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26 julio 2026

" Ajuar ": Las mujeres del Valle de Lecrín convierten sus bordados en memoria viva

Pilar Soto Solier de
Mondújar y Raúl Molino
Gutiérrez de Melegís 

🧵 «AJUAR»: LAS MUJERES DEL VALLE DE LECRÍN CONVIERTEN SUS BORDADOS EN MEMORIA VIVA

La segunda jornada celebrada en Chite incorporó nuevas labores de Melegís, Talará y Chite al proyecto de investigación doctoral de Raúl Molino Gutiérrez

✍️ Por Miguel Ángel Molina Palma

Hay objetos que permanecen durante años doblados en el fondo de un armario y que, al desplegarse, abren también una historia.

Una sábana de hilo puede conservar la paciencia de una madre. Un pañuelo diminuto puede guardar el aprendizaje de una niña. Una mantelería puede recordar una boda, una celebración familiar o la mesa alrededor de la cual se reunieron varias generaciones. Una puntilla, una flor bordada o una esquina perfectamente rematada contienen muchas horas de trabajo, pero también nombres, afectos y recuerdos. 🪡🌿

El viernes 24 de julio de 2026 asistí en Chite a la segunda jornada de «Ajuar. El arte del bordado en El Valle de Lecrín», celebrada entre las siete y las nueve de la tarde en el Aula de la Naturaleza, conocida también como Casa de la Cultura, situada en la calle Antonio García Martín.

Después de la intensa primera sesión del día anterior, nuevas mujeres de distintos pueblos de la comarca llevaron hasta allí mantelerías, sábanas, toallas, pañuelos, cojines, encajes, centros de mesa, bordados y labores de yute. Todas las piezas habían sido realizadas a mano o conservadas como parte del patrimonio familiar.

No acudieron solamente a mostrar cosas hermosas.

Acudieron a explicar quién las había hecho, cuándo se confeccionaron, qué materiales se emplearon, cómo se aprendía cada labor y de qué manera esos conocimientos pasaron de una mujer a otra.

🎓 Del ajuar familiar a la investigación académica

Antes de comenzar la presentación de los trabajos, Raúl Molino Gutiérrez y Pilar Manuela Soto Solier realizaron una introducción sobre la finalidad del encuentro y el valor de la documentación que se estaba reuniendo.

Según se explicó durante la jornada, las piezas, los testimonios y las imágenes recogidas formarán parte del trabajo doctoral que desarrolla Raúl Molino Gutiérrez, coordinado académicamente por Pilar Soto Solier de Mondújar.  No se pretende reunir únicamente una colección de fotografías: el objetivo es estudiar las técnicas, los materiales, las formas de aprendizaje y el contexto humano en el que se produjeron estos textiles.

Pilar Soto Solier es docente e investigadora de la Universidad de Granada, perteneciente al Departamento de Didáctica de la Expresión Musical, Plástica y Corporal. La propia Universidad recoge también colaboraciones académicas entre Pilar Soto y Raúl Molino en investigaciones relacionadas con la moda artesanal, la sostenibilidad y el consumo responsable.

Esta circunstancia otorga al proyecto una dimensión especialmente valiosa: aquello que durante décadas pudo ser considerado una tarea doméstica, una habilidad femenina o una simple afición pasa ahora a ser reconocido como objeto de investigación artística, educativa y patrimonial.

📸 Bordar, explicar y documentar

La sala volvió a organizarse como un pequeño archivo vivo.

Las mesas se cubrieron de tejidos blancos, azules y rosados. En uno de los extremos se instaló el fondo negro y el equipo de iluminación con el que se fotografiaron tanto las labores como a las mujeres que las habían realizado o conservado.

Raúl Molino escuchaba las explicaciones, preguntaba por los materiales y examinaba los detalles. Las mujeres extendían cuidadosamente sus trabajos, señalaban las puntadas, mostraban los reversos y explicaban cómo se habían resuelto los encajes, las esquinas o los calados. Mientras tanto, cada pieza era fotografiada para que su diseño y su historia no quedaran reducidos a un recuerdo impreciso.

El bordado consiste precisamente en decorar un tejido mediante agujas e hilos, formando motivos por medio de puntadas que pueden quedar planas o adquirir diferentes grados de relieve. Sin embargo, en Chite quedó claro que una definición técnica resulta insuficiente: el bordado es también tiempo, aprendizaje, convivencia y transmisión familiar.

