20 agosto 2026

Terremoto de Dúrcal 1954


 

🌍 Cuando la tierra tembló bajo el Valle de Lecrín: el extraordinario terremoto de Dúrcal de 1954

📜 Un seísmo de magnitud 7,8 ocurrido a 657 kilómetros de profundidad convirtió a Dúrcal en referencia mundial de uno de los fenómenos sísmicos más extraordinarios registrados en España

Era lunes, 29 de marzo de 1954. Poco después de las siete de la mañana, mientras comenzaba un nuevo día en Granada y en los pueblos del Valle de Lecrín, algo extraordinario estaba ocurriendo a centenares de kilómetros bajo sus habitantes.

La tierra acababa de liberar una enorme cantidad de energía.

El catálogo actual del Instituto Geográfico Nacional (IGN) sitúa aquel terremoto a las 06:16:05 UTC, en las coordenadas 37,0000° N y 3,6000° O, bajo la denominación Dúrcal (Granada). Su magnitud ha sido calculada actualmente en Mw 7,8, su profundidad en nada menos que 657 kilómetros y su intensidad máxima en superficie en V.

Los números son impresionantes. Una magnitud 7,8 corresponde a un terremoto de enorme energía, muy superior a la de los temblores que habitualmente sentimos en Granada.

Y, sin embargo, Dúrcal no quedó destruido. El Valle de Lecrín no fue arrasado. No hubo centenares de víctimas ni pueblos derrumbados.

¿Cómo fue posible?

La respuesta se encontraba a 657 kilómetros bajo nuestros pies.

🌎 Un terremoto en las profundidades de la Tierra

El terremoto de Dúrcal de 1954 es extraordinario no solamente por su magnitud, sino especialmente por la profundidad a la que se produjo.

Los terremotos más conocidos por la población suelen originarse a pocos kilómetros o algunas decenas de kilómetros de profundidad. En esos casos, si la magnitud es elevada y el foco está próximo a núcleos habitados, las ondas pueden alcanzar la superficie con una enorme capacidad destructiva.

El del 29 de marzo de 1954 fue completamente diferente.

Su hipocentro se encontraba a unos 657 kilómetros, prácticamente en el límite de las profundidades a las que pueden producirse terremotos en nuestro planeta. El propio IGN destaca el acontecimiento de Dúrcal como uno de los ejemplos españoles más singulares de sismicidad de foco profundo.

La energía liberada fue enorme, pero las ondas tuvieron que recorrer cientos de kilómetros antes de alcanzar la superficie. Además, se propagaron a través del interior terrestre a grandes distancias.

Por eso se dio una aparente paradoja: un terremoto gigantesco en magnitud y, al mismo tiempo, relativamente moderado en sus efectos superficiales.

El IGN señala que se percibió en amplias zonas de Andalucía, el norte de África, Castilla-La Mancha e incluso Madrid, mientras sus ondas fueron registradas en observatorios de distintos continentes. No causó víctimas y la documentación oficial actual no recoge una destrucción significativa; el resumen histórico del IGN menciona únicamente daños aislados.

📈 Cuando los sismógrafos no pudieron contener el terremoto

Uno de los testimonios más sorprendentes no procede de quienes lo sintieron en sus casas, sino de los científicos que aquella mañana contemplaron sus instrumentos.

Tres años después del terremoto, los ingenieros geógrafos Juan M. Bonelli Rubio y Luis Esteban Carrasco publicaron una monografía dedicada íntegramente al fenómeno:

El sismo de foco profundo de 29 de marzo de 1954 en la falla de Motril, editada en Madrid en 1957 por el Instituto Geográfico y Catastral.

El estudio constituye una fuente fundamental para conocer lo ocurrido.

Los autores explicaron que, poco después de las seis y cuarto de la mañana en tiempo de Greenwich, los aparatos del observatorio de Toledo comenzaron a registrar un movimiento de tal violencia que las agujas o plumillas llegaron a salirse de las bandas de registro, interrumpiendo algunas de las observaciones.

Algo semejante ocurrió en otros observatorios españoles.

Ante unas señales instrumentales tan extraordinarias y sabiendo que el fenómeno procedía de la península ibérica o sus proximidades, los sismólogos temieron inicialmente que en algún lugar se hubiera producido una auténtica catástrofe.

Pero las noticias que fueron llegando resultaban desconcertantes: aquella gran señal sísmica no se correspondía con una devastación en superficie.

