🏛️ 𝗘𝗟 𝗣𝗘𝗥𝗙𝗜𝗟 𝗖𝗨𝗟𝗧𝗨𝗥𝗔𝗟 𝗬 𝗛𝗨𝗠𝗔𝗡𝗢 𝗗𝗘 𝗗. 𝗦𝗔𝗟𝗩𝗔𝗗𝗢𝗥 𝗥𝗔𝗠Í𝗥𝗘𝗭 𝗚Ó𝗡𝗚𝗢𝗥𝗔, 𝗘𝗫𝗔𝗟𝗖𝗔𝗟𝗗𝗘 𝗗𝗘 𝗟𝗘𝗖𝗥Í𝗡 𝗣𝗢𝗥 𝗘𝗟 𝗣𝗦𝗢𝗘
🌿 𝗨𝗻𝗮 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗹𝗶𝗴𝗮𝗱𝗮 𝗮 𝗧𝗮𝗹𝗮𝗿á, 𝗮𝗹 𝘀𝗲𝗿𝘃𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗽ú𝗯𝗹𝗶𝗰𝗼, 𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝘂𝗹𝘁𝘂𝗿𝗮 𝘆 𝗮𝗹 𝘁𝗿𝗮𝘁𝗼 𝗰𝗲𝗿𝗰𝗮𝗻𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝘀𝘂𝘀 𝘃𝗲𝗰𝗶𝗻𝗼𝘀
Hay personas cuya trayectoria no puede explicarse únicamente enumerando cargos, fechas o resultados electorales. Para conocerlas de verdad es necesario acercarse también a los lugares donde han vivido, a las personas que las han acompañado y a la forma en que han permanecido unidas a su pueblo.
Ese es el caso de 𝗗. 𝗦𝗮𝗹𝘃𝗮𝗱𝗼𝗿 𝗥𝗮𝗺í𝗿𝗲𝘇 𝗚ó𝗻𝗴𝗼𝗿𝗮, nacido en 𝗧𝗮𝗹𝗮𝗿á 𝗲𝗻 𝟭𝟵𝟱𝟮, alcalde del municipio de Lecrín por el Partido Socialista Obrero Español durante 𝘃𝗲𝗶𝗻𝘁𝗶𝗼𝗰𝗵𝗼 𝗮ñ𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗰𝘂𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀, 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝟭𝟵𝟵𝟭 𝗵𝗮𝘀𝘁𝗮 𝟮𝟬𝟭𝟵.
Su nombre pertenece ya a la 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗟𝗲𝗰𝗿í𝗻. Sin embargo, su dimensión humana no se encuentra solamente en el despacho de la Alcaldía, en los plenos municipales o en los actos institucionales. También está detrás del mostrador del comercio familiar, conversando con los vecinos, escuchando sus preocupaciones y compartiendo con ellos las pequeñas noticias de cada jornada.
En Salvador Ramírez conviven, por tanto, varias facetas: 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝗼𝗹í𝘁𝗶𝗰𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝗿𝗴𝗮 𝘁𝗿𝗮𝘆𝗲𝗰𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮, 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗲𝗳𝗲𝗻𝘀𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗶𝗱𝗲𝗻𝘁𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗰𝘂𝗹𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗽𝘂𝗲𝗯𝗹𝗼𝘀, 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗿𝗰𝗶𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗰𝗲𝗿𝗰𝗮𝗻𝗼 𝘆 𝗹𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲 𝗱𝗲 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮 que continúa ayudando siempre que puede.
👦 𝗗𝗘 𝗧𝗔𝗟𝗔𝗥Á 𝗔 𝗟𝗔 𝗔𝗟𝗖𝗔𝗟𝗗Í𝗔 𝗗𝗘 𝗟𝗘𝗖𝗥Í𝗡
Haber nacido y crecido en Talará contribuyó a forjar en Salvador Ramírez un profundo conocimiento del territorio y de sus habitantes. Lecrín no constituye un único núcleo urbano, sino un municipio formado por pueblos con personalidad, memoria y tradiciones propias: 𝗔𝗰𝗲𝗾𝘂𝗶𝗮𝘀, 𝗕é𝘇𝗻𝗮𝗿, 𝗖𝗵𝗶𝘁𝗲, 𝗠𝗼𝗻𝗱ú𝗷𝗮𝗿, 𝗠𝘂𝗿𝗰𝗵𝗮𝘀 𝘆 𝗧𝗮𝗹𝗮𝗿á.
