06 noviembre 2026

La Rebelión morisca contada desde Saleres y el Valle de Lecrín

 


🔥⚔️ 𝗟𝗔 𝗥𝗘𝗕𝗘𝗟𝗜Ó𝗡 𝗠𝗢𝗥𝗜𝗦𝗖𝗔 𝗖𝗢𝗡𝗧𝗔𝗗𝗔 𝗗𝗘𝗦𝗗𝗘 𝗦𝗔𝗟𝗘𝗥𝗘𝗦 𝗬 𝗘𝗟 𝗩𝗔𝗟𝗟𝗘 𝗗𝗘 𝗟𝗘𝗖𝗥Í𝗡

🏘️ 𝗨𝗻 𝗲𝗽𝗶𝘀𝗼𝗱𝗶𝗼 𝗱𝗲𝗰𝗶𝘀𝗶𝘃𝗼 𝗱𝗲 𝟭𝟱𝟲𝟴-𝟭𝟱𝟳𝟭 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗥𝘂𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗕𝗼𝗮𝗯𝗱𝗶𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗼𝗻𝗲 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗽𝗲𝗿𝗮𝗿 𝗺𝗲𝗱𝗶𝗮𝗻𝘁𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗿𝗲𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗵𝗶𝘀𝘁ó𝗿𝗶𝗰𝗮 𝗲𝗻 𝗦𝗮𝗹𝗲𝗿𝗲𝘀

Hay episodios históricos que dejaron cicatrices tan profundas que modificaron para siempre la vida de los pueblos. La rebelión de los moriscos del Reino de Granada, desarrollada entre 1568 y 1571, fue uno de ellos. El Valle de Lecrín quedó atrapado entre Granada y la Alpujarra, convertido en territorio de paso, retaguardia, refugio, enfrentamiento y escenario de incursiones militares.

Saleres, hoy uno de los tres pueblos que forman el municipio de El Valle junto con Restábal y Melegís, estuvo directamente implicado en aquellos acontecimientos. Su iglesia fue atacada durante la rebelión, numerosos habitantes se sumaron a la insurrección y, meses después, el pueblo volvió a aparecer en las crónicas durante una dura campaña militar desarrollada en julio de 1569.

El Plan Director de la Ruta de Boabdil quiere recuperar esta memoria mediante una obra teatral al aire libre en Saleres, con participación de actores profesionales y vecinos, vestuario de época, música, escenografía y un guion basado en documentación histórica. La actuación tiene prioridad alta, un horizonte previsto entre 2026 y 2030 y un presupuesto estimado de 25.318,64 euros.

La propuesta ofrece una magnífica oportunidad para contar uno de los capítulos más intensos de la historia del Valle de Lecrín. Pero precisamente por su importancia, deberá hacerse con especial rigor.


🕌 𝗤𝘂𝗶é𝗻𝗲𝘀 𝗲𝗿𝗮𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗺𝗼𝗿𝗶𝘀𝗰𝗼𝘀

Para comprender la rebelión hay que regresar varias décadas atrás. Después de la conquista del Reino de Granada, la población musulmana pasó progresivamente de la condición de mudéjar a la de moriscos, cristianos bautizados que, en numerosos casos, continuaban conservando lengua, costumbres, vestimentas, alimentación, relaciones familiares y prácticas culturales heredadas de su pasado islámico.

En el Valle de Lecrín constituían una parte mayoritaria de la población. Las nuevas parroquias cristianas se levantaron en pueblos donde continuaban viviendo comunidades profundamente vinculadas a su cultura anterior. El historiador del arte José Manuel Gómez-Moreno Calera recuerda que muchos moriscos del Valle todavía utilizaban el árabe y mantenían prácticas tradicionales, mientras las iglesias se convertían también en instrumentos de organización religiosa y administrativa de la nueva sociedad cristiana.

La integración no fue sencilla. A lo largo del siglo XVI aumentaron las medidas destinadas a conseguir su asimilación cultural y religiosa, al tiempo que se producían tensiones económicas, fiscales y sociales.