Ahí comenzó el misterio científico.

🔬 Bonelli y Esteban Carrasco: buscando el terremoto bajo Andalucía

Los investigadores reunieron registros procedentes de observatorios situados a enormes distancias y realizaron los cálculos disponibles con los medios científicos de mediados del siglo XX.

El estudio trabajó con información internacional procedente de más de un centenar de estaciones sísmicas; posteriores revisiones de aquel trabajo señalan 111 estaciones utilizadas para estudiar las ondas del terremoto.

Tras sucesivos cálculos, Bonelli y Esteban Carrasco llegaron a una solución definitiva extraordinariamente próxima a la que continúa aceptándose respecto a la profundidad:

657 kilómetros.

Situaron entonces el epicentro en aproximadamente 37° N y 3°45' O y relacionaron aquella localización con lo que denominaron la «falla de Motril».

Conviene hacer aquí una precisión importante.

📍 ¿Terremoto de Dúrcal o terremoto de la «falla de Motril»?

El título del estudio de 1957 responde al conocimiento geológico y a los cálculos disponibles en aquel momento. No debe interpretarse automáticamente como una identificación tectónica definitiva según los conocimientos actuales.

El catálogo moderno del IGN sitúa la localización superficial de referencia en Dúrcal, en 37,0000° N y 3,6000° O. Bonelli y Esteban Carrasco obtuvieron en 1957 una longitud ligeramente diferente y asociaron entonces el epicentro a la llamada falla de Motril.

Lo verdaderamente llamativo es que el cálculo de profundidad realizado hace casi setenta años coincidiera en 657 kilómetros con la profundidad que actualmente mantiene el IGN.

Por eso podemos hablar con propiedad del terremoto de Dúrcal de 1954, siempre entendiendo que «Dúrcal» identifica la proyección geográfica del foco sobre la superficie: la ruptura real sucedió a centenares de kilómetros bajo el pueblo.

🏘️ ¿Qué ocurrió en Granada y Andalucía?

El estudio de 1957 recoge que el terremoto fue percibido ampliamente por Andalucía, pero con intensidades superficiales sorprendentemente pequeñas teniendo en cuenta su magnitud.

En Granada los autores situaron aproximadamente la percepción en grados III-IV, mientras el catálogo actual del IGN establece una intensidad máxima V para el conjunto del acontecimiento.

La prensa del día siguiente ayuda a imaginar lo que significó aquella mañana.

El periódico granadino Los Sitios, en su edición del 30 de marzo de 1954, tituló: «Un fuerte terremoto ha sacudido Andalucía».

Las informaciones procedentes de Málaga describían alarma entre la población, personas que abandonaron sus viviendas y salieron a la calle y algunos objetos domésticos —lámparas, cuadros o vajillas— desplazados o caídos por las oscilaciones. Pese a la espectacularidad del fenómeno, la información destacaba que en Andalucía no se habían producido accidentes graves.

Otra información de la época, recogida posteriormente por el IGN a partir del periódico Imperio, daba cuenta de que el movimiento se había sentido también en Málaga, Cádiz, Jaén y Tánger, mientras los instrumentos lo registraban muy lejos de su origen.

La tierra bajo Dúrcal había hecho viajar sus ondas mucho más allá de Granada.

🌄 ¿Y qué ocurrió en los pueblos del Valle de Lecrín?

Esta es probablemente la pregunta más interesante desde nuestra perspectiva local.

Si el epicentro superficial se identifica actualmente con Dúrcal, parecería lógico pensar que el terremoto debió sentirse con especial intensidad en todos los pueblos próximos.

Sin embargo, el estudio de 1957 obliga a ser mucho más prudentes.

No he encontrado en la documentación consultada una tabla que atribuya individualmente una intensidad sísmica a Acequias, Albuñuelas, Béznar, Chite, Cónchar, Cozvíjar, Dúrcal, Ízbor, Melegís, Mondújar, Murchas, Nigüelas, Padul, Pinos del Valle, Restábal, Saleres, Tablate y Talará.

Por tanto, no sería históricamente riguroso afirmar que disponemos de pruebas de que los dieciocho núcleos sintieron el terremoto.

Y hay una razón adicional para mantener esa cautela.

