
💧 LAS FUENTES Y ALBERCAS DE MELEGÍS Y RESTÁBAL: EL AGUA QUE BEBÍA, LAVABA Y MOVÍA EL MUNDO.
Cada fuente tenía un nombre. Cada alberca, un dueño. Cada gota, un destino. El sistema hídrico doméstico del Valle de Lecrín en el siglo XVI
En el siglo XVI no había grifos.
No había tuberías de presión ni depósitos elevados ni contadores de agua. El agua llegaba a los pueblos del Valle de Lecrín exactamente igual que llevaba llegando desde hacía mil años: por gravedad, a través de canales de piedra y argamasa, desde donde nacía hasta donde se necesitaba.
Y para que no se perdiera por el camino, para que estuviera disponible cuando se necesitara, para que el pueblo pudiera beber aunque el manantial bajara a un hilo en agosto, los moriscos de Melegís y Restábal habían construido un sistema extraordinario de captación, almacenamiento y distribución del agua que el Libro de Apeo de 1572 recogió —casi sin querer— entre sus páginas.
Cada fuente tenía un nombre. Cada alberca, un propietario. Cada gota de agua, un destino fijado por costumbre o por escritura.
Esto es lo que el Apeo encontró. 🔍
🌊 EL AGUA EN MELEGÍS — De las fuentes del Torrente a los albercones.
💧 LA FUENTE EL ÇOHÓN — El manantial que movía el molino
La Fuente el Çohón es la primera fuente con nombre propio que aparece en el Apeo de Melegís. Y lo hace de la manera más rotunda posible: un molino de pan «que muele con el agua de la Fuente el Çohón».
No era una fuente de beber. Era una fuente con caudal suficiente para mover una rueda de molino. Una fuente industrial, en el sentido más práctico de la palabra.
El molino al que daba vida pertenecía a los Campaneros, la familia morisca que poseía los dos molinos del lugar. En 1572 estaba «muy mal reparado» y «muchos días a no muele». El abandono del alzamiento había dejado sin mantenimiento tanto el molino como, posiblemente, la captación de la fuente.
El nombre Çohón es arabismo puro. Del árabe al-sāhūn o similar —término que aparece en topónimos hispano-árabes del sureste peninsular y que podría relacionarse con corriente, caudal o canal—. Un nombre que llevaba siglos en uso cuando el escribano lo anotó y que nadie se había molestado en castellanizar. 🌿
💧 LAS FUENTES DEL TORRENTE — El agua que bebía todo el pueblo
El epígrafe más importante del Apeo de Melegís en materia hídrica lleva el título «Fuentes e acequias de agua para beber e regar», y su primer párrafo describe el sistema de abastecimiento de agua potable del lugar con una claridad que no deja lugar a dudas:
«El dicho lugar bebe de unas fuentes, que nacen dentro del Río del Torrente, questa dentro del término del dicho lugar de Melexix.»
El pueblo entero —123 hogares, unas 500-600 personas en tiempos de los moriscos— bebía de estos manantiales que brotaban en el cauce o en las márgenes del Río Torrente, dentro del propio término. No había que ir a buscar el agua fuera: nacía en casa.
Pero había un problema crónico que el Apeo anota sin paños calientes: «estas fuentes ternán en verano, cuando el pueblo tiene necesidad de riego, muy poca cantidad de agua».
En verano, cuando más hacía falta —para regar, para beber, para los animales, para los gusanos de seda— las fuentes bajaban a un hilo. Y aquí es donde entra el ingenio morisco: para no depender del caudal diario, los vecinos habían construido albercones. 🏗️
💧 LOS ALBERCONES — La solución al verano seco
«Para haber de regar la recogen en albercones».
Los albercones eran depósitos de acumulación: estructuras de mampostería de piedra, impermeabilizadas con mortero de cal, donde se recogía el agua de las fuentes durante las horas de bajo consumo —la noche, los momentos de menor actividad— para tenerla disponible cuando se necesitara.
No eran pequeños. Para acumular suficiente agua como para regar «seis marjales de tierra en un día» —la capacidad que el Apeo les atribuye— debían de tener una capacidad de varios miles de litros. Estructuras de cierta envergadura, construidas en los puntos estratégicos del término donde la pendiente permitía distribuir el agua por gravedad.
