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| Iglesia del Barrio Bajo de Pinos del Valle |
🌲 LOS HABICES DE LA IGLESIA DE PINOS DEL VALLE (O DEL REY)
Historia, patrimonio y memoria de la alquería que mira a la costa
Hay pueblos en el Valle de Lecrín cuyo nombre ya anuncia su paisaje. Pinos del Valle, también llamado en los documentos antiguos Pinos del Rey, se asoma desde la ladera septentrional del monte Chinchirina hacia el Mediterráneo, coronado por bosques que en otro tiempo dieron origen a su topónimo árabe Bīnūš (بينوش), "lugar donde abundan los pinos". Un nombre que sobrevivió a la conquista, a la conversión forzosa y a la expulsión, y que hoy sigue señalando el lugar exacto donde dos barrios —el Alto y el Bajo— custodian la memoria morisca de sus callejuelas, tinaos y tapias. 🌲⛰️
Este artículo se construye sobre el Capítulo XVIII de la tesis doctoral de Lorenzo Luis Padilla Mellado, Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología (Universidad de Granada, 2010), con su fuente fundamental: el Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín (1547-1554), folios 214r al 237v. Es preciso señalar, antes de comenzar, una peculiaridad documental: para Pinos del Valle no se conserva un Libro de Apeo, y el propio Libro Becerro advierte con sequedad burocrática: "En este lugar no se han reconocido bienes ningunos por estar puestas demandas en la Chancillería ante el Secretario Cabrera, aunque se han ejecutado los bienes. Diego Andearroyo. Cristiano viejo." Un litigio que ensombrece el origen documental de este inventario, y que hace aún más valiosa la reconstrucción minuciosa que Padilla Mellado realiza a partir de las escrituras de censo dispersas. 📜
🏘️ La alquería: dos barrios, una sola alma
El actual Ayuntamiento de El Pinar nació de la unión de Pinos del Valle e Ízbor, con sus anejos de los Acebuches y Tablate. Situado a 14 kilómetros de Dúrcal y casi 40 de Granada, el pueblo cuenta hoy con poco más de mil habitantes, asomado al Valle entre cañadas de naranjos y olivos, con numerosos manantiales que riegan sus fértiles pagos. Sus dos almazaras producen un aceite de reconocida calidad.
La estructura urbana, desordenada y de raíz morisca, se reparte en callejuelas estrechas, arquillos cobertizos, adarves sin salida y tinaos que comunican una casa con otra por encima de la calle. El Barrio Bajo, resguardado de los vientos, fue probablemente el primer asentamiento; allí se levanta la iglesia del siglo XVI entre patios y vergeles de naranjos. El Barrio Alto, por su parte, debe su origen al Camino Real que bajaba a Motril, donde los viajeros descansaban antes de continuar hacia la costa, alojándose en dos posadas que existían en este barrio.
Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico (1845-1850), describe 400 casas repartidas en los dos barrios, casa capitular, cárcel y una fuente abundante en cada uno. La tierra de cultivo comprendía entonces unos 2.000 marjales de regadío plantados de olivos y frutales, y unas 500 fanegas de viñas en secano. Cogíanse del primero 20.000 arrobas de aceite y del segundo unas 8.000 de vino —cifras que dan idea de la prosperidad agrícola que llegó a alcanzar este pueblo en el siglo XIX, sostenida por seis molinos de aceite y tres harineros. 🍷🫒
⚔️ La conquista, la guerra y el declive morisco
La historia de Pinos del Valle se inscribe en el drama común a todo el Valle de Lecrín. En abril de 1491, las tropas castellanas llevaron a cabo la incursión más sangrienta y destructiva, quemando cosechas y talando árboles. Fue en el puente de Tablate donde el propio Muhammad XII (Boabdil) intentó, sin éxito, ofrecer resistencia a Fernando el Católico.
Tras la entrega de Granada, la población morisca conservó sus costumbres hasta la llegada del cardenal Cisneros, que impuso la conversión forzosa. En 1569, durante el levantamiento de las Alpujarras, los moriscos de Pinos del Valle colaboraron con los sublevados de la sierra, llegando incluso a salir hasta el barranco de Acequias para obstaculizar el avance de las tropas castellanas hacia la Alpujarra. La represión dejó la población morisca original gravemente reducida. Con su marcha, la agricultura entró en declive: disminuyeron los árboles y la otrora floreciente cría del gusano de seda terminó por desaparecer del todo.