El detonante definitivo llegó con la Pragmática de 1567, que impuso restricciones sobre numerosos elementos de la identidad morisca, entre ellos la lengua árabe, los vestidos, determinadas ceremonias, costumbres y prácticas culturales. El profesor Antonio Jiménez Estrella, de la Universidad de Granada, considera estas medidas fundamentales para comprender el estallido de una guerra que acabaría convirtiéndose en una auténtica crisis interna de la Monarquía Hispánica.

𝗟𝗮 𝗿𝗲𝗯𝗲𝗹𝗶ó𝗻 𝗻𝗼 𝗻𝗮𝗰𝗶ó 𝗱𝗲 𝘂𝗻 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗱í𝗮. Fue el resultado de décadas de convivencia difícil, presión política y religiosa, pérdida progresiva de derechos y ruptura de equilibrios que habían permitido sobrevivir a la comunidad morisca después de la conquista.


👑 𝗕é𝘇𝗻𝗮𝗿 𝘆 𝗔𝗯𝗲𝗻 𝗛𝘂𝗺𝗲𝘆𝗮: 𝗲𝗹 𝗩𝗮𝗹𝗹𝗲 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗼𝗿𝗶𝗴𝗲𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗹𝗶𝗰𝘁𝗼

El Valle de Lecrín aparece desde los primeros momentos en el relato de la rebelión.

En diciembre de 1568, los principales dirigentes moriscos reconocieron como líder a Hernando de Córdoba y Válor, quien adoptó el nombre de Aben Humeya. Diversos estudios sitúan en Béznar, el 24 de diciembre, una de las reuniones fundamentales en las que fue reconocido como rey de los sublevados.

La elección de un nuevo rey tenía una enorme carga simbólica. No se trataba simplemente de una protesta local. La insurrección comenzaba a adquirir una estructura política y militar propia.

Desde las Alpujarras, el levantamiento se extendió rápidamente.

El Valle de Lecrín se encontraba en una posición especialmente delicada. Quien controlara sus caminos podía comunicar Granada con la Alpujarra, la costa y los territorios interiores.

De repente, pueblos que durante décadas habían compartido caminos, mercados y sistemas de riego quedaron situados en medio de una guerra.


🏘️ 𝗨𝗻 𝗩𝗮𝗹𝗹𝗲 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿𝗶𝘁𝗮𝗿𝗶𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗺𝗼𝗿𝗶𝘀𝗰𝗼

Las cifras conocidas ayudan a comprender la dimensión del conflicto.

Fuentes históricas utilizadas por la investigación moderna señalan que, poco antes de la rebelión, localidades como Dúrcal, Nigüelas, Acequias, Mondújar, Chite, Béznar, Cónchar, Cozvíjar, Melegís, Murchas, Restábal, Albuñuelas, Saleres y Pinos del Valle tenían una presencia morisca muy importante.

Para Saleres se documentan unos 90 vecinos moriscos en 1568. Debemos recordar que «vecino» en la documentación histórica no significa una sola persona, sino normalmente una unidad familiar o cabeza de casa, por lo que la población real era sensiblemente superior.

Aquella realidad explica por qué el conflicto tuvo tanta intensidad.

No se trataba de un ejército exterior invadiendo la comarca.

Eran habitantes de los propios pueblos enfrentados a la autoridad de la Corona, mientras otros moriscos decidían no sublevarse y algunos colaboraban con los cristianos.

𝗟𝗮 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗲𝗱𝗮𝗱 𝗺𝗼𝗿𝗶𝘀𝗰𝗮 𝗻𝗼 𝗳𝘂𝗲 𝘂𝗻 𝗯𝗹𝗼𝗾𝘂𝗲 𝘂𝗻𝗶𝗳𝗼𝗿𝗺𝗲.

Hubo rebeldes.

Hubo personas que intentaron mantenerse al margen.

Hubo quienes colaboraron con la Corona.

Y hubo quienes intentaron evitar la guerra mientras todavía fue posible.


🌿 𝗦𝗮𝗹𝗲𝗿𝗲𝘀 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝗮𝗹𝘇ó 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿 𝗺𝗼𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼

Este detalle resulta especialmente interesante.

