11 agosto 2026

Procesión de la Virgen de la Cabeza en Cozvíjar 2026

Virgen de la Cabeza 

 

🌹 Cozvíjar camina con su Virgen de la Cabeza: una noche de fe, música y tradición

✨ La procesión del domingo 9 de agosto volvió a reunir a todo un pueblo alrededor de su patrona

Hay celebraciones que se contemplan y otras que, mientras uno las recorre, permiten comprender un poco mejor el alma de un pueblo. La noche del domingo 9 de agosto de 2026, Cozvíjar vivió una de esas jornadas en las que religión, tradición, música, convivencia y memoria colectiva se fundieron alrededor de una misma protagonista: Nuestra Señora la Virgen de la Cabeza.

El programa de las fiestas patronales había señalado las 21:00 horas para la gran procesión dominical, después de la solemne misa celebrada al mediodía. Las fiestas de este año se desarrollaron entre el 7 y el 10 de agosto, reservándose precisamente para el domingo uno de sus actos religiosos centrales.

Y desde bastante antes de la salida se intuía que no sería una procesión cualquiera.

⛪ De San Juan Bautista a las calles de Cozvíjar

La Iglesia Parroquial de San Juan Bautista fue el punto de partida. En su interior aguardaba la Virgen, preparada para reencontrarse con sus vecinos.

El templo es, además, uno de los grandes testimonios históricos de Cozvíjar. Su construcción se sitúa hacia 1540, con participación documentada del albañil Pablo Fernández y del carpintero Juan Fernández, este último relacionado también con otras iglesias del Valle de Lecrín como las de Béznar, Acequias, Mondújar y Dúrcal. La iglesia presenta una sola nave y conserva una importante armadura de madera, formando parte del patrimonio religioso que ha acompañado durante siglos la vida de esta localidad.

Precisamente ese interior histórico, con sus retablos dorados, imágenes, altar mayor y techumbre de madera, proporcionó uno de los escenarios más hermosos de la noche.

Cuando la Virgen estuvo dispuesta para salir, comenzó a formarse alrededor de ella ese particular silencio mezclado con conversaciones, órdenes a los portadores y expectación que precede siempre a las grandes procesiones de nuestros pueblos.

👑 Una Virgen vestida de luz

La imagen ofrecía una estampa especialmente hermosa.

Coronada, con el Niño en sus brazos y cubierta por un amplio manto claro profusamente bordado en dorado, aparecía rodeada de grandes composiciones florales en tonos blancos y rosados. La iluminación del trono resaltaba todavía más el dorado de sus adornos y, conforme fue cayendo la noche, convirtió a la Virgen en un punto de luz avanzando por las calles.

Las fotografías permiten apreciar muchos de esos detalles: los grandes ramos, las luminarias de cristal, el cuidado exorno floral, los faldones que cubrían la parte inferior del paso y, sobre todo, el trabajo de quienes durante kilómetros estuvieron pendientes de cada movimiento.

La Virgen avanzó unas veces por calles amplias y otras por lugares donde las fachadas parecían estrecharse a su paso. Allí se veía la coordinación de los hombres y mujeres que la acompañaban de cerca, atentos a giros, balcones, cables y rincones.

Y alrededor, muchísima gente.

Niños, jóvenes, mayores, familias enteras, vecinos que caminaban durante todo el recorrido y otros que esperaban desde puertas y balcones. En algunos puntos se arrojaron pétalos desde las viviendas, una de esas pequeñas escenas que quizá duran solamente unos segundos pero que condensan el cariño de un pueblo hacia su patrona.

🚶‍♂️ Plaza de la Constitución, calle Sol, Avenida de Andalucía…

La procesión partió desde la Plaza de la Constitución y fue adentrándose en Cozvíjar por un itinerario que recorrió, entre otras, la calle Sol, Avenida de Andalucía, calle Nueva, calle Viento y Real Alta, antes de regresar nuevamente hacia la plaza y la iglesia.

Fue también una extraordinaria manera de contemplar Cozvíjar.

Las calles aparecían engalanadas con banderines multicolores, iluminación extraordinaria y adornos festivos. Las casas blancas, los balcones de hierro, las fachadas más antiguas y las calles estrechas adquirieron otra dimensión al paso de la Virgen.

A medida que desaparecía la última claridad del día, el ambiente iba transformándose. Primero fue una procesión bajo el cielo todavía azul; después, una comitiva completamente nocturna iluminada por farolas, alumbrado festivo y por las luces del propio trono.