La repoblación trajo familias procedentes de Jaén, Córdoba, Galicia y la Meseta Norte. La agricultura se transformó hacia pequeñas huertas, cereal de secano y regadío, y progresivamente hacia el viñedo, que llegaría a convertir a Pinos en uno de los mayores exportadores de vino de la provincia —hasta que la filoxera del siglo XIX arrasó prácticamente todos los viñedos. Mármol Carvajal, en su Historia de la Rebelión y Castigo de los moriscos del Reyno de Granada, incluye a Pinos del Valle —"Pinos del Rich o del Valle"— en su célebre enumeración de los veinte lugares del Valle de Lecrín. 🍇
🏯 La Torre de la Cuesta de la Cebada y el Camino Real
En el término municipal perdura el recuerdo de construcciones defensivas, como el castillo de la Cuesta de la Cebada, edificio de principios del siglo XX construido aprovechando con seguridad los cimientos de una antigua torre medieval —la presunta Torre de la Cebada—. El edificio actual consta de dos cuerpos: la torre, en la parte más elevada, reaprovechando la antigua, y un módulo más bajo con una nave partida por un arco a nivel de suelo y una terraza almenada. En sus inmediaciones se conservan dos pequeñas eras y los restos de un aljibe.
El Camino Real de Motril atraviesa el relato histórico de Pinos del Valle de principio a fin: aparece en la fundación del Barrio Alto, en los itinerarios de los Caminos Reales del Valle de Lecrín representados en mapas históricos, y en decenas de linderos de las tierras habices que se describen en el Libro Becerro. Era la columna vertebral económica del pueblo. 🛤️
De los edificios fabriles, destaca el molino de Zazas, conjunto de dos molinos consecutivos aprovechando el agua que nace metros arriba, cada uno con dos piedras.
⛪ Las dos iglesias de Pinos: Barrio Bajo y Barrio Alto
En 1501, Diego Hurtado de Mendoza, arzobispo de Sevilla, instituyó la iglesia parroquial de Santa María de El Padul con sus anejos de Cónchar, Cozvíjar, Dúrcal y Nigüelas, con tres beneficios simples y tres sacristías; uno de ellos quedó reservado para colegiales del Colegio Real y Eclesiástico de San Cecilio por provisión de Carlos V de 1534.
La primera parroquia del Barrio Bajo se levantó entre 1561 y 1566, siendo maestros el cantero Martín de Urquide y los carpinteros Melchor y Francisco Fernández. Cuando estalló la rebelión morisca de 1568, "los moros sublevados quemaron toda iglesia, era edificio nuevo y de cantería", según relata López Rodríguez. Se hizo entonces un colgadizo provisional, y a finales de siglo se labró de nuevo su armadura, dejando constancia de ello dos escudos arzobispales fechados en 1594. En el siglo XVIII se añadió crucero y capilla mayor, configurando planta de cruz latina, y la armadura mudéjar fue sustituida por bóveda de cañón con lunetos. El templo conserva, no obstante, la sobriedad exterior de la primitiva iglesia mudéjar.
El templo del Barrio Alto, dedicado a San Sebastián, se construyó entre 1815 y 1830 bajo el patrocinio de Juan José Bonel y Orbe, natural de la localidad y futuro arzobispo de Toledo. De planta basilical de tres naves en cruz latina, con cúpula sobre pechinas y ábside semicircular cubierto por bóveda de horno, representa una de las soluciones más felices del neoclasicismo granadino. El arzobispo deseaba que tuviera dos torres para que el pueblo se convirtiera en Cabeza de Partido, como Órgiva, pero murió antes de completar el proyecto —de ahí que una de las torres permanezca inacabada hasta hoy.
Una tercera referencia religiosa, la ermita del Cristo del Zapato, situada en lo alto de un cerro con vistas a todo el Valle y la costa, guarda en su interior el cuadro que le da nombre, hallado por un pastor que, según la tradición local, lo llevó tres veces a la iglesia del Barrio Alto y otras tantas reapareció milagrosamente en el cerro, hasta que los vecinos comprendieron que el santo deseaba un santuario propio. La ermita actual data de una ampliación de 1920. ⛪✝️
🏚️ Los bienes urbanos: hornos, mesones, tienda y rábitas
Al no conservarse Apeo de Pinos del Valle, el inventario de bienes urbanos se reconstruye exclusivamente a partir del Libro Becerro. Comprende 2 casas, 3 rábitas, 1 tienda con carnicería, 2 hornos de pan cocer, 1 mesón y 2 macaberes con una superficie de 4,5 marjales.