🌾 Leti de Melegís y la fuerza natural del yute

Entre las primeras labores presentadas destacó una alfombra de yute, llevada por Leticia, Leti, de Melegís.

Su estructura circular estaba formada por vueltas concéntricas trabajadas con ganchillo. A partir de un pequeño centro, la pieza iba creciendo mediante aumentos distribuidos regularmente para conservar la forma plana. Las vueltas más compactas se alternaban con zonas abiertas y puntos alargados, creando un dibujo radial. El borde terminaba en pequeños salientes decorativos que daban movimiento al conjunto.

Junto a la alfombra de color natural había otra pieza en la que el yute se combinaba con hilo rosado. La mezcla suavizaba visualmente la rusticidad de la fibra y demostraba que un material tradicionalmente relacionado con sacos, cuerdas y tejidos bastos puede convertirse también en un objeto doméstico de gran belleza.

El yute es una fibra vegetal obtenida de los tallos de distintas especies del género Corchorus. Por su resistencia y grosor se ha empleado especialmente en cuerdas, bolsas, alfombras y tejidos de embalaje. En estas labores de Chite, sin embargo, aparecía reinterpretado desde una sensibilidad contemporánea y artesanal.

El ganchillo o croché utiliza una sola aguja terminada en gancho. Con ella se conduce un hilo continuo formando cadenetas, puntos tupidos y espacios calados. Esa sucesión de lazadas permite crear desde encajes muy finos hasta alfombras gruesas como las realizadas con yute.

🤍 Dora de Melegís: mantelerías, toallas y tres formas de calar la tela

Dora, de Melegís, presentó un conjunto especialmente amplio: una mantelería, tres toallas, tres calados diferentes, un cojín adornado con encajes, una mantelería destinada al altar mayor y otra de doce cubiertos trabajada con hilo de ovillo.

En estas piezas dominaba el llamado bordado blanco, en el que el hilo y la tela comparten prácticamente el mismo color. La decoración no depende entonces del contraste cromático, sino de la textura, el relieve y la transparencia. La luz descubre los motivos conforme se desplaza sobre la superficie.

Las mantelerías combinaban grandes zonas lisas con bandas de encaje, vainicas y deshilados. Algunas franjas se introducían dentro del propio tejido, formando verdaderos entredoses; otras recorrían los bordes y terminaban en puntillas dentadas.

Los tres calados mostraban que no existe una única manera de abrir y reorganizar la tela. En algunos se habían retirado hilos en una dirección para formar estrechas líneas transparentes. En otros, la extracción afectaba tanto a la trama como a la urdimbre, originando cuadrículas mayores. Las hebras que permanecían se agrupaban, anudaban o recubrían hasta construir pequeñas columnas, cruces, redes y dibujos geométricos.

El deshilado se realiza retirando determinados hilos de la trama o de la urdimbre. Los huecos resultantes se refuerzan y decoran con puntadas, de modo que el vacío no destruye el tejido, sino que se convierte en parte del diseño. Cuando se sacan pocos hilos y los restantes se agrupan formando pequeñas columnas, la labor recibe habitualmente el nombre de vainica.

En los bordados calados, los bordes de las zonas abiertas deben asegurarse, normalmente mediante puntos muy apretados o de festón. Después pueden tenderse nuevas hebras para crear puentes, redes y figuras dentro del espacio recortado o deshilado.

La mantelería para el altar mayor recordaba, además, la estrecha relación existente entre el bordado y el patrimonio religioso. Durante generaciones, muchas mujeres confeccionaron manteles, paños, corporales, cortinas y prendas litúrgicas para las iglesias de sus pueblos, casi siempre de manera anónima.

🕊️ Una mantelería de doce cubiertos y la arquitectura de las esquinas

La mantelería de doce cubiertos mostraba una composición muy ordenada. Las bandas decorativas se distribuían siguiendo los lados del mantel y se encontraban en las esquinas con gran precisión.

En este tipo de trabajos, las esquinas constituyen uno de los momentos más delicados. No basta con doblar la tela: hay que calcular las medidas, cortar sin exceso, plegar los márgenes y hacer coincidir los encajes o las vainicas para que el dibujo continúe sin interrupciones.

