🏔️ LOS HABICES DE LA IGLESIA DE ÍZBOR
Historia, patrimonio y memoria de la alquería bajo las peñas.
Hay pueblos que se aferran a la montaña como si hubieran crecido de ella. Ízbor es uno de ellos. Encaramado sobre los riscos que flanquean el río al que da nombre —el río Ízbor, el antiguo Río Grande que baja desde las nieves de Sierra Nevada hacia el Mediterráneo—, este pequeño lugar del Valle de Lecrín vive pegado a la piedra, con sus calles imposibles, sus casas superpuestas unas a otras, sus cobertizos y tinaos de tradición morisca que guardan el eco de siglos de vida aldeana. Asomarse a Ízbor desde la carretera es mirar un grabado medieval que el tiempo no ha querido borrar del todo. ⛰️🌊
La fuente principal de este artículo es el Capítulo X de la tesis doctoral de Lorenzo Luis Padilla Mellado, Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología (Universidad de Granada, 2010). Ízbor comparte con Pinos del Valle y Talará una peculiaridad documental notable: el Libro Becerro de los Bienes Habices (1547-1554) anota escuetamente, en el folio correspondiente a esta alquería, que "no se conocen bienes ningunos de la Yglesia y assí les está puesta demanda a los vecinos en la Real Chancillería ante el Secretario Cabrera". Un litigio que revela la resistencia de los vecinos a declarar las tierras que poseían desde tiempos de dominación musulmana. Sin embargo, años más tarde, esa misma documentación complementaria —las Escrituras de Censo conservadas en el Archivo Histórico del Arzobispado de Granada (Signatura 572-F, escrituras nº 448-453)— devuelve el inventario completo que el litigio había ocultado. 📜
🌿 Un nombre árabe entre las peñas
El topónimo Ízbor deriva del árabe إشبر (I¹bur / Íxbor), que puede interpretarse como "castillo de la torre" o "señal de la torre". Una etimología que cuadra perfectamente con la realidad: junto a la iglesia del lugar persisten, como fiel recuerdo de tiempos medievales, los restos de un paño de muralla y una torre de alquería de origen nazarí, de planta aproximada de cuatro por dos metros y medio, construida en mampostería de piedras pequeñas con sillares de toba en las esquinas para darle más robustez.
Estas torres de alquería —características del sistema defensivo nazarí del Valle de Lecrín— no eran grandes fortalezas, sino refugios de emergencia donde la población y el ganado podían ponerse a salvo en caso de ataque. La entrada solía situarse a nivel de la primera planta, bajo la cual se alojaba un aljibe que garantizaba el abastecimiento de agua durante el asedio. La torre de Ízbor conserva además, adosada a su fachada, los restos de una bóveda de ladrillo que un vecino del lugar identifica como los vestigios del antiguo horno que estuvo situado en ese mismo solar. Torre, horno e iglesia: tres usos superpuestos en el mismo rincón de piedra. 🏯
Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico (1845-1850), describe Ízbor como un lugar de 80 casas de mala construcción, calles estrechas y pendientes, con muy mal piso por las desigualdades y peñascos que en ellas se encuentran. Apenas hay llano más que el que forma su vega, hábilmente cultivada en sus 220 marjales de tierra. Su población en esa fecha era de 68 vecinos y 308 almas —algo más de 300 personas en un pueblo que hoy apenas supera el centenar de habitantes.
La barriada de los Acebuches, que marca el límite meridional de la comarca del Valle de Lecrín, fue en su día el punto de partida de la bajada hacia la costa: desde aquí, dejando en la orilla izquierda del río el lugar de Vélez de Benaudalla, se daba vista en poco tiempo a la portuaria ciudad de Motril. Ízbor fue siempre, pues, un pueblo de frontera: entre el Valle y la costa, entre el río y la sierra, entre la piedra y el agua.
⛪ La iglesia: de anejo en anejo hasta la independencia
En 1501 Ízbor fue adscrito, como anejo, a la parroquia de Béznar. Después pasó a ser anejo de Pinos del Valle. El informe del Arzobispado de 1621 lo describe con lacónica precisión: "el lugar de Pinos tiene un anejo de 5 vecinos, que se llama Ízbor. Dista de Pinos una legua. Tiene una iglesia pequeña sin Santísimo Sacramento ni pila bautismal." Un pueblo de cinco vecinos —apenas veinticinco personas— con una iglesia que no podía celebrar ni los sacramentos fundamentales: ni comunión, ni bautismo. Dependían para todo de la parroquia de Pinos del Valle, a una legua de camino de herradura.