Entre los hornos, el del Barrio Alto se llamaba Mieles, y lo tenía a censo Bernabé de Baeza por 41 reales. El del Barrio Bajo lo poseían Antón el Joule, vecino de Béznar, y Diego Suárez, vecino de Granada, pagando 15 ducados con la tienda incorporada; ambos edificios estaban ya con los tejados caídos en el momento del registro.
La tienda y carnicería, junto a la iglesia, la poseía Juan de Lara por traspaso que le hizo Juan del Castillo, en nombre del Maestro Baeza, con un censo de 240 maravedís que incluía también tres morales y una higuera.
El Mesón Alto de Pinos del Rey, el más antiguo de los dos mesones existentes, lo tenía a censo Juan González Castejón por 800 maravedís anuales —dato que sugiere la existencia de un segundo mesón cuya titularidad no se especifica.
Entre las casas, una en el Barrio Bajo lindaba con casa de Bernabé Lanjaroni, con casa de Gonzalo Alcaide —vecino de El Chite— y con la Calle Real, con dos parras a su puerta, poseída a censo por Francisco de Molina. Otra, con una rabitilla aneja, en el Barrio de Laujar de Pinos, la pagaba Hernando Mateo por ocho reales.
Las rábitas —tres documentadas— incluyen la ya citada de Laujar, otra en el Barrio Alto poseída por Hernando de Covaleda y su mujer María de Pisa, linde con una acequia y el Camino de Motril, por 11 reales; y una tercera, también en el Barrio Alto, a cargo de Diego del Castillo el Besugo, por dos reales perpetuos.
Los macaberes comprenden uno de cuatro marjales (2.100 m²) junto al cementerio de la Iglesia Baja, que Francisco de Molina Leonís, Beneficiado de Pinos, tenía a censo, y que su heredera Lucía Rodríguez traspasó a Gerónimo Muñoz, vecino de Pinos, por 50 ducados; años después, Alonso Verdugo compró esa misma posesión por 150 ducados. Un segundo macaber de medio marjal lo tenía también Francisco de Molina, junto a una haza de la iglesia. 🪦
🌾 Tierras de regadío: el manantial que sostiene los pagos
El inventario de tierras de regadío reúne 24 hazas y 9 pedazos de tierra, sumando una superficie de 2,52 hectáreas, distribuidas por los pagos de Lugda, Pezcoche, Alcudia, Azazar, Mazabila, la Cuba, Ceyle, Algila, Fontilas y Galca.
Destaca el conjunto de tierras censadas a Juan de Martos, que incluye una haza de dos marjales con ocho olivos en el Pago de Lugda, lindando con haza de Juan de Lara, de Álvaro de Mendoza y con habices reales; otra de medio marjal con dos olivos en el mismo pago; y dos hazas de riego en el Pago del Pezcoche y de Alcudia que sumaban cuatro marjales más. Bernabé de Baeza poseía una haza de la rábita de Laujar de cuatro marjales con tres olivos, lindando con tierras de Zacarías de Mendoza y Andrés de Sayavedra.
Isabel de Cozvíjar, viuda de Álvaro Hernández Hacín, pagaba dos reales por una haza de un marjal en dos pedazos en el Pago de Azazar, con dos higueras, lindando con haza de la iglesia y la acequia. Alonso de Jaén acumulaba varias parcelas: una haza de marjal y medio con un moral en el Pago de Mazabila, otra en el Pago de la Cuba dividida por un jorfel, y una tercera en el Pago de Ceyle, lindando con tierras de Agustín y García Alcaide.
Diego de Mendoza, Lorenzo de Mendoza y Lorenzo de Montoya —probablemente parientes— compartían pagos colindantes en Fontilas, sumando entre los tres más de cinco marjales de tierra de riego con sus respectivos olivos y morales. 💧
🌿 Tierras de secano y viñedos
Las tierras de secano y viñedo suman 5,545 hectáreas, distribuidas entre el Pago de Alfachebel, Hofra, la Cuesta de la Cebada, el Camino de Motril y el Pago del Laoirt.
Cebrián de Mendoza poseía una haza de secano de cuatro celemines en el Pago de Alfachebel y otra de tres cuartillas junto al Camino de Motril, con un censo conjunto de 132,5 maravedís. Hernando de Montalvo tenía una haza de secano de dos fanegas cerca de la Cuesta de la Cebada. Juan de Lara sostenía un censo de 73 maravedís por una haza de secano y monte de dos fanegas con dos olivos grandes, conocida significativamente como "Cancures" —un topónimo que evoca todavía hoy la memoria oral de la zona.