Bonelli y Esteban Carrasco quedaron sorprendidos precisamente por la extraña distribución de las intensidades. En determinados lugares relativamente próximos al epicentro el terremoto fue sentido débilmente o incluso no llegó a percibirse, mientras que en zonas mucho más alejadas produjo una sensación mayor. En su mapa macrosísmico de 1957, por ejemplo, Órgiva aparece señalada como lugar donde no fue sentido, pese a encontrarse geográficamente muy próxima al Valle de Lecrín.

Los investigadores intentaron explicar esta anomalía mediante las características geológicas y la diferente transmisión de las ondas a través de las estructuras profundas de las Béticas y Sierra Nevada. Parte de su terminología y de aquel modelo geológico pertenece, naturalmente, a la ciencia de mediados del siglo XX y ha sido posteriormente revisada.

Pero la observación sigue siendo fundamental:

en un terremoto situado a 657 kilómetros de profundidad, estar más cerca del punto señalado en un mapa no significa necesariamente haberlo sentido con mayor intensidad.

Por eso es razonable pensar que numerosos habitantes del Valle pudieron percibir aquel movimiento, pero queda pendiente localizar testimonios documentales o memorias familiares que permitan saber exactamente qué ocurrió pueblo por pueblo.

Esta diferencia entre lo probable y lo demostrado resulta esencial cuando queremos reconstruir nuestra historia local con rigor.

🗺️ Un terremoto que se sintió mejor lejos que cerca

Esta es una de las características más fascinantes del terremoto de 1954.

Las ondas generadas por un terremoto profundo recorren el interior terrestre de una manera muy distinta a las de un terremoto superficial. Pueden alcanzar regiones extremadamente alejadas con notable claridad instrumental y generar una distribución de intensidades que no responde simplemente a círculos concéntricos alrededor del epicentro.

Los propios Bonelli y Esteban Carrasco calificaron de desconcertante la distribución macrosísmica que habían obtenido.

El terremoto podía ser detectado a miles de kilómetros mientras determinados lugares relativamente próximos apenas advertían que algo extraordinario acababa de suceder bajo ellos.

De ahí que los científicos del observatorio temieran inicialmente una gran catástrofe al contemplar los registros y que, poco después, quedaran sorprendidos al comprobar que las noticias procedentes de Andalucía no confirmaban aquella primera impresión.

⚖️ 1884 y 1954: dos terremotos que enseñan a no confundir magnitud y destrucción

Granada conserva la memoria de otro terremoto completamente distinto: el ocurrido el 25 de diciembre de 1884, conocido como terremoto de Andalucía o de Arenas del Rey.

Su magnitud estimada, alrededor de Mw 6,5, fue considerablemente menor que el 7,8 de Dúrcal. Sin embargo, al tratarse de un terremoto mucho más superficial, alcanzó intensidades de IX-X, afectó a más de un centenar de poblaciones y provocó entre 750 y 900 muertos, además de miles de heridos y una enorme destrucción. Albuñuelas, en el Valle de Lecrín, estuvo entre las poblaciones gravemente afectadas y posteriormente reconstruidas.

La comparación resulta reveladora.

El de 1884, siendo menor en magnitud, fue devastador.

El de 1954, con una magnitud extraordinaria de 7,8, se originó tan profundamente que sus efectos en superficie fueron muchísimo menores.

Esto demuestra por qué no debemos valorar el peligro de un terremoto únicamente por el número que expresa su magnitud. La profundidad, la distancia, las características geológicas del terreno, la propagación de las ondas y la vulnerabilidad de las construcciones resultan también determinantes.

🧩 Un misterio que la ciencia continúa estudiando

El terremoto de Dúrcal no quedó convertido únicamente en una curiosidad histórica.

La presencia de terremotos a profundidades próximas a los 600-650 kilómetros bajo Granada y el mar de Alborán ha continuado despertando el interés de los sismólogos.

Décadas después se han registrado otros terremotos profundos en esta región y estudios modernos han analizado la existencia bajo las Béticas y el área de Alborán de una estructura anómala de material litosférico que desciende hacia el manto. El mecanismo exacto capaz de generar terremotos a semejantes profundidades continúa siendo objeto de investigación científica.

Ya en 1976, los sismólogos W.-Y. Chung y Hiroo Kanamori volvieron a estudiar el gran terremoto español de 1954 utilizando registros telesísmicos y observaron que su proceso de ruptura había sido especialmente complejo, con varios episodios de liberación de energía.

