20 agosto 2026

Manuel Luis Vílchez alcalde de Villamena

Manuel Luis Vílchez 

 Manuel Luis Vílchez: liderazgo socialista en un municipio dual del Valle de Lecrín 🏛️🌿

Villamena, municipio granadino formado por la fusión administrativa de Cozvíjar y Cónchar en 1974, es un ejemplo típico de la España rural intermedia: poco más de mil habitantes, paisaje agrícola del Valle de Lecrín, herencia histórica del antiguo señorío y condado de Villa Amena de Cozvíjar, y la tensión permanente entre la identidad de dos núcleos y la necesidad de una gestión unificada. Al frente de su Ayuntamiento se encuentra Manuel Luis Vílchez, alcalde por el PSOE-A, con dedicación parcial, reelegido en las municipales de 2023 tras haber ejercido ya el cargo en el mandato anterior (2019-2023).

 Pensamiento político: socialismo municipal pragmático.

El pensamiento político de Vílchez se inscribe en la tradición del socialismo local andaluz: defensa de los servicios públicos básicos, atención a los colectivos vulnerables, colaboración institucional (especialmente con la Diputación de Granada) y apuesta por un desarrollo territorial equilibrado que frene el despoblamiento. No se trata de un ideólogo con discursos doctrinarios públicos muy visibles, sino de un regidor de municipio pequeño que prioriza la gestión cotidiana y la captación de recursos externos. 

Su pertenencia al PSOE-A se traduce en una orientación socialdemócrata clásica adaptada a la escala local: mantenimiento de la cohesión social entre Cozvíjar (capital administrativa) y Cónchar, mejora de infraestructuras básicas (ciclo del agua, servicios sociales) y búsqueda de sinergias comarcales. En las elecciones de 2023 el PSOE obtuvo 4 de los 7 concejales, frente a Independientes por Villamena (2) y PP (1), lo que le otorga una mayoría suficiente para gobernar sin depender de pactos estables.

Estilo de liderazgo: cercano, institucional y de dedicación parcial.

El estilo de liderazgo de Vílchez es el característico de muchos alcaldes de municipios de menos de 1.500 habitantes: cercanía vecinal, presencia en actos cotidianos y una fuerte dependencia de la colaboración con la Diputación provincial. Su dedicación parcial (retribución bruta anual en torno a los 36.000 € según datos de transparencia de 2024-2025) implica que combina la alcaldía con otra actividad profesional, lo que refuerza el perfil de “alcalde de pueblo” más que de político profesional a tiempo completo.

Su firma aparece en documentos oficiales como los Acuerdos de Concertación Local 2026-2027 con la Diputación de Granada, que incluyen programas de suministros y reparación del ciclo urbano del agua, servicios sociales básicos y otras líneas de apoyo técnico y económico. Este tipo de actuaciones revela un liderazgo orientado a la gestión prudente de recursos limitados y a la maximización de las transferencias provinciales y autonómicas, más que a grandes gestos mediáticos o proyectos de alto impacto mediático.

Visión del municipio: integración de los dos núcleos y desarrollo rural sostenible.

La visión de Villamena que se desprende de la acción de gobierno y de los documentos de planificación participada existentes (especialmente la Estrategia de Resiliencia y Desarrollo Local elaborada en el marco de la Concertación con la Diputación) gira en torno a tres ejes claros:

1. Integración territorial de Cozvíjar y Cónchar.  
   Superar la dualidad histórica mediante una estrategia municipal única que respete las singularidades de cada núcleo (fiestas, patrimonio, identidad) pero unifique servicios, equipamientos y proyección exterior.

2. Desarrollo local basado en recursos endógenos.
   Potenciación del sector agroalimentario de proximidad, rutas de naturaleza ligadas al patrimonio (atalaya nazarí de Cónchar, iglesia de San Pedro, ermita de la Virgen de la Cabeza, paisaje del río Dúrcal), cultura y gastronomía rural, y generación de empleo a través de iniciativas de economía de cuidados y turismo sostenible de baja intensidad.

3. Calidad de vida y lucha contra el despoblamiento.
   Adaptación de instalaciones deportivas y espacios públicos (especialmente en Cozvíjar), recuperación de edificios municipales (antiguas escuelas de Cónchar como posibles centros de cuidados), mejora de servicios básicos y posicionamiento de Villamena como hito intermedio entre la aglomeración urbana de Granada y la costa.

Esta visión se alinea con la Agenda Urbana Española y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, priorizando la resiliencia, la cohesión social y un modelo de crecimiento que no consuma suelo ni recursos de forma intensiva.

Balance y retos.
Manuel Luis Vílchez representa el tipo de liderazgo que sostiene el municipalismo español en la España vaciada o semi-vaciada: discreto, pragmático, orientado a la gestión y a la captación de recursos externos. Su fortaleza reside en la continuidad (ya lleva al menos dos mandatos) y en el conocimiento íntimo del territorio dual que administra. Sus principales retos son evidentes: mantener la cohesión entre Cozvíjar y Cónchar, generar oportunidades de empleo para fijar población joven, mejorar la conectividad y los servicios, y proyectar el municipio más allá de su tamaño demográfico sin perder su carácter rural auténtico.

En un contexto de reto demográfico y emergencia climática, el modelo de gobernanza que Vílchez practica —colaboración institucional + atención a lo cotidiano + planificación estratégica a escala pequeña— es probablemente el más realista para municipios como Villamena. El tiempo dirá si esta aproximación permite consolidar un proyecto de futuro o si el municipio sigue dependiendo excesivamente de las transferencias externas.

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Terremoto de Dúrcal 1954


 

🌍 Cuando la tierra tembló bajo el Valle de Lecrín: el extraordinario terremoto de Dúrcal de 1954

📜 Un seísmo de magnitud 7,8 ocurrido a 657 kilómetros de profundidad convirtió a Dúrcal en referencia mundial de uno de los fenómenos sísmicos más extraordinarios registrados en España

Era lunes, 29 de marzo de 1954. Poco después de las siete de la mañana, mientras comenzaba un nuevo día en Granada y en los pueblos del Valle de Lecrín, algo extraordinario estaba ocurriendo a centenares de kilómetros bajo sus habitantes.

La tierra acababa de liberar una enorme cantidad de energía.

El catálogo actual del Instituto Geográfico Nacional (IGN) sitúa aquel terremoto a las 06:16:05 UTC, en las coordenadas 37,0000° N y 3,6000° O, bajo la denominación Dúrcal (Granada). Su magnitud ha sido calculada actualmente en Mw 7,8, su profundidad en nada menos que 657 kilómetros y su intensidad máxima en superficie en V.

Los números son impresionantes. Una magnitud 7,8 corresponde a un terremoto de enorme energía, muy superior a la de los temblores que habitualmente sentimos en Granada.

Y, sin embargo, Dúrcal no quedó destruido. El Valle de Lecrín no fue arrasado. No hubo centenares de víctimas ni pueblos derrumbados.

¿Cómo fue posible?

La respuesta se encontraba a 657 kilómetros bajo nuestros pies.

🌎 Un terremoto en las profundidades de la Tierra

El terremoto de Dúrcal de 1954 es extraordinario no solamente por su magnitud, sino especialmente por la profundidad a la que se produjo.

Los terremotos más conocidos por la población suelen originarse a pocos kilómetros o algunas decenas de kilómetros de profundidad. En esos casos, si la magnitud es elevada y el foco está próximo a núcleos habitados, las ondas pueden alcanzar la superficie con una enorme capacidad destructiva.

El del 29 de marzo de 1954 fue completamente diferente.

Su hipocentro se encontraba a unos 657 kilómetros, prácticamente en el límite de las profundidades a las que pueden producirse terremotos en nuestro planeta. El propio IGN destaca el acontecimiento de Dúrcal como uno de los ejemplos españoles más singulares de sismicidad de foco profundo.

La energía liberada fue enorme, pero las ondas tuvieron que recorrer cientos de kilómetros antes de alcanzar la superficie. Además, se propagaron a través del interior terrestre a grandes distancias.