El sistema era sencillo en su lógica y sabio en su aplicación: la fuente bajaba poco, pero bajaba constantemente. Si se recogía ese caudal constante en un depósito en lugar de dejarlo correr, al cabo de una noche entera se acumulaba suficiente para regar durante el día.
Una batería de albercones bien diseñada podía multiplicar por diez la capacidad de riego de un manantial escaso. Los moriscos de Melegís lo sabían desde generaciones. 🧠
💧 LA ALBERCA DE FAÇALQUERÍA — El depósito del pago pequeño
En el Pago de Façalquería —«que es poca cosa», dice el Apeo con algo de condescendencia—, el agua llegaba desde «una fontecilla que nace dentro del término del lugar de Murchas». Era tan escasa que el sistema era idéntico al de los albercones del Torrente:
«Es muy poca agua, e para regarla se recoge en una alberca, que entre noche e día se regarán cuatro marjales de tierra, poco más o menos.»
Una alberca específica para ese pago. Un depósito nocturno. Cuatro marjales de riego al día. Un sistema a escala mínima pero perfectamente funcional.
La fontecilla de Murchas alimentaba la alberca de Façalquería. La alberca de Façalquería regaba cuatro marjales en Melegís. El agua pasaba de un término a otro, de un depósito a unos campos, siguiendo una lógica hidráulica que no entendía de límites administrativos. 💦
🏘️ EL AGUA EN RESTÁBAL — Pilares, albercas y el aljibe del castillo.
💧 EL PILAR DE AGUA — La fuente pública del lugar
En Restábal, el sistema de agua potable para uso doméstico tenía un punto neurálgico perfectamente identificado por el Apeo: el pilar de agua.
El Repartimiento lo menciona en un contexto que revela su importancia: una casa «que alinda con un pilar de agua, questa a la puerta, e con la presa del alberca, e está enfrente del beneficiado, e con la Calle Real por tres partes».
Un pilar de agua en la Calle Real, enfrente de la casa del beneficiado —el cura—, junto a la presa del alberca. Una ubicación central, pública, accesible desde la arteria principal del pueblo. No era una fuente privada. Era la fuente del pueblo: el punto donde todos los vecinos llenaban sus cántaros, donde las mujeres iban a por agua para la cocina, donde los niños bebían al paso.
Y más adelante, el Repartimiento identifica «el Pilar principal deste lugar» como referencia topográfica para situar una casa. El Pilar principal: el más importante, el que daba nombre a la zona, el eje del abastecimiento de agua del casco urbano.
En los pueblos del Valle de Lecrín —y en toda Andalucía— el pilar era la fuente pública por excelencia: una estructura de piedra labrada con un caño o varios caños que vertían el agua en un pilón rectangular donde se podía llenar cualquier recipiente y donde los animales podían beber. El punto de encuentro social más frecuentado del pueblo, el lugar donde se intercambiaban noticias y se organizaba la vida cotidiana. 🏛️
💧 LA ALBERCA DE ANILLAS — El derecho de agua que se compra y se vende
Una de las referencias hídricas más reveladoras de todo el Apeo es este pequeño párrafo en el inventario de bienes de Francisco López de Ariza:
«Media noche de agua, ques el martes, en la Alberca de Anillas del dicho lugar, el qual ubo e compró de Domingo Hernández Hatab, de que le otorgó escritura de venta.»
Tres datos extraordinarios en una sola frase:
Primero: el agua de la alberca se medía en noches. No en litros ni en caudal sino en tiempo: media noche del martes. Es decir, desde la puesta del sol del martes hasta la medianoche del martes —o desde la medianoche hasta el amanecer—, el agua que caía en la alberca de Anillas era de Francisco López de Ariza.
Segundo: ese derecho de agua lo había comprado a un morisco llamado Domingo Hernández Hatab. Con escritura pública, ante escribano. El agua no era libre: tenía dueños, se comprava y se vendía como cualquier otro bien.
Tercero: la alberca tenía nombre propio. La Alberca de Anillas. En árabe, anillas podría derivar de una raíz relacionada con el agua o con el lugar. Un nombre que llevaba siglos en uso, que los moriscos usaban, que el escribano castellano transcribió como pudo.
El sistema de propiedad del agua en los albercas de Restábal era idéntico al que el Apeo describe para Melegís: «cada uno tenía en ellas su noche o día de agua conocida». Cada propietario tenía asignada una fracción temporal del caudal. Y ese derecho se heredaba, se vendía y se compraba con escritura pública.