La crónica de Luis del Mármol Carvajal, una de las principales fuentes narrativas contemporáneas de la guerra, explica que Saleres y Albuñuelas no se sumaron inmediatamente a la rebelión cuando Aben Humeya fue reconocido en Béznar.

Según Mármol, desempeñó un papel fundamental Bartolomé de Santa María, alguacil morisco de Albuñuelas, hombre respetado por aquellas comunidades. Intentó convencer a sus vecinos de que no participaran en una empresa que consideraba condenada al fracaso.

Durante algunos días consiguió contener la situación.

La propia crónica explica que ayudó incluso al beneficiado cristiano de Albuñuelas a escapar hacia Padul acompañado por cincuenta hombres para evitar que fuera atacado por los grupos más radicales.

Pero la situación se hizo insostenible.

Llegaron moriscos sublevados procedentes de otros territorios, aumentó la presión y, aproximadamente dos días después de Año Nuevo de 1569, Albuñuelas y Saleres terminaron sumándose al levantamiento.

Este episodio demuestra nuevamente que la rebelión fue mucho más compleja que una simple división entre «moros y cristianos».

Hubo dudas.

Negociaciones.

Miedos.

Amistades personales.

Personas que intentaron proteger a vecinos de otra religión.

Y decisiones tomadas en cuestión de horas que acabarían transformando la vida de pueblos enteros.


⛪🔥 𝗟𝗮 𝗜𝗴𝗹𝗲𝘀𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝗻𝘁𝗶𝗮𝗴𝗼 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝗹𝗲𝗿𝗲𝘀

Uno de los testimonios materiales más importantes de aquellos acontecimientos continúa en pie en el centro del pueblo.

La Iglesia de Santiago Apóstol de Saleres había sido construida entre 1558 y 1562, apenas unos años antes de que estallara la rebelión.

Los estudios histórico-artísticos documentan que el templo fue saqueado e incendiado durante el levantamiento morisco, sufriendo daños importantes que obligaron posteriormente a repararlo.

No fue un caso aislado.

En numerosos pueblos del Valle de Lecrín las iglesias se convirtieron en uno de los principales objetivos de los sublevados porque simbolizaban el nuevo orden religioso y político impuesto después de la conquista.

Los estudios sobre las iglesias de la comarca documentan daños, incendios y saqueos en muchos templos durante los acontecimientos de 1568-1570.

Por eso la iglesia de Saleres no es únicamente un monumento religioso.

Sus muros forman parte de la memoria física de aquella guerra.


🌄⚔️ 𝗘𝗹 𝗩𝗮𝗹𝗹𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗴𝘂𝗲𝗿𝗿𝗮

La geografía convirtió al Valle de Lecrín en un escenario fundamental.

Al norte estaba Granada.

Al este, Sierra Nevada.

Al sur y sureste, la Alpujarra.

Hacia el litoral se abrían caminos hacia Motril y Salobreña.

Los barrancos, montañas y caminos estrechos favorecían acciones rápidas, emboscadas y desplazamientos de grupos armados.

El propio Mármol Carvajal describió el Valle como una comarca abundante en aguas, olivares, morales, árboles frutales, cítricos, tierras agrícolas y producción de seda.

Aquella riqueza tenía un enorme valor económico.

Pero la geografía también tenía valor militar.

Durante la rebelión, controlar Padul significaba proteger el acceso desde Granada.

Controlar Tablate significaba abrir o cerrar la entrada a la Alpujarra.

Y dominar las sierras situadas alrededor de Restábal, Saleres y Albuñuelas permitía controlar caminos interiores y buscar refugio lejos de las tropas.


🌉 𝗧𝗮𝗯𝗹𝗮𝘁𝗲, 𝗹𝗮 𝗽𝘂𝗲𝗿𝘁𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗯í𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹𝗮𝗿

El puente de Tablate fue uno de los lugares estratégicos más importantes de toda la contienda.

Los sublevados comprendieron perfectamente que impedir su utilización dificultaba el avance cristiano hacia la Alpujarra. Las tropas reales, por el contrario, necesitaban atravesarlo para penetrar en el territorio insurgente.

