16 julio 2026

Melegís y Murchas, el pueblo escrito en sus matrimonios



Mirador de Murchas 

 

🧬 MELEGÍS Y MURCHAS, EL PUEBLO ESCRITO EN SUS MATRIMONIOS

Apellidos, parentescos y caminos familiares entre 1635 y 1706

✍️ Por Miguel Ángel Molina Palma

Hay pueblos cuya historia se conserva en las piedras de una iglesia, en el trazado de una acequia o en los restos de un molino. Pero existe otra arquitectura más difícil de contemplar: la que levantaron las familias con sus matrimonios.

Una boda no unía solamente a un hombre y una mujer.

Unía dos casas.
Dos apellidos.
Dos grupos de hermanos.
Dos memorias familiares.
Y, muchas veces, dos pueblos distintos. 🌿

Entre 1635 y 1706, las iglesias de Melegís y Murchas fueron anotando los desposorios y velaciones de centenares de vecinos. En aquellas páginas aparecen González, Rodríguez, Pérez, Molino, Alechaga, Faciabén, Urquiza, Barranco, Tapia, Jiménez, Roldán, Contreras, Ruiz, Moya, Sánchez, Muñoz, Serrano, Reyes y muchas otras familias que dieron forma humana a estas dos pequeñas comunidades del Valle de Lecrín.

La base de datos elaborada por Óscar Gordo reúne 401 asientos matrimoniales, clasificados en noventa campos diferentes. Gracias a ese trabajo podemos conocer no solo los nombres de los contrayentes, sino también, cuando el documento lo permite, los de sus padres, madres, abuelos, cónyuges anteriores, lugares de nacimiento, vecindad y grados de consanguinidad.

No estamos ante una simple relación de bodas.

Estamos ante un mapa genealógico de Melegís y Murchas durante buena parte del siglo XVII. 📜

⛪ Tres libros para reconstruir una comunidad

Los registros matrimoniales fueron localizados en tres libros parroquiales diferentes.

Los primeros se encuentran al final de un volumen de bautismos iniciado en 1634, bajo el título:

Baptismos de Melegís y Murchas. Comienza año 1634. Libro 2.º. Y al fin del libro ai algunas velazs.

Otros aparecen mezclados en el primer libro de defunciones de Melegís. Finalmente, desde 1660 se conserva un volumen específico:

Desposorios y velaçiones de Melegís. Libro 3.º. 1660 a 1706 A.

La dispersión de los primeros matrimonios no fue casual. Una anotación del propio libro explica que el obispo visitador mandó escribir allí los desposorios y velaciones porque no quedaban hojas disponibles en otro volumen.

Esta circunstancia advierte de una realidad importante: los registros anteriores a 1660 probablemente están incompletos.

Faltan páginas.
Hay hojas rotas.
Algunas están dobladas.
La tinta se ha desvanecido.
En ciertos nombres solo queda una letra o una palabra dudosa.

Por eso, el primer matrimonio conservado no tiene por qué ser el primero celebrado. Es únicamente el primero que ha conseguido llegar hasta nosotros. 🕯️

🌱 Las primeras familias que aparecen

Uno de los asientos más antiguos corresponde al matrimonio celebrado el 27 de mayo de 1635 entre Alonso Sánchez, de Murchas, y Sebastiana Ortiz, también de Murchas.

El documento identifica además a sus padres:

  • Alonso era hijo de Pedro Sánchez y Catalina de Vera.
  • Sebastiana era hija de Hernando Ortiz e Isabel Rodríguez.

En una sola partida aparecen ya cuatro apellidos fundamentales: Sánchez, Vera, Ortiz y Rodríguez. Cuatro ramas familiares que podían prolongarse después en bautismos, matrimonios y defunciones.

El 1 de diciembre de 1638 se celebró en Murchas el matrimonio de Domingo de Faciabén y Leonor Gutiérrez. El novio era hijo de Agustín de Faciabén y María Vélez; la novia, de Blas Gutiérrez y Mariana de Tapia.

Faciabén, Vélez, Gutiérrez y Tapia quedaron así unidos en una nueva casa. El apellido Faciabén, especialmente característico de Murchas, aparecerá repetidamente durante las décadas siguientes. 🌳

En 1639 encontramos en Melegís a Alonso González, hijo de Alonso González y María Núñez, casado con Melchora de Alechaga, hija de Juan de Alechaga y Juana de Peralta.

