🔬🌿💜 10 de Abril: Ciencia, Salud y Humanidad en el Valle de Lecrín 💜🌿🔬
Hoy, 10 de abril, el calendario nos recuerda tres realidades que hablan del progreso humano y del cuidado de la vida: el Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología, el Día Internacional de la Homeopatía y el Día Mundial del Síndrome de West.
Pero también en el Valle de Lecrín, mucho antes de los laboratorios modernos y de la medicina tecnológica, existieron ciencia, conocimiento y vocación de servicio.
Porque la ciencia no solo vive en los grandes centros de investigación.
También habita en la inteligencia práctica de los pueblos.
Aquí, en nuestra tierra, la tecnología ya corría hace siglos por las venas de la montaña convertida en agua:
por la histórica Acequia de los Arcos,
por el sabio Partidor de Agua de Nigüelas,
y por la fuerza hidráulica que movía molinos como el Molino de la Erilla, el Molino del Sevillano o el de las Alberquillas, ejemplos de una ingeniería popular que convirtió el agua en pan, harina y prosperidad.
La ciencia tuvo también rostro humano en médicos ejemplares recordados por generaciones de vecinos como profesionales entregados que llevaron la medicina a nuestros pueblos con vocación, cercanía y humanidad.
🩺 Nombres Propios de la Medicina en la Historia del Valle de Lecrín:
Profesionales que dejaron huella en la memoria de nuestros pueblos.
La historia sanitaria del Valle de Lecrín no puede entenderse sin recordar a algunos de aquellos médicos, practicantes y sanitarios que ejercieron su vocación en tiempos difíciles, cuando la medicina rural era mucho más que una profesión: era una forma de servicio y entrega a la comunidad.
Rogelio Vigil de Quiñones y Alfaro:
Médico rural en Talará y Chite entre 1886 y 1897, atendiendo también a vecinos de Mondújar y Acequias, fue una de las figuras más extraordinarias vinculadas a la medicina en el Valle. Posteriormente alcanzó fama nacional e internacional como uno de los célebres Últimos de Filipinas, donde destacó por su labor sanitaria durante el sitio de Baler, salvando numerosas vidas. Su paso por nuestra comarca constituye uno de los episodios más notables de la historia médica local.
🩺 Dr. Rejón Delgado (Padul):
Figura destacada de la medicina paduleña, el doctor Rejón Delgado forma parte de la memoria sanitaria de Padul como uno de aquellos médicos que ejercieron su labor con cercanía, prestigio profesional y profunda vocación de servicio. Su nombre permanece unido al recuerdo de una medicina de trato humano, en la que el médico conocía a cada familia, sus circunstancias y sus necesidades, siendo muchas veces consejero y apoyo moral además de facultativo. 🤝🏥
🩺 Don José Maldonado Jiménez:
Ejerció como médico rural entre 1925 y 1958, desarrollando durante más de tres décadas una intensa labor asistencial al servicio de los vecinos del Valle. Su prolongado ejercicio profesional lo convirtió en una de las figuras médicas más constantes y queridas de su tiempo, formando parte de aquella generación de facultativos que sostuvieron la sanidad rural española con escasos medios y una entrega absoluta a su vocación. 🌿💉📜
D. Fermín Álvarez (Padul):
Médico adelantado a su tiempo, recordado por incorporar en Padul un laboratorio de análisis clínicos y una pantalla de rayos X, algo extraordinario en un entorno rural de mediados del siglo XX. Su consulta representó un hito de modernización médica en la comarca.
D. Evaristo Pérez:
Uno de aquellos médicos rurales de enorme sacrificio que llegó a atender simultáneamente a vecinos de Dúrcal, Nigüelas y Cozvíjar durante las epidemias de gripe y viruela de comienzos del siglo XX, cuando los medios eran escasos y las urgencias constantes.
Antonio García Martín y Antonio García Garrido:
Médicos muy recordados y queridos en el Valle por varias generaciones de vecinos, símbolo de la medicina cercana, humana y vocacional que caracterizó a tantos profesionales rurales.
Juan Pérez Romero “Juanito Pérez”:
Practicante muy apreciado en Padul, figura esencial en la sanidad cotidiana de la época, cuando los practicantes desempeñaban funciones fundamentales en curas, inyecciones, urgencias y asistencia domiciliaria.
Un legado que merece ser recordado:
Cada uno de estos nombres representa una época en la que ejercer la medicina en el Valle de Lecrín significaba recorrer caminos de noche, atender partos en cortijos aislados, combatir epidemias sin apenas recursos y poner el deber por encima de la comodidad.