Dúrcal se convirtió así, casi sin saberlo, en un nombre conocido dentro de la investigación internacional sobre los terremotos profundos.

🕰️ El Valle que despertó sobre un terremoto gigantesco

Han pasado más de setenta años.

Aquella mañana del 29 de marzo de 1954, los habitantes de Dúrcal y del Valle de Lecrín realizaban su vida cotidiana sin poder imaginar que, a 657 kilómetros bajo sus casas, campos, acequias y montañas, acababa de producirse uno de los terremotos más extraordinarios de la historia sísmica española.

Su magnitud fue 7,8.

Los aparatos de algunos observatorios quedaron desbordados por la amplitud de las señales.

Las ondas recorrieron Andalucía, atravesaron el Mediterráneo y fueron registradas a enormes distancias.

Y, paradójicamente, sobre la tierra situada directamente encima de aquel gigantesco foco profundo apenas quedó destrucción que contar.

Quizá por eso el terremoto de Dúrcal de 1954 ha permanecido mucho menos presente en la memoria popular que el terrible terremoto de 1884.

Pero científicamente fue excepcional.

Y para el Valle de Lecrín constituye también una página de su historia.

Una página que todavía puede completarse.

Porque más allá de los sismógrafos, los cálculos matemáticos y los mapas de intensidades queda una investigación apasionante: recuperar la memoria de quienes vivieron aquella mañana.

¿Lo sintieron los vecinos de Padul? ¿Se despertaron algunas familias de Nigüelas o Cozvíjar? ¿Se comentó aquel día en Melegís, Restábal, Murchas o Pinos del Valle? ¿Quedó algún recuerdo en Albuñuelas, Béznar, Chite, Cónchar, Ízbor, Mondújar, Saleres, Tablate, Talará o Acequias?

Por ahora, las fuentes científicas consultadas no permiten responder individualmente a esas preguntas.

Y precisamente ahí comienza otra parte de la Historia: la memoria oral del Valle de Lecrín.

Tal vez todavía queden hijos o nietos de quienes vivieron aquel 29 de marzo de 1954 que recuerden haber escuchado a sus padres o abuelos contar cómo, aquella mañana, la tierra habló desde una profundidad inimaginable bajo el Valle.


📚 Bibliografía y fuentes consultadas

  • Bonelli Rubio, Juan M. y Esteban Carrasco, Luis (1957): El sismo de foco profundo de 29 de marzo de 1954 en la falla de Motril. Madrid, Instituto Geográfico y Catastral. Estudio original consultado en la documentación digital del Instituto Geográfico Nacional.
  • Instituto Geográfico Nacional (IGN): Catálogo de terremotos, evento 5158, 29 de marzo de 1954, Dúrcal (Granada): Mw 7,8; profundidad 657 km; intensidad máxima V.
  • Instituto Geográfico Nacional (IGN): información histórica sobre los terremotos más importantes de España, apartado dedicado al terremoto de Dúrcal de 1954.
  • Instituto Geográfico y Catastral (1957): Boletín sísmico. Primer semestre. Año 1954. Laboratorio Central de Sismología, Madrid. Referenciado por el IGN entre las fuentes documentales del terremoto.
  • Los Sitios, Granada, 30 de marzo de 1954: «Un fuerte terremoto ha sacudido Andalucía», crónica contemporánea sobre la percepción del seísmo.
  • Imperio, Zamora, 30 de marzo de 1954, año XIX, n.º 5538. Fuente hemerográfica recogida por el IGN para el terremoto.
  • Chung, W.-Y. y Kanamori, H. (1976): «Source process and tectonic implications of the Spanish deep-focus earthquake of March 29, 1954», Physics of the Earth and Planetary Interiors, 13, pp. 85-96.
  • Udías, Agustín (2013): «Development of Seismology in Spain in the Context of the Three Large Earthquakes of 1755, 1884 and 1954», Earth Sciences History, 32(2), pp. 186-203.
  • Buforn, Elisa; Pro, Carmen; Cesca, Simone; Udías, Agustín y del Fresno, Carolina (2011): «The 2010 Granada, Spain, Deep Earthquake», Bulletin of the Seismological Society of America, 101(5), pp. 2418-2430. Estudio de la sismicidad profunda bajo Granada y comparación con otros terremotos profundos de la región.

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Plaza de Dúrcal 
Foto: Miguel Ángel Molina 


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