Este asiento enlaza dos de los grandes apellidos del Melegís antiguo: González y Alechaga.

Ese mismo año aparecen también Juan Valero y Catalina de Chaves, mientras que entre los registros dañados se adivinan nombres como Molino, Ortiz, Varas, Martín y Urquiza. Incluso cuando el papel está roto, los fragmentos permiten escuchar todavía el eco de las familias.

🌳 Los apellidos que sostienen el siglo XVII

Si observamos los apellidos de los novios tal como fueron transcritos, sin unir variantes ortográficas ni formas compuestas, González sobresale con claridad. Aparece en 42 asientos como apellido del novio.

Le siguen formas como:

Rodríguez, Pérez, Tapia, Serrano, López, Sánchez, García, Muñoz, Molino, Faciabén, Alechaga, Barranco, Urquiza, Martín, Ximénez, Román, Ruiz, Moya y Roldán.

Entre las novias destacan especialmente:

Rodríguez, Ximénez, González, Pérez, Ruiz, Molino, Reyes, Tapia, Alechaga, Barranco, Urquiza, López, Moya, Faciabén, Muñoz, Contreras, Chaves, Flores, Torres y Morales.

Estas cifras no deben entenderse como un censo exacto de habitantes. Un mismo matrimonio puede aparecer en dos momentos diferentes —desposorio y velación— y algunos nombres adoptan formas distintas según el escribano.

Aun así, la repetición muestra cuáles eran las grandes redes familiares.

Los González se enlazan con Valera, Molino, Rodríguez, Ruiz, Serrano, Núñez, Romero y otras ramas.

Los Molino aparecen unidos a González, Reyes, Varas, Muñoz, Rodríguez y Alechaga.

Los Alechaga se relacionan con González, Peralta, Muñoz, Molino, Alarcón, López de Baena y Abril.

Los Faciabén, especialmente presentes en Murchas, enlazan con Gutiérrez, Tapia, Ximénez, Alizancos, Garzón, Reyes y Rodríguez.

Los Urquiza se encuentran con Romero, Soto, Peralta, Muñoz, Abrie y Contreras.

No existían familias aisladas. Cada apellido formaba parte de una red mucho más amplia. 🕸️

🤝 Melegís y Murchas: dos comunidades entrelazadas

De los 401 asientos reunidos, 271 señalan la iglesia de Melegís y 116 la de Murchas. En otros no se especifica con seguridad el templo, mientras que existen casos celebrados o completados fuera de ambas iglesias.

Pero esta diferencia numérica no debe hacernos pensar en dos mundos separados.

Melegís y Murchas compartían caminos, relaciones y familias. Un hombre de Melegís podía casarse con una mujer de Murchas, establecer su casa en uno de los dos lugares y ver después a sus hijos enlazarse nuevamente con familias del otro.

El 20 de mayo de 1655, por ejemplo, quedó registrado el matrimonio de Antonio de Contreras, de Melegís, y Catalina de los Reyes, de Murchas.

Antonio era hijo de Cristóbal de Contreras y Lucía de Esquivel. Catalina era hija de Alonso Roldán y María de los Reyes.

En aquel matrimonio quedaron conectadas cuatro familias:

Contreras, Esquivel, Roldán y Reyes.

El 15 de febrero de 1655, Juan Serrano, relacionado con Murchas, se casó con María Monte, perteneciente a una familia de Melegís. En diciembre de 1649, José Serrano, de Melegís, había contraído matrimonio con Lucía Muñoz, también de Melegís.

Serrano, Muñoz, Tapia, Guerrero y Monte aparecen así formando parte de una misma trama.

Los límites entre ambos núcleos eran administrativos y geográficos, pero la vida familiar los desbordaba continuamente. 🌿

🛤️ Los matrimonios como mapa de caminos

Los registros demuestran también que Melegís y Murchas no fueron comunidades cerradas.

A sus iglesias llegaron personas nacidas o avecindadas en numerosos lugares:

Restábal, Chite, Mondújar, Lanjarón, Béznar, Cónchar, Padul, Talará, Otura, Albuñuelas, Armilla, Motril, Órgiva, Saleres, Alhendín, Torvizcón, Mecina Bombarón, Granada y Huétor-Cájar.