A finales del siglo XVII, al menos entonces comienzan sus libros sacramentales propios, Ízbor constituyó por fin curato propio con Tablate como anejo. Una emancipación eclesiástica tardía y difícil, como todo en este pueblo aferrado a las peñas.
La Iglesia de Ízbor es sencilla de una sola nave de planta rectangular con una Capilla Mayor separada por un arco toral. La cabecera, donde se encuentra el altar mayor, es cuadrada y en sus tiempos tuvo una cúpula de crucería —hoy desaparecida en las obras de restauración—. El artesonado de madera es de par y nudillo con seis tirantes simples; en la cabecera muestra decoración geométrica, y los tirantes tienen canecillos en Y, elemento decorativo de clara tradición mudéjar. La torre, rectangular y austera, enmarca junto con la portada la fachada más fotografiada del pueblo. 🔔
🏭 Los molinos y la industria local
Entre los edificios fabriles documentados en Ízbor, el más conocido es el Molino de Chávez, que estuvo en funcionamiento hasta los años 50 del siglo XX. También se tiene noticia de un antiguo molino de aceite de sangre —movido por la tracción de una bestia— que aún conservaba en la época del estudio el aljibe para almacenar agua, la tinaja y los empedrados originales, así como un lagar rústico de construcción más reciente.
El Camino Real que con anterioridad a la construcción de la carretera actual pasaba algo más arriba, muy cerca de Pinos del Valle y la Venta de la Cebada, fue desviado en el siglo XIX hacia su trazado actual. A los pies del puente moderno construido en el reinado de Isabel II existe aún el pequeño puente derruido que permitía el paso a un camino de arrieros: otra traza de un pasado de tránsito y comercio que el hormigón del siglo XX enterró sin miramientos. 🛤️
🏚️ Los bienes urbanos: solar, macaberes y el horno litigioso
El inventario de bienes urbanos de Ízbor, reconstruido a partir de las Escrituras de Censo del Arzobispado, es el más reducido en número de todos los capítulos del Valle de Lecrín —reflejo fiel del tamaño del pueblo— pero extraordinariamente denso en detalles topográficos y humanos.
El solar de casa era de doce pasos de ancho por dieciocho de largo —una superficie de unos 417 metros cuadrados, siguiendo la equivalencia aproximada de 1,39 metros por paso que proporciona Espinar Moreno—. Lo poseía a censo Lope de Palma, con sus propias casas como lindero por un lado y las de Juan de Baena por el otro. El Libro Becerro confirma que Lope de Palma pagaba por este solar y otros bienes un censo de 798 maravedís anuales: la partida más alta de todos los censatarios de Ízbor.
Los tres macaberes son los bienes urbanos de mayor valor simbólico e histórico. El primero —grande y por abrir, de marjal y medio (788 m²)— tenía un granado grande y otros pequeños, más siete pies de olivos grandes y viejos con sus sitios de tierra, lindando con el camino que va a la Cuesta de la Cebada. Lo tomó a censo Benito de Jaén. El segundo —un marjal (525 m²), en el Camino que va a la Sierra— tenía en su canto seis olivos grandes de la Iglesia, un almez grande y un montecillo de algarrobos grandes alrededor; lo atravesaba por medio el propio camino, que lo partía en dos. Lo tomó a censo Antonio de Palma. El tercero —idéntico al primero en extensión y descripción— lo poseía a censo Bartolomé Martín.
Tres antiguos cementerios islámicos, tres nuevos poseedores cristianos, tres escrituras ante el mismo escribano en el mismo mes de septiembre de 1547. La geometría de la sustitución cultural reducida a su expresión más burocrática. 🪦
El horno del lugar merece mención especial. El Libro Becerro lo recoge en la partida de Bernabé de Baeza, que pagaba 42 reales de censo perpetuo al año —la cuantía más alta en dinero del capítulo—, según carta ante el escribano Francisco de Córdoba, fechada el 30 de octubre de 1555. La presencia del horno junto a los restos de la torre nazarí, en el mismo solar donde la bóveda de ladrillo aún asoma bajo el enlucido de la pared, sugiere una continuidad funcional que va más allá de la conquista: el horno estuvo ahí, con distintos dueños y distintas monedas, a lo largo de los siglos.