Gobernar un municipio con esta configuración exige atender necesidades diferentes sin perder una visión común. Durante casi tres décadas, Salvador procuró mantener ese equilibrio entre la unidad administrativa de Lecrín y la identidad particular de cada localidad.
Llegó a la Alcaldía en 𝟭𝟵𝟵𝟭. En aquellas primeras elecciones obtuvo cuatro concejales y comenzó gobernando sin mayoría absoluta. Cuatro años después, en las elecciones municipales de 1995, el PSOE duplicó su representación y alcanzó una amplia mayoría.
A partir de entonces fue renovando sucesivamente la confianza de una parte considerable del electorado hasta completar 𝘀𝗶𝗲𝘁𝗲 𝗺𝗮𝗻𝗱𝗮𝘁𝗼𝘀 𝗺𝘂𝗻𝗶𝗰𝗶𝗽𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗰𝘂𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀. Su permanencia durante veintiocho años constituye una de las alcaldías más prolongadas de la historia democrática reciente de la provincia de Granada.
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Cuando Salvador Ramírez accedió a la Alcaldía, el Ayuntamiento de Lecrín atravesaba una 𝘀𝗶𝘁𝘂𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗲𝗰𝗼𝗻ó𝗺𝗶𝗰𝗮 𝗺𝘂𝘆 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗹𝗶𝗰𝗮𝗱𝗮.
En una entrevista concedida en marzo de 1996 al periódico El Valle de Lecrín, explicaba que el municipio arrastraba deudas desde los comienzos de la democracia. Según sus propias declaraciones, cuando llegó a la Alcaldía la deuda municipal ascendía aproximadamente a 𝗰𝗶𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗽𝗲𝘀𝗲𝘁𝗮𝘀.
Uno de sus principales objetivos durante aquellos primeros años fue 𝘀𝗮𝗻𝗲𝗮𝗿 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗺𝘂𝗻𝗶𝗰𝗶𝗽𝗮𝗹𝗲𝘀 para que el presupuesto pudiera dedicarse a servicios, infraestructuras y proyectos, y no únicamente al pago de intereses y obligaciones anteriores.
Aquella entrevista permite conocer también algunos de los asuntos que le preocupaban entonces: 𝗲𝗹 𝗮𝗯𝗮𝘀𝘁𝗲𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗮𝗴𝘂𝗮, 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗷𝗼𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗮𝗰𝗰𝗲𝘀𝗼𝘀 𝗮 𝗠𝘂𝗿𝗰𝗵𝗮𝘀, 𝗖𝗵𝗶𝘁𝗲 𝘆 𝗔𝗰𝗲𝗾𝘂𝗶𝗮𝘀, 𝗹𝗮𝘀 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗮𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗽𝗼𝗿𝘁𝗶𝘃𝗮𝘀, 𝗹𝗮𝘀 𝘃𝗶𝘃𝗶𝗲𝗻𝗱𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗮𝗹𝗲𝘀, 𝗲𝗹 𝗲𝗺𝗽𝗹𝗲𝗼 𝗷𝘂𝘃𝗲𝗻𝗶𝗹, 𝗹𝗮 𝗲𝗱𝘂𝗰𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗮𝗱𝘂𝗹𝘁𝗼𝘀 𝘆 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗽𝗲𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼𝘀 𝗰𝘂𝗹𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹𝗲𝘀.
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Salvador Ramírez desarrolló su actividad pública sin apartarse por completo de la vida cotidiana de Talará. Durante buena parte de su trayectoria 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗴𝗶𝗻ó 𝗹𝗮𝘀 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗼𝗻𝘀𝗮𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 𝗺𝘂𝗻𝗶𝗰𝗶𝗽𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻 𝘀𝘂 𝗮𝗰𝘁𝗶𝘃𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗿𝗰𝗶𝗮𝗹.
