nacida el 21 de agosto de 1885 y bautizada el 23 de agosto de 1885. Se casó el 2 de marzo de 1907 con Gregorio Palomino Morillas, natural de Restábal, hijo de Francisco Palomino Ruiz y María del Carmen Morillas Márquez.

Así que José Palma Freire sí tenía varios hermanos. En realidad, el Excel permite localizar al menos seis hijos de Antonio Palma Ruiz y Ana Freire Maroto, aunque una de las Antonias murió pequeña.

Esto encaja muy bien con el recuerdo familiar de José Ángel.

🕯️ La rama de Virtudes y la memoria de Dúrcal

José Ángel comenta que de la familia de Virtudes saben que hay familia en Dúrcal.

En los datos de Restábal aparece Virtudes Cecilia Juliana Palma Freire, hermana de José Palma Freire, casada con Andrés Fernández Cano, natural de Huércal-Overa.

En el Excel también aparece que un hijo de ellos, Patricio Fernández Palma, murió siendo párvulo en Restábal el 3 de febrero de 1906 y fue enterrado el 4 de febrero de 1906.

A partir de ahí, para seguir con seguridad la rama de Virtudes hacia Dúrcal habría que buscar ya fuera del Excel de Restábal, probablemente en registros de Dúrcal o en la memoria familiar. Pero el punto de partida parece bastante claro:

Virtudes Palma Freire era hermana de José Palma Freire y, por tanto, tía bisabuela de José Ángel.

🌿 La rama Molina: la parte que José Ángel quiere conocer

La rama Molina entra por la bisabuela:

Ángela / Ángeles Molina Palomino.

Ella era hija de:

José Molina Mingorance
y
Ángela / Ángeles Palomino Márquez.

El matrimonio de sus padres se celebró en Restábal el 25 de marzo de 1883.

En esa partida, José Molina Mingorance aparece como natural de Pinos del Valle, hijo de José Molina y María del Rosario Mingorance.

Y Ángela Palomino Márquez aparece como natural de Restábal, hija de Manuel Palomino y Engracia Márquez.

Esto es muy importante: los Molina de esta rama no parecen arrancar de una casa Molina antigua de Restábal, sino que entran en Restábal por José Molina Mingorance, natural de Pinos del Valle, que se casa con una mujer restableña.

Por tanto, la línea Molina de José Ángel sería:

José Molina
casado con María del Rosario Mingorance
⬇️
José Molina Mingorance, natural de Pinos del Valle
casado con Ángela Palomino Márquez, de Restábal
⬇️
Ángela / Ángeles Molina Palomino
casada con José Palma Freire
⬇️
Victoriano Palma Molina.

Aquí hay una respuesta clara para José Ángel:

sus Molina de esta rama vienen por Pinos del Valle, a través de José Molina Mingorance, y se unen a Restábal al casarse con Ángela Palomino Márquez. 🌿

👩 Ángela Molina Palomino y sus hermanos

José Ángel recuerda que su bisabuela Ángela Molina Palomino tenía varias hermanas, entre ellas Rosario y Agustina.

El Excel confirma esa memoria familiar y permite ampliar la lista.

De José Molina Mingorance y Ángela / Ángeles Palomino Márquez aparecen los siguientes hijos:

Francisca Molina Palomino, fallecida siendo párvula el 21 de julio de 1887 y enterrada el 22 de julio de 1887.

Ángela Mesitona Molina Palomino, nacida en Restábal el 15 de marzo de 1888 y bautizada el 16 de marzo de 1888. Esta parece ser la misma Ángela / Ángeles Molina Palomino que luego se casó con José Palma Freire.

María de Jesús Rosario Juana Molina Palomino, nacida el 21 de agosto de 1890 y bautizada el 25 de agosto de 1890. Se casó el 4 de diciembre de 1908 con José Molina Bonel, natural de Pinos del Valle, hijo de Juan Molina Díaz y María Josefa Bonel Delgado.

Francisca de Paula Dionisia Molina Palomino, nacida el 8 de abril de 1893 y bautizada el 12 de abril de 1893.

Manuel de la Santísima Trinidad Molina Palomino, nacido el 9 de marzo de 1896 y bautizado el 10 de marzo de 1896.

Rosario Molina Palomino, nacida y bautizada el 8 de febrero de 1899.

Agustina Molina Palomino, nacida el 2 de enero de 1902 y bautizada el 10 de enero de 1902. Se casó el 15 de octubre de 1951 con Serafín Roldán Sánchez, natural de Restábal, hijo de Serafín Roldán Expósito y Rosa Sánchez Palomino.

Juan Molina Palomino, nacido el 2 de enero de 1905 y bautizado el 5 de enero de 1905. Se casó el 10 de noviembre de 1930 con Juana de la Cruz de la Santísima Trinidad, natural de Granada, parroquia de San Ildefonso.

También aparece por matrimonio un José Molina Palomino, hijo de José Molina y Ángeles Palomino, casado el 29 de diciembre de 1925 con María Molina Molina, natural de Restábal. En este caso, conviene revisar la partida original para confirmar si pertenece a la misma familia, aunque por padres encaja dentro de la rama.

Como se ve, el recuerdo familiar era muy correcto: sí aparecen Rosario y Agustina, y además otros hermanos como María de Jesús Rosario Juana, Francisca, Manuel, Juan y posiblemente José.

🌸 La abuela materna de Ángela Molina: los Palomino Márquez

Para entender la rama Molina de José Ángel, también hay que mirar a la madre de Ángela Molina Palomino:

Ángela Palomino Márquez.

Ella nació en Restábal el 27 de marzo de 1860 y fue bautizada ese mismo día con el nombre de:

Ángela Ruperta Palomino Márquez.

Era hija de:

Manuel Palomino Mateu
y
Engracia Márquez Maroto.

Sus padres se habían casado en Restábal el 30 de mayo de 1859.

En esa partida, Manuel Palomino aparece como hijo de José Palomino y Paula Mateu.

Y Engracia Márquez Maroto aparece como hija de Sebastián Márquez y María del Carmen Maroto.

Por tanto, aunque José Ángel pregunta por los Molina, esta rama también le une con fuerza a los Palomino, Márquez y Maroto de Restábal.

De Manuel Palomino y Engracia Márquez aparecen varios hijos:

Ángela Ruperta Palomino Márquez, nacida el 27 de marzo de 1860.

Francisco de Paula Nicolás Palomino Márquez, nacido el 8 de septiembre de 1862 y bautizado el 9 de septiembre de 1862.

Manuel José Palomino Márquez, nacido el 31 de diciembre de 1865 y bautizado el 1 de enero de 1866.

Trinidad Ricarda Palomino Márquez, nacida el 7 de febrero de 1869 y bautizada el 8 de febrero de 1869.

Esta última, Trinidad Palomino Márquez, se casó el 7 de junio de 1890 con Agustín Molina Mingorance, natural de Saleres, hijo de José Molina y María del Rosario Mingorance.

Y aquí aparece una conexión preciosa: dos hermanos Molina Mingorance —José y Agustín— parecen enlazar con dos hermanas Palomino Márquez —Ángela y Trinidad—. Una doble unión familiar entre los Molina y los Palomino Márquez.

🌿 José Molina Mingorance: la puerta hacia Pinos del Valle

El dato más importante para la rama Molina es este:

José Molina Mingorance era natural de Pinos del Valle.

En su matrimonio con Ángela Palomino Márquez consta como hijo de:

José Molina
y
María del Rosario Mingorance.

El Excel de Restábal no nos da, en ese asiento, los segundos apellidos de sus padres ni sus fechas de nacimiento, porque esa rama procede de fuera de Restábal. Para seguirla más atrás habría que buscar en los registros parroquiales de Pinos del Valle y quizá también de Saleres, porque su probable hermano Agustín Molina Mingorance aparece como natural de Saleres.

