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| Casa morisca |
🏡 CÓMO ERA UNA CASA MORISCA EN MELEGÍS Y RESTÁBAL
Paredes encaladas, naranjos en el patio, palomares en el tejado y el olor del pan en el horno del barrio bajo: arquitectura cotidiana del Valle de Lecrín en el siglo XVI
Cuando el licenciado Jusepe Machuca entró en Melegís el 10 de febrero de 1572 y comenzó a tomar posesión de las casas moriscas en nombre del rey, lo que encontró no era una ciudad en ruinas ni un poblado de chozas. Era un conjunto de viviendas de piedra y adobe, con sus patios y sus huertos, sus corrales y sus hornos, construidas a lo largo de generaciones en las laderas del Valle de Lecrín.
Algunas estaban en buen estado. Otras necesitaban reparos. Las de más allá, directamente inhabitables.
Pero todas guardaban, en sus paredes, en sus árboles, en la disposición de sus habitaciones, el rastro de una manera de vivir que había durado siglos y que en 1572 acababa de desaparecer de golpe.
El Libro de Apeo y Repartimiento las describió una a una. Esto es lo que encontró. 🔑
🏘️ EL PUEBLO — Dos barrios, una Calle Real y tres mesones
Lo primero que hay que entender es que tanto Melegís como Restábal no eran pueblos planos. Eran pueblos de ladera, construidos en pendiente, adaptados al terreno como lo estaban sus acequias y sus bancales.
Melegís tenía en tiempos de los moriscos 123 hogares —unas 500-600 personas— distribuidos en un casco urbano apretado en torno a su iglesia —levantada sobre o junto a la antigua mezquita—, con calles estrechas y empinadas que bajaban hacia el río. El Apeo menciona una Calle Real que atravesaba el lugar de norte a sur, conectándolo con el camino de Granada a Motril. Por ella pasaba «mucha gente de día e de noche», y junto a ella había tres mesones activos en tiempos de moriscos. No era un lugar aislado: era un punto de paso en una ruta comercial importante.
Restábal tenía 65 hogares —unas 260-325 personas— y el Repartimiento lo divide con claridad en dos zonas: el Barrio Alto y el Barrio Bajo. No es una división social arbitraria: es topografía. El Barrio Alto estaba literalmente más arriba en la ladera, con la Acequia Alta pasando por encima. El Barrio Bajo se extendía hacia el río, con la Calle Real que iba a la Venta del Río. Entre los dos barrios, una fuente —«por vajo de la Fuente» es referencia constante en los linderos— y el molino viejo de aceite abandonado. 🏔️
🏠 LA CASA — Cuerpos, portales y accesorias
La unidad básica de la vivienda morisca en el Valle de Lecrín no era una habitación sino un cuerpo —o querpo, en la grafía del siglo XVI—. Cada cuerpo era una sala o estancia de planta rectangular, construida de mampostería de piedra con mortero de cal, con techo de madera y teja árabe.
Una casa modesta tenía uno o dos cuerpos. Una casa media, tres o cuatro. Las más ricas del lugar —la del Madrabi, la del Alconada— tenían varias dependencias articuladas en torno a un espacio central.
La visita de casas de Restábal de 1622 —el único documento que describe el estado interior de las viviendas con cierto detalle— da pistas precisas sobre las partes de una casa:
🪟 El portal: la entrada cubierta, el primer espacio al entrar. La casa de Pedro Sánchez tenía «un querpo ques el portal por cubrir» —es decir, la entrada descubierta, sin techo todavía—.
🏠 Los aposentos o quartos: las habitaciones interiores. La casa de Fernán Ruiz necesitaba «abrir un aposento» —derribar una pared para ganar espacio—. La de Baleriano Machuca tenía «un quarto por cubrir»: una habitación sin techo terminado.