Las imágenes tomadas durante el recorrido muestran también algo importante: la enorme participación popular. No era solamente gente observando desde las aceras. Había centenares de personas caminando detrás y alrededor de la Virgen, llenando prácticamente algunas calles de lado a lado.

Ese componente colectivo es quizá una de las cosas que mejor explican estas fiestas rurales: durante unas horas prácticamente todo el pueblo comparte un mismo espacio.

🎺 La Banda de Música El Carmen de Dúrcal

Y detrás de muchas de esas imágenes había una banda sonora imprescindible.

La Banda de Música El Carmen de Dúrcal, dirigida por Jorge Berrio Ruiz, acompañó musicalmente la procesión, con sus músicos avanzando entre las estrechas calles de Cozvíjar mientras la percusión, clarinetes, saxofones y metales marcaban el ritmo de la comitiva. 

Entre las piezas que pude escuchar estuvieron “Madrugá Macarena” y “Costalero”, además de otras composiciones interpretadas por la Banda El Carmen.

La música procesional adquiere una sonoridad completamente diferente cuando se escucha en estos pueblos. Las fachadas próximas hacen que los sonidos reboten, los tambores se sientan con especial intensidad y los metales llenen las calles.

Hubo momentos en los que la Virgen avanzaba lentamente mientras la banda tocaba a pocos metros y otros en los que los músicos tenían que reorganizarse para atravesar los rincones más estrechos.

En las fotografías se observa incluso cómo algunos atriles llevaban iluminación individual, necesaria cuando la noche ya había caído por completo. Un pequeño detalle que habla también del trabajo que existe detrás de una procesión de varias horas.

🎆 Cohetes, tracas y el cielo de Cozvíjar iluminado

Otro de los elementos más espectaculares de la noche fue la pirotecnia.

Durante diferentes momentos de la procesión se dispararon cohetes, tracas y otros fuegos artificiales. El cielo fue pasando del azul del atardecer a la oscuridad profunda de agosto, y sobre él comenzaron a aparecer destellos blancos y dorados.

Especialmente hermosas fueron las estampas de la Virgen detenida mientras, detrás o sobre ella, los fuegos iluminaban durante unos instantes las fachadas.

La pirotecnia se desarrolló dentro del casco urbano y no en zonas de campo, algo especialmente relevante en estas fechas estivales, cuando cualquier actividad relacionada con fuego exige máxima precaución. Durante lo que pude presenciar, los disparos se realizaron de manera localizada y controlada.

Hubo momentos en los que la Virgen se detenía y el estruendo de una traca rompía durante unos segundos el sonido de la banda. Después quedaba el humo suspendido sobre la calle y volvía la música.

Son imágenes profundamente vinculadas a la cultura festiva tradicional de muchos pueblos del Valle de Lecrín.

🌸 Balcones abiertos, pétalos y vecinos esperando

Uno de los aspectos que más me llamó la atención fue la participación desde las casas.

En numerosas calles había personas asomadas a ventanas y balcones, esperando durante largo tiempo para ver pasar a la Virgen. Algunas viviendas mostraban adornos religiosos y en varios puntos cayeron pétalos sobre el manto y sobre quienes caminábamos junto al paso.

Es precisamente ahí donde estas celebraciones dejan de ser únicamente un acto religioso para convertirse también en patrimonio cultural inmaterial.

Porque una procesión como la de Cozvíjar no está formada solamente por una imagen, una banda y un itinerario. La forman también quienes engalanan las calles, quienes preparan las flores, quienes portan el paso, quienes ensayan durante semanas, quienes disparan los cohetes, quienes esperan en un balcón y quienes regresan al pueblo cada verano para encontrarse con familiares y amigos.

El programa y las crónicas sobre esta tradición destacan precisamente cómo durante estas fiestas las calles se llenan de banderines, alumbrado, vecinos y personas que regresan a Cozvíjar para vivir los días de su patrona.

🏛️ El alcalde y el sacerdote acompañando a la patrona

Junto a la comitiva religiosa estuvo también el alcalde de Villamena, Manuel Luis Vílchez, acompañando a la Virgen junto al sacerdote.

Es una imagen habitual en numerosas fiestas patronales del Valle de Lecrín: representantes civiles y religiosos caminando junto a la imagen que constituye uno de los principales símbolos históricos y afectivos de la localidad. Manuel Luis Vílchez figura actualmente como alcalde del municipio de Villamena, formado por Cozvíjar y Cónchar.