Las fuentes describen enfrentamientos, destrucciones parciales y posteriores reparaciones del paso.

En enero de 1569 las tropas del marqués de Mondéjar avanzaron por el Valle con el objetivo de atravesar Tablate y entrar en la Alpujarra.

Así, lugares que hoy recorremos como patrimonio turístico fueron entonces posiciones militares esenciales.

La futura Ruta de Boabdil puede ayudar a explicar esa continuidad: el mismo camino puede servir en distintos siglos a comerciantes, agricultores, ejércitos, viajeros y senderistas.


⚔️ 𝗣𝗮𝗱𝘂𝗹, 𝗼𝘁𝗿𝗮 𝗽𝘂𝗲𝗿𝘁𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗩𝗮𝗹𝗹𝗲

En el extremo contrario se encontraba Padul.

La localidad adquirió también una enorme importancia como posición militar, al ser uno de los accesos principales desde Granada hacia el Valle.

Las tropas cristianas establecieron allí posiciones defensivas y alojamientos, mientras grupos moriscos del Valle y de otras comarcas protagonizaron ataques contra el lugar.

Mármol Carvajal relata uno de esos episodios, cuando una fuerza morisca de más de dos mil hombres se dirigió hacia Padul intentando sorprender al presidio cristiano.

De esta manera, el Valle quedó situado entre dos grandes puntos estratégicos:

Padul al norte y Tablate hacia la Alpujarra.

Entre ambos se extendían los pueblos y caminos que hoy forman buena parte del recorrido de la Ruta de Boabdil.


🏔️ 𝗟𝗮 𝘀𝗶𝗲𝗿𝗿𝗮 𝗱𝗲 𝗥𝗲𝘀𝘁á𝗯𝗮𝗹 𝘆 𝗦𝗮𝗹𝗲𝗿𝗲𝘀

A medida que avanzaba la guerra, las sierras situadas entre Restábal, Saleres y Albuñuelas adquirieron especial importancia como territorio de refugio y resistencia.

Diferentes estudios sobre la historia del Valle señalan que durante 1569 numerosos moriscos se refugiaron en estas zonas montañosas, desde donde podían desplazarse y atacar con rapidez.

El paisaje explica perfectamente por qué.

Barrancos.

Cerros.

Caminos estrechos.

Vegetación.

Conocimiento local del terreno.

Todo ello proporcionaba ventajas a pequeños grupos armados frente a tropas organizadas que necesitaban transportar caballos, provisiones y armamento.

La guerra morisca fue también una guerra profundamente condicionada por la geografía.


⚔️ 𝟮𝟱 𝗱𝗲 𝗷𝘂𝗹𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝟭𝟱𝟲𝟵: 𝗹𝗮 𝗴𝘂𝗲𝗿𝗿𝗮 𝘃𝘂𝗲𝗹𝘃𝗲 𝗮 𝗦𝗮𝗹𝗲𝗿𝗲𝘀

Uno de los episodios más importantes para la futura recreación histórica ocurrió el 25 de julio de 1569.

Luis del Mármol Carvajal relata que don Antonio de Luna entró en el Valle de Lecrín con una fuerza de aproximadamente 3.200 infantes y 120 jinetes.

La expedición pasó por Tablate, Béznar y Pinos del Valle antes de dirigirse hacia Restábal, Albuñuelas y Saleres.

El objetivo era combatir a los grupos moriscos que continuaban actuando por aquellas sierras.

En las inmediaciones de Restábal y Albuñuelas se produjo un duro enfrentamiento. El capitán Céspedes avanzó con arcabuceros hacia un cerro ocupado por moriscos. Recibió un disparo que atravesó su protección y murió durante el combate. Sus hombres tuvieron que retirarse ante la presión de los insurgentes.

Mientras tanto, don Antonio de Luna se encontraba al otro lado de un barranco y no consiguió intervenir a tiempo.

Mármol explica que finalmente Saleres fue saqueado por las tropas de don Antonio de Luna, antes de que la expedición comenzara su retirada hacia Padul.