Las denominadas esquinas dobles o ingletadas esconden los bordes sin rematar y forman una diagonal limpia. Cuando están bien ejecutadas, el encuentro parece sencillo; pero detrás de esa sencillez hay medición, geometría y mucha experiencia.

🌸 Tres generaciones de mujeres de Talará

Uno de los conjuntos con mayor profundidad familiar fue el presentado por Mari Carmen León, de Talará.

Las labores procedían de ella misma, de su madre, Mari Carmen Heredia Machado, y de la abuela de su madre, Carmen Machado. Tres generaciones reunidas alrededor de pañolillos, encajes, flores, bordados en relieve y pequeños retales destinados a las muñecas.

Aquellos retales resultaban especialmente evocadores. Eran fragmentos diminutos de tela que reproducían, a pequeña escala, las técnicas aprendidas por las mujeres adultas. Algunos estaban decorados con flores minúsculas, otros con puntos de cruz o remates de colores.

Las niñas podían comenzar practicando sobre piezas pequeñas y, al mismo tiempo, utilizar esos retales para vestir o adornar sus muñecas. Juego y aprendizaje se mezclaban así en una misma actividad.

🌼 La florecilla del minuto

Entre las labores se habló de la llamada «florecilla del minuto».

Más que el nombre académico de un único punto, parece ser una denominación popular empleada para pequeños motivos florales de ejecución rápida. A partir de un punto central se distribuyen pétalos mediante lazadas, puntadas rectas o pequeños puntos radiales.

Su aparente sencillez la convertía en un ejercicio apropiado para quienes comenzaban a bordar. Permitía aprender a controlar la tensión del hilo, mantener la misma longitud en los pétalos y repetir el motivo de manera regular.

Una flor podía realizarse rápidamente.

Pero varias flores alineadas sobre un pañuelo o una prenda exigían constancia, proporción y buen pulso.

🧵 El encaje de bolillos: cruzar y torcer los hilos

Mari Carmen León presentó también trabajos de encaje de bolillos.

Esta técnica se realiza sobre una almohadilla o mundillo en el que se coloca el patrón. Los hilos se enrollan en pequeños bolillos de madera y se entrecruzan siguiendo el dibujo, mientras los alfileres mantienen la labor en su posición.

La combinación repetida de cruces y vueltas va formando mallas, hojas, flores, abanicos y bandas ornamentales. El resultado puede utilizarse como puntilla exterior o insertarse entre dos piezas de tela.

El encaje es una técnica sin telar basada en entrecruzar y entrelazar hilos para formar zonas tupidas y caladas. En España, sus principales formas tradicionales han sido el encaje a la aguja, el encaje de bolillos y las técnicas mixtas. La palabra «encaje» parece relacionarse precisamente con su antiguo uso como elemento colocado o «encajado» entre dos telas.

La minuciosidad de los bolillos explica por qué estas piezas podían requerir semanas o meses de trabajo. Cada alfiler marcaba un punto del recorrido y cada movimiento debía respetar el orden necesario para que el encaje conservara su forma.

✨ Flores que se levantan sobre la tela

El conjunto de Talará incluía también muestras de bordado en relieve.

En ellas, los pétalos, hojas y tallos se elevaban sobre el tejido. Para conseguir ese volumen pueden superponerse varias capas de puntadas o colocarse previamente un pequeño relleno que después se recubre con el hilo definitivo.

El bordado de realce se caracteriza precisamente porque el motivo destaca físicamente sobre el fondo. El volumen puede obtenerse mediante pisos superpuestos de puntadas o incorporando bajo el bordado fragmentos de tela u otros materiales flexibles.

Al pasar los dedos cerca de estas labores —sin dañar la pieza— se percibe que el dibujo no es solamente visual. También posee una dimensión táctil.

La flor no está únicamente dibujada: está construida sobre la tela.

🪡 Paquita Chinchilla de Chite: croché, centro de mesa y cojín

Paquita Chinchilla, de Chite, presentó labores de croché, un centro para la mesa, bordados y un cojín.

Los centros realizados a ganchillo partían igualmente de una forma circular y crecían mediante sucesivas vueltas. Los espacios abiertos alternaban con zonas más densas, formando rosetones y cenefas.

En este tipo de piezas, cada vuelta depende de la anterior. Si faltan aumentos, el tejido se curva hacia arriba; si sobran, comienza a ondularse. Conseguir que el centro permanezca plano exige experiencia y una distribución precisa de los puntos.