Pero con lo que tenemos ya podemos decir algo importante:

la rama Molina de José Ángel, por parte de Ángela Molina Palomino, no nace inicialmente en Restábal, sino que llega desde Pinos del Valle y se mezcla en Restábal con los Palomino Márquez.

Eso explica que la familia tenga Palma en Restábal y Dúrcal, pero que los Molina resulten más difíciles de localizar en la memoria restableña: probablemente porque entraron por otra localidad y luego se movieron.

🧭 La salida hacia 1920

José Ángel cuenta que sus bisabuelos se fueron hacia 1920, y que por eso no tienen tanto arraigo en Restábal.

Ese detalle encaja muy bien con la sensación de una rama que aparece en los libros, deja descendencia, pero luego se dispersa.

En 1907 se casan José Palma Freire y Ángela Molina Palomino.
En 1913 nace en Restábal Eduardo Germán Victoriano Enrique Palma Molina.
Y hacia 1920, según la memoria familiar, la familia se marcha.

Eso explica por qué la rama de José Ángel conserva el apellido y el recuerdo, pero no necesariamente la presencia continuada en el pueblo.

A veces una familia pertenece a un lugar no porque haya seguido viviendo allí siempre, sino porque allí nació su raíz documentada.

Restábal quedó en el apellido.
Quedó en el bautismo.
Quedó en el matrimonio.
Quedó en la memoria.

Aunque después la vida los llevara a otra parte.

🔎 Una pequeña corrección genealógica necesaria

José Ángel comenta que José Palma Ruiz y María Josefa Freire tuvieron cuatro hijos, uno de ellos José Palma Freire, que se casó con Ángela Molina Palomino.

Aquí conviene matizar con cariño y prudencia.

En el Excel, quien aparece como padre de José Palma Freire no es José Palma Ruiz, sino:

Antonio Palma Ruiz, casado con Ana Freire Maroto.

Es decir:

José Palma Freire, marido de Ángela Molina Palomino, fue hijo de Antonio Palma Ruiz y Ana Freire Maroto.

En cambio, José Palma Ruiz y Josefa María Freire Ortega son otra rama Palma-Freire anterior o paralela, también procedente de Matías de Palma Ortega y María Ruiz Maroto.

Esto no cambia el fondo de la historia: todos se mueven dentro de la gran familia Palma de Restábal. Pero para que el árbol quede bien, el enlace correcto del bisabuelo de José Ángel sería:

Antonio Palma Ruiz + Ana Freire Maroto
⬇️
José Gregorio Palma Freire
⬇️
Victoriano Palma Molina.

La memoria familiar a veces mezcla nombres parecidos. Los documentos ayudan a ordenar, pero la memoria tiene el mérito de haber conservado lo esencial: que los Palma Freire estaban ahí.

🌳 Resumen del árbol de José Ángel por esta rama

La línea queda así:

Matías de Palma Ortega
casado con María Ruiz Maroto
⬇️
Antonio Palma Ruiz
casado con Ana Freire Maroto
⬇️
José Gregorio Palma Freire
nacido en Restábal el 25 de mayo de 1880, bautizado el 27 de mayo de 1880
casado el 2 de marzo de 1907 con
Ángela / Ángeles Molina Palomino
nacida en Restábal el 15 de marzo de 1888, bautizada el 16 de marzo de 1888
⬇️
Eduardo Germán Victoriano Enrique Palma Molina
nacido en Restábal el 1 de febrero de 1913, bautizado el 9 de febrero de 1913
⬇️
línea familiar de José Ángel Palma Molina.

Y por la rama Molina:

José Molina
casado con María del Rosario Mingorance
⬇️
José Molina Mingorance, natural de Pinos del Valle
casado el 25 de marzo de 1883 con
Ángela Palomino Márquez, natural de Restábal
⬇️
Ángela / Ángeles Molina Palomino
casada con José Palma Freire
⬇️
Victoriano Palma Molina.

✨ Epílogo: cuando la familia vuelve a preguntar

Lo bonito de esta historia no es solo encontrar fechas.

Lo bonito es ver cómo una familia que se marchó hacia 1920 sigue queriendo saber de dónde viene.

José Ángel no pregunta solo por curiosidad. Pregunta porque hay una parte de la familia que quedó sin explicar. Los Palma estaban más presentes en la memoria. Los Molina, en cambio, quedaron más difusos.

Y ahora los libros antiguos permiten decir:

los Molina de esa rama llegaron a Restábal desde Pinos del Valle, con José Molina Mingorance; se unieron a los Palomino Márquez; y de esa unión nació Ángela Molina Palomino, la bisabuela que enlazó con los Palma Freire.

Así, los apellidos de José Ángel no son dos apellidos sueltos.

Son dos caminos:

Palma, camino de Restábal, de Matías de Palma Ortega, de Antonio Palma Ruiz y de José Palma Freire.
Molina, camino de Pinos del Valle, de José Molina Mingorance, de Ángela Palomino Márquez y de Ángela Molina Palomino.

Y en medio de ambos caminos aparece un niño nacido en Restábal en 1913:

Eduardo Germán Victoriano Enrique Palma Molina, el Victoriano que la familia recuerda.

Porque eso hace la genealogía:
ordena la memoria,
devuelve nombres,
une ramas,
corrige confusiones,
y permite que una familia diga con más claridad:

esta es nuestra raíz. 🌿

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20 junio 2026

La Paleta de Pepe, José Moreno

Cuadro de José Moreno 

 🎨 La Paleta de Pepe: veinte cuadros para entender la mirada pictórica de José Moreno de Dúrcal.

Hay artistas que pintan desde la academia, desde la norma, desde el cálculo exacto de la forma.

Y hay otros que pintan desde el impulso, desde la mirada, desde esa necesidad casi física de atrapar una emoción antes de que se escape.

José Moreno, más conocido como “La Paleta de Pepe”, cordobés, de Baena concretamente, con nueve lo llevaron para Barcelona, allí cincuenta, y en Dúrcal está residiendo desde el año 2013.

 José pertenece a esta segunda familia: la de los pintores intuitivos, expresivos, libres, capaces de saltar de un perro a un tigre, de una anciana a una máscara fantástica, de un Cristo sereno a unos barcos blancos flotando en la oscuridad. 🖌️✨

También es fotógrafo, y eso se nota. Aunque de sus fotografías del Valle de Lecrín hablaremos otro día, en sus cuadros ya aparece esa condición de hombre que mira mucho. Pepe observa los ojos, los gestos, las sombras, los reflejos, los animales, el agua, los rostros y las pequeñas escenas. Y luego las traduce con pincel, carboncillo, tinta, aguadas, color y una libertad muy reconocible.

Su pintura no busca ser fría ni excesivamente pulida. Tiene algo de apunte rápido, de boceto vivo, de acuarela expresiva, de gouache, de carboncillo, de dibujo de taller y de mancha emocional. No le interesa tanto cerrar la obra hasta dejarla perfecta como dejarla respirando. Y ahí está una de sus señas: muchos de sus cuadros parecen conservar todavía el temblor del momento en que fueron creados.


🐶 1. El perro canela: la ternura en los ojos.

El primer perro, de tonos blancos y canela, demuestra una de las grandes virtudes de Pepe: sabe colocar la emoción en la mirada. El hocico, la oreja, el cuello y las manchas están resueltos con pinceladas sueltas, pero los ojos concentran toda la vida del animal. No es solo un retrato de perro. Es una presencia cercana, doméstica, noble, casi humana.


🐅 2. El tigre: fuerza y movimiento.