Un mercado de agua. Quinientos años antes del mercado de derechos de emisión de CO₂. 💹
💧 EL PAGO DEL ALBERQUILLA — La alberca que dio nombre a un pago entero
Uno de los pagos más citados en el Repartimiento de Restábal es el Pago del Alberquilla —o Trançe del Alberquilla—. Su nombre lo dice todo: era el pago de la alberquilla, el pago que existía en torno a una alberca pequeña —diminutivo árabe de alberca—.
Más de veinte suertes tienen propiedades en este pago. Hay una Acequia del Alberquilla que lo riega. Hay un Camino que va al Alberquilla. La alberca era tan central en la organización del espacio agrícola que dio nombre a todo un sector del término.
¿Qué irrigaba? Las propiedades que el Repartimiento sitúa «ençima del Barrio Alto»: bancales de morales, olivares, pequeñas haças de viña. El pago más alto del término, donde el agua de las acequias principales no llegaba bien y era necesario un sistema de almacenamiento específico para subir el agua hasta esa cota.
La alberquilla de Alos tenía la misma función: «Hay otras dos acequias pequeñas en el Pago de Alos y en el Pago de Arnilas, son de poca agua, e por esta causa se recoge el agua de ellas en dos albercas que tienen hechas, e algunos años no tienen ninguna agua». Dos albercas para dos pagos altos, con agua escasa e irregular. La solución ingeniosa para un problema topográfico. 🏔️
💧 LA FUENTE DE PERPIÑÁN — La fuente con apellido
El Repartimiento de Restábal menciona varias veces el Pago que dicen de la Fuente de Perpiñán: una viña de dos aranzadas, siete higueras, otras propiedades. Una fuente que había dado nombre a un pago entero del término.
¿De qué Perpiñán era? Casi con certeza de Alonso de Perpiñán, el gran propietario cristiano viejo de Restábal, o de su familia. La fuente estaba probablemente en terrenos que la familia Perpiñán había poseído durante décadas, y la gente del pueblo la llamaba por ese apellido igual que hoy llamamos a una calle por el nombre de quien vivía en ella.
Un apellido catalán —Perpiñán, la ciudad francesa de lengua catalana fronteriza con Aragón— puesto a una fuente en las laderas del Valle de Lecrín. La geografía humana de la repoblación condensada en un topónimo. 🗺️
💧 LA FUENTE DE HARIZA — La fuente del sacristán pionero
Junto a la Fuente de Perpiñán, el Repartimiento cita repetidamente la Fuente de Hariza —o de Ariça—: «un granado por cima de la Fuente de Hariça», «por vajo de la Fuente de Hariza tres pies de morales».
Hariza es el apellido de Francisco López de Ariza, el yerno del sacristán Francisco Nieto, el cristiano viejo con más propiedades documentadas en Restábal. Una fuente a la que la gente del pueblo llamaba por el apellido del propietario de las tierras circundantes.
Dos fuentes con apellido en el mismo término: la Fuente de Perpiñán y la Fuente de Hariza. Las dos familias más poderosas de Restábal antes del alzamiento, inmortalizadas en el nombre de dos manantiales. Las personas se fueron; los nombres se quedaron en la tierra. 💧
💧 EL TRANÇE DEL BAÑO — La fuente que abastecía el hammam
Entre todos los pagos del Repartimiento de Restábal, el Trançe del Baño es el más cargado de significado histórico.
«Más en el Trançe del Baño un pedaço de tierras con seis higueras e dos pies de granados, linde con el Río Grande.»
«Más en el Trançe del Baño una huerta con tres pies de perales y un albaricoque y nueve pies de olivos y un moral.»
El Trançe del Baño: el paraje del baño. El lugar donde había existido un hammam —el baño público islámico— en Restábal, abastecido por una fuente o acequia específica cuyo nombre recogimos en el artículo de las acequias: «El Açequia que ba al Baño».
En 1572 el baño ya no existía —los hammam fueron destruidos sistemáticamente tras la conquista castellana como símbolo de la cultura islámica—. Pero el lugar donde había estado seguía siendo llamado el Trançe del Baño. Y las huertas y los olivares plantados sobre sus ruinas o en sus márgenes conservaban ese nombre que nadie había decidido cambiar.