Entre las viñas, Juan de Martos pagaba 224 maravedís por seis marjales en el Pago de Arrohaya, plantada con árboles frutales por Zacarías de Moya, de la que correspondía la parte baja a la iglesia. Juan de Lara poseía además una viña de cinco marjales con albaricoques, manzanos y tres pies de aceitunos en el Pago del Laoirt, lindando con tierras de Lorenzo Palomino y Andrés Raguas, vecino de Guájar. 🍇🌳
🌳 El arbolado: el olivar omnipresente
El recuento arbóreo de Pinos del Valle, según el detalle de las partidas del Libro Becerro, ofrece estas cifras:
134 olivos/aceitunos, 14 morales, 2 algarrobos, 2 encinas, junto con higueras, parras, albaricoques y manzanos en menor número. Una cifra de olivos que confirma a Pinos del Valle, junto con El Chite, como uno de los grandes productores de aceite del Valle de Lecrín, frente a la economía sedera que dominaba en Melegís y Restábal.
Muchas de estas partidas describen secuencias completas de olivos repartidos en hazas ajenas: cuatro olivos de Hernando de Montalvo linde con haza de la iglesia, otros tres olivos viejos de los mismos linderos, un olivo de la Iglesia de Motril en haza de Montalvo junto al Camino del río. Bernabé de Mendoza pagaba 144 maravedís por once olivos repartidos entre haza de Diego Hernández, de Andrés Yáñez, de Agustín Alguacil y de Aben Reduán, con linderos que incluían acequias y el Camino de Ízbor. 🫒
📋 El Libro Becerro (1547-1554): el catálogo de un pueblo
Los folios 214r al 237v del Libro Becerro recogen, con la precisión notarial característica del siglo XVI, decenas de partidas de censo. Más allá de la cuantificación fiscal, este documento es la crónica involuntaria de una sociedad rural en transformación.
Cebrián de Mendoza abre la relación pagando 132,5 maravedís por un olivo chico en haza de Pedro de la Fuente, tres olivos en haza de los Castillos, dos olivos de la Iglesia de Motril en haza propia lindando con viña de Morel de Saavedra, y un moral en haza de Miguel de Baeza.
Andrés de Sayavedra pagaba 157 maravedís por un olivo grande en medio de una haza de Diego Hernández, otro en haza de Morel de Saavedra y dos más junto al camino que desciende de la alquería Alta a la Baja, según la escritura de Alonso Ruiz, 29 de septiembre de 1547.
Bernardino Ramos pagaba 84 maravedís por doce olivos en distintas hazas, incluyendo uno grande junto a peñas debajo de la casa de Andrés el Gomerí, otros dos delante de la puerta de la casa de Diego Hernández, y un olivo de la Iglesia de Gavia en haza de Andrés del Castillo.
Bernabé Yáñez sostenía un complejo censo de 278 maravedís por veinte olivos distribuidos en numerosas hazas: junto a sus propias casas, junto al Camino que va de la alquería alta a la baja, y cinco olivos cerca del horno de la alquería Baja y de la huerta y cementerio de la iglesia.
Hernando del Castillo pagaba 75 maravedís por un moral en tierra de Lorenzo Palomino, junto al Camino Real de Motril, y dos olivos grandes junto a una acequia.
Bernabé de la Fuente acumulaba 194,5 maravedís por ocho olivos: uno linde con olivos de la Iglesia de Salobreña, otro junto con olivos de Lorenzo de Mendoza, tres en canto de haza de Álvaro de Mendoza junto a un macaber, y uno grande de la Iglesia de Motril en jorfel de haza de Gonzalo Alcaide.
Hernando de Montalvo sostenía dos censos importantes: 208 maravedís por diez olivos grandes y viejos, y 1.400 maravedís por seis olivos en haza de Asensio del Castillo, un haza de riego de tres marjales con catorce pies de olivos plantados por Alonso Arias Descobar, cinco morales en una tierra llamada "el Cartabón", y dos aceitunos grandes en haza de Lorenzo de Moya.
Catalina Barrasa pagaba 19 reales según escrituras del Beneficiado Alonso Descobar, otorgadas ante Juan de Sosa en Granada en 1534. Estas posesiones fueron dadas de nuevo a censo perpetuo a Hernando Luis de la Cruz, Beneficiado de Pinos, por 50 reales, en 1597.