Por eso se dio una aparente paradoja: un terremoto gigantesco en magnitud y, al mismo tiempo, relativamente moderado en sus efectos superficiales.

El IGN señala que se percibió en amplias zonas de Andalucía, el norte de África, Castilla-La Mancha e incluso Madrid, mientras sus ondas fueron registradas en observatorios de distintos continentes. No causó víctimas y la documentación oficial actual no recoge una destrucción significativa; el resumen histórico del IGN menciona únicamente daños aislados.

📈 Cuando los sismógrafos no pudieron contener el terremoto

Uno de los testimonios más sorprendentes no procede de quienes lo sintieron en sus casas, sino de los científicos que aquella mañana contemplaron sus instrumentos.

Tres años después del terremoto, los ingenieros geógrafos Juan M. Bonelli Rubio y Luis Esteban Carrasco publicaron una monografía dedicada íntegramente al fenómeno:

El sismo de foco profundo de 29 de marzo de 1954 en la falla de Motril, editada en Madrid en 1957 por el Instituto Geográfico y Catastral.

El estudio constituye una fuente fundamental para conocer lo ocurrido.

Los autores explicaron que, poco después de las seis y cuarto de la mañana en tiempo de Greenwich, los aparatos del observatorio de Toledo comenzaron a registrar un movimiento de tal violencia que las agujas o plumillas llegaron a salirse de las bandas de registro, interrumpiendo algunas de las observaciones.

Algo semejante ocurrió en otros observatorios españoles.

Ante unas señales instrumentales tan extraordinarias y sabiendo que el fenómeno procedía de la península ibérica o sus proximidades, los sismólogos temieron inicialmente que en algún lugar se hubiera producido una auténtica catástrofe.

Pero las noticias que fueron llegando resultaban desconcertantes: aquella gran señal sísmica no se correspondía con una devastación en superficie.

Ahí comenzó el misterio científico.

🔬 Bonelli y Esteban Carrasco: buscando el terremoto bajo Andalucía

Los investigadores reunieron registros procedentes de observatorios situados a enormes distancias y realizaron los cálculos disponibles con los medios científicos de mediados del siglo XX.

El estudio trabajó con información internacional procedente de más de un centenar de estaciones sísmicas; posteriores revisiones de aquel trabajo señalan 111 estaciones utilizadas para estudiar las ondas del terremoto.

Tras sucesivos cálculos, Bonelli y Esteban Carrasco llegaron a una solución definitiva extraordinariamente próxima a la que continúa aceptándose respecto a la profundidad:

657 kilómetros.

Situaron entonces el epicentro en aproximadamente 37° N y 3°45' O y relacionaron aquella localización con lo que denominaron la «falla de Motril».

Conviene hacer aquí una precisión importante.

📍 ¿Terremoto de Dúrcal o terremoto de la «falla de Motril»?

El título del estudio de 1957 responde al conocimiento geológico y a los cálculos disponibles en aquel momento. No debe interpretarse automáticamente como una identificación tectónica definitiva según los conocimientos actuales.

El catálogo moderno del IGN sitúa la localización superficial de referencia en Dúrcal, en 37,0000° N y 3,6000° O. Bonelli y Esteban Carrasco obtuvieron en 1957 una longitud ligeramente diferente y asociaron entonces el epicentro a la llamada falla de Motril.

Lo verdaderamente llamativo es que el cálculo de profundidad realizado hace casi setenta años coincidiera en 657 kilómetros con la profundidad que actualmente mantiene el IGN.

Por eso podemos hablar con propiedad del terremoto de Dúrcal de 1954, siempre entendiendo que «Dúrcal» identifica la proyección geográfica del foco sobre la superficie: la ruptura real sucedió a centenares de kilómetros bajo el pueblo.

🏘️ ¿Qué ocurrió en Granada y Andalucía?

El estudio de 1957 recoge que el terremoto fue percibido ampliamente por Andalucía, pero con intensidades superficiales sorprendentemente pequeñas teniendo en cuenta su magnitud.

En Granada los autores situaron aproximadamente la percepción en grados III-IV, mientras el catálogo actual del IGN establece una intensidad máxima V para el conjunto del acontecimiento.

La prensa del día siguiente ayuda a imaginar lo que significó aquella mañana.

El periódico granadino Los Sitios, en su edición del 30 de marzo de 1954, tituló: «Un fuerte terremoto ha sacudido Andalucía».

Las informaciones procedentes de Málaga describían alarma entre la población, personas que abandonaron sus viviendas y salieron a la calle y algunos objetos domésticos —lámparas, cuadros o vajillas— desplazados o caídos por las oscilaciones. Pese a la espectacularidad del fenómeno, la información destacaba que en Andalucía no se habían producido accidentes graves.

Otra información de la época, recogida posteriormente por el IGN a partir del periódico Imperio, daba cuenta de que el movimiento se había sentido también en Málaga, Cádiz, Jaén y Tánger, mientras los instrumentos lo registraban muy lejos de su origen.

La tierra bajo Dúrcal había hecho viajar sus ondas mucho más allá de Granada.

🌄 ¿Y qué ocurrió en los pueblos del Valle de Lecrín?

Esta es probablemente la pregunta más interesante desde nuestra perspectiva local.

Si el epicentro superficial se identifica actualmente con Dúrcal, parecería lógico pensar que el terremoto debió sentirse con especial intensidad en todos los pueblos próximos.

Sin embargo, el estudio de 1957 obliga a ser mucho más prudentes.

No he encontrado en la documentación consultada una tabla que atribuya individualmente una intensidad sísmica a Acequias, Albuñuelas, Béznar, Chite, Cónchar, Cozvíjar, Dúrcal, Ízbor, Melegís, Mondújar, Murchas, Nigüelas, Padul, Pinos del Valle, Restábal, Saleres, Tablate y Talará.

Por tanto, no sería históricamente riguroso afirmar que disponemos de pruebas de que los dieciocho núcleos sintieron el terremoto.

Y hay una razón adicional para mantener esa cautela.

Bonelli y Esteban Carrasco quedaron sorprendidos precisamente por la extraña distribución de las intensidades. En determinados lugares relativamente próximos al epicentro el terremoto fue sentido débilmente o incluso no llegó a percibirse, mientras que en zonas mucho más alejadas produjo una sensación mayor. En su mapa macrosísmico de 1957, por ejemplo, Órgiva aparece señalada como lugar donde no fue sentido, pese a encontrarse geográficamente muy próxima al Valle de Lecrín.

Los investigadores intentaron explicar esta anomalía mediante las características geológicas y la diferente transmisión de las ondas a través de las estructuras profundas de las Béticas y Sierra Nevada. Parte de su terminología y de aquel modelo geológico pertenece, naturalmente, a la ciencia de mediados del siglo XX y ha sido posteriormente revisada.

Pero la observación sigue siendo fundamental:

en un terremoto situado a 657 kilómetros de profundidad, estar más cerca del punto señalado en un mapa no significa necesariamente haberlo sentido con mayor intensidad.

Por eso es razonable pensar que numerosos habitantes del Valle pudieron percibir aquel movimiento, pero queda pendiente localizar testimonios documentales o memorias familiares que permitan saber exactamente qué ocurrió pueblo por pueblo.

Esta diferencia entre lo probable y lo demostrado resulta esencial cuando queremos reconstruir nuestra historia local con rigor.

🗺️ Un terremoto que se sintió mejor lejos que cerca

Esta es una de las características más fascinantes del terremoto de 1954.

Las ondas generadas por un terremoto profundo recorren el interior terrestre de una manera muy distinta a las de un terremoto superficial. Pueden alcanzar regiones extremadamente alejadas con notable claridad instrumental y generar una distribución de intensidades que no responde simplemente a círculos concéntricos alrededor del epicentro.

Los propios Bonelli y Esteban Carrasco calificaron de desconcertante la distribución macrosísmica que habían obtenido.

El terremoto podía ser detectado a miles de kilómetros mientras determinados lugares relativamente próximos apenas advertían que algo extraordinario acababa de suceder bajo ellos.