El tigre avanza entre manchas naranjas, negras y blancas. No está pintado de manera minuciosa, sino con energía. El cuerpo parece moverse, salir del papel, atravesar una niebla clara. Aquí Pepe acierta porque no domestica al animal: lo deja con su fuerza salvaje, con su tensión, con su instinto.


👩 3. La figura femenina de espaldas: silencio y modernidad.

La mujer sentada, casi de espaldas, es una obra muy distinta. Tiene algo de figura mediterránea, de cuerpo sugerido más que descrito. El rostro apenas aparece. Lo importante es la postura, el cuello, el brazo, la soledad de la escena. Es una pintura de atmósfera, más moderna, más íntima, donde el vacío también habla.


🐱 4. El gato: elegancia de línea.

El gato es uno de los trabajos más delicados. La mezcla de tinta, blanco, ocres y líneas rápidas consigue una cabeza viva, elegante, felina. Los bigotes y los ojos están trabajados con intención. Aquí Pepe demuestra que domina muy bien la economía del trazo: no necesita decirlo todo para que el animal aparezca completo.


🌊 5. El paisaje marino: color, espuma y materia.

El mar, con sus azules, verdes, blancos y rocas, muestra al pintor más paisajista. No es un paisaje copiado al milímetro. Es un mar sentido, recordado, movido. La espuma se resuelve con blancos vivos; las rocas, con masas cálidas; el horizonte, con una pincelada amplia. Tiene música, tiene aire, tiene oleaje.


🧑‍🎤 6. El retrato del hombre duro: carácter y expresionismo.

El retrato masculino con estética rebelde, pendiente, bigote y calaveras tiene un aire casi de cómic adulto, de carboncillo expresionista. Es una obra de carácter fuerte. La mirada es desafiante, el rostro aparece marcado, y el conjunto transmite personalidad. Pepe aquí se acerca al retrato psicológico, no al simple parecido.


🦌 7. El ciervo: nobleza entre la hierba.

El ciervo aparece rodeado de vegetación, con la cornamenta abierta y una expresión serena. La pincelada es rápida, casi rústica, pero logra transmitir nobleza. El animal no está aislado: pertenece al campo, a la maleza, a la espesura. Hay en él algo de naturaleza cercana, de monte observado con cariño.


✝️ 8. El Cristo: espiritualidad sencilla.

El rostro de Cristo, en grises, es una de las obras más recogidas. No hay exceso dramático. No hay teatralidad. Hay silencio. Los ojos cerrados, la cabeza inclinada, la barba y el cabello crean una imagen devocional, íntima, sencilla. Pepe no busca aquí impresionar, sino transmitir paz.


🕊️ 9. Las aves: composición y compañía.

La pareja de aves, con tonos verdosos, azulados y oscuros, tiene una composición muy atractiva. Las dos cabezas se aproximan, casi como si formaran una sola presencia. Hay protección, cercanía, unión. Es una obra donde el fondo oscuro ayuda a destacar la delicadeza de las formas.


👁️ 10. El ojo: pintar la mirada

El ojo aislado es casi una declaración de principios. En la pintura de José Moreno la mirada manda. La luz dentro de la pupila, las pestañas, el contorno y la ceja revelan una atención especial al detalle expresivo. No es un simple ejercicio anatómico: es una reflexión sobre el mirar.


⛵ 11. Los barcos blancos en la noche: síntesis y poesía

Los dos veleros blancos sobre fondo negro son uno de los cuadros más sugerentes. Hay muy pocos elementos: negro, blanco, algunos reflejos azules. Y, sin embargo, la escena funciona. Los barcos parecen flotar en una noche silenciosa, casi musical. Es una obra de gran acierto compositivo porque demuestra que Pepe también sabe pintar quitando, reduciendo, dejando solo lo esencial.


🎭 12. La máscara fantástica: fantasía, color y teatralidad

La figura con cuernos, tocado, maquillaje y cuello ornamental abre otra puerta: la del mundo fantástico, carnavalesco, teatral. Aquí el color se vuelve más decorativo. Los ojos azules, los labios rojos, los adornos y la simetría crean una imagen poderosa. Es una pintura más elaborada, más ornamental, donde Pepe se divierte con la imaginación.


🐦 13. El pájaro en el agua: frescura y movimiento

El pequeño pájaro metido en el agua es una de las obras más luminosas. El azul del agua, los reflejos, las ondas circulares y el blanco del plumaje están muy bien resueltos. Hay frescura, vida y observación. Se nota la mirada del fotógrafo: ese instante mínimo de un animal tocando el agua está captado con sensibilidad.


👵 14. La anciana del pañuelo rojo: humanidad y memoria

El retrato de la mujer anciana con pañuelo rojo tiene mucha fuerza. Las arrugas, los ojos, el rostro curtido y el color intenso del pañuelo hablan de vida, de años, de camino, de memoria. Es uno de los retratos más humanos del conjunto. Aquí Pepe no embellece artificialmente: respeta la verdad del rostro.


😈 15. El rostro de villano teatral: fuerza gráfica

El personaje de sonrisa inquietante, resuelto en negro, blanco y grises, muestra al Pepe más gráfico. Es casi una ilustración de energía oscura, con líneas tensas, pelo levantado, sonrisa exagerada y ojos cargados de intención. Funciona por contraste, por impacto visual, por fuerza expresiva.


👀 16. Los ojos y la nariz: lo mínimo para sugerir un rostro

Esta obra es muy interesante porque deja el rostro casi sin terminar. Solo aparecen los ojos, las cejas, la nariz y una sombra suave. El resto queda en blanco. Y aun así hay presencia. Pepe demuestra aquí que no siempre hace falta completar una cara para que el espectador la sienta. A veces basta con una mirada.


👩‍🦱 17. La joven del pañuelo verde: dulzura y color

El retrato femenino con pañuelo verde y vestido lila tiene una belleza serena. Es una obra más amable, más luminosa, con un tratamiento delicado del rostro. Los pendientes, el pañuelo, los ojos oscuros y el encaje del vestido aportan un aire popular, casi de retrato costumbrista idealizado. Es una pintura que une dulzura y elegancia.


🧍‍♀️ 18. La mujer sentada: dibujo y gesto

La figura femenina en tonos suaves, apoyada con una mano, está más cerca del dibujo de estudio. El cuerpo está sugerido con líneas rápidas y manchas cálidas. Hay naturalidad en la postura y un aire de intimidad. No es una obra acabada al detalle, pero sí muy expresiva. Parece capturar un instante de descanso.


🚴 19. El ciclista: sombra, infancia y movimiento

El ciclista es una obra muy sencilla, casi una silueta sobre fondo azul claro. Pero tiene encanto. La bicicleta, el cuerpo, la sombra alargada y el vacío del fondo crean una imagen limpia, directa. Puede recordar a una escena de infancia, a una tarde de verano, a un muchacho cruzando una calle o un camino. Aquí Pepe pinta casi con memoria.


🐕 20. El perro blanco: suavidad y nobleza

El último perro, blanco y trabajado en grises muy suaves, es otro gran acierto. El hocico, los ojos húmedos, la boca y las sombras del pelaje están tratados con sensibilidad. Es una obra menos colorista, más contenida, pero muy emotiva. De nuevo, la mirada del animal sostiene todo el cuadro.


🎨 ¿Qué estilo realiza José Moreno?

Por lo que muestran estas veinte obras, José Moreno no pertenece a un único estilo cerrado. Su pintura se mueve entre la figuración expresiva, el retrato intuitivo, la acuarela de mancha libre, el dibujo con carboncillo, la ilustración artística y cierto expresionismo amable, especialmente en los rostros, animales y personajes fantásticos.

