| El circo 🎪 |
La
Real Feria de Ganado de Padul: del trato entre marchantes a una gran fiesta que
mantiene vivas sus raíces
Padul
celebrará del 24 al 27 de septiembre su Real Feria de Ganado y Fiestas de 2026,
una cita que hunde sus raíces en la sociedad agraria y que ha sabido incorporar
música, gastronomía, cultura, deporte y ocio sin desprenderse de aquello que le
dio nombre: el ganado
Miguel
Ángel Molina Palma
Foto: Cartel de
la Real Feria de Ganado y Fiestas de Padul 2026, del 24 al 27 de septiembre.
Fuente: Ayuntamiento de Padul .
PADUL. — Hay fiestas que nacen de una
celebración religiosa, otras de un acontecimiento histórico y algunas de la
propia necesidad de comerciar y encontrarse. La Feria de Padul pertenece en
buena medida a este último mundo. Antes de los conciertos, las luces, las
atracciones y las grandes actividades colectivas estuvieron los animales, los
marchantes, los corredores, las posadas, los tratos y un pueblo que aguardaba
septiembre como uno de los momentos principales del año.
Del 24 al 27 de septiembre de 2026,
Padul volverá a celebrar oficialmente su Real
Feria de Ganado y Fiestas. Pero comprender lo que significan esos cuatro
días exige mirar mucho más atrás.
La feria actual es el
resultado de una larga evolución. En ella caben hoy una exposición ganadera,
maquinaria y aperos agrícolas, caballos, demostraciones de antiguas labores,
música, conciertos, juegos tradicionales, actividades infantiles, gastronomía,
deporte y espacios de convivencia. No son elementos inconexos. En buena parte
constituyen las distintas capas históricas que la feria ha ido acumulando.
Una tradición que las fuentes locales remontan a Carlos V
El Ayuntamiento de Padul sitúa oficialmente el origen de la feria en
época del emperador Carlos V. En su propia
información turística señala que la tradicional Feria Real de Ganado remonta
sus orígenes a ese periodo; programas municipales anteriores explican que el
monarca habría concedido a Padul licencia para organizar anualmente una feria
ganadera destinada a favorecer la compraventa de animales utilizados en las
labores agrícolas del municipio y de la comarca. Esta misma tradición histórica
ha sido divulgada también en medios de comunicación, que presentan la cita
paduleña como una feria de más de quinientos años.
Cuando la feria marcaba el calendario de todo un pueblo
Para comprender la dimensión
que alcanzó en el mundo rural resulta especialmente valioso el testimonio de
Mateo Carrasco Duarte en su obra El
Padul (Granada, 2001). Al referirse al ocio y las fiestas de otros tiempos,
Carrasco presenta la feria como la principal celebración del municipio y la
vincula directamente al final de los trabajos de recolección.
Eran varios días de
diversión después de meses condicionados por el trabajo agrícola. Música,
columpios, tiovivos, circos ambulantes, tómbolas y puestos de turrón
acompañaban a lo que verdaderamente constituía el corazón económico de aquellas
jornadas: la feria de ganado, que llegó a tener relevancia más allá del propio
municipio.
En una sociedad donde las
caballerías eran indispensables, adquirir o vender un mulo, un burro, un
caballo o cualquier otro animal de labor constituía una decisión económica
importante. No se acudía únicamente a mirar. Se acudía a negociar, comparar
animales, renovar las caballerías de la explotación, vender excedentes o buscar
el animal necesario para trabajar las tierras durante el año siguiente.
Otra publicación local
resume perfectamente aquella función: en la feria se compraban los cerdos para
el año, se renovaban las caballerías viejas y se vendían los animales que
sobraban en las casas. Después, los marchantes continuaban su ruta por otras ferias
como las de Órgiva o Ugíjar.
Foto: La Feria
de Ganado a comienzos del siglo XXI conservaba todavía una fuerte presencia de
caballos, mulos y asnos. Feria de Padul, 2003. Foto: Padul.org.
