26 mayo 2026

Las Capellanías de Alconada: Cuando un cura construyó la eternidad en Restábal


 ✝️ LAS CAPELLANÍAS DE ALCONADA: CUANDO UN CURA CONSTRUYÓ LA ETERNIDAD EN RESTÁBAL

La historia extraordinaria del bachiller Juan de Alconada, vicario del Valle de Lecrín, y la fundación más ambiciosa que vio el siglo XVI en estos pueblos

Hay documentos que son testamentos. Y hay testamentos que son catedrales de papel.

El que otorgó el bachiller Juan de Alconada el 6 de junio de 1540 en la ciudad de Granada —ante el notario apostólico Antonio de Sotelo, con tres testigos presentes— es ambas cosas. Dieciséis folios de pergamino escritos en latín y castellano, cubiertos de cláusulas, condiciones, amenazas piadosas y promesas eternas. Un hombre que se sabía mortal y que, con método de jurista y devoción de sacerdote, intentó que su nombre durara para siempre.

Lo consiguió. Casi quinientos años después, su casa sigue en pie en Restábal. Y su historia está a punto de ser contada. 🕯️

👤 ¿QUIÉN ERA JUAN DE ALCONADA?

Antes de hablar de lo que hizo, hay que hablar de quién era. Y el propio documento de fundación, en su encabezado solemne, nos lo dice todo en una frase:

«Yo, Juan de Halconada, clérigo indigno sacerdote, primero beneficiado en la iglesia de la villa de Restaval del Val de Lecrín, de la Diócesi de Granada, vicario e visitador del dicho Valle».

Tres títulos. Tres niveles de autoridad eclesiástica.

Beneficiado de Restábal: el cargo eclesiástico más alto del lugar. El cura párroco con dotación económica y responsabilidad permanente sobre la iglesia del pueblo.

Vicario del Valle de Lecrín: es decir, representante del Arzobispo de Granada en todo el Valle. Todos los curas de Melegís, Restábal, El Chite, Saleres, Mondújar, Acequias y los demás lugares del Valle respondían ante él. Era el supervisor eclesiástico de toda la comarca.

Visitador del Valle: cargo de inspección y control. Visitaba los pueblos, revisaba los registros parroquiales, inspeccionaba si los sacerdotes cumplían sus obligaciones, velaba por la ortodoxia y la disciplina. El hombre que llegaba a los pueblos a comprobar que todo estaba en orden.

Un hombre, pues, de enorme poder institucional en una comarca que en 1540 era todavía mayoritariamente morisca —convertida por la fuerza apenas cuarenta años antes— y donde la Iglesia tenía el papel de vigilante permanente de esa conversión. 👁️

Y además: era de Cazorla. Natural de esa ciudad jiennense fronteriza con Castilla, tierra de tradición militar y eclesiástica. De familia hidalga: sus padres eran Martín Hernández de Alconada e Inés Gutiérrez de Vera. Sus abuelos, Gonzalo García de Alconada y Mari Hernández. Su hermano, también Gonzalo García de Alconada, a quien amaba y en quien confiaba lo suficiente para hacerle usufructuario de toda la fundación mientras viviera. 👨‍👨‍👦

Llegó a Restábal como primer beneficiado —es decir, fue el primer cura estable que tuvo el lugar tras la conversión forzosa de los moriscos— y se quedó. Compró. Construyó. Acumuló. Y cuando sintió que su fin se acercaba, lo transformó todo en algo que pretendía ser eterno. ⛪

🏰 LA CASA DE SU MORADA — La que compró a Juan de Baeza el Guengi

La primera propiedad que Juan de Alconada señala para dotar su Capellanía Mayor es la más cargada de simbolismo: su propia casa de morada.

«Unas casas de mi morada en el dicho lugar, que compré de Juan de Baeça el Guengi, con la Huerta Baxa, que compré de Hernando Çalehi, que alinda con las dichas casas, que son en linde de casas de Pedro de Ubeda Haziez, y de huerta de Luys Despaña Xoayar, y de la Calle Real que va a la iglesia.»

