26 mayo 2026

El Béznar de abajo, antes del pantano


 🌊🍊 UN MUNDO PERDIDO: EL BÉZNAR DE ABAJO, ANTES DEL PANTANO

El Barrio Bajo, el Barrichuelo, las fuentes, el río, la infancia y la memoria

Entre naranjos y limones está el Valle de Lecrín.

Y en uno de sus rincones más hondos, mirando al agua y a la memoria, está Béznar. Un pueblo hermoso, antiguo, marcado por la luz, por el río Ízbor y por una herida que todavía late bajo el espejo azul del pantano.

Porque hubo un tiempo en que Béznar no miraba al embalse, sino al río.

Un tiempo en que el agua no era una lámina quieta, sino corriente viva, rumor entre piedras, frescor de verano, poza de infancia, acequia, lavadero, fuente, camino y vida. 🌿💧

Aquel era el Béznar de abajo.

El Béznar del Barrio Bajo, de las casas tradicionales rodeadas de naranjos y limoneros, era una calle nada más con casas de planta baja, y casas a ambos lados de la calle y de los vecinos sentados a la puerta, de los niños que bajaban al río a bañarse, de las mujeres que iban al lavadero, de los hombres que cruzaban caminos de huerta y de las familias que vivían cerca del agua como quien vive cerca de su propia alma.

Allí estaban sus fuentes.

La Fuente Sánchez, la Fuente del Quete, los manantiales humildes que servían de referencia para todos. Porque en los pueblos una fuente nunca es solo una fuente: es un lugar de paso, de descanso, de conversación, de noticias, de encuentros y de memoria compartida. Allí se llenaban cántaros, pero también se llenaba la vida de palabras sencillas. 🏺


En el puente de los Cortijillos había un pilar y un lavadero que muchos recuerdan como una verdadera preciosidad. Allí se lavaba la ropa, sí, pero también se lavaban las penas del día. Allí se hablaba de los hijos, de las cosechas, de las enfermedades, de las bodas, de los ausentes, de los que habían emigrado, de los que ya no estaban. El agua corría, las manos trabajaban y el pueblo se contaba a sí mismo. Qué pena tan grande pensar que aquello fue derribado. Ojalá algún día lo que queda pueda restaurarse como merece. 🧺💙


También estaba el Tajo Calavera, aquella vereda estrecha, difícil y algo peligrosa por donde muchos niños pasaban camino de la escuela. En días de lluvia, los “greones”, esos torrentes repentinos de agua, obligaban a buscar otro paso. Y aún parece verse a los niños caminando en fila india, con cuidado, con sus carteras, entre el miedo y la costumbre, como si cada día ir a la escuela fuera también una pequeña aventura. 🌧️👣


Y estaba el río.

El río Ízbor, alma verdadera de aquel paisaje.

Antes del pantano, el río era el lugar donde se bajaba a bañarse, donde había pozas naturales, sombras frescas, piedras calientes al sol y rincones verdes en pleno verano. Era el río de los niños, de los jóvenes, de las meriendas, de los juegos, de los primeros recuerdos felices. Un río que no era decorado, sino vida. Un río que corría por fuera y por dentro de los bezneros. 🌊🌳


Uno de los rincones más poéticos de aquel mundo era el Meaero de la Novia o Meadero de la Novia. Según los recuerdos de José Antonio Del Río Garví 

, era una cascada de más de treinta metros, formada por las aguas sobrantes de riegos y acequias, que caía desde la ladera hasta el río. Solo el nombre ya parece una leyenda: el Meaero de la Novia. Agua cayendo como velo blanco, rumor de acequias, frescor de barranco, belleza escondida entre laderas. 💦👰


Y estaban también las Angosturas, esos pasos donde el río se estrechaba, donde la naturaleza parecía apretarse entre rocas y tajos, formando un paisaje de sombra, agua y misterio. Lugares que los mayores nombraban con naturalidad y que hoy suenan casi como capítulos de un libro perdido.


Pero Béznar no perdió solo paisajes.

Perdió también una forma de vivir.

La construcción del pantano, iniciada en 1977 y terminada en 1985, transformó para siempre aquel mundo. La presa se levantó en el lugar conocido como El Salto del Lobo, donde el río se estrechaba entre dos laderas y unas rocas que, según la tradición, podía saltar un lobo. Allí donde antes pasaba el agua viva, se levantó el embalse. Y cuando subieron las aguas, el antiguo Barrio Bajo ya no estaba fué derribado, convertido en recuerdo. 🐺🌊


Los Peloteos: de vertedero municipal a nuevo barrio.