Un hammam destruido recordado en el nombre de un pago agrícola. El agua que lo abastecía, convertida en acequia de riego. La higiene pública islámica, sepultada bajo higueras y olivos. 🛁
🏰 EL ALJIBE DEL CASTILLO DE RESTÁBAL — El agua de la defensa
El Libro de Apeo de Restábal incluye en su sección de ilustraciones dos fotografías que el texto no comenta pero que dicen todo lo necesario: el Castillo de Restábal y, dentro de él, su aljibe.
El aljibe —del árabe al-yubb, pozo o cisterna— era la infraestructura hídrica defensiva por excelencia: una cisterna subterránea o semienterrada donde se acumulaba agua de lluvia o de manantial para garantizar el suministro en caso de asedio. Sin aljibe, una torre o castillo no podía resistir más de unos días. Con aljibe, podía aguantar semanas.
El castillo de Restábal —del que el Repartimiento habla como referencia topográfica y que debía de estar en lo alto del Barrio Alto, controlando visualmente el Valle— tenía el suyo. Impermeabilizado con cal hidráulica, cubierto para evitar la evaporación, con su sistema de captación de aguas pluviales a través de los tejados y patios del recinto.
En tiempos de paz, el aljibe seguía funcionando: el agua acumulada en él podía usarse para el ganado, para el riego de los huertos adyacentes, para las necesidades domésticas de quienes vivían en el recinto o cerca de él.
El aljibe del castillo de Restábal sigue en pie hoy. Las fotografías del Libro de Apeo lo muestran intacto: una bóveda de cañón de mampostería de ladrillo sobre una cisterna de cal. Quinientos años de ingeniería hidráulica nazarí perfectamente conservados. 🏰
⏰ LOS USOS DEL AGUA — Cada fuente para una cosa distinta
El agua en Melegís y Restábal no era un recurso genérico. Cada fuente, cada alberca, cada aljibe tenía un uso específico y una jerarquía de prioridades perfectamente establecida:
🍶 Agua de beber: la más preciosa. Las fuentes del Torrente abastecían a todo Melegís. El pilar principal de Restábal era el punto de distribución. Esta agua no podía desviarse para riego sin permiso. Era el primer uso, el prioritario, el que no podía fallar.
🌾 Agua de riego: la más voluminosa en consumo. Los albercones acumulaban el excedente nocturno de las fuentes para regar durante el día. Las albercas de los pagos altos guardaban el agua escasa para los bancales que de otra manera se secarían. Esta agua tenía sus turnos, sus horas, sus propietarios con escritura.
⚙️ Agua de industria: la que movía los molinos. La Fuente el Çohón alimentaba el molino de los Campaneros. Un uso industrial específico que requería caudal suficiente y constante, razón por la que los molinos siempre estaban junto a las fuentes más caudalosas.
🐾 Agua de abrevadero: el pilar público servía también para que los animales bebieran. Mulos, burros, caballerías que trabajaban en los campos: todos necesitaban beber. El pilar de la Calle Real era también su punto de agua.
🛁 Agua del hammam: la que calentaba el baño público. Necesitaba caudal constante y la posibilidad de ser calentada. El Trançe del Baño de Restábal marca el lugar donde esa función existió durante siglos.
🏰 Agua de reserva estratégica: el aljibe del castillo. Solo para emergencias. Para resistir. Para sobrevivir si todo lo demás fallaba.
🔚 EPÍLOGO: EL AGUA QUE SIGUE CORRIENDO
La Fuente el Çohón ya no mueve ningún molino. El hammam de Restábal no existe. La Alberca de Anillas no tiene propietario que venda sus martes de agua.
Pero en el Valle de Lecrín, el agua sigue naciendo en los mismos lugares donde nacía en el siglo XVI. Los manantiales del Torrente siguen brotando. El río sigue bajando de la sierra. Y en algún rincón del término de Restábal, en el Pago del Alberquilla o en el Trançe del Baño, la tierra guarda todavía la forma de una presa, la huella de un canal, la sombra de una alberca que alguien construyó hace mil años para que el agua no se perdiera.
«El dicho lugar bebe de unas fuentes, que nacen dentro del Río del Torrente.»
Bebía en 1572. Y sigue bebiendo hoy. 💧
Fuente: M. Espinar Moreno, C. González Martín, A. de la Higuera Rodríguez, I. C. Gómez Noguera. «El Valle. Libros de Apeo y Repartimiento de Melegís y Restábal». Granada, 2006.
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