De ahí que los científicos del observatorio temieran inicialmente una gran catástrofe al contemplar los registros y que, poco después, quedaran sorprendidos al comprobar que las noticias procedentes de Andalucía no confirmaban aquella primera impresión.

⚖️ 1884 y 1954: dos terremotos que enseñan a no confundir magnitud y destrucción

Granada conserva la memoria de otro terremoto completamente distinto: el ocurrido el 25 de diciembre de 1884, conocido como terremoto de Andalucía o de Arenas del Rey.

Su magnitud estimada, alrededor de Mw 6,5, fue considerablemente menor que el 7,8 de Dúrcal. Sin embargo, al tratarse de un terremoto mucho más superficial, alcanzó intensidades de IX-X, afectó a más de un centenar de poblaciones y provocó entre 750 y 900 muertos, además de miles de heridos y una enorme destrucción. Albuñuelas, en el Valle de Lecrín, estuvo entre las poblaciones gravemente afectadas y posteriormente reconstruidas.

La comparación resulta reveladora.

El de 1884, siendo menor en magnitud, fue devastador.

El de 1954, con una magnitud extraordinaria de 7,8, se originó tan profundamente que sus efectos en superficie fueron muchísimo menores.

Esto demuestra por qué no debemos valorar el peligro de un terremoto únicamente por el número que expresa su magnitud. La profundidad, la distancia, las características geológicas del terreno, la propagación de las ondas y la vulnerabilidad de las construcciones resultan también determinantes.

🧩 Un misterio que la ciencia continúa estudiando

El terremoto de Dúrcal no quedó convertido únicamente en una curiosidad histórica.

La presencia de terremotos a profundidades próximas a los 600-650 kilómetros bajo Granada y el mar de Alborán ha continuado despertando el interés de los sismólogos.

Décadas después se han registrado otros terremotos profundos en esta región y estudios modernos han analizado la existencia bajo las Béticas y el área de Alborán de una estructura anómala de material litosférico que desciende hacia el manto. El mecanismo exacto capaz de generar terremotos a semejantes profundidades continúa siendo objeto de investigación científica.

Ya en 1976, los sismólogos W.-Y. Chung y Hiroo Kanamori volvieron a estudiar el gran terremoto español de 1954 utilizando registros telesísmicos y observaron que su proceso de ruptura había sido especialmente complejo, con varios episodios de liberación de energía.

Dúrcal se convirtió así, casi sin saberlo, en un nombre conocido dentro de la investigación internacional sobre los terremotos profundos.

🕰️ El Valle que despertó sobre un terremoto gigantesco

Han pasado más de setenta años.

Aquella mañana del 29 de marzo de 1954, los habitantes de Dúrcal y del Valle de Lecrín realizaban su vida cotidiana sin poder imaginar que, a 657 kilómetros bajo sus casas, campos, acequias y montañas, acababa de producirse uno de los terremotos más extraordinarios de la historia sísmica española.

Su magnitud fue 7,8.

Los aparatos de algunos observatorios quedaron desbordados por la amplitud de las señales.

Las ondas recorrieron Andalucía, atravesaron el Mediterráneo y fueron registradas a enormes distancias.

Y, paradójicamente, sobre la tierra situada directamente encima de aquel gigantesco foco profundo apenas quedó destrucción que contar.

Quizá por eso el terremoto de Dúrcal de 1954 ha permanecido mucho menos presente en la memoria popular que el terrible terremoto de 1884.

Pero científicamente fue excepcional.

Y para el Valle de Lecrín constituye también una página de su historia.

Una página que todavía puede completarse.

Porque más allá de los sismógrafos, los cálculos matemáticos y los mapas de intensidades queda una investigación apasionante: recuperar la memoria de quienes vivieron aquella mañana.

¿Lo sintieron los vecinos de Padul? ¿Se despertaron algunas familias de Nigüelas o Cozvíjar? ¿Se comentó aquel día en Melegís, Restábal, Murchas o Pinos del Valle? ¿Quedó algún recuerdo en Albuñuelas, Béznar, Chite, Cónchar, Ízbor, Mondújar, Saleres, Tablate, Talará o Acequias?

Por ahora, las fuentes científicas consultadas no permiten responder individualmente a esas preguntas.

Y precisamente ahí comienza otra parte de la Historia: la memoria oral del Valle de Lecrín.

Tal vez todavía queden hijos o nietos de quienes vivieron aquel 29 de marzo de 1954 que recuerden haber escuchado a sus padres o abuelos contar cómo, aquella mañana, la tierra habló desde una profundidad inimaginable bajo el Valle.


📚 Bibliografía y fuentes consultadas

  • Bonelli Rubio, Juan M. y Esteban Carrasco, Luis (1957): El sismo de foco profundo de 29 de marzo de 1954 en la falla de Motril. Madrid, Instituto Geográfico y Catastral. Estudio original consultado en la documentación digital del Instituto Geográfico Nacional.
  • Instituto Geográfico Nacional (IGN): Catálogo de terremotos, evento 5158, 29 de marzo de 1954, Dúrcal (Granada): Mw 7,8; profundidad 657 km; intensidad máxima V.
  • Instituto Geográfico Nacional (IGN): información histórica sobre los terremotos más importantes de España, apartado dedicado al terremoto de Dúrcal de 1954.
  • Instituto Geográfico y Catastral (1957): Boletín sísmico. Primer semestre. Año 1954. Laboratorio Central de Sismología, Madrid. Referenciado por el IGN entre las fuentes documentales del terremoto.
  • Los Sitios, Granada, 30 de marzo de 1954: «Un fuerte terremoto ha sacudido Andalucía», crónica contemporánea sobre la percepción del seísmo.
  • Imperio, Zamora, 30 de marzo de 1954, año XIX, n.º 5538. Fuente hemerográfica recogida por el IGN para el terremoto.
  • Chung, W.-Y. y Kanamori, H. (1976): «Source process and tectonic implications of the Spanish deep-focus earthquake of March 29, 1954», Physics of the Earth and Planetary Interiors, 13, pp. 85-96.
  • Udías, Agustín (2013): «Development of Seismology in Spain in the Context of the Three Large Earthquakes of 1755, 1884 and 1954», Earth Sciences History, 32(2), pp. 186-203.
  • Buforn, Elisa; Pro, Carmen; Cesca, Simone; Udías, Agustín y del Fresno, Carolina (2011): «The 2010 Granada, Spain, Deep Earthquake», Bulletin of the Seismological Society of America, 101(5), pp. 2418-2430. Estudio de la sismicidad profunda bajo Granada y comparación con otros terremotos profundos de la región.

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Plaza de Dúrcal 
Foto: Miguel Ángel Molina 


19 agosto 2026

El Castillo de Restábal vuelve a mirar al Valle: patrimonio, paisaje y memoria nazarí

Aljibe Castillo de Restábal 

 

🏰 El Castillo de Restábal vuelve a mirar al Valle: patrimonio, paisaje y memoria nazarí

🌄 Una fortaleza medieval sobre el Valle de Lecrín que la Ruta de Boabdil propone recuperar, hacer accesible e interpretar




Hay lugares que parecen haber sido construidos para mirar. Desde la Loma del Castillo de Restábal, el paisaje del Valle de Lecrín deja de ser únicamente una sucesión de pueblos, cultivos y montañas para convertirse en un territorio que puede leerse históricamente.

Allí, en una posición elevada y estratégica, permanecen los restos del Castillo de Restábal, una fortaleza de época nazarí que durante siglos formó parte del sistema defensivo de esta comarca situada entre Granada, las Alpujarras y los caminos hacia la costa.

El tiempo ha reducido la antigua fortificación a muros, torres parcialmente desaparecidas y un extraordinario aljibe, pero su posición continúa explicando por sí sola buena parte de su razón de ser.

Ahora, el Plan Director de la Ruta de Boabdil incluye expresamente la rehabilitación y adecuación del Castillo de Restábal y de su sendero de acceso, situándolo entre los bienes patrimoniales que podrían adquirir un nuevo protagonismo dentro de este gran itinerario histórico y cultural. La actuación tiene consideración de prioridad alta y se encuadra en el horizonte 2026-2030.