El cojín combinaba utilidad y ornamento. No era únicamente una funda para proteger un relleno, sino una superficie preparada para recibir encajes, bordados, iniciales o flores.

👩‍👦 Encarna Gutiérrez: la memoria familiar de los años sesenta y setenta

Uno de los momentos más emotivos de la tarde llegó con la intervención de Encarna Gutiérrez, de Melegís, madre de Raúl Molino Gutiérrez.

Encarna llevó labores de hilo, piezas de  la viuda de Torrás, trabajos con encaje introducido dentro de la tela, una esterilla, bordados realizados con madeja y puntilla, sábanas de hilo, fundas de almohada, servilletas y labores de punto de cruz.

Buena parte de estos trabajos fueron realizados durante las décadas de 1960 y 1970.

Raúl se acercaba a las piezas no solamente como investigador, sino también como hijo. Preguntaba, escuchaba y observaba unas labores que formaban parte de su propia historia familiar.

Ese encuentro resumía perfectamente el sentido del proyecto: una investigación académica que no se construye desde la distancia, sino desde el diálogo con las mujeres y desde el reconocimiento de su experiencia.

🛏️ Sábanas de hilo y fundas para la almohada

Las sábanas y fundas presentadas por Encarna destacaban por la combinación de varias técnicas.

Había bandas de encaje insertadas dentro del tejido, puntillas anchas en los extremos, vainicas rectas y motivos florales bordados en blanco. En algunas fundas, la decoración recorría el embozo, la parte de la sábana que se dobla y queda visible sobre la cama.

Una de las piezas incorporaba la palabra «Abuela», bordada en relieve y rodeada por una amplia composición de encajes. La palabra convertía la ropa de cama en algo más que un objeto doméstico: era una dedicatoria familiar tejida para perdurar.

El encaje podía actuar como entredós, es decir, como una banda situada entre dos fragmentos de tela, o como puntilla, colocada en el extremo de la pieza. Aunque ambas funciones comparten la misma técnica de entrelazado, el efecto visual es distinto: el entredós abre una ventana interior; la puntilla prolonga y embellece el borde.

🧶 Hilo de madeja, ovillo y puntillas

Las palabras utilizadas por las propias bordadoras son también una parte importante del patrimonio.

No todo se nombraba con el vocabulario de los manuales. Se hablaba del hilo de madeja, del hilo de ovillo, de la puntilla, de la esterilla, del calado, del realce o de la florecilla. Cada término remitía a una forma concreta de comprar, guardar o trabajar el material.

La madeja permite separar las hebras y escoger el grosor deseado. El ovillo facilita un hilo continuo para labores extensas. La elección depende del tejido, del punto y del efecto que se desea conseguir.

En los trabajos blancos, el hilo podía ser fino y casi imperceptible. En los bordes de ganchillo, en cambio, debía poseer cuerpo suficiente para sostener la forma.

❎ El punto de cruz: contar para dibujar

También se presentaron labores de punto de cruz, con flores, hojas, ramas y motivos policromados.

La técnica se construye mediante pequeñas cruces repetidas sobre una tela de trama regular. Cada cruz ocupa un espacio equivalente y actúa como una unidad del dibujo, de manera semejante a los cuadrados de una cuadrícula.

La bordadora cuenta los hilos y cambia de color siguiendo un patrón. Visto de cerca, el motivo parece fragmentado en diminutas equis; al contemplarlo a cierta distancia, las cruces se unen visualmente y forman flores, tallos y cenefas.

En algunas piezas, los colores verdes, rojos, azules y rosados destacaban sobre el fondo blanco. En otras, el punto de cruz aparecía en pequeñas flores colocadas sobre pañuelos o retales.

🧺 Una mantelería que también puede vestir un altar

La presencia de una mantelería para el altar mayor recordaba que los textiles domésticos y religiosos estuvieron estrechamente relacionados.

Las mismas técnicas utilizadas para embellecer una cama o una mesa podían aplicarse a los paños de una iglesia. La diferencia se encontraba en el uso, las dimensiones y, a veces, en los motivos elegidos.

Las labores destinadas al altar solían buscar limpieza, simetría y solemnidad. El blanco adquiría una función simbólica, mientras las puntillas y los calados permitían que la luz atravesara el tejido.