🌾 Las tierras de regadío: bancales sobre el río
Las tierras de regadío de la Iglesia de Ízbor suman 13 hazas, 1 bancal y 3 pedazos de tierra, con una superficie total de casi 0,99 hectáreas, distribuidas por los pagos de Alcotar, Remyle o Remire, Fideynabuyarin, Alguerza y el Pago del Río.
El rasgo dominante de todo el inventario es la presencia omnipresente del río Ízbor y sus barrancos como linderos. Casi ninguna haza escapa a la referencia fluvial: unas lindan con el río por la parte baja, otras tienen por encima la acequia que baja de la sierra, otras están "entre dos barrancos" o en la "orilla de un camino que va a la sierra". El agua es el protagonista silencioso de toda la geografía agraria de Ízbor.
Bartolomé Martín es el gran poseedor de tierras de regadío: toma a censo nada menos que ocho parcelas, que incluyen las dos hazas juntas en el pago llamado Laduachoz —lindando con tierras de Andrés de Santillán y con la Iglesia de Pinos del Rey—, una haza de tres marjales entre dos barrancos en el Pago del Río con dos olivos propios, una haza en el Pago Alguerza al otro lado del río de marjal y medio con un durazno, un girón de tierra de medio marjal en el Pago de Fideynabuyarin linde por todas partes con tierras de Juan de Moya, un pedazuelo con un moral y granadillos, y una haza con bancalejo y albarcoques, granados y almeces junto a un olivo en jorfel.
Lope de Palma poseía la haza más significativa en tierras de regadío: tres marjales (1.575 m²) que tenían por la parte baja un pedazo de viña, bancalillos y árboles frutales, un acebuche, granados y un álamo, siendo todos estos de la Iglesia de Tablate. Lindaba con el río, con la acequia, con el Camino que va a Tablate y con haza de Francisco Dávila. También tomó a censo dos hazas al pie de una cañada de barrancales y hazas embozadas, con dos matas de morales, lindando con el camino que baja al río.
Benito de Jaén reunía tres hazas de regadío: una de medio marjal en el Pago Alcotar con bancal y albarcoque, linde con la Sierra, el río, haza de Alonso Romero y tierras de Martín Dávila; una de marjal y medio por bajo de la iglesia con albarcoques y duraznos, linde con el río y haza de Francisco Dávila; y una ladera de bancales de riego con una era en la parte alta y algarrobos, linde con el Barranco y el Camino Real de Pinos —ese mismo camino cuya era pertenecía a Juan del Puerto.
Lorenzo el Viejo poseía la haza más rica en árboles: un marjal de riego con el agua que le pertenece, con una postura de moral en medio del haza, un olivo, seis morales más y muchos granados alrededor, linde con hazas de Andrés de Santillana y un macaber por abrir. Más un pedazo de tierra de cuarto de marjal anejo, con moral, troncón de olivo viejo, granados e higueras.
Juan de Baena tomó la haza en dos bancales de marjal y medio en el Pago Remyle con su granado, linde con peñas y un arroyo. 💧
🌿 Tierras de secano y viñedos: pinos para la iglesia
Las tierras de secano y viñedo de Ízbor son las que más sorprenden del inventario, porque entre ellas aparece una parcela de uso singular: un pedazo de tierra con muchos pinares de los que se han cortado pinos para la reparación de la iglesia, de una fanega de sembradura (6.440 m²). El bosque al servicio de la construcción sagrada: los pinos que sostuvieron el artesonado del templo salieron del término de Ízbor. La tomó a censo Benito de Jaén, con la acequia por una parte, el pinar de Juan de Moya por otra, un barranco y tierras y viña de Francisco Maldonado por la tercera, con la peculiaridad de que el documento señala expresamente que "se puede regar dicho pedazo de tierra", lo cual convierte esta parcela en un híbrido entre secano y regadío.
La haza de secano más extensa —dos fanegas de sembradura (12.878 m²), en el Pago Alintraricha— la tomó a censo Antonio de Palma, lindando con tierras de Juan de Moya, Juan de Bernal, Juan del Puerto y unas peñas.