Su legado forma parte de la memoria sentimental e histórica de nuestra comarca.
Y la ciencia del Valle no pertenece solo al pasado.
Hoy continúa viva en profesionales como Cristina Fernández, bioquímica de Dúrcal, representante de una nueva generación de investigadores que proyectan el nombre del Valle de Lecrín en el ámbito científico contemporáneo.
Su trayectoria simboliza cómo el espíritu de conocimiento e innovación que antaño se manifestó en acequias, boticas y consultas rurales, sigue hoy latiendo en universidades, laboratorios y centros de investigación.
Y junto a ellos, en la memoria más íntima de nuestras familias, permanece el legado de aquellas mujeres que fueron ciencia, intuición y ternura al mismo tiempo: nuestras comadronas.
Mujeres como la legendaria Coma Soleá de Ízbor,
Doña Eloísa, María Jesús, Joaquina y Doña María de Padul,
Rosario de Melegís,
María Romero de Saleres,
María de Murchas,
y de forma muy especial María Gracia Garnica Ortega (1894–1971), de Restábal:
Partera, poetisa y humanista, María Gracia fue una mujer adelantada a su tiempo.
Aprendió a leer y escribir cuando muchas mujeres no tenían acceso a la educación, cultivó la poesía y el conocimiento, y asistió partos por todo el Valle con entrega absoluta, acudiendo a cortijos, cuevas y casas humildes a cualquier hora del día o de la noche.
Aceptaba a menudo como pago apenas un trozo de tocino, un retal de tela o simplemente la gratitud de la familia.
Ellas trajeron al mundo a generaciones enteras de valleños.
No solo alumbraban niños:
alumbraban esperanza.
💊 Las Boticas del Valle: Farmacéuticos que Cuidaron de Nuestros Pueblos.
El otro pilar silencioso de la medicina rural
Junto al médico, al practicante y a la comadrona, hubo otra figura esencial en la sanidad tradicional del Valle de Lecrín: el boticario.
Antes de la medicina moderna tal y como hoy la conocemos, la botica era mucho más que un establecimiento sanitario.
Era laboratorio, consulta improvisada, dispensario, centro de consejo y, muchas veces, refugio de confianza para quienes buscaban alivio a sus dolencias.
Entre las figuras más destacadas de nuestra comarca sobresale Hipólita Molina, histórica farmacéutica de Padul, heredera de una saga profesional y referente sanitario de su tiempo.
Su farmacia no solo abasteció de medicamentos a numerosas familias del municipio y de la comarca, sino que fue también un espacio de atención, escucha y ayuda en una época en la que el farmacéutico desempeñaba un papel mucho más cercano y humano que el meramente dispensador.
Junto a ella merece recuerdo María Antonia Rejón Delgado, farmacéutica titulada por la Universidad de Granada y regente de la farmacia de Hipólita Molina, ejemplo de la incorporación pionera de la mujer a la profesión farmacéutica en el medio rural granadino, en años en que ello aún era excepcional.
Y en la memoria más antigua del Valle permanece también la imagen de aquellos boticarios tradicionales que preparaban fórmulas magistrales a mano, mezclando polvos, jarabes, ungüentos y remedios bajo la tenue luz de sus reboticas.
Porque en aquellos tiempos, el farmacéutico no solo entregaba medicinas:
interpretaba recetas difíciles, calmaba inquietudes, aconsejaba remedios y, muchas veces, servía de primer auxilio antes incluso de la llegada del médico.
Su labor silenciosa fue también parte indispensable de la salud y de la historia cotidiana de nuestros pueblos.
Y hoy, ese mismo espíritu de cuidado y entrega continúa vivo en entidades como la Asociación VALE de Dúrcal, ejemplo del compromiso del Valle con las personas con discapacidad, la atención temprana y el apoyo a familias que afrontan realidades complejas como el Síndrome de West y otras enfermedades neurológicas.
Porque el progreso de un pueblo no se mide solo por sus carreteras o edificios,
sino por cómo cuida de sus más vulnerables.
Hoy celebramos la ciencia.
Pero también celebramos la sabiduría heredada.
La medicina con rostro humano.
La tecnología nacida del ingenio popular.
Y la solidaridad de quienes ponen su conocimiento al servicio de los demás.
Porque en el Valle de Lecrín,
la ciencia también tiene alma.
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