La Era de Los Álamos, marchantes, corredores y un apretón
de manos
Uno de los testimonios más
ricos sobre aquella feria tradicional se encuentra en El Padul. Crónicas de medio siglo, de José Villena Molina,
publicado en 2003.
Villena sitúa buena parte de
aquel ambiente en la Era de Los Álamos.
Allí se levantaban chozas de cañas y carrizos que servían como casetas y
tabernas. Entre animales y compradores aparecía un personaje esencial: el corredor, intermediario conocedor de
ganado, personas y precios que podía resultar decisivo para cerrar una
operación.
Los tratos conservaban una
liturgia propia. Se discutía el precio, se examinaba el animal, intervenían
marchantes y corredores y, alcanzado el acuerdo, el apretón de manos tenía un
enorme valor. Todavía en tiempos recientes algunos testimonios locales recordaban
que determinados tratos seguían cerrándose de aquella misma manera.
Villena recuerda incluso el
lenguaje monetario utilizado por aquellos profesionales: reales, perrillas,
perras gordas y otras denominaciones convivieron antes de que la peseta se
convirtiera plenamente en la referencia cotidiana.
La magnitud de la feria
obligaba a adaptar el propio pueblo. Según las crónicas de Villena, el número
de animales podía llegar a poner a prueba el abastecimiento de agua. Las
posadas multiplicaban su ocupación y sus cuadras se llenaban de caballerías. La
conocida como la Posá, próxima a la plaza, y otra existente en la Glorieta
formaban parte de ese pequeño universo económico que crecía alrededor de la
feria.
La llegada de marchantes y
ganaderos generaba actividad en tabernas, comercios y alojamientos. La feria no
era, por tanto, solamente una concentración de animales: durante unos días
transformaba la vida económica y social del pueblo.
La
convivencia y el trato alrededor de los animales seguían formando parte de la
estampa ferial en 2005. Foto: Padul.org.
Septiembre empezaba mucho antes de la feria
Las fiestas comenzaban en
cierto modo semanas antes.
José Villena recuerda cómo,
desde los primeros días de septiembre, las familias iniciaban los preparativos.
Había que comprar tela para confeccionar el vestido nuevo y acudir al sastre o
a la modista. En muchas casas se realizaba una limpieza extraordinaria y se
blanqueaban paredes.
Estrenar ropa durante la
feria tenía un significado especial. No era simplemente vestir bien: en una
economía familiar muy ajustada, el traje o los zapatos nuevos podían constituir
uno de los pocos estrenos importantes del año.
Y al amanecer llegaba la
música. La diana floreada de la banda
local anunciaba que comenzaban los festejos. Esa presencia de la música
continúa siendo una de las constantes de la feria actual.
Foto: La música
de banda, una de las constantes históricas de la Feria de Padul. Fotografía de
las fiestas de comienzos del siglo XXI. Foto: Padul.org.
La feria como espacio de libertad y encuentro
Para los jóvenes, aquella
celebración poseía otra dimensión.
Villena describe una
sociedad con costumbres familiares mucho más rígidas que las actuales. Durante
la feria se relajaba parcialmente aquella vigilancia cotidiana. Los jóvenes
paseaban, se reunían, acudían al cine, al circo y, sobre todo, podían bailar en
las verbenas.
El Paseo de la Estación se
convertía en escaparate de los vestidos recién estrenados y lugar privilegiado
de encuentro.
La feria era también uno de
los pocos momentos del año en los que aparecían espectáculos que no podían
disfrutarse habitualmente en el pueblo. El circo Palacios acudió durante años.
El cine se llenaba hasta necesitar sillas suplementarias y las películas de
ambiente andaluz gozaban de especial aceptación.
La memoria recogida por
Villena llega incluso hasta una singular corrida celebrada en 1947 en el
antiguo cine de verano de la calle San Isidro. El cine posterior, construido en
1949, sería otro de los espacios fundamentales del ocio paduleño.