Pero algunos desplazamientos fueron mucho más largos.

En febrero de 1642, Pedro Ordóñez, originario de Borja, en el reino de Aragón, se casó con Florentina Barranco.

En mayo de 1643, Domingo González, natural de Portugal y vecino de Melegís, contrajo matrimonio con María Valera. El documento indica que sus padres, Domingo González e Isabel Rodríguez, estaban también relacionados con Portugal.

En 1649, Francisco Rodríguez, natural de Beteta, localidad que el asiento sitúa en el obispado de Salamanca, se casó con María Sánchez, vinculada a Murchas.

En 1659, Antonio Álvarez, natural de San Pablo, en el arzobispado de Orense, y vecino de Motril, contrajo matrimonio con Isabel Ortiz, de Murchas.

En 1683, Domingo Barreche, nacido en Lasa, en el reino de Navarra, se casó con doña María Peregrina, natural de Mecina Bombarón y vecina de Murchas.

Incluso aparece un contrayente procedente de Asque, en Francia.

Cada uno de aquellos matrimonios introducía nuevos apellidos, nuevas historias y, quizá, nuevas formas de hablar, trabajar y comprender el mundo. 🚶‍♂️🌍

Los pueblos del Valle estaban unidos a una geografía mucho más extensa de lo que a veces imaginamos.

👨‍👩‍👧 Los padres y las madres: la verdadera riqueza genealógica

Para el investigador familiar, el dato más valioso de estas partidas no siempre es el nombre de los contrayentes.

Muchas veces son los padres.

Gracias a ellos podemos pasar de una generación a la anterior. Un matrimonio se convierte así en un puente documental.

El asiento de Alonso García y María de Alfaro, celebrado en Melegís en marzo de 1643, identifica al novio como hijo de Andrés García e Isabel de Castro. María era hija de Miguel Díaz y Francisca de Alfaro.

La partida de Juan Padial, procedente de Mondújar, y María de Moya, celebrada en 1645, señala que ella era hija de Cristóbal de Moya y Polonia de Palacios.

Cristóbal y Polonia vuelven a aparecer en otras partidas como padres de diferentes mujeres de la familia Moya. La repetición permite reconstruir hermanos, cuñados y descendientes.

Del mismo modo, el matrimonio de Juan de Zamora y María de Moya, celebrado en 1650, enlaza a los González de Zamora y Vera con otra rama de los Moya.

Una partida aislada aporta cuatro nombres. Varias partidas relacionadas pueden reconstruir una familia entera. 🧬

Pero debemos ser prudentes. La coincidencia de nombre y apellido no demuestra por sí sola que se trate de la misma persona. Hay que comparar fechas, padres, cónyuges, vecindades y otras circunstancias.

La genealogía no consiste en unir nombres parecidos.

Consiste en demostrar cada unión.

👵 Cuando aparecen los abuelos

Los abuelos son mucho menos frecuentes en los registros.

Su presencia se concentra especialmente entre 1683 y 1690, cuando algunos asientos ofrecen auténticas genealogías de tres generaciones.

Uno de los casos más completos es el matrimonio celebrado el 9 de mayo de 1684 entre Andrés Muñoz, natural y vecino de Melegís, y Josefa Álvarez, natural de Murchas y vecina de Melegís.

Andrés era hijo de Manuel Muñoz y Juana Pérez. El asiento recoge también a sus abuelos:

  • Juan Muñoz, natural de Gabia la Chica, y María de Córdoba.
  • Sebastián González, natural de una aldea de Portugal, y María Valera, natural de Motril.

Josefa era hija de Alonso Sánchez y María Álvarez, y también se anotaron sus abuelos:

  • Alonso Sánchez e Isabel Rodríguez.
  • Domingo Hernández y María Álvarez.

En una sola partida aparecen tres generaciones, varias procedencias y ocho apellidos conectados. Además, se hizo constar un parentesco de cuarto grado entre los contrayentes.

Estas partidas son excepcionales. Cuando aparecen, permiten atravesar de golpe varias décadas de historia familiar.

💍 Desposarse no siempre significaba velarse

Los libros distinguen entre el desposorio y la velación.

