🧵 «AJUAR»: LOS BORDADOS DEL VALLE DE LECRÍN VUELVEN A CONTAR SU HISTORIA
La primera jornada celebrada en Chite reunió labores, prendas y recuerdos conservados por varias generaciones de mujeres
✍️ Por Miguel Ángel Molina Palma
Hay historias que no se escriben con tinta.
Se dibujan sobre una tela, se cuentan hilo a hilo y permanecen guardadas durante décadas en arcas, cómodas y armarios familiares. Son historias hechas de puntadas pequeñas, de manos pacientes, de tardes compartidas y de conocimientos que pasaron de madres a hijas casi sin necesidad de palabras. 🪡🌿
Hoy, jueves 23 de julio, he asistido en Chite a la primera jornada de «Ajuar. El arte del bordado en El Valle de Lecrín», un proyecto de investigación artística creado para recuperar, documentar y poner en valor el patrimonio textil conservado por las mujeres de nuestra comarca.
La actividad forma parte de la décima edición de la Residencia Artística José Guerrero y está dirigida por Raúl Molino Gutiérrez, con la coordinación de Pilar Manuela Soto Solier y Ana García López, además de la colaboración especial de la artesana durqueña Encarnita Berrio y de las asociaciones de mujeres del Valle de Lecrín. El proyecto nació con la intención de escuchar a las bordadoras, conocer sus procedimientos y construir un archivo vivo de estas labores antes de que desaparezcan.
Conviene aclarar que el encuentro no se desarrolla físicamente en la sede de la Residencia Artística José Guerrero. La exposición, las explicaciones y la documentación de las piezas tienen lugar en la parte alta de Chite, en el Aula de la Naturaleza, situada en la calle Antonio García Martín y conocida también como Casa de la Cultura.
🌿 Una sala convertida en archivo de la memoria
Al entrar, las mesas aparecían cubiertas de manteles, paños, prendas interiores, piezas de ajuar, bordados de colores, encajes, calados y labores blancas. No estábamos ante una exposición convencional, formada por objetos anónimos colocados detrás de una vitrina.
Cada pieza llegaba acompañada de una mujer que conocía su procedencia.
Unas labores habían sido realizadas por sus propietarias. Otras pertenecieron a sus madres o a sus abuelas. Algunas se confeccionaron para una boda; otras se destinaron a vestir una cama, proteger la ropa, guardar los peines o embellecer una casa. Junto al valor artístico aparecía siempre la historia familiar.
La jornada comenzó con una presentación de Raúl Molino Gutiérrez, quien explicó los objetivos de la investigación. Después fueron extendiéndose las prendas y los textiles sobre las mesas, mientras sus depositarias describían los puntos empleados, la forma de ejecución, el uso original y las circunstancias en que habían sido realizados.
Durante esta primera tarde se han mostrado piezas conservadas por Mari Carmen Garrido, conocida como Mari de la Lola, y por su madre; por Ascensión de Segundo; y por Mari Ángeles, de Mondújar, entre otras aportaciones. Mañana llegarán nuevos bordados y se incorporarán los testimonios de más mujeres del Valle de Lecrín.
🪡 Un gran muestrario de puntadas
Una de las piezas más llamativas ha sido un gran paño convertido en verdadero muestrario o dechado de bordados. Sobre su superficie convivían flores, animales, figuras, cenefas, iniciales, fechas y pequeños ejercicios de aprendizaje.
La fecha de 1984, bordada entre los motivos, recordaba que muchas mujeres aprendieron confeccionando paños de muestras. En ellos practicaban sucesivamente cada punto hasta dominarlo. El resultado era algo parecido a un cuaderno, aunque escrito con aguja e hilo.
Había motivos geométricos, flores realizadas mediante diferentes puntadas, figuras humanas, animales, pequeñas escenas y cenefas de colores. El paño permitía observar cómo una misma tela puede convertirse en un catálogo de posibilidades: punto de cruz, cadeneta, pasado, festón, realces, contornos, rellenos y labores de hilos contados.
El bordado es precisamente una técnica decorativa mediante la cual las puntadas forman dibujos sobre un soporte textil, con mayor o menor relieve. Dentro de esa denominación general existen numerosas variantes según la manera de contar los hilos, el tipo de puntada, los materiales utilizados y el efecto conseguido.
🔴 La geometría del punto yugoslavo
También pudimos contemplar una hermosa labor realizada sobre tela roja, decorada con hilo blanco y formada por estrellas, cruces y figuras geométricas repetidas. Se trata del conocido como punto yugoslavo, llamado también en algunos manuales punto de llama.