Esa circunstancia ayuda a comprender uno de sus rasgos más reconocibles: 𝗹𝗮 𝗰𝗲𝗿𝗰𝗮𝗻í𝗮. Un comercio de pueblo es también un lugar de conversación, encuentro e información. Por allí pasan personas de todas las edades, ideologías y situaciones sociales. Se habla de las cosechas, del tiempo, de una carretera, de una familia que necesita ayuda o de un problema que todavía no ha encontrado solución.
Esa relación directa con los vecinos convirtió el establecimiento familiar en 𝘂𝗻𝗮 𝗽𝗲𝗾𝘂𝗲ñ𝗮 𝘃𝗲𝗻𝘁𝗮𝗻𝗮 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗼𝗱í𝗮 𝗼𝗯𝘀𝗲𝗿𝘃𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗲𝗹 𝗽𝘂𝗹𝘀𝗼 𝗱𝗶𝗮𝗿𝗶𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝘂𝗻𝗶𝗰𝗶𝗽𝗶𝗼.
Como alcalde, tuvo que tomar decisiones que no siempre agradarían a todos —algo inevitable durante veintiocho años de gobierno—, pero incluso quienes discreparon de su gestión difícilmente pueden negar 𝗹𝗮 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗳𝗶𝗴𝘂𝗿𝗮 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗟𝗲𝗰𝗿í𝗻.
🌄 𝗨𝗡𝗔 𝗩𝗜𝗦𝗜Ó𝗡 𝗖𝗢𝗠𝗔𝗥𝗖𝗔𝗟 𝗗𝗘𝗟 𝗩𝗔𝗟𝗟𝗘 𝗗𝗘 𝗟𝗘𝗖𝗥Í𝗡
Salvador Ramírez no limitó su actividad política al término municipal. También ejerció la 𝗣𝗿𝗲𝘀𝗶𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗠𝗮𝗻𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝗠𝘂𝗻𝗶𝗰𝗶𝗽𝗶𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗩𝗮𝗹𝗹𝗲 𝗱𝗲 𝗟𝗲𝗰𝗿í𝗻 𝗲𝗻 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗶𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗲𝘁𝗮𝗽𝗮𝘀.
En noviembre de 1999, al asumir la presidencia de la institución comarcal, defendió una 𝗠𝗮𝗻𝗰𝗼𝗺𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗮𝗯𝗶𝗲𝗿𝘁𝗮, 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗽𝗮𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘆 𝗿𝗲𝗶𝘃𝗶𝗻𝗱𝗶𝗰𝗮𝘁𝗶𝘃𝗮, capaz de afrontar conjuntamente problemas relacionados con el agua, los residuos, los servicios sociales, el deporte o la promoción del territorio.
Para él, la Mancomunidad debía ser, ante todo, 𝘂𝗻𝗮 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝗰𝗶ó𝗻 𝗮𝗹 𝘀𝗲𝗿𝘃𝗶𝗰𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗶𝗱𝗲𝗻𝘁𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲𝗹 𝗩𝗮𝗹𝗹𝗲 𝗱𝗲 𝗟𝗲𝗰𝗿í𝗻. Aquella visión conserva plena actualidad: los municipios pueden mantener su autonomía y sus singularidades y, al mismo tiempo, colaborar en la defensa de los intereses comunes de la comarca.
🎨 𝗖𝗨𝗟𝗧𝗨𝗥𝗔, 𝗣𝗔𝗧𝗥𝗜𝗠𝗢𝗡𝗜𝗢 𝗘 𝗜𝗗𝗘𝗡𝗧𝗜𝗗𝗔𝗗 𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝗣𝗨𝗘𝗕𝗟𝗢𝗦
Una parte especialmente significativa de su trayectoria fue 𝗲𝗹 𝗮𝗽𝗼𝘆𝗼 𝗮 𝗹𝗮 𝗰𝘂𝗹𝘁𝘂𝗿𝗮 𝘆 𝗮 𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗽𝗲𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝘀𝗲ñ𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗶𝗱𝗲𝗻𝘁𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗶𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗹𝗼𝗰𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀.
Ya en 1996 hablaba de fomentar el teatro, el cine y la pintura, de acercar a la población a las casas de cultura y de impulsar iniciativas para la juventud. También defendía la creación de un museo etnográfico relacionado con la agricultura y mostraba interés por la protección y divulgación de las 𝘁𝗲𝗿𝗺𝗮𝘀 𝗿𝗼𝗺𝗮𝗻𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗧𝗮𝗹𝗮𝗿á.