No significa que el castillo vaya a ser reconstruido para devolverle artificialmente una apariencia perdida. La propuesta es otra y mucho más respetuosa con la naturaleza del monumento: consolidar lo conservado, facilitar su visita y ayudar a comprenderlo.

De algún modo, hacer que el viejo castillo vuelva a mirar al Valle. 👁️🏰


🕌 Una fortaleza del reino nazarí

El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico sitúa el Castillo de Restábal en la Baja Edad Media y lo caracteriza como un bien de naturaleza arqueológica y arquitectónica dedicado originalmente a funciones defensivas. La documentación patrimonial lo recoge además como Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, inscrito en 1985.

Los estudios especializados relacionan la fortificación con el sistema defensivo desarrollado durante el periodo nazarí y, concretamente, con el programa de reforzamiento militar atribuido a los reinados de Yusuf I y Muhammad V, en el siglo XIV. Fortalezas como Restábal, Mondújar y Lanjarón presentan características que han llevado a los investigadores a situarlas dentro de ese proceso de fortalecimiento territorial del reino de Granada.

Esto ayuda a comprender que el Castillo de Restábal no surgió como una construcción aislada.

Formaba parte de un territorio organizado.

El Valle estaba poblado por numerosas alquerías, mientras castillos, torres de alquería y atalayas permitían controlar poblaciones, caminos y zonas agrícolas. El IAPH destaca precisamente que, durante la ocupación musulmana, el Valle de Lecrín desarrolló un sistema defensivo constituido por estas diferentes tipologías de fortificación.

Restábal ocupaba dentro de ese entramado una posición privilegiada.



🛤️ Vigilar el camino entre Granada y la costa

Para comprender la importancia del castillo hay que volver a mirar el mapa.

El Valle de Lecrín ha sido históricamente una zona de tránsito entre Granada, las Alpujarras y la costa mediterránea. Así lo caracteriza también el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico.

En ese corredor, Restábal no era un lugar periférico.

Desde su fortaleza podía controlarse un territorio atravesado por caminos que comunicaban el interior del reino con las tierras situadas más al sur. Los estudios sobre arquitectura militar del Valle atribuyen al castillo una doble función: controlar las numerosas alquerías de su entorno y vigilar una importante vía de comunicación que descendía desde Granada hacia la costa.

Es precisamente aquí donde paisaje y patrimonio se unen.

La altura no era elegida porque ofreciera una hermosa panorámica —aunque hoy nosotros la disfrutemos de esa manera—, sino porque ver significaba controlar.

Desde una fortaleza, una torre o una atalaya, dominar visualmente el territorio suponía conocer quién llegaba, quién atravesaba un camino y qué sucedía en los campos y poblaciones situados alrededor.

Por eso el Castillo de Restábal forma parte de algo mayor: la geografía defensiva del Valle de Lecrín.


🧱 Lo que todavía conserva el castillo

La antigua fortaleza es conocida tradicionalmente también como «Cueva de los Moros», denominación recogida en la documentación patrimonial. Aunque gran parte de su arquitectura se ha perdido, todavía pueden reconocerse elementos que permiten imaginar la dimensión que tuvo.

Se conservan restos del recinto amurallado, realizados principalmente en mampostería, así como vestigios de torres. Una de ellas, situada en la zona meridional del recinto, habría tenido una importancia especial dentro de la fortaleza.

Pero el elemento más espectacular es probablemente su gran aljibe.

Se trata de una construcción rectangular dividida interiormente en cuatro naves paralelas, comunicadas mediante arcos de herradura de ladrillo. Parte de las bóvedas se ha perdido, mientras otras zonas permanecen dañadas o parcialmente colmatadas por tierra y vegetación.

Este aljibe nos habla de algo esencial en cualquier recinto fortificado: el agua. 💧

Una fortaleza debía estar preparada para mantener una guarnición y disponer de reservas propias, especialmente en circunstancias de inseguridad o aislamiento. El aljibe constituye, por tanto, mucho más que un resto arquitectónico llamativo: es una pieza fundamental para interpretar cómo podía funcionar aquel espacio defensivo.

Hoy sigue siendo uno de los testimonios materiales más valiosos del Castillo de Restábal.


🌿 Un patrimonio frágil

Los restos conservados han sufrido durante décadas los efectos del abandono, la vegetación, la pérdida de materiales y distintas alteraciones del terreno.

La documentación patrimonial del castillo describe deterioros importantes en los muros y en la torre principal, así como desperfectos en el aljibe. Algunos sectores perdieron parte de sus bóvedas y otros se encuentran cubiertos por tierra o vegetación.

Precisamente por eso la incorporación del castillo al Plan Director de la Ruta de Boabdil resulta especialmente interesante.

No se trata solamente de colocar un cartel indicando que allí existió una fortaleza.

El documento propone intervenir físicamente sobre el enclave para garantizar su conservación y hacerlo comprensible al visitante.


🔨 ¿Qué propone la Ruta de Boabdil para el Castillo de Restábal?

El Plan Director define con bastante claridad las actuaciones previstas.

La intervención plantea consolidar las estructuras que permanecen en pie, estabilizar muros, retirar escombros y eliminar vegetación invasora. Al mismo tiempo, se pretende recuperar y mejorar el sendero de acceso para permitir una visita más segura.

A lo largo del camino se contemplan señalización, barandillas, bancos y puntos informativos, mientras que en el entorno del castillo deberían instalarse paneles que expliquen su significado histórico.

El Plan quiere relacionarlo particularmente con las guerras de Granada, la posterior rebelión morisca y la memoria histórica que sustenta la Ruta de Boabdil.

Aquí será importante mantener el rigor que debe caracterizar todo el proyecto.

El Castillo de Restábal es indiscutiblemente un enclave nazarí de enorme interés, pero su inclusión en la Ruta de Boabdil no significa que cada uno de sus muros pueda relacionarse directamente con un episodio protagonizado personalmente por el último sultán.

La riqueza del castillo no necesita exageraciones.

Su verdadero valor reside precisamente en ser un testimonio material del territorio nazarí que rodeó los últimos siglos del reino de Granada, del sistema defensivo del Valle y de los caminos que comunicaban estas tierras.


🥾 Un nuevo sendero hacia la historia

El acceso al castillo forma parte expresamente del trazado previsto por la Ruta de Boabdil.

En el anexo cartográfico aparece un «Camino Castillo de Restábal», clasificado como acceso a hito patrimonial, con una longitud aproximada de 1,56 kilómetros.

Además, Restábal ocupa una posición importante dentro de la propia red de senderos del Valle. El Plan establece un tramo principal Lecrín-Restábal, seguido de otro entre Restábal y Pinos del Valle, mientras diferentes recorridos secundarios comunican Restábal con Melegís, Saleres y Albuñuelas.

Esto puede transformar la manera de visitar el castillo.

No será únicamente un monumento al que llegar, contemplar y regresar. Puede convertirse en una de las paradas de un recorrido mayor que permita comprender la relación entre pueblos, antiguas alquerías, caminos, fortificaciones y paisaje.

El propio desplazamiento hacia el castillo formará parte de la experiencia.

🥾 Caminar.

🌿 Observar el territorio.

🏰 Descubrir los restos.

👁️ Mirar el Valle desde una posición elegida hace siglos precisamente para vigilarlo.


🏯 Un eslabón de la red defensiva del Valle

El Castillo de Restábal cobra todavía mayor sentido cuando se contempla junto al resto del patrimonio militar de la comarca.

El Plan Director de la Ruta de Boabdil propone intervenciones sobre el Castillo de Zoraya en Mondújar, el Castillejo de Lojuela en Murchas, el Castillo de Dúrcal, El Castillejo de Nigüelas y la Atalaya de Saleres, además de otros restos defensivos.

También incorpora la denominada Torre Alquería de Restábal, demostrando que dentro del propio entorno de la localidad existen diferentes testimonios del antiguo sistema defensivo.