Ahí está. La casa que hoy sigue en pie en Restábal. La que aparece en las fotografías con su gran portón de madera con clavos, sus faroles de forja a ambos lados, sus dos palmeras en tinajas de barro, su suelo de patio a cuadros. La Casa de la Capellanía de Alconada.

Y la compró a Juan de Baeza el Guengi —uno de esos nombres moriscos que el Libro de Apeo registra como reliquia fonética de un mundo anterior— y la Huerta Baja a Hernando Çalehi, otro morisco. El primer beneficiado de Restábal vivía en una casa que había sido de un morisco. En la Calle Real que iba a la iglesia. En el corazón del pueblo que vigilaba. 🏡

📜 LAS DOS CAPELLANÍAS — La arquitectura espiritual del bachiller

La fundación que otorgó Juan de Alconada el 6 de junio de 1540 creó dos capellanías perpetuas en la iglesia de Restábal, dotadas de bienes raíces para sufragar los capellanes que las sirvieran «para siempre jamás».

La palabra clave es esa: perpetua. No temporal. No por diez años. No hasta que murieran sus herederos. Para siempre. Vinculada a bienes que no podían venderse, ni empeñarse, ni trocarse, ni cambiarse. Inenajenables. Eternos. ♾️

✝️ CAPELLANÍA PRIMERA — Bajo la invocación de la Natividad de Nuestra Señora

Dotada con un patrimonio vastísimo, enumerado en doce capítulos:

🏠 Su casa de morada —la que compró a Juan de Baeza el Guengi— con la Huerta Baja.

🏚️ Una casa mesón y un molino de aceite junto a ella —comprados a Francisco de Navas.

🌾 Una haça de cuatro marjales en el Pago del Torrente —comprada al morisco Juan Alnayar de Melegís.

🍇 Siete marjales de viña con veinte olivos en el Pago del Cana.

🍇 Veinte marjales de viña en el Pago de Murqui —comprados a los moriscos Hernando Calaytan y Pedro de Benhaçen.

🍇 Otra viña de cuatro peonadas en el Pago del Arrabal —comprada a Mateo de Morillo— con cuatrocientas arrobas de tinajas incluidas.

🫒 Once olivos dispersos en distintos pagos —comprados a doña María Pequeña, Aldonça Açefa y Alonso de la Torre, alguacil del lugar.

🌿 Una huerta de árboles —que había sido «honsario de moros», cementerio islámico— junto a la iglesia, con siete olivos, dos higueras y dos morales.

🫒 Un olivar en dos pedazos —también en antiguos cementerios islámicos— en el Pago de la Mahala, con cuarenta y seis olivos y quince morales, en el camino de Motril.

🌾 Dos pedazos de tierra de habices —bienes que habían pertenecido a la mezquita— con dieciocho y veinticinco olivos respectivamente.

🌾 Dos haças —una de riego con once olivos y cuatro morales en el Pago del Fondón, otra de secano con viñas en el Pago del Coni.

🌾 Tres pedazos de tierra en distintos pagos con catorce olivos y cuatro morales.

El inventario es exhaustivo, casi obsesivo. Cada parcela descrita con sus linderos, sus árboles, su carga de censo, su escritura de compra guardada en pergamino. Juan de Alconada era un hombre de papeles. No dejaba nada al azar. 📋

✝️ CAPELLANÍA SEGUNDA — Bajo la invocación de los Santos Reyes

Si la primera capellanía se dotó con bienes inmuebles concretos, la segunda se dotó de algo más moderno y más poderoso: dinero.

«Ochocientos ducados, que dejo de contado, de los cuales mando que se compren posesiones buenas e seguras e censos perpetuos que basten para la sustentación del capellán.»