Años después, en una entrevista publicada en 2008, explicaba el proyecto municipal de representar mediante esculturas de bronce los símbolos propios de cada pueblo. En Talará se había instalado la figura de 𝗦𝗼𝗿𝗮𝘆𝗮 y en Béznar la del 𝗠𝗼𝘀𝗾𝘂𝗲𝘁𝗲𝗿𝗼, obras de la escultora Pilar Soto. El propósito era que 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗹𝗼𝗰𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗽𝘂𝗱𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗲𝗿𝘀𝗲 𝗽ú𝗯𝗹𝗶𝗰𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝘀𝘂 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗮 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮.
Durante su etapa municipal también se respaldó la recuperación de celebraciones tradicionales como la 𝗙𝗶𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗦𝗮𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗜𝗻𝗼𝗰𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗖𝗵𝗶𝘁𝗲 𝘆 𝗧𝗮𝗹𝗮𝗿á, una costumbre centenaria cuyo cortejo, rifa y personajes populares forman parte del patrimonio inmaterial del municipio.
Igualmente, apoyó la divulgación y el reconocimiento de los 𝗠𝗼𝘀𝗾𝘂𝗲𝘁𝗲𝗿𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗦𝗮𝗻𝘁í𝘀𝗶𝗺𝗼 𝗦𝗮𝗰𝗿𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗕é𝘇𝗻𝗮𝗿, una de las manifestaciones festivas más singulares del Valle de Lecrín. Durante la conmemoración del 450 aniversario de la Rebelión de las Alpujarras, defendió su consideración como expresión colectiva de convivencia y como parte fundamental del patrimonio histórico-cultural de la comarca.
🖼️ 𝗟𝗔 𝗥𝗘𝗦𝗜𝗗𝗘𝗡𝗖𝗜𝗔 𝗔𝗥𝗧Í𝗦𝗧𝗜𝗖𝗔 𝗝𝗢𝗦É 𝗚𝗨𝗘𝗥𝗥𝗘𝗥𝗢
Otra iniciativa relevante fue la colaboración municipal con el 𝗣𝗿𝗼𝘆𝗲𝗰𝘁𝗼 𝗥𝗲𝘀𝗶𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗔𝗿𝘁í𝘀𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗝𝗼𝘀é 𝗚𝘂𝗲𝗿𝗿𝗲𝗿𝗼, desarrollado en Chite en la casa que perteneció al reconocido pintor granadino.
El proyecto nació para 𝗽𝗿𝗼𝗺𝗼𝘃𝗲𝗿 𝗲𝗹 𝘁𝗮𝗹𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗮𝗿𝘁í𝘀𝘁𝗶𝗰𝗼 𝗲𝗺𝗲𝗿𝗴𝗲𝗻𝘁𝗲, 𝗮𝗰𝗼𝗴𝗲𝗿 𝗮 𝗷ó𝘃𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗰𝗿𝗲𝗮𝗱𝗼𝗿𝗲𝘀 𝘆 𝗮𝗰𝗲𝗿𝗰𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗮𝗿𝘁𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝗺𝗽𝗼𝗿á𝗻𝗲𝗼 𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝗵𝗮𝗯𝗶𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝘂𝗻𝗶𝗰𝗶𝗽𝗶𝗼. El nombre de Salvador Ramírez aparece vinculado institucionalmente a esta experiencia junto con la concejala de Cultura María Eva Ruiz Ruiz.
El catálogo académico publicado por la Universidad de Granada recoge, además, un texto suyo titulado «𝗠𝗶 𝗽𝗮𝗱𝗿𝗲 𝘆 𝗲𝗹 𝗰𝗮𝗺𝗽𝗼 𝗱𝗲 𝗖𝗵𝗶𝘁𝗲». Este detalle resulta especialmente revelador de su perfil humano: junto al representante institucional aparece el hijo que recuerda a su padre, el paisaje agrícola y la vida de quienes trabajaron la tierra.
