🎙️🌿 “EN LA TORRE DE MELEGÍS”
El pregón que convirtió la memoria de un pueblo en poesía viva 🌿🎙️
La noche del 15 de junio de 2018 quedó grabada para siempre en la memoria cultural de Melegís. Bajo la mirada serena de la torre de la iglesia y en la emblemática Puerta de la Iglesia, Antonio Morillas Freire pronunció un pregón diferente, profundamente literario, humano y valiente. No fue solamente el inicio de unas fiestas patronales. Fue una declaración de amor al pueblo, a sus raíces, a sus gentes y a la libertad de pensar y sentir.
📖 Aquel pregón, titulado “En la torre de Melegís”, se convirtió en una obra poética llena de referencias históricas, costumbristas y emocionales. Antonio Morillas Freire no se limitó a hablar de las fiestas de San Antonio. Construyó un retrato completo del alma melegileña, mezclando versos populares, reflexión social, recuerdos familiares y defensa del patrimonio cultural y humano del Valle de Lecrín.
✨ Desde el comienzo, el pregonero mostró humildad y gratitud hacia el pueblo y hacia quienes antes habían ocupado aquel honor. En sus versos aparecía el Melegís trabajador, el de las eras, los bancales y las acequias; el Melegís agrícola que abría besanas con el arado y aventaba la parva bajo el sol.
🌙 La plaza triangular iluminada por antorchas, la torre recortándose sobre la noche y San Antonio observando desde sus andas crearon una escena casi teatral y mágica. Todo el pregón estaba concebido como una experiencia estética completa: música, iluminación, campanas, fotografías, imágenes y hasta efectos pirotécnicos acompañaban la palabra del pregonero.
💚 Antonio Morillas habló de un Melegís abierto, diverso y libre. Defendió la igualdad y el respeto entre las personas, reivindicó la libertad de expresión como derecho fundamental y criticó cualquier forma de intolerancia o discriminación. Sus palabras tuvieron momentos de gran profundidad social y humana, algo poco habitual en un pregón festivo.
🌾 El pregón también fue una geografía sentimental del pueblo. Desfilaron por sus versos caminos, fuentes, barrancos y pagos de Melegís: El Fontín, La Casilla, Madrisalen, Alfondón, Frontilas, El Jauz o La Capellanía. Aquellos nombres no eran simples lugares; eran memoria viva, identidad y pertenencia.
🏺 Hubo espacio incluso para recordar el origen antiguo del pueblo, remontándose al Neolítico y a la herencia andalusí de Milisis, evocando alfaquíes, alquerías y el pasado morisco del Valle de Lecrín.
🔔 Uno de los momentos más bellos del pregón fue la exaltación de la torre de Melegís como símbolo del pueblo. Antonio Morillas la describió como un faro entre huertas, una “virguería” levantada por carpinteros, alarifes y canteros, convertida en emblema sentimental y arquitectónico del paisaje melegileño.
🍋 También hubo sabor a pueblo y cocina tradicional: el choto al ajillo, la alboronía, el remojón, los pestiños, los buñuelos y el aceite de lechín aparecieron como parte esencial de la cultura popular de Melegís. Porque un pueblo también se recuerda por sus aromas y sus sabores.
💧 Especial emoción transmitieron sus palabras sobre el agua, las acequias y la naturaleza. Antonio Morillas defendió el regreso del agua limpia a los ríos y denunció el daño causado al entubar las acequias, conectando así el pregón con la conciencia ecológica y patrimonial del Valle.
🎆 El final fue apoteósico: un estruendo pirotécnico iluminó la torre mientras resonaba el grito de:
👉 “¡Viva Melegís!” 👏🔔
Aquel pregón no fue solamente literatura oral. Fue memoria colectiva, identidad del Valle, reivindicación cultural y amor profundo por un pueblo pequeño en tamaño, pero inmenso en alma.
🌿 Porque hay pregones que inauguran unas fiestas…
y otros que permanecen durante años latiendo en la memoria de quienes los escucharon.
🔔🌿 “LAS VOCES QUE HABITAN LA TORRE”
Comentando y relatando el pregón de Antonio Morillas Freire sobre el alma humana de Melegís 🌿🔔
Hay pueblos donde las casas hablan.
Y luego está Melegís… donde también hablan las campanas, las fuentes, los caminos y hasta las sombras de quienes ya no están.
Cuando Antonio Morillas Freire levantó su voz aquella noche de junio de 2018 bajo la torre de la iglesia, no estaba pronunciando únicamente un pregón festivo. Estaba despertando las voces dormidas de un pueblo entero. Voces humildes, populares, campesinas y familiares que aún siguen flotando entre las calles encaladas del Valle de Lecrín.
✨ Porque Melegís no es solamente un lugar.
Es una suma de personas.
