06 julio 2026

Escritura: Los dos limoneros de la torre de Ízbor


 ✍️ Escritura: Los dos limoneros de la torre de Ízbor.

​Cuentan en Ízbor que hubo un tiempo en que la torre no era todavía campanario 🔔, ni la iglesia tenía del todo olvidado el rumor de la antigua alquería.

​El pueblo vivía agarrado a las peñas ⛰️, con las casas unas sobre otras, como si cada familia hubiera buscado un hueco imposible entre la roca y el cielo ☁️. Abajo corría el río Ízbor 🌊, antiguo Río Grande, llevando hacia la costa el agua fría que bajaba de la sierra 🏔️. Arriba, junto a la iglesia, quedaban restos de una vieja torre nazarí 🏰, levantada para guardar a la gente en los días de miedo.

​Decían los más ancianos 👴👵 que aquella torre había servido de refugio, de atalaya y de memoria. En su sombra se había encendido también un horno antiguo 🔥, donde se cocía el pan del lugar. Nadie sabía ya con certeza qué había sido primero: si la torre, el horno o la pequeña iglesia que después dominó la plazuela. Pero todos sabían que aquel rincón de piedra tenía más historia que muchas casas juntas.

​Cuando llegaron los nuevos tiempos, los escribanos ✒️ comenzaron a medirlo todo: las hazas, los bancales, los macaberes 🪦, los olivos 🫒, los morales, los granados, las viñas 🍇 y hasta los árboles que caían sobre tierras de una iglesia u otra. Todo quedó puesto en papel, con nombres de censatarios, maravedís, reales y escrituras 📜.

​Pero hubo algo que el escribano anotó casi sin saber que estaba escribiendo una leyenda: dos limoneros situados por bajo del lugar de Ízbor y encima de la torre de la iglesia.

​Dos limoneros. 🍋🍋

Nada más.

​Y, sin embargo, los vecinos comenzaron a decir que aquellos árboles no eran como los demás.

​El primero 🍋, según contaban, había nacido de una semilla traída por una mujer morisca la última noche antes de abandonar su casa. La mujer no quiso llevarse oro ni ropa. Solo guardó en el puño unas semillas de limón y las dejó escondidas entre las piedras de la torre, diciendo:

​—Que al menos quede aquí algo que recuerde nuestra vida. 💔

​El segundo limonero 🍋, decían otros, brotó muchos años después, cuando cortaron pinos del monte 🌲 para reparar la iglesia. Uno de los hombres que bajaba la madera se detuvo junto a la torre, cansado, y clavó en la tierra una rama seca para apoyar el hatillo. A la mañana siguiente, la rama había reverdecido 🌱.

​Desde entonces, los dos limoneros crecieron mirando al río.

​Uno miraba hacia el pasado ⏳.

​El otro miraba hacia el porvenir 🌅.

​Cuando soplaba el viento de la sierra 🍃, las hojas del primero sonaban como voces antiguas: mujeres que hilaban seda 🧵, hombres que trabajaban los bancales, niños corriendo por la plazuela, pasos que subían hacia el horno con la masa preparada. Cuando soplaba el viento de la costa 🌊, el segundo limonero respondía con un aroma fresco, como si anunciara que Ízbor seguiría viviendo aunque cambiaran los dueños, las escrituras y los nombres de las tierras.

​Los mayores aseguraban que, en las noches de luna clara 🌕, si alguien se quedaba en silencio junto a la iglesia, podía oír tres sonidos mezclados: el agua del río 🌊, el crujido de la madera del viejo artesonado 🪵 y un leve chisporroteo, como de horno encendido 🔥.

​No era miedo lo que daba.

Era memoria. ✨

​También se decía que ningún vecino debía arrancar fruto de aquellos limoneros por codicia. Solo podía tomar un limón quien lo necesitara de verdad 🤲: una madre para curar a un hijo 🤒, una mujer para aliviar una fiebre, un caminante para calmar la sed 💧, un anciano para recordar el sabor de su infancia.

​El que arrancaba un limón sin necesidad encontraba dentro la pulpa amarga 🤢.

​El que lo tomaba con respeto hallaba en él un perfume limpio 🌟, capaz de llenar la casa entera.

​Pasaron los siglos ⏳. El horno dejó de usarse. La torre quedó medio escondida entre muros nuevos. Las escrituras durmieron en archivos. Los antiguos macaberes se confundieron con bancales y huertos. El Camino Real cambió de sitio. El puente viejo se quebró bajo la modernidad 🌉. Muchos vecinos se fueron.

​Pero Ízbor siguió allí, agarrado a sus peñas ⛰️.

​Y los limoneros 🍋🍋, aunque nadie recuerde ya si fueron exactamente aquellos mismos árboles o sus hijos, quedaron en la memoria del pueblo como dos guardianes silenciosos.

​Por eso dicen que Ízbor no se entiende solo mirando sus casas desde la carretera 🚗. Hay que acercarse despacio, escuchar el río 🌊, mirar la iglesia ⛪, buscar las piedras viejas de la torre y pensar en aquellos dos limoneros que el escribano dejó escritos para siempre.

​Porque hay pueblos que guardan su historia en los archivos.📜

Otros, en las campanas.🔔

Ízbor la guarda en la piedra, en el agua y en el olor de un limón abierto bajo la sombra de su torre. 🍋✨

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