🧱 Los cimientos: la base sobre la que todo descansaba. La casa de Diego de Aragón tenía «un querpo en alverca y necesidad de reparar los cimientos». Alverca: en argamasa cruda, sin terminar.
🏗️ La accesoria: una dependencia lateral anexa a la casa principal, que podía ser almacén, establo o cuarto de servicio. Las suertes del Repartimiento de Restábal mencionan una y otra vez «una cassa con su accesoria»: la casa principal más su anejo. Algunas tienen «su accesoria al lado», otras «su accesoria detrás». Era parte estándar de la vivienda morisca. 📦
🌿 EL PATIO Y EL HUERTO — El corazón verde de la casa
Lo que más sorprende al leer las descripciones del Repartimiento de Restábal es la cantidad de árboles que vivían dentro y junto a las casas. No eran viviendas cerradas al exterior. Eran viviendas abiertas a sus árboles, con la vegetación formando parte del espacio doméstico.
La primera suerte del Repartimiento de Restábal la describe así: «Primeramente una cassa en el Barrio Alto con un naranjo dentro y un guerto a las espaldas con dos naranjos y ocho pies de limones y un cidro y un granado y un moral y un olivo».
Un naranjo dentro de la casa. No junto a la casa ni en el bancal de al lado: dentro. En el patio interior, seguramente, o en el pequeño espacio entre las dependencias. La casa morisca era permeable a la naturaleza. El árbol entraba en la vivienda. 🍊
Otra suerte: «una cassa en el Barrio Alto con una parra a la puerta y un limón». Una parra en la puerta. La vid trepando por la fachada, dando sombra a la entrada, filtrando la luz del verano mediterráneo. El Barrio Alto de Restábal debía de ser, en tiempos de los moriscos, un conjunto de paredes blancas con parras en las puertas, naranjos asomando por encima de las tapias y el olor del limón flotando en el aire caliente del Valle.
El huerto a las espaldas era la extensión natural de la casa: el espacio entre la pared trasera y el bancal siguiente, donde se cultivaban los árboles frutales de consumo doméstico. Limones, naranjos, cidros, granados, duraznos, peras, membrillos, cerezos. La casa de María de Chaves en Melegís tenía «un huerto pequeño a las espaldas de la dicha casa, con tres limoneros y un cerezo». Un huerto modesto, de uso familiar, que ella misma arrendaba al morisco Juan el Herrero por sesenta maravedíes al año. 🍋
🕊️ LOS PALOMARES — El lujo del barrio
Entre todas las dependencias de las casas moriscas, los palomares son la que más asombra por su frecuencia en el Repartimiento de Restábal.
Juliana López tenía «una casa con dos palomares en el dicho lugar de Restábal», comprada en 1542. La casa de una de las suertes del Repartimiento tiene su palomar incorporado. El palomar aparece en al menos tres propiedades distintas del lugar.
¿Por qué palomares? Los palomares no eran ornamentales. Eran parte de la economía doméstica: las palomas proporcionaban carne fresca, huevos y —fundamentalmente— estiércol de paloma, el abono más rico y apreciado para los cultivos de regadío. Un palomar activo era una pequeña fábrica de fertilizante que enriquecía los bancales colindantes.
En el urbanismo morisco del Valle de Lecrín, el palomar era también una señal de estatus: quien tenía palomar en su casa era alguien con terrenos suficientes para aprovechar el abono y con recursos para mantener las aves. Las casas con dos palomares —como la de Juliana López— eran propiedades de cierta envergadura. 🕊️
🔥 LOS HORNOS — El corazón productivo del barrio
Cada pueblo morisco tenía sus hornos de cocer pan, y Melegís y Restábal no eran excepción. Pero lo que el Apeo revela sobre estos hornos va mucho más allá de la simple panadería.
