🕌 LOS CEMENTERIOS ISLÁMICOS CONVERTIDOS EN HUERTAS Y VIÑAS 🌿
Macaber, honsarios y antiguos espacios sagrados transformados en propiedad agrícola tras la conquista
Hay lugares donde la tierra guarda memoria aunque nadie la nombre.
En Melegís y Restábal, bajo algunas huertas, viñas, eras y olivares del siglo XVI, hubo antes espacios sagrados. Lugares donde los musulmanes del Valle de Lecrín enterraron a sus muertos durante generaciones. Cementerios humildes, cercanos a las alquerías, vinculados a mezquitas, rábitas, caminos y barrios. Espacios de silencio.
El Libro de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal, redactado en 1572 tras la expulsión de los moriscos, los menciona con palabras antiguas: macaber, honsario, onsario.
Y esas palabras abren una puerta estremecedora.
Porque el Apeo no solo nos habla de casas, acequias, morales, olivos o viñas. También nos muestra cómo antiguos lugares de enterramiento islámico fueron convertidos, después de la conquista cristiana, en bienes agrícolas: huertas con frutales, viñas, olivares, tierras de iglesia, tierras de capellanías o espacios del concejo.
Donde hubo tumbas, crecieron árboles.
Donde hubo oración, hubo escrituras.
Donde hubo memoria, llegó el catastro. 📜
🕯️ ¿QUÉ ERA UN MACABER?
La palabra macaber procede del árabe maqbara, que significa cementerio o lugar de sepultura.
En la documentación cristiana del Reino de Granada aparece escrita de muchas formas: macaber, macáber, onsario, honsario, honsarios de moros. Todas remiten a una misma realidad: antiguos cementerios islámicos.
Tras la conquista y la conversión forzosa de los mudéjares, muchos de esos espacios dejaron de tener función funeraria. Algunos pasaron a manos de la Iglesia, otros quedaron dentro de bienes de habices, otros fueron vendidos, dados a censo o transformados en huertas, viñas y olivares.
El cambio no fue solo económico. Fue simbólico.
El territorio sagrado de una comunidad vencida se convirtió en tierra productiva dentro del nuevo orden cristiano. 🌙➡️✝️
🌾 LAS ERAS DE MELEGÍS: UN CEMENTERIO CONVERTIDO EN ESPACIO DEL CONCEJO
Uno de los casos más claros y conmovedores aparece en Melegís.
El morisco Bernabé de Baeza, anciano de ochenta años y memoria viva del pueblo, declaró ante el juez Machuca que unas eras situadas junto a las casas del lugar habían sido antiguamente macaber, es decir, lugar donde los moros se enterraban.
Aquel antiguo cementerio había dejado de ser cementerio. Con el tiempo, pasó por varias manos y acabó convertido en eras del Concejo, el lugar donde los vecinos trillaban sus panes.
El camino documental es revelador:
Primero, aquellas eras habían pertenecido a Domingo Vizcaíno, beneficiado que fue de Melegís. Después, al no aparecer herederos durante un tiempo, se dijo que el arzobispo de Granada vendió aquella hacienda. Más tarde, parte de esos bienes acabaron en manos de Francisco de Valles, cristiano viejo de Melegís, y de Alonso el Madrabi, poderoso morisco del lugar.
El propio Bernabé de Baeza explicó que el Madrabi cedió aquellas eras al Concejo porque el pueblo las necesitaba para su utilidad común. Allí trillaban los vecinos, cada uno con su suerte reconocida y amojonada.
Pero en 1572 el juez descubrió que María de Herbas, viuda de Francisco de Valles, las había sembrado de trigo.
La escena es poderosa:
Un antiguo cementerio islámico.
Convertido en eras comunales.
Sembrado luego por una viuda poderosa.
Reclamado finalmente por la Corona y el Concejo.
La tierra había pasado de los muertos a los vivos, de lo sagrado a lo agrícola, de la comunidad morisca al nuevo orden cristiano. 🌾
🌿 FRANCISCO DE VALLES Y LOS ANTIGUOS CEMENTERIOS DE MELEGÍS
El caso de Francisco de Valles, cristiano viejo y gran propietario de Melegís, permite ver con claridad cómo esos antiguos espacios funerarios se integraron en el patrimonio agrario.
Entre los bienes que su viuda María de Herbas declaró en 1572 aparecían propiedades que habían sido antiguos espacios islámicos.
Uno de los más llamativos era una horteçilla con perales y albaricoques en el Pago de Guachalhafa. Aquella horteçilla había sido antes macaber, cementerio de moros. La familia Valles la poseía desde hacía décadas. Donde antes hubo enterramientos, en el siglo XVI crecían perales, albaricoques y árboles frutales. 🍐🌸
También se menciona una viña en el Pago de la Nagva, vinculada igualmente a antiguos espacios funerarios o bienes de raíz islámica, transformados ya en propiedad útil, sujeta a censos y escrituras.
Estos datos son importantísimos porque nos enseñan que la transformación no fue inmediata ni improvisada en 1572. Venía de atrás. Desde décadas antes, los cristianos viejos de Melegís estaban comprando, tomando a censo o explotando tierras que habían pertenecido al sistema religioso y comunitario musulmán.
No era solo un cambio de dueño.
Era un cambio de sentido. 🌿
✝️ JUAN DE ALCONADA: CEMENTERIOS ISLÁMICOS DENTRO DE UNA FUNDACIÓN CRISTIANA
El caso más simbólico aparece en Restábal, con el bachiller Juan de Alconada, primer beneficiado de Restábal, vicario y visitador del Valle de Lecrín.
