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| En la plaza del Ayuntamiento de Albuñuelas |
Poema «El agua sabe el camino», escrito especialmente para el IV Certamen Defensores del Agua y dedicado al agua de Albuñuelas y del Valle de Lecrín.
El agua sabe el camino:
El agua sabe el camino.
Nace donde la nieve guarda
su último sueño de invierno
y baja entre piedras antiguas
con voz de cristal pequeño.
Desciende por los barrancos,
roza los juncos despiertos,
se demora bajo los sauces
y aprende el idioma del viento.
Cuando llega al Valle de Lecrín
ya conoce sus secretos:
la cal blanca de las casas,
la sombra azul de los cerros,
el olor de los naranjos
y el silencio de los huertos.
Entra despacio en la acequia
como quien vuelve de lejos,
y la tierra, al escucharla,
abre sus manos de nuevo.
El limonero la espera
con sus frutos amarillos;
la granada le ofrece
su corazón encendido;
el olivo inclina las ramas
para mirarse en su brillo.
En Albuñuelas el agua
conoce todos los nombres:
los caminos de las huertas,
las fuentes y los rincones,
la piedra oscura del barranco
y la sed de los alcores.
Sabe de manos antiguas
que repartieron su curso,
de azadas sobre la tierra,
de albercas bajo los muros,
de noches de luna clara
y de veranos maduros.
También recuerda a los niños
que corrían junto a su cauce,
con los pies llenos de barro
y la tarde por delante.
El agua llevaba sus risas
más allá de los bancales
y las dejaba temblando
entre las hojas del aire.
A veces parece dormida
bajo la sombra de un puente,
pero nunca está en silencio:
habla bajito, se mueve.
Cuenta historias a las piedras,
refresca la voz de la gente
y convierte cada huerta
en un jardín diferente.
Cuando el sol cae en la sierra
y el cielo se vuelve cobre,
el agua guarda la tarde
en la hondura de su nombre.
Después continúa su viaje
sin despedirse de nadie,
dejando un hilo de música
por los caminos del valle.
Agua clara de esta tierra,
memoria que nunca olvida,
llevas la nieve en el origen
y el azahar en la orilla.
No eres solamente agua
que corre, fecunda y brilla:
eres la voz del paisaje
cuando el paisaje respira.
Y mientras sigas pasando
por la acequia y por la piedra,
el Valle de Lecrín tendrá
una canción bajo tierra.
Firmado: Miguel Ángel Molina Palma

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