Las dos viñas del inventario aparecen también vinculadas a los dos grandes censatarios de secano. Benito de Jaén tenía una viña en el Pago Fideynas, linde con viña de Juan de Moya, viña de Lorenzo el Beruji y el Camino de la Cuesta de la Cebada. Antonio de Palma poseía un pedazo de viña y monte en el Pago Garrayz, de una fanega de sembradura (6.440 m²), linde con viña de Diego Inbrán, viña de Juan de Moya y viña de Juan del Puerto, con olivos, alcornoques y otros árboles propios. 🌲🍇
🌳 El arbolado: olivos, morales y el algarrobo centenario.
El recuento arbóreo de la Iglesia de Ízbor, según el detalle del inventario, ofrece el siguiente censo:
39 olivos, 17 morales, 15 granados, 5 duraznos, 4 higueras, 3 almeces, 3 algarrobos, 3 albarcoques, 2 limones, 1 álamo y otros frutales sin especificar.
El predominio del olivo sobre el moral —al contrario que en Melegís y Restábal— confirma que Ízbor pertenecía a la zona de aceite del Valle, más que a la economía sedera. Y sin embargo, los morales están presentes en las hazas más valiosas, pegados a los macaberes y a los caminos de entrada al pueblo, como si la memoria de la seda se negara a desaparecer del todo.
Los dos limoneros que poseía a censo Lope de Palma merecen una mención especial por su ubicación: estaban "por bajo del dicho lugar de Ízbor y encima de la torre de la Iglesia", con un pedacillo de tierra propio. Dos limoneros asomándose sobre la torre del templo, mirando el río desde arriba: una imagen de extraordinaria concreción geográfica que el escribano fijó en papel para siempre.
El algarrobo centenario de los Acebuches —documentado en la fotografía que ilustra el capítulo— representa el símbolo arbóreo por excelencia de este término: resistente, longevo, pegado a la roca como el propio pueblo. 🫒🌿
Los olivos de Lorenzo el Viejo incluyen uno especialmente notable: un ejemplar de la Mezquita del lugar despoblado de Béznar y las tierras de Güajares —el único testimonio que el inventario de Ízbor da sobre ese pueblo vecino ya deshabitado en el siglo XVI— que cae sobre haza de Andrés de Santillana. Y un segundo olivo, grande, que es de la Iglesia de Pinos del Rey, también sobre tierras de Santillana. Una sola haza, dos iglesias distintas, un árbol cada una: la complejidad fiscal del sistema habice reducida a su mínima expresión.
📋 El Libro Becerro (1547-1554): el pleito y las partidas
El 28 de septiembre de 1547 —apenas seis días antes de que los escribanos cerraran el inventario de Ízbor— el escribano Alonso Ruiz dio fe de todas las escrituras de censo del lugar en una sola jornada intensa. Así lo confirman las fechas de las cartas de censo conservadas en el Arzobispado: todas del mismo día, mismo escribano, mismo año. Un día de trabajo que organizó el patrimonio habice de Ízbor para los siguientes dos siglos.
Las partidas del Libro Becerro, ordenadas por censatario y cuantía, son las siguientes:
Bartolomé Alatar — 594 maravedís anuales. La partida más extensa del inventario: un girón de tierra de medio marjal linde de Juan de Moya, una haza de secano de fanega y media entre dos barrancos en el Pago del Río con dos olivos propios, linde de Francisco de Baena y Gonzalo Hernández; otra haza de regadío de un marjal con albarcoque, granados y almeces, linde de Andrés de Santillán y Juan de Moya; y las dos hazas juntas en el Pago Algayda con higueras y cañaveral grande, linde de Francisco Dávila. Carta de censo ante Alonso Ruiz, 28 de septiembre de 1547.
Andrés Bergí — 22 reales anuales. Los dos morales grandes enfrente del horno del lugar y de la puerta de la iglesia, en medio de la plazuela; cinco olivos grandes en sus sitios de tierra entre unas peñas, linde de Andrés de Santillán; un olivo de la Iglesia de Pinos en su misma tierra; una haza de un marjal de riego con el agua que le pertenece, con postura de moral, un olivo y granados alrededor, linde de Santillán y un macaber por abrir; un pedazo de tierra de riego de cuarto de marjal con moral, troncón de olivo y granados, linde del macaber; y un algarrobo grande sobre la haza de Andrés de Santillán, encima del camino que baja al río.