👵👴 Personas que dejaron su huella sin aparecer jamás en los libros importantes de la historia, pero que construyeron la verdadera grandeza del pueblo con sus manos, su esfuerzo y su dignidad cotidiana.
Por eso el pregonero quiso nombrar a tantos vecinos y apodos populares: Morogato, Padial, Illos, Chirimones, Bomba, Cascola, la Herradora… nombres que para un forastero podrían sonar extraños, pero que para Melegís son pequeñas piedras sagradas de la memoria colectiva. 🏡💚
Porque los pueblos viven mientras alguien siga pronunciando los nombres de quienes los habitaron.
🌾 El pregón recordaba a esa gente sencilla que madrugaba para trabajar en el campo, a quienes iban con bestias y aperos por las vereas, a quienes conocían el lenguaje de la lluvia, de los olivos y de las estaciones.
Era un homenaje a la humanidad silenciosa de los pueblos.
A las mujeres que sostuvieron familias enteras.
A los emigrantes que tuvieron que marcharse.
A los abuelos que enseñaban sin necesidad de libros.
A quienes regresaban en fiestas buscando abrazos pendientes. 🤲✨
💔 También aparecía la nostalgia.
La emoción de quienes crecieron escuchando historias al fresco de las puertas, jugando en las plazas o persiguiéndose entre acequias y eras.
Antonio Morillas hablaba de juegos antiguos como las bolas, el pañuelo, la piola o las monedas en Navidad. Juegos humildes que hoy parecen insignificantes, pero que en realidad eran pequeñas escuelas de convivencia y felicidad. ⚽🎲
Porque antes los pueblos tenían menos cosas…
pero quizá tenían más tiempo para vivir.
🍲 Y entonces llegaba la cocina.
No como lujo, sino como identidad.
En Melegís la gastronomía siempre fue reunión, afecto y supervivencia. El pregón olía a choto al ajillo, a alboronía, a remojón, a conejo, a buñuelos y a pestiños recién hechos por San Antonio. También olía al aceite de lechín, a los bizcochos caseros y al tocino de cielo que esperaba a los niños en las fiestas. 🍋🥘🍷
Cada plato era una historia familiar.
Cada receta, una herencia transmitida de generación en generación.
Y quizá por eso la cocina tradicional del Valle sabe a infancia, a madre y a hogar.
🔔 Pero si hubo una gran protagonista en aquel pregón fue la torre de Melegís.
La torre no aparecía solamente como un edificio. Antonio Morillas la convirtió en un símbolo emocional y casi espiritual del pueblo.
Desde lejos, emerge entre huertas y tejados como una vigía antigua. Sus ladrillos, azulejos y campanas resumen siglos enteros de historia popular.
La torre ha visto guerras, bodas, entierros, emigraciones y regresos.
Ha escuchado promesas, llantos y canciones.
Y sigue ahí, inmóvil y serena, viendo pasar generaciones bajo su sombra.
✨ El pregonero hablaba de su azulejería celeste, de los alarifes y carpinteros que la levantaron y hasta de las mujeres vinculadas a aquel patrimonio silencioso. Porque también quiso reivindicar la igualdad y el papel femenino dentro de la memoria de los pueblos.
No era casualidad.
Antonio Morillas defendía un Melegís abierto, humano y libre. Un pueblo donde la diversidad no fuera motivo de rechazo, sino de respeto. Habló de igualdad, de identidad y de libertad de expresión con una valentía poco frecuente en un pregón tradicional. 🌈🤝
Porque amaba profundamente su tierra…
pero sin cerrar los ojos a los problemas del presente.
💧 También denunció el daño causado al entubar acequias y esconder el agua. Para él, un pueblo sin agua visible pierde parte de su alma. Y tenía razón.
Las acequias son la música secreta del Valle de Lecrín.
Sin ellas, el paisaje se queda mudo.
🌍 En muchos momentos, el pregón parecía una conversación íntima entre pasado y futuro.
Había recuerdos familiares, menciones a sus propios orígenes y evocaciones de generaciones anteriores. Su voz sonaba como la de alguien que sabe que pertenece a una cadena antigua y que tiene la obligación moral de no dejar que se rompa.
Por eso hablaba de paz, de convivencia y de humanidad.
“No más guerras”, recordaba la enseñanza heredada de su padre.
Y en un mundo lleno de prisas y enfrentamientos, aquellas palabras pronunciadas en una plaza de pueblo sonaban más importantes que nunca.
🌿 Porque quizá los pueblos pequeños todavía conservan algo que las grandes ciudades están olvidando:
la capacidad de mirarse a los ojos.
✨ Al terminar el pregón, los cohetes iluminaron la torre y las campanas repicaron sobre la noche de junio.
Y durante unos segundos, Melegís entero pareció latir al mismo tiempo.
Como si todas las generaciones del pueblo —las presentes y las ausentes— hubieran acudido juntas a escuchar aquellas palabras.
🔔🌙💚
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