05 julio 2026

Los Habices de la Iglesia de Talará ( Granada)

Iglesia de Talará 

 🕌 LOS HABICES DE LA IGLESIA DE TALARÁ 

Historia, patrimonio y memoria de la alquería del Camino Real.


Hay lugares en el Valle de Lecrín que deben su carácter al camino que los atraviesa. Talará —hoy conocida oficialmente como Lecrín, cabeza del municipio, fue durante siglos mucho más que una alquería: fue una venta, un cruce de caminos, un mesón, una emboscada mortal en tiempos de guerra y un remanso de arrieros y viajeros en tiempos de paz. El Camino Real de Granada a Motril no pasaba cerca de Talará: pasaba por dentro de ella, y eso lo cambió todo. 🛤️

La fuente principal de este artículo es el Capítulo XXII de la tesis doctoral de Lorenzo Luis Padilla Mellado, Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología (Universidad de Granada, 2010). Talará presenta una peculiaridad documental que la distingue del resto de alquerías del Valle: el Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias (1547-1554) no recoge ninguna partida de censo para su iglesia —en esas fechas era anejo de Mondújar y carecía incluso de edificio propio de culto—. El inventario se reconstruye, por ello, a partir de dos escrituras de censo conservadas en el Archivo Histórico del Arzobispado de Granada (Signaturas 572-F y 231-F) y de los datos del Libro de Apeo y Repartimiento de Chite y Talará (AHPGr, Signatura 6474/CD-79). Un patrimonio reconstruido, como el propio pueblo, desde los cimientos. 📜

🌿 Un nombre árabe que huele a historia profunda

El nombre Talará no deriva, como tantos otros del Valle, de un topónimo geográfico. Viene del árabe حارة العرب (Ḥārat al-ʿArab), que significa literalmente "Barrio de los Árabes". Una denominación que en el contexto andalusí señalaba un asentamiento de población árabe diferenciada del entorno bereber mayoritario —rasgo que debió tener Talará en sus orígenes medievales como enclave de una comunidad con identidad propia dentro del iqlim del Valle de Lecrín.

En la Bula de Erección de las Parroquias del Arzobispado de Granada (1501-1505), el lugar aparece transcrito como Atalaráb, anejo de la parroquia de Santa María de Béznar junto a Tablate, Pinos del Rey, Ízbor, Mondújar, Acequias y Achite. La pronunciación árabe original, transliterada con torpeza por los escribanos castellanos, quedó así congelada en los documentos eclesiásticos del siglo XVI. Siglos después, en 1983, el ayuntamiento adoptó oficialmente el nombre Lecrín. 🌿

📜 Quinientos años de dependencia eclesiástica.

La historia institucional de Talará es, en buena medida, la historia de una ausencia: durante siglos, el pueblo no tuvo iglesia propia. En 1501 fue adscrito como anejo a la parroquia de Béznar; después pasó a serlo de Mondújar, en cuya órbita eclesiástica permaneció durante casi doscientos años. No había edificio de culto, no había beneficiado residente, y los bienes habices que le correspondían por la transferencia del patrimonio islámico quedaron administrados, en bloque, desde la parroquia matriz.

Fue la devoción popular la que rompió este largo silencio institucional. Por iniciativa y a expensas de los propios vecinos, se construyó una ermita que con el tiempo fue creciendo hasta que en 1747 fue consagrada como iglesia, dedicada a Nuestra Señora de las Angustias. A partir de ese momento, Talará dejó de ser barrio y pasó a considerarse anejo, con entidad eclesiástica propia aunque subordinada a Mondújar.