Ochocientos ducados en metálico para invertir en censos y propiedades que generaran rentas perpetuas. Una endowment fund, diríamos hoy. Un fondo de dotación para financiar para siempre el salario del segundo capellán.

Y además: una casa comprada al morisco Luis el Gazi —en linde de la Calahorra, la casa torre de Alonso de la Torre, alguacil—. El segundo capellán tendría donde vivir. 🏠

🕯️ LAS MISAS — Ocho por semana, para siempre jamás

Aquí es donde la fundación de Juan de Alconada se vuelve verdaderamente extraordinaria. No se conformó con fundar dos capellanías genéricas. Organizó el calendario litúrgico de sus misas con una precisión que raya en lo obsesivo.

Las ocho misas semanales —cuatro por cada capellanía— tenían cada una su día, su oficio y su intención específicos:

📅 Lunes: misa de Difuntos, con cinco oraciones. Por su alma principalmente. Por sus padres Martín Hernández de Alconada e Inés Gutiérrez de Vera.

📅 Martes: misa del Espíritu Santo, con tres conmemoraciones.

📅 Miércoles: misa de cuarta feria, «yn nomine linus e genefletature».

📅 Jueves: misa del Santísimo Sacramento del Cuerpo de Cristo.

📅 Viernes: misa de la Exaltación de la Cruz, «en memoria de la preciosísima Pasión de nuestro Redentor Jesu Cristo».

📅 Sábado (dos misas, una por cada capellanía): misa de la Anunciación de Nuestra Señora, y misa de la Gloriosa Asunción de la Virgen María.

📅 Domingo: misa de la Santa Resurrección.

Y al final de cada misa, sin excepción: un responso con cruz y agua bendita, vestido el preste, sobre su sepultura.

En su capilla. Sobre su tumba. Para siempre.

Los nombres que debían rezarse en el memento de cada misa son diez: él mismo, sus padres, su hermano Gonzalo García de Alconada, su primo fray Pedro el Nieto, su prima Catalina González Tizón, sus abuelos Gonzalo García de Alconada y Mari Hernández, y Bartolomé Nieto con su mujer Isabel Alonso. Una familia entera rezada por nombre cada semana, durante siglos. ✍️

⚖️ LAS CONDICIONES — Un reglamento sin fisuras

Juan de Alconada era jurista además de sacerdote. Y como jurista, blindó su fundación con cláusulas que cubrían todos los escenarios posibles, incluidos los más oscuros:

🚫 Prohibición total de enajenar: ningún capellán podía vender, empeñar, trocar, cambiar ni permutar ninguno de los bienes dotados. Si lo intentaba, era expulsado automáticamente de la capellanía.

🚫 Los capellanes no podían tener otro beneficio: dedicación exclusiva. Si tenían otro cargo eclesiástico, la capellanía quedaba vacante.

✅ Residencia obligatoria: en la iglesia y su partido, todos los domingos, fiestas de guardar, miércoles de ceniza, toda la Semana Santa, las letanías de los tres días. Con sobrepelliz. Pena de un real por cada falta.

✅ Preferencia familiar: cuando vacara una capellanía, debía ponerse un edicto en las puertas de la Catedral de Granada «y otra en las puertas de la Iglesia de Cazorla, donde soy natural», para que los parientes tuvieran noticia y pudieran oponerse. El pariente apto era preferido a cualquier otro candidato.

⛔ Limpieza de sangre: quizás la cláusula más reveladora de su tiempo. Los patrones «no puedan elegir por manera alguna capellán o capellanes que sean conversos de judíos ni de moros, ni que tengan parte dellos». Y si lo hacían sin saberlo, debían revocar el nombramiento en cuanto lo supieran.