El desposorio expresaba el consentimiento matrimonial. La velación era la ceremonia litúrgica en la que los esposos recibían la bendición nupcial. Ambos actos podían celebrarse el mismo día, pero no siempre era así.

En 105 asientos de la base de datos, las fechas del desposorio y de la velación coinciden. En otros 36 aparecen ambas fechas, pero son diferentes.

Un ejemplo significativo es el de Francisco Muñoz y Antonia Molina. Se desposaron el 25 de diciembre de 1660, pero fueron velados el 20 de febrero de 1662, más de un año después.

Alonso Román y Ana Ruiz se desposaron en Melegís el 5 de septiembre de 1662 y recibieron la velación el 3 de febrero de 1663.

En otros casos solo se conserva uno de los actos. Por eso, una pareja puede figurar en dos asientos o aparecer únicamente con la fecha del desposorio o de la velación.

Esta distinción es fundamental para no interpretar como dos matrimonios diferentes lo que, en realidad, eran dos momentos de la misma unión. ⛪

🕯️ Viudos, viudas y casas reconstruidas

La muerte formaba parte constante de la vida familiar.

Las epidemias, las enfermedades, los partos, los accidentes y la dureza de las condiciones materiales dejaban con frecuencia hombres y mujeres viudos, muchas veces con hijos pequeños.

En la base se pueden identificar al menos 38 novios viudos y 28 novias viudas, aunque no siempre se conserva el nombre del cónyuge fallecido.

Las segundas nupcias no deben verse como un episodio extraño. Eran una forma de reconstruir la casa, garantizar cuidados, proteger a los hijos y reorganizar el trabajo familiar.

Cuando un viudo se casaba con una viuda, no nacía únicamente un nuevo matrimonio. Podían unirse dos hogares anteriores, con hijos, bienes, obligaciones y parentescos distintos.

Estas bodas complican los árboles genealógicos, pero también los enriquecen.

Una persona podía ser:

padre de sus propios hijos,
padrastro de los hijos de su nueva esposa,
cuñado de dos familias diferentes
y heredero o administrador de bienes procedentes de varios matrimonios.

La familia del siglo XVII no siempre tenía la estructura sencilla que imaginamos desde el presente. 🏡

🔗 Cuando el pueblo terminaba siendo pariente

En 63 asientos se anotó alguna relación de consanguinidad o parentesco entre los contrayentes.

Aparecen expresiones como:

  • segundo grado;
  • tercer grado;
  • cuarto grado;
  • segundo con tercero;
  • tercero con cuarto;
  • parientes por una rama y por otra.

La mención más frecuente es el cuarto grado, seguida del tercero y de la combinación entre tercero y cuarto.

Esto no significa que los matrimonios fueran clandestinos o necesariamente contrarios a la Iglesia. Cuando existía un parentesco comprendido dentro de los grados prohibidos por la legislación canónica, era necesario obtener una dispensa.

En comunidades pequeñas como Melegís y Murchas, donde ciertas familias llevaban varias generaciones enlazándose, resultaba cada vez más difícil encontrar un cónyuge que no compartiera algún antepasado.

Los González casaban con otros González.
Los Faciabén se cruzaban con Ximénez, Tapia o Reyes.
Los Molino enlazaban con ramas que ya estaban emparentadas por generaciones anteriores.
Los Rodríguez aparecían en casi todas las direcciones del árbol.

La consanguinidad anotada por el párroco es una prueba de la profundidad de esas redes familiares. No es una curiosidad aislada: es una guía para reconstruir parentescos que, de otro modo, permanecerían ocultos. 🔍

👩 Las mujeres que sostienen los linajes

Los libros fueron escritos dentro de una sociedad en la que la identificación pública giraba con frecuencia alrededor de los hombres. Sin embargo, las partidas matrimoniales demuestran que las mujeres eran imprescindibles para reconocer y enlazar las familias.

Gracias a ellas aparecen apellidos como:

Alechaga, Molino, Urquiza, Moya, Barranco, Faciabén, Reyes, Tapia, Contreras, Flores, Soto, Morales, Palacios, Aranda, Varas, Padilla y Esquivel.

Una mujer podía transmitir un apellido que después desaparecía de la línea principal de sus hijos, pero no de su ascendencia.

María de Moya quizá no transmitió Moya como primer apellido a toda su descendencia, pero cada uno de sus hijos pertenecía también a la casa de los Moya.