No es un pintor hiperrealista, aunque en algunos detalles demuestra capacidad para acercarse mucho a la realidad. Tampoco es abstracto, porque siempre parte de una figura reconocible: un perro, un gato, un ciervo, una mujer, un Cristo, un barco, un pájaro, una máscara. Su territorio está en medio: entre lo real y lo emocional.


✨ Características principales de su pintura:

🖌️ Pincelada suelta y espontánea.

Pepe no oculta el trazo. Lo deja visible. Eso da frescura a la obra.

👁️ Importancia absoluta de la mirada.

Perros, gatos, mujeres, ancianas, personajes y animales viven a través de los ojos.

🎨 Color emocional.

Usa rojos intensos, verdes, azules, ocres, blancos y negros no solo para describir, sino para crear clima.

🐾 Amor por los animales.

En sus perros, gatos, aves, ciervos y tigres hay respeto, ternura y carácter.

✍️ Fuerte base de dibujo.

Aunque parezca pintar con rapidez, detrás hay estructura, proporción y sentido de la línea.

🌫️ Fondos abiertos y zonas inacabadas.

Muchos cuadros respiran porque no están saturados. El blanco del papel forma parte de la obra.

🎭 Gusto por lo teatral y lo fantástico.

Las máscaras, rostros exagerados y personajes intensos muestran una imaginación atrevida.


🌟 Sus mayores aciertos:

El primer gran acierto de La Paleta de Pepe es la vida que consigue en los ojos. Hay artistas que pintan bien un cuerpo, una ropa o un paisaje, pero no logran que la mirada respire. Pepe sí lo consigue muchas veces. En sus perros, en el gato, en la anciana, en la joven del pañuelo verde, en el ojo aislado y en los retratos, la mirada tiene peso.

El segundo acierto es la frescura. Sus cuadros no parecen excesivamente corregidos. Conservan el impulso inicial. Eso les da verdad. A veces una obra demasiado perfecta pierde alma; en Pepe ocurre lo contrario: la imperfección, el trazo visible y la mancha abierta hacen que la obra parezca más viva.

El tercer acierto es la variedad temática. No se queda en un solo registro. Pinta animales, figuras humanas, paisajes, escenas de agua, símbolos religiosos, fantasía, barcos, bicicletas y retratos. Esa variedad habla de curiosidad, y la curiosidad es una de las raíces del arte.

El cuarto acierto es su capacidad para emocionar sin cargar demasiado la escena. Un barco blanco sobre negro, un perro casi desvanecido, unos ojos sin rostro completo, un pájaro en el agua… muchas veces le basta poco para decir bastante.

🌿 Un artista de mirada libre:

José Moreno, La Paleta de Pepe, pinta como quien mira el mundo con asombro. No se limita a copiar. Interpreta. A veces acaricia la imagen; otras veces la golpea con negro, con rojo, con línea nerviosa. Su pintura puede ser tierna, espiritual, animal, fantástica, popular o moderna, según el tema que tenga delante.

Y eso es precisamente lo interesante: no estamos ante una pintura domesticada, sino ante una pintura viva. Una pintura con aciertos muy claros, con zonas abiertas, con búsqueda, con oficio intuitivo y con mucha personalidad.

Dúrcal desde hace trece años tiene en José Moreno no solo a un pintor, sino también a un testigo visual. Hoy hablamos de sus cuadros. Otro día habrá que hablar de sus fotografías, de esas escenas del Valle que su cámara habrá sabido recoger: calles, rincones, luces, fiestas, paisajes, rostros y momentos que también forman parte de nuestra memoria colectiva. 📷🌿

Porque al final, tanto con la cámara como con el pincel, Pepe hace una misma cosa: mirar.

Y cuando alguien mira con alma, el arte aparece.

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Restábal no era una isla


 🌿 Restábal no era una isla

Matrimonios con Melegís, Saleres, Pinos, Albuñuelas, Granada y medio Valle de Lecrín

Hay pueblos que parecen pequeños cuando uno los mira en el mapa.

Un puñado de calles.

Una iglesia.

Una plaza.

Un cementerio.

Unas casas blancas sobre la ladera.

Un camino que baja, otro que sube, una acequia que pasa, un barranco que separa.

Pero cuando uno abre los libros antiguos de matrimonios descubre que ningún pueblo estaba solo.

Restábal no era una isla. 🌿

Era un pueblo unido por caminos, sangre, bodas, viudeces, segundas nupcias, padrinos, herencias y entierros con muchos otros lugares: Saleres, Melegís, Pinos del Valle, Albuñuelas, Granada, Murchas, Chite, Nigüelas, Mondújar, Motril, Cónchar, Talará, Dúrcal, Padul, Lanjarón, Vélez de Benaudalla y más pueblos que van apareciendo como si el archivo fuese un mapa humano del antiguo Reino de Granada.

El archivo de matrimonios de Restábal es magnífico para ver esto.

Porque cada boda es una línea que une dos casas.

Y muchas veces también une dos pueblos.

Un novio de Saleres con una novia de Restábal.

Una mujer de Melegís entrando en una casa restableña.

Un hombre de Pinos casándose con una muchacha de Restábal.

Una joven de Albuñuelas enlazando con una familia del Valle.

Un granadino de una parroquia de la capital llegando hasta un pueblo pequeño.

Una rama de Mondújar, Chite o Murchas metiéndose en la memoria de Restábal.

Así se hizo la genealogía del Valle: no como una línea cerrada, sino como una red.


📜 El archivo matrimonial: un mapa de caminos.

Cuando miramos los matrimonios de Restábal desde el siglo XVII hasta 1971, aparece una realidad clara: los vecinos no se casaban únicamente entre ellos.

El pueblo miraba constantemente hacia fuera.

En el archivo aparecen novios y novias vinculados a Saleres más de un centenar de veces. También aparece Melegís de forma muy abundante. Le siguen Pinos del Valle, Albuñuelas, Granada, Murchas, Nigüelas, Chite, Mondújar, Motril, Cónchar, Talará, Dúrcal, Padul, Lanjarón y Vélez de Benaudalla.

Estas cifras no son solo números. Son pasos. Son trayectos. Son conversaciones entre familias. Son acuerdos de boda. Son madres preparando ajuares. Son padres dando consentimiento. Son sacerdotes anotando nombres. Son novias que dejan su pueblo y novios que llegan a otro.

El archivo matrimonial nos dice que Restábal estaba unido al mundo por una cosa muy sencilla y muy poderosa:

el matrimonio. 💍


🕯️ Saleres: el hermano más cercano.

Si hay un pueblo que aparece unido a Restábal con una fuerza especial, ese es Saleres.

Saleres fue mucho más que un pueblo vecino. Durante largo tiempo aparece como anejo, como lugar unido a Restábal en lo religioso, en lo documental y en lo familiar. Por eso no sorprende que en los matrimonios aparezca constantemente.

Ya en 1626, Alonso Palomares, de Saleres, se casó con María Ruiz, de Restábal.

En 1629, Juan Ramírez, de Saleres, se casó con Estefana Gómez, de Restábal.

Ese mismo año, Juan de Montosa, de Saleres, aparece unido a María Ruiz Ruiz.

Y en 1670, Juan Contreras Aragón, de Restábal, se casó con Catalina López Hernández, de Saleres.

Estos enlaces tempranos demuestran que, desde los primeros libros conservados, Restábal y Saleres eran casi una sola familia extendida. Las muchachas de un pueblo pasaban al otro. Los apellidos cruzaban el camino. Los hijos nacían con sangre mezclada de ambos lugares.

Restábal y Saleres no se miraban desde lejos. Se tocaban.

Había entre ellos un camino corto, pero lleno de vida: por allí pasaban novios, viudas, entierros, testigos, padrinos y noticias. El archivo lo confirma una y otra vez.