En ese relato personal se encuentran muchas de las raíces de su compromiso con el municipio: 𝗹𝗮 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮𝗿, 𝗲𝗹 𝗰𝗮𝗺𝗽𝗼, 𝗲𝗹 𝗲𝘀𝗳𝘂𝗲𝗿𝘇𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗮𝗻𝘁𝗲𝗿𝗶𝗼𝗿𝗲𝘀 𝘆 𝗲𝗹 𝘃í𝗻𝗰𝘂𝗹𝗼 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗰𝗼𝗻 𝗖𝗵𝗶𝘁𝗲 𝘆 𝗧𝗮𝗹𝗮𝗿á.
👵 𝗟𝗔 𝗣𝗥𝗘𝗢𝗖𝗨𝗣𝗔𝗖𝗜Ó𝗡 𝗣𝗢𝗥 𝗟𝗢𝗦 𝗠𝗔𝗬𝗢𝗥𝗘𝗦
Durante sus últimos años como alcalde manifestó públicamente su preocupación por 𝗲𝗹 𝗲𝗻𝘃𝗲𝗷𝗲𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗼𝗯𝗹𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝘆 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗮 𝘀𝗶𝘁𝘂𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗮𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝘀 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘃𝗶𝘃í𝗮𝗻 𝘀𝗼𝗹𝗮𝘀.
No se trataba únicamente de un problema estadístico. En los pueblos pequeños, 𝗹𝗮 𝘀𝗼𝗹𝗲𝗱𝗮𝗱 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗻𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲𝘀 𝘆 𝗮𝗽𝗲𝗹𝗹𝗶𝗱𝗼𝘀. El Ayuntamiento conoce a las familias, sabe quién necesita ayuda y comprueba cómo la marcha de los jóvenes puede dejar a los mayores sin una red familiar cercana.
Salvador Ramírez insistía en la necesidad de mantener servicios asistenciales capaces de atender esta realidad. Aquella preocupación revela 𝘂𝗻𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗰𝗲𝗽𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗼𝗹í𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗺𝘂𝗻𝗶𝗰𝗶𝗽𝗮𝗹 𝗰𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗱𝗮 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗹𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗼𝗯𝗿𝗮𝘀 𝘃𝗶𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲𝘀, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝘀 𝗺á𝘀 𝘃𝘂𝗹𝗻𝗲𝗿𝗮𝗯𝗹𝗲𝘀.
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Después de dejar la Alcaldía en 2019 y una vez jubilado, Salvador ha continuado unido a la vida cotidiana de Talará.
La responsabilidad del 𝗦𝘂𝗽𝗲𝗿𝗺𝗲𝗿𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗖𝗼𝘃𝗶𝗿á𝗻 𝗖𝗲𝗹𝗶𝗮, situado en la calle Granada, ha pasado a su hijo, también llamado Salvador. Sin embargo, el antiguo alcalde todavía ayuda algunas veces en el establecimiento cuando puede junto con su esposa, 𝗣𝗮𝗾𝘂𝗶𝘁𝗮 𝗥𝗼𝗯𝗹𝗲𝘀.
El supermercado reúne varios servicios esenciales para la localidad: 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗮𝗹𝗶𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗰𝗶ó𝗻, 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗻𝗰𝗼 𝘆 𝗱𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗵𝗼 𝗿𝗲𝗰𝗲𝗽𝘁𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘁𝗲𝗿í𝗮𝘀. En los pueblos, estos comercios familiares tienen un valor que va mucho más allá de su actividad económica. Son lugares donde se saluda a quien llega, se pregunta por quien está enfermo y se mantiene viva la relación diaria entre los vecinos.
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Uno de los momentos más felices vividos en el establecimiento ocurrió el 𝗷𝘂𝗲𝘃𝗲𝘀 𝟭𝟱 𝗱𝗲 𝘀𝗲𝗽𝘁𝗶𝗲𝗺𝗯𝗿𝗲 𝗱𝗲 𝟮𝟬𝟮𝟮.
Ese día, el número 𝟯𝟱𝟱𝟰𝟳 obtuvo el segundo premio de la Lotería Nacional. En el despacho de Talará se había vendido 𝘂𝗻𝗮 𝘀𝗲𝗿𝗶𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗹𝗲𝘁𝗮: diez décimos premiados con 𝟲.𝟬𝟬𝟬 𝗲𝘂𝗿𝗼𝘀 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝘂𝗻𝗼, lo que supuso el reparto de 𝟲𝟬.𝟬𝟬𝟬 𝗲𝘂𝗿𝗼𝘀.