El cura que vivió cuarenta años entre moriscos, que les compró sus casas y sus tierras, que actuó de vicario en un valle donde la mayoría de los habitantes eran conversos recientes... prohibió expresamente que sus capellanes tuvieran sangre de moro o de judío. La contradicción no es excepción: es el reflejo exacto de la España del siglo XVI. 🌑

⚠️ Cláusula nuclear: si el Papa, el arzobispo u otro juez se entrometían en la provisión de las capellanías, «las dichas posesiones e bienes queden desde entonces profanos». Es decir: si la Iglesia intentaba controlar lo que él había creado, la fundación se convertía automáticamente en patrimonio laico. Un seguro contra la ambición institucional. 🔑

🏛️ LOS PATRONES — La familia Alconada y los Nieto

Juan de Alconada designó como primeros patrones a:

Gonzalo García de Alconada — su hermano. Usufructuario de todos los bienes durante su vida, con obligación de decir las cuatro misas semanales de la primera capellanía. El heredero temporal de todo.

Francisco Nieto — «mi primo, vecino del dicho lugar de Restábal». El otro patrón. El mismo Francisco Nieto que fue sacristán de Restábal durante décadas y cuyo yerno Francisco López de Ariza heredaría su patrimonio.

Y después de ellos: «sus hijos y sucesores por vía masculina». El patronazgo era hereditario, de varón en varón, perpetuamente. Si faltaba la línea masculina, pasaba a los parientes más cercanos de la generación de Juan de Alconada. 👨‍👦

📜 LA APROBACIÓN DEL ARZOBISPO — Don Gaspar Dávalos bendice la obra

La fundación de Juan de Alconada no era un acto privado. Necesitaba la aprobación del Arzobispo de Granada para que los bienes se convirtieran de «temporales en espirituales» —es decir, de propiedades privadas en patrimonio eclesiástico vinculado e inenajenable—.

El Arzobispo era don Gaspar Dávalos, uno de los prelados más importantes de la Granada del siglo XVI. Y su respuesta, firmada en 1540, es categórica:

«Fallamos que lo en ella por él dispuesto y ordenado, cerca de las dos capellanías que quiere que se crien y erijan, y sirvan en la dicha iglesia del dicho lugar de Restábal, y lo demás que toca a la dotación de la capilla, que en ella hizo, donde está sepultado, es todo bueno, justo e pío, y en aumento del culto divino, e mucha ayuda de los vivos e difuntos, e que como tal lo debemos confirmar e aprobar.»

Todo aprobado. Todo confirmado. Todo registrado en el Libro del Becerro —el gran archivo eclesiástico del Arzobispado—. Y el original entregado a los patrones para guardarlo en la capilla del bachiller Alconada. ✝️

⏳ 1568 — EL ÚLTIMO ACTO ANTES DEL ALZAMIENTO

Veintiocho años después de la fundación, el 6 de septiembre de 1568 —apenas cuatro meses antes del alzamiento morisco de enero de 1569—, Francisco Muñoz, marido de Mayor González de Alconada y padre de Juan de Alconada el joven —nieto de Gonzalo García, sobrino del fundador— compareció ante el Provisor del Arzobispado para formalizar el estado de la segunda capellanía.

Lo que buscaba era clarificar y consolidar los bienes: los ochocientos ducados de dotación original habían sido invertidos en censos sobre propiedades, algunos de los cuales habían sido redimidos y necesitaban reinversión. El capellán en ese momento era Pedro de Aragón —el mismo Pedro de Aragón, clérigo y propietario, que aparece como testigo principal en el Apeo de 1572.

La petición fue aprobada. La segunda capellanía quedó reliquidada en treinta mil maravedíes de renta perpetua —exactamente los ochocientos ducados del fundador, convertidos en rentas anuales sobre propiedades seguras.