Este episodio proporciona material histórico de enorme intensidad para una futura representación teatral.

Pero también nos obliga a realizar una corrección importante al Plan Director.


⚠️ 𝗔𝗻𝘁𝗼𝗻𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗟𝘂𝗻𝗮, 𝗻𝗼 𝗔́𝗹𝘃𝗮𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗟𝘂𝗻𝗮

El Plan Director denomina la actuación prevista para Saleres «Creación de obra de teatro de representación histórica de la rebelión de los moriscos contra Álvaro de Luna».

Sin embargo, la fuente histórica contemporánea más importante que describe directamente la operación militar de julio de 1569 identifica al responsable de aquella entrada en el Valle como don Antonio de Luna.

¿De dónde puede proceder la confusión?

La propia crónica proporciona una pista.

Don Álvaro de Luna era hijo de don Antonio de Luna y estaba presente en la expedición, al mando o acompañando a parte de la caballería. Mármol lo menciona expresamente cuando relata el enfrentamiento producido entre Restábal y Albuñuelas.

Por tanto, todo indica que la denominación del Plan Director ha confundido a padre e hijo.

La futura obra debería corregir este punto.

Si pretende dramatizar la expedición de julio de 1569 relacionada con Saleres, el personaje militar central debe ser don Antonio de Luna, aunque su hijo Álvaro pueda aparecer igualmente porque también participó en aquella jornada.

Esta pequeña corrección demuestra precisamente por qué el propio Plan acierta al exigir que el guion teatral se elabore con rigor documental.


🎭 𝗤𝘂é 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗼𝗻𝗲 𝗹𝗮 𝗥𝘂𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗕𝗼𝗮𝗯𝗱𝗶𝗹 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗦𝗮𝗹𝗲𝗿𝗲𝘀

La propuesta cultural prevista para Saleres forma parte del eje dedicado a la promoción, difusión y dinamización turístico-cultural.

El Plan pretende crear una obra histórica al aire libre con actores profesionales y habitantes del municipio, vestuario de época, música de inspiración andalusí y escenografía.

También se plantea adaptar la representación para centros escolares, convirtiéndola en herramienta educativa.

El objetivo es doble: atraer visitantes y, al mismo tiempo, conseguir que los propios vecinos recuperen y conozcan mejor la historia local.

Además, el documento incluye una segunda propuesta más amplia: un espectáculo itinerante denominado «La rebelión de los moriscos», pensado para poder representarse en diferentes municipios de la Ruta de Boabdil.

Saleres podría convertirse así en uno de los principales escenarios donde explicar este capítulo histórico dentro del Valle de Lecrín.


🎬 𝗖ó𝗺𝗼 𝗽𝗼𝗱𝗿í𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗹𝗮 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮

Una recreación histórica bien planteada no debería limitarse a mostrar espadas, disparos y combates.

La verdadera fuerza del relato está en las personas.

Podría comenzar con los vecinos de Saleres hablando sobre si deben sumarse o no a la rebelión.

Mostrar a Bartolomé de Santa María intentando frenar el levantamiento.

Representar la salida del beneficiado cristiano hacia Padul protegido por hombres moriscos.

Explicar después cómo la presión exterior va creciendo.

Cómo algunos habitantes marchan hacia la sierra.

Cómo finalmente la rebelión llega al pueblo.

Y, meses después, mostrar la entrada de las tropas de don Antonio de Luna y los acontecimientos de julio de 1569.

No habría buenos absolutos ni malos absolutos.

Habría miedo.

Violencia.

Convicciones religiosas.

Represión.

Amistades.

Traiciones.

Familias divididas.

Y personas intentando sobrevivir dentro de una guerra que terminó escapando del control de todos.

Esa complejidad haría la obra mucho más interesante que cualquier visión simplificada.


🕊️ 𝗡𝗼 𝗳𝘂𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗴𝘂𝗲𝗿𝗿𝗮 𝗿𝗼𝗺á𝗻𝘁𝗶𝗰𝗮

La rebelión morisca ha generado abundantes leyendas y recreaciones literarias.