En Melegís: dos hornos, propiedad de la Iglesia, arrendados en censo perpetuo. La mitad los tenía la familia Madrabi-Valles. No eran solo hornos de pan: eran también los hornos donde se quemaba la leña para el aceite y donde los vecinos cocían sus tinajas. Los tenían arrendados Martín de Loxa y Bernabé de Málaga, moriscos, que pagaban veinte ducados al año. Una renta importante que indica cuánto movían estos hornos.
En Restábal: también dos hornos, también de la Iglesia, también arrendados en censo perpetuo. El Barrio tenía su horno en el Barrio Bajo —«el que está sano», describe el Apeo—, junto al camino principal. El otro estaba en el Barrio Alto, pero en 1572 «está quemado»: los moriscos rebeldes o los propios vecinos que huían lo habían incendiado.
El horno del Barrio Bajo lo tenía Martín de Loxa, morisco. El del Barrio Alto, Zacarías el Moclín y Miguel el Forax.
La lógica de la ubicación es clara: un horno por barrio. Los vecinos del Barrio Alto no bajaban al Barrio Bajo a cocer su pan —las cuestas del Valle de Lecrín no lo invitaban—. Cada barrio tenía su propio horno, su propio calor, su propio olor matinal de pan recién cocido subiendo por las calles estrechas. 🍞
La poya —el pago en especie por usar el horno— era parte fundamental del negocio: cada vecino que cocía dejaba una parte de su masa al hornero como precio del servicio. En tiempos del Madrabi y Valles, «se partían las harmas e poyas hasta la ceniza»: se repartían los ingresos del horno literalmente hasta el último centavo, incluyendo la venta de la ceniza como subproducto.
⚙️ EL MOLINO — La gran infraestructura colectiva
Melegís tenía un molino de pan en la Fuente el Çohón. No era de un particular: era de los moriscos llamados los Campaneros, una familia entera identificada por ese apodo —posiblemente por vivir cerca de la torre y sus campanas—. En 1572 «al presente y muchos días ha no muele, y está muy mal reparado». El abandono del alzamiento lo había dejado parado.
Restábal tenía un molino de aceite —propiedad real tras la confiscación— que en 1572 estaba «caído y quemado», sin más que el solar. Y también un molino de pan que en el Repartimiento aparece como referencia topográfica constante: «detrás del Molino del pan deste lugar», «junto al Molino Viejo de aceite». Dos molinos en un pueblo de sesenta y cinco casas. La molienda era el corazón industrial de la vida morisca. 🏭
🕌 LA TORRE Y LA CALAHORRA — Los vértices del espacio urbano.
En Restábal, la topografía urbana giraba en torno a dos puntos fijos: la torre de la iglesia y la Calahorra.
La torre —probablemente el minarete de la antigua mezquita reconvertida en campanario— aparece como lindero fundamental en las casas del Barrio Bajo: la casa del padre Pedro de Aragón lindaba con «la torre del dicho lugar». La torre era el eje visual y simbólico del casco urbano. Se veía desde todos los bancales del término.
La Calahorra —término árabe para torre defensiva, al-qal'a— aparece en los linderos de la casa que Juan de Alconada compró para su capellanía: lindaba «de la Calahorra, la casa torre de Alonso de la Torre, alguacil». Una casa-torre. Un edificio con función defensiva que pertenecía al alguacil del lugar. El poder y la seguridad encarnados en un edificio. 🏰
🌙 EL MACABER Y LA RÁBITA — La huella del pasado islámico
El Apeo de Restábal registra dos elementos del urbanismo islámico que los moriscos habían preservado y que en 1572 quedaban como huellas de lo que había sido:
🪦 Un macaber por abrir: el cementerio islámico fuera del casco urbano, en el Pago de Almoxar. «Un macaber, por abrir, e solar de rábita». Macaber: del árabe maqbara, cementerio. Por abrir: no excavado, todavía intacto. Las tumbas de los antepasados, que nadie había perturbado todavía.