Cuatro meses después llegó el alzamiento. El mundo morisco del Valle de Lecrín se rompió en pedazos. Y las Capellanías de Alconada —sus bienes, sus casas, su capilla, su tumba— quedaron en medio del caos como una isla de permanencia institucional. 🔥

🪨 LA PLACA — Lo que dice la piedra hoy

En la pared interior de la Casa de la Capellanía de Alconada, en Restábal, una placa de mármol —colocada en el año 2003— resume en pocas líneas lo que el Apeo tarda cientos de folios en contar:

«En los Libros Civiles de Apeo y Repartimiento y en los Eclesiásticos del Becerro, consta que D. Juan de Alconada, Vicario del Valle de Lecrín y Beneficiado de Restábal, constituyó en esta Capellanía dotada, entre otros bienes, esta su casa que comprara a los moriscos Juan de Baeza el Guengi y Hernando Çelehi. En 1874 la familia Sáenz Diente y Espada la inscribe a su nombre, siendo sus herederos los actuales propietarios.»

La placa es el puente entre 1540 y hoy. Juan de Alconada → Los Nieto (patrones) → La familia Sáenz Diente (1874) → Los actuales propietarios. Casi cinco siglos de historia en cinco líneas de mármol. 🪨

📸 LAS FOTOGRAFÍAS — Lo que las imágenes guardan

Las fotos que acompañan este artículo son documentos visuales de primer orden:

🚪 La puerta principal: portón de madera maciza con clavos de forja, flanqueado por dos faroles de hierro negro. Dos palmeras en tinajas de barro a ambos lados. El suelo de la entrada, a cuadros blancos y negros. Una puerta que lleva el mismo eje desde el siglo XVI: la Calle Real que iba a la iglesia, que Juan de Alconada menciona expresamente en su documento de 1540.

🔑 El cuadro de llaves: siete llaves antiguas de hierro, diferentes tamaños, colgadas sobre tela de lino en un marco de madera oscura. No son decoración casual. Son las llaves de la memoria: cada una pudo abrir una de las propiedades de la capellanía, una casa del lugar, un almacén, un horno. Llaves que alguien guardó durante generaciones porque no había que perderlas.

🏺 El armario con cerámica: una alacena de madera oscura con puertas de tela metálica, llena de cerámica nazarí y renacentista —jarras, cuencos, platos, cazuelas de cobre—. Los objetos de uso cotidiano de una casa que fue, durante siglos, al mismo tiempo vivienda y sede de una institución religiosa.

🌿 El callejón empedrado: un camino de guijarros entre paredes blancas y plantas verdes que conduce hacia la casa. Las mismas piedras redondeadas del río que pisó Juan de Alconada al volver de sus visitas pastorales por el Valle.

Las fotografías muestran que la casa sigue viva. Restaurada con cuidado, con respeto por lo que fue, pero habitada. No es un museo. Es una casa con memoria. 🌿

🔚 EPÍLOGO: LO QUE DURÓ

Juan de Alconada murió sin que el documento lo diga cuándo. Su hermano Gonzalo García lo sobrevivió y fue usufructuario. Sus sobrinos reclamaron el patronazgo en 1568. La capellanía sobrevivió al alzamiento morisco, a la expulsión, a la repoblación, al siglo XVII, al XVIII, al XIX —cuando la familia Sáenz Diente la inscribió en el Registro en 1874— y llegó hasta el siglo XXI.

Casi quinientos años.

Las ocho misas semanales no se siguieron diciendo para siempre: la desamortización eclesiástica del siglo XIX acabó con las capellanías como institución. Pero la casa siguió en pie. Y la placa que alguien colocó en 2003 es la última cláusula del testamento que Juan de Alconada escribió en 1540:

«Para que sea jus patronatus». Para que sea derecho de patronazgo. Para siempre jamás.

Lo consiguió. ✝️


Fuente: 

M. Espinar Moreno, C. González Martín, A. de la Higuera Rodríguez, I. C. Gómez Noguera. «El Valle. Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal». Granada, 2006 / Digibug 2022. Documento original: Fundación y Dotación de Capellanía otorgada por Juan de Alconada, Granada, 6 de junio de 1540, ante Antonio de Sotelo, notario apostólico.

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