Esta visión conjunta puede ser uno de los grandes aciertos de la futura ruta.

Durante mucho tiempo hemos contemplado castillos y atalayas como ruinas independientes. Sin embargo, cuando se colocan sobre el mapa comienzan a relacionarse entre sí.

Entonces descubrimos un Valle vigilado desde las alturas, atravesado por caminos y formado por numerosos asentamientos que necesitaban sistemas de protección y control.

El castillo deja de ser solamente «el castillo de Restábal» para convertirse también en una pieza del complejo paisaje medieval del Valle de Lecrín.


⚔️ De la época nazarí a la rebelión morisca

La vida del territorio no terminó con la conquista cristiana del reino de Granada.

El Valle de Lecrín volvió a convertirse en escenario de acontecimientos decisivos durante el siglo XVI, especialmente durante la rebelión de los moriscos de 1568-1571.

Por eso el Plan Director quiere que los futuros paneles interpretativos expliquen tanto el contexto de las guerras de Granada como la posterior rebelión morisca.

Esta perspectiva resulta especialmente adecuada porque permite evitar una lectura demasiado simple del monumento.

El Castillo de Restábal no pertenece únicamente a una historia de reyes y ejércitos. Forma parte también de la historia de las comunidades que poblaron el Valle, cultivaron sus tierras, utilizaron sus caminos y vivieron las profundas transformaciones producidas entre el final de al-Ándalus y la sociedad surgida después de la conquista y la posterior repoblación.

Es en esa historia más amplia donde el castillo adquiere todo su significado.


📜 Entre la historia y la memoria popular

Los castillos abandonados suelen acumular leyendas.

El nombre popular de Cueva de los Moros es ya una muestra de cómo las comunidades conservaron durante generaciones la memoria de un pasado cuyo significado histórico exacto muchas veces se había perdido.

La expresión «de los moros» quedó asociada en numerosos lugares a ruinas, cuevas, torres, acequias o construcciones antiguas vinculadas de manera más o menos precisa con el pasado andalusí.

Esa memoria popular también constituye patrimonio.

Pero debe convivir con la investigación arqueológica y documental.

Una buena interpretación del Castillo de Restábal debería permitir precisamente escuchar ambas voces: la de los investigadores que estudian sus muros, técnicas constructivas y cronología, y la de las generaciones de restabeños que han contemplado aquellas ruinas y les han dado nombres, relatos y significado.


🌄 El castillo como mirador de un territorio histórico

Quizá uno de los mayores atractivos del lugar sea precisamente aquello que ninguna reconstrucción puede fabricar: su paisaje.

Desde la altura se comprende por qué hubo aquí una fortaleza.

El Valle se despliega alrededor. Las montañas delimitan el horizonte. Las vegas y laderas muestran la ocupación agrícola secular del territorio. Los pueblos aparecen separados físicamente pero unidos por una antigua red de caminos.

Ese paisaje es también patrimonio.

Y por eso recuperar el Castillo de Restábal no debería consistir únicamente en consolidar piedras.

Debe permitir explicar lo que se ve desde ellas.

Dónde estaban las antiguas alquerías.

Por dónde discurrían los caminos.

Cómo se comunicaban las fortificaciones.

Qué papel desempeñaban el agua y la agricultura.

Por qué este territorio era estratégico.

Y cómo todo ello ayuda a comprender el Valle de Lecrín en los últimos siglos del reino nazarí.


⚠️ Una propuesta todavía por materializar

Conviene recordar, como venimos haciendo en esta serie de artículos, que hablamos de un Plan Director.

Las actuaciones recogidas en él constituyen propuestas de planificación. No significa que todas las obras descritas estén actualmente ejecutadas ni que su realización esté garantizada en los términos exactos contenidos en el documento.

En el caso del Castillo de Restábal existe además una circunstancia importante: el Plan señala que las parcelas vinculadas al enclave son de titularidad privada rústica, por lo que cualquier intervención requerirá las correspondientes gestiones con los propietarios y las administraciones competentes.

La conservación de un Bien de Interés Cultural exige además criterios técnicos, arqueológicos y patrimoniales particularmente rigurosos.

Pero que exista ya una propuesta específica constituye una oportunidad.

Y también una responsabilidad.


❤️ Recuperar sin inventar, conservar para comprender

La recuperación del Castillo de Restábal puede convertirse en una de las actuaciones patrimoniales más interesantes de la Ruta de Boabdil en el Valle de Lecrín si se realiza respetando aquello que hace valioso al lugar.

No necesita almenas nuevas ni reconstrucciones imaginarias.

No necesita convertir una ruina auténtica en un decorado medieval.

Necesita conservación, investigación, accesibilidad e interpretación.

Hay que estabilizar los restos que han sobrevivido.

Proteger el aljibe.

Estudiar el recinto.

Mantener limpio su entorno.

Recuperar el sendero.

Y explicar al visitante por qué aquella fortaleza fue levantada precisamente allí.

Porque las piedras que quedan pueden parecer escasas, pero cuentan una historia enorme.

Hablan del reino nazarí.

De las antiguas alquerías.

De soldados y campesinos.

De caminos hacia Granada y hacia la costa.

Del agua almacenada en un gran aljibe.

De vigilancia.

De conflictos.

De moriscos.

Y, sobre todo, de un Valle de Lecrín que durante siglos fue territorio estratégico y lugar de paso entre mundos.

La Ruta de Boabdil ofrece ahora la posibilidad de devolver este enclave al mapa cultural de la comarca.

No para levantar de nuevo el castillo que desapareció, sino para conseguir algo quizá más importante: que podamos acercarnos a él, comprenderlo y conservar aquello que aún permanece.

Y desde aquella antigua loma, dejar que el Castillo de Restábal vuelva a mirar al Valle. 🏰🌿👁️


Miguel Ángel Molina Palma ✍️📷

📚 Bibliografía y fuentes consultadas

  • López Molina, Joaquín; Vega Alonso, Antonio; Ramos Peinado, Jonathan; Gámez Palomares, Aurora; López Molina, Miguel. Plan Director Ruta Boabdil. Granada, septiembre de 2025. Especialmente las actuaciones «Rehabilitación y adecuación del Castillo de Restábal y su sendero de acceso» y el Anexo III de senderos y caminos.
  • Malpica Cuello, Antonio. Poblamiento y castillos en Granada. Barcelona-Madrid, Lunwerg / El Legado Andalusí, 1996, especialmente pp. 295-296. Referencia recogida en los inventarios y estudios patrimoniales sobre el Castillo de Restábal.
  • Bleda Portero, Jesús; Martín Civantos, José María; Martín García, Mariano. Inventario de arquitectura militar de la provincia de Granada. Siglos VIII al XVIII. Diputación de Granada, 1999. La ficha patrimonial del IAPH lo incluye entre las obras de referencia para el castillo.
  • Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH). Documentación patrimonial del Castillo de Restábal e «Información de bienes culturales. El Valle de Lecrín», revista PH, nº 91, 2017, pp. 98-99 





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Exposición en Balín Arte en Dúrcal


 

🎨 Balín Arte 2026: los Talleres de Arte de Dúrcal muestran todo un año de creatividad

🖌️ Pintura, dibujo, escultura, relieves y tejidos llenan las distintas salas de una exposición colectiva que podrá visitarse hasta el 31 de agosto

Dúrcal vuelve a demostrar que el arte no pertenece únicamente a los grandes museos y galerías. También nace en un aula, alrededor de un caballete, entre lápices y carboncillos, modelando el barro con las manos o haciendo pasar pacientemente los hilos por un telar.

La exposición colectiva Balín Arte 2026, inaugurada el pasado viernes, reúne una amplia muestra de los trabajos realizados por alumnos y alumnas de los Talleres de Arte de Dúrcal, convirtiendo las dependencias del antiguo Consultorio Médico en un recorrido por diferentes disciplinas, técnicas y maneras de entender la creación. 🎨🧵🗿

La muestra puede visitarse todos los días hasta el 31 de agosto, de 20:00 a 22:00 horas, por lo que todavía quedan varias oportunidades para acercarse con tranquilidad y descubrirla.