Pero la ermita resultó pequeña —apenas 16 × 10 metros— y de "fábrica poco subsistente", según reconocía el informe del propio Arzobispado. El pueblo insistió durante décadas en conseguir una iglesia nueva y digna. El maestro de obras del arzobispado, Juan de Castellanos, dictaminó al principio que la construcción no era urgente. Fue necesaria la intervención del mismísimo Ventura Rodríguez —el arquitecto más prestigioso de la Ilustración española, autor del Pilar de Zaragoza— quien, en 1783, redactó el proyecto definitivo. La iglesia que hoy vemos en Talará es, por tanto, obra neoclásica de la escuela de Ventura Rodríguez: una sola nave sin capillas, cubierta con bóveda de cañón, torre tras la cabecera, fachada austera con única puerta enmarcada en piedra, frontón perforado por un óculo, presbiterio elevado por gradas. Racional, sobria y hermosa como la arquitectura ilustrada que la concibió. ⛪

✝️ La Ermita del Santo Cristo y la rábita de Alcudiatei.

En una pequeña elevación junto al casco urbano se levanta la Ermita del Santo Cristo, que guarda en su interior el lienzo del Cristo del Zapato: una originalísima iconografía del siglo XVII que representa al crucificado con un pie calzado. La imagen recibe devoción desde tiempo inmemorial y el edificio que la alberga es arquitectura neoclásica del siglo XIX, de planta de cruz griega (10 × 10,80 metros), cúpula sobre pechinas y linterna sobre el crucero. En su interior también se conserva una talla del Niño Jesús de vestir de 55 centímetros de altura, con cruz y acetre de plata, de principios del XIX y escuela granadina.

Lo que hace singular esta ermita desde el punto de vista histórico es su origen: Padilla Mellado la identifica como uno de los centros de culto que con anterioridad a la conquista castellana funcionaron como rábitas islámicas. Concretamente, la llama rábita Alcudiatei, que aparece en el inventario de Habices de Chite —no en el de Talará, dado que en esos documentos Talará era barrio del primero— como antiguo oratorio musulmán reconvertido en bien habice de la iglesia. Una cadena ininterrumpida de devoción que va del islam al cristianismo, de la rábita a la ermita, del siglo XIV al XIX. 🕌✝️


 

⚔️ La emboscada del Barranco: Talará en la guerra morisca.

El levantamiento morisco de la Navidad de 1568 golpeó al Valle de Lecrín desde el primer momento. Las revueltas comenzaron en Béznar con la proclamación de Aben Humeya como rey de los alzados. Talará fue pronto escenario de uno de los episodios más sangrientos de esa guerra: el rebelde conocido como el Nacox —identificado en las crónicas como uno de los capitanes moriscos más audaces de la zona— tendió una emboscada en el barranco de Talará al Alférez Moriz, oficial de la infantería de la ciudad de Trujillo al mando del Capitán Juan de Chaves de Orellana.

El Nacox envió trescientos escopeteros a esperarlos ocultos en el barranco. Cuando la escolta que iba del Padul a Tablate pasó por ese punto, los moriscos salieron de la emboscada y la desbarataron por completo. El Alférez Moriz y todos los soldados que lo acompañaban perdieron la vida. Luis del Mármol Carvajal, testigo de aquella guerra, lo relata con detalle en su Historia de la Rebelión y Castigo de los moriscos del Reyno de Granada. El barranco que hoy bordea el camino entre Talará y Murchas guarda en su nombre el silencio de aquellos muertos. 💀

El Libro de Apeo y Repartimiento de Chite y Talará (1572) nos da las cifras del desastre demográfico que siguió: "El dicho lugar de Talará esta en el dicho Valle, cerca del, de moriscos tenía quince vecinos éstos, y cinco o seis cristianos viejos, el cual tienen en arrendamiento los vecinos del dicho lugar. Todas las casas de él están muy perdidas y caídas; solamente habrá cuatro o cinco casas que se pueden habitar. Hay en él catorce vecinos de la nueva población. No hay en el dicho lugar Iglesia porque es aneja a la de Mondújar." Quince vecinos moriscos, cuatro casas habitables, catorce repobladores recién llegados. El pueblo había quedado en los huesos. 📉

🏘️ El Camino Real y las ventas: la vocación de Talará.

Si algo define a Talará a lo largo de toda su historia es su condición de lugar de paso y de encuentro. Cuando a comienzos del siglo XIX se trazó la nueva carretera de Granada a Motril, el tráfico que antes discurría por Restábal y Pinos del Valle —el antiguo camino de herradura hacia la Costa— se desvió hacia Talará. El pueblo absorbió esa corriente de viajeros, trajinantes y arrieros y se convirtió en el principal nudo comercial del Valle de Lecrín.