Cozvíjar es precisamente la capital municipal de Villamena, municipio constituido en 1974 mediante la unión de Cozvíjar y Cónchar, aunque ambas localidades conservan con enorme vitalidad sus propias tradiciones, celebraciones y señas de identidad.

🕯️ Una devoción con siglos de historia

La relación de Cozvíjar con la Virgen de la Cabeza se remonta varios siglos atrás.

La Ermita de Nuestra Señora de la Cabeza fue fundada durante la primera mitad del siglo XVII por Gregorio López Madera, señor de Villamena de Cozvíjar. En 1641 fue cedida, junto con terrenos y otros bienes, a la orden de los Basilios, que estableció allí un priorato.

Existe además una hermosa tradición oral según la cual un agricultor habría encontrado en la zona conocida como las Eras la cabeza de una antigua imagen de la Virgen. Posteriormente se le habría realizado un cuerpo y aquella imagen habría originado una creciente devoción entre los habitantes de Cozvíjar y pueblos próximos. Debe entenderse como tradición o leyenda popular, pero forma parte indiscutible de la memoria religiosa de la localidad.

Y todavía existe un detalle especialmente interesante: la antigua imagen de pequeñas dimensiones vinculada a los orígenes de esta devoción se conserva en dependencias de la iglesia parroquial. Una imagen de vestir de unos 60 centímetros, cuya corona de plata lleva una inscripción que remite al año 1642.

Por tanto, cuando Cozvíjar acompaña hoy a su Virgen no celebra solamente una fiesta de verano. Está prolongando una historia devocional documentada desde hace casi cuatro siglos.

🌙 El regreso a la Plaza de la Constitución

Tras recorrer el pueblo, la procesión fue buscando nuevamente su punto de partida.

Ya era completamente de noche.

Las luminarias festivas destacaban sobre las calles, la banda continuaba tocando y la imagen avanzaba iluminada en medio de una multitud que seguía acompañándola.

La Plaza de la Constitución volvió a llenarse.

La llegada fue uno de los momentos de mayor concentración. Allí se mezclaban quienes habían realizado prácticamente todo el recorrido con quienes esperaban el regreso de la patrona.

Todavía hubo fuegos artificiales, música y maniobras para colocar correctamente el paso ante la iglesia.

Después llegó el momento de entrar.

🙏 El Himno de la Virgen y el Ave María

Y el final fue muy diferente al estruendo de los cohetes.

Una vez nuevamente dentro de la Iglesia de San Juan Bautista, con el templo abarrotado, se cantó el Himno de la Virgen de la Cabeza.

Después llegó el Ave María.

Fue un cierre íntimo para una celebración que durante horas había ocupado calles, plazas y balcones.

Veo a la Virgen ya nuevamente dentro del templo, rodeada de vecinos. Se distinguen los retablos, el altar, los ciriales y esa magnífica techumbre de madera que recuerda los siglos de historia de la parroquia.

Fuera quedaban las luces de feria, los banderines y el bullicio.

Dentro quedaba durante unos minutos la oración.

❤️ Cozvíjar, un pueblo que conserva su memoria

Lo que vi aquella noche fue mucho más que una procesión.

Vi abuelos, padres, jóvenes y niños caminando juntos.

Vi músicos de distintas edades compartiendo banda.

Vi hombres y mujeres pendientes del peso y movimiento de la Virgen.

Vi personas esperando desde los balcones.

Vi pétalos, cohetes, flores y luces.

Vi calles llenas donde habitualmente transcurre tranquilamente la vida cotidiana.

Y vi cómo una pequeña localidad del Valle de Lecrín es capaz de movilizarse alrededor de una tradición que forma parte de su historia.

La procesión de la Virgen de la Cabeza de Cozvíjar demuestra que el patrimonio de nuestros pueblos no se encuentra únicamente en sus iglesias, ermitas, retablos o casas históricas. También está en aquello que se transmite de generación en generación: una marcha aprendida por una banda, una calle engalanada, una Virgen llevada entre vecinos, un himno cantado al regresar al templo y un niño que contempla todo aquello por primera vez.

Quizá dentro de muchos años ese niño recuerde una noche de agosto, una calle cubierta de banderines, unos cohetes iluminando el cielo y a la Virgen avanzando lentamente entre cientos de personas.

Y así, precisamente así, se conserva la memoria de los pueblos. 🌹

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NOTA: Las fotos muestran y van desde el final de la procesión hasta el principio de la procesión que son las últimas. 










































Fotos y artículo de Miguel Ángel Molina Palma 

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