Esta labor se realiza sobre tejidos de trama regular. La bordadora cuenta los hilos y distribuye puntadas rectas siguiendo un orden preciso. Al repetirse y cruzarse, las puntadas forman cenefas, rombos, estrellas y composiciones geométricas. El contraste entre el fondo rojo y el hilo blanco acentuaba la limpieza del dibujo.
El punto yugoslavo fue utilizado con frecuencia para decorar manteles, servilletas, caminos de mesa, paños y otros textiles domésticos. Su aparente sencillez exige, sin embargo, regularidad, atención y una tensión constante del hilo para que todos los motivos conserven las mismas proporciones.
Otras piezas mostraban cenefas policromadas construidas igualmente mediante puntadas contadas. Los hilos azules, verdes, anaranjados y rojos componían bandas decorativas que alegraban los bordes de paños y mantelerías.
🕊️ Pájaros, flores y escenas bordadas
En otra de las labores, las ramas se llenaban de hojas verdes y aves de vivos colores. El dibujo estaba formado principalmente mediante punto de cruz, creando cada figura a partir de pequeñas equis sucesivas.
La regularidad de la tela permite contar las puntadas y traducir un dibujo en una cuadrícula. Así se construyen poco a poco las alas, los plumajes, los tallos y las hojas. Vistos de cerca, los motivos son una suma de cruces; contemplados a cierta distancia, se convierten en pájaros posados sobre las ramas.
Este tipo de decoración demuestra cómo los textiles domésticos no se limitaban a cumplir una función práctica. También llevaban al interior de las casas jardines imaginarios, flores, animales y colores que transformaban manteles, sábanas y paños en verdaderas composiciones artísticas.
✨ Calados, vainicas y transparencia
Las mantelerías blancas permitieron conocer algunas de las labores más delicadas de la tarde. En ellas aparecían vainicas, deshilados y calados, combinados con encajes insertados en el propio tejido.
La vainica se obtiene retirando algunos hilos de la tela y agrupando después con la aguja las hebras que permanecen. De esta manera se forman pequeñas columnas regulares y líneas transparentes que sirven tanto para adornar como para rematar dobladillos o delimitar composiciones. El Tesauro del Patrimonio Cultural de España define la vainica como un deshilado en el que las hebras se agrupan y sujetan mediante puntadas y anudados.
Especial interés tuvo el calado canario, una técnica que requiere preparar la tela, asegurar sus bordes, retirar determinados hilos y colocar la pieza sobre un bastidor. Después se atan y entrelazan las hebras restantes hasta formar dibujos geométricos, flores y espacios transparentes.
No se trata simplemente de abrir agujeros en la tela. El vacío debe construirse y sujetarse cuidadosamente para que la pieza no pierda su forma. La elaboración tradicional incluye el marcado, el deshilado, la colocación en el telar y el agrupamiento de los hilos hasta crear el diseño previsto.
Junto a los calados aparecían también bordes realizados a ganchillo. Con una sola aguja provista de gancho y un hilo continuo se van formando cadenetas, mallas, flores y dibujos abiertos. En algunas mantelerías, el ganchillo rodeaba completamente la pieza; en otras, se combinaba con vainicas y encajes interiores.
🤍 El arte del bordado blanco
Muchas de las labores compartían una característica: estaban bordadas con hilo blanco sobre tela blanca. Su belleza no dependía del contraste de color, sino de la luz, la textura y el relieve.
Los motivos florales podían formarse mediante puntos planos, cordoncillos, bodoques o pequeños rellenos. Cuando el dibujo se levanta sobre el fondo hablamos de bordado de realce. Para conseguirlo se superponen puntadas o se prepara una base que aporta volumen antes de cubrirla con el hilo definitivo.
Este trabajo aparecía especialmente bien representado en una delicada peinera, una funda destinada a guardar los peines. La pieza estaba adornada con flores, vainicas y una mariposa bordada, junto a las palabras «Su peinera».
Estos pequeños objetos domésticos revelan hasta qué punto se cuidaban los detalles del ajuar. Incluso un utensilio cotidiano merecía una funda confeccionada y decorada expresamente para él.
También se presentaron peinadores, aquellos lienzos o prendas que se colocaban alrededor del cuello y sobre los hombros para proteger el vestido mientras una persona era peinada, así como sayas y otras piezas de indumentaria femenina.