Las ventas de Talará son personajes de la historia local. La más famosa fue la Venta de la Guapa, también conocida como Venta de la Dolores y luego como Venta de Natalio, en el Camino Real. El maestro poeta Joaquín Muñoz Ruiz, en su libro Recuerdos de Antaño (prólogo de 1958), la recuerda con nostalgia: "El ventorrillo de La Guapa, en Talará, donde se hacía el primer descanso por la cuesta arriba y se tomaba la primera copa." Una copa de vino, unas aceitunas, el ruido de los cascos de las caballerías en el empedrado: la vida cotidiana de un pueblo de camino.

Pedro Antonio de Alarcón, en su libro La Alpujarra. Sesenta leguas a caballo precedidas de seis en diligencia (1874), también menciona el paso por Talará antes de llegar al Puente de Tablate, comparando la venta del lugar con los mesones del Quijote y afirmando que el paraje de Tablate era "un foco de caminos donde se cruzan todos los días los viajeros y trajinantes de la Costa, los de Granada, los del Valle y los Alpujarreños."

El Catastro del Marqués de la Ensenada (1750) recoge que Ana López, vecina de Chite, tenía entre sus propiedades en Talará un mesón y tienda de planta baja y alta, con patio, caballeriza y corral, de veinte varas de frente por diecisiete de fondo, que ganaba trescientos cincuenta reales al año. El mismo catastro incluye un croquis pintado a acuarela de Chite y Talará con una cartela de población: 555 habitantes en total, 276 en Chite y 279 en Talará. Un documento excepcional: el retrato de dos pueblos hermanos en el siglo XVIII. 🍷

También hay en Talará dos molinos históricos que Padilla Mellado describe con detalle. El Molino de la Familia de Alejandro Tapia, a la salida del pueblo en el antiguo Pago del Burguil, conserva en su patio los útiles originales de la molienda. El Molino del Marqués de Mondéjar, luego de la familia de La Jorosa, en la entrada del pueblo junto a un camino que baja hacia el río Torrente, tiene en su fachada una placa que recuerda su nombre, con el antiguo lavadero todavía visible junto a la acequia. ⚙️

🏚️ Los bienes urbanos: horno, mesón, casas y el sitio de la mezquita.

El inventario de bienes urbanos de Talará es el más concentrado de todos los estudiados en el Valle de Lecrín: apenas un horno, un mesón, dos casas, un huerto y un macaber. Pero lo que le falta en cantidad lo compensa con creces en significado histórico.

El horno de pan cocer se hallaba en el propio lugar de Talará, lindando con el huerto de Juan de la Hoya por dos partes y con la Calle Real por las otras dos. Estaba frontero del Mesón, algo sobre la mano derecha de su puerta. Lo poseía a censo Diego de Fuentes, el censatario omnipresente en el inventario de Talará.

El mesón se encontraba en la misma calle del Horno, con su corral y un huerto. Lindaba por una parte con huerto de Antonio García, por otra con huerto del propio Diego de Fuentes, por otra con tierra y árboles de Cristóbal de Tapia, y por el cuarto lado con casa del mismo Diego de Fuentes y la Calle Real. Lo tenía también a censo Diego de Fuentes.

Pero lo que convierte a este mesón en un documento histórico excepcional es lo que había justo enfrente de su puerta: "frontero de la puerta está un sitio y una plazuela que solía ser mezquita". El escribano lo anota como un simple lindero, con la naturalidad burocrática de quien ya se ha acostumbrado a que los lugares de oración islámicos sean ahora solares vacíos. Sin embargo, esa frase —"sitio que solía ser mezquita"— es todo un testimonio de la superposición de mundos que Talará encarnó: la mezquita frente al mesón cristiano, el Islam frente al camino de los arrieros, lo sagrado frente a lo cotidiano. La plazuela que hoy existe delante del mesón histórico puede muy bien ser ese mismo espacio, quinientos años después. 🕌

Las dos casas —una grande y otra pequeña— alindaban con la placeta del mesón, con Juan de Soto, con la calle que va a Mondújar y con el aljibe. Las poseía a censo Juan Calvente, el segundo gran censatario de Talará.

