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| Procesión de las Fiestas de Saleres |
Buenas noches salereñ@s.
Comparto con vosotros este pregón que ha hecho mi padre Joaquín García.
Entrañable descripción de lo que eran las fiestas de antaño en Saleres desde la mirada de una generación que guarda tan bellos recuerdos de lo que fue el pueblo años atrás.
PREGÓN DE FIESTAS 2019
Parece un contrasentido que en los tiempos que estamos, invadidos por esta tecnología, que hace llegar las noticias antes incluso de que se confirmen, exista la figura de pregon de fiestas.
Todos sabemos lo que es pregonar y si alguien no lo sabe decimos que es publicar en voz alta una noticia o un hecho para que sea conocido por todos.
Ese era antiguamente el trabajo del pregonero que normalmente era el aguacil, empleado público, que iba por el pueblo con una trompetilla y despues de sonarla varias veces anunciaba en voz alta lo que se quería hacer o saber a la población. Algunas veces no se entendía ni lo que decía pero por boca a boca los vecinos se lo comunicaban.
En Saleres también al alguacil de turno le tocaba esta misión y los avisos más comunes eran anunciar que se podía ir a la sierra a coger esparto, que venía el veterinario a vacunar a los perros, que estaba el recaudador de la contribución cobrando, que había alguna reunión de los regantes, el fallecimiento de alguna persona, aunque esto también se sabía por el doblar de las campanas y un etc. de avisos.
Ahora nos ocupa por este medio el anuncio de las fiestas, que no su programa.
Fuí pregonero de las fiestas de 2005 y en aquella ocasión me acompañó mi querida esposa Concha, entusiasta de las fiestas de su pueblo, y fallecida hace año y medio ahora. También hoy su espíritu participará con la alegría que la caracterizaba. Haremos una semblanza del por qué de las fiestas, sus orígenes y costumbres, sobre todo en este querido pueblo de Saleres.
El origen de las fiestas, como en tantos otros sitios, está en el culto a las imágenes de los Santos como parte religiosa y en la celebración de ferias como la parte lúdica del evento; feria de ganado, artesanía, productos de la tierra y mercados de trueque y cambio de toda clase de objetos, competiciones deportivas y culturales, cucañas y juegos infantiles, comilonas, columpios, casetas de feria, fuegos artificiales, verbenas adonde se buscaban y se consolidaban muchos amoríos.
Por descontado las cervecitas de barra que no pasándose alegran de lo lindo.
Las fechas en que se celebran las fiestas no tienen coincidencia con la festividad de los santos en cuyo honor se celebran pues no son ni el día de Santiago ni de la Virgen ni del Corazón de Jesús, pero ellos no se enfadan y luego aparte cada uno tiene su día.
El escoger el final del verano y principio de otoño es porque la población eminentemente agrícola, regresaba de sus campañas de trabajo en otras latitudes, es decir, en las cañas de la costa y de la siega de algunos cortijos a los que acudían o a las manzanas y vendimias de otros lugares. También porque había más dinerillo de las cosechas.
Los encargados de proyectar y de preparar las fiestas eran y son parte de los mayordomos, que fijan una aportación para costearlas y en tiempo atrás había la costumbre de estar pidiendo todo el año para no estar agobiados al final. También se aportaba el importe de la rifa del borrego de la Virgen.
Como el Ayuntamiento, que colabora en algo, no puede costear las fiestas, supongo por no tener esa partida en el presupuesto, tiene que ser el pueblo el que las costea y es dificil hoy por la poca entidad de población que tenemos. Así que a nadie le pese rasgarse el bolsillo para que no se pierdan nuestras más rancias costumbres.
Los días previos, cuando se van acercando las fechas de final de octubre renace la incertidumbre de si podrá haber fiestas y lanzados a la lucha de la economía los mayordomos casa por casa van recaudando lo que la voluntad de cada uno tiene y quiere dar.
