24 mayo 2026

Los Cristianos Viejos de Melegís: Los que se quedaron cuando el mundo se rompió


 🕊️ LOS CRISTIANOS VIEJOS DE MELEGÍS: LOS QUE SE QUEDARON CUANDO EL MUNDO SE ROMPIÓ

Quiénes eran, a qué se dedicaban y qué les pasó cuando los moriscos se alzaron

En enero de 1569, el Valle de Lecrín se incendió.

El levantamiento morisco llegó a Melegís con la misma brutalidad que al resto del reino de Granada. Los rebeldes del lugar de Nígueles entraron en el Valle, saquearon casas, quemaron registros, mataron a un escribano llamado Pilado y sus papeles ardieron con él. Los vecinos cristianos viejos huyeron despavoridos. «Salieron huyendo porque los moros no los matasen», dice el Apeo sin más adorno.

¿Cuántos eran esos cristianos viejos? El mismo Libro de Apeo lo confirma con una frase lapidaria: en Melegís, en tiempos de los moriscos, había 123 vecinos. Cuando el licenciado Jusepe Machuca llegó en 1572 para inventariar el desastre, solo quedaban 36.

El resto lo habían sido todo: moriscos expulsados, muertos, fugados. Pero ese pequeño puñado de 36 —o menos, porque algunos de los 36 eran repobladores recién llegados— había sobrevivido. Habían estado allí antes, durante y después del alzamiento. Habían convivido con los moriscos, habían comprado sus tierras, habían compartido sus molinos y sus hornos. Habían huido al monte cuando llegaron los rebeldes. Y habían vuelto.

Estos son sus rostros. 👁️

⚖️ FRANCISCO DE VALLES — El gran propietario. El socio del Madrabi.

El cristiano viejo más poderoso de Melegís

Ante todo, los hechos: Francisco de Valles era el cristiano viejo más rico e influyente de Melegís. No hay duda posible. El Libro de Apeo le dedica más folios que a ningún otro vecino no morisco.

Su historia en el lugar comienza antes incluso de él: fue su padre, Antón de Valles, quien se instaló en Melegís primero y comenzó a acumular propiedades. Francisco heredó esa base y la multiplicó durante décadas. Sus bienes —declarados por su viuda María de Herbas tras su muerte, en 1572— suman al menos 18 partidas:

🫒 Olivares y morales en varios pagos del término.

🍇 Viñas de riego en el Pago de Racalquería —que compró a la morisca Çeçilia Pérez por escritura de 1551—.

🌾 Haças de regadío en el Pago del Fondón, compradas a Pedro el Calati, morisco, en 1540.

🏠 Solares y casas en el casco del lugar.

🔥 Un horno de pan cuyo solar tomó a censo de la iglesia, que él mismo mandó construir en 1555 —«el dicho Francisco Valles lo labró»— en el solar de Alonso Darcali.

🌳 Una horteçilla con perales y albaricoques en el Pago de Guachalhafa, que había sido macaber —cementerio islámico— y que él y su padre poseían desde hacía más de cuarenta años.

🌙 Un antiguo cementerio islámico convertido en viña en el Pago de la Nagva: cuatro marjales a censo de la iglesia.

🌿 Haças a censo perpetuo de la iglesia de Múrchez —colindantes con el Río—.

🌱 Tierras de secano con almendros y acebuche en el Pago del Xoloc.

Pero lo más revelador de Francisco de Valles no es lo que tenía, sino cómo lo tenía y con quién lo compartía.

En 1555, compró al racionero Martín Romero —criado del arzobispo de Granada— una gran hacienda en Melegís y Lojuela por escritura pública. Esa hacienda incluía los dos hornos de pan del lugar, una huerta y parte de unas casas. El precio: ochocientos ducados. Una fortuna.

Pero Francisco de Valles no pagó los ochocientos solo. Pagó la mitad —cuatrocientos ducados— junto a Alonso el Madrabi, el más rico de los moriscos del pueblo. La hacienda quedó dividida: mitad para cada uno. Los dos hornos los compartieron durante años, partiéndose las harmas y las poyas —el pago en grano y en especie por usar el horno— hasta la última brizna de ceniza, literalmente: «entrel dicho Madrabi e Valles hasta la çeniça».