El macaber —antiguo cementerio musulmán— lindaba con las Eras de Contra y con Alonso de Almagro, y lo tenía también Juan Calvente.

El huerto, de medio marjal (263 m²), con un moral, un olivo y unos granados, cercado antiguamente de tapias, estaba junto al Camino que va del lugar a Granada. Sus árboles y una pequeña parte de tierra los poseía Andrés de Calvente; todo lo demás, Juan de Narváez. La escritura se otorgó a nombre de Diego de Fuentes. 🏡

🌾 Las tierras de regadío: Diego de Fuentes y los pagos del Torrente.

Las tierras de regadío de Talará suman 15 hazas y una superficie total de 1,89 hectáreas, distribuidas por los pagos de Contra, Fondín (o Fondón) y Torrente. El Pago de Contra —situado al otro lado del barranco frente al casco urbano, como su propio nombre indica— es el más extenso y fértil: allí se concentran las hazas mayores, regadas por la acequia principal de Contra que aparece como lindero constante.

Diego de Fuentes domina el inventario de forma casi absoluta: es el censatario de once de las quince hazas registradas, con superficies que van desde el marjal sencillo (525 m²) hasta los seis marjales de la gran haza cercada del Pago de Contra (3.150 m²), delimitada por las eras, el Camino que va a la Sierra y la acequia principal. Una haza que además estaba "cercada por una pared de piedras", detalle que señala una tierra de especial valor, protegida del paso del ganado y de las riadas.

En el Pago del Torrente, dos hazas con árboles —cinco olivos y tres morales— alindaban con tierras de Juan de Narváez por la parte del río y con tierras de Jerónimo de Herrera por arriba: una geografía agrícola que el río Torrente articulaba como espina dorsal, bajando desde las laderas de Sierra Nevada hasta el Guadalfeo.

A la Venta del Licenciado Mieres —vecino de Granada que poseía tierras en el término de Talará, dato que ilustra cómo la prosperidad de la vía de comunicación atraía inversores de la capital— le daba la espalda una haza de un marjal que también poseía Diego de Fuentes, lindando por una vereda que baja de Mondújar a Murchas.

Juan Calvente tenía las cuatro hazas restantes: una en el Camino de Murchas linde con Marcos López, un bancal debajo de esa haza, y dos hazas en el Pago de Contra —la mayor de ocho marjales (4.200 m²) entre tierras de Marcos López— junto con una tercera linde de Alonso de Almagro. 💧

🌿 Tierras de secano y viñedos

Las tierras de secano y viñedo de Talará son más modestas en extensión: cuatro viñas y un pedazo de tierra, con una superficie conjunta de apenas 5.775 m² (0,58 hectáreas), distribuidas entre los pagos de Almadrabilla, Torrente y Contra.

La viña más significativa —tres marjales en dos pedazos en el Pago del Almadrabilla— tenía un lindero insólito: "por la otra con el horno de hacer teja". El horno de tejas —la almadraba o tejar— que daba nombre al pago estaba activo y produciendo en el momento del inventario, abasteciendo de materiales de construcción a los pueblos vecinos, como ya vimos que ocurría también en El Chite.

Las viñas del Pago del Torrente aparecen con ese matiz melancólico tan frecuente en los inventarios del siglo XVI: "una viña que se va perdiendo", con dos marjales linde con olivar de Pascual Martín y viña de Cristóbal de Tapia. Las viñas que se van perdiendo son una constante en la documentación habice del Valle: tierras que sin el trabajo especializado de los moriscos perdían su función y revertían poco a poco al monte. Los tres marjales que "solían ser viña y otra parte de ella es tierra sin parras" en el mismo pago cuentan la misma historia de abandono progresivo.