A principios de los años 80 se levantó el nuevo núcleo destinado a acoger a las familias afectadas por la expropiación del antiguo Barrio Bajo de Béznar, a causa de la construcción del pantano. Aquel nuevo barrio sería conocido popularmente como Los Peloteos, nombre heredado del lugar donde se construyó: un antiguo vertedero municipal de escombros.


Después recibiría el nombre más formal de Barrio de la Santísima Trinidad, pero en la memoria popular quedó para siempre aquel primer nombre de Los Peloteos, cargado de historia, de mudanza y de adaptación.


Según los recuerdos de Antonio Albar, las viviendas fueron promovidas a través de VISOGSA, dependiente de la Diputación, y construidas por la cooperativa durqueña La Colmena. En total se proyectaron 55 viviendas. En principio estaban destinadas a los vecinos expropiados del Barrio Bajo, aunque finalmente, como algunos afectados ya habían adquirido casa en otros núcleos, se completaron con otras personas que aceptaron las condiciones de compra.


Así nació un barrio nuevo, pero no vacío de historia. Porque cada familia que llegó allí llevaba consigo una parte del antiguo Béznar: sus recuerdos, sus vecinos, sus fiestas, sus duelos, sus conversaciones junto a las fuentes y sus veranos en el río.


Por eso Los Peloteos no fue solo un barrio nuevo. Fue también un barrio de desarraigo, de adaptación, de volver a empezar. Cada familia llevó allí lo que pudo: muebles, fotografías, santos, manteles, herramientas, recuerdos de la infancia y una tristeza callada por todo lo que quedaba atrás.


También la fe acompañó ese cambio.

La Virgen del Carmen, tan querida en Béznar, quedó unida para siempre al agua. Su antigua devoción venía del Barrio Bajo y de aquel entorno junto al río. Hoy, cada año, cuando la imagen baja desde la iglesia hacia la ermita y hacia el pantano y es embarcada, no solo se celebra una romería: se recuerda un paisaje desaparecido. La Virgen parece mirar el paisaje como quien mira una memoria casi olvidada. 🚤🌹


La Santísima Trinidad también forma parte de esa historia espiritual y vecinal. Su antigua ermita, vinculada al entorno antiguo y recuerda que los pueblos no solo se reconstruyen con casas, sino también con símbolos, con devociones, con fiestas y con lugares donde la comunidad vuelve a reunirse.


Y luego está el Barrichuelo, otro nombre fundamental en la memoria de Béznar. Un barrio nacido de otra tragedia anterior: el terremoto de la noche del 25 de diciembre de 1884. Fue inaugurado el 10 de julio de 1885, gracias a la solidaridad impulsada por el periódico La Correspondencia y por quienes ayudaron a levantar casas para familias que lo habían perdido todo.

Qué impresionante resulta pensarlo: Béznar ha conocido dos veces el dolor de perder casas y tener que levantar barrios nuevos.

Primero fue la tierra, con el terremoto.

Después fue el agua, con el pantano.

El Barrichuelo y Los Peloteos son, cada uno a su manera, barrios nacidos de la herida. Pero también de la dignidad. De la capacidad de seguir adelante. De esa fuerza humilde que tienen los pueblos para levantarse después de la desgracia. 🏡🕯️


Por eso, cuando hablamos del antiguo Béznar de abajo, no hablamos solo de lugares.

Hablamos de personas.

Hablamos de los amigos que ya se fueron.

De los abuelos que contaban historias.

De las madres que lavaban en el lavadero.

De los niños que bajaban al río.

De las familias que vivían cerca del agua.

De las voces que aún parecen escucharse cuando uno mira el pantano en silencio.

Todo eso formaba aquel mundo perdido:

el Barrio Bajo, el Barrichuelo, la Fuente Sánchez, la Fuente del Quete, el río Ízbor, el Meaero de la Novia, las Angosturas, la ermita de la Santísima Trinidad, los amigos, la familia y la infancia.

Todo eso era el antiguo Béznar de abajo.

El Béznar del agua viva.

El Béznar de las fuentes y los lavaderos.

El Béznar de los naranjos, los limoneros y los veranos en el río.

El Béznar que el pantano convirtió en recuerdo, pero que nadie ha podido borrar del corazón. 🍊💙


Porque hay lugares que desaparecen del mapa, pero no de la memoria.

Y bajo las aguas del pantano, bajo ese silencio azul que hoy refleja el cielo, sigue latiendo un pueblo entero.

Béznar no olvida.

Béznar recuerda.

Y en cada recuerdo vuelve a correr el río. 🌊✨

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Érmita de la Santísima Trinidad 

El embalse de Béznar 


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