🏛️ Varias salas y muchas formas de crear

Uno de los atractivos de Balín Arte es precisamente que no se limita a una única sala ni a una sola disciplina.

Al acceder al conjunto expositivo, el visitante encuentra una primera zona donde pintura y escultura comparten espacio. Paisajes, bodegones, flores, retratos y escenas figurativas conviven con esculturas y piezas tridimensionales, ofreciendo desde el primer momento una idea de la diversidad de los talleres.

Hay obras de factura realista, otras de interpretación más libre y propuestas donde adquieren especial importancia el color, la forma o la materia. Esa variedad es precisamente uno de los valores de una exposición colectiva: no encontramos una sola mirada, sino muchas personas aprendiendo a mirar y a expresarse de manera diferente. 👁️🎨

🖼️ Del paisaje al retrato y del bodegón a la figura humana

La pintura ocupa un espacio destacado.

Durante el recorrido pueden contemplarse paisajes naturales, rincones urbanos, escenas de agua y montaña, campos, árboles, flores, bodegones, estudios de objetos y numerosos retratos.

Especialmente interesante resulta entrar en el propio espacio del taller de pintura. Las paredes conservan numerosos ejercicios y estudios que ayudan a comprender que detrás de cada obra terminada existe todo un proceso de aprendizaje.

Se suceden dibujos de jarras, frutas y recipientes; ejercicios de luces y sombras; estudios de figura humana; retratos; apuntes realizados con distintas técnicas y trabajos relacionados con la teoría y combinación del color. Junto a ellos permanecen los caballetes y algunos de los modelos utilizados durante las clases.

De esta manera, el visitante no contempla solamente el resultado final: entra también, de alguna forma, en el lugar donde las obras han ido naciendo. 🖌️

👨‍🎨 Pepe Martín, pintor y maestro

Dentro de este apartado adquiere especial significado la presencia de Pepe Martín Robles, pintor natural de Nigüelas y afincado desde hace años en Dúrcal, donde desarrolla una importante labor docente en el Taller de Arte.

Su trayectoria está estrechamente vinculada al realismo, al dominio del dibujo y al estudio de la luz, cualidades que ha ido transmitiendo a numerosos alumnos y alumnas del Valle de Lecrín.

En Balín Arte pueden contemplarse también algunos trabajos suyos, pero quizá su presencia más importante se encuentra en algo menos visible: en todo lo aprendido por quienes llevan meses o años trabajando a su lado.

Retratos, bodegones, paisaje, perspectiva, composición, teoría del color o dibujo del natural forman parte de una enseñanza en la que técnica y observación van siempre unidas.

Y eso convierte la exposición en algo más que una reunión de cuadros: es también el escaparate de una labor docente mantenida en el tiempo. 👨‍🎨✨

🏺 El relieve: modelar historias con barro

Otra de las salas conduce hacia un lenguaje artístico completamente diferente: el relieve y el modelado.

El barro se convierte aquí en soporte para figuras humanas, jarras, motivos decorativos, escenas mitológicas y composiciones narrativas.

Especial interés tiene el trabajo realizado por Francisco Terrón, durqueño y periodista de Canal Sur que, siempre que sus obligaciones profesionales se lo permiten, continúa asistiendo a la Escuela para desarrollar su afición artística.

Entre sus trabajos aparece una composición inspirada en las musas de la mitología griega, entre ellas Terpsícore, tradicionalmente vinculada a la danza.

La propia preparación de la obra permite comprender las dificultades técnicas del relieve cerámico. La composición tuvo que ser dividida en diferentes placas para poder introducir las piezas en el horno y realizar la cocción, reconstruyéndose posteriormente el conjunto.

Junto al trabajo pueden observarse además las imágenes que sirvieron como referencia: una reproducción más pequeña en blanco y negro y otra de mayor tamaño y a color. Así puede seguirse el interesante camino que lleva desde una imagen inicial hasta su interpretación modelada en barro. 🏺🔥

También aparecen estudios de jarras, rostros y figuras, además de composiciones vinculadas a la danza y otros motivos clásicos, mostrando cómo una misma materia puede ofrecer resultados muy diferentes dependiendo de la intención de cada autor.

🗿 Escultura contemporánea y experimentación

La exposición reserva asimismo espacio para propuestas escultóricas de lenguaje más contemporáneo.

Entre ellas se encuentran obras de Loren Férez del Amor, como El peso de la piel, realizada mediante vaciado de resina de poliéster y marmolina.

La pieza reflexiona sobre la relación entre la aparente fragilidad del cuerpo humano y la densidad física de los materiales empleados.

También pertenece a este autor Felinos atrapados en un mosaico, una obra realizada en arcilla policromada y hierro forjado, donde se contraponen geometría, volumen y color.

Son trabajos que introducen en la muestra una dimensión diferente y demuestran que los Talleres de Arte no se limitan exclusivamente a reproducir modelos tradicionales, sino que también dejan espacio para experimentar con materiales, conceptos y formas contemporáneas de expresión.

🧵 Cuando los hilos se convierten en paisaje

El recorrido cambia completamente de textura al entrar en el espacio dedicado a los trabajos textiles.

Madejas de lana de numerosos colores, telares y composiciones en proceso permiten comprender una disciplina artística que exige paciencia, planificación y muchas horas de trabajo.

Aquí el hilo deja de ser simplemente materia prima para transformarse en paisaje, arquitectura, formas geométricas y escenas construidas poco a poco mediante trama y urdimbre.

Los propios telares forman parte del atractivo de la visita, porque ayudan a imaginar el proceso de elaboración y la enorme diferencia existente entre contemplar una obra terminada y descubrir cómo se ha ido construyendo hilo a hilo. 🧶

También pueden contemplarse trabajos textiles minuciosos en los que la sucesión de pequeños puntos acaba conformando figuras de gran complejidad.

Es otra manera de pintar: en lugar de pigmentos y pinceles, utilizando fibras, colores y paciencia.

🎭 Una escuela que permanece viva

Quizá la mayor virtud de esta exposición sea precisamente esa sensación de encontrarse ante un espacio vivo.

No se ha intentado borrar completamente el carácter cotidiano de los talleres para transformarlos artificialmente en un museo. Permanecen caballetes, modelos, ejercicios, materiales, herramientas, lanas y telares.

Y eso permite comprender mejor cuánto trabajo existe detrás de cada pieza.

Un cuadro terminado puede contemplarse en unos segundos; un relieve puede parecer sencillo cuando ya está cocido y colocado; un tejido puede verse como una única imagen cuando cuelga de la pared. Pero detrás existen horas de observación, correcciones, pruebas, errores, aprendizaje y perseverancia.

Balín Arte permite acercarse precisamente a ese proceso. 🌱

❤️ Crear también es hacer comunidad

Los talleres artísticos cumplen además una función que va mucho más allá de aprender una técnica.

En ellos se encuentran personas de diferentes edades, procedencias y niveles de experiencia que comparten tiempo, conocimientos y afición. Algunos empiezan desde cero; otros llevan años trabajando. Cada cual avanza a su ritmo.

Por eso una exposición colectiva como ésta tiene un valor especial.

No pretende demostrar que todos los participantes pintan, modelan o tejen de la misma manera. Al contrario: celebra las diferencias y el progreso personal de cada uno.

La felicitación debe extenderse, por tanto, a todas las personas participantes y a quienes mantienen vivos estos talleres durante el año. 👏🎨

📍 Todavía se puede visitar

Quienes todavía no conozcan la exposición tienen una buena oportunidad para hacerlo durante estos días.

📅 Hasta el 31 de agosto de 2026
🕗 Todos los días, de 20:00 a 22:00 horas
📍 Sala de Exposiciones Municipal y Talleres de Arte de Dúrcal
🏛️ Antiguo Consultorio Médico. Calle Regina.

Merece la pena recorrerla sin prisas, pasando de una sala a otra, acercándose a los detalles y descubriendo cómo pintura, dibujo, barro, escultura y tejido pueden convivir dentro de un mismo proyecto cultural.