María de Soto —la única mujer que aparece como censataria activa en el inventario de Talará— poseía un pedazo de tierra a medias plantado de viña en el Pago de Contra, linde con Juan Calvente y Juan de Soto (su pariente, probablemente), y un bancal de viña en el mismo pago. Su presencia en el documento es breve pero significativa: una mujer que sostenía su parte del patrimonio habice del pueblo en el siglo XVI. 🍇

🌳 El arbolado: olivos dispersos y el mapa de las haciendas

El inventario arbóreo de Talará, aunque modesto en número —37 olivos y 5 morales—, es extraordinariamente detallado en la ubicación de cada árbol. El escribano los describe uno a uno, señalando en qué tierra de quién se encuentran y cómo alinda esa tierra con las propiedades vecinas: una técnica notarial que convierte el recuento de árboles en un mapa topográfico completo del término.

Los olivos de Talará se distribuyen en las tierras de Pedro de Almagro (Pago de Contra), Cristóbal de Guzmán (bajo las casas del lugar), Antón García (esquina de haza), Andrés de Calvente (en el callejón de las huertas), Juan Martín (Pago del Fondín), Cristóbal de Tapia (Pago del Almadrabilla), Alonso López (Pago del Barranco), Juan de la Hoya (ribazo de huerta) y Gabriela Rodríguez (junto al huerto grande).

Entre ellos destaca un detalle de enorme riqueza documental: "un sitio de olivo de la Iglesia Mayor de Granada en ribazo de haza de Cristóbal de Tapia, en el Pago del Almadraviya". La Catedral de Granada tenía, pues, un olivo en Talará —un árbol cuyos frutos, a través del sistema de censos perpetuos, contribuían a financiar el culto de la sede metropolitana. Una sola raíz que conectaba esta pequeña alquería del Valle con la capital del reino.

Hay también, entre los olivos de Diego de Fuentes, uno cuya descripción es de una precisión casi poética: "otro olivo con dos piernas por bajo de las casas del dicho lugar de Talará, en ribazo de huerta de Juan de la Hoya". Un olivo de dos troncos, una bifurcación desde la raíz, junto a las huertas que descendían hacia el barranco. Quizás ese árbol de dos piernas siga en pie hoy, sin que nadie que pase junto a él sepa que en 1592 un escribano lo dibujó con palabras. 🫒

Los cinco morales aparecen en hazas de Juan de Soto (junto a las albercas), en las tierras de Pascual Martín (secano del Torrente), y en el pequeño huerto habice con granados descrito en los bienes urbanos. Su número escaso confirma lo que ya sabemos de Talará: no fue un pueblo de seda, sino de aceite, de vino y de camino. 🌿

📋 El Libro Becerro y las escrituras: Diego de Fuentes y Juan Calvente

Como se señaló al inicio, el Libro Becerro de 1547-1554 no recoge partida alguna de la Iglesia de Talará, porque en esa fecha el lugar era barrio eclesiástico de Mondújar y su patrimonio habice estaba absorbido por la parroquia matriz.

El inventario completo que hemos descrito se reconstruye a partir de dos escrituras otorgadas ante el escribano público y notario Diego Díaz el 21 de noviembre de 1592 (AHAGr, Signatura 572-F, Escritura nº 158):

Diego de Fuentes, vecino de Talará, tomó de la Iglesia de Mondújar a censo perpetuo de 12 ducados y 1 real anuales una porción de bienes apeados en el término de Talará: el horno, el mesón, el huerto con moral y olivo, las once hazas de regadío, el pedazo de secano, las cuatro viñas y todos los olivos y morales descritos. Una suma de 12 ducados y 1 real —unos 4.621 maravedís— pagadera en un solo plazo anual. Un solo hombre sosteniendo económicamente la mayor parte del patrimonio habice de toda una alquería.

Juan Calvente, también vecino de Talará, tomó a censo el resto: las dos casas, el macaber, el bancal de tierra y las hazas de Contra. Sin indicarse la cuantía de su censo en el documento consultado.