🍊 Melegís: la corriente melegileña hacia Restábal.

Después de Saleres, Melegís aparece también con mucha fuerza en los matrimonios de Restábal.

Melegís no era un lugar lejano. Era otro pueblo del mismo paisaje humano. Y los matrimonios lo muestran como una fuente constante de relaciones familiares.

En 1638, Pedro Sánchez Muñoz, de Melegís, se casó con Francisca de Alfaro, de Restábal.

En 1655, Francisco Pérez, de Melegís, se casó con María de Aragón, de Restábal.

En 1665, Juan López Baena, de Melegís, se casó con Tomasa Ramírez Contreras, de Restábal.

En 1668, Manuel González Ortiz, de Melegís, se casó con Juana de Contreras, de Restábal.

En 1670, Francisco González Ortiz, de Melegís, se casó con Isabel Ruiz Guerrera, de Restábal.

Y en 1708, Juan Muñoz Pérez, de Melegís, se casó con Ana Márquez, de Restábal.

Estos nombres nos enseñan algo hermoso: la relación entre Melegís y Restábal no fue ocasional. Fue constante. Los González, Pérez, Muñoz, López, Sánchez, Contreras, Ruiz, Márquez y Alfaro iban entrelazando ambos pueblos.

Muchas familias restableñas tienen raíz melegileña. Y muchas familias de Melegís pudieron llevar sangre de Restábal.

El Valle de Lecrín se entiende mejor cuando se deja de mirar cada pueblo como un lugar cerrado y se empieza a mirar como una red de casas comunicadas.


🏔️ Pinos del Valle: el camino hacia otra ladera.

Pinos del Valle aparece también de forma notable en el archivo matrimonial de Restábal.

En 1638, Pedro Martín Almazán, de Pinos del Valle, se casó con Sebastiana Salazar Aragón, de Restábal.

En 1633, Pedro de Espejo, de Pinos del Valle, se casó con Francisca de Alfaro, de Restábal.

En 1641, Jerónimo Baptista Hernández, de Pinos del Valle, se casó con Ana Contreras Alfaro, de Restábal.

En 1688, Luis Delgado, de Pinos del Valle, se casó con Bernarda Ruiz Puerta, de Restábal.

Y en el siglo XVIII siguen apareciendo enlaces con apellidos como Rodríguez, Delgado, Ramos, Bonel, Palomares, Cobo y Ruiz.

Pinos era otro mundo cercano: no el mismo núcleo, pero sí el mismo territorio de relaciones. Desde Pinos llegaban hombres y mujeres que se integraban en Restábal. Y desde Restábal salían ramas hacia Pinos.

La genealogía lo demuestra: los pueblos no estaban separados por montañas, sino unidos por caminos.


🌾 Albuñuelas: una presencia constante. 

Albuñuelas aparece muchas veces en los matrimonios de Restábal, y eso no debe sorprender. Era un pueblo importante, con fuerte vida agrícola, con familias antiguas y con muchos enlaces hacia otros lugares del Valle y de la comarca.

En 1623, Francisco López, de Albuñuelas, se casó con Ana Martín, de Restábal.

En 1636, Francisco García Rubio, de Albuñuelas, se casó con Cecilia Salazar Aragón, de Restábal.

En 1639, Alonso Ruiz Zarco, de Albuñuelas, se casó con Francisca González Ruiz, de Restábal.

En 1711, Nicolás del Castillo Conejero, de Albuñuelas, se casó con Ángela Cobo Blanca, de Restábal.

Y también en 1711, Juan Palma Blanca, de Albuñuelas, se casó con Antonia Morales Castellano, de Restábal.

Aquí aparecen apellidos que después se harán muy importantes en muchas genealogías: Ruiz, Zarco, Palma, Blanca, Cobo, García, Salazar, González.

Albuñuelas aportó sangre, apellidos y ramas a Restábal. Y Restábal devolvió lo mismo.


🏙️ Granada: la ciudad también entraba en el pueblo.

Restábal no solo se casaba con pueblos cercanos. También aparecen muchos enlaces con Granada.

Y esto es muy interesante, porque Granada no aparece como un solo lugar abstracto. A veces se citan parroquias concretas: La Magdalena, San Matías, Las Angustias, San Ildefonso, San Andrés, El Salvador. Es decir, el archivo matrimonial de Restábal también se abre a la ciudad.

En 1670, Juan Ruiz Maroto, de Granada, se casó con Ana García Blanca, de Restábal.

En 1691, Manuel Lomas Fuentes Ramírez, de Granada, se casó con Quiomar Salazar Machuca, de Restábal.

En 1728, Juan García Aro, de Granada, se casó con Salvadora Rodríguez Contreras, de Restábal.

En 1732, José Vallejo Blanca, de Restábal, se casó con María Fernández Salazar, de Granada.

Estos enlaces muestran que Restábal no vivía encerrado en lo rural. Tenía contacto con la capital, con sus parroquias, con su administración, con sus oficios, con sus familias.

A veces Granada aportaba un novio.

A veces una novia.

A veces una segunda oportunidad para un viudo.

A veces una rama que entraba en el pueblo y se quedaba para siempre.


🌿 Murchas: otra raíz del Valle.

Murchas aparece también con fuerza en los matrimonios. No es extraño: Murchas, Melegís, Restábal y Saleres comparten una geografía muy próxima y muchas familias cruzadas.

En 1755, Ramón López García, de Murchas, se casó con Nicolasa Molina Contreras, de Restábal.

En 1782, Dionisio Ruiz Roldán, de Murchas, se casó con Josefa Morillas Mota, de Restábal.

En 1813, Gonzalo Morillas Márquez, de Restábal, se casó con Rosa Zarco Rosales, de Murchas.

En 1831, José Molina, de Restábal, se casó con Lucía Ortiz Roldán, de Murchas.

Y en 1837, Juan Jiménez López, de Murchas, se casó con María de Jesús Morillas Tapia, de Restábal.

Los apellidos lo dicen todo: López, Molina, Contreras, Ruiz, Roldán, Morillas, Márquez, Zarco, Ortiz, Jiménez, Tapia. Son apellidos que no pertenecen a un único pueblo. Son apellidos del Valle.


🌿 Chite: un pueblo pequeño, una presencia firme.

Chite aparece en el archivo con menos volumen que Saleres o Melegís, pero con una presencia clara y repetida.

En 1734, Jerónimo Ortega Ruiz, de Restábal, se casó con María Molino Guerrero, de Chite.

En 1746, Nicolás Molino García, de Chite, se casó con Josefa Ruiz Contreras, de Restábal.

En 1786, Salvador Molino Padial, de Chite, se casó con Jerónima Zarco Contreras, de Restábal.

En 1802, José Carmona Suárez, de Chite, se casó con Antonia Josefa Morillas Márquez, de Restábal.

En 1804, Antonio Rodríguez Tapia, de Chite, se casó con Antonia María Gaona Salazar, de Restábal.

Chite aparece unido a Restábal sobre todo por apellidos como Molino, Ortega, Ruiz, Zarco, Contreras, Morillas, Márquez, Rodríguez, Tapia, Gaona y Salazar.

Otra vez vemos la misma realidad: los pueblos pequeños se sostenían entre ellos. No había una vida familiar separada, sino una circulación constante.


🌸 Nigüelas y Mondújar: dos puertas importantes.

Nigüelas aparece con enlaces muy interesantes.

En 1711, Andrés Martín de Zaragoza Solier, de Nigüelas, se casó con Isabel Sáez Diente Vergara, de Restábal.

En 1721, Manuel José Ruiz Morales, de Nigüelas, se casó con Antonia Contreras Fuentes, de Restábal.