Melchora de Alechaga llevó su familia al matrimonio con Alonso González.

Mariana de Urquiza enlazó a los Urquiza con los Ortega.

Catalina de los Reyes unió a los Reyes y Roldán de Murchas con los Contreras de Melegís.

Josefa Álvarez introdujo en su nueva familia toda la genealogía de los Sánchez, Rodríguez, Hernández y Álvarez de Murchas.

Por eso, un árbol construido solamente siguiendo los apellidos masculinos pierde la mitad de la historia.

Las mujeres no son ramas secundarias.

Son la otra mitad de la raíz. 🌳

✍️ Apellidos que cambian de forma

El investigador debe tener en cuenta que la escritura de los apellidos no estaba completamente fijada.

En los libros aparecen:

Ximénez y Jiménez.
Chaves y una forma leída como Chanes.
Reyes y de los Reyes.
Tapia y de Tapia.
Moya y de Moya.
Urquiza y de Urquiza.
Faciabén y de Faciabén.

También encontramos apellidos compuestos o variables:

González Quílez, González Serrano, López de Reyes, López de Baena, Pérez Brito, Brochero de Flores, Ruiz de Molina, Molino Varas o Alechaga y Abril.

Una misma persona podía ser registrada de manera distinta en el desposorio, la velación, el bautismo de un hijo o su partida de defunción.

Incluso aparecen errores manifiestos. En un asiento se aclara que una persona figura como Pedro en el desposorio, aunque su nombre correcto era Juan. En otro, Francisco de Chaves aparece escrito de una manera que el transcriptor interpreta como Chanes.

La ortografía es una pista, no una frontera.

Hay que buscar siempre variantes. 📖

🌿 Un pueblo entero dentro de un libro

Los matrimonios de Melegís y Murchas entre 1635 y 1706 permiten observar cómo se formó una sociedad después de la gran ruptura provocada por la expulsión de los moriscos y la repoblación del reino de Granada.

Las familias que encontramos en estas páginas no permanecieron quietas.

Llegaron desde Portugal, Aragón, Navarra, Galicia, Castilla, Granada y los pueblos vecinos.

Se casaron.
Enviudaron.
Volvieron a casarse.
Tuvieron hijos.
Mezclaron apellidos.
Herederaron casas y tierras.
Cruzaron una y otra vez el camino entre Melegís y Murchas.

Algunas familias conservaron su apellido durante siglos. Otras se diluyeron en líneas femeninas. Algunas abandonaron el pueblo. Otras llegaron desde fuera y se hicieron melegileñas o murcheras después de una sola generación.

Los documentos no nos cuentan si aquellas personas se amaron, si el matrimonio fue acordado por las familias, si hubo celebraciones, música, comida o lágrimas.

Pero a veces dejan pequeñas grietas por las que entra la vida.

Una boda celebrada «a las seis de la tarde».
Otra «como a las nueve de la noche».
Un novio nacido lejos, pero criado desde niño en Melegís.
Un hombre preso a petición de la novia y puesto después en libertad por orden eclesiástica.
Un apellido escrito con duda.
Una hoja doblada que oculta para siempre el nombre de una mujer.

Son detalles mínimos.

Pero gracias a ellos los nombres dejan de ser una lista y vuelven a convertirse en personas. 🕊️

Entre 1635 y 1706, Melegís y Murchas quedaron escritos en sus matrimonios.

En González y Rodríguez.
En Molino y Alechaga.
En Faciabén y Tapia.
En Urquiza y Barranco.
En Contreras y Reyes.
En Moya, Pérez, Ruiz, Sánchez, Serrano, Roldán y Jiménez.

Cada matrimonio fue un nudo.

Cada hijo, una nueva rama.

Y todos juntos formaron el gran árbol familiar de dos pueblos que, aunque tenían nombres distintos, compartieron durante siglos la misma memoria. 🧬🌳

#Melegís #Murchas #Genealogía #MatrimoniosAntiguos #FamiliasDelValle #ValleDeLecrín #ApellidosDeMelegís #ApellidosDeMurchas #LibrosParroquiales #HistoriaFamiliar #MemoriaGenealógica #Raíces #PatrimonioDocumental #HistoriaLocal #EcosDelValleDeLecrín




No hay comentarios:

Publicar un comentario