Y María de Soto —la tercera figura del triángulo— completaba el reparto con su bancal de viña y el pedazo de Contra (AHAGr, Signatura 231-F, Escritura nº 138).

Tres vecinos. Tres escrituras. Un pueblo entero en tres firmas ante un escribano de sus majestades, en noviembre de 1592. 📜

🌅 Lo que los habices de Talará nos dicen

Talará es, de todos los lugares estudiados en el Valle de Lecrín, el más difícil de atrapar documentalmente. Sin Apeo propio, sin partidas en el Libro Becerro, sin iglesia durante más de dos siglos, el lugar parece escabullirse de los papeles que le corresponderían. Y sin embargo, cuando los documentos hablan —cuando Diego de Fuentes firma su escritura de 12 ducados y 1 real ante Diego Díaz— lo hacen con una precisión geográfica y humana que resucita el pueblo entero.

El Camino Real que pasaba por su puerta, las ventas donde los viajeros tomaban la primera copa, el barranco donde el Nacox emboscó a los soldados de Trujillo, la mezquita convertida en plazuela frente al mesón, las termas romanas bajo los olivos, la ermita del Cristo del Zapato con su pie calzado: Talará es un lugar donde el tiempo se acumula en capas, como la tierra en los bancales del Pago de Contra, cada capa sosteniendo a la que viene encima.

Diego de Fuentes, Juan Calvente, María de Soto: tres nombres que en noviembre de 1592 pusieron su firma para que el patrimonio de la mezquita siguiera produciendo, ahora para la iglesia. Que no se pierda la memoria de Talará. ✨🏔️


📚 Bibliografía

PADILLA MELLADO, Lorenzo Luis (2010): Los Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín. Historia y Arqueología. Editorial de la Universidad de Granada. Granada. D.L.: GR 3009-2010. ISBN: 978-84-693-2571-1. [Capítulo XXII: Talará, pp. 1355-1389.]

Escritura de Censo de la Iglesia de Mondújar en Talará. AHAGr. Signatura 572-F. Escritura nº 158. Ante Diego Díaz, escribano público, 21 de noviembre de 1592. Apéndice Documental, Doc. nº 33, pág. 551.

Escritura de Censo de la Iglesia de Talará. AHAGr. Signatura 231-F. Escritura nº 138. Apéndice Documental, Doc. nº 67, pág. 860.

Libro de Apeo y Repartimiento según comisión para la población del lugar de Chite y Talará. AHPGr. Signatura 6474/CD-79.

Relación e Inventario de los Bienes Habices del Valle de Lecrín (ca. 1502). Archivo General de Simancas. Cámara Mayor de Cuentas, 1ª-E.

Libro Becerro de los Bienes Habices de las Iglesias del Valle de Lecrín (1547-1554). AHAGr. Signatura Caja nº 44. [Sin partidas para Talará.]

MÁRMOL CARVAJAL, Luis del (1797): Historia de la Rebelión y Castigo de los moriscos del Reyno de Granada. Madrid, p. 226.

ALARCÓN, Pedro Antonio de (1874/2001): La Alpujarra. Sesenta leguas a caballo precedidas de seis en diligencia. Ed. Miraguano-Polifemo. Madrid.

MADOZ, Pascual (1845-1850): Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Andalucía, Granada. Estudio introductorio de J. Bosque Maurel. Granada, 1987, pp. 306-307.

El Catastro del Marqués de la Ensenada en el antiguo reino de Granada, 1750 (2002): Ministerio de Hacienda, Centro de Publicaciones y Documentación. Madrid, pp. 397-428.

MUÑOZ RUIZ, Joaquín (1958): Recuerdos de Antaño. Prólogo fechado el 31 de enero de 1958. Granada.


#Talara #Lecrin #ValleDeLecrin #HabicesAndalucia #HistoriaGranada #EcosDelValleDeLecrin #PatrimonioAndaluz #MemoriaHistorica #CaminoRealDeMotril #VentaLaGuapa #CristoDelZapato #TermasRomanas #MoriscosDeSeda #GranadaNazari



No hay comentarios:

Publicar un comentario