En 1753, Jerónimo Contreras Liquiñano, de Restábal, se casó con Luisa Ruiz Torres, de Nigüelas.

En 1789, Francisco González Márquez, de Nigüelas, se casó con Isabel María Maroto Enríquez, de Restábal.

Y en 1794, Francisco Molina Soto, de Nigüelas, se casó con Rosa Márquez Gaona, de Santa Fe, entrando después esa rama Molina-Márquez en la memoria de Restábal.

Mondújar también aparece de forma destacada.

En 1704, Manuel Vázquez Alfaro, de Restábal, se casó con María Robles Padial, de Mondújar.

En 1733, Luis Molina Muñoz, de Mondújar, se casó con Juana Contreras Moya, de Restábal. Este matrimonio es muy importante porque introduce una rama Molina que después tendrá gran presencia en Restábal.

En 1743, José Sánchez Zarco, de Restábal, se casó con Salvadora Gijón Cardona, de Mondújar.

En 1806, José Muñoz Guerrero, de Mondújar, se casó con Francisca Josefa Maroto Montosa, de Restábal.

Nigüelas y Mondújar eran dos puertas más por las que entraban apellidos, vínculos y descendencias.


🌊 Motril: el camino hacia la costa.

Aunque pueda parecer más lejano, Motril también aparece en los matrimonios de Restábal.

En 1659, Juan Alférez, de Motril, se casó con María Muñoz, de Restábal.

En 1674, Juan González Martín, de Motril, se casó con Antonia Flores González, de Restábal.

En 1739, Francisco de la Torre Batista, de Motril, se casó con Lucía Márquez Ruiz, de Restábal.

En 1783, Sebastián Espinar Martín, de Saleres, se casó con Francisca Palomino Ramos, de Motril.

Motril nos recuerda que Restábal no solo miraba hacia el interior del Valle. También existían caminos hacia la costa, hacia el comercio, hacia otras redes familiares del Reino de Granada.

Los pueblos de montaña y de valle no estaban encerrados. Se comunicaban con la costa más de lo que a veces imaginamos.


🌿 Cónchar, Talará y Dúrcal: cercanías familiares.

Cónchar aparece también en el archivo.

En 1652, Francisco Lozano Aranda, de Cónchar, se casó con Catalina Ramírez Gómez, de Restábal.

En 1702, Alonso Caballero Fernández, de Restábal, se casó con Catalina Moya Cabello, de Cónchar.

En 1788, Eusebio Tello Espadas, de Cónchar, se casó con María Molina Donaire, de Restábal.

En 1850, Antonio Miguel González Morales, de Cónchar, se casó con Francisca Palomino Molino, de Restábal.


Talará también aparece con nombres muy valiosos.

En 1733, Juan Tapia Soto, de Talará, se casó con María Maroto Bazán, de Restábal.

En 1792, Antonio Ruiz López, de Talará, se casó con Águeda Márquez Márquez, de Restábal, una de las mujeres clave en varias genealogías antiguas.

En 1803, José Mariano Muñoz Guerrero, de Talará, se casó con Josefa María Freire Lozano, de Restábal.


Y Dúrcal aparece también en diversas épocas:

En 1651, Juan de Fragua, de Dúrcal, se casó con Magdalena Varela, de Restábal.

En 1659, Diego Moya Jara, de Dúrcal, se casó con María Aragón Ruiz, de Restábal.

En 1729, Francisco Salazar López, de Restábal, se casó con Isidora Fernández Carrasco, de Dúrcal.

Y ya en el siglo XX, en 1939, Serafín Fernández Ibáñez, de Dúrcal, se casó con María de la Gloria Márquez Palomino, de Restábal.

Cónchar, Talará y Dúrcal no son nombres sueltos. Son piezas de la misma red.


🌿 Padul, Lanjarón y Vélez de Benaudalla: el círculo se ensancha.

El archivo matrimonial de Restábal también se abre hacia lugares algo más alejados.

Padul aparece en varios enlaces.

En 1833, José Berdugo Rejón, de Padul, se casó con Francisca de Paula Blanca Molino, de Restábal.

En 1965, Nicolás Medina Martín, de Padul, se casó con Francisca Morillas Aguilera, de Restábal.


Lanjarón aparece también:

En 1752, Antonio Piñar de Fornieles, de Lanjarón, se casó con Ángela Vallejo Flores, de Restábal.

En 1811, Francisco Pozo Álvarez, de Lanjarón, se casó con Juana Tapia de Negri, de Restábal.

En 1898, Antonio Quiles Rosillo, de Lanjarón, se casó con Concepción Gutiérrez Ruiz, de Restábal.


Y Vélez de Benaudalla aparece en varios momentos:

En 1755, Francisco García, de Vélez de Benaudalla, se casó con Feliciana Mellado, de Restábal.

En 1803, Antonio Ruiz Maroto, de Vélez de Benaudalla, se casó con Andrea María Sánchez Blanca, de Restábal.

En 1901, Francisco Rodríguez Rodríguez, de Vélez de Benaudalla, se casó con Dolores Márquez Rodríguez, de Restábal.

Estos lugares muestran que la red no se quedaba solo en el Valle inmediato. Restábal se comunicaba con la Alpujarra, la costa, la Vega, la capital y otros pueblos granadinos.


👩‍🦱 Las mujeres que cruzaban los pueblos.

En esta historia tienen un papel fundamental las mujeres.

Muchas veces eran ellas las que, al casarse, cambiaban de pueblo. Una mujer de Melegís entraba en una casa de Restábal. Una joven de Saleres se convertía en vecina de Restábal. Una muchacha de Pinos del Valle llevaba sus apellidos a otra rama. Una granadina llegaba a un pueblo pequeño y quedaba para siempre escrita en su archivo.

Pero no llegaban vacías.

Llevaban su memoria familiar.

Sus santos.

Sus costumbres.

Sus palabras.

Sus recetas.

Sus parientes.

Sus lutos.

Sus maneras de llevar una casa.

Sus apellidos.

Por eso, cada vez que aparece una novia de otro pueblo, el archivo no está anotando solo una boda. Está anotando una transferencia de memoria.

Y cada vez que una mujer de Restábal se casa fuera, el pueblo tampoco la pierde del todo. La conserva en el apellido de sus hijos, en los nietos que vuelven, en las ramas que reaparecen años después.

La genealogía femenina es un mapa secreto del Valle.


🧬 Los apellidos en movimiento:

Los matrimonios demuestran que muchos apellidos no pertenecen exclusivamente a un pueblo.

Ruiz, Márquez, Palma, Molina, Maroto, Freire, Palomino, Contreras, Salazar, Cobo, Blanca, Ortega, Morillas, Tapia, Zarco, Gutiérrez, Sánchez, Vallejo, Jiménez, González, Fernández, Rodríguez, López, Molino, Moya, Aranda, Roldán, Espinar, Barranco, Pérez, Guerrero…

Todos esos apellidos se mueven.

A veces entran por un novio.

A veces por una novia.

A veces por una viuda.

A veces por un segundo matrimonio.

A veces por una familia que llega de Granada.

A veces por alguien de Pinos, Melegís o Saleres.

A veces por una rama de Motril, Lanjarón o Vélez de Benaudalla.

Y con cada movimiento, Restábal cambia un poco.

El pueblo no fue nunca una sangre pura, cerrada, inmóvil. Fue mezcla. Fue enlace. Fue adaptación. Fue continuidad.


🕯️ Viudos, segundas nupcias y supervivencia:

El archivo matrimonial no habla solo de juventud y primeras bodas.

También aparecen muchos viudos y viudas. Y eso es muy importante.