🕌 El solar de la rábita: la pequeña mezquita rural —del árabe ribāṭ, puesto de frontera o ermita— que había existido en ese pago antes de la conversión forzosa. En 1572 solo quedaba el solar. El edificio había desaparecido décadas antes, convertido en tierra de cultivo o en ruina.
En Melegís, el Apeo registra varias propiedades que habían sido macaberes —cementerios islámicos— y que los cristianos viejos habían transformado en viñas o huertas: Francisco de Valles tenía «una horteçilla [...] que fue macaber donde los moros se enterraban», con perales y albaricoques. Juan de Alconada tenía «una huerta que hadido honsario de moros junto a la iglesia» dotada con siete olivos. Los muertos de generaciones de moriscos, cultivados por quienes llegaron después. 🌱
🌆 EL ESTADO EN 1572 — El antes y el después
El contraste entre lo que fue y lo que encontró el juez Machuca es uno de los datos más impactantes del Libro de Apeo:
Melegís antes del alzamiento: 123 hogares —500-600 personas—, tres mesones activos, dos hornos funcionando, un molino, la iglesia en uso, los huertos cuidados, los árboles podados y regados.
Melegís en febrero de 1572: «40 viviendas pueden habitarse pues son buenas y están en perfecto estado; otras 40 necesitan reparos medianos; y otras 40 están inhabitables y en muy mal estado». La iglesia, «quemada, solamente las paredes están enhiestas». Los árboles frutales, «se han secado por falta de riego». El molino, parado.
Restábal antes del alzamiento: 65 hogares —260-325 personas—, dos hornos, molino de aceite, acequias en funcionamiento, Barrio Alto y Barrio Bajo habitados, casas con palomares y naranjos en los patios.
Restábal en 1572: «todas las casas del dicho lugar están parte dellas caídas, e casi todas, e quemadas, e destruidas, e no hay ninguna que se pueda habitar sino es reparándola». El molino de aceite, «caído e quemado, no tiene más que el solar». Las acequias, rotas, con ciento cincuenta ducados de reparación pendientes.
Y sin embargo: las paredes seguían en pie. Los cimientos aguantaban. Los naranjos dentro de los patios, abandonados durante dos años, seguían vivos. Los limoneros junto a las puertas seguían dando limones aunque nadie los recogiera.
La casa morisca del Valle de Lecrín estaba construida para durar. Y duró. 🏡
🔚 EPÍLOGO: LAS PAREDES QUE QUEDARON
En enero de 1622 —cincuenta años después del Apeo de Machuca—, el Concejo de Restábal nombró al albañil Agustín Aguilera y a Pedro Ruiz como veedores para hacer la visita de casas del lugar. Recorrieron el pueblo una a una y anotaron lo que encontraron:
La casa de Fernán Ruiz: «tiene necesidad de reparo y abrir un aposento y aderezar el tejado».
La casa de Pedro Sánchez: «tiene un querpo ques el portal por cubrir».
La casa de Baleriano Machuca: «tiene un quarto por cubrir».
La casa de Diego de Aragón: «tiene un querpo en alverca y necesidad de reparar los cimientos».
La casa de Francisco Ruiz: «tiene dos querpos por levantar».
La parte de casa de Diego Cobo: «está toda caída y tiene necesidad de levantalla».
Cincuenta años después del alzamiento, las casas que habían sido moriscas seguían siendo las mismas casas. Con sus cuerpos, sus portales, sus accesorias. Los nuevos dueños vivían entre las paredes que otros habían levantado, dormían bajo los tejados que otros habían techado, recogían la fruta de los naranjos que otros habían plantado.
Las casas moriscas de Melegís y Restábal no desaparecieron con sus dueños. Cambiaron de nombre en los registros. Y siguieron en pie. 🌿
Fuente: M. Espinar Moreno, C. González Martín, A. de la Higuera Rodríguez, I. C. Gómez Noguera. «El Valle. Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal». Granada, 2006.
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