04 agosto 2026

Poema: El agua sabe el camino.

En la plaza del Ayuntamiento
 de Albuñuelas 

 Poema «El agua sabe el camino», escrito especialmente para el IV Certamen Defensores del Agua y dedicado al agua de Albuñuelas y del Valle de Lecrín.

El agua sabe el camino:


El agua sabe el camino.


Nace donde la nieve guarda

su último sueño de invierno

y baja entre piedras antiguas

con voz de cristal pequeño.


Desciende por los barrancos,

roza los juncos despiertos,

se demora bajo los sauces

y aprende el idioma del viento.


Cuando llega al Valle de Lecrín

ya conoce sus secretos:

la cal blanca de las casas,

la sombra azul de los cerros,

el olor de los naranjos

y el silencio de los huertos.


Entra despacio en la acequia

como quien vuelve de lejos,

y la tierra, al escucharla,

abre sus manos de nuevo.


El limonero la espera

con sus frutos amarillos;

la granada le ofrece

su corazón encendido;

el olivo inclina las ramas

para mirarse en su brillo.


En Albuñuelas el agua

conoce todos los nombres:

los caminos de las huertas,

las fuentes y los rincones,

la piedra oscura del barranco

y la sed de los alcores.


Sabe de manos antiguas

que repartieron su curso,

de azadas sobre la tierra,

de albercas bajo los muros,

de noches de luna clara

y de veranos maduros.


También recuerda a los niños

que corrían junto a su cauce,

con los pies llenos de barro

y la tarde por delante.


El agua llevaba sus risas

más allá de los bancales

y las dejaba temblando

entre las hojas del aire.


A veces parece dormida

bajo la sombra de un puente,

pero nunca está en silencio:

habla bajito, se mueve.


Cuenta historias a las piedras,

refresca la voz de la gente

y convierte cada huerta

en un jardín diferente.


Cuando el sol cae en la sierra

y el cielo se vuelve cobre,

el agua guarda la tarde

en la hondura de su nombre.


Después continúa su viaje

sin despedirse de nadie,

dejando un hilo de música

por los caminos del valle.


Agua clara de esta tierra,

memoria que nunca olvida,

llevas la nieve en el origen

y el azahar en la orilla.


No eres solamente agua

que corre, fecunda y brilla:


eres la voz del paisaje

cuando el paisaje respira.


Y mientras sigas pasando

por la acequia y por la piedra,

el Valle de Lecrín tendrá

una canción bajo tierra.



Firmado: Miguel Ángel Molina Palma

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