Salvador manifestó entonces que estaban «𝗺á𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗶 𝗻𝗼𝘀 𝗵𝘂𝗯𝗶𝗲𝘀𝗲 𝘁𝗼𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗮 𝗻𝗼𝘀𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀». Su deseo era que el premio hubiera llegado a personas que realmente lo necesitaran. También celebró que aquella noticia contribuyera a dar a conocer la administración, Talará y todo el municipio de Lecrín.
Aquellas palabras dicen mucho de la persona. Después de tantos años administrando recursos públicos, 𝗹𝗮 𝗮𝗹𝗲𝗴𝗿í𝗮 𝗽𝗿𝗼𝗰𝗲𝗱í𝗮 𝗱𝗲 𝗵𝗮𝗯𝗲𝗿 𝗿𝗲𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝘀𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝘀𝘂𝘀 𝘃𝗲𝗰𝗶𝗻𝗼𝘀.
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Nacido en 1952, Salvador Ramírez pertenece a una generación que conoció un Valle de Lecrín muy diferente al actual: pueblos con peores comunicaciones, una economía profundamente agrícola, menos servicios y numerosas familias obligadas a marcharse en busca de trabajo.
A lo largo de su vida ha contemplado la transformación de Talará y de todo el municipio. Durante veintiocho de esos años lo hizo desde la Alcaldía, con la responsabilidad de gobernar seis pueblos distintos y procurar que ninguno perdiera su voz.
Pero quizá su retrato más humano no sea el de Salvador con la vara de alcalde, sino 𝗲𝗹 𝗱𝗲𝗹 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲 𝗾𝘂𝗲, 𝗱𝗲𝘀𝗽𝘂é𝘀 𝗱𝗲 𝗷𝘂𝗯𝗶𝗹𝗮𝗿𝘀𝗲, 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗶𝗻uó 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝘀𝘂𝗽𝗲𝗿𝗺𝗲𝗿𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮𝗿 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗰𝗵𝗮𝗿 𝘂𝗻𝗮 𝗺𝗮𝗻𝗼 𝗮 𝘀𝘂 𝗵𝗶𝗷𝗼 𝘆 𝗮 𝘀𝘂 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿, 𝗮𝘁𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗮 𝘂𝗻 𝘃𝗲𝗰𝗶𝗻𝗼 𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗲𝗿𝘀𝗮𝗿 𝗱𝘂𝗿𝗮𝗻𝘁𝗲 𝘂𝗻𝗼𝘀 𝗺𝗶𝗻𝘂𝘁𝗼𝘀.
𝗟𝗼𝘀 𝗰𝗮𝗿𝗴𝗼𝘀 𝘁𝗲𝗿𝗺𝗶𝗻𝗮𝗻. 𝗟𝗮𝘀 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿í𝗮𝘀 𝗲𝗹𝗲𝗰𝘁𝗼𝗿𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗽𝗮𝘀𝗮𝗻. 𝗟𝗮𝘀 𝗳𝗼𝘁𝗼𝗴𝗿𝗮𝗳í𝗮𝘀 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀 𝘃𝗮𝗻 𝗾𝘂𝗲𝗱𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗮𝗿𝗰𝗵𝗶𝘃𝗼𝘀. Lo que permanece es la memoria que cada persona deja entre quienes han compartido su camino.
Y la historia de 𝗗. 𝗦𝗮𝗹𝘃𝗮𝗱𝗼𝗿 𝗥𝗮𝗺í𝗿𝗲𝘇 𝗚ó𝗻𝗴𝗼𝗿𝗮 seguirá vinculada a la de 𝗧𝗮𝗹𝗮𝗿á, 𝗟𝗲𝗰𝗿í𝗻 𝘆 𝗲𝗹 𝗩𝗮𝗹𝗹𝗲 𝗱𝗲 𝗟𝗲𝗰𝗿í𝗻: como alcalde, como defensor de la identidad cultural de sus pueblos, como comerciante y, sobre todo, como vecino.
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✍️ 𝗠𝗶𝗴𝘂𝗲𝗹 Á𝗻𝗴𝗲𝗹 𝗠𝗼𝗹𝗶𝗻𝗮 𝗣𝗮𝗹𝗺𝗮
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