👗 Enaguas, encajes y ropa interior tradicional
Entre los textiles sobresalían varias enaguas clásicas, prendas interiores que se vestían debajo de la falda o del vestido. Estaban confeccionadas en tela blanca, con cuerpos sencillos, amplios frunces y bandas de encaje o entredós.
El entredós permitía unir dos partes de tela y, al mismo tiempo, introducir una franja ornamental transparente. En algunas prendas aparecía rodeando la cintura; en otras separaba el cuerpo de la parte inferior o decoraba el borde.
Las colecciones del Museo del Traje conservan enaguas de algodón guarnecidas con bordados, encajes, pasacintas, pliegues y volantes, elementos muy semejantes a los empleados en la ropa interior tradicional presentada en Chite.
Estas prendas no fueron concebidas para ser contempladas públicamente, pero recibían un cuidado extraordinario. Ese trabajo escondido habla también de una estética íntima: la belleza no se reservaba solamente para lo que los demás podían ver.
👰 El vestido de novia de Mari Carmen Garrido
Una de las piezas centrales de la exposición ha sido el vestido de novia de Mari Carmen Garrido, Mari de la Lola.
De color blanco, con manga larga y una silueta que cae hasta el suelo, conserva un cuerpo superior cuidadosamente ornamentado. El cuello y los hombros presentan aplicaciones, cordoncillos y pequeños brillos, mientras una flor de tela completa la decoración del delantero.
No era solamente un vestido.
Era el recuerdo material de un día concreto, de una familia y de una etapa de la vida. Al contemplarlo, se entendía perfectamente el sentido profundo del proyecto. El patrimonio textil no está formado únicamente por técnicas. Está hecho también de emociones, celebraciones y biografías.
📸 Documentar antes de que se pierda
Una parte fundamental de la jornada ha sido la documentación fotográfica. Se preparó un fondo y un equipo de iluminación para registrar las piezas y retratar a algunas de sus depositarias sosteniendo los bordados.
Este gesto posee una enorme importancia.
Durante mucho tiempo, las labores textiles domésticas quedaron fuera de los relatos oficiales del arte. Se consideraban trabajos menores, entretenimientos femeninos o simples objetos de uso cotidiano. Sin embargo, los museos y los estudios actuales reconocen cada vez más que los tejidos permiten investigar la creatividad, la vida doméstica, la transmisión del conocimiento, el trabajo de las mujeres y la identidad de las comunidades.
Fotografiar una pieza, identificar a su autora, anotar su procedencia, registrar el nombre local de la técnica y escuchar la historia familiar que la acompaña es una manera de protegerla.
Porque una labor sin su historia es solamente una tela hermosa.
Pero una labor acompañada del nombre de la mujer que la realizó, del pueblo donde se conservó y del motivo por el que fue confeccionada se convierte en patrimonio.
🧶 Mañana continuará el encuentro
La segunda jornada de «Ajuar. El arte del bordado en El Valle de Lecrín» se celebrará mañana, viernes 24 de julio, nuevamente en el Aula de la Naturaleza o Casa de la Cultura de Chite, entre las 19:00 y las 21:00 horas.
Se incorporarán bordados de otras mujeres y pueblos de la comarca, continuarán las explicaciones y se ampliará la documentación de técnicas, prendas y testimonios.
La entrada y la participación son libres y gratuitas hasta completar el aforo.
Hoy, en Chite, no solo se han extendido manteles, enaguas, peinadores y vestidos sobre unas mesas.
Se ha desplegado una parte de la historia del Valle de Lecrín.
Una historia construida por mujeres que aprendieron a contar hilos, a corregir una puntada, a tensar la tela y a tener paciencia. Mujeres que bordaron para sus casas, para sus hijas, para sus bodas y para el futuro, aunque quizá nunca imaginaron que aquellas labores terminarían siendo contempladas como lo que realmente son:
obras de arte, documentos familiares y patrimonio vivo de nuestra comarca. 🧵🌿
📚 Fuentes y bibliografía
- Chite recupera la memoria de El Valle de Lecrín gracias a «Ajuar», El Comarcal de Lecrín, 10 de julio de 2026.
- Ministerio de Cultura de España, Tesauros del Patrimonio Cultural de España: bordado, vainica, ganchillo, encaje y bordado de realce.
- Gobierno de Canarias, Calado tradicional y documentación sobre el proceso del calado canario.
- Museo del Traje, Ministerio de Cultura, documentación sobre enaguas, bordados y encajes.
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