Muchas de estas obras fueron entregadas a las parroquias sin que quedara constancia documental del nombre de sus autoras. Por eso resulta tan importante recoger ahora los testimonios cuando todavía es posible identificar a las mujeres y las familias que las confeccionaron.

🧠 Las manos también conservan conocimiento

Durante la jornada comprobé que las mujeres recordaban movimientos que quizá resultaban difíciles de explicar únicamente con palabras.

Sabían cuánto hilo debía tensarse.

Sabían dónde había que retirar una hebra.

Sabían cómo sujetar una esquina para que no se deformara.

Sabían reconocer cuándo una puntada estaba demasiado floja o cuándo un encaje no conservaría la forma.

Ese conocimiento se encuentra en las manos, en la mirada y en la repetición. Es un saber práctico que durante generaciones se transmitió observando a otra mujer trabajar.

La investigación de Raúl Molino Gutiérrez permitirá que una parte de ese conocimiento quede documentada, pero el proyecto ha demostrado también que los textiles no pueden estudiarse aislados de las personas.

Una pieza necesita medidas, materiales y fotografías.

Pero necesita igualmente una voz que diga:

«Esto lo hizo mi madre».

«Este punto me lo enseñó mi abuela».

«Esta sábana se preparó para una boda».

«Con estos retales vestíamos a las muñecas».

🌿 De Melegís, Talará y Chite a la memoria del Valle

La segunda jornada de «Ajuar» reunió labores procedentes de Melegís, Talará y Chite, pero su significado alcanza a todo el Valle de Lecrín.

En los pueblos de la comarca, muchas mujeres realizaron trabajos semejantes. Algunas bordaron para preparar su ajuar. Otras lo hicieron para ayudar a sus hijas, ganar algún dinero, vestir una iglesia o embellecer la casa.

Cada pueblo pudo desarrollar preferencias, nombres y maneras propias de resolver una labor. Incluso dentro de una misma familia podían convivir técnicas distintas.

Esta diversidad convierte el bordado en una fuente histórica.

A través de una mantelería podemos conocer los gustos de una época.

A través de una funda podemos descubrir el nombre de una persona.

A través de un retal podemos comprender cómo aprendían las niñas.

A través de una sábana podemos seguir la memoria de varias generaciones.

❤️ El verdadero significado de «Ajuar»

Al finalizar las dos jornadas, la palabra ajuar había adquirido un sentido mucho más amplio.

El ajuar no era solamente el conjunto de prendas que una mujer preparaba para su matrimonio o para su hogar.

Era también una forma de educación.

Un lenguaje compartido.

Una medida de paciencia.

Una herencia entre mujeres.

Un archivo familiar que, en muchas ocasiones, no estaba escrito en ningún papel.

Durante dos tardes, las mesas del Aula de la Naturaleza de Chite reunieron alfombras de yute, mantelerías, pañuelos, cojines, sábanas, toallas, encajes y pequeños fragmentos de tela. Pero, sobre todo, reunieron a las mujeres que podían devolverles su nombre y su historia.

Raúl Molino Gutiérrez y Pilar Soto Solier transformaron el espacio en un lugar de escucha, estudio y documentación. Las bordadoras hicieron el resto: abrieron sus arcas, desplegaron sus recuerdos y compartieron aquello que aprendieron de sus madres y abuelas.

Porque el patrimonio no se conserva únicamente restaurando edificios o protegiendo monumentos.

También se conserva cuando una mujer extiende una sábana sobre una mesa, señala una pequeña puntada y explica cómo se hacía.

Ese gesto sencillo mantiene unido el hilo entre el pasado y el futuro. 🧵🌿


📚 Fuentes y bibliografía

  • Ministerio de Cultura, Tesauros del Patrimonio Cultural de España: bordado, bordado de realce, bordado calado, deshilado, vainica, encaje y ganchillo.

  • Ministerio de Cultura, Tesauro de Materias: fibra de yute.

  • Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, documentación sobre el yute y otras fibras naturales duras.

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24 julio 2026

" Aguar": Los bordados del Valle de Lecrín vuelven a contar su historia


 

🧵 «AJUAR»: LOS BORDADOS DEL VALLE DE LECRÍN VUELVEN A CONTAR SU HISTORIA

La primera jornada celebrada en Chite reunió labores, prendas y recuerdos conservados por varias generaciones de mujeres

✍️ Por Miguel Ángel Molina Palma

Hay historias que no se escriben con tinta.