Caballos, cintas, bandas y verbenas
Alrededor del ganado se fue
construyendo progresivamente toda una cultura festiva.
Las carreras de cintas a caballo, celebradas tradicionalmente junto a
las cruces y en otros emplazamientos, enfrentaban amistosamente a los jinetes
que pretendían hacerse con las cintas confeccionadas por las jóvenes.
Las bandas acompañaban el
día y las orquestas ocupaban la noche. La verbena se convirtió en uno de los
grandes lugares de reunión de la juventud. Desde mediados del siglo XX se
incorporaron también la elección de reina y damas de las fiestas y otras ceremonias
representativas.
Los programas históricos
permiten comprobar la persistencia de muchos elementos. El de 1959 ya
concentraba las celebraciones entre el 25 y el 27 de septiembre. En 1969, la
feria de ganado se presentaba el día 25 y la diana floreada volvía a abrir las
jornadas, junto a deportes, actuaciones culturales y juegos populares.
Es decir, la fiesta
cambiaba, pero no rompía completamente con lo anterior.
Foto: Caballistas
recorriendo las calles durante la Feria de Padul. Imagen correspondiente al
2003. Foto: Padul.org.
Un curioso paréntesis: fiestas en agosto y ganado en
septiembre
La evolución no fue siempre
lineal.
La documentación recopilada
sobre los antiguos programas señala que en
1981 las fiestas populares pasaron a celebrarse en agosto, separándose
temporalmente de la Feria de Ganado de septiembre. La experiencia se prolongó
durante varios años, hasta que ambas celebraciones volvieron a reunirse en la
fórmula que hoy conocemos: Real Feria de
Ganado y Fiestas de Padul.
La unión resulta
significativa. Padul podía haber conservado únicamente unas fiestas modernas y
dejar la antigua feria ganadera como recuerdo. No ocurrió así. La referencia al
ganado siguió ocupando el lugar principal incluso en el nombre oficial.
De las eras a la Nave Ganadera
Otro cambio importante llegó
en 2014, cuando la feria ganadera
estrenó instalaciones en el entorno del antiguo trazado del tranvía, junto al
Polideportivo. El objetivo era adaptar una celebración histórica a las
exigencias sanitarias, de seguridad y bienestar propias del siglo XXI.
La actual Nave Ganadera del Camino del Tranvía
representa de algún modo esa transición. Ya no estamos ante las antiguas eras
ocupadas libremente por caballerías y tratantes, pero dentro de un espacio
adaptado continúan encontrándose ganaderos, animales y visitantes.
En los últimos años han
acompañado a esta parte de la feria las exposiciones de maquinaria agrícola,
los aperos, las demostraciones de trabajos tradicionales y las actividades
vinculadas al caballo.
2003-2005: fotografías de un mundo que estaba cambiando
El importante archivo
fotográfico conservado por Padul.org
permite observar con enorme claridad esa evolución.
Las imágenes
correspondientes a las ferias de 2003,
2004 y 2005 muestran burros y mulos con sus aparejos, caballos alineados en
el recinto, hombres conversando junto a los animales, caballistas atravesando
las calles y pequeñas reatas llegando a la feria.
Pero, al mismo tiempo,
aparecen grandes arcos de iluminación, atracciones, carrozas, bandas, casetas
llenas de público, espectáculos de baile, actividades infantiles, juegos de
cartas, tiro al plato, actuaciones musicales y la representación festiva de aquellos
años.
Son fotografías de apenas
dos décadas atrás y, sin embargo, ya poseen valor documental.
En algunas todavía se
percibe con fuerza la feria ganadera tradicional; en otras aparece claramente
la gran celebración popular en la que se estaba convirtiendo. Son el puente
entre la memoria descrita por Carrasco y Villena y la feria que se organiza hoy.
La documentación municipal
confirma, además, que la Feria Real de
Ganado y Fiestas de 2005 se desarrolló del 23 al 27 de septiembre.