Cuando fundó sus capellanías en 1540, dotó la primera de ellas con un extenso patrimonio de casas, tierras, viñas, olivares, morales, huertas, molino y mesón. Entre esos bienes había propiedades que procedían de antiguos honsarios de moros.
Uno de los bienes más llamativos era una huerta de árboles junto a la iglesia, que había sido honsario de moros, con:
🌳 siete olivos
🌿 dos higueras
🌳 dos morales
Es decir: junto a la iglesia cristiana de Restábal había un antiguo espacio de enterramiento islámico transformado en huerta de árboles y agregado a una fundación religiosa cristiana.
El símbolo es fortísimo.
La antigua memoria funeraria musulmana quedaba absorbida por una capellanía cristiana destinada a decir misas perpetuas por el alma de Juan de Alconada y su familia.
También incluyó en su fundación un olivar en dos pedazos, situado en antiguos cementerios islámicos del Pago de la Mahala, con:
🫒 cuarenta y seis olivos
🌳 quince morales
🛤️ junto al camino de Motril
Aquello ya no era visto por el documento como un cementerio vivo, sino como un bien productivo: olivos, morales, tierra, renta, censo, patrimonio.
Pero el nombre antiguo seguía allí: honsario de moros.
El papel cristiano no pudo borrar del todo la memoria musulmana. 📜
🏚️ FRANCISCO LÓPEZ DE ARIZA Y LOS BIENES DE MACABER Y RÁBITA
En Restábal aparece también Francisco López de Ariza, yerno y heredero del sacristán Francisco Nieto, uno de los grandes propietarios cristianos viejos documentados en el Apeo.
Entre los bienes de su amplio patrimonio figuraban espacios que habían tenido función religiosa islámica: tierras de macaber, de onsario y de rábita.
Uno de los casos más significativos es el de un macaber y solar de rábita en el Pago de Almoxar. Una rábita era un pequeño oratorio o edificio religioso musulmán, muchas veces vinculado a caminos, devoción popular o comunidades rurales.
Con el paso del tiempo, aquel espacio quedó convertido en bien patrimonial, registrado, medido y poseído dentro del nuevo sistema de propiedad.
Es decir:
🕌 una rábita dejó de ser lugar de oración
⚰️ el macaber dejó de ser lugar de enterramiento
📜 ambos pasaron a ser bienes escritos, tasados y defendidos por títulos
Pocos ejemplos resumen mejor la transformación profunda del Valle tras la conquista.
🌙 ¿QUÉ NOS DICEN ESTOS DATOS?
Estos antiguos cementerios convertidos en huertas y viñas nos dicen varias cosas fundamentales.
La primera: Melegís y Restábal fueron pueblos profundamente islámicos antes de la conquista y la expulsión morisca. No eran simples lugares con población morisca; eran comunidades completas, con mezquitas, rábitas, cementerios, acequias, hornos, huertas y espacios sagrados propios.
La segunda: la cristianización del territorio no fue solo religiosa, sino también material. No bastó con convertir mezquitas en iglesias. También se transformaron los espacios de memoria: cementerios en huertas, honsarios en olivares, rábitas en solares, bienes habices en propiedades eclesiásticas.
La tercera: la tierra conservó los nombres antiguos más tiempo que las personas. Los moriscos fueron expulsados. Sus casas cambiaron de dueño. Sus árboles pasaron a otros propietarios. Pero palabras como macaber, honsario o rábita quedaron escritas en los documentos.
La cuarta: el Apeo fue un instrumento de despojo, pero también un archivo involuntario de memoria. El escribano no quería hacer poesía ni arqueología. Quería saber qué era de quién. Pero al hacerlo, nos dejó constancia de que bajo algunas huertas y viñas del Valle hubo antes muertos, rezos y memoria islámica.
🧭 LUGARES CONCRETOS QUE DEBEMOS RECORDAR
📍 Melegís
Las eras del Concejo, que antiguamente habían sido macaber, donde los moros se enterraban.
La horteçilla con frutales del Pago de Guachalhafa, vinculada a antiguo macaber.
La viña del Pago de la Nagva, relacionada con antiguos espacios de raíz islámica y censos eclesiásticos.
📍 Restábal
La huerta junto a la iglesia, antiguo honsario de moros, incluida en la Capellanía de Juan de Alconada.
El olivar del Pago de la Mahala, en antiguos honsarios, con cuarenta y seis olivos y quince morales.
El macaber y solar de rábita del Pago de Almoxar, dentro del patrimonio relacionado con Francisco López de Ariza.
Estos no son solo topónimos ni datos agrarios. Son fragmentos de una geografía espiritual desaparecida.
🔚 EPÍLOGO: DONDE DUERMEN LOS NOMBRES
Hoy caminamos por huertas, bancales, olivares y caminos sin saber qué hubo debajo.
Vemos un olivo viejo y pensamos en aceite.
Vemos una viña perdida y pensamos en uva.
Vemos una huerta y pensamos en agua.
Pero el Libro de Apeo nos enseña a mirar más hondo.
Bajo algunas de esas tierras hubo cementerios islámicos. Hubo familias que enterraron allí a sus padres, a sus hijos, a sus abuelos. Hubo mujeres que lloraron ante una sepultura. Hubo hombres que volvieron al atardecer a rezar por sus muertos. Hubo una comunidad que pensó que aquellos lugares serían sagrados para siempre.
Luego llegó otro tiempo.
Otra ley.
Otra fe.
Otra escritura.
Y sobre los cementerios crecieron perales, albaricoques, olivos, morales y viñas.
Pero la tierra recuerda.
Y el Apeo, sin quererlo, también. 🌙🌿
📚 Fuente principal:
M. Espinar Moreno, C. González Martín, A. de la Higuera Rodríguez e I. C. Gómez Noguera, El Valle. Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal, Granada, 2006.
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