En aquellos siglos, la muerte llegaba pronto: por enfermedad, partos, epidemias, accidentes, hambres, guerras o simple fragilidad de la vida. Quedar viudo o viuda no era raro. Y muchas personas se casaban de nuevo para sostener una casa, criar hijos, conservar tierras o reconstruir una vida.

A veces ese segundo matrimonio traía una persona de otro pueblo.

A veces una viuda de Restábal se casaba con un hombre de Saleres.

A veces un viudo de Melegís buscaba nueva esposa en Restábal.

A veces una mujer de Pinos entraba en una casa donde ya había hijos.

Esos enlaces no siempre nacían del romanticismo moderno. Muchas veces nacían de la necesidad. Pero también de la esperanza.

La vida antigua era dura, pero la gente insistía en vivir.


✨ Epílogo: Restábal, un pueblo abierto por el corazón.

Restábal no era una isla.

Lo dice el archivo de matrimonios.

Lo dicen los nombres.

Lo dicen los pueblos de procedencia.

Lo dicen los apellidos que se repiten.

Lo dicen las novias que llegan.

Lo dicen los novios que entran.

Lo dicen los hijos que nacen después con dos raíces.

Restábal fue un pueblo pequeño, sí.

Pero nunca estuvo solo.

Estuvo unido a Saleres, su hermano más cercano.

A Melegís, con una corriente familiar constante.

A Pinos del Valle, por muchas ramas antiguas.

A Albuñuelas, por enlaces repetidos.

A Granada, por la ciudad y sus parroquias.

A Murchas, Chite, Nigüelas, Mondújar, Cónchar, Talará, Dúrcal, Padul, Lanjarón, Motril y Vélez de Benaudalla.

Cada matrimonio fue un puente.

Y todos esos puentes hicieron del Valle de Lecrín algo más que una suma de pueblos: lo convirtieron en una comunidad de sangre, memoria y caminos compartidos.

Por eso, cuando hoy alguien busca sus raíces en Restábal, no debe sorprenderse si acaba encontrando una abuela de Melegís, un abuelo de Saleres, una bisabuela de Pinos, un tatarabuelo de Albuñuelas, una rama de Granada o un apellido que llegó desde Motril.

Así se hicieron nuestras familias.

No encerradas.

No aisladas.

No quietas.

Sino andando de pueblo en pueblo, como el agua por las acequias. 🌿


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Datos aportados por Nina Sánchez y Francisco Javier Ras



19 junio 2026

Las mujeres de Dúrcal en el Libro de Apeo


 Las mujeres de Dúrcal en el Libro de Apeo .

En los libros antiguos, las mujeres no siempre aparecen donde estuvieron. Muchas veces sostuvieron la vida sin ocupar el centro de la escritura. Trabajaron la casa, cuidaron los huertos, atendieron los animales, criaron a los hijos, ayudaron en las labores del campo, vigilaron la seda, la ropa, el pan, el agua y la economía doméstica; pero el escribano, cuando tomó la pluma, solía mirar primero hacia los hombres. Ellos eran los vecinos reconocidos, los cabezas de casa, los que juraban, declaraban, recibían suertes o discutían linderos ante la autoridad.

Y, sin embargo, cuando uno lee despacio el Libro de Apeo y Repartimiento de Dúrcal, descubre que ellas estaban allí.

Aparecen de manera intermitente, a veces apenas nombradas, otras veces protegidas tras la figura de un marido, un hermano, un yerno o un padre. Pero aparecen. Y cuando lo hacen, no son simples sombras familiares. Son viudas que reclaman bienes. Herederas que conservan patrimonios. Madres que transmiten tierras a sus hijas. Propietarias que figuran en el reparto de suertes. Mujeres que, por la muerte del esposo o por la herencia recibida, tuvieron que entrar en el lenguaje duro de la propiedad: casas, hazas, viñas, censos, marjales, morales, olivos, escrituras y linderos.

El Apeo de Dúrcal fue redactado en un tiempo de ruptura. Tras el levantamiento morisco y la expulsión de la población vencida, el territorio quedó sometido a una nueva medición. Había que saber qué tierras pertenecieron a los moriscos, qué bienes eran de cristianos viejos, qué propiedades debían respetarse y cuáles podían repartirse entre los nuevos pobladores. Dúrcal no era un lugar menor. Era una alquería importante del Valle de Lecrín, articulada en barrios, vegas, acequias, caminos, huertos, viñas, morales, albercas, hornos, molinos y espacios comunales.

En ese mundo, la economía local no se entendía solo desde las grandes parcelas. También dependía de lo pequeño y constante: una haza bien regada, una viña con algunos olivos, una alberca para cocer lino, un moral para la seda, una casa con corral, un pedazo de huerto, una suerte recibida en el reparto, una dote de casamiento que pasaba de madre a hija. Ahí es donde las mujeres empiezan a ser visibles.

Una de las figuras más significativas es Damiana de Soto, viuda de Rodrigo de Zaragoza. Su caso muestra muy bien cómo una mujer podía comparecer en la documentación no como acompañante de nadie, sino como heredera y defensora de una memoria patrimonial. Damiana reclamó bienes que habían pertenecido a su marido antes del levantamiento morisco. Entre esas posesiones se mencionan antiguos macaberes, es decir, espacios de enterramiento islámico, algunos transformados o vinculados ya a viñas, olivos, morales y otros árboles.

Su presencia en el Apeo es muy reveladora. No estamos ante una mujer encerrada en el silencio de la casa, sino ante una viuda que conserva papeles, derechos y memoria de propiedad. La viudedad, que podía significar fragilidad social, también abría en ciertos casos una puerta jurídica. Muerto el marido, la mujer aparecía ante el juez como depositaria de los bienes familiares. Lo que antes quizá administraba desde dentro, ahora tenía que defenderlo hacia fuera.

Damiana de Soto no representa solo a una persona concreta. Representa a muchas mujeres que, al enviudar, se convirtieron en guardianas de escrituras. En un tiempo en que el territorio estaba siendo revisado, confiscado y repartido, tener memoria de los títulos era casi una forma de supervivencia. Saber de quién había sido una viña, qué censo pesaba sobre una tierra, qué escritura se había otorgado antes de la guerra o qué lindero separaba una posesión de otra podía decidir el futuro económico de una familia.


También destacan Isabel de Leonis y Francisca de Leonis, hermanas de Diego de Leonis, clérigo y racionero de la Iglesia de Granada. En su caso, no son ellas quienes comparecen directamente ante el juez, sino su hermano, que actúa por poder. Esto no debe llevarnos a pensar que carecían de importancia. Al contrario. El hecho de que el documento recoja sus bienes indica que ambas disfrutaban de un patrimonio considerable heredado de otro hermano, el maestro Leonis, clérigo.

Isabel y Francisca aparecen como mujeres ausentes, pero propietarias. Esa ausencia física no equivale a inexistencia histórica. Su hacienda estaba en Dúrcal, sus derechos debían ser reconocidos y sus bienes tenían suficiente entidad como para ser declarados formalmente. Eran mujeres situadas en una red familiar eclesiástica, probablemente de cierto nivel social, y su patrimonio se gestionaba a través de representantes masculinos, como era habitual en aquella época.

En ellas se ve una realidad importante: no todas las mujeres del Apeo pertenecían al mismo mundo. Algunas eran viudas de pobladores modestos; otras estaban vinculadas a familias con clérigos, capellanías, censos y propiedades repartidas por distintos lugares del Valle. La historia femenina no fue uniforme. Había mujeres pobres, mujeres trabajadoras, mujeres propietarias, mujeres con escaso margen de decisión y otras que, aun dentro de los límites de su tiempo, poseyeron bienes de peso.