Benito de Jaén — 1.038,5 maravedís anuales. El censatario más complejo del inventario, con partida que incluye regadío, secano, viña, macaber y árboles: haza de medio marjal en el Pago Alcotar con bancal y albarcoque, linde Sierra-río-Romero-Dávila; haza de marjal y medio por bajo de la iglesia; ladera de bancales con era y algarrobos; macaber grande de marjal y medio con granados y siete olivos viejos; viña en el Pago Fedeyna Abuyacen, linde de Juan de Moya y Lorenzo el Bergi; pedazo de pinar de fanega de sembradura; cinco olivos con uno de la Iglesia de Pinos del Rey sobre tierras de Santillán; y más olivos propios. Carta ante Alonso Ruiz, 28 de septiembre de 1547.
Juan de Baena — 55 maravedís anuales. Haza en dos bancales de marjal y medio en el Pago Remyl, con granado, linde peñas y arroyo; cuatro aceitunos encima de la haza con sus tierras en medio marjal; un olivo al otro lado del arroyo. Carta ante Alonso Ruiz, 28 de septiembre de 1547.
Lope de Palma — 798 maravedís anuales. Solar de casa de doce por dieciocho pasos, linde casas de Juan de Baena y del propio Lope de Palma; pedazo de viña con árboles, acebuche, granados y álamo de la Iglesia de Tablate, linde río-acequia-Camino de Tablate-haza de Francisco Dávila (escrita también como Francisco Duder o Francisco Dávila); dos hazas de tres y dos marjales; tres morales (uno junto al camino de entrada al pueblo, otro en huerta de Juan de Bernal, otro en haza encima de haza de Isabel de Baena); una mata de moral de cinco piernas en el Pago Frontica; tres matas de morales en tierras de Andrés de Santillán; cañada con granados y otros árboles, linde Juan de Moya y García de Palma; dos olivos en haza de Juan de Moya, linde de Diego Inbrán vecino de Lanjarón; un olivo en haza de Diego Inbrán; cuatro olivos más, uno de ellos en el camino de la Cuesta de la Cebada; dos limones sobre la torre de la iglesia. Carta ante Alonso Ruiz, 28 de septiembre de 1547.
Antón de Palma — 390 maravedís anuales. Haza de secano de dos fanegas en el Pago Almorayda, linde de Juan de Moya y Juan Bernal; viña de un marjal en el Pago Algorayz, linde de Diego Inbrán, Juan de Moya y Juan del Puerto; dos pedazos de haza, uno linde de Juan Rodríguez y Juan del Puerto, otro monte de fanega de sembradura; macaber de un marjal con seis olivos grandes; moral en huerta de Juan de Moya; olivo en haza propia linde Camino a Pinos. Carta ante Alonso Ruiz, 28 de septiembre de 1547.
Bernabé de Baeza — 42 reales anuales. El horno del lugar de Ízbor. Carta ante Francisco de Córdoba, 30 de octubre de 1555.
Lorenzo el Viejo — 148 maravedís anuales (Escritura de Censo nº 448). Los dos morales fronteros al horno en la plazuela; los cinco olivos entre peñas linde de Santillana; el olivo de la Mezquita de Béznar; la haza de un marjal con seis morales y granados; el pedazo de tierra de cuarto de marjal; el algarrobo sobre la haza de Lorenzo de Santillana. Escritura ante Alonso Ruiz, 22 de septiembre de 1547. 📜
✒️ Los escribanos
Dos escribanos dan fe de toda la actividad censal de Ízbor:
Alonso Ruiz — firma todas las escrituras de la jornada del 28 de septiembre de 1547 (Bartolomé Alatar, Juan de Baena, Andrés Bergí, Benito de Jaén, Lope de Palma, Antón de Palma) y la del 22 de septiembre del mismo año (Lorenzo el Viejo). Siete escrituras en seis días. El escribano del rey que levantó el inventario habice de medio Valle de Lecrín en un otoño de trabajo.
Francisco de Córdoba — firma la carta del horno de Bernabé de Baeza, datada ocho años más tarde, el 30 de octubre de 1555. La única escritura de Ízbor que escapa al gran inventario de 1547.
🌿 El apellido Palma en Ízbor: tres ramas de un mismo árbol
Para quien investiga la genealogía del Valle de Lecrín, el capítulo de Ízbor guarda una sorpresa de primera magnitud: el apellido Palma aparece aquí representado no por uno sino por tres personas distintas, en posiciones distintas del inventario.
Lope de Palma —el censatario de mayor cuantía, con 798 maravedís anuales y el solar de casa más grande documentado en Ízbor. Sus posesiones abarcan el solar, las tierras de regadío en el Camino de Tablate, los morales junto al camino de entrada al pueblo, los olivos en el Pago Aldayna y los dos limoneros sobre la torre de la iglesia.