Pero la realidad fue extremadamente dura.

Hubo asesinatos de cristianos.

Incendios y saqueos de iglesias.

Ataques contra poblaciones.

Represalias.

Saqueos realizados por tropas cristianas.

Capturas.

Esclavitud.

Destrucción de cosechas.

Desplazamientos forzosos.

Y una enorme pérdida humana y económica.

La investigación histórica contemporánea describe la rebelión como una guerra larga y devastadora, que afectó profundamente al Reino de Granada y que se prolongó hasta 1571.

Por eso cualquier representación turística debería evitar convertir el conflicto en un espectáculo folclórico sin contexto.

Puede haber música.

Vestuario.

Teatro.

Emoción.

Pero detrás de todo ello debe permanecer una idea clara:

aquello fue una tragedia colectiva.


🚶‍♂️ 𝗘𝗹 𝗳𝗶𝗻𝗮𝗹: 𝗹𝗮 𝗲𝘅𝗽𝘂𝗹𝘀𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗺𝗼𝗿𝗶𝘀𝗰𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗩𝗮𝗹𝗹𝗲

La derrota de la rebelión significó el final de una sociedad que había formado parte del Valle durante generaciones.

En 1570 comenzó la expulsión sistemática de los moriscos del Reino de Granada hacia otros territorios de Castilla.

Los habitantes moriscos del Valle de Lecrín fueron deportados y dispersados, mientras sus casas, tierras, árboles y propiedades fueron posteriormente repartidos entre nuevos pobladores cristianos procedentes de distintos lugares de la Península.

Después llegaron los Libros de Apeo y Repartimiento, documentos fundamentales para conocer qué había quedado en cada pueblo y cómo se distribuyeron las propiedades.

El paisaje sobrevivió.

Las acequias continuaron llevando agua.

Los olivos siguieron creciendo.

Los caminos siguieron comunicando los pueblos.

Pero muchas de las familias que habían construido y utilizado aquellas infraestructuras durante generaciones ya no estaban allí.


🌿 𝗟𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗮𝗻𝗲𝗰𝗶ó

La expulsión no eliminó completamente la memoria morisca.

Quedaron las acequias.

Los bancales.

Los caminos.

La organización de determinados espacios agrícolas.

Numerosos topónimos.

Técnicas constructivas.

Formas de aprovechamiento del agua.

Y un paisaje cultural que siguió siendo utilizado por los nuevos pobladores.

En Saleres permaneció incluso una antigua mezquita durante años después de la rebelión, utilizada ya con otra función, según la documentación histórica estudiada por Gómez-Moreno Calera.

La historia no funciona como una puerta que se cierra completamente para comenzar otra época desde cero.

Cada sociedad hereda elementos de la anterior.

Incluso cuando intenta borrar parte de su memoria.


👑 𝗬 ¿𝗾𝘂é 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝘃𝗲𝗿 𝗲𝘀𝘁𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗕𝗼𝗮𝗯𝗱𝗶𝗹?

Boabdil había abandonado definitivamente la Península más de setenta años antes de la rebelión de 1568.

Por tanto, la rebelión morisca no pertenece a la época de Boabdil.

Sin embargo, sí forma parte de las consecuencias históricas de la desaparición del reino nazarí y de la profunda transformación del antiguo Reino de Granada durante el siglo XVI.

El propio Plan Director explica que la Ruta de Boabdil no debe limitarse a los acontecimientos de 1492-1493, sino utilizar el recorrido para poner en valor episodios posteriores relacionados con la memoria andalusí y morisca del territorio.

Esta ampliación cronológica resulta perfectamente válida siempre que se explique correctamente.

Boabdil representa el final del poder político nazarí.

La rebelión morisca representa, siete décadas después, uno de los grandes episodios del difícil proceso de integración y desaparición de la sociedad morisca granadina.

Son capítulos diferentes.

Pero forman parte de una misma historia territorial.