Se dibujan sobre una tela, se cuentan hilo a hilo y permanecen guardadas durante décadas en arcas, cómodas y armarios familiares. Son historias hechas de puntadas pequeñas, de manos pacientes, de tardes compartidas y de conocimientos que pasaron de madres a hijas casi sin necesidad de palabras. 🪡🌿

Hoy, jueves 23 de julio, he asistido en Chite a la primera jornada de «Ajuar. El arte del bordado en El Valle de Lecrín», un proyecto de investigación artística creado para recuperar, documentar y poner en valor el patrimonio textil conservado por las mujeres de nuestra comarca.

La actividad forma parte de la décima edición de la Residencia Artística José Guerrero y está dirigida por Raúl Molino Gutiérrez, con la coordinación de Pilar Manuela Soto Solier y Ana García López, además de la colaboración especial de la artesana durqueña Encarnita Berrio y de las asociaciones de mujeres del Valle de Lecrín. El proyecto nació con la intención de escuchar a las bordadoras, conocer sus procedimientos y construir un archivo vivo de estas labores antes de que desaparezcan.

Conviene aclarar que el encuentro no se desarrolla físicamente en la sede de la Residencia Artística José Guerrero. La exposición, las explicaciones y la documentación de las piezas tienen lugar en la parte alta de Chite, en el Aula de la Naturaleza, situada en la calle Antonio García Martín y conocida también como Casa de la Cultura.

🌿 Una sala convertida en archivo de la memoria

Al entrar, las mesas aparecían cubiertas de manteles, paños, prendas interiores, piezas de ajuar, bordados de colores, encajes, calados y labores blancas. No estábamos ante una exposición convencional, formada por objetos anónimos colocados detrás de una vitrina.

Cada pieza llegaba acompañada de una mujer que conocía su procedencia.

Unas labores habían sido realizadas por sus propietarias. Otras pertenecieron a sus madres o a sus abuelas. Algunas se confeccionaron para una boda; otras se destinaron a vestir una cama, proteger la ropa, guardar los peines o embellecer una casa. Junto al valor artístico aparecía siempre la historia familiar.

La jornada comenzó con una presentación de Raúl Molino Gutiérrez, quien explicó los objetivos de la investigación. Después fueron extendiéndose las prendas y los textiles sobre las mesas, mientras sus depositarias describían los puntos empleados, la forma de ejecución, el uso original y las circunstancias en que habían sido realizados.

Durante esta primera tarde se han mostrado piezas conservadas por Mari Carmen Garrido, conocida como Mari de la Lola, y por su madre; por Ascensión de Segundo; y por Mari Ángeles, de Mondújar, entre otras aportaciones. Mañana llegarán nuevos bordados y se incorporarán los testimonios de más mujeres del Valle de Lecrín.

🪡 Un gran muestrario de puntadas

Una de las piezas más llamativas ha sido un gran paño convertido en verdadero muestrario o dechado de bordados. Sobre su superficie convivían flores, animales, figuras, cenefas, iniciales, fechas y pequeños ejercicios de aprendizaje.

La fecha de 1984, bordada entre los motivos, recordaba que muchas mujeres aprendieron confeccionando paños de muestras. En ellos practicaban sucesivamente cada punto hasta dominarlo. El resultado era algo parecido a un cuaderno, aunque escrito con aguja e hilo.

Había motivos geométricos, flores realizadas mediante diferentes puntadas, figuras humanas, animales, pequeñas escenas y cenefas de colores. El paño permitía observar cómo una misma tela puede convertirse en un catálogo de posibilidades: punto de cruz, cadeneta, pasado, festón, realces, contornos, rellenos y labores de hilos contados.

El bordado es precisamente una técnica decorativa mediante la cual las puntadas forman dibujos sobre un soporte textil, con mayor o menor relieve. Dentro de esa denominación general existen numerosas variantes según la manera de contar los hilos, el tipo de puntada, los materiales utilizados y el efecto conseguido.

🔴 La geometría del punto yugoslavo

También pudimos contemplar una hermosa labor realizada sobre tela roja, decorada con hilo blanco y formada por estrellas, cruces y figuras geométricas repetidas. Se trata del conocido como punto yugoslavo, llamado también en algunos manuales punto de llama.