Foto: El
alumbrado y las atracciones muestran la otra cara de la Feria: una celebración
popular que fue ampliando su oferta de ocio. Feria de Padul, 2004. Foto:
Padul.org.
Los huevos fritos con espichás, de desayuno de
trabajadores a símbolo gastronómico
Pocas cosas explican mejor
la evolución de una tradición que los huevos
fritos con espichás.
Lo que en otro tiempo fue un
desayuno energético asociado a quienes debían afrontar una dura jornada de
trabajo agrícola se ha convertido en uno de los grandes distintivos
gastronómicos de Padul. Las espichás son sardinas arenques que se fríen y
acompañan a los huevos, ajos, aceite y pan.
Con el paso del tiempo, la
degustación de feria alcanzó dimensiones multitudinarias. Fuentes gastronómicas
documentaban ya años atrás preparaciones populares que superaban los 2.500
huevos y 5.000 espichás.
En 2016 se celebraba la
decimoquinta edición de esta degustación. En 2026 alcanza ya su XXVI edición, prevista para la mañana del sábado
26 de septiembre en el Paseo de la Estación.
Es otro ejemplo de
transformación sin ruptura: un alimento de trabajadores del campo convertido en
patrimonio gastronómico compartido por todo el pueblo.
Foto: Preparación
de espichás durante la Feria de Padul de 2005. La gastronomía popular forma hoy
parte esencial de la identidad festiva. Foto: Padul.org.
La Feria de 2026: tradición, patrimonio y ocio
contemporáneo
La edición de este año se
desarrollará oficialmente del jueves 24
al domingo 27 de septiembre.
La apertura tendrá lugar el
jueves con el encendido del alumbrado y el pregón de Hermy Mochón Luzón en el Centro Cultural Federico García Lorca. A
partir de ahí se desplegará un programa extraordinariamente amplio.
El viernes 25, festivo local, tendrá
lugar El tiro al Plato. La inauguración de la Feria Real de Ganado en la Nave Ganadera del Camino del Tranvía,
acompañada de música y vino de la tierra. El espacio contará también con
exposición de maquinaria agrícola y de aperos de labranza de Diego García. Por la tarde, la
actividad ecuestre continuará con una exhibición a cargo del Centro Barrules e
Hijos en la Casa Grande. La jornada concluirá, entre otros actos, con el
concierto gratuito de Joana Santos.
El sábado 26 también habrá Tiro al Plato
y se concentrará algunos de los actos que mejor expresan la vinculación rural
de la feria: la XXVI degustación de
huevos fritos con espichás, el V
Concurso de Arada, el VI Concurso de
Habilidades con Tractor y la carrera local de cintas a caballo. Por la
noche están previstas la actuación de Merche,
la Orquesta La Mundial y otros espectáculos.
El domingo 27, Día del Niño, tendrá un
significado especialmente simbólico la exhibición
de trilla, realizada junto a la Feria de Ganado. Una labor que antiguamente
formaba parte de la vida cotidiana regresa ahora convertida en demostración de
patrimonio etnográfico.
La jornada concluirá con el
pasacalles de fin de feria y actuaciones musicales.
Del caballo al tractor, y del tractor a la memoria
El concurso de arada, las
habilidades con tractor, la exposición de maquinaria y la demostración de
trilla permiten leer la historia agraria prácticamente en una sola mañana.
Primero estuvieron las caballerías. Después llegó la mecanización.
Ahora ambos mundos se encuentran durante la feria.
El caballo, el mulo y el
asno dejaron de ser imprescindibles para muchas labores agrícolas, pero
precisamente por eso su presencia ha adquirido un nuevo significado. Ya no
representan únicamente fuerza de trabajo o mercancía: forman parte de la
memoria rural.
El tractor, que desplazó
paulatinamente a aquellos animales en las explotaciones, aparece también
convertido en protagonista de concursos y exhibiciones.
Una feria cada vez más abierta e inclusiva
La diferencia con las
celebraciones de hace medio siglo aparece también en otras iniciativas de 2026.