❤️ 𝗦𝗮𝗹𝗲𝗿𝗲𝘀, 𝘂𝗻 𝗲𝘀𝗰𝗲𝗻𝗮𝗿𝗶𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗿𝗱𝗮𝗿 𝘀𝗶𝗻 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗿

Saleres posee todos los elementos necesarios para convertirse en uno de los mejores lugares desde los que contar la rebelión morisca del Valle de Lecrín.

Una antigua alquería andalusí.

Una población mayoritariamente morisca en el siglo XVI.

Una iglesia levantada pocos años antes de la guerra y dañada durante el levantamiento.

El recuerdo de quienes inicialmente intentaron evitar la rebelión.

La cercanía de las sierras utilizadas como refugio.

Restábal y Albuñuelas como escenarios próximos.

Y la entrada militar de don Antonio de Luna en julio de 1569.

Todo ocurrió dentro de un paisaje que todavía podemos contemplar.

Precisamente por eso la futura representación propuesta por el Plan Director puede convertirse en algo mucho más valioso que una atracción turística.

Puede ayudar a comprender.

A los vecinos.

A los escolares.

Y a quienes lleguen desde fuera.

Pero para conseguirlo debe respetar la complejidad de aquellos hechos.

𝗡𝗼 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗹𝗼𝘀 𝗺𝗼𝗿𝗶𝘀𝗰𝗼𝘀 𝘀𝗲 𝗿𝗲𝗯𝗲𝗹𝗮𝗿𝗼𝗻 𝗮𝗹 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼.

𝗡𝗼 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗿𝗶𝘀𝘁𝗶𝗮𝗻𝗼𝘀 𝗮𝗰𝘁𝘂𝗮𝗿𝗼𝗻 𝗶𝗴𝘂𝗮𝗹.

Hubo violencia en ambos lados.

Hubo vecinos que protegieron a otros vecinos.

Hubo quienes intentaron mantenerse fuera del conflicto.

Y finalmente hubo una derrota, una deportación y una ruptura humana que cambió para siempre la composición de los pueblos.

Cuando caminamos hoy tranquilamente por las calles de Saleres resulta difícil imaginar que hace más de cuatro siglos aquel pequeño núcleo estuvo inmerso en una guerra que sacudió todo el antiguo Reino de Granada.

La Ruta de Boabdil quiere recuperar esa memoria.

Y quizá esa sea una de sus funciones más importantes:

no utilizar el pasado solamente para atraer visitantes, sino ayudar a comprender por qué nuestros pueblos son hoy como son.

En Saleres, detrás de sus casas blancas, su iglesia, sus caminos y sus campos, permanece todavía la memoria de 1568, 1569 y 1570.

Una memoria difícil.

Pero precisamente por eso, una memoria que merece ser contada. 🔥⚔️🌿

✍ 𝗖𝗼𝗹𝗮𝗯𝗼𝗿𝗮𝗱𝗼𝗿:

Miguel Ángel Molina Palma

© 2026.

📸 Fotos: Miguel A. Molina


📚 𝗕𝗜𝗕𝗟𝗜𝗢𝗚𝗥𝗔𝗙Í𝗔

López Molina, Joaquín; Vega Alonso, Antonio; Ramos Peinado, Jonathan; Gámez Palomares, Aurora; López Molina, Miguel. Plan Director Ruta Boabdil. Granada, septiembre de 2025. Actuación «Creación de obra de teatro de representación histórica de la rebelión de los moriscos», Saleres, pp. 246-247.

Mármol Carvajal, Luis del. Historia del rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada. Edición moderna de Javier Castillo Fernández, Universidad de Granada, 2015. Especialmente los capítulos dedicados al Valle de Lecrín, Albuñuelas, Saleres y la entrada de don Antonio de Luna.

Jiménez Estrella, Antonio. «La revuelta de las Alpujarras de 1568-1571. Una guerra civil en el interior de la Monarquía Hispánica», Andalucía en la Historia, nº 76, 2022.

Gómez-Moreno Calera, José Manuel. «Las iglesias del Valle de Lecrín. Estudio arquitectónico», Cuadernos de Arte de la Universidad de Granada, nº 27, 1996, pp. 23-37.


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