Porque Balín Arte 2026 no enseña únicamente obras: muestra aprendizaje, dedicación, creatividad y muchas horas de trabajo compartido.

Y, sobre todo, recuerda algo importante: en Dúrcal hay personas que siguen reuniéndose para aprender, experimentar y crear.

Mientras eso ocurra, el arte seguirá teniendo casa en el pueblo. 🎨❤️

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Relieve de Paco Terrón 




18 agosto 2026

San Roque vuelve a recorrer Cónchar entre fe, música y tradición

San Roque de Cónchar 

 

🙏 San Roque vuelve a recorrer Cónchar entre fe, música y tradición

🎶 El patrón y la Santísima Virgen recorrieron las calles del pueblo acompañados por la Banda de Música El Carmen de Dúrcal

El pasado domingo 16 de agosto de 2026 tuve la oportunidad de acompañar en Cónchar una de esas celebraciones que ayudan a comprender hasta qué punto las fiestas de nuestros pueblos siguen siendo también memoria, encuentro y continuidad: la procesión de San Roque y de la Santísima Virgen, uno de los actos centrales de las fiestas que Cónchar dedica a su patrón.

No fue solamente contemplar dos imágenes recorriendo unas calles. Fue ver a un pueblo acompañándolas, a distintas generaciones compartiendo el mismo recorrido y a la música entrando por callejones donde apenas parece haber espacio para que pase toda la comitiva.

La propia Archidiócesis de Granada se refiere a Cónchar como una localidad especialmente vinculada a sus fiestas patronales en honor de San Roque, una devoción que continúa ocupando un lugar fundamental dentro de la vida del pueblo.

📿 El rosario antes de salir a las calles

La procesión estaba prevista para las 21:00 horas, y aproximadamente media hora antes me encontraba ya dentro de la iglesia parroquial de San Pedro, donde se rezó el santo rosario dirigido por el párroco, D. Felipe Aguilera Vallejo.

Fue el comienzo recogido de una noche que después llenaría las calles de música.

El templo estaba muy concurrido. Desde la parte posterior pude apreciar la nave prácticamente ocupada por vecinos y visitantes, mientras en el presbiterio aguardaban las imágenes que poco después saldrían a Cónchar.

También merece la pena detenerse en el lugar desde donde comienza y termina esta tradición. La iglesia de San Pedro de Cónchar es un valioso edificio histórico: la nueva iglesia fue trazada por Ambrosio de Vico en 1610 y las obras concluyeron en 1614, levantándose en ladrillo y mampostería y conservando una de esas fisonomías tan características de los templos rurales históricos de la comarca.

Desde aquella iglesia cuatro veces centenaria iba a salir de nuevo San Roque.

🐕 San Roque: de la riqueza heredada a la herencia de la santidad

Antes incluso de comenzar la procesión me fijé detenidamente en la imagen.

El San Roque de Cónchar responde perfectamente a la iconografía que durante siglos ha permitido reconocer inmediatamente al santo: sombrero de peregrino, bordón, calabaza, túnica, manto y la pierna descubierta mostrando la llaga. Junto a él aparece inevitablemente el perro, inseparable de su representación tradicional.

Es una iconografía cargada de significado. San Roque fue venerado especialmente como protector frente a la peste y las enfermedades contagiosas. La tradición cuenta que, mientras atendía a enfermos durante su peregrinación, él mismo enfermó y se retiró para no contagiar a otros. Entonces un perro comenzó a llevarle pan y terminó conduciendo hasta él a quien habría de auxiliarlo. De ahí nacieron algunos de los atributos que todavía hoy lo identifican: el peregrino, la llaga y el perro con el pan. Instituciones como el Metropolitan Museum of Art y el Getty recogen precisamente estos elementos como característicos de su iconografía histórica.

Conviene señalar que las fechas exactas de su nacimiento y muerte y algunos episodios de sus últimos años varían según las diferentes tradiciones hagiográficas. Más que detenerme en una cronología discutida, me quedo con aquello que explica la enorme fuerza de su devoción: un hombre que, según la tradición cristiana, dejó la seguridad de sus bienes para seguir a Cristo y encontró su camino sirviendo precisamente a quienes más sufrían.

De alguna manera, podría resumirse su vida con una frase:

De la riqueza heredada a la herencia de la santidad.

Y aquella imagen adquiría un significado aún mayor al verla salir nuevamente hacia las casas y las gentes de Cónchar.

🚪 La salida de San Roque

Terminados los preparativos, llegó uno de los momentos más esperados.

Vi aparecer a San Roque por la puerta de la iglesia de San Pedro, sobre un paso de madera ornamentado con vegetación y flores claras y rodeado de faroles que poco a poco iban adquiriendo mayor protagonismo conforme desaparecía la luz del día.

La salida requiere atención. Los pasos se desplazan mediante una estructura con ruedas y son conducidos manualmente. En el entorno de la iglesia hay escalones y una rampa lateral, por lo que pude contemplar de cerca cómo varias personas colaboraban para dirigirlos con precisión, frenándolos, empujándolos y corrigiendo su posición.

No es una procesión en la que el recorrido permita despreocuparse del espacio. Todo lo contrario.

Una de las características que más me impresionó fue comprobar cómo San Roque parecía llenar por completo algunas de las calles por las que avanzaba.

👨‍👩‍👦 Un niño delante de San Roque

Y entre todos los detalles hubo uno especialmente humano.

Durante parte del recorrido vi a un niño pequeño vestido de claro caminando inmediatamente delante del paso de San Roque, acompañado por sus padres.

Iba entre ellos, cogido de sus manos, mientras detrás se acercaba lentamente el enorme paso iluminado del patrón.

La escena me pareció especialmente significativa. Delante, un niño que empieza a vivir las fiestas de su pueblo; detrás, una tradición transmitida durante generaciones.

No hacía falta organizar ninguna escena para simbolizar la continuidad de una costumbre. Estaba allí, ocurriendo espontáneamente delante de mí.

También pude apreciar otro niño delante del paso de la Santísima Virgen, acompañado igualmente por los mayores. Los pequeños no eran meros espectadores apartados de la celebración: estaban integrados en ella.

👑 La Reina y las Damas de las Fiestas

Detrás de San Roque marchaban la Reina y las Damas de las Fiestas.

Las vi acompañar al patrón durante el recorrido con sus bandas distintivas: la Reina con la banda en tonos rojo y amarillo y las Damas con las bandas verdes y blancas.

Su presencia incorporaba a la procesión otra de esas tradiciones propias de las fiestas patronales, mientras a ambos lados se sumaban vecinos de todas las edades.

La comitiva avanzaba de manera muy ordenada, sin perder el carácter popular. Algunas personas seguían desde el comienzo; otras aguardaban en determinados puntos, puertas o esquinas y se incorporaban después.

🏘️ San Roque entre las calles blancas de Cónchar

La procesión salió de la iglesia y recorrió principalmente la Plaza, la calle Alta y la calle Baja.

Y aquí estuvo, para mí, una de las mayores bellezas de la noche.

Cónchar conserva tramos de calles largas pero también lugares verdaderamente estrechos. Caminando detrás de la procesión pude ver cómo las fachadas blancas parecían acercarse a ambos lados del paso. Había balcones, ventanas enrejadas, macetas, cables que cruzaban de fachada a fachada, pequeñas banderas festivas suspendidas sobre la calle y los tradicionales faroles iluminando algunos rincones.

En ciertos puntos apenas quedaba espacio entre el paso y las paredes.

Eso obligaba a avanzar lentamente.

Los responsables de conducir a San Roque tenían que calcular giros y estrechamientos, mientras la gente se distribuía delante, detrás y junto a las fachadas.

A medida que anochecía, todo cambiaba.

Primero contemplé la silueta de San Roque contra el cielo todavía azul. Después, cuando cayó definitivamente la noche, fueron sus propios faroles los que comenzaron a modelar su figura. La luz cálida iluminaba las flores y la madera del paso y se reflejaba sobre las paredes encaladas.