Esta labor se realiza sobre tejidos de trama regular. La bordadora cuenta los hilos y distribuye puntadas rectas siguiendo un orden preciso. Al repetirse y cruzarse, las puntadas forman cenefas, rombos, estrellas y composiciones geométricas. El contraste entre el fondo rojo y el hilo blanco acentuaba la limpieza del dibujo.

El punto yugoslavo fue utilizado con frecuencia para decorar manteles, servilletas, caminos de mesa, paños y otros textiles domésticos. Su aparente sencillez exige, sin embargo, regularidad, atención y una tensión constante del hilo para que todos los motivos conserven las mismas proporciones.

Otras piezas mostraban cenefas policromadas construidas igualmente mediante puntadas contadas. Los hilos azules, verdes, anaranjados y rojos componían bandas decorativas que alegraban los bordes de paños y mantelerías.

🕊️ Pájaros, flores y escenas bordadas

En otra de las labores, las ramas se llenaban de hojas verdes y aves de vivos colores. El dibujo estaba formado principalmente mediante punto de cruz, creando cada figura a partir de pequeñas equis sucesivas.

La regularidad de la tela permite contar las puntadas y traducir un dibujo en una cuadrícula. Así se construyen poco a poco las alas, los plumajes, los tallos y las hojas. Vistos de cerca, los motivos son una suma de cruces; contemplados a cierta distancia, se convierten en pájaros posados sobre las ramas.

Este tipo de decoración demuestra cómo los textiles domésticos no se limitaban a cumplir una función práctica. También llevaban al interior de las casas jardines imaginarios, flores, animales y colores que transformaban manteles, sábanas y paños en verdaderas composiciones artísticas.

✨ Calados, vainicas y transparencia

Las mantelerías blancas permitieron conocer algunas de las labores más delicadas de la tarde. En ellas aparecían vainicas, deshilados y calados, combinados con encajes insertados en el propio tejido.

La vainica se obtiene retirando algunos hilos de la tela y agrupando después con la aguja las hebras que permanecen. De esta manera se forman pequeñas columnas regulares y líneas transparentes que sirven tanto para adornar como para rematar dobladillos o delimitar composiciones. El Tesauro del Patrimonio Cultural de España define la vainica como un deshilado en el que las hebras se agrupan y sujetan mediante puntadas y anudados.

Especial interés tuvo el calado canario, una técnica que requiere preparar la tela, asegurar sus bordes, retirar determinados hilos y colocar la pieza sobre un bastidor. Después se atan y entrelazan las hebras restantes hasta formar dibujos geométricos, flores y espacios transparentes.

No se trata simplemente de abrir agujeros en la tela. El vacío debe construirse y sujetarse cuidadosamente para que la pieza no pierda su forma. La elaboración tradicional incluye el marcado, el deshilado, la colocación en el telar y el agrupamiento de los hilos hasta crear el diseño previsto.

Junto a los calados aparecían también bordes realizados a ganchillo. Con una sola aguja provista de gancho y un hilo continuo se van formando cadenetas, mallas, flores y dibujos abiertos. En algunas mantelerías, el ganchillo rodeaba completamente la pieza; en otras, se combinaba con vainicas y encajes interiores.

🤍 El arte del bordado blanco

Muchas de las labores compartían una característica: estaban bordadas con hilo blanco sobre tela blanca. Su belleza no dependía del contraste de color, sino de la luz, la textura y el relieve.

Los motivos florales podían formarse mediante puntos planos, cordoncillos, bodoques o pequeños rellenos. Cuando el dibujo se levanta sobre el fondo hablamos de bordado de realce. Para conseguirlo se superponen puntadas o se prepara una base que aporta volumen antes de cubrirla con el hilo definitivo.

Este trabajo aparecía especialmente bien representado en una delicada peinera, una funda destinada a guardar los peines. La pieza estaba adornada con flores, vainicas y una mariposa bordada, junto a las palabras «Su peinera».

Estos pequeños objetos domésticos revelan hasta qué punto se cuidaban los detalles del ajuar. Incluso un utensilio cotidiano merecía una funda confeccionada y decorada expresamente para él.

También se presentaron peinadores, aquellos lienzos o prendas que se colocaban alrededor del cuello y sobre los hombros para proteger el vestido mientras una persona era peinada, así como sayas y otras piezas de indumentaria femenina.