Francisco de Valles murió antes del alzamiento, o al poco de comenzar este. Su viuda, María de Herbas, se quedó con el negocio. Y con sus deudas. Y con sus pleitos. Y con las tierras que le reclamaron y las que no reclamó nadie. 💸

👩 MARÍA DE HERBAS — La viuda que no se quedó quieta

Empresaria, acusada y superviviente

La viuda de Francisco de Valles es uno de los personajes más vivos de todo el Apeo. No es un nombre al pie de una escritura. Es una mujer que actúa, reclama, defiende, acumula y es denunciada.

Muerta su madre Antón de Valles y difunto su marido Francisco de Valles, María de Herbas quedó al frente de uno de los patrimonios más extensos de Melegís. Y en cuanto el Madrabi murió —y con él la autoridad que mantenía el orden sobre las propiedades comunes—, María actuó con una velocidad que dejó al pueblo boquiabierto.

En los cuatro meses anteriores a la llegada del juez Machuca:

🌾 Sembró y aró las eras del Concejo —el espacio colectivo donde toda la comunidad trillaba su grano— con trigo.

🍊 Cogió el fruto de los naranjos de la huerta común.

🫒 Recogió la aceituna de los siete olivos que habían pertenecido al Madrabi.

🔥 Se hizo con la gestión de los dos hornos de pan, cobrando las poyas a los vecinos que iban a cocer.

El sacristán Hernando de Porres lo declaró ante el juez sin rodeos: «en el dicho lugar entre todos los veçinos se a murmurado mucho de que la dicha María de Herbas se aya entrado en los dichos bienes».

La murmuración del pueblo. La primera red social de la Historia. 📣

Machuca la citó. La requirió. Le dio plazos para justificar sus títulos. Ella presentó escrituras de algunas cosas —la compra de 1555, los censos de la iglesia— y no de otras. Para las que no tenía papel, alegó lo de siempre: que los registros los habían quemado los moros al tiempo del alzamiento.

El juez tomó posesión de los bienes del Madrabi para la Corona. María de Herbas tuvo que retroceder. Pero sigue siendo, en el Apeo, una figura imponente. 💪

🧓 JUAN LÓPEZ — El yerno de Valles. El comprador discreto

El hombre que siempre encontraba tierras que vender

Juan López era yerno de Francisco de Valles: se había casado con su hija, y la dote incluyó la mitad de una casa en el lugar de Melegís. La otra mitad la había comprado el propio Juan López a Alonso el Madrabi, en precio de —cree el morisco Bernabé de Baeza— ochenta ducados.

Sus bienes declarados ante el juez Machuca en febrero de 1572:

🏠 Una casa en el casco de Melegís —mitad por dote, mitad comprada al Madrabi.

🌿 Tres morales con su tierra —comprados al morisco Alonso de Carmona por cuatro o cinco ducados, «por acudir de la farda del rey» —.

🌾 Una haça de un marjal —comprada a un morisco de Lanjarón llamado Mayordomo, por precio que el propio Bernabé de Baeza ayudó a gestionar.

Este detalle es clave: Juan López le había pedido expresamente a Bernabé de Baeza que le avisara cuando supiera de alguna posesión que se vendiera. Era un comprador sistemático, metódico, a la espera. «El dicho Juan Lopez le abia rogado a este testigo desde antes, que quando supiese de alguna posesion que se bendiese se lo encaminase».

Un especulador inmobiliario avant la lettre. Compraba a moriscos que vendían por necesidad —para pagar la farda, el impuesto de la Corona—, a precios que no siempre quedaban escritos. 🏡

El juez Machuca le reclamó que mostrara títulos de tres de sus posesiones. Juan López no los presentó en el plazo dado, ni en varios días más. Machuca tuvo que notificarle de nuevo con testigos —Hernando de Córdoba y el beneficiado Pinedo— y darle un plazo perentorio final. Y además le recordó que debía quince ducados a un morisco de Lanjarón —el tal Mayordomo— por una finca que le había vendido. Que los pagara, o que presentara carta de haberlos pagado.