El programa reserva horas sin ruido en el recinto ferial
para niños y personas con alta sensibilidad acústica; establece ludotecas,
juegos inclusivos y numerosas actividades infantiles; y durante las noches
principales funcionará un Punto Violeta
destinado a la prevención y atención ante posibles agresiones sexistas.
No son elementos históricos,
pero sí forman parte de la historia que ahora se está escribiendo: la
adaptación de una fiesta antigua a una sociedad diferente.
El Silo entra también en la Feria
La edición de 2026 incorpora
además uno de los espacios patrimoniales más singulares del municipio.
Durante esos días, la Oficina de Turismo se trasladará al Silo de
Padul, que permanecerá abierto para visitas. También está prevista la
presentación de una maqueta accesible inteligente destinada a personas con
diversidad funcional.
La incorporación del Silo
resulta especialmente oportuna. Si la feria habla del pasado agrícola de Padul,
pocos edificios pueden explicar mejor la transformación de aquel mundo rural
durante el siglo XX.
Así, ganado, aperos,
tractores, trilla y Silo forman un pequeño recorrido por varias generaciones de
la agricultura paduleña.
Mucho más que cuatro días de fiesta
Resultaría fácil describir
la Feria de Padul únicamente mediante su programa: conciertos, casetas, juegos,
pasacalles, caballos, atracciones y actividades infantiles.
Pero hacerlo sería quedarse
en la superficie.
Detrás de la actual Real
Feria permanece el recuerdo de los marchantes que recorrían Andalucía enlazando
mercados; de los animales que proporcionaban fuerza a las explotaciones
familiares; de las posadas desbordadas; de los corredores que mediaban entre comprador
y vendedor; del agua necesaria para centenares de caballerías; de la cal con la
que se blanqueaban las casas antes de la fiesta; del vestido que se estrenaba
una vez al año; de las madres vigilando desde una silla mientras sus hijas
bailaban; de las bandas recorriendo las calles al amanecer; de los circos
ambulantes, las cintas a caballo y las verbenas.
Quedan también las
fotografías de 2003, 2004 y 2005, cuando el recinto ganadero seguía ofreciendo
estampas que hoy parecen mucho más lejanas de lo que realmente son.
Y queda la propia palabra Real, asociada durante generaciones al
nombre de la feria y a la tradición histórica que Padul conserva sobre sus
orígenes.
En 2026 habrá música
electrónica, ludotecas, exhibiciones de radiocontrol y grandes conciertos. Pero
también volverán los animales, el vino de la tierra, los aperos, la trilla, la
arada, los tractores, los caballos y los huevos con espichás.
Esa convivencia quizá sea la
principal explicación de la supervivencia de la Feria de Padul: no se ha mantenido intacta; ha sabido
cambiar sin olvidar de dónde viene.
Cuando el 24 de septiembre vuelva a encenderse el
alumbrado, comenzarán cuatro días de fiesta. Pero detrás de esas luces habrá
una historia mucho más larga: la de generaciones de paduleños que hicieron de
septiembre un tiempo para comprar y vender, celebrar el final de las labores,
reencontrarse y, durante unos días, convertir el pueblo entero en feria.
Fuentes
y documentación
Fuentes principales Mateo Carrasco Duarte, El Padul, Granada, 2001; José Villena Molina, El Padul. Crónicas de
medio siglo, 2003, ISBN 84-607-6890-2, depósito legal GR-122/03.
Programas y documentación histórica de la
Feria Real de Ganado y Fiestas conservados y divulgados por el Ayuntamiento de
Padul y Padul.org.
Fotografías:
Archivo histórico de la Feria Real de Ganado y Fiestas de
Padul, años 2003, 2004 y 2005. Padul.org.
Miguel Ángel Molina Palma
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| Jugando a las cartas brisca y |
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| Banda de Música El Padul de los Viejos 🎶 |
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| Caballistas recorriendo las calles |








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