📜 Las escrituras de censo: la geografía notarial de Pinos
Las escrituras conservadas dibujan una geografía completa de relaciones censales en torno a la iglesia. El escribano Alonso Ruiz otorga la mayoría de ellas entre 1547 y 1549; Francisco de Córdoba las renueva sistemáticamente en septiembre de 1555, marcando una clara campaña de reconocimiento de censos en esa fecha.
Entre los censatarios documentados en las escrituras de 1555 ante Francisco de Córdoba: Diego Bergí (17,5 reales por una haza con tres olivos grandes), Hernando de la Fuente (4,25 reales), Francisco de Almazán (12 reales por haza con tres olivos y una higuera), Bernabé de Baeza (45 reales por el Horno Alto y una haza), Lorenzo de Mendoza (12 reales), Lorenzo de Montoya (13,5 reales), Alonso de Jaén Alaberri (6 reales) y Alonso García (7,25 reales por dos hazas).
Juan González Castejón, además del Mesón Alto, pagaba 3,5 reales por un pedazo de tierra de ocho marjales hecho olivar en el Pago de Algila, y 306 maravedís más por posesiones traspasadas de Juan de Arroyo. Estas mismas posesiones de Arroyo pasaron también, en parte, a Francisco Jijón, vecino de El Chite —otra prueba de cómo las redes de censatarios cruzaban los límites de las alquerías vecinas del Valle.
Hernando de Covaleda y su esposa María de Pisa reconocieron en 1555 ante Francisco de Córdoba el censo de su rábita del Barrio Alto. Diego del Castillo el Besugo hizo lo propio por su rábita en febrero de 1558.
🌅 Lo que los habices de Pinos del Valle nos dicen
El inventario habice de Pinos del Valle es, pese a la pérdida del Apeo original, un testimonio extraordinariamente vivo. La advertencia inicial del escribano —"no se han reconocido bienes ningunos por estar puestas demandas en la Chancillería"— nos recuerda que ni siquiera el patrimonio eclesiástico estuvo libre de litigios y disputas en aquel siglo convulso.
Pero a través de los pleitos, los olivos, los macaberes convertidos en huertas, las rábitas caídas y los hornos con los tejados hundidos, emerge el retrato de un pueblo que, como tantos otros del Valle de Lecrín, tejió su supervivencia entre la herencia morisca y la repoblación cristiana. Los Jaén, los Montalvo, los Mendoza, los de la Fuente, Juan de Martos, Bernabé de Baeza: nombres que sostuvieron con sus censos perpetuos la vida material de dos iglesias, la del Barrio Alto y la del Barrio Bajo, que hasta hoy comparten servicios parroquiales como comparten también la memoria de aquellos siglos.
Que no se pierda la memoria de Pinos del Valle. ✨
📚 Bibliografía
PADILLA MELLADO, Lorenzo Luis (2010): Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología. Editorial de la Universidad de Granada. Granada. D.L.: GR 3009-2010. ISBN: 978-84-693-2571-1. [Capítulo XVIII: Pinos del Valle, pp. 1173-1224.]
Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín (1547-1554). AHAGr. Signatura Caja nº 44. Fols. 214r-237v. Apéndice Documental, Doc. nº 21, p. 136.
MADOZ, Pascual (1845-1850): Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Andalucía, Granada. Estudio introductorio de J. Bosque Maurel, pp. 287-288.
MÁRMOL CARVAJAL, Luis del (1797): Historia de la Rebelión y Castigo de los moriscos del Reyno de Granada. Madrid, pp. 212-213.
LÓPEZ RODRÍGUEZ, Miguel A. (2002): Las Parroquias de la Diócesis de Granada (1501-2001). Arzobispado de Granada. Granada, pp. 385-386.
SECO DE LUCENA, Luis (1974): Topónimos árabes. Universidad de Granada. Granada, pp. 63-64.
MARTÍNEZ RUIZ, Juan (2002): El lenguaje del suelo (Toponimia). Universidad de Jaén, pp. 664-666.
MARTÍN GARCÍA, Mariano; BLEDA PORTERO, Jesús; MARTÍN CIVANTOS, José María (1999): Inventario de Arquitectura de la provincia de Granada. Diputación de Granada, pp. 229-230.
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| Cuadro de la Érmita del Cristo del Zapato |




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