En algunos callejones, desde cierta distancia, solamente veía una masa de luz avanzando lentamente entre las casas y, por encima de ella, la silueta del sombrero del peregrino.

Fue probablemente una de las imágenes que más me quedaron de aquella noche.

🏅 La medalla de San Roque

También observé que algunos participantes llevaban al cuello una medalla de San Roque, creada el pasado año por iniciativa del párroco D. Felipe Aguilera.

Me detuve después a contemplarla de cerca.

Se trata de una medalla ovalada, de ornamentación plateada y rematada en su parte superior por una pequeña corona, en cuyo centro aparece el rostro de San Roque con su característico sombrero de peregrino.

Es un objeto pequeño, pero expresa algo mucho mayor: permite que la imagen del patrón salga de la iglesia no solamente una noche al año, sino que pueda acompañar personalmente a quienes sienten esa devoción.

🌙 La Santísima Virgen tras San Roque

Tras el patrón avanzaba la Santísima Virgen, cuya presencia producía un contraste visual precioso con San Roque.

Su manto azul descendía ampliamente sobre la parte posterior y en la parte inferior destacaba la media luna. La imagen, coronada y vestida de blanco y azul, avanzaba sobre un paso revestido también en esos tonos y ornamentado con flores.

Detrás de la Virgen caminaba D. Felipe Aguilera Vallejo, revestido para la celebración, y tras él llegaba la música.

🎺 La Banda de Música El Carmen de Dúrcal

La Banda de Música El Carmen de Dúrcal, dirigida por Jorge Berrio Ruiz, volvió a acompañar a San Roque y a la Santísima Virgen por Cónchar. La propia Banda había anunciado su participación en las fiestas del 16 de agosto.

Me llamó especialmente la atención contemplar la composición de la Banda.

Junto a músicos veteranos había jóvenes y niños, especialmente visibles entre la percusión. Tambores, bombos, caja, instrumentos de viento-metal y viento-madera fueron introduciéndose detrás de la Virgen y ocupando las calles conforme avanzaba la procesión.

En esos callejones estrechos la música adquiere una sonoridad distinta. No se dispersa: las paredes parecen recogerla y devolverla.

Bajo la dirección de Jorge Berrio Ruiz, durante el recorrido pude escuchar un repertorio de marchas procesionales muy conocido y apropiado para la ocasión:

“Macarena”, de Abel Moreno; “Costalero”, de Martín Salas Martínez; “Madrugá Macarena”, de Pablo Ojeda Jiménez; “Nuestro Padre Jesús”, de Emilio Cebrián; “Jerusalén”, de José Vélez García, y “Aniversario Macareno”, de José Velázquez Sánchez. La autoría de estas conocidas composiciones está documentada en repertorios y fuentes musicales.

La Banda no era un simple añadido al cortejo. La música marcaba su respiración: avance, parada, nueva marcha y de nuevo el movimiento pausado de los pasos.

🤝 Un pueblo caminando junto a sus imágenes

Mientras recorría las calles observé también algo que define bastante bien este tipo de procesiones rurales.

No existe una separación absoluta entre quienes participan y quienes contemplan.

Hay personas caminando en filas, otras junto a los pasos, niños que van de la mano, ancianos apoyados en sus bastones, familias completas y vecinos que esperan junto a sus casas.

Vi personas mayores haciendo el recorrido a su ritmo; niñas caminando cogidas de la mano; vecinos esperando junto a las paredes para dejar espacio al paso; jóvenes participando en la representación de las fiestas; músicos de distintas edades y personas colaborando físicamente para conducir los dos tronos.

La procesión era religiosa, pero también era una imagen del propio pueblo.

🎆 Una noche sin cohetes ni castillo

Hubo además una circunstancia singular este año.

A petición del pueblo de Cónchar se decidió suspender el lanzamiento de cohetes y el castillo de fuegos artificiales previsto en honor de San Roque para el domingo 16, decisión anunciada públicamente por el Ayuntamiento de Villamena.

Tradicionalmente la Hermandad de las Ánimas de Cónchar ha desempeñado un papel importante en las fiestas, entre cuyas funciones históricas se encuentran precisamente ocuparse de la música que acompaña al patrón en la misa y procesión y, cuando se celebra, del castillo de fuegos artificiales.

Esta vez no hubo ese estruendo final.

Y quizá por eso la música, las conversaciones y el propio sonido de la procesión recorriendo las calles adquirieron todavía mayor protagonismo.

🌃 El regreso a la plaza

Cuando la procesión volvió hacia la plaza, la noche estaba ya completamente cerrada.

Allí pude contemplar nuevamente juntas las dos imágenes.

San Roque aparecía rodeado por sus faroles encendidos y la Virgen destacaba con su gran manto azul bajo las luces de fiesta. Alrededor, numerosos vecinos esperaban el momento del encierro.

Todavía quedaba una última maniobra.

Los pasos debían volver a salvar el desnivel de acceso a la iglesia.

Vi entonces nuevamente ese trabajo que muchas veces queda en segundo plano: personas empujando desde atrás, otras controlando los laterales y quienes desde delante regulaban la entrada de aquellas grandes estructuras sobre ruedas.

San Roque emprendió la subida por la rampa.

Después llegó la Virgen.

Todo se hizo despacio, rodeados por los vecinos que aguardaban junto a la portada de ladrillo de San Pedro.

⛪ El último sonido dentro de San Pedro

Con las imágenes nuevamente en el interior, la iglesia volvió a llenarse.

Y todavía quedaba un último regalo musical.

Ya dentro del templo, la Banda de Música El Carmen interpretó “Encarnación Coronada”, de Abel Moreno, una conocida marcha procesional del compositor onubense.

Escucharla allí, después de haber recorrido las calles detrás de San Roque y de la Virgen, fue una forma especialmente solemne de cerrar la parte religiosa de la noche.

Pero la música no terminó con la procesión.

🎼 De las marchas a los pasodobles

De nuevo en la plaza, la Banda cambió completamente de registro.

Después de las marchas procesionales llegó el momento festivo y sonaron, entre otros, pasodobles tan conocidos como “Amparito Roca”, “Nerva”, “Chiclanera”, “Madrecita María del Carmen” y el inevitable “Paquito el Chocolatero”.

Era como si la misma banda marcara las dos caras de una misma fiesta: primero recogimiento y solemnidad; después encuentro, plaza y celebración.

❤️ San Roque sigue caminando por Cónchar

Cuando pienso en la procesión del 16 de agosto no me quedo solamente con una imagen.

Me acuerdo del rosario antes de salir.

De la iglesia llena.

Del niño caminando delante de San Roque cogido de la mano de sus padres.

De las Reina y Damas siguiendo al patrón.

De la Virgen avanzando con su manto azul.

De las medallas de San Roque colgadas al cuello de algunos vecinos.

De los músicos jóvenes mezclados con quienes llevan años en la Banda.

Del sonido de las marchas entre aquellas calles estrechas.

De los hombres y mujeres corrigiendo cuidadosamente la trayectoria de los pasos.

De las luces encendidas cuando el cielo pasó del azul al negro.

Y, sobre todo, de la gente.

Porque las tradiciones solamente permanecen vivas cuando alguien decide volver a caminar con ellas.

San Roque, según la antigua tradición que lo ha hecho reconocible durante siglos, abandonó la seguridad para acercarse al que sufría. Quizá sea esa una de las razones por las que su figura sobrevivió a las pestes medievales, a los cambios de los tiempos y a tantas generaciones.

El bordón recuerda que somos caminantes.
La llaga recuerda la fragilidad humana.
El perro con el pan recuerda que la ayuda puede llegar de donde menos la esperamos.

Y en Cónchar, cada 16 de agosto, esos símbolos vuelven a abandonar por unas horas la iglesia de San Pedro para mezclarse con las casas, las familias, los niños, los mayores y la música.

🙏 San Roque volvió a caminar por Cónchar. Y Cónchar volvió a caminar junto a San Roque.

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La procesión saliendo 
de la iglesia