En el pasado cuando Saleres tenía unos seiscientos habitantes, carente de medios y servicios y ni siquiera una carretera por donde llegar se celebraban unas fiestas estupendas, llenas de colorido, de ilusión y de alegría. Así hay que celebrar éstas también.
Era común ver a las mujeres, pañuelo en la cabeza, encalando sus fachadas y adornando sus casas como mejor se podía. Esperaban la llegada de familiares y amigos que acudían a las fiestas desde distintos puntos de España y del extranjero, haciendo largos viajes para ver a los suyos y cumplir con las mandas de tirar una traca por Santiago o con alguna promesa por los favores recibidos bajo el amparo de los santos.
La tradición nos enseña que normalmente las fiestas van ligadas a los santos con las celebraciones religiosas y los actos públicos, reseñados, animadas siempre por la actuación de la banda de música con sus pasacalles, conciertos y acompañamiento de las imágenes en su recorrido procesional,majestuoso, por las intrincadas calles, con mucho respeto, dando muestras del saber estar de las gentes de este pueblo.
Las veladas van a cargo de conjuntos musicales, barra de por medio para apagar la sed y el baile correspondiente que antiguamente era con la música tradicional.
Las madres rodeaban el entorno de la plaza sentadas en sus sillas viendo a sus hijas o vigilando con quien bailaban y también para arrancarse con los pasodobles con sus maridos de vez en cuando. El repique de campanas, el estruendo de los cohetes y el ir y venir de la chiquillería a las casetas, con sus petardos, los saludos y regocijo de los encuentros de personas que llevan tiempo sin verse hacen bullir un gusanillo en el fondo de los corazones que llenan de alegría y traen a la mente muchos recuerdos de personas y hechos de otros tiempos, siempre hay algo nuevo que contar. Esta alteración del ritmo de vida estaba presente en los días previos a la fiesta.
Un tufillo de dulces y guisos caseros se esparce por todo el pueblo y no podian faltar los pestiños y los roscos y el sacrificio de algún choto o gallo de corral para llenar las sartenes.
Esta es la predisposición para pasarlo bien.
Como se mezclan las costumbres de ahora y de otros tiempos hay que contar que la gente, en especial las mocitas estrenaban sus vestidos y sus mejores galas, incluidos los bordados de la ropa interior para estar aún más guapas, que ya lo eran, y los hombres sus camisas blancas y sus alpargatas nuevas que bailaban mejor que con zapatos. Por las costumbres de la época para tratarse hombres y mujeres se vivía con la esperanza de que en las fiestas y por medio del baile se encontraba la ocasión de acercamiento para conversar y expresar los más nobles sentimientos y de ahí nacían muchas parejas para toda la vida.
Siempre había unos personajes tan singulares, hoy desaparecidos, que con su buen hacer eran la alegía de chicos y mayores. Naturalmente que se han perdido muchas costumbres y se han introducido otras actividades que van con los tiempos. Había mayordomas de la Virgen y mayordomos de Santiago que alternaban la petición de casa por casa durante todo el año y es curioso que se hablaban de usted para el resto de sus vidas. La rifa del borrego, personajes que trotaban con las ruedas del castillo detras del público, dichos y refranes ocurrentes, el tiro al gallo, algo cruel por ahora, corrida de cintas en burro y a caballo, rotura de pipotes y otras cucañas. Imprescindible la figura de los turroneros y puestos de dulces.
Para las misas se traian predicadores para la homilía, los amaneceres con el rosario de la aurora en el que participaba todo el pueblo rezando con mucho respeto y con cánticos religiosos que se mezclaban con los trinos de los ruiseñores del río y los mirlos de los naranjales.
Se pedía mucho por algo que hoy también hace mucha falta, la lluvia, y un año llovió y se alargaronn las fiestas por varios dias mas.
Quedan muchas cosas por contar pero para no cansar diremos que a pesar de la poca entidad de población que tiene Saleres, en estos días hay que llenarlo para honrar a sus patronos, darles sus vivas y convivir con las familiias y amigos con alegría. Invitados quedais para que participeis en todas las actividades programadas. ( María del Mar García)

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