Otro nombre esencial es María Hernández, viuda y vecina de Dúrcal. Recibió una suerte de población. La fórmula parece sencilla, pero encierra mucho. Una suerte no era una simple parcela. Era el conjunto de bienes que permitía a una familia asentarse: tierras, casa, árboles, quizá derechos de agua, obligaciones de cultivo y pago de censos. Recibir una suerte significaba quedar incorporada al nuevo orden repoblador.

María Hernández representa a la viuda pobladora, una figura especialmente interesante. La Corona prefería pobladores casados, con casa habitada, mujer e hijos, porque el objetivo no era solo repartir tierras, sino reconstruir pueblos. Pero la realidad fue más compleja. Hubo maridos que murieron antes del reparto definitivo, familias quebradas por la pobreza, mujeres que quedaron al frente de hijos menores y viudas que tuvieron que responder por la hacienda. En ese contexto, algunas fueron aceptadas como titulares o beneficiarias de suertes.

La suerte de María Hernández nos habla de una mujer que no podía desaparecer sin más del registro económico. Si había tierra que cultivar, censo que pagar y casa que mantener, alguien debía hacerse cargo. Y muchas veces ese alguien fue una mujer.


El caso de Elvira Ruiz permite entrar en otro aspecto fundamental: la transmisión familiar de la propiedad. Elvira aparece vinculada a Francisco de Guzmán, su segundo marido, y a una media suerte compartida. Pero la noticia documental va más allá. La otra media suerte se había entregado como dote de casamiento a Juan Martínez, marido de Mari González, hija de Elvira.

Aquí se abre una escena doméstica y económica de enorme valor. Elvira Ruiz había tenido una vida familiar anterior. Tenía una hija de su primer matrimonio. Después volvió a casarse. La propiedad se reorganizó alrededor de esa nueva situación. Una parte quedó con ella y su segundo esposo; otra pasó al marido de su hija como dote matrimonial.

La dote no era un simple regalo. Era una herramienta de alianza, una forma de asegurar la posición de una hija, de ordenar herencias y de insertar a una nueva pareja dentro del sistema de bienes. A través de Elvira Ruiz vemos cómo las mujeres no solo heredaban o recibían tierras, sino que también podían ser el eje por el que una hacienda se dividía, se transmitía o se reordenaba.


Mari González, la hija, aparece porque su matrimonio tiene consecuencias patrimoniales. Su nombre nos recuerda que muchas mujeres jóvenes entraban en la documentación a través del casamiento. No se las describía por sus sentimientos, su trabajo o su biografía, sino por la tierra que pasaba con ellas, por la dote que las acompañaba o por el marido que recibía parte de una suerte. Pero detrás de esa fórmula fría hubo una vida concreta: una muchacha de Dúrcal situada en el cruce entre la herencia materna, el matrimonio y el nuevo mundo repoblador.

Muy parecido, aunque con matices propios, es el caso de María Hurtada, viuda pobladora de Dúrcal. Ella dio media suerte a su yerno Jerónimo de Zaragoza, casado con su hija Mari Hurtada. De nuevo encontramos la misma lógica familiar: una madre viuda, una hija casada, un yerno que entra en la estructura de la propiedad y una suerte que se parte para asegurar continuidad.

María Hurtada aparece como mujer con capacidad para disponer de una parte de su patrimonio. No sabemos cuánto hubo en esa decisión de voluntad propia y cuánto de obligación social, pero el resultado documental es claro: la madre interviene en el destino económico de la hija. No es una figura pasiva. Administra, reparte, vincula, entrega, sostiene.

En estas mujeres se cruzan varias realidades. La primera es la viudedad. Muchas aparecen cuando han perdido al marido, porque solo entonces la documentación las mira de frente. Mientras el esposo vive, la mujer queda detrás del nombre masculino. Cuando él falta, ella debe dar la cara ante los jueces, los repartidores, los censos y los vecinos.

La segunda realidad es la herencia. Isabel y Francisca de Leonis heredan bienes de su hermano. Elvira Ruiz transmite parte de su suerte a través de su hija. María Hurtada entrega media suerte a su yerno. Damiana de Soto conserva derechos procedentes de su marido. La propiedad, en Dúrcal, no viajaba solo por líneas masculinas. También pasaba por manos femeninas, aunque muchas veces el documento intentara encajar esa circulación dentro de fórmulas patriarcales.

La tercera es la economía cotidiana. Las mujeres no fueron únicamente titulares legales de bienes. Vivían en casas donde había que amasar pan, guardar grano, cuidar aves, atender animales pequeños, hilar, lavar, criar niños, preparar comida, recoger productos del huerto y participar en las labores estacionales. En un lugar como Dúrcal, con vegas regadas, morales, viñas, olivares, lino, cañaverales y acequias, la vida agrícola necesitaba muchas manos. Las de las mujeres estaban presentes aunque rara vez fueran contabilizadas.

Es probable que participaran en el cuidado de los huertos cercanos a las casas, en la recogida de hoja de moral para la cría de seda, en el hilado, en la preparación de productos domésticos, en la gestión de alimentos y en tareas auxiliares del campo. También pudieron intervenir en pequeñas economías vinculadas a ventas, mesones, hornos o labores textiles, aunque los documentos suelan atribuir la titularidad pública de esos negocios a hombres.

La economía local no era solo la que se veía en los repartimientos. También era la economía que no se escribía: el trabajo continuo que hacía posible que una suerte no se arruinara, que una casa siguiera poblada, que una viña se mantuviera limpia, que un moral diera hoja, que un niño comiera, que una familia pagara el censo y no abandonara el lugar.

En este sentido, las mujeres de Dúrcal fueron parte esencial de la repoblación. La Corona quería vecinos útiles, pero entendía por vecino útil una casa entera. No bastaba un hombre con tierra. Hacía falta una familia que permaneciera. Por eso la mujer no era un adorno dentro del proyecto repoblador. Era una pieza necesaria para que el asentamiento funcionara.

El Libro de Apeo no lo dice con palabras modernas. No habla de igualdad, ni de derechos femeninos, ni de trabajo invisible. Pero si se lee con atención, deja ver una verdad profunda: Dúrcal no se reconstruyó solo con hombres que recibieron tierras. Se sostuvo también con viudas, esposas, hijas, herederas y madres que administraron lo que pudieron, defendieron lo que les correspondía y transmitieron lo que había de pasar a la siguiente generación.

Damiana de Soto, Isabel de Leonis, Francisca de Leonis, María Hernández, Elvira Ruiz, Mari González, María Hurtada y Mari Hurtada son nombres que abren una ventana. No podemos reconstruir sus rostros ni conocer sus voces. Pero sí podemos comprender el lugar que ocuparon. Algunas estaban ligadas a viñas y macaberes; otras, a suertes de población; otras, a dotes, herencias y matrimonios. Todas aparecen porque la tierra, de un modo u otro, pasó por ellas.

Y esa es la gran enseñanza del Apeo de Dúrcal: cuando el escribano intentaba ordenar la propiedad del pueblo, sin querer conservó también fragmentos de vida femenina. En medio de un documento nacido para medir, repartir y cobrar, quedaron anotadas las mujeres que sostuvieron casas, familias y haciendas en uno de los momentos más difíciles de la historia del Valle de Lecrín.

No fueron protagonistas en el lenguaje oficial de su tiempo. Pero sin ellas, la repoblación habría sido una estructura vacía. La historia local necesita devolverles su sitio, no inventándoles una grandeza que no podamos probar, sino leyendo con justicia lo que el documento permite ver.

Porque a veces una viuda que reclama una viña, una madre que entrega media suerte a su hija o dos hermanas que heredan bienes en Dúrcal dicen más sobre la vida real de un pueblo que muchas páginas de nombres masculinos repetidos.

Ellas estaban allí.

Y el Apeo, aunque no escribiera para recordarlas, terminó guardando su memoria.