👗 Enaguas, encajes y ropa interior tradicional

Entre los textiles sobresalían varias enaguas clásicas, prendas interiores que se vestían debajo de la falda o del vestido. Estaban confeccionadas en tela blanca, con cuerpos sencillos, amplios frunces y bandas de encaje o entredós.

El entredós permitía unir dos partes de tela y, al mismo tiempo, introducir una franja ornamental transparente. En algunas prendas aparecía rodeando la cintura; en otras separaba el cuerpo de la parte inferior o decoraba el borde.

Las colecciones del Museo del Traje conservan enaguas de algodón guarnecidas con bordados, encajes, pasacintas, pliegues y volantes, elementos muy semejantes a los empleados en la ropa interior tradicional presentada en Chite.

Estas prendas no fueron concebidas para ser contempladas públicamente, pero recibían un cuidado extraordinario. Ese trabajo escondido habla también de una estética íntima: la belleza no se reservaba solamente para lo que los demás podían ver.

👰 El vestido de novia de Mari Carmen Garrido

Una de las piezas centrales de la exposición ha sido el vestido de novia de Mari Carmen Garrido, Mari de la Lola.

De color blanco, con manga larga y una silueta que cae hasta el suelo, conserva un cuerpo superior cuidadosamente ornamentado. El cuello y los hombros presentan aplicaciones, cordoncillos y pequeños brillos, mientras una flor de tela completa la decoración del delantero.

No era solamente un vestido.

Era el recuerdo material de un día concreto, de una familia y de una etapa de la vida. Al contemplarlo, se entendía perfectamente el sentido profundo del proyecto. El patrimonio textil no está formado únicamente por técnicas. Está hecho también de emociones, celebraciones y biografías.

📸 Documentar antes de que se pierda

Una parte fundamental de la jornada ha sido la documentación fotográfica. Se preparó un fondo y un equipo de iluminación para registrar las piezas y retratar a algunas de sus depositarias sosteniendo los bordados.

Este gesto posee una enorme importancia.

Durante mucho tiempo, las labores textiles domésticas quedaron fuera de los relatos oficiales del arte. Se consideraban trabajos menores, entretenimientos femeninos o simples objetos de uso cotidiano. Sin embargo, los museos y los estudios actuales reconocen cada vez más que los tejidos permiten investigar la creatividad, la vida doméstica, la transmisión del conocimiento, el trabajo de las mujeres y la identidad de las comunidades.

Fotografiar una pieza, identificar a su autora, anotar su procedencia, registrar el nombre local de la técnica y escuchar la historia familiar que la acompaña es una manera de protegerla.

Porque una labor sin su historia es solamente una tela hermosa.

Pero una labor acompañada del nombre de la mujer que la realizó, del pueblo donde se conservó y del motivo por el que fue confeccionada se convierte en patrimonio.

🧶 Mañana continuará el encuentro

La segunda jornada de «Ajuar. El arte del bordado en El Valle de Lecrín» se celebrará mañana, viernes 24 de julio, nuevamente en el Aula de la Naturaleza o Casa de la Cultura de Chite, entre las 19:00 y las 21:00 horas.

Se incorporarán bordados de otras mujeres y pueblos de la comarca, continuarán las explicaciones y se ampliará la documentación de técnicas, prendas y testimonios.

La entrada y la participación son libres y gratuitas hasta completar el aforo.

Hoy, en Chite, no solo se han extendido manteles, enaguas, peinadores y vestidos sobre unas mesas.

Se ha desplegado una parte de la historia del Valle de Lecrín.

Una historia construida por mujeres que aprendieron a contar hilos, a corregir una puntada, a tensar la tela y a tener paciencia. Mujeres que bordaron para sus casas, para sus hijas, para sus bodas y para el futuro, aunque quizá nunca imaginaron que aquellas labores terminarían siendo contempladas como lo que realmente son:

obras de arte, documentos familiares y patrimonio vivo de nuestra comarca. 🧵🌿


📚 Fuentes y bibliografía

  • Chite recupera la memoria de El Valle de Lecrín gracias a «Ajuar», El Comarcal de Lecrín, 10 de julio de 2026.
  • Ministerio de Cultura de España, Tesauros del Patrimonio Cultural de España: bordado, vainica, ganchillo, encaje y bordado de realce.
  • Gobierno de Canarias, Calado tradicional y documentación sobre el proceso del calado canario.
  • Museo del Traje, Ministerio de Cultura, documentación sobre enaguas, bordados y encajes.

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