Antonio de Palma (también Antón de Palma) —censatario de 390 maravedís por sus hazas de secano, viña y macaber en los pagos del término. Su haza propia aparece como lindero de un olivo de la iglesia: "un olivo en haza del dicho Antón de Palma, que alinda esta haza donde está éste olivo con el Camino que va a Pinos."
García de Palma —citado como lindero en las tierras de Lope de Palma: "una cañada de hazas embozadas con granados y otros árboles, que alinda con Juan de Moya por una parte y con haza de García de Palma por la otra." Un tercer Palma que poseía tierras en el término sin ser censatario directo del inventario habice.
Tres Palmas en Ízbor en 1547. El mismo apellido que aparece en Restábal en 1513 —Alonso de Palma, escribano—, en Chite en 1547 —Lope de Palma, censatario de macaber—, y en Lanjarón —Diego Hernández de Palma, el gran arrendatario de 30.000 maravedís—. Un apellido que se ramifica por todo el Valle de Lecrín como los morales en las hazas: con raíces profundas y ramas que no se dejan olvidar. 🌳
🌅 Lo que los habices de Ízbor nos dicen:
Ízbor es el pueblo más pequeño del Valle de Lecrín que aparece en el inventario habice de Padilla Mellado, y al mismo tiempo uno de los más ricos en detalles humanos. El pleito con la Real Chancillería que impidió al escribano del Libro Becerro levantar el inventario en 1547-1554, la jornada de escrituras del 28 de septiembre de 1547 en que Alonso Ruiz dio fe de seis contratos en un solo día, los pinos cortados para reparar la iglesia, los limoneros sobre la torre, el algarrobo centenario de los Acebuches: todo ello dibuja el retrato de una comunidad pequeña, resistente, aferrada a sus tierras entre las peñas y el río.
Bartolomé Alatar, Andrés Bergí, Benito de Jaén, Juan de Baena, Lope de Palma, Antón de Palma, Bernabé de Baeza, Lorenzo el Viejo: ocho nombres que el 28 de septiembre de 1547 pusieron su firma —o su marca, si no sabían escribir— para que el patrimonio de la antigua mezquita siguiera produciendo, ahora para la iglesia. Que no se pierda la memoria de Ízbor. ✨🏔️
📚 Bibliografía
PADILLA MELLADO, Lorenzo Luis (2010): Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología. Editorial de la Universidad de Granada. Granada. D.L.: GR 3009-2010. ISBN: 978-84-693-2571-1. [Capítulo X: Ízbor, pp. 579-615.]
Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín (1547-1554). AHAGr. Signatura Caja nº 44. Fols. 238r-245v. Apéndice Documental, Doc. nº 21, p. 136.
Escrituras de Censo de la Iglesia de Ízbor. AHAGr. Signatura 572-F. Escrituras nº 448-453. Apéndice Documental, Doc. nº 56, pág. 738.
MADOZ, Pascual (1845-1850): Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Andalucía, Granada. Estudio introductorio de J. Bosque Maurel. Granada, 1987, p. 218.
PADILLA MELLADO, L.; ESPINAR MORENO, M. (2007): Arquitectura Defensiva del Valle de Lecrín. Granada, pp. 81-86.
MARTÍN GARCÍA, Mariano; BLEDA PORTERO, Jesús; MARTÍN CIVANTOS, José María (1999): Inventario de Arquitectura Militar de la Provincia de Granada (ss. VIII al XVIII). Diputación de Granada. Granada, pp. 371-372.
ESPINAR MORENO, Manuel (1981): "Medidas de peso, capacidad y otras en las Alpujarras según los Libros de Habices". Cuadernos Geográficos de la Universidad de Granada, nº 11. Universidad de Granada. Granada, pp. 309-318.
SIMONET Y BACA, Francisco Javier (1982): Descripción del Reino de Granada bajo la dominación de los Naseritas. Ed. Atlas. Madrid (reimpr.), p. 139.
MARTÍNEZ RUIZ, Juan (2002): El lenguaje del suelo (Toponimia). Universidad de Jaén, p. 665.
LÓPEZ RODRÍGUEZ, Miguel A. (2002): Las Parroquias de la Diócesis de Granada (1501-2001). Arzobispado de Granada. Granada, pp. 269-270.
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