Juan López era yerno del hombre más rico del pueblo, comprador habitual de tierras moriscas, y vivía en una casa mitad dote mitad compra. Y no encontraba sus escrituras. 📋

⛪ EL MAESTRO MARTÍN PINEDO — El beneficiado. La voz de la iglesia

El cura que lo sabía todo y firmaba en todo

El maestro Martín Pinedo era el beneficiado —cura párroco— del lugar de Melegís en 1572. Su cargo le hacía custodio del archivo eclesiástico del lugar, depositario de los censos de los habices —los bienes de la antigua mezquita que habían pasado a la iglesia tras la conversión forzada— y árbitro moral de la comunidad.

El juez Machuca lo eligió como uno de sus tres testigos principales para la descripción del lugar: junto a Juan López, cristiano viejo, y Bernabé de Baeza, morisco, fue Pinedo quien juró decir verdad sobre bienes, linderos, aguas y posesiones.

Su presencia recorre el Apeo de principio a fin:

✍️ Testigo en casi todas las diligencias principales del lugar.

🗣️ Intérprete entre el juez y los testigos moriscos que declaraban en árabe: «el qual lo firmó por cuya lengua en algunas cosas el dicho Bernabe de Baeça, morisco, lo declaró». Pinedo actuaba de intérprete para el morisco de ochenta años.

📜 Custodio del apeo de bienes de la iglesia: cuando María de Herbas necesitó demostrar que dos de sus propiedades eran habices de la antigua mezquita, fue al escribano Antonio Pérez, que tenía en su poder el apeamiento de bienes eclesiásticos firmado precisamente por Pinedo.

⚖️ Defensor de los bienes de la iglesia: cuando el juez ordenó a Hernando de Córdoba devolver una huerta al rey, fue el beneficiado Alonso Pinedo —parece que hay una alternancia de nombre entre Martín y Alonso Pinedo, quizá el mismo individuo— quien protestó formalmente reclamando que aquellos bienes pertenecían a la iglesia, no a la Corona.

El beneficiado Pinedo era un hombre de institución: firme, letrado, con criterio. En un pueblo de analfabetos —la mayoría de los testigos del Apeo «no firmaron porque dijeron no saber escribir»— su rúbrica aparece decenas de veces. 🖋️

✝️ HERNANDO DE PORRES — El sacristán. El testigo incómodo

Treinta y cuatro años, y ya lo había visto todo

El sacristán de Melegís en 1572 se llamaba Hernando de Porres y tenía treinta y cuatro años. Vecino del lugar desde siempre, conocía cada palmo del término y cada cara de cada vecino.

Su oficio: el sacristán atendía la iglesia, tocaba las campanas, preparaba las misas, llevaba los registros parroquiales. En un pueblo morisco recién convertido, el sacristán cristiano viejo era también una figura de vigilancia y control: el ojo de la institución eclesiástica sobre una comunidad que rezaba a medias en dos idiomas.

Hernando de Porres declaró como testigo en al menos dos procesos distintos del Apeo:

En el caso de María de Herbas: confirmó que la huerta del morisco Guadixi «es una de las buenas posesiones que ay en el pueblo» y que el contador diocesano Diego Suárez había venido al pueblo y la había arrendado a Hernando de Córdoba por veinticinco ducados. Era testigo de que eso era público en el lugar.

En el caso de las eras del Concejo: fue uno de los primeros en declarar que las eras que María de Herbas había sembrado de trigo «no son de la dicha de Valles, ni sus hijos, ni de otro particular, sino del Concejo». Describió en detalle cómo cada vecino tenía su suerte amojonada en las eras para trillar su grano. Y cómo María de Herbas las había arado ese mismo año, con sus hijos y su yerno Urquiza.

Treinta y cuatro años, sacristán, testigo clave en dos de los pleitos más importantes de Melegís. Y firmaba con rúbrica, porque sí sabía escribir. ✍️

⚔️ HERNANDO DE CÓRDOBA — El regidor. El arrendador. El sospechoso principal

El hombre que denunció... y era el más denunciado

Hernando de Córdoba ocupa en el Apeo de Melegís un lugar paradójico: es a la vez el principal denunciante y el principal acusado.

Su cargo: regidor y arrendador del lugar de Melexix. Es decir, era a la vez miembro del gobierno local y el encargado de gestionar el arrendamiento colectivo de las tierras reales del lugar. Un cargo con mucho poder... y mucha tentación.

Como denunciante, fue Hernando de Córdoba quien presentó ante el Consejo de Hacienda de Granada «tres o cuatro peticiones» reclamando que se enviara un juez para investigar las usurpaciones en el lugar. Fue él quien llegó al juez Machuca el primer día del proceso, el 10 de febrero de 1572, y presentó su memorial.

Pero fue también el propio Antonio Baelo —otro regidor del Concejo— quien denunció ante el mismo juez que Hernando de Córdoba, María de Herbas, Gregorio de Urquiza y Diego de la Paz mostraran por dónde poseían la hacienda que tenían, porque nadie sabía bien cómo la habían obtenido.

Hernando de Córdoba había arrendado la huerta del morisco Guadixi por veinticinco ducados. El juez ordenó que la devolviera porque pertenecía al rey. Le sirvió incluso de intérprete al morisco Hernando de Baeza en la declaración de los habices. Actuó de testigo en notificaciones al propio Juan López.

Un hombre en el centro de todo. Demasiado informado para ser inocente, demasiado útil para ser ignorado. 🎭

📣 ANTONIO BAELO (VAELO) — El regidor que se atrevió a denunciar

La voz incómoda del Concejo

Antonio Baelo era el segundo regidor del Concejo de Melegís en 1572. Apenas aparece en el Apeo fuera de un momento concreto, pero ese momento es suficiente para definirlo.

Compareció ante el juez Machuca el mismo 10 de febrero de 1572 y presentó un escrito —recogido literalmente en el Apeo— en el que, sin rodeos, pedía que se investigaran los bienes de Alonso el Madrabi que estaban en compañía de Francisco Valles, y que se declararan pertenecientes al rey.

Y además añadió lo que nadie más se había atrevido a poner por escrito: que Hernando de Córdoba, María de Herbas, Gregorio de Urquiza y Diego de la Paz «muestren por donde poseen la dicha hazienda que poseen en el dicho lugar». Es decir: que justifiquen sus propiedades, porque no está claro que sean suyas.

Un regidor denunciando a otro regidor y a la viuda del hombre más rico del pueblo. Ante el juez del rey. Por escrito y con rúbrica.

Antonio Baelo era, en Melegís, la conciencia incómoda del Concejo. 🏛️

🙏 JUAN DE PINEDA — El beneficiado anterior

El cura que dejó su sello en los archivos

Juan de Pineda aparece en el Apeo como el beneficiado anterior al maestro Pinedo, o quizá en otro momento del proceso. Fue testigo en el proceso de averiguación de los bienes de María de Herbas.

Su relevancia en el Apeo es administrativa: el apeamiento de los bienes de la iglesia del lugar —ese documento clave que guardaba el registro de qué tierras pertenecían a los habices y cuáles no— parece haberse redactado bajo su supervisión o en su época. Cuando María de Herbas necesitó demostrar que sus viñas en el Pago de Anaqua y de Racalquería eran habices de la antigua mezquita pasados a la iglesia, fue ese apeamiento —firmado por un escribano y custodiado por el notario eclesiástico— la prueba decisiva. ⛪

👩‍🦳 MARÍA DE CHAVES — La viuda que huyó al monte

La cristiana vieja que perdió a su hijo en Tablate

María de Chaves —viuda de Lorenço Hernández— es el personaje más trágico entre los cristianos viejos de Melegís.

Sus bienes, declarados en febrero de 1572 desde Saleres —porque allí se encontraba cuando llegó el juez—, son modestos: dos casas en el lugar a censo de la iglesia, que ella misma construyó y llevaba poseyendo veinticuatro años. Un pequeño huerto a las espaldas de su casa, con tres limones y un cerezo. Cinco pequeños bancalejos en el Pago de Hamida. Cuatro olivos en el Pago del Fontil.

Lo tenía casi todo a censo perpetuo de la iglesia. No era rica. Era una vecina ordinaria.

Pero su historia tiene un peso que ninguna escritura puede medir:

Tenía un hijo, Alonso Yáñez. Alonso tenía tierras propias —esos cinco bancalejos con diecinueve olivos pequeños— y estaba casado, aunque sin hijos. Cuando llegó el alzamiento morisco de enero de 1569, Alonso fue a Tablate.

«Mataron los moros al tiempo del alzamiento en Tablate», dice el Apeo con esa frialdad de notario que duele más que cualquier elegía.

Alonso murió en el puente de Tablate, en el primer gran choque de la guerra de los moriscos. Sus tierras pasaron a María de Chaves como madre y heredera. Sus escrituras se perdieron en el caos. María huyó de su casa abandonando todo —«desanparó su casa e hazienda porque no la matasen»— y cuando volvió encontró que los vecinos se habían metido en su pequeño huerto.

Cuando declaró ante el juez Machuca, María de Chaves tenía «más de cuarenta años». Una viuda, sin título de nada, con el huerto ocupado por los vecinos y las tierras de su hijo muerto en Tablate. 💔

🔨 HERNANDO DE CÓRDOBA EL JOVEN / GREGORIO DE URQUIZA — Los hijos que actuaron

La segunda generación de los Valles

El Libro de Apeo menciona que las eras del Concejo las araron, por mandato de María de Herbas, «un hijo de la suso dicha mancebo, que se llama Valles, e otro yerno suyo que se dice Urquiça».

El hijo Valles —nombre desconocido, apellido heredado del abuelo Antón de Valles— aparece solo en ese momento: joven, siguiendo las órdenes de su madre, metiendo el arado en las eras del pueblo. Sin más datos.

Gregorio de Urquiza es más conocido en el Apeo. Yerno de María de Herbas, vecino activo, compareció ante el juez para contradecir la posesión que Machuca tomó de los bienes del Madrabi en nombre del rey. Y fue también él quien se metió en los parrales de uva xatagoíl que habían pertenecido al morisco, aprovechando que lindaban con su huerta.

Urquiza sabía lo que hacía. No era improvisación. Era continuidad del proyecto familiar. ⚒️

📜 LO QUE EL APEO REVELA SOBRE LOS CRISTIANOS VIEJOS DE MELEGÍS

Cuando el juez Machuca preguntó al beneficiado Pinedo, a Juan López y a Bernabé de Baeza por el estado del lugar, la respuesta quedó consignada en el Apeo de forma inequívoca:

«Así mismo se averiguó que todas las casas e posesiones del dicho lugar, fuera de las que está averiguado, era de chriptianos viejos, e yglesia e haguela, como de suso ba declarado; todas heran casas e haziendas de los moriscos, alzados e llevados a Castilla».

Traducción: en Melegís, casi todo era de moriscos. Las propiedades de los cristianos viejos eran la excepción, no la regla. Unas pocas familias —los Valles, los López, los Chaves, el sacristán y el beneficiado— convivían como minoría entre una comunidad mayoritariamente morisca que tenía las tierras, los árboles, los molinos y los hornos.

Pero esa minoría tenía algo que los moriscos no podían tener: seguridad jurídica a largo plazo. La Corona no iba a expulsarlos. Podían comprar, acumular, heredar sin miedo a que el viento político cambiara. Y lo sabían.

Por eso Francisco de Valles llevaba cuatro décadas comprando a moriscos que vendían por necesidad. Por eso Juan López pedía a Bernabé de Baeza que le avisara cuando apareciera algo en venta. Por eso María de Herbas actuó en cuatro meses con la velocidad de quien lleva años esperando su momento.

No eran convecinos inocentes en un paraíso multicultural. Eran actores conscientes de un sistema que los favorecía. Y cuando ese sistema se quebró con el alzamiento de 1568, lo primero que hicieron fue —algunos— correr a tomar lo que podían antes de que llegara el juez.

El alzamiento los asustó. La expulsión los enriqueció. 🌿

Fuente: M. Espinar Moreno, C. González Martín, A. de la Higuera Rodríguez, I. C. Gómez Noguera. «El Valle. Